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Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología

Psicología, Ética y Derechos Humanos
Cátedra: Lic. J. M. Fariña

Comisión 23
Docente: Lic. Ana Corinaldesi

1er cuatrimestre de 2010

Alumna: De Angelis Miraglia, María Soledad.
LU 31.146.689/0

2do parcial:
Análisis de la película “Hace mucho que te quiero”
de Phillippe Claudel

Película: Hace mucho que te quiero

Título original:
Il y a longtemps que je t’aime

AÑO: 2008

Director / Guionista:
Philippe Claudel

Sinopsis
Juliette es una mujer que ha pasado los últimos 15 años de su vida en prisión por haber cometido el asesinato de su hijo de 6 años. Durante este tiempo, permaneció aislada del mundo: su marido había atestiguado en su contra, su familia la había anulado hasta el punto de negar su existencia frente a los demás, y tampoco se relacionaba en la cárcel con las demás reclusas.
Cumplida la pena, Juliette sale en libertad y su hermana, Lea, la acoge en su hogar donde vive con su marido, su suegro y sus dos hijas adoptivas. También intenta incluirla en su círculo afectivo más amplio. Le presenta candidatos, la incluye en reuniones de amigos, organiza salidas recreativas, es decir, le ofrece una familia, una red social y una contención que Juliette no había tenido antes. Si bien su marido inicialmente se comporta reticente respecto la decisión de Lea de albergar a su hermana en su hogar, las dos niñas se sienten felices de conocer y compartir momentos con su “nueva” tía. A medida que pasa el tiempo, se acrecenta el cariño y la confianza entre las dos hermanas.
El desarrollo de la película nos ilustra cómo es la vida de Juliette luego de la cárcel. La relación con el amor y la sexualidad, su resistencia a involucrarse afectivamente con su nueva familia, y las dificultades para conseguir empleo debido a sus antecedentes delictivos. El director del filme mantiene al espectador en vilo hasta el final sin saber cuales fueron las circunstancias que llevaron a Juliette a tomar tal determinación. Sin embargo se van desplegando indicios que van deslizando a cuentagotas información respecto a lo sucedido.
Finalmente, de forma azarosa, la niña menor de la familia encuentra un papel que se le había caído a Juliette en su dormitorio y se lo lleva a su madre. Lea lo reconoce al instante: era un poema de amor dirigido a su madre con la letra de Pierre (el hijo difunto de Juliette). Detrás de la hoja, los resultados de un análisis clínico que a simple vista pareciera que no auguraba resultados agradables. Lea lleva una copia a un médico especialista que le informa que a quien le hicieron esos análisis sufría de una enfermedad grave (se da a entender que era terminal, irreversible y dolorosa). Es aquí cuando Lea lo entiende: Juliette había asesinado a su hijo para evitarle mayor dolor y sufrimiento. Sin embargo no comprende porqué su hermana había atravesado tal situación en extrema soledad y aislamiento, por lo que increpa a Juliette por no haber contado con su familia en ese momento, y por no haberle dicho la verdad de lo sucedido. Transcribo a continuación el diálogo final de la película, que será de una gran riqueza para el análisis en este trabajo:

Escena final, en el departamento de Juliette, ambas con signos de conmoción y lágrimas en los ojos:
Lea - Estábamos allí, ¿no contábamos?
Juliette - ¿Tú crees que los demás cuentan en momentos como ese? ¿Crees que uno se preocupa de lo que puedan pensar? ¿De lo que puedan hacer? Vosotros estabais vivos, ¡y muy vivos! Erais personas a las que acabas odiando, por lo que son, por el simple hecho de existir
Lea - ¿Por qué no nos lo contaste? ¿Por qué? Estaba de tu parte, todos lo estábamos, podríamos haberte ayudado.
Juliette - ¿Ayudarme a qué? ¿Ayudarme a qué? ¿Habréis podido hacer qué? Cuando él aullaba de dolor, cuando sus miembros empezaban a retorcerse, cuando se asfixiaba, cuando él se asfixiaba hasta morir, ¿habréis podido hacer qué? ¿Qué habrías hecho tú?
Lea - Estoy aquí, te quiero, ¿no lo entiendes? Te quiero. Cuéntamelo, cuéntamelo, cuéntamelo. Habla.
Juliette - Desde el principio lo supe, desde los primeros síntomas, yo hice los análisis en el laboratorio. Y una noche Pierre me robó la hoja de los resultados para escribir su poema. Me la devolvió, todo orgulloso, mi hombrecito. Le vi tan guapo, tan feliz, y vi el pequeño cadáver que dejaría. Sentí dentro de mí un dolor como si una mano enorme me arrancara las entrañas y el corazón y me hurgara por dentro. Así que me lo llevé. Dijeron que lo había raptado y era verdad, lo rapté. Lo crié y luego lo rapté. Una noche celebramos una gran fiesta en la casa, y apenas podía moverse. Cantamos, nos reímos, le leí todos sus cuentos favoritos. Le dije lo mucho que le quería y que le iba a poner una inyección. Estuve abrazada a él hasta el amanecer. Luego ya nada tuvo importancia, deseé la cárcel. De una forma u otra yo era culpable, había traído al mundo a un niño para condenarle a morir. Y no tenía nada que decir. Y explicarlo... ¿explicar qué y a quién? Explicar ya es buscar excusas, y la muerte no tiene excusas. La peor de las prisiones es la muerte de un hijo. De esa no se sale jamás.
(Pausa, ambas se abrazan y miran hacia la ventana, afuera está lloviendo)
Lea - Mira qué bonito (Se escucha la puerta, llega el marido de Lea)
Marido de Lea - Hola, ¿hay alguien? ¿Lea? ¿Juliette?¿ Hay alguien?
Juliette - Si, estoy aquí. Estoy aquí.

1. Tomando en cuenta el comentario sobre el film: ¿Cuál es el personaje sobre el cual se centra el análisis de la responsabilidad subjetiva? ¿Propone el autor alguna hipótesis al respecto? En caso afirmativo, explicítela consignando los indicadores
Eduardo Laso hace un análisis sobre el desarrollo de la película centrado en la protagonista, Juliette.
Laso inicialmente sitúa cómo el acto de Juliette de matar a su hijo se contrapone al particular de la Ley. Es decir que la eutanasia es considerada como delito para la Ley en el momento en que se inscribe ese acto. No obstante, a sí misma también se considera culpable, doblemente: de la muerte de su hijo y de haberle dado la vida para terminar de esta manera. Juliette lo dice: “De una forma u otra yo era culpable, había traído a un niño al mundo para condenarle a morir”. Entonces queda fijada en esa posición, de filicida, culpable, donde debe ser castigada, tal como el Otro de la Ley la ha ubicado. Equipara el significante “cárcel” a la muerte de un hijo, y ubica allí su lugar: encerrada.
Pero Laso destaca que con este acto Juliette no solo rompe lazo con el Otro de la Ley sino que además se aísla completamente de su familia quedando frente a un precipicio sin contención, e instalándose en su vida como si estuviera muerta. Realiza este acto en total aislamiento del mundo: queda encerrada en la prisión, y aislada en su decisión, y en su dolor. Esto se explica respecto a la postura que toma Juliette al momento de dar muerte a su hijo: lo rapta, pasan sus últimos días a solas en una casa alejada, no le cuenta a nadie ni del estado de salud de su hijo, ni de la decisión que ha tomado, finalmente le da una inyección que acaba con su vida y su sufrimiento. El padre de su hijo, y el resto de la familia, desconocen la situación, aún cuando se anotician de la muerte del niño. Pero Juliette no les dice la verdad, solo se declara culpable de esto y desea ir a prisión. Laso diferencia esta actitud de aislamiento de Juliette de la decisión en soledad propia del acto ético. Al aislarse del mundo, Juliette carga con todo el peso y el dolor por la situación que está atravesando, rompe todo lazo con el Otro, esto nada tiene que ver con el acto ético.

2. Sugiera el circuito de responsabilidad (tiempos lógicos) que organizan la situación.
El circuito de la responsabilidad tiene tres tiempos lógicos. En un primer tiempo , el sujeto realiza una acción que se agota en los fines para la cual fue concebida. Esta acción se basta a sí misma, tiene una intencionalidad y una direccionalidad específicas. El sujeto que se ubica en este tiempo es el “yo”, es decir, el sujeto autónomo.
A los fines del análisis de la película, podemos ubicar el T1 en el acto de Juliette de aplicarle la inyección letal a su hijo de 6 años que padecía una enfermedad terminal. Si bien esta escena no aparece en el desarrollo del filme, es explicitada en el discurso de la protagonista a posteriori.
De esta manera Juliette se posiciona como agente de este acto, y lo hace aislándose a sí misma y al niño. Tiene una direccionalidad conciente: rapta a Pierre y lo lleva a un lugar aislado para poder aplicarle la inyección. Y tiene una intencionalidad: cesar con el sufrimiento de su hijo. La protagonista toma esta decisión voluntariamente, centrándose el T1 en ella como sujeto autónomo capaz de responder por sus actos, y por ende, imputable.
En un segundo tiempo , hay algún indicador que marca un exceso y hace que se interpele la posición que el sujeto tenia al comienzo. De esta manera, el T2 resignifica al T1. El sujeto aparece conmovido por este exceso que lo interpela.
Aquí podemos ubicar inicialmente la escena en que Juliette por descuido deja caer la hoja que contenía el poema de su hijo Pierre y en el reverso los resultados del análisis con el cuál se le diagnosticó la enfermedad terminal. De esta manera la deja al alcance de su sobrina menor que, posteriormente la encuentra y se la entrega a Lea.
Si bien el hecho de que la pequeña niña ese día no haya asistido a la guardería por problemas de salud, haya entrado al cuarto de Juliette y haya tomado esa carta y se la haya entregado a su madre es una cuestión azarosa, una mera coincidencia de correspondencia espacio-temporal, al descuido de Juliette podríamos analizarlo desde otra perspectiva. Hasta ese momento en la película, más allá de la actitud fraternal y comprensiva de su hermana, Juliette había mostrado resistencia respecto a darle detalles o explicaciones del por qué del asesinato de su hijo. Luego de ser liberada de prisión, había permanecido encerrada en sí misma, guardando para sí todo lo relacionado con la tortuosa enfermedad y muerte de su hijo. Tal como explicitaba Laso, actuaba “como si el acto insoportable de tener que despedir a un hijo para que no sufra tuviera que ser de la madre solamente” , y de esta manera permanecía fijada al posicionamiento del T1. Sin embargo este descuido irrumpe en este silencio y rompe con el mutismo de Juliette. Freud afirma “Las acciones sintomáticas (…) expresan algo que el actor mismo ni sospecha en ellas y que por regla general no se propone comunicar, sino guardar para sí” . Tomando como base los postulados freudianos, podemos señalar este acto como una acción, un síntoma que devela que el cambio está comenzando. De esta manera Juliette deja al descubierto lo que ha sucedido con Pierre, lo deja allí al alcance de que otro lo descubra. Y este otro no es cualquiera, es su hermana, quien pacientemente había sostenido a Juliette dándole un hogar, una red social y respetando sus silencios. Aquello que había sido guardado celosa y secretamente aparece ahora disponible. Es así como este propósito inconciente de sacar a la luz lo acontecido permite la entrada de la hermana para compartir el dolor que ha sufrido Juliette con la enfermedad, se abre paso más allá de la intencionalidad conciente de dejarlo todo tapado.
En la película, el encuentro de Lea de los análisis de Pierre le deslizan la verdad: no fue un acto de crueldad sino de amor el asesinado de su sobrino. Conmovida y furiosa a la vez, decide increpar a Juliette por su decisión de haber atravesado en silencio por tal situación. Si bien inicialmente hay resistencia por parte de Juliette, le relata a Lea los detalles de la muerte de Pierre y su agonía como madre al atravesar esa situación y tomar la decisión. Ubicamos de esta manera el T2, donde el sujeto se encuentra interpelado, y esta situación impulsa la vuelta sobre el T1, resignificándolo. Nos referimos aquí a otra dimensión del sujeto, la del sujeto del inconciente.
Finalmente Juliette se sitúa, afirmando “Estoy aquí”. Ubicamos aquí el tercer tiempo , que es en donde aparece el cambio de posición subjetiva, es el momento en el que el sujeto se encuentra con su deseo. Hay una respuesta a la interpelación, el efecto sujeto. Juliette ya no se encuentra en soledad. La escena termina con las hermanas mirando la lluvia cayendo sobre la ventana, y la protagonista con lágrimas en los ojos pero con una sonrisa en los labios.

3. Establezca los elementos de azar y necesidad presentes en la situación, consignando los indicadores respectivos.
Por necesidad entendemos aquellos sucesos que nos determinan, que son ajenos a la voluntad humana y en los cuales se establecen relaciones de causa y efecto. Podemos ubicar el campo de la necesidad en la enfermedad del niño y su carácter de terminal. La patología presente funciona como causa para la desorganización y disfunción del organismo de Pierre. Se presentan en el niño los síntomas que augura y tanto angustian a Juliette: asfixia, retorcimiento de sus miembros, todos signos de dolor y sufrimiento que derivaran en una muerte tortuosa y cercana.
Claramente sería erróneo responsabilizar a Juliette por la enfermedad del niño, ya que esto radica en el orden de la necesidad. Podemos ubicar entonces la enfermedad de Pierre dentro del T1, y desencadenante de los hechos posteriores. Este hecho ubica a Juliette en una posición en la que debe responder.
Entendemos por azar, en cambio, a aquellos eventos ajenos al orden humano pero que escapan del campo de la necesidad. Son aquellos que ocurren por casualidad. Podemos ubicar aquí al hecho de que la hija menor de Lea haya encontrado el poema con los análisis de Pierre al reverso de la hoja. Aquí no hay una lógica de necesariedad causa-efecto: la niña por haber estado enferma no asistió a la guardería y recorriendo la casa encontró algo que le llamó la atención y se lo entregó a su madre. Este hecho se instauró por accidente en ese momento. Fue una coincidencia.
Es decir, que la necesidad establece una conexión entre causas y efectos, y el azar desconecta tal relación. La responsabilidad del sujeto se encuentra en la grieta entre necesidad y azar.

4. Si corresponde, establezca las figuras de la culpa que aparecen, estableciendo su relación con la hipótesis sobre la responsabilidad subjetiva. Consigne en caso que exista alguna relación con la responsabilidad jurídica.
Juliette a lo largo de la película se presenta como una persona culpable. Se enfrenta al juicio por el asesinato de su hijo con un mutismo total, no hace falta responder, afirma. ¿Explicar qué? ¿Y ante quién? Se pregunta. Pero Juliette se considera a sí misma no sólo culpable del acto de matar a su hijo, sino además de haberle dado vida, de haberlo traído al mundo para luego verle sufrir y morir. A su vez, se entrega al Otro de la Ley como culpable de este hecho. No busca paliativos, no intenta defenderse ni dar explicaciones atenuantes. No reivindica su acto como un acto de amor, simplemente se presenta en silencio, sola, aislada de sus seres queridos. “En sentido lato, la culpa no es más que la imputabilidad de un daño por el que hay que pagar, incluso con la cautividad del cuerpo” . De esta forma se castiga doblemente, en primer lugar padeciendo el suplicio de la agonía de Pierre en secreto, y luego entregando su libertad como forma de pago por la deuda de su acto. En este último sentido, Juliette es culpable en una dimensión jurídica, en tanto es una persona adulta, plausible de ser imputable que cometió un delito según lo establecido en la Ley social, en plena facultad de sus derechos y con una intencionalidad conciente. Juliette expresa concientemente estas cuestiones de las cuales se considera culpable.
En relación a la hipótesis clínica sobre la responsabilidad subjetiva, habíamos ubicado el descuido de Juliette al dejar al alcance el poema de su hijo que al reverso contenía los resultados del análisis clínico que auguraban la patología terminal del niño, que a partir de un hecho azaroso la deja al descubierto. Este acto permite la interpelación a Juliette por parte de la hermana, y encubre el intento de tramitación del duelo por la pérdida de su hijo, que le permitiría posicionarse ya no como culpable, sino en tanto sujeto deseante.
Hasta allí cualquier intento de simbolización de la pérdida había sido rehusado, rechazado por Juliette. Tras la figura de la culpa había permanecido fijada al posicionamiento del T1, resultando como si estuviera muerta en vida. “La peor de las prisiones es la muerte de un hijo. De esa no se sale jamás”. Y así actúa y se posiciona, como si la muerte de su hijo la paralizara y no pudiera seguir adelante. Como si no hubiera otra forma de tramitar esta pérdida, otra manera que no fuera posicionándose como culpable.
Entonces, ubicamos en el T1 una intelectualización de los hechos por parte de Juliette, y a partir de esto la emergencia de un sentimiento de culpa que la paraliza y la aísla del mundo exterior. En el T2 con la entrada de la hermana como terceridad en este duelo patológico, se pone en marcha el circuito de la responsabilidad ética a partir de la interpelación. Juliette despliega todo aquello que otrora se había guardado para sí. Este ubicar en palabras el duelo, compartir su pérdida y su angustia con su hermana, permite la resignificación de lo sucedido. En un T3 ya no se sitúa como sujeto mortífero en tanto culpable culpable, con una deuda impagable que debe saldar, sino que abre la brecha a su posibilidad de tramitación del duelo y de realización como sujeto.

5. Compare conceptualmente el caso presentado con el de Ibbieta (cuento “El muro”, de Jean Paul Sartre).
El cuento “El muro” de Jean Paul Sartre se desarrolla durante la Guerra Civil española. El protagonista, Ibbieta, es un activista anarquista que se encuentra cautivo por los falangistas. Junto a sus compañeros de celda esperan su ejecución al día siguiente. Ibbieta está casi vencido por el sueño, agotado, pero se rehúsa a dormir porque no desea perder ni dos horas de lo que le queda de vida. Con la muerte pisándole los talones toma conciencia de su finitud, pero ya nada importa. No importa su ideología política, ni sus amores, ni su familia. A la mañana los soldados lo pasan a buscar, llevan a sus compañeros al pabellón de fusilamiento y, sorpresivamente, lo retienen a Ibbieta apartado. Es así que escucha los disparos que dan fin a la existencia de sus eventuales acompañantes de celda.
Luego llevan al protagonista a una habitación a fin de interrogarlo respecto al paradero del líder anarquista (y viejo amigo) Ramón Gris. Ibbieta sonríe, ya nada puede intimidarlo, ya era conciente de su propia finitud. Le dan unos minutos para pensar.
Ya no le importa salvar a su amigo, pero decide burlarse de los guardias. Como sabe que Ramón está en casa de su primo, les indica a los falangistas que se dirijan al cementerio en búsqueda del líder anarquista. Ibbieta mintió, pero dijo la verdad. Efectivamente Gris se había escapado de la casa de su primo tras una pelea y se había dirigido al cementerio como escondite. Allí lo encuentran sus enemigos.
Finalmente la ejecución de Ibbieta es aplazada y en el patio de los prisioneros se entera por terceros de lo sucedido. Irrumpe en un ataque de llanto y risa, que denota lo paradójico de la situación.
A partir de este breve relato podemos comparar conceptualmente el caso de Ibbieta, protagonista de “El muro” del filósofo existencialista Jean Paul Sartre con la película de Phillippe Claudel “Hace tanto que te quiero”, comparando el desarrollo de los tres tiempos del circuito de la responsabilidad en ambos casos.
Ubicamos en “El muro” el T1 en el momento en que Ibbieta decide hacerles una jugarreta a los guardias diciéndoles que Gris está en el cementerio, en tanto sabe que en realidad está escondido en casa de su primo. Y como hemos visto, ubicamos en la película este T1 en el acto de Juliette, en extrema soledad y aislamiento, de darle muerte a su hijo para evitar su sufrimiento. Podemos observar en común que ambos tienen una intencionalidad, por un lado burlarse de los guardias, y por el otro, acabar con el dolor de un ser querido. En ambos casos los protagonistas son concientes de este hecho, en el cual toman una decisión con una direccionalidad específica, como si fueran dueños de sus actos. Otro punto en común es que ambos se encuentran en una posición en que son obligados a responder de un modo determinado. La responsabilidad va a radicar en cómo el sujeto se ubica frente a esta determinación.
El T2 en “El muro” lo ubicamos en el momento en que, sorprendido por el aplazo de su ejecución, se encuentra con el panadero en el patio de prisioneros y este le cuenta que habían atrapado y asesinado a Gris en el cementerio. Ibbieta se da cuenta: su “jugarreta” había conducido a su amigo a la muerte. En el caso de la película, el T2 lo ubicamos en el momento en que Lea increpa a Juliette por haber callado todo este tiempo las circunstancias de aislamiento en que vivió la agonía de su hijo. Ambas escenas interpelan subjetivamente a los protagonistas, conmueven su posicionamiento anterior y los exceden respecto a lo sucedido en el T1. En Ibbieta aparece un temblor y se interroga perplejo “¿en el cementerio?”. Juliette cae presa de una angustia incontenible.
Estos sucesos nos permiten diagramar las coordenadas de las hipótesis clínicas:
Ibbieta había señalado el cementerio como lugar de escondite del líder anarquista para jugar su broma a los falangistas, porque inconcientemente denotaba su deseo de extender su vida. Lo podemos observar claramente en el indicio de que había hecho todo lo posible para no quedarse dormido en lo que él creía su última noche y así no perder ni dos horas de vida. Al señalar el cementerio como escondite de su amigo Gris se desplegaba su deseo de extender su vida a toda costa, aún así sobre la vida de su amigo.
En el caso de Juliette podemos observar su descuido como un intento inconciente de compartir su dolor y su culpa con su hermana por la muerte de su hijo. Una forma de tramitar el duelo por la enfermedad y el desceso de Pierre. De esta manera lo sucedido ya no sería un secreto ni sería tramitado sólo por ella. Despliega así su deseo de ir más allá de su soledad y su aislamiento y así poder tramitar el duelo por la muerte de su hijo con otras coordenadas.
En ambos casos hablamos de una dimensión del sujeto que no tiene que ver con el sujeto autónomo, sino con el sujeto del deseo, del inconciente, de los actos fallidos.
Además, ambos sucesos se desarrollan acompañados de variables azarosas: en el primer caso el azar hizo que efectivamente Ramos Gris se haya dirigido al cementerio luego de la pelea con su primo (Ibbieta desconocía esta situación), y en el segundo caso fue una coincidencia que la pequeña niña haya entrado justo en ese momento al dormitorio de Juliette y al encontrar el papel se lo haya llevado a su madre.
En ambos casos estas hipótesis clínicas inferidas a partir del T2 permiten fundar el circuito de la responsabilidad subjetiva inaugurando un T3. Ibbieta cae en la cuenta de su implicancia en lo sucedido, y dice “¡en el cementerio!” con un ataque que mezcla risas y llantos, denotando lo paradojal de la situación.
Ubicamos en Juliette el T3 en el momento en que tras haber compartido con su hermana y llevado en palabras lo sucedido con su hijo, ella responde con lágrimas en los ojos pero a su vez una sonrisa en los labios “estoy aquí”, posicionándose como sujeto.

Bibliografía

Freud, S. “Psicopatología de la vida cotidiana” (1901) Ediciones Amorrortu
Damore, Oscar “Responsabilidad subjetiva y culpa” En La transmisión de la ética, clínica y deontología. Vol I. Ediciones Letra Viva
Laso, Eduardo “Delito, Culpa y Responsabilidad” En Ética y Cine
Salomone, Gabriela. “El sujeto dividido y la responsabilidad” y “El sujeto autónomo y la responsabilidad” En La transmisión de la ética, clínica y deontología. Vol I. Ediciones Letra Viva
Mosca, Juan Carlos. “Responsabilidad, otro nombre del sujeto” En Ética, un horizonte en quiebra. Ed. Eudeba.



NOTAS

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