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Una aventura congelada

por Loza, María Julieta

Esta película animada de Disney, ganadora de un Oscar en el 2014, nos sirve de claro escenario para abrir la interrogación al tema de las grandes potencialidades que pueden yacer guardadas en el inconsciente; y a su vez, indagar brevemente sobre la responsabilidad de los psicólogos en el ámbito de la clínica para que los pacientes puedan conectar con estas potencialidades.

No caben dudas de que la oportunidad de tomar contacto con estas potencialidades es a través de un quiebre en el universo establecido: puede ser una crisis personal, una pérdida, aunque también, pueden ser cambios inesperados que no necesariamente sean negativos, como por ejemplo enamorarse o hacer un viaje.

El trabajo se focalizará en uno de los personajes principales de esta animación: Elsa. Ella es una princesa de un reino de fuertes inviernos nevados. De chica toma contacto con un gran poder que trae de nacimiento: la posibilidad de hacer nevar, de manipular el hielo y poder crear todo tipo de cosas con él. Las vemos de niñas, con su hermana Anna, disfrutando de lo que Elsa es capaz de hacer: cubrir todo de nieve, haciendo de los juegos cotidianos algo extraordinariamente divertido e inusual. Pero algo inesperado ocurre, Elsa daña a Anna sin intención, en uno de estos juegos y la deja inconsciente. En enorme desesperación los reyes recurren a unos gnomos, sabios de la naturaleza, que podían curarla; éstos advierten de los peligros que acarrea el poder de Elsa si ella misma no puede controlarlo. Los padres interpretan que Elsa debe ocultar este poder, no practicarlo, tratar con la menor cantidad de gente posible para que no vayan a descubrirla y a la vez ella no pueda dañar a nadie.

La película muestra como las hermanas van creciendo, pero ya sin contacto entre ellas, Elsa no solo no juega más con Anna, si no que casi no le dirige la palabra. Ni siquiera lo hace ante la muerte de sus padres en un fatal naufragio. Elsa vive en soledad, la muestran como una chica muy rara, poco sociable, asustadiza y nada espontanea, se podría decir sobre-adaptada.

El momento de la coronación de Elsa llega, ya que es la hija mayor, y el castillo debe abrir sus puertas para la ceremonia en la que se convertirá en reina. Anna, a diferencia de su hermana, está fascinada, corre y canta por todo el castillo rogando encontrar vínculos: algo de lo que carece por la situación de Elsa, sobre todo un vínculo amoroso. Su deseo parece cumplirse, un apuesto príncipe se presenta y descubren ser el uno para el otro. Exultantes de alegría van al encuentro de Elsa, que estaba en el festejo de la coronación y venía controlando muy bien sus nervios para no congelar las cosas. Vale decir que cuanto más estrés sufría más incontrolable se hacía su poder y más pujaba por salir. Anna le expresa su deseo de casarse con Hans (el príncipe), quien le había pedido matrimonio, a lo que Elsa se niega rotundamente argumentando que se habían conocido sólo ese día, y que las puertas del castillo no se abrirían para nadie. Esto inquieta a Anna quien increpa a Elsa en un tono cada vez más fuerte. Elsa se molesta más y más descontrolando su poder hasta que para detener las quejas de Anna grita: “¡enough!” (¡suficiente!) y con esta palabra, espinas gigantes de hielo se despliegan a su alrededor como protegiéndola del afuera. Entrada en desesperación, sale del castillo de prisa y congelando todo a su paso, en una angustia que la lleva a huir corriendo hacia las montañas.

Elsa le niega la posibilidad de amor a su hermana, como vino negándosela a sí misma durante todos estos años. Enfrascada en una soledad que oficia de refugio, quiere continuar de esa forma, no se abre a la posibilidad de un cambio, no puede. Pero Anna esta vez no acata, se revela, y por primera vez discute. La cuestiona a Elsa, sin saber que está cuestionado, en realidad, un pesado mandato de sus padres que Elsa carga desde su primera infancia y éstos cuestionamientos no son sin riesgo, sin consecuencias. Elsa en lugar de considerar la posibilidad de un cambio, se endurece y advierte a su hermana de de los límites, de las responsabilidades, del deber. “Conceal, do not feel, do not let them know…” (Oculta, no sientas, no les dejes saber…) Estas son las palabras que resuenan en Elsa, las palabras que le repetía su padre una y otra vez, mientras colocaba guantes que separaban sus manos (y mucho más que sus manos) de las cosas, de las personas, del mundo. Este poder, que de chicas parecía una bendición por la alegría y el disfrute que podía traerles, se transformó en una imposición de marginalidad. En el castillo, sola, debía ocultar quien era realmente, aún ante su propia familia.

Es en el momento de la huida que Elsa, en una muy conocida y completa soledad, en lo más alto de la montaña, se conecta con su poder de una forma en que nunca antes lo había hecho. Hay una soledad nueva, una soledad creativa. Se “l i b e r a” y musicalmente va relatando lo que está aconteciendo en lo más profundo de su ser.

“The snow glows white on the mountain tonight,
not a footprint to be seen.
A kingdom of isolation
and it looks like I’m the queen.”

“La nieve resplandece blanca en la montaña esta noche,
no hay ni una huella para ser vista.
Un reino de aislamiento
y parece que soy la reina.”

Son muchas las veces que el precio del tomar contacto con un costado poco explorado, que resulta rebelde, e incluso poco convencional porque puede no responder completamente a las normas morales vigentes, desata una potencia que desconocemos; potencia que parece hacer bien a la persona en algún sentido, pero que invita a la marginalidad. Indefectiblemente se abre la puerta al juicio del otro que se transforma en soledad por parte de quien se animó a un contacto con “lo nuevo”. En muchos de éstos casos, si el entorno, el contexto social, o el propio paradigma en el que se está inmerso no puede absorber esto de alguna forma, habrá consecuencias que lleven por un lado a una separación, un encierro, un aislamiento, o por otro, si la persona no puede soportarlo se produce una nueva sobre-adaptación o un arrasamiento de la subjetividad.

“The wind is howling like this swirling storm inside.
Couldn’t keep it in,
Heaven knows I tried.”

“El viento aúlla como esta turbulenta tormenta interior.
No pude mantenerlo dentro de mí,
El cielo sabe cuanto lo intenté.”

A Elsa le llegó el momento de una interpelación. La plantea su hermana con un pedido de cambio y también con un pedido de explicación: le pregunta, la increpa, necesita la justificación de la infeliz situación que padece arrastrada por Elsa. Elsa no puede responder a esta interpelación y huye. Pero en esa huida hay algo más. Hay un deseo que ella misma no reconoce. La tormenta interior se hizo extrema porque nunca se le hizo lugar hasta hoy, y en un momento de interrogación, de quiebre, ya no puede seguir oculta. Es algo que no fue drenado completamente y que, por el contrario, lo que hizo fue crecer, ganar tamaño e intensidad, de tal forma que cuando se libera no hay manera, en principio, de controlarlo.

“Don’t let them in, don’t let them see.
Be the good girl you always have to be.
Conceal, don’t feel, don’t let them know.
Well, now they know!”

“No los dejes entrar, no los dejes ver,
Se la chica bueno que siempre debes ser,
Oculta, no sientas, no los dejes saber.
Bueno, ¡ahora saben!”

Las palabras de su padre siguen sonando en su interior. No son otra cosa que un Súper Yo (Freud, 2003) inmenso, pero que ya no pudo contener otro costado de Elsa, que estaba en constante lucha con su autoridad interior y que creció, justamente, alimentado por la represión. Sale descontrolado, porque a Elsa no se le permitió tener contacto con esto, no hubo una posibilidad de trabajo, de “domesticación” de estas fuerzas.

Sabemos que el Súper Yo, identificación primaria con el padre, permite una adaptación del individuo a la vida en sociedad, y es necesario que esté presente para que la persona pueda desarrollarse. Se puede pensar entonces que el tema estaría dado por el nivel de presencia superyoica. Un Súper Yo demasiado severo puede replegar potencialidades de la persona, dejándolas en sombra. En este punto puede servir introducir brevemente el concepto de Sombra del que habla Jung. La sombra es:

“La suma de todas las disposiciones psíquicas personales y colectivas, que no son vividas a causa de su incompatibilidad con la forma de vida elegida conscientemente y se constituyen en una personalidad parcial relativamente autónoma en el inconsciente con tendencias antagónicas. La sombra se comporta respecto a la consciencia como compensadora, su influencia, pues, puede ser tanto negativa como positiva. (…) La omisión y la supresión de la sombra, así como la identificación del Yo con ella, puede llevar a desdoblamientos peligrosos. Puesto que la sombra está próxima al mundo de los instintos, es indispensable tenerla en cuenta constantemente.” (Jung 2002, p. 482)

“Let it go, let it go!
Can’t hold it back any more.
Let it go, let it go!
Turn away and slam the door.
I don’t care what they’re going to say.
Let the storm rage on.
The cold never bothered me anyway.”

“¡Libéralo, libéralo!
No puedo contenerlo más.
¡Libéralo, libéralo!
Da la vuelta, golpea la puerta.
No me importa lo que vayan a decir.
Deja que la tormenta, arrase.
De todas formas, el frío nunca me molestó.”

La liberación entonces, de algo desconocido por esta falta de contacto con una propia potencia, implica riegos. Jung aclara que tanto el no tomar contacto con la sombra, como el conectar de una forma inadecuada (identificarse completamente) puede ser sumamente peligroso. En Elsa vemos un gran padecimiento durante su vida al tratar de ocultar lo que realmente es, porque esto implica falta de espontaneidad, de alegría en la vida. El “deber ser” planteado como lo único importante rigidiza, entristece, seca. El problema es que cuando ella toma contacto con está otra parte de sí, no lo hace por propia voluntad, con consciencia podría decirse, sino que es tomada por la sombra, ésta irrumpe con una intensidad extrema, directamente proporcional a la represión que se le impuso.

En este punto se hace importante interrogar al trabajo analítico como liberador, porque tiene que ser sumamente cuidado para que no se produzca una destrucción masiva. Un arrasamiento de la identidad sea porque la persona queda completamente identificada con la sombra como le ocurre a Elsa, o porque no pueda tolerarse este contacto y, por ejemplo, entre en una profunda depresión, puede ser muy difícil de volver atrás.

Elsa se conecta con su potencia y se da cuenta de algo que ya sabía, no solo que el frío nunca le molestó, sino que le divierte, la libera, forma parte de su ser. Pero se produce una identificación absoluta, en la que sólo puede ser eso, hay una fascinación con esa potencia con la que se toma contacto, pero el precio de esta identificación es la marginalidad, y por otra parte, aún seguía viviendo con el miedo que siempre la acompañó.

“It’s funny how some distance,
makes everything seem small.
And the fears that once controlled me, can’t get to me at all.”
“It’s time to see what I can do, to test the limits and break through.
No right, no wrong, no rules for me.
I’m free!”

“Es extraño como algo de distancia, hace que todo se vea pequeño.
Y los miedos que una vez me controlaron, no pueden llegar a mí en absoluto.
Es hora de ver lo que puedo hacer, testear los límites y atravesarlos.
No hay bueno, ni malo, no hay reglas para mí.
¡Soy libre!”

Los miedos que la llevaban a la represión de su poder ya no están, pero no están porque ahora está real y literalmente sola. No está el miedo porque tampoco hay vínculos. Es hora de ver lo que puede hacer: por primera vez se permite comenzar a practicar su poder. Pero no lo hace de una forma progresiva, suave, procesual, que es la forma en que podrían aminorarse los riesgos. Ella se fascina y lo hace extremo, queda tomada por esto. Podemos compararlo (valga la paradoja del frío y el calor) con un volcán en erupción, una vez que estalla… ¿cómo lo paramos?

No hay bueno ni malo, no hay reglas. Fueron tantas durante tanto tiempo que pareciera necesitar no tener ninguna más. ¿Podemos deshacernos completamente de nuestro Súper Yo? Por supuesto que no. Pero esto es lo que produce esta absoluta identificación.

“Let it go, let it go.
I am one with the wind and sky.
Let it go, let it go.
You’ll never see me cry.
Here I’ll stand, and here I’ll stay.
Let the storm rage on.”

“Libéralo, libéralo.
Soy una con el viento y el cielo.
Libéralo, libéralo.
Nunca más me verán llorar.
Aquí me pongo de pié y aquí me quedo.
Deja que la tormenta arrase.”

Por primera vez es libre, su aspecto cambia, florece, pasa de esa imagen de adolescente frágil y asustada a una bellísima mujer, talentosa y muy poderosa. El miedo desaparece pero como ya se dijo solo porque desaparecen los vínculos. Está sola, pero la fascinación hace que esto pierda importancia, cree ahora poder ser ella verdaderamente. Pero sique siendo sólo una parte de sí misma. El problema es que, como se mencionara, el Súper Yo no desaparece y tarde o temprano volverá a surgir con toda su fuerza, si ella no puede hacerle lugar.

“My power flurries through the air into the ground.
My soul is spiraling in frozen fractals all around.
And one thought crystallizes like an icy blast.
I’m never going back; the past is in the past!”

“Mi poder nieva suavemente a través del aire hacia el suelo.
Mi alma hace espirales en fractales congelados por todas partes.
Y una idea se cristaliza como una explosión helada.
¡No volveré nunca; el pasado está en el pasado!”

El contacto con esta potencialidad puede dar la idea de un cambio radical, de algo nuevo que permite dejar atrás todo. Esto es una fantasía y se ve claramente en la película cuando a Elsa vuelven a buscarla, su hermana primero, y luego, todo un grupo de hombres para llevarla presa. Porque la liberación de su poder no sólo la había afectado a ella profundamente, sino también a todo su entorno: Arendelle, su reino, quedó sumido en la nieve en pleno verano.

Elsa construye un palacio extraordinario, realmente su poder es de una creatividad infinita y de una capacidad para generar cosas muy buenas, para ella y para otros. Con esto se quiere señalar que lo que se encuentra en sombra no es necesariamente algo que se presenta como negativo. Estas potencialidades pueden ayudar a la persona a ser más plena, a llevar a cabo sus tareas de una forma mejor e incluso a encontrar el profundo sentido de la vida.

“Si hasta el presente se era de la opinión de que la sombra humana es la fuente de todo mal, ahora se puede descubrir en una investigación más precisa que en el hombre inconsciente justamente la sombra no solo consiste en tendencias moralmente desechables, sino que muestra también una serie de cualidades buenas, a saber, instintos normales reacciones adecuadas, percepciones fieles a la realidad, impulsos creadores, etc.” (Jung 2002, p. 483)

Nuevamente señalamos que es el nivel de conexión e identificación con estas cualidades lo que hace que la persona pueda aprovecharlas, utilizarlas, e incluso disfrutarlas. Por esto es esencial que el contacto pueda darse lenta y progresivamente, y esto puede estar facilitado en un encuadre analítico si el profesional puede moverse en el eje de lo simbólico, porque el contacto con la sombra es una singularidad en situación.

“Let it go, let it go.
And I’ll rise like the break of dawn.
Let it go, let it go.
That perfect girl is gone.
Here I stand, in the light of day.
Let the storm rage on
The cold never bothered me anyway...”

“Libéralo, libéralo.
Y me levantaré como una pausa del amanecer.
Libéralo, libéralo.
La chicha perfecta se ha ido.
Aquí me pongo de pié a la luz del día.
Deja que la tormenta arrase.
De todas formas, el frío nunca me molestó…”

La chica perfecta ya se fue, el precio es la soledad, pero por primera vez una soledad increíblemente creativa. Si tan sólo esto pudiese desplegarse sin que la tormenta arrase, la vida de Elsa podría ser más plena. El contacto con la sombra debe ser progresivo, Elsa debe recordar quien es y permitir así una integración entre ambas cualidades presentes en ella, esto permitirá que pueda usar su poder sin que implique dolor para ella o para sus vínculos, muy por el contrario, puede ser algo sumamente provechoso para todos. La estructura que permite el Súper Yo, si no es demasiado rígida, le dará la posibilidad de manejar su poder controladamente. Se deja en suspenso el final de esta historia, pero como acostumbra Disney… ¡hay final feliz!

Referencias

Freud, S. (2003), Obras Completas, El yo y el Ello y otras obras (1923-1925), XIX, Buenos Aires: Amorrortu editores.

Jung, C. G. (2002), Recuerdos, sueños y pensamientos, Buenos Aires: Editorial Seix Barral.

Jung, C. G. (2010), Obra Completa, Los arquetipos y lo inconsciente colectivo, volumen 9/1, Madrid: Editorial Trotta.

Michel Fariña, J. J. (2004), Ética, un horizonte en quiebra, Buenos Aires: Eudeba.



NOTAS





COMENTARIOS

Mensaje de federicovillar  » 23 de agosto de 2014 » federicovillar@gmail.com 

Este análisis me ha resultado uno de los más ricos, también porque me ha sorprendido la película elegida para el análisis. No me lo esperaba.

Todo lo planteado me deja pensando, fundamentalmente las cuestiones freudianas en relación al super-yo y las cuestiones sobre la sobre adaptación.

Me surge pensar: ¿Cómo podemos relacionar lo planteado con "El Malestar en la Cultura", de Freud? Lo considero pertinente, donde debemos apagar esos impulsos tan personales, mas salvajes, en pos de los demás. también pienso en otros autores más sociológicos, y cuestiones sobre la aplastante alienación que a veces plantea vivir en sociedad. Ojo, no olvidemos la riqueza del otro como parte constitutiva de nosotros, todos sujetos sociales. Pero justamente ahí pienso: qué importante es, en todo este proceso de transformación-aceptación de Elsa, darse cuenta que su hermana Anna siempre siempre la amó a pesar de todo, sin considerarla un monstruo.

Me quedo pensando, también, en este camino hacia las propias potencialidad, en la dirección de la cura de los tratamientos.

Muchas Gracias!



Mensaje de Mariana Sorolla  » 20 de agosto de 2014 » marianasorolla@gmail.com 

Esto me recuerda a un pequeño niño que llega al consultorio porque no terminaba de anotar en clase, y no escribía bien lo cual preocupaba a sus maestros. Le habían diagnosticado trastornos de atención. Entonces deciden medicarlo. Pero en las sesiones él no quería hablar, solamente escribía todo lo que tenía que contar, lo hacía con su mano izquierda. En una sesión escribe: no quiero tomar más remedios.
La madre a través de grandes tormentos para el niño como castigos y otras acciones había tratado durante años de corregirlo para que fuese diestro, y él así lo hacía, salvo en el consultorio.
He ahí el quiebre de él. Él es ese niño zurdo que desea ser liberado de alguna forma, ser quien es. A partir de allí comienza nuevamente a hablar y contar lo mucho que había sufrido y que de ahora en más desarrollaría sus habilidades, su vida como zurdo. Él renace a partir de su crisis. Esto me recuerda a la frase de la canción: “no los dejes entrar, no los dejes ver, se el chico bueno que siempre debes ser, oculta, no sientas, no los dejes saber. Bueno, ahora lo saben”. Nuestra responsabilidad como psicólogos, tal cual dices en tu reseña, es que los pacientes puedan conectarse con sus propias potencialidades. Hoy en día ese niño es un excelente ilustrador reconocido. Muchas gracias y hermosos artículo!!!



Película:Frozen

Titulo Original:Frozen

Director: Chris Buck, Jennifer Lee

Año: 2013

Pais: Estados Unidos

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