por 

Facultad de Psicología
U.B.A

Psicología, Ética y
Derechos Humanos

Prof. Titular a cargo: J. J. M. Fariña
Segundo Cuatrimestre 2009

2º PARCIAL

ATP: Ormart, Elizabeth
CO-AY: Pesino, Carolina

Comisión 5
Verónica Oliveto
DNI 28.808.319
Juan Francisco Turrillo
DNI 31.208.829

El film elegido para realizar el siguiente trabajo es “Flores Rotas” (Broken Flowers) una película del año 2005 dirigida por Jim Jarmusch y protagonizada por Bill Murray. Tomaremos a su personaje llamado Don Johnston para analizar su singularidad.

Recorte del film

Don Johnston, un hombre maduro y soltero empedernido, un Don Juan que ronda los 50 años, ha sido abandonado por su última conquista, Sherry. Cuando ella se esta yendo agarra un sobre color rosa del suelo que acaba de llegar y se produce el siguiente dialogo:
-  Sherry: ¿Es una de tus novias?”
-  Don: No tengo otras novias. Ok, ya entiendo.
-  Sherry: No, no entiendes. Pero así es como eres. Nunca cambiarás. Ya no quiero seguir con un Don Juan acabado
-  Don: ¿Y que quieres Sherry?
-  Sherry: ¿Qué quieres tu Don? Soy tu amante y ni siquiera estás casado. Mira tu vecino Winston. ¿No quieres tener una familia?
-  Don: ¿Eso es lo que tú quieres?
-  Sherry: No se lo que quiero, pero quiero averiguarlo sola.

Ella se va mientras él le está por decir algo pero finalmente se queda callado. Luego recoge su correspondencia mientras se dirige a lo de su amigo y vecino Winston quien lo había llamado para que lo ayude a arreglar su computadora. Se dispone a leer esta misteriosa carta rosa. Es de una antigua novia que le informa que tiene un hijo de 19 años que podría estar buscándolo. Ella no se identifica, la carta no posee remitente. El misterio a resolver convoca la curiosidad de Winston, detective aficionado (hombre de familia, padre de 5 hijos), mientras que Don no da trascendencia a lo leído pensado que es una broma de mal gusto.
El vecino le pide que arme una lista con las novias que tuvo hace veinte años atrás y que podrían ser las posibles madres de su potencial hijo. A partir de ahí elabora un completo plan de viaje para que Don inicie la búsqueda de la supuesta madre. Además, le ofrece instrucciones que deberá tener en cuenta a la hora de visitar a estas mujeres, por ejemplo que a todas le lleve una ramo de rosas rosas. Es así como Don se embarca en un viaje por todo el país en busca de pistas sobre 4 antiguos amores y posibles madres (Laura, Dora, Carmen, Penny) cumpliendo el recorrido delineado por su vecino. A pesar de que logra dar con las mujeres la investigación no da buenos resultados ya que no consigue averiguar si alguna de ellas es la que escribió la carta. Antes de regresar visita en el cementerio a una quinta antigua novia, Michelle, quién falleció hace 5 años. Se reclina frente a la tumba y dice: “¡Hola, hermosa!”, mientras se recuesta en el tronco de un árbol y bajo la lluvia se observan vestigios de angustia.
A lo largo de todo el viaje se perciben situaciones en las que, como buen Don Juan, se refleja su atracción por toda clase de mujeres como la hija de Laura, una azafata, una florista, una recepcionista.
Cuando Don retorna de su viaje, en el aeropuerto se queda mirando con insistencia a un joven que visiblemente es ajeno a la ciudad. Al día siguiente se reúne con Winston para contarle los resultados de su travesía. Al momento de despedirse de su amigo, vuelve a ver al joven que había visto en el aeropuerto. Rápidamente se dirige a su encuentro y le ofrece comprar un sándwich. Se sientan y entablan un diálogo en el cual el joven le pide un consejo, Don responde: “El pasado ya no existe. Eso lo sé. El futuro, no está aquí aún, sea el que sea. Así que lo único que hay es esto. El presente”, diciéndole que eso es todo lo que le puede decir por el momento. Después del consejo el joven remite a que éste fue preferible a aquellos dados por los padres, súbitamente, Don le dice que sabe que él piensa que es su padre. El joven descolocado por la situación lo trata de “loco” y huye corriendo, hasta desaparecer. Don lo persigue, pero no logra alcanzarlo. Se queda parado inmóvil en la intersección de dos calles. Un auto pasa frente a él. Un joven desde la ventanilla lo mira con insistencia. Don se siente implicado con algo de su mirada.

El fantasma del Don Juan y un posible atravesamiento

“Y estas palabras que están/ filtrando insensiblemente/ tu corazón, ya pendiente/ de los labios de Don Juan,/ y cuyas ideas van/ inflamando en su interior/ un fuego germinador/ no encendido todavía,/¿no es verdad, estrella mía/ que están respirando amor?”
José Zorrilla

El propósito de este trabajo es la realización de un análisis que de cuenta del circuito de la responsabilidad subjetiva a partir del recorrido que realiza Don Johnston. Para ello, desarrollando una analogía posible entre el personaje y la figura de Don Juan, ubicaremos los tiempos lógicos de este circuito y estableceremos una hipótesis clínica que nos permita vislumbrar la implicancia del sujeto respecto de su acción.
Para empezar nuestro recorrido podemos ubicar algo del orden de la necesidad entendiendo a ésta como campo de la determinación, en tanto campo externo al sujeto, aquello que se presenta como dado, fijo, natural, como aquel significante dado por el Otro y que da al sujeto su identidad. En la sola existencia de este campo no habría posibilidad de que emerja una decisión del sujeto, ya que no habría elección posible sobre lo que se encuentra determinado. Para la emergencia de una decisión es necesario que se presente lo imprevisible, aquello inesperado para el sujeto introducido por la coordenada del azar.
Es en este sentido que podemos ubicar como aquello del orden de la necesidad el inminente abandono por parte de Sherry, en tanto decisión que se encuentra por fuera del sujeto, fuera de su alcance, lo determina, lo nombra Don Juan dándole su identidad. Este nombramiento significante se produce en concordancia con un acontecimiento azaroso, momento en que ella observa entre la correspondencia, una carta dentro de un sobre rosa. A esto se suma el hecho de que antes de encontrar la carta su vecino lo llame para que lo asista en un problema técnico, lo cual deriva que lea la carta junto a Winston, quien lo conduce a emprender su viaje. A partir de la conjunción de estos hechos (causalidad y casualidad) es que se hace posible el inicio del circuito de la responsalilidad subjetiva.
Este circuito es abordado en tres tiempos, el Tiempo 1 corresponde a “… una acción determinada en concordancia con el universo de discurso en que el sujeto se halla inmerso y que, se supone, se agota en los fines para los que fue realizada,…” En este sentido, podemos decir que este primer tiempo incluye la vida de Don sostenida en el “fantasma de Don Juan” como intento de respuesta anticipada para no enfrentarse con la pregunta “¿Y que es lo que tú quieres Sherry?” -¿Chez voi? ¿Qué quiere el Otro de mi? ¿Que soy ahí? ¿Que soy para el Otro?-. Don se somete bajo el guión del Otro (podríamos pensar que por un momento, Sherry encarna al Otro fijándolo a su posición, a su fantasma diciéndole “…así es como eres. Nunca cambiarás”). Es una posición que le permite desconocer el lugar de incertidumbre, el lugar de saber que el Otro no tiene los significantes para responder a su pregunta, ya que en el Otro también hay falta, falta “material simbólico” para decir de la mujer y de la muerte. Entonces el sujeto construye su fantasma para evitar el encuentro con la falta del Otro, con la castración del Otro, y por lo tanto con la propia castración. El enfrentarse con ese agujero donde no hay respuesta es lo que angustia al ser hablante. Nuestro personaje adopta una posición desde la cual goza de todas las mujeres para evitar preguntarse por el deseo de una (el deseo del Otro que presentifica la falta). Desea que deseen, desea que el Otro desee pero para sostener el deseo en su imposibilidad y por lo tanto que allí nada pase, sustrayendo el objeto de deseo para no poner algo de su propio deseo en acto y asi evitar el agustiante encuentro con la castración. El “fantasma de Don Juan” toma a la mujer como una presa de caza, ignora a cada mujer, ve sólo a La Mujer obturando la falta. Repite metonímicamente pasando de forma continua de mujer en mujer sin que nada ponga al sujeto deseante en juego. En él se enlazan el amor como imposible y la muerte, ya que la imposibilidad de enamorarse, de casarse, tener una familia e hijos, lo congela en un eterno presente, una eterna juventud esquivando el enfrentamiento con la finitud de la vida.
La aparición del suceso azaroso ya mencionado introduce el Tiempo 2 en el recorrido. “Tiempo donde el universo particular soportado en las certidumbres yoicas se resquebraja posibilitando la emergencia de una pregunta sobre la posición que el sujeto tenía al comienzo del mismo.” . La irrupción de la noticia de que podría ser padre evidencia el cortocircuito, el quiebre del universo particular que signaba a Don. El elemento disonante conduce retroactivamente hacia el Tiempo 1 forzando la resignificación del mismo. En este momento es que algo desligado del universo particular produce la vacilación fantasmática. El develamiento del engaño fantasmático hace tambalear ese modo de relacionarse con el otro sexo.
Con el objeto de hallar la naturaleza del lazo asociativo que se produce entre ambos tiempos, estableceremos una hipótesis clínica que nos permitirá inferir a qué debería responder el sujeto en términos de responsabilidad subjetiva.
En esta modalidad de abordar al otro sexo es posible inferir que el sujeto no ha asumido la posición masculina, entendiendo como tal, la asunción de la mujer en tanto no-toda, la no existencia de La mujer. Lacan sostiene que la mujer no toda es en el goce fálico, es tomada “no toda” por el Complejo de Edipo (máquina que regula el goce fálico), resta Otro goce. Esto le permitirá decir que la mujer toda es el verdadero síntoma del hombre. Podríamos decir que éste es el síntoma de Don que suple este defecto estructural (no hay un goce todo) dándole consistencia. Podemos inferir que como buen Don Juan a quien busca Don, corriendo de mujer en mujer, es a un gran amor perdido: su madre. ¿Don fue amado por su madre? ¿Preferido, mimado, abandonado? Antes que nada lo que ha sido es traicionado con su propio padre. Entonces suponemos que Don ha vivido un complejo de Edipo vengativamente. Envidia y ataca la esencia de lo femenino, su posibilidad de concebir. Don no piensa ser padre para no hacer de una mujer una madre. Al mismo tiempo, sostenemos que el sujeto ha sido determinado por el significante, por su nombre ¿Habrá sido la madre quien signo al sujeto “Don”? ¿Habrá sido ella quien eligió ese significante para nombrarlo?
En esta línea de sentido podríamos postular que lo universal sería aquello inherente a todo ser hablante, sujeto constituido por la alienación al Otro significante. Constitución en la que se inscribe la falta, la carencia en la inscripción simbólica. Lo singular se circunscribiría al modo en que cada sujeto asume esa falta, en la posición que tome en respuesta a la castración, entendiendo ésta como uno de los tantos modos de realización de lo universal. En este sentido, lo particular es lo que sostiene los márgenes de lo universal-singular, en tanto sistema de códigos compartidos donde podríamos situar el Complejo de Edipo.
Sostenemos que es a partir de la emergencia de este segundo tiempo, la noticia de que Don podría ser padre, la que llama al sujeto a responder. Esta situación pone al sujeto en una diyuntiva ”…dormir en los signos de un guión ajeno o puede abrir esa puerta más allá del horizonte hacia otro tiempo, el tiempo del despertar…” . Si este sujeto se ha relacionado con el otro sexo sin asumir el hecho de que la mujer no toda es, la noticia de que podría ser padre daría cuenta de que la mujer estaría dividida en las funciones de madre y mujer evidenciando que La Mujer no existe, que es no toda. El encuentro con este lugar obliga a la pregunta por la propia voluntad. Es en este lugar donde el Otro ya no tiene respuestas, donde no hay garantías y, por ende, donde algo nuevo deberá emerger.
La primera respuesta a esa interpelación escapa a la asunción de su responsabilidad subjetiva ya que comienza su viaje respondiendo a la demanda de su amigo Winston. Mecanismo neurótico que permite al sujeto no responder desde el lugar de sujeto deseante, rebajando el deseo a la demanda, buscando que el Otro le diga que hacer, sometiéndose a sus ordenes. “Se hace pedir por el otro y se ocupa de satisfacer la demanda del Otro” , de este modo sostiene al Otro consistente. No obstante, es por el goce de esa obediencia que Don tendrá que hacerse responsable.
Aunque emprende su viaje de manera metonímica, esta vez busca a una madre y no una mujer, y esto ya implica no sólo una resignifación del pasado sino también la aceptación de cierta falta que permitirá la emergencia del sujeto del deseo.
Estas mujeres han dejado de ser toda-mujer. Don se encuentra con cinco mujeres que difieren de la imagen que guarda de ellas en su memoria. Aquellas mujeres que habían sido La Mujer, pero que ahora lo confrontan con su falta. Se confronta con el envejecimiento de ellas, con sus miserias, sus problemas, sus síntomas, en fin, con lo Real de cada una de ellas, al tiempo que es objeto de rechazo, destituyéndolo de su imagen de Don Juan. Esta sucesión metonímica de enfrentamiento con la falta del Otro, por lo tanto con su propia falta (su propio deseo), desemboca en la visita al cementerio que implica el encuentro más Real con La Castración: La Muerte, alertándolo sobre la finitud de la vida. El encuentro con un no asimilable a la realidad psíquica, un real que se presenta sin su correspondencia en el discurso. La angustia reside en la relación fundamental del sujeto con el deseo del Otro, en el ¿Qué soy en el deseo del Otro? Esto genera un quiebre en su posición: la emergencia de la angustia que daría cuenta del encuentro con lo Real que movilizaría la interrogación por el deseo del Otro.
A lo largo del viaje Don realiza intentos de mantener su fantasma manifestando una cierta atracción por diferentes jovenes que se han presentando en su camino. Pero dichas situaciones también lo hacen enfrentarse con la falta, con la castración ya que estas jovenes no lo ven como un Don Juan sino que, podríamos inferir, lo ven como un padre (la hija de Laura), como un señor mayor al cual le tienen compasión (la florista), o es rechazado (la recepcionista) y hasta ignorado (la azafata). Enfrentamiento que provocaría la vacilación fantasmática y posibilitaría la asunción de la posición masculina que implica asumir la responsabilidad subjetiva de ser un padre.
En relación a esto la escena en que le da de comer a su hipotético hijo creemos que fue movilizada por el surgimiento de la culpa. Vemos ahí, por primera vez, la aparición del sentimiento de culpa en Don, provocado quizás por haber estado ausente. No es lo mismo la producción del Sujeto del inconsciente que responde por su propio deseo, adviniendo de este modo un Sujeto, que aquel que se culpabiliza y rectifica, eligiendo la culpa a resignificar algo del orden del deseo. El dar de comer podría ser un intento de respuesta producto de la culpa ante la pregunta “¿Qué es ser un padre?”. Sin embargo, más allá de que la culpa es una respuesta posible que puede obturar el circuito si se mantiene en esa posición, cancelando la posibilidad de desplegar una pregunta acerca del propio deseo, también nos conduce al plano de la responsabilidad. La culpa vela y al mismo tiempo devela la responsabilidad. Como sostiene Oscar D´Amore, “...No hay Responsabilidad subjetiva sin culpa (...) dado el tiempo 2 que es el tiempo de la interpelación en el circuito, se funda en su resignificación el tiempo 1, facilita una respuesta que aunque no es considerada todavía tiempo 3 (...), responde a la interpelación. (...) el tiempo 1 es ya un tiempo resignificado por la interpelación a través de la culpa.” Entonces, como ocurre en nuestro caso, la culpa sería una vía privilegiada para ubicar la Responsabilidad Subjetiva.
Es así que en el consejo que le da al joven, por más banal que parezca, se ve un cambio de posición del sujeto. Si el Tiempo 1 y el Tiempo 2 son todavía tiempos de dormir en un guión ajeno, el Tiempo 3 implica el advenimiento del sujeto deseante, el sujeto de la responsabilidad.”…Se trata de una respuesta que tenga un cambio de posición del sujeto frente a sus circunstancias…” , “El Tiempo 3 es el del sujeto de la renuncia (...) El que esta dispuesto a quebrar el último de los horizontes que aún permanecía intacto y abrir con decisión la puerta de la incertidumbre…” . Don dice que el pasado ya no existe, ese pasado fantasmático que lo sostenía en el cual se pretendía mantener de manera eterna, ya no existe. Con esa frase rompe con su fantasma, lo atraviesa, renuncia a él. Luego dice que el futuro, sea el que sea, todavía no está, abriendo las puertas de la incertidumbre, incertidumbre de no saber, aceptando que algo se escapa al Otro, yendo más allá del particular que lo fijaba en una posición. Podríamos pensar que aquí hay un cambio de posición. Termina diciendo que lo único que hay es el presente. Ese presente que lo convierte en padre. Con estas últimas palabras inferimos que Don se hace cargo de su presente, se hace responsable de su posición de padre. Incluso recalca que es todo lo que puede ofrecerle por el momento, lo que evidencia una vez más su falta.
Podemos hipotetizar que al comunicarle al joven que el sabe que él piensa que él es su padre toca algo de lo Real del joven, que suponiendo que realmente es su hijo, no se hace responsable y huye de la escena. Pero esto trasciende nuestro objetivo ya que sería analizar a otro sujeto.
Llegamos a la última escena donde Don mira hacia la nada, en soledad. Jugamos con la idea de que en ese momento se afirma su posición en soledad desde una dimesión ética, en donde algo de su deseo se pone en acto. Ahora es responsable de asumir su deseo con todas sus consecuencias, y con todas las incertidumbres que implican “ser un padre”, de poder cortar con los determinismos que lo sujetaban, de establecer un “singular” (su propia construcción de lo que es ser padre) allí dónde se inscribía el universo que guiaba sus acciones. En fin, se hace responsable de su deseo (de su castración, de su falta como motor del deseo) que se le devela en este nuevo horizonte: la paternidad.

Bibliografía

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2. Fariña, J. “Ética y Cine”, EUDEBA, Buenos Aires. 2001.
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8. Página 12, “Cómo reconocer a un Don Juan” por Claudia Lucia Borensztein. Publicado el 24 de septiembre 2009 en página web.
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10. Soler, C. “La elección de la neurosis”. En Finales de análisis, Manantial, Buenos Aires, 1988.



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