por 

- UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES -
FACULTAD DE PSICOLOGÍA
Psicología, Ética y Derechos Humanos

PARCIAL DOMICILIARIO
Cátedra: I
Prof. Tit. Reg: Lic. Juan Jorge Michel Fariña

Comisión: 16
A.T.P.: Lic. Gorocito Patricia

Alumnos: - Cejas Maria del Rosario
DNI: 28.639.873
- Pereyra, Esteban
DNI: 27.677.785

1º Cuatrimestre 2010

ANALISIS DEL FILM

Nombre: Gran Torino
Director: Clint Eastwood
EEUU, 2008

El comentario sobre el film Gran Torino, realizado por Kletnicki Armando, se centra en el personaje de Walter Kolwaski. Con el fin de analizar el tema de la responsabilidad subjetiva, el autor refiere sobre una profunda transformación de éste que va en ese sentido, ya que irá poniendo en crisis cada una de sus certezas y cambiando su posición respecto a las mismas.
Podemos ubicar varias líneas desde las cuales, analizar el recorrido que realiza este personaje para arribar la responsabilidad subjetiva. El autor del comentario establece tres vetas principales, desde las cuales pensarlas, el cambio de mirada sobre sus vecinos, las conversaciones sobre la vida y la muerte con un cura y una invención que realiza al final del film respecto de la posibilidad de venganza.
Walter, es un hombre de edad avanzada, recientemente viudo, quien mantiene vínculos de desapego con sus familiares y sostiene una actitud de rechazo hacia sus vecinos, quienes en su mayoría son inmigrantes.
Este personaje fue partícipe de la guerra, estando tres años en Corea, bajo estas circunstancias. En uno de sus primeros encuentros con un cura que intenta acercarse a él, atento al legado de su fallecida esposa, con el fin de confesarlo, se plantea el tema de la vida y la muerte. Walter cuestiona el conocimiento que el sacerdote dice tener acerca de estas cuestiones, subestimando el mismo y argumentando que se trata de un conocimiento “de libro”, destacando que él si sabe sobre eso. Es allí donde relata sobre su experiencia en Corea y los asesinatos que cometió, menciona haber matado viejos, hombres, niños, muchos… “Son cosas horribles, pero cosas con las que puedes pelear”
En el desarrollo del film, sucede una escena en la que Walter escucha una pelea que estaba teniendo lugar en la casa de sus vecinos, a partir de la cual, ingresan a su territorio una banda de delincuentes que intenta llevar a Thao (un joven de dicha familia, que había intentado robar el Torino de Walter) a la fuerza para iniciarlo en el delito. El sale de su casa con un arma y amenaza a los integrantes de la banda, diciendo que podría matarlos y dormir como un bebé esa noche, siendo la clase de gente que eran. Ante esta situación los delincuentes se retiran y los vecinos de Walter le agradecen fervientemente, a lo cual, él muestra rechazo y dice que no es un héroe, que solo quería que esa gente saliera de su casa.
A partir del suceso relatado, la familia vecina comienza a dejarle regalos en su puerta a modo de agradecimiento. Presentan a Thao ante Walter, con el objetivo de que le pida disculpas por el intento de robo, e intentan mostrarle constantemente su gratitud por la intervención realizada en la escena de los delincuentes. Walter, rechaza cada uno de estos intentos, verbal y actitudinalmente.
El cura mantiene de forma tenaz su búsqueda de acercamiento a Walter. Se dirige a su casa, lo encuentra allí y con una actitud de confrontación, le dice que estuvo pensando en la conversación que habían tenido acerca de la vida y la muerte. Al respecto, expresa que pensó acerca de cómo lleva todas las cosas que fue obligado a hacer, cosas horribles que no lo dejan, las cosas que le dijeron que estaban bien, dice “esas cosas de la guerra son terribles, le dan órdenes de matar, matar a otros para salvarse. Tiene razón que sobre esas cosas no sé nada, pero si sé de perdón. Y he visto muchos hombres que se han perdonado y han dejado esas cosas atrás. Hombres más fuertes que usted, hombres trabajadores que pueden hacer cosas y ahora están en paz”. Ante dicha declaración, Walter se muestra consternado, su expresión facial ha cambiado, escucha sin interrupciones al cura y le dice: “Viniste con tu arma cargada esta vez. Y tienes razón sobre confesión. Hubo hombres más fuertes que yo que piden salvación. Pero estás equivocado sobre otra cosa, la cosa que más se extraña es la que le mandan a hacer”.
A continuación de esta escena y como producto de los constantes intentos de muestra de gratitud Walter termina participando en una celebración de sus vecinos, allí conoce a un chamán de la familia, quien también, al igual que el cura, realiza una declaración: “la gente que no te respeta ni siquiera debe mirarte. De la manera que vives has aprendido. Cometiste un error y vives con él y no estás satisfecho. No tienes alegría en tu vida, es como si no tuvieras paz”. Nuevamente aquí Walter reacciona como desorbitado, se levanta de su asiento, se retira del lugar dirigiéndose al baño, se lava la cara, se mira al espejo e intenta recomponerse.
Podemos pensar a partir de estas escenas, que Walter estaría siendo interpelado. Una operación inminentemente simbólica: la interpelación subjetiva, pone en marcha el circuito de la responsabilidad. Podemos ubicar en las declaraciones del cura y del chamán una interpelación que, constituyéndose el segundo tiempo lógico, retroactivamente resignifica el tiempo uno, que podemos situar en la acción cometida por Walter en Corea, los asesinatos que él mismo mencionó ante el cura. La interpelación convoca a una respuesta, y estas declaraciones lo movilizan. Previamente, Walter sostenía ante el cura que lo sucedido en Corea, “eran cosas horribles pero cosas con las que puedes pelear”, sin embargo luego de estas interpelaciones su reacción , ya no es la misma de antes ¿podríamos pensar aquí algo del orden de la culpa como modo de responder, considerando que este hombre manifiesta que “la cosa que más se extraña es la que le mandan a hacer”?, es decir, ¿hay aquí un registro de algo diferente que lo toca a él desde un registro moral, donde ya flaquea la figura de un Otro al cual se obedece (lugar que extraña porque no culpabiliza) y comienza a aparecer algo acerca de lo que a él le compete en esto? Si pensamos que no hay responsabilidad sin culpa, ¿estaría habilitándose aquí para Walter la posibilidad de continuar recorriendo el circuito que lo lleve a la responsabilidad subjetiva?
En este punto, resulta pertinente dar cuenta de los conceptos de necesidad y azar. Respecto del primero si consideramos que se trata de aquello que establece una conexión entre causa y efecto, podríamos pensar en la situación de guerra que Walter estaba vivenciando, como la posibilidad de la muerte que allí se jugaba frente al “enemigo”, un hecho inminente ajeno a la voluntad humana. Por otro lado, desde el azar, utilizando algunas de sus acepciones como “casualidad”, “coincidencia”, sería posible ubicar las situaciones concretas en las que determinados hechos se concatenaron a este estado de necesidad, ante ciertas circunstancias que coexistieron en determinado tiempo y lugar Walter y aquellos a los que diera muerte.
Sin embargo, Juan Carlos Mosca sugiere que la responsabilidad del sujeto se encuentra en la grieta entre necesidad y azar. Por lo tanto, si consideramos que en el caso de Walter no rigen por completo estos últimos términos, esto nos daría lugar a realizar una pregunta sobre la responsabilidad que tuvo Walter en esto.
Continuando el circuito, en base a la respuesta que este personaje da a la interpelación, consideramos que quizás se arribaría a un tiempo tres, ya que no se trata de una respuesta desde la culpa meramente, lo cual implicaría que el circuito se cerrara en el tiempo dos, sino de un efecto sujeto desde una dimensión ética, lo cual implica la noción de acto en la que el sujeto del inconsciente se produce, se trata del tiempo de la responsabilidad subjetiva. En este punto, vemos que en Walter se produce un giro en el sentido de la responsabilidad, el cual, se podría ubicar si consideramos como indicador la escena en la que, luego de que los delincuentes golpearan a la hermana de el joven, este requiere la ayuda de Walter para vengarse. Este último, luego de meditar, entre impotencia y furia, hasta derramar una lágrima, tras ver a la joven golpeada (¿podríamos pensar aquí en otra situación que nuevamente lo interpela en la línea de las anteriores?), toma una decisión diferente a lo esperado, una decisión que viene a interrumpir el circuito de la perpetuación de la venganza, que redefine su posicionamiento frente al deseo y la responsabilidad.
Puntualmente lo que ocurre, en relación a los párrafos anteriores, es que engaña a Thao, haciéndole creer que se vengarían esa noche, sin embargo lo encierra en un sótano. Ante el enojo y las amenazas de este joven que promete matarlo si no lo deja salir, Walter lo reprende, de dice “Quieres saber lo que se siente al matar un hombre? Es bastante feo... ¿Te imaginas lo que es matar a un pobre chico, un desgraciado como tú al que tuve que disparar.... No hay un día que no piense en eso. No quiero eso en tu alma. Tengo sangre en mis manos y tierra. Es por eso que iré solo esta noche”. Aquí vemos como Walter replantea su posición ante los hechos, se ubica en un lugar diferente, se responsabiliza, ya no se trata de un relato desafectivizado, sino que podríamos ubicar indicadores de implicación subjetiva, dice tener “sange en sus manos” y reconoce la subjetividad del otro al que mató, ya no se trata de ubicarse en un lugar de mera obediencia, sino que aparecen indicios de un sujeto que emerge. Ante la insistencia de Thao porque lo libere le dice “Estoy orgulloso de decir que eres mi amigo y que tienes toda tu vida por delante. Pero a mi me gusta terminar las cosas, yo soy así”, aquí también podemos ubicar un cambio de posición respecto de su relación con Thao y su familia, tanto por estos dichos como por la acción que luego realizará, los cuales se constituyen como un acto, donde entendemos que se trasluce más gráficamente el efecto sujeto.
Si establecemos un paralelo entre la historia de Walter y la de Ibbieta y nos ubicamos específicamente en el plano del deseo, podríamos pensar que en ambos casos, se trata de que entre la necesidad (En el caso de Ibbieta la presión a la que estaba sometido, un campo de determinación, frente al falangista que lo intima a muerte si no confiesa. En el caso de Walter la situación de guerra) y el azar (La invención de Ibbieta respecto de donde estaba escondido Gris y que esto coincidiera con la realidad. Respecto a Walter las situaciones que se configuraron azarosamente para que tuviera que enfrentarse a la posibilidad de matar) que configuran ambos casos, estos dos personajes serían responsables del “deseo de vivir”. Es ante este deseo, que uno inventa que Gris se escondía en el cementerio y el otro comete los asesinatos durante la guerra. En este punto, ante la posibilidad del encuentro con el propio deseo, en el caso de Walter se pueda ubicar un tiempo tres, el de la responsabilidad, que genera un cambio de posicionamiento. En este sentido – continuando con la escena en la que encierra a Thao – este hombre se dirige a la casa de los delincuentes y “los provoca”, simula que sacará un arma de su bolsillo, ante lo cual, ellos le disparan y lo matan. Pero Walter no había sacado un arma, sino un encendedor. De este modo, este acto planificado permitió que la policía pudiera actuar, arrestando con causa y pruebas a esta banda.
Es allí donde – haciendo referencia al comentario del film – Walter da una respuesta diferente a lo que es ser un héroe. En este caso, a modo de redención, luego de responsabilizarse por los hechos de su pasado, esta vez decide dar su vida, ya no se trata solo del deseo de vivir, ahora actúa desde un punto diferente al de la venganza, su idea es llevar a cabo una estrategia que proteja a sus – ahora - amigos. Se plasma en un solo acto, la emergencia del sujeto, evidenciándose un cambio de posicionamiento, Walter redefine su propio lugar y el que tienen los otros en su vida. Desde este enfoque, entendemos la posibilidad de hablar de un tercer tiempo.
Hipótesis clínica
Habiendo ubicado a lo largo del desarrollo, una acción cometida por Walter durante su estadía en la guerra en Corea, consistente en el asesinato de varias personas, pudimos establecer allí el tiempo uno respecto del circuito de responsabilidad.
Luego destacamos el lugar que la interpelación jugó, generando en Walter algo del registro de la culpa, a partir de la movilización que esto produjo y la posibilidad de retroactivamente resignificar estos hechos del pasado.
Finalmente, hemos planteado la emergencia, a través de los dichos y el acto final de Walter donde pudimos ubicar un tiempo tres, donde este sujeto se responsabiliza.
A partir de este análisis, estaríamos en condiciones de formular una hipótesis clínica: Walter se presenta como un neurótico, entendiendo que en dicha estructura el saber paterno esta siempre supuesto, lo cual, tiene como consecuencia que el neurótico está constantemente en la incertidumbre de lo que quiere. Es en este punto donde se ubica como instrumento de Otro, reduciendo su propia subjetividad a una instrumentalización. Respecto de Walter podríamos pensar que se ubica en este lugar, antes de que produzca la interpelación, ya que a partir de ésta él manifiesta en una de sus conversaciones con el cura, que lo que extraña es “lo que lo mandan a hacer”, es decir, esto sería un indicador de su posición anterior, la de ser instrumento de un Otro, relacionado con la obediencia a la autoridad y la ejecución de crímenes de guerra.
Es a partir de la interpelación y de su respuesta que resulta en una responsabilización que emerge algo de su deseo inconsciente, habiéndonos preguntado previamente si se trataría del deseo de vivir, un efecto del sujeto, que le permite ubicarse en un lugar diferente.
BIBLIOGRAFÍA

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Freud, S.: (1925) La responsabilidad moral por el contenido de los sueños. En Algunas notas adicionales a la interpretación de los sueños en su conjunto. Obras completas. Tomo XIX, Amorrortu editores. 1984.

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Michel Fariña, J. Responsabilidad: entre necesidad y azar. Ficha de cátedra. Desgrabación de cláse teórica. Publicado en la página web de la cátedra.

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Calligaris, C.: La seducción totalitaria. En Psyché. 1987



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