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Hacia rutas salvajes
por Iglesias Penna, Guadalupe, Provenza; Ailen Lucila
Título original: Into the Wild

Sean Penn / Estados Unidos / 2007

Introducción: lo no domesticado

Into the Wild (2007) es un film dirigido por Sean Penn, basado en la historia real de John Krakauer. Relata las peripecias de Christopher McCandless, un joven de una familia de clase media tradicional norteamericana, quien decide rebelarse contra los ideales de la sociedad capitalista y confinarse en soledad en lo más remoto de Alaska, con el fin de ejercer una “revolución espiritual” [1].

En el siguiente trabajo se intenta analizar la pretendida hazaña de Christopher a la luz del cortocircuito de la responsabilidad subjetiva (Cf. Dominguez, M. E.: 2006, 135).

Primer tiempo: La transgresión puesta en escena

Christopher McCandless se presenta en el inicio como un personaje de actitud desafiante ante todo lo que constituya la norma social y moral de la época actual, entendidas como el universo particular o A [2] que, por el contrario, su familia adopta a la perfección.

En este sentido, podría pensarse que Chris se encuentra inmerso en ese mismo universo, pero desde la oposición del –A, es decir, en el terreno de la transgresión, ya que busca constantemente revelarse ante las normas de lo establecido como correcto, inherentes al siglo XX capitalista.

Resulta imposible negar la existencia de un discurso, minoritario tal vez, que rechaza los modos de producción y relación capitalistas, bandera que fue adoptada por diferentes grupos socio-culturales y políticos a lo largo de la historia: anarquistas, comunistas, hippies, agrupaciones de izquierda, por mencionar algunos ejemplos.

Así, en este primer momento se observa no la emergencia de una singularidad en cuanto a la postura de Chris, sino que se la entiende dentro del universo particular como un -A, pensado este último como un término que tiene un lugar disponible en él, discernible, que no pone en jaque a los recursos simbólicos disponibles.

Chris entra en escena como alguien que se refugia en sus libros, en intelectualizaciones, algo solitario, y se hace evidente que es en sus vínculos familiares donde encuentra el malestar. Sus padres, representados en el film como la encarnación de ese universo A del discurso dominante capitalista, son nuevos ricos y viven una vida centrada en lo material, en las apariencias, preocupándose más por qué dirán los vecinos que por escuchar realmente a sus hijos Christopher y Carine. Además, se observa que su padre es una persona tan violenta como omnipotente, situación por la cual su hermana y él han vivido, e incluso presenciado, escenas de abuso verbal y físico desde temprana edad.

A este cuadro familiar turbulento se suma un descubrimiento reciente de Chris: la historia de amor de sus padres con la que había crecido era falsa, pues en verdad, estos se habían conocido cuando su padre estaba casado con otra mujer y tenía una hija a quien se negaba a reconocer. Tal situación deja a Chris y a su hermana en el lugar de bastardos y resignifica toda su vida hasta ese momento como una mentira “adornada con regalos caros”. Curiosamente, Chris nunca comenta este tema con sus padres.

El comienzo del film se sitúa en la graduación de Chris de la Universidad de Emory, donde recibe su diploma a los saltos, haciendo lo que muchos definirían como un verdadero escándalo, a diferencia de sus compañeros que se comportan “normalmente”. Luego de la ceremonia, va a cenar con sus padres, a quienes les comunica que dadas sus altas calificaciones podría ingresar en Harvard para Leyes. En consecuencia, estos se ofrecen no sólo a darle el dinero que le falta para su nuevo emprendimiento universitario, sino también a comprarle un auto nuevo.

Lejos de contentarlo, la propuesta desconcierta a Chris, ya que si bien reconoce que su auto tiene sus años, se encuentra en perfecto estado. Entonces, responde: “¿Por qué querría un auto nuevo, si el mío funciona?, ¿creen que quiero un auto caro? Cosas, cosas, cosas. No quiero nada. No quiero cosas”.

Este encadenamiento de hechos basta para que Chris esa misma noche decida donar todo el dinero ahorrado para Harvard a caridad, rompa sus tarjetas de crédito e identificaciones personales, queme literalmente su dinero y se embarque en lo que él define como “matar al falso ser interno, desprenderse de todo lo material y hacer una revolución espiritual”. En este sentido, la travesía con destino de Alaska puede leerse como una acción determinada en concordancia con el universo discursivo en que él se halla inmerso (Cf. Dominguez, M. E.: 2006, 135). Es decir, se iría en un principio para llevar al extremo su rebelión contra lo material y contra la sociedad en sí misma, pretendiendo con sus acciones separarse de la misma, ya que la considera “enferma y perversa. Todos se hacen daño entre todos”.

Con una mochila al hombro y unos pocos dólares que también quemará posteriormente, incluso sin darle aviso siquiera a su hermana - con quien sí tenía buena relación, dado que es “la única que entiende”- comienza a hacer dedo por la ruta. En este sentido, la acción parecería agotarse en su mismo fin, es decir, en ejercer esta separación de la sociedad y de sus Otros, llevando al acto de forma radical la postura de ese –A que está en contra de la sociedad materialista y capitalista del siglo XX.

En suma, Chris pretende con este viaje encontrar la libertad absoluta viviendo solo con la naturaleza, y al respecto lee en uno de sus tantos libros la siguiente cita: “para no estar más captado por la civilización venenosa, él huye (…) no debe negarse que la libertad es excitante, la asociamos en nuestra mente con un escape ”. Así, como puntapié inicial para su aventura, decide que debe “renacer” y adopta el nombre de Alexander Supertramp, pseudónimo que mantendrá durante todo su viaje.

Considerando entonces la travesía que emprende Chris a la luz del discurso de la transgresión que habita se recorta el primer tiempo del cortocircuito.

Segundo tiempo: La interpelación que devela a la transgresión como tapón

Para comprender este tiempo de interpelación resulta necesario recorrer algunos de los indicadores situaciones que se presentan a lo largo de su viaje y que finalmente culminan en este instante de exceso que le exige a Chris/Alex ligadura.

A medida que va recorriendo diferentes estados norteamericanos a dedo, o viajando de contrabando en trenes a lo largo del país, entran en la vida del personaje otros con quienes logra tener acercamientos significativos desde un lugar diferente al que acostumbraba en su antigua vida.

En un primer momento conoce a Rainey y Jen, una pareja de hippies que vivían recorriendo el país en su casa rodante, quienes adoptan inmediatamente a Chris como “su hijo”, y comparten con él buenos momentos, y sobre todo charlas genuinas.

Luego trabaja como cosechador con el fin de comprar unas pocas provisiones para Alaska. Allí también genera vínculos amistosos desde otro lugar.

Posteriormente, se reencuentra con Rainey y Jen en un campamento. Aquí conoce también a una chica que, aunque parece interesarle, rechaza románticamente, ya que sigue persiguiendo su objetivo de llegar a Alaska.

El último personaje con quien genera un lazo es con Ron, un señor de edad avanzada a quien “ya no le queda más familia”. Ron llega incluso a decirle a Chris/Alex que le gustaría adoptarlo, ser su abuelo y dejarle una herencia, aunque él responde que podrán hablar de eso cuando vuelva de su viaje.

Resulta oportuno señalar que con todos estos personajes Chris/Alex se relaciona desde un lugar que excluye a lo material, pues no le entregan objetos de necesidad, no le dan aquello que tienen -él ya ha dicho que no se trata de eso-, sino que al parecer lo que recibe estaría más del lado de aquello que no tienen, es decir, en relación al don del amor.

En síntesis, Chris se ve confrontado con formas diferentes de hacer lazo, vínculos donde circulan la palabra y la escucha en detrimento de la omnipresencia asfixiante de regalos caros, único objeto que recibía de sus padres.

A pesar de que todos estos indicadores hacen vacilar en alguna medida su posición inicial en tanto lo confrontan con algo que “no cierra”, él sigue hasta este punto sosteniendo el discurso transgresor, priorizando su propósito de estar en contacto con la naturaleza, sin compañía de nada, ni de nadie. Así, el verdadero exceso se verá más tarde, y estas situaciones tomarán en consecuencia pleno significado de forma retroactiva cuando dicho exceso se produzca. En este punto puede pensarse una posición similar a la de Truman cuando no se interroga por la caída del reflector (Cf. Michel Fariña, J.J y Gutierrez, C.: 2000), pues se verifica que la pregunta aún no se ha desplegado.

Unas semanas después de su despedida con Ron, Chris/Alex se encuentra finalmente en Alaska, viviendo de lo que caza o de los frutos que recoge, y soportando las adversidades climáticas que en un principio parecen entusiasmarlo. En este sentido, todo parece ir bien, hasta que las condiciones ambientales son cada vez más problemáticas: “parece haber aquí una fuerza que no es amable con el hombre”. Este indicador situacional ya se presenta decididamente como disonante en relación a la concepción inicial de Chris/Alex de la naturaleza como medio predilecto.

Los días se convierten en meses y Chris/Alex comienza a manifestar que se siente solo, que tiene hambre y mucho miedo. Es leyendo el libro Family Happiness de Tolstoy, que todo esto parece cristalizarse en un exceso. La cita que lo marca enuncia: “creo que encontré todo lo que necesito para ser feliz: una vida aislada de la civilización, un trabajo que sea útil, la naturaleza, libros, música, una mujer que sea mi compañera, incluso quizás un niño, y respeto por el prójimo; esa es mi idea de felicidad”. Tras leer estas palabras de Tolstoy se ve confrontado indefectiblemente con su posición inicial y de algún modo vacilan, ahora sí, los ideales que lo sostenían. Hay en efecto algo disonante: huyó de la sociedad para buscar la libertad en la naturaleza y sin embargo ahora se siente “atrapado en ella”. Vacilan entonces las certidumbres yoicas e ideales que sostiene en el tiempo uno acerca de la felicidad como aquello que excluye a todos los integrantes de la perversa sociedad y se conmueve la idea de la libertad como posibilidad ligada únicamente a la reclusión en la naturaleza.

Así, despojándose de todo lo material y de todos los otros, se encuentra solo y es atravesado por la pregunta desplegada: ¿Qué me quiere el Otro? Dicho interrogante interpela al sujeto, problematiza al ser en su totalidad y a su lugar en el deseo del Otro. Como se expondrá más adelante, el discurso transgresor se revela como un tapón que impide desplegar la pregunta, y el acto de huir a Alaska saca a la luz algo que él mismo no sospechaba. Se trata, ante todo, de una pregunta que exige una decisión por parte del sujeto (Cf. Zamijovsky, M. : 2012, 29), pues a pesar de resultarle ajeno el sujeto es responsable aún de aquello que desconoce.

Dada la interpelación de este tiempo es que se funda en su resignificación el tiempo uno y el recorrido se vuelve sobre los elementos disonantes con la posibilidad de dar una respuesta diferenciada del lado de la responsabilidad subjetiva.

Sobre la hipótesis clínica

El nexo asociativo que se halla retroactivamente entre los tiempos uno y dos habla de la naturaleza de dicho lazo y constituye la hipótesis clínica.

Repasando sucintamente lo dicho, se señala que el Alex del tiempo uno cree que alcanzará la felicidad estando en soledad en la naturaleza, a la cual considera un medio idílico, mientras que en el tiempo dos, momento en el que se ha despojado de todo/s, se presentan factores disonantes que hacen tambalear esos ideales. Asimismo, se observan dos de los indicadores que marcan esa distancia. Uno de ellos tiene que ver con las adversidades que le presenta la naturaleza, en tanto verifica que existe “una fuerza que no es amable” llegando a sentirse atrapado en ella. Otro indicador reside en la frase que lee del libro Family Happiness de Tolstoy, la cual resignifica las experiencias que tuvo durante su viaje, haciendo manifiesto que existe la posibilidad de relacionarse con los demás de otra manera.

De este modo, se verifica que es solo cuando se deshace de todos los objetos -tanto materiales, como de los otros- que puede desplegarse la pregunta del che vuoi del grafo, es decir, ¿de qué me quiere el Otro?, para la cual existían respuestas anticipadas (por ejemplo: ¡Consuma!) [3].

El personaje comprende por fin que su rechazo radical es en efecto una transgresión que tapona la pregunta y de este modo lo defiende de la castración, dado que al desplegarse la pregunta se alcanzaría el significante de la falta del Otro, el S(?), encuentro que no sería sin angustia. Si lo traumático referiría justamente a la castración, siguiendo el modus operandi del fantasma, el discurso transgresor de Alex oficiaba de respuesta anticipada que lo protegía de ese sin-sentido. Alex entiende en algún punto que para no llegar a ese lugar donde el Otro no responde estaba tomando el cortocircuito del discurso transgresor que hacía que se preguntara qué es para el deseo del Otro, sin preguntárselo realmente, es decir, sin desplegar verdaderamente la pregunta, ya que contaba con respuestas anticipadas.

Así, Chris se presenta en el tiempo uno como un sujeto alienado en el discurso de la transgresión al modo de un Otro completo y puede pensarse que encuentra su goce siendo aquel que lo lleva al extremo con su travesía. Sin embargo, la singularidad en situación en forma de disrupción en el segundo tiempo abre una grieta y permite el despliegue de la pregunta por el deseo del Otro, más del lado de la castración que del Otro sin barrar encarnado el discurso transgresor del que partió.

De este modo, esa posición inicial de rechazo radical, fundada en sus ideales transgresores, se ve confrontada con las adversidades de la vida en aislamiento en lo salvaje del medio natural: se encuentra tan encerrado en la naturaleza, como con su familia.

En consecuencia, Chris parece comprender que no se trata de huir de sí mismo, de aislarse, de despojarse de sus pertenencias y vínculos, sino que es preciso inventar un nuevo modo de hacer lazo con los otros e intentar hacer algo ahí con ese vínculo y ese padecimiento que de él se desprende, permitiendo por consiguiente que se despliegue la pregunta.

Tercer tiempo: La respuesta diferenciada más allá del discurso transgresor

Es ante la quiebra del universo particular que guiaba sus acciones, que el circuito se devela en su colapso y se abre la entrada al deseo mismo (Cf .Dominguez, M. E. : 2006, 137). Así, luego de lo anterior, empaca sus pertenencias, se despide de la casa rodante abandonada que había sido su hogar en Alaska y decide volver a su antigua vida, pero como un nuevo sujeto.

Sin embargo, el río que había cruzado para llegar ha crecido y le impide el paso: deberá esperar. Por otro lado, hace ya días que no logra divisar ningún animal para cazar y está literalmente muriendo de hambre.

Asimismo, con la ayuda de un libro de flora, decide recoger algunas hierbas para obtener algo de alimento. Es luego de ingerirlas que comienza a sentirse muy enfermo y finalmente comprueba que se ha confundido: se trataba de hierbas venenosas, muy similares a otras que sí eran comestibles. Acto seguido, lee que morirá de inanición y deshidratación a causa de los vómitos y demás efectos adversos que le generará el envenenamiento accidental.

Este elemento de azar -se retomará este punto luego- lo obliga a responder. Sin embargo, se encuentra “atrapado en la naturaleza” y no puede regresar, tal como había decidido luego de que sus ideas iniciales se vieran conmovidas. Demostrando abatimiento, responde desde una de las únicas formas que le son posibles, dado su debilitado estado de salud: escribe en uno de sus libros que “la felicidad es real sólo si es compartida”.

De esta manera, recuerda la siguiente cita del libro Dr Zhivag de Boris Pasternak: “por un momento redescubrió el significado de la vida y empezó a llamar a cada cosa por su verdadero nombre”. Conmovido, deja un cartel dirigido a quien lo encuentre diciendo que ha tenido una vida maravillosa y firma con su verdadero nombre, Christopher McCandless, al tiempo que repite en voz alta “por su verdadero nombre”.

Por último, segundos antes de morir se imagina reencontrándose con sus padres, fundiéndose en un largo abrazo entre lágrimas, y se pregunta: “Y si fuera corriendo y estuviera sonriendo en sus brazos, ¿verían lo mismo que yo veo ahora?”. Como era de esperarse, el cuerpo sin vida de Christopher, es encontrado dos semanas más tarde por alpinistas.

Si bien Chris no logra escapar de Alaska se inscribe en estas tres acciones (volver a adoptar su nombre real desde otro lugar, reconocer que la felicidad real es compartida e imaginar que efectivamente se reencuentra con sus padres para interpelarlos) la emergencia de una singularidad, en tanto se verifica un verdadero cambio de posición en Chris que dista definitivamente del personaje del primer tiempo.

El Chris que se imagina reencontrándose con sus padres ya no es el que “nada quiere saber” y de este modo rechaza los conflictos que le genera el vínculo parental, sino que retornaría como alguien dispuesto a asumir su identidad y a abrir el campo en lugar de cerrarlo. Ya no se trata de taponar mediante el discurso transgresor el malestar que le produce su situación familiar, sino que apunta al diálogo, de hecho, muere haciéndoles una pregunta en lugar de dar la respuesta anticipada que cargó toda su vida basándose en el particular en el que estaba inmerso. Allí radica la responsabilidad subjetiva, pues se verifica un efecto sujeto que responde ante la interpelación del tiempo anterior. Se trata de una respuesta enmarcada en la dimensión ética, ya que es el acto en que se produce un sujeto de deseo inconsciente (Cf. D’Amore, O.: 2006, 154). Asimismo, se abre una posibilidad de experimentar una relación más ética con el deseo (Cf. D’Amore, O.: 2006, 155).

En síntesis, puede decirse que ha entrado en juego una singularidad que hace desfallecer el particular previo (Cf. Lewkowicz,I.: 2002).

Consideraciones sobre Necesidad y Azar

Entendiendo a la necesidad como aquello que está en juego en situaciones donde la voluntad humana no interviene, en virtud de que se trataría de algo que ocurrirá inexorablemente en tanto la necesidad conecta causa con efecto, y al azar como aquello ligado a la incertidumbre que desconecta dicha relación, puede pensarse que la responsabilidad está precisamente en la grieta entre necesidad y azar (Cf. Mosca, J. C.: 2002).

Es del orden del azar que las lluvias inesperadas hayan hecho que el río desborde y entonces Alex no pueda atravesarlo para abandonar Alaska. Asimismo, es del orden de la necesidad el hecho de que comer algo venenoso (causa) lo lleve inexorablemente a la muerte (efecto), más aun no pudiendo acceder a atención médica. Puede incluso pensarse que en la ingesta de la hierba equivocada también intervino el azar, dado que de todas las hierbas presentes en lo vasto de Alaska, consumió precisamente una de las pocas que eran nocivas.

Sin embargo, estos factores no deben ser considerados como necesidad y azar en estado puro, sino que más bien se enmarcan en esa grieta donde aflora la responsabilidad subjetiva. Es decir, Chris bien podría escudarse en el Otro de la necesidad y simplemente esperar morir, ya que el veneno lo consumirá y no hay nada que pueda hacer al respecto, o bien refugiarse en el Otro del azar y pensar que fue obra del destino que comiera la hierba equivocada. Sin embargo, despliega una respuesta que cae entre necesidad y azar, pues se trata de una respuesta diferenciada que le otorga a él mismo un papel en esos eventos y deja entrever un cambio de posición subjetiva. Así, responde como se ha dicho: reasumiendo su verdadero nombre, escribiendo que la felicidad es real si es compartida e imaginando un reencuentro con sus padres dispuesto a inventar otro tipo de lazo. En otras palabras, responde del lado de la responsabilidad subjetiva.

Tampoco puede perderse de vista que es el Alex del tiempo uno el que lo ha llevado, siguiendo el discurso transgresor en el que estaba inmerso, a huir de sí mismo y recluirse en la naturaleza, situación que lo ha enfrentado a tener que alimentarse de la flora y la fauna que lo rodeaban y a convivir con el medio natural.

Así, el azar ha producido algo que toca al sujeto muy de cerca y permite que se recorte algo de su posición, en tanto se plantea qué hacer con esa marca que produjo. El azar, entonces, obliga al sujeto a responder y es en este punto que se enlaza con la responsabilidad. La intervención de los polos azar-necesidad no borra su acto (deshacerse de lo material y recluirse en lo natural, desconociendo en un principio que era un modo de taponar el despliegue de la pregunta por el deseo del Otro) y se verifica que es responsable, aún si no es “culpable”.

Bibliografia

D’Amore, O. (2006). Responsabilidad subjetiva y culpa. En M. E. Dominguez, G. Salomone, O. D’Amore, & J. J. Michel Fariña, La transmisión de la ética: clínica y deontología (págs. 145-165). Buenos Aires: Letra Viva.

Dominguez, M. E. (2006). Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis. En M. Dominguez, G. Salomone, O. D’Amore, & J. J. Michel Fariña, La transmisión de la ética: clínica y deontología (págs. 131-145). Buenos Aires: Letra Viva.

Gutierrez, C., & Michel Fariña, J. J. (2000). Mar abierto (un horizonte en quiebra). En J. J. Michel Fariña, & C. Gutierrez, Ética y cine (págs. 119-125). Buenos Aires: Eudeba. Obtenido de www.eticaycine.org

Lacan, J.(1966). Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano. En J. Lacan, Escritos II (pags 727-755). España: Biblioteca Nueva, 2013

Lewkowicz, I. (2002). Particular, Universal, Singular. En J. J. Michel Fariña, Ética un horizonte en quiebra (págs. 57-65). Buenos Aires: Eudeba.

Michel Fariña, J. J. (s.f.). Responsabilidad: entre azar y necesidad. Obtenido de Psicología, Ética y Derechos Humanos: www.eticayddhh.org

Mosca, J. C. (2002). Responsabilidad: otro nombre del sujeto. En J. J. Michel Fariña, Ética un horizonte en quiebra (págs. 113-129). Buenos Aires: Eudeba.

Zamijovsky, M. L. (2012). Una hipótesis clínica acerca del padecimiento de Gregory House. Ética y Cine Journal, 27-32.


Notas

[1] Hacia rutas salvajes es la traducción con la que se ha introducido el film en Latinoamérica. Una de las acepciones para salvaje según la RAE es "aquello que no está domesticado". Será interesante leer a la luz de estas páginas que aquello no domesticable, aquello que no puede ser aprehendido enteramente por el significante y la legalidad de lo simbólico que enfrentará Chris será no sólo la adversidad natural, sino también elementos relativos al deseo y su opacidad.

[2] El uso de A aquí no refiere al Gran Otro, sino al universo particular que engloba los recursos simbólicos disponibles de una época. Se designa como -A a aquella postura que se opone al mismo, aquí denominada transgresión, que no por eso deja de estar enmarcada en ese mismo universo. Tanto A como -A tienen un lugar discernible en el universo particular.

[3] Este párrafo y los siguientes del apartado se sostienen en lo teorizado en Lacan, J. (1966). Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano. En J. Lacan, Escritos II (pags 727-755). España: Biblioteca Nueva, 2013. Principalmente se hace alusión al grafo 3 allí presentado.






Comentarios

Mensaje de David Goldman  » 30 de octubre de 2015 » Davidhgoldman@gmail.com 

Excelente el recorrido del articulo. Nos invita al igual que el film a intentar descifrar que mensajes nos deja y cuanto nos hace resonar en cada una de nosotros esta historia.No pude evitar ver en esta liberación que busca el protagonista un acto de rechazo y de transformación que tiene una dimensión en si misma mucho mas profunda que el objeto o el lugar al que este mismo quiere llegar. El viaje es lo importante, la transformación .Un ser que busca escaparse de todo para reencontrarse con su yo verdadero y que termina exponiéndose a la muerte para poder releer su camino y dejarnos la mas importante enseñanza del film y que se menciona en el articulo :"la felicidad solo es real si es compartida ".Tampoco pude evitar pensar en la fascinación que nos producen este tipo de búsquedas y de encontrar una analogía traída a nuestro tiempo entre la transformación de Christopher y la historia de Jesús .Como comparten la necesidad de enseñar un camino alejado de lo material y como ambos sufren un destino trágico para dejar un mensaje que nos enseña que el único camino hacia felicidad es a través del encuentro con los demás.



Mensaje de   » 21 de septiembre de 2015 »  

Objetivo: Alaska

Resulta importante de este film como el objetivo de Christopher se ubica por encima de los obstáculos que se le imponen.
En muchas ocasiones, las personas actúan como si fueran robots fabricados para estudiar, recibirse, buscar un empleo de buena remuneración y formar una familia. Si estos objetivos se cumplen entonces se despliega cierta satisfacción, pero: ¿son estos realmente nuestros objetivos?
Si bien, se observa en esta película, como Christopher se aleja de lo que para algunos sería de gran valor, el personaje pareciera seguir de manera poco estructurada diferentes estrategias que lentamente lo acercan hacia su principal objetivo: llegar a Alaska. Elige viajar, aprender, leer, y escuchar en un escenario sin límites ni obligaciones, una vida con experiencias que para muchos podrían parecer arriesgadas pero para él resultan sumamente enriquecedoras ya que cada paso, de alguna u otra forma, lo acerca a Alaska.
El personaje deja de lado el amor de una mujer y hasta rechaza el auto nuevo que le regalan sus padres cuando podría haberlo utilizado como un medio para facilitar el camino hacia Alaska. Pero de haberlo hecho se hubiese perdido de las aventuras y las experiencias de emplear un viaje sin planes precisos.
No importa que estrategias use una persona si el objetivo principal se mantiene, todos deberíamos cuestionarnos si nuestro objetivo en realidad no es una demanda social. Los caminos pueden ser infinitos para llegar a un solo destino y debemos estar seguros de que ese destino no es ajeno. Así la satisfacción se hará presente por el simple hecho de viajar hacia donde se refugia lo que realmente nos importa conseguir.

Brilla, Valentín.
21/09/2015.



Mensaje de María Elena Domínguez  » 6 de septiembre de 2015 » menadomin@gmail.com 

Es muy interesante el modo en que despliegan el circuito a partir de presentar el cortocircuito, o mejor dicho el circuito corto del fantasma en el cual el sujeto se refugia para no saber nada de la castración, ni confrontarse con el deseo del Otro. No obstante, es en el cortocircuito del circuito de la responsabilidad, circuito que falla allí donde las cosas no andan, no circulan como era supuesto en un primer momento, que se verifica la ocasión para la emergencia de la singularidad. Y es que esa falla no es otra cosa que el lugar del deseo mismo. Un deseo indomesticable que no se deja atrapar, que es entre significantes.
Vemos que en el film que Cristopher “para no estar más captado por la civilización venenosa… huye” de ella, y emprende, de ese modo, una vida “nueva” en esas rutas salvajes, ahora como Alexander Supertramp. Sin embargo, paradójicamente en su viaje se encuentra “atrapado en la naturaleza” incluso ésta se le vuelve venenosa al igual que la civilización de la que emprendió la huida.
Retomamos aquí la operación que el clínico realiza, la interpretación del analista que, redoblando aquella que el inconciente produce sobre el síntoma, permite hacer aparecer la falla, el defecto de significación que el mensaje mismo del inconciente porta permitiendo leer algo nuevo. Ya no se trata de la distinción A / -A, y Cristopher lee la marca de ese encuentro con la falta en el Otro, con la castración del Otro y nos la da a leer. Ya no hay escape para el sujeto. Piedra libre! Para Cristopher detrás de Alexander. Formula así dos sentencias: “la felicidad es real sólo si es compartida” y la frase que recuerda del libro Dr. Zhivag de Boris Pasternak “por un momento redescubrió el significado de la vida y empezó a llamar a cada cosa por su verdadero nombre”. Algo se ha conmovido, se trata de inventar un nuevo modo de hacer lazo con el Otro y los otros. El redoblamiento, como acto de lectura, permite otra lectura y da lugar a una nueva escritura con aquellos significantes que han marcado al sujeto: Christopher Mc Candless. Una afirmación que se produce luego de una cierta ganancia de saber. Una afirmación del nombre que lo humaniza a un paso de la muerte.



Mensaje de Nicolás Baintrub  » 30 de agosto de 2015 » n_bain@hotmail.com 

Felicitaciones por el análisis clínico. Creo que el circuito de la responsabilidad que plantean las autoras del texto establece los parámetros para hacer una lectura de la película en clave ética y avalado por los indicadores situacionales. El recorrido desde lo particular (la queja contra el sistema) hacia lo singular (el sujeto que deviene en acto hacia el final del film) da cuenta de la construcción subjetiva y la ampliación del universo (sistema/antisistema) a partir de la irrupción de la subjetividad: así, surge una tercera posición (negación de la negación). Quizás -probablemente en esto radique la sensación agridulce que queda en los espectadores hacia el final del film- el devenir sujeto llega demasiado tarde. De todas maneras, la muerte no alcanza a borrar las marcas de ese proceso: para siempre quedarán las palabras que Chris logró tallar y las relaciones que entabló durante su peripecia.

A modo de análisis sumplementario del texto cabría la posibilidad de pensar qué es lo que lleva a Chris a emprender ese circuito de la responsabilidad. Es decir: ¿Por qué elige devenir sujeto? ¿Por qué no se queda en los márgenes de A y -A? Una hipótesis podría relacionarse con la falta de un padre, un padre que elige la mentira para fundar su relación con su hijo. Eso deja serias consecuencias en Chris a la hora de instaurar la ley y el nombre del padre, es decir, la castración. Eso lo lleva, quizás, a entablar su propia búsqueda de la castración, que termina de la forma más cruel: la naturaleza como agente último e implacable de la ley.



Mensaje de Mailén Peralta  » 22 de agosto de 2015 » myp24@hotmail.com 

Felicitaciones por un análisis tan claro (y esclarecedor) de este material cinematográfico!

Me queda resonando cómo se hace tanto esfuerzo para evitar lo confrontación con la castración, siendo a la vez, la salida mas fácil, que lleva a la muerte hablando simbólicamente, y que este film lo grafica de forma literal. Sin castración, no hay falta, no hay búsqueda, no hay deseo, que motorice a la vida. Lo mismo sucede con la "completud" en tener todos los gustos y "consumir" como le indica ese mandato social y familiar. ¿Buscó tal vez auto castrarse de alguna forma?

Por otro lado, me da a pensar en la felicidad como ilusión, que para que sea "real" necesita de otros que la sostengan, así como, según Lacan, para constituirnos imaginariamente necesitamos del reflejo, de un otro que nos sostenga completos.

Qué película rica en análisis!

Felicitaciones!!



Mensaje de mticart  » 18 de agosto de 2015 » mticart@ub.edu 

Me ha encantado tu trabajo! Me parece un análisis insuperable de una película que nos enfrenta a ese dilema civilización/naturaleza. El enfrentamiento de Chris con su familia y la vida que ésta le propone creo que es fruto del rechazo a la hipocresia y falta de coherencia que el joven descubre en un padre violento y mentiroso.
El hecho que Rutas Salvajes se base en una historia real añade un plus de admiración y provoca cierta ensoñación en el espectador o en el lector de la novela porque probablemente muchas personas desearían vivir algo así pero no tienen el valor de quemar los amarres a una vida que aparentemente es más segura y prometedora. Mis felicitaciones por tu trabajo.





 

 
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