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Caso Ross: Del acto al fallido

por Reos, Francisco, Wajncymer, Martín

Análisis del circuito de la responsabilidad subjetiva

“Puede uno pensarse que el esfuerzo de los seres humanos por decir la verdad es más fuerte de lo que se suele estimar”

Freud, Sigmund. Psicopatología de la vida cotidiana.

Para el presente trabajo se ha elegido una situación singular que se presenta en un conjunto de capítulos de la serie televisiva Friends (David Crane, Marta Kauffman 1994-2004) en los cuales el personaje Ross se encuentra interpelado por un propio equívoco que abre el circuito de la responsabilidad subjetiva.

Todo comienza cuando Emliy, una joven inglesa, va a visitar a su tío a Nueva York, éste le pide a Rachel (empleada en su boutique de ropa) que la acompañe una noche a ver una opera. Al tener Rachel una cita con un muchacho, acude a Ross para que ocupe su lugar junto a Emily en el espectáculo. Seis semanas después, Ross le propone casamiento a Emily de la siguiente forma: “Emily ¿Quieres casarte conmigo?”

La celebración de la boda es planeada para llevarse a cabo en Londres y Rachel, debido a su historia amorosa con Ross, decide en un primer momento no asistir, haciéndose presente en los últimos momentos antes de la boda.

Una vez frente al altar, Emily repite los votos dictados por el sacerdote hacia su prometido sin inconvenientes. Siendo el turno de Ross, éste comienza obedientemente a enunciar los votos tal cual el sacerdote se los indica. Sin embargo, cuando debería haber dicho “Yo te tomo Emily”, según las órdenes del sacerdote, de su boca emanan las palabras: “yo te tomo Rachel”, produciéndose así un equívoco que genera un impacto sorpresivo no sólo en Ross sino también en todos los presentes.

Desde ese momento, Ross comienza a barajar una serie de excusas que intentan dejar al equívoco como un simple y burdo error carente de significado, intentando así sostener la propuesta que hace seis meses había dicho.

-Queda planteado hasta aquí el recorte situacional.

Para comenzar, el equívoco es el elemento clave para este análisis ya que no tiene valor en tanto tal, sino que lo obtiene dentro de las coordenadas singulares en el que tuvo lugar: la ceremonia nupcial tiene vaticinado un claro desarrollo y cada persona sabe perfectamente qué tiene que hacer y cuándo. Por lo tanto, elementos sorpresivos no son bienvenidos y todo está determinado. Es en esta situación anticipable en dónde tiene lugar un acto que interrumpe sorpresivamente bautizando ese rito particular en un escenario singular.

Ahora bien, podríamos estar tentados de esgrimir que dicho error fue azaroso siguiendo la excusa planteado por Ross y reafirmada por Rachel, al decir que fue simplemente generado por su presencia sorpresiva e inesperada en el último minuto antes de que comience el ritual, y que si en su lugar hubiera aparecido un “loco de circo”, él hubiera dicho: “yo te tomo loco de circo”. Podemos contemplar que el intento aquí de Ross es dejar al error como efecto del azar. Desde nuestra perspectiva, sostenemos que el análisis del equívoco no puede agotarse en el culpar al azar y mucho menos a la necesidad: la boda nupcial que ya estaba completamente preestablecida.

Por lo tanto, elevamos la confusión de Ross ya presentada al nivel de acto fallido. Entendiéndolo desde la perspectiva Freudiana [1], dicho yerro es una manifestación propia del inconsciente que es desconocida por la persona que la enuncia. Siguiendo esta línea, el Yo consciente cree ser dueño de su propio discurso y sólo a través de estos traspieses sus verdaderas determinaciones se hacen presentes. El papel de Ross en la ceremonia nupcial era de pura obediencia -él sólo debía repetir lo que el sacerdote le indicaba; nada propio de su singularidad podía tener lugar en la ceremonia ya que hasta sus propias respuestas ya estaban guionadas. Sin embargo, es allí donde aparece el elemento sorpresivo e inesperado del cual el prometido se desentiende rápidamente y que nos permite ir tras la pista del deseo inconsciente.

Salomone [2] sostiene que allí donde una acto genera un efecto de desgarro en la certidumbre yoica, que se encuentran dentro del eje particular, permite instalar una pregunta sobre la posición del sujeto frente en una acción cronológicamente anterior. El equívoco aparece como un gruñido que desconoce su propio poder, la fiera sorprende así a la concurrencia y a sí misma. Por esto, sostenemos que inicia el circuito de responsabilidad: "Yo te tomo Rachel" (Tiempo 2) compromete a una acción cronológicamente anterior, a saber, “Emily ¿Quieres casarte conmigo?” (Tiempo 1). Cuestionar a quién verdaderamente Ross colocó como objeto de su deseo solamente es posible gracias a la confusión de nombres que resignifica la acción pretérita y genera que Ross quede dividido entre lo que quiso decir y lo que dijo, entre los significantes “Emily” y “Rachel”. Esto nos indica que el fallido permite revelar su presencia lógicamente anterior a la propuesta matrimonial.

La culpa aquí ob-liga al sujeto a responder ya que desde este equívoco (tiempo 2) queda en duda la veracidad de su propuesta matrimonial a Emily (tiempo 1).

Citando a D`Amore: “La responsabilidad subjetiva es la culpabilidad misma de lo que se hace y de lo que se dice; una singularidad que emite un sujeto, del deseo inconsciente que causa la formación” [3]. Por lo tanto, la responsabilidad subjetiva en este recorte situacional está orientada a que Ross le otorgue al fallido un estatuto de verdad que está más allá del mero azar o la determinación; es enfrentarse a un saber no sabido relacionado con su deseo inconsciente el cual, como se aprecia, irrumpe con todas sus fuerzas.

Teniendo en cuenta lo considerado, sostenemos que Ross es culpable de sus actos fallidos -tal cual lo sostiene Freud sobre los sueños- ya que aparece presentando una dimensión que escapa al lado consciente y, si bien es vivenciado como ajeno, sor-prende a Ross y ob-liga a responder por su equívoco.

Es importante remarcar el valor singular que tiene este fallido ya que posee una potencia de desborde que no era prevista en la lógica particular del ya mencionado rito. Por esta razón, todos los presentes, incluso el sacerdote quien encarna la figura de ley y ordenador del ritual, quedan sor-prendidos y por algunos segundos reina el silencio debido a la falta de una explicación en la lógica A/-A, lo particular fue presa de la vacilación.

Queda entonces por tomar las respuestas que Ross esgrime frente a esta situación. En el momento que logra liberarse de la sorpresa y el Yo vuelve de su estupor, Ross dice con frenesí “¡Emily!...yo te tomo Emily”. Más tarde intenta acentuar el lado gracioso de su error y por último sostiene su argumento final: “El hecho que haya dicho el nombre de Rachel no significa nada...no significa nada”. D´amore nos advierte de las posibles respuesta que el Yo puede barajar con el intento de librarse de responder a la interpelación. “No hay responsabilidad subjetiva sin culpa” [4] las respuestas de Ross apuntan a desentenderse de su error o, mejor dicho, a dis-culparse. Él no se reconoce allí mismo donde se siente ajeno, lo que paso no le pertenece y por ende responde desligándose y sosteniendo con malabarismos retóricos un particular que ha vacilado gracias a sus palabras. Es claro cómo opera el sentimiento de culpa velando la emergencia de la singularidad del deseo de Ross.

Ahora bien, nuestro análisis nos lleva a dar cuenta de una hipótesis que pueda esclarecer en este recorte algo de la verdad singular de Ross. La categórica posición de neutralidad que nos sostiene nos prohíbe sentenciar al fallido como una burda declaración de amor hacia Rachel debido a que sólo instalar un nuevo particular que taponaría la posibilidad de enfrentar al sujeto con su propio deseo. Este singnificante no importa como persona, importa como significado como aquello que podía impulsar o finalizar con el circo particularista -en el cual Ross hacia el papel de un loco- ya que era el único nombre entre todos los presentes que podía ocasionar en Emily el enojo a punto tal de querer cancelar la boda.

Si “la responsabilidad subjetiva es esa relación ética del sujeto al deseo” [5] cabe interrogar cuál es la relación de Ross con su deseo. Las respuestas de Ross nos permiten inferir una rápida negación y anulación de la manifestación inconsciente del mismo, sostiene que eso no es lo que desea. Ya desde el tiempo 1 se puede observar un desesperado intento de Ross por congelar su deseo en una sola persona, en un sólo significante, a saber, Emily debido a su propuesta matrimonial sólo después de seis semanas de haberla conocido.

En el seminario VI, El deseo y su interpretación, Lacan ya aclara las características propias del deseo y sostiene que éste es metonímico, es decir, no es articulable a un sólo significante. El deseo recorre en la cadena de manera incesante e intentar anclarlo al que el Yo anhela es una quimera.

La pregunta: ¿Ha actuado según el deseo que lo habita? no puede dejar de interpelarnos a nosotros en nuestro análisis. Es justamente el fallido la única herramienta que nos permite responder negativamente a esa pregunta. El deseo de Ross no se engarza al significante Emily -eso está claro- pero no podemos sostener que se adhiere únicamente a Rachel. Sólo podemos sostener que el deseo recorre entre estos dos significantes sin agotarse en ninguno de ellos.

La condición metonímica del deseo corresponde a una condición propia del ser humano, se sostiene dentro de la categoría universal. El fallido entonces es sólo una de las infinitas formar singulares posibles que la condición universal del deseo tiene para expresarse más allá de los congelamientos particularistas.

Como conclusión, sostenemos -sin abusar de los límites de la interpretación para este caso- que Ross acciona acorde a su modalidad obsesiva desde la propuesta hasta el momento de subir las escaleras del altar y sellar con un beso la misma. Cual títere que acciona siguiendo órdenes, el fallido devela una dimensión obscura del maniquí que los hilos no manejan: la dimensión del deseo.

Referencias

Michel Fariña, J. Y Col. (1998). Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.

Michel Fariña, J. J. “The Truman Show. Mar abierto (un horizonte en quiebra)”. En Ética y Cine, Eudeba, 2000.

Freud, S.: (1925) La responsabilidad moral por el contenido de los sueños. En Algunas notas adicionales a la interpretación de los sueños en su conjunto. Obras completas. Tomo XIX, Amorrortu editores. 1984.

Freud, S.: Psicopatología de la vida cotidiana, A.E., Tomo VI

Jinkis, J. (1987). Vergüenza y responsabilidad. Conjetural, número 13. Editorial Sitio. Buenos Aires.

Salomone, G. Z. Y Col. La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006. Buenos Aires.

Lacan, J., El Seminario, Libro I I: “El Yo en la Teoría de Freud y en la Técnica Psicoanalítica”,Barcelona, Paidós.

Lacan, J. “La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud”, en Escritos, Tomo I, México, Siglo XXI.

Lacan, J., El Seminario, Libro VI: “El deseo y su interpretación”, inédito, Clase I, Ficha de la Cátedra (CEP).



NOTAS

[1Freud, S.: Psicopatología de la vida cotidiana, A.E., Tomo VI

[2Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006. pág. 135

[3D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Pág 151

[4D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Pág. 145

[5D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Pág. 162





COMENTARIOS

Mensaje de Claudia Romina Barrenechea  » 31 de octubre de 2012 » rominabarrenechea@yahoo.com.ar 

Quisiera agregar:

“el psicoanálisis se sostiene en un propósito: el develamiento de aquella verdad que estando encubierta, para el propio sujeto que la soporta, se presenta como síntoma”

Fernando Ulloa



Mensaje de Claudia Romina Barrenechea  » 31 de octubre de 2012 » rominabarrenechea@yahoo.com.ar 

Francisco y Martín:

Me intereso mucho el analisis que relizaron sobre el personaje de Ross en Friends!

Quiero agregar el siguiente comentario, sobre la responsabilidad subjetiva, la cual entiendo, trata de una singularidad, que interpela al sujeto más allá de su yo consciente (interpela a Ross en su deseo). De este modo nos inscribimos en el terreno de lo inconsciente, Freud nos dice que el sujeto puede declararse no responsable, allí justamente donde es responsable de su deseo, para él, no existen dudas de la responsabilidad por las mociones oníricas, por ejemplo, sean malas o no, ya que si bien son mociones inconscientes que escapan a la censura, son parte del sujeto soñante. Así como el sueño, pueden tomarse también los actos fallidos (como en este caso donde Ross dice: Rachel, en vez de Emily),los cuales permiten ver en forma desfigurada expresiones del inconsciente. La noción de sujeto en este caso es la de Sujeto del inconsciente, donde lo que se expresa es algo que se desconoce pero que supone un saber, no sabido.



Mensaje de   » 31 de octubre de 2012 »  

Francisco y Martín:

Me intereso mucho el analisis que relizaron sobre el personaje de Ross en Friends!

Quiero agregar el siguiente comentario, sobre la responsabilidad subjetiva, la cual entiendo, trata de una singularidad, que interpela al sujeto más allá de su yo consciente (interpela a Ross en su deseo).
De este modo nos inscribimos en el terreno de lo inconsciente, Freud nos dice que el sujeto puede declararse no responsable, allí justamente donde es responsable de su deseo, para él, no existen dudas de la responsabilidad por las mociones oníricas, por ejemplo, sean malas o no, ya que si bien son mociones inconscientes que escapan a la censura, son parte del sujeto soñante. Así como el sueño, pueden tomarse también los actos fallidos (como en este caso donde Ross dice: Rachel, en vez de Emily),los cuales permiten ver en forma desfigurada expresiones del inconsciente. La noción de sujeto en este caso es la de Sujeto del inconsciente, donde lo que se expresa es algo que se desconoce pero que supone un saber, no sabido.



Mensaje de Ariel Kaztman  » 4 de octubre de 2012 » arikazt@gmail.com 

Muy buena nota!

Me resultó muy interesante como recorrían y analizaban el accionar de Ross.

Hay un elemento sobre el final el cual me resulta sumamente interesante, el momento en el que escriben:

"La pregunta: ¿Ha actuado según el deseo que lo habita? no puede dejar de interpelarnos a nosotros en nuestro análisis. Es justamente el fallido la única herramienta que nos permite responder negativamente a esa pregunta.[...]Sólo podemos sostener que el deseo recorre entre estos dos significantes sin agotarse en ninguno de ellos.[...]El fallido entonces es sólo una de las infinitas formar singulares posibles que la condición universal del deseo tiene para expresarse más allá de los congelamientos particularistas."

Me parece sumamente esclarecedor sobre el accionar del subconsciente y el fallido expresado en el habla ya que esas infinitas conexiones posibles que el deseo o el subconsciente puede articular (relacionado esto con las excusas que esgrime Ross para justificar su equívoco) la articulación del nombre Rachel sella a mi entender la "real" o la conexión de las ideas del subconsciente más cercana al Yo consciente que percibe el fallido. Debido a que la mención del nombre Rachel y no Loco del circo o el mismo nombre Emily debe tener una justificación.



Mensaje de Caro Cebey  » 17 de septiembre de 2012 » carocebey@yahoo.com.ar 

¡Muy buen análisis! Es una escena ’épica’ de Friends, y la interpretación que presentan me parece que se ajusta muy bien a la trama y a su devenir.



Película:Serie: Friends

Titulo Original:

Director: David Crane, Marta Kauffman

Año: 1994-2004

Pais: Estados Unidos

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