por 

UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES
FACULTAD DE PSICOLOGÍA

CATEDRA I PSICOLOGÌA , ÈTICA Y DERECHOS HUMANOS

PROFESOR FARIÑA, JUAN JORGE MICHEL

COMISION 3 PROF. LUCILA KLEINERMAN

SEGUNDA EVALUACIÒN

SINNI DANIELA D.N.I.: 33575294

ALVAREZ LILIANA D.N.I.: 11681428

AÑO 2010
“Ética y responsabilidad”
“No culpes a nadie, nunca te quejes de nada ni de nadie, porque fundamentalmente tú has hecho tu vida” Pablo Neruda

Las primeras imágenes de la película Forrest Gump muestran a un joven sentado en el banco de una plaza, contándole a un casual interlocutor (que va variando en el transcurso del film) los acontecimientos más importantes de su vida. Este joven llamado Forrest Gump, que tiene un cociente intelectual de 75, hace una mirada retrospectiva y relata una concatenación de situaciones donde el azar lo pone como protagonista y testigo de sucesos políticos, deportivos y bélicos muy importantes, como la guerra de Vietnam, el escándalo de Watergate, campeonatos mundiales de ping pon, etc. La interpretación de los hechos vividos y el motor de su accionar se ve impregnado por la filosofía que le trasmitió su madre, a quien menciona reiteradamente, y que podría ejemplificarse en dos frases que son su caballito de batalla: "Mamá siempre decía, la vida es como una caja de bombones, no sabés con qué te vas a encontrar" y "tonto es el que hace tonterías”.
En su primer día de escuela, conoce en el bus escolar a Jenny, quien desde ese momento ocupará un lugar importantísimo en la historia de sus sentimientos. Siente por ella un amor incondicional y acepta pasivamente que aparezca y desaparezca de la escena de su vida, sin pedir explicaciones ni exigir respuestas.

Jenny, encuentra en Forrest un refugio de cariño y protección, por lo que acude a su encuentro cuando las circunstancias de su vida la ponen en situaciones de suma vulnerabilidad. En su búsqueda interna de un proyecto de vida, Jenny transita por caminos de violencia, droga y prostitución, lo que la lleva a repetir la historia de maltrato y violación sufrida en su niñez.
En uno de los acercamientos que tiene Jenny a Forrest, se produce un encuentro sexual, situación inédita para Forrest; pero luego de ese momento de unión, ella se aleja nuevamente de él. Queda Forrest desconcertado y obedeciendo a un mandato que había internalizado desde pequeño: “cuando te sientas en peligro: corre”, decide emprender una carrera que durará varios años.
Transcurrido este tiempo, Forrest recibe una carta de Jenny pidiéndole que vaya a visitarla. En esta oportunidad la encuentra viviendo en un departamento propio, mucho más organizada y alejada de la vida que la había hecho sufrir tanto. Pero la gran sorpresa es que en esa oportunidad, le presenta a su hijo y le dice que él es el padre del niño.
Jenny se encuentra enferma (probablemente de SIDA), y luego de comentarle su situación a Forrest deciden irse a vivir los tres juntos a la casa de él. Se casan y al poco tiempo ella muere quedando Forrest hijo al cuidado de su padre.
Resulta interesante observar los cambios producidos a lo largo del film en el posicionamiento de los diferentes personajes. Por un lado, Forrest, que partiendo de una actitud ingenua, pasiva, simple, donde las decisiones que él toma son el resultado de las influencias ejercidas por las personas cercanas o por mandatos internalizados en su niñez; termina haciéndose cargo de la crianza de su hijo. Donde, a pesar de su discapacidad (que lo dejaría exento de toda responsabilidad jurídica), se posiciona como un sujeto autónomo asumiendo su rol de padre.
Por otro lado, Jenny por haber atravesado situaciones de maltrato y violaciones durante su infancia, se vio privada del afecto familiar y las contenciones necesarias para fortalecer su yo; lo que la lleva en un principio a tomar caminos que están impregnados de excesos y violencia, los que la arrojan a situaciones de suma vulnerabilidad. A pesar de todo esto, ella consigue finalmente organizar su vida y posicionarse como sujeto autónomo capaz de hacerse cargo ella sola de su maternidad.
La explicación posible que justifique estos cambios en los personajes citados podría pensarse desde un análisis que tome como eje el circuito de la responsabilidad. Este circuito está compuesto por tres tiempos lógicos. En el tiempo uno, el sujeto realiza una acción que se agota en sus fines, que es acorde al yo; es decir ego sintónica. Esta acción está contenida en el universo de discurso en el que se encuentra el sujeto. El tiempo dos, es el tiempo de la interpelación, que funciona como motor, es decir que inicia el circuito de la responsabilidad. Esto sucede porque ese universo particular desde donde se emprendió la acción uno, se resquebraja debido a la emergencia de una situación que pone de manifiesto la incompletud del mismo. El tiempo tres es el de la responsabilidad subjetiva.
Tomando este esquema para analizar la responsabilidad que le compete a Jenny en el film, y que cuyas consecuencias producen los cambios en los personajes, la acción de ella de criar sola a su hijo podría situarse como el tiempo uno del circuito. Ella se aleja de la ciudad, cambia su estilo de vida, consigue un departamento y un trabajo que le permite mantener a su hijo. El tiempo dos, el tiempo de la interpelación, hace que vuelva sobre la acción emprendida en el tiempo uno. La posibilidad cercana de su muerte irrumpe en su universo de significación, resquebrajándolo, y esto la lleva a replantearse su decisión de haber sido madre soltera y de criar lejos a su hijo sin comentarle nada a Forrest. La enfermedad la lleva a pensar y a preguntarse en qué ha hecho. Ante la interpelación Jenny decide llamar a Forrest. El acto de decidir funda una nueva posibilidad que no estaba contenida en el universo previo, en este caso se abre la posibilidad de ya no ser madre soltera, lo que implica un cambio en su universo de significados. El acto de decidir produce una singularidad en acto, el sujeto se interroga por el alcance de su acción y lo obliga a volver sobre el punto de partida. El fin de la acción emprendida en el tiempo uno no se agota, se quería hacer una cosa, en este caso criar sola a su hijo, pero la cercanía de su muerte de no mediar un cambio, y de seguir sosteniendo la acción uno la llevaría a dejar a su hijo huérfano. En este punto es posible ubicar la hipótesis clínica donde se interroga un costado del sujeto que no se conocía cuando se emprendió la acción. Para que exista una hipótesis sobre la responsabilidad del sujeto tiene que haber una distancia entre el tiempo uno y el tiempo dos que no se agote en ni en la necesidad ni en el azar. Las situaciones se presentan compuestas por necesidad y azar pero la responsabilidad del sujeto sólo se encuentra en la grieta que se produce entre necesidad y azar ¿De qué debería hacerse responsable Jenny? No se trata de una responsabilidad jurídica sino subjetiva, hacerse responsable su deseo inconsciente.
En la situación que estamos analizando tomamos como necesidad el hecho que la muerte de una madre, en este caso Jenny, deja a los hijos huérfanos. El azar estaría representado por el hecho de haber contraído una enfermedad como el SIDA, consecuencia quizás de su vida anterior. Ella decide irse sola con su hijo, y ahora se ve enfrentada con la posibilidad de morir y dejar al niño solo.
Si la hipótesis clínica tiene que ver con la acción realizada por un sujeto del deseo y lo que se hizo en el tiempo uno es satisfacer su deseo. Nos preguntamos ¿Qué deseo sostenía la decisión de no comunicarle a Forrest su paternidad?
Una respuesta posible sería pensar que ella, al haber sido tratada como un objeto durante su infancia, construyó un modelo de relación donde ubica al otro como objeto. Podría tratarse de una falla en la constitución del concepto de alteridad. Esto la lleva a no considerar los derechos de filiación ni de su hijo ni de Forrest, dado que le niega a ambos la posibilidad de construir un vínculo.
Pero también acá podemos hablar de una responsabilidad moral, jurídica, que es negarle la identidad al niño y la paternidad a Forrest.
Desde otra perspectiva podríamos pensar que el asumir la maternidad en soledad, mostraría su posición fálica, traducida en una actitud de autosuficiencia y omnipotencia.
El acceso al deseo supone culpa, el deseo se presenta bajo la forma de necesidad subjetiva, y es por eso que ubicamos la responsabilidad más allá del yo. El saberse culpable permite otro tipo de posicionamiento. Esta responsabilidad obliga al sujeto a responder. La respuesta queda supeditada por ese pasaje por la culpa.
Frente a la interpelación, el sujeto no puede no responder. La interpelación exige respuesta más allá de lo que el yo querría responder. La interpelación abre el circuito. Suponiendo que la respuesta de ella es un tiempo tres, el decidir llamar a Forrest, este tiempo dará una suplementación a su Universo. Por eso lo podemos relacionar con la irrupción de una singularidad (el universo adviene parte y no todo). Con la brecha entre necesidad y azar se abre la posibilidad de armar un universo nuevo. La incertidumbre que abre el tiempo dos permite moverse. El sujeto debe responder por las intenciones inconscientes del tiempo uno.
El tiempo tres tiene que ver con la producción de una subjetividad, se modifica la posición del sujeto, se produce un acto singular. En el tiempo tres aparece el concepto de decisión. Alejandro Ariel define un acto como una decisión que se toma en soledad, y que tiene consecuencias para quién la produce y también para los otros. Para los otros el acto es visto como una acción, en este caso para Forrest, la acción de Jenny en llamarlo. Si nos situamos en un tiempo tres, este acto no podría ser pensado a nivel moral. Lo moral tiene que ver con la conducta de un hombre, respecto de los otros hombres, lleva al sujeto a plantearse si su conducta está bien o mal. La decisión moral calcula. En el tiempo tres, estamos del lado del acto ético. El hombre produce efectos que le retornan, se abre la subjetividad (por eso decimos que se hace en soledad). D’ Amore dice que el sujeto del acto coincide con el de la responsabilidad subjetiva. La culpa aparece porque al ser responsable es obligado a responder. Acá no cuenta la intención ni la autonomía de la conciencia, sino que se introduce la función deseante. En cambio la respuesta moral funciona como una explicación tranquilizadora que busca recomponer la composición yoica. El circuito puede cerrarse si la respuesta se da desde el lado de la moral, se produce una respuesta particular y no aparece la singularidad. Se cierra el universo.
BIBLIOGRAFÌA:

Fariña, J. (1992) Ética profesional. Dossier bibliográfico en salud mental y derechos humanos. Acápite 3.3: el status de la responsabilidad sobre los actos.

Jinkis, J (1987) Vergüenza y responsabilidad. Conjetural, número 13. Editorial Sitio. Buenos Aires.

Mosca, J.C. (1998) Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.

Salomone, G.Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la Êtica. Clínica y deontología. Vol. Fundamentos. Letra Viva, 2006.

y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

Dominguez, M.E.: Los carriles de la responsabilidad: El circuito de un análisis. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol.: Fundamentos. Letra Viva, 2006.



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