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Crocodile | Black Mirror | Temporada 4 | Episodio 3

por Smud, Martín

La tragedia de Antígona [1] es fundamental para repensar las cuestiones éticas que se entretejen con la desaparición y manipulación del cuerpo frente a la muerte y la denegación a la posibilidad de la constitución y atravesamiento del duelo por parte de los familiares. La no presencia del cuerpo y el no saber qué ha pasado tiene y ha tenido las mayores consecuencias para la Argentina, durante la década del setenta, cuando una feroz dictadura cívico-militar llevó a cabo un plan sistemático de desaparición de personas pero esta problemática ética atraviesa los tiempos, reapareciendo, de una manera diferente, en distintas partes del mundo y también en films o series como es el caso de un capítulo de la serie “Black Mirror” ante un inesperado accidente automovilístico mantenido por dos jóvenes que deciden hacer desaparecer el cuerpo del ciclista atropellado.

Antígona, una joven muchacha, lleva a cabo el acto del enterramiento del cuerpo de uno de sus hermanos apelando a la ética cuyo horizonte no puede ser sino quiebre y diferencia frente a los planos de la juridicidad y la moral sostenida por grupos humanos en un determinado tiempo histórico. Ella sostiene frente a Creonte, el monarca, que la ley de los dioses es diferente a la ley del hombre, y que si la ley humana está escrita en los usos y costumbres y/o en los tratados de juridicidad y/o en la ametralladora del dictador, las leyes de los dioses no tiene tiempo y no ha sido escrita por nadie, esto quiere decir que se actualiza día a día, constituyendo la condición ética del ser humano que, como sostiene Ignacio Lewkowicz [2], que se abre a la paradoja, al infinito, a esa relación tan singular que tenemos con la problemática ética y la lucha por los derechos humanos (y que nos permite reaprender los términos singular, particular, universal de una manera diferente).

Este es el eje central del capítulo “Crocodile” [3], el tercer capítulo de la cuarta temporada, cuando dos jóvenes que vuelven a la madrugada después de haber bebido mucho. Rob, el que maneja, atropella a un ciclista ante el estupor de su joven acompañante Mía. Van a verlo y constatan, con terror, que está muerto. Rob se desespera, ella quiera llamar a la ambulancia, él le dice que ha bebido y que las consecuencias jurídicas de su accionar lo llevarán a pudrirse en la cárcel, le dice que lo deje pensar y ahí se le ocurre hacer desaparecer el cuerpo. Lo tiran desde un barrando en una bolsa de dormir llena de piedras para que no salga a flote.

Veinte años después, Rob y Mía se vuelven a encontrar, sus vidas han tomado caminos diferentes, Mía es una reconocidísima arquitecta que da seminarios internacionales y ha consolidado una “exitosa” familia burguesa, Rob, en cambio, es un ex alcohólico, no ha podido armar un futuro laboral y profesional brillante, no se conoce cómo le ha ido a nivel familiar y amoroso pero su posición ha variado con respecto al pasado, le dice a Mía que, en relación a lo que hizo, no ha pasado el tiempo y no ha podido olvidar. Viene a comentarle a Mía su decisión, le muestra la cara del ciclista en una noticia periodística y la cara de la viuda, “todavía no ha aparecido el cuerpo, y la viuda lo busca, ella no sabe qué ha pasado, no se ha mudado jamás esperando que vuelva su esposo, todavía espera que esté vivo”.

La viuda no puede llevar a cabo el duelo sin saber qué paso, qué ha pasado con el cuerpo, por más que ha pasado el tiempo, dar por concluida la vida de su esposo sin conocer el paradero de sus restos, pone al igual que Antígona, o las madres de Plaza de Mayo, a la condición ética frente a un entrecruzamiento, la relación entre el cuerpo, el tiempo, la historia singular y el duelo que atraviesa la historia de la humanidad reapareciendo de maneras diferentes pero planteándonos como eje central la problemática ética.

Rob dice que quiere hablar de “eso”, que quiere mandarle una carta anónima con las circunstancias de la muerte y el lugar del accidente para que lo encuentren, Mía se niega. El dice que no lo puede olvidar y que, a pesar de que pasó mucho tiempo, adentro de su cabeza no pasó. Rob no puede “olvidar” al sujeto de la ética, había planteado hacía veinte años la supremacía absoluta del sujeto de la juridicidad, del sujeto de la moral que hace prevalecer su posicionamiento particular sobre el eje universal-singular negándolo, haciéndolo desaparecer. La viuda como Antígona como las Madres de Plaza de Mayo plantean la necesariedad ética humana de saber qué ha pasado con los seres queridos y las prácticas del sepelio cómo constituyente del duelo humano. Rob “sufre” las consecuencias de la negación de la condición del sujeto humano, lo deja fijado a una escena que vuelve y vuelve mostrando que la tragedia del cuerpo insepulto no nos deja “tranquilos” y nos enfrenta a la problemática ética, en su diferencia con la moral particular y epocal, que constituye al ser humano.



NOTAS

[1Sófocles: Antígona. En Tragedias Completas. Editorial Cátedra, Madrid, 1993.

[2Lewkowicz, I. (1998). “Particular, Universal, Singular”. En Ética: un horizonte en quiebra. Cap. IV. Eudeba, Buenos Aires, 1998.

[3Black Mirror, capítulo “Crocodile”, tercer capítulo de la cuarta temporada. Fue escrito por Charlie Brooker y dirigido por John Hillcoat. El episodio se emitió por primera vez en Netflix, junto con el resto de la serie, el 29 de diciembre de 2017.