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Parcial de Psicología, Ética, y Derechos Humanos. Comisión 2.
Mercedes Sánchez Sarmiento. LU 29751745/0. 25 de febrero de 2010.

Introducción
El presente trabajo corresponde a la Segunda Evaluación de la Materia: Psicología, Ética y Derechos Humanos.
Se analizará la película “Hace tanto que te quiero”, a partir de las consignas otorgadas para el presente examen.
Desarrollo
El personaje sobre el cual centraré el análisis de la responsabilidad subjetiva es la protagonista, Juliett.
Juliett es una mujer de 40 años aproximadamente, médica. La película se desarrolla al salir la protagonista de la cárcel. Estuvo presa 15 años por homicidio. El Servicio Social contacta a su hermana, a quien no veía desde el momento previo al encierro, para que la aloje en su casa.
Es un misterio durante toda la película, hasta el final, las características del homicidio. Juliett mata a su hijo, quien padecía una grave enfermedad incurable. Por el sufrimiento y el dolor de su hijo, Juliett decide terminar con esa vida. Luego de sacarlo ilegalmente del hospital donde estaba internado, Juliett lo lleva a una casa donde hacen una fiesta. Antes de dormir, le dice que le va a aplicar una inyección que lo aliviará. Le pregunta a su hijo si estaba de acuerdo. El niño asiente, y al dormirse su madre le aplicará la inyección que, no sólo terminará con su vida, sino también dará paz al dolor y sufrimiento de ese niño.
Luego de esta muerte, sobreviene el Juicio. Juliett en ningún momento cuenta los motivos de su accionar, sino que se comporta con un “mutismo total” (así lo describen los peritos). Esto lo lleva a cumplir su condena en la cárcel, a lo que no se atiene. Este “mutismo total”, es una acción por la que la protagonista no sólo no da explicaciones sobre lo sucedido ante la Justicia, sino que la lleva a cortar todo lazo social con sus otros significativos: familia y amigos. A nadie da explicaciones sobre lo sucedido.
El elemento de azar presente en esta situación, es la enfermedad del hijo, sobre la que no tiene ninguna responsabilidad. El elemento de necesidad, es el dolor del niño, que la convoca a hacer algo por ello. Ella sabía de ese dolor, y la posicionaban como madre. Frente a esto, se siente incomprendida por sus otros. Entonces, la necesidad queda ubicada en el dolor del niño, dolor que la convoca. Ante lo que ella tiene que responsabilizarse, es ante su deseo, que lo sitúo como deseo de vivir, en tanto hay un alojamiento del Otro. El deseo lleva a la conexión con Otro. Esta es la hipótesis clínica. En el universal, el Otro, aparece personificado en el hijo, en el marido, en su familia, y en la Justicia. Por este deseo (por este singular), Juliett no se responsabiliza.
Queda aplacada la responsabilidad por un mandato superyoico, que aparece mediante la figura de la culpa. Mediante la culpa, como respuesta que ella se arma ante lo sucedido: la muerte provocada a su hijo, y el corte del lazo social, sobreviene la responsabilidad jurídica. Con la responsabilidad jurídica se evade de la responsabilidad subjetiva, ante ese deseo de ser alojada por el Otro. Ella mató a su hijo enfermo y cortó con el lazo social. Lo cortó tanto, que cumplió una condena de 15 años, encerrada en los muros. Y al salir, dice cada vez que puede “estuve 15 años en la cárcel por homicidio: maté a mi hijo”. Incluso, al salir de la cárcel, cuando el otro la quiere alojar, en un pasaje al acto ella se va. Lo deja. Sea la situación que sea. Se va, como si se fuera a la cárcel.
Entonces, con la Responsabilidad Jurídica, nombra cada vez que puede el haber ido a la cárcel. Se evade responsabilizarse ante su deseo de ser alojada. Esta última responsabilidad a la que me refiero es la responsabilidad subjetiva. Cuando el otro la quiere alojar, ella responde lléndose. Actúa la responsabilidad jurídica en esa acción.
Sin embargo, el amor de su hermana insiste. Insiste en alojarla, una y otra vez. Dejarse alojar, es dejarse amar, y en situación es hablar de las cosas que son importantes, que son esos sentimientos que nos motorizan las decisiones importantes. En este caso, es hablar de ese dolor que esta madre siente que nadie entendía ni podía saber. Es esto ante lo que tiene que responsabilizarse, porque en este no dejarse alojar, está el goce. Goce autoerótico, que la aleja del otro.
El amor de su hermana y de su familia insiste en alojarla. Algo va a cambiar para que esto, una vez, pueda suceder. Al descubrir su hermana Lea, el secreto de Juliett, la grave enfermedad de su hijo, y en el marco del amor, pregunta: “por qué no nos contaste, no nos dejaste acompañarte”. Nosotros diríamos: “no nos dejaste alojarte”. Aparece un llamado del otro, que a Juliett le llega. Con esto, ella se interpela sobre su accionar. El resultado es el acto, mediante la frase “Estoy acá”, que dice mirando a la hermana. El fantasma vacila, por lo que por un instante de soledad, porque es por fuera del Otro, se deja alojar. Hay con esto, una nueva posición del Sujeto frente a su deseo que implica un lazo al otro, y por lo tanto, un fantasma que vacila.
Quedan ubicados los tres tiempos lógicos del circuito de la responsabilidad. Tiempo uno: como se da una respuesta al real, que aparece como el gran dolor, por la enfermedad del hijo, en un saber que la sitúa como madre, y en el que nadie la comprende. En la situación, es la inyección que le da al hijo con la intención de aplacar el dolor y dar paz a esa vida. Es también la situación que hace a cortar el lazo social con los otros. Tiempo dos: ella se interpela por haber cortado el lazo que la unía a los otros. Esta interpelación es a partir de poder escuchar el mensaje de la hermana: “no nos dejaste acompañarte, no nos dejaste llorar con vos, hubiéramos estado”. Ella pudo escuchar esto, por un montón de situaciones anteriores, en las que los otros le daban un lugar (una posibilidad de alojarse). Tiempo tres: una nueva posición subjetiva, posibilitada (pero no determinada) por la interpelación, que se hace acto mediante la frase “estoy aquí”. Esta nueva posición del sujeto, posibilitó una relación con un hombre, un trabajo, en el que la condición para que permanezca era “dejarse alojar”. En situación, fue cuando el Director del Hospital le dice, “hable más, relaciónese más con sus compañeras”. Esta nueva posición se hace acto, también, en una relación con sus sobrinas, en la sonrisa cuando le piden que le cuente un cuento, y diferente a la que estaba enmarcada en el fantasma, ya que sus sobrinas le recordaban a su hijo muerto.
Estos tres tiempos, son lógicos, y no cronológicos. Responden a la temporalidad del inconsciente, que es por retroacción, dando significado a lo anterior, y una posición subjetiva diferente. No son tiempos que se suceden, porque en situación, no se corresponden en la temporalidad lineal.
Con la responsabilidad subjetiva que aparece con el tiempo tres, ya no hay más lugar para la culpa. La responsabilidad jurídica ya no funciona, porque por un momento, hubo un acto y no respuesta desde la certeza conciente y jurídica ante su goce.



NOTAS

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