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Adolescencia: Hacia rutas salvajes

por Kunst, Miguel

El entretiempo puberal – adolescente – juventud es el período en el que se dan todos los procesos psíquicos necesarios para que el adolescente vaya produciendo su subjetividad, su identidad y su sexualidad, hasta llegar a la adultez con su conformación definitiva. Este entretiempo funciona en calidad de frontera, una interfase en la conformación bifásica de la sexualidad, entre la sexualidad infantil y la adulta, pero no como una delgada línea que se cruza y se llega al otro lado, sino como un largo camino en donde hay que esforzarse para llegar hasta el otro extremo. El niño comienza a experimentar cambios en su cuerpo que pueden ser vivenciados de forma saludable, “donde se conserva algo del orden de lo invariante” [1], del mismo cuerpo, o como algo ajeno y siniestro en forma de una metamorfosis. Si el sujeto logra una metabolización de estos cambios, el cuerpo es inscripto e integrado psicosomáticamente.

Al crecer y desarrollarse sus genitales, aparece la posibilidad de un encuentro sexual con otra persona y reproducirse. En estos cambios corporales está el advenimiento del primado de la pulsión genital (Freud, 1905). De esta forma, el cuerpo erógeno infantil, autoerótico, pasa a ser un cuerpo erótico, sexuado vincular, que necesita de un otro, un compañero que es sujeto de deseo, para satisfacerse. Así, los objetos de placer que se encontraban en el propio cuerpo ahora son excorporizados. El trabajo clave de esta etapa es el de la desexualización de los objetos incestuosos de la infancia para lograr la salida exogámica y hallar el objeto heterofamiliar. Va configurándose en la psiquis la noción de alteridad.

Pulsión genital y elección de objeto no incestuoso imponen alteraciones, des-orden de lo infantil, de lo familiar, transformación y pasaje a la vez que del cuerpo, frente pulsional (pregenital a genital), del objeto (de familiar a no familiar). Pasaje y constitución de la categoría de objeto no incestuoso, no familiar-no conocido, extraño, más que extrafamiliar, heterofamiliar. (Grassi, 2010)

Además de estos dos aspectos de la pulsión ahora altruista, el del pasaje del autoerotismo a la vincularidad, y el pasaje de la pulsión egoísta a la altruista, en donde se piensa en la continuidad de la especie humana, hay un tercer aspecto: el de la inserción del sujeto en la cadena generacional familiar, que aparece gracias a la idea de la posibilidad de ser progenitor. Piera Aulagnier remarca la importancia de la familia para la construcción del psiquismo del sujeto. Este hace un trabajo de investigación sobre la historia de su familia, sobre sus orígenes y los mitos que circulan en ella. El niño se da cuenta que sus propios padres pertenecen a una estructura genealógica mayor, y él debe articular su historia personal a esa estructura. Hace una reconstrucción imaginaria de la escena originaria mediante la cual se historiza ligado a los padres. En este trabajo quedan delimitadas dos figuras: la del ancestro que agrupa los mitos de origen que se trasmiten de una generación a otra, que comparte una referencia del pasado con el sucesor, quien representa el por-venir, el hijo que vendrá (Ficha cátedra: Guía para la lectura de textos de Piera Aulagnier). Puget dice que además del trabajo de historización que sigue esta línea de una investigación histórica familiar, el sujeto hace un trabajo a partir del vínculo novedoso con un otro, en el que se inventa un pasado que adquiere significación con el inicio de esta vida vincular, “construye a partir de una nueva marca que sólo le pertenece” [2]. Es la madre quien oficia de portavoz donándole sentidos al niño. Es la vocera de la genealogía y las representaciones ligadas al padre. "En los primeros tiempos de la constitución del psiquismo el trabajo de redacción de la biografía del sujeto se produjo en alianza con el yo parental" [3]. Esto es lo que se denomina violencia primaria, que es necesaria y estructural (Piera Aulagnier, 1991).

El grupo familiar deja una herencia de la vida psíquica que se transmite de generación en generación, y funciona como motor de la puesta en marcha de la investigación histórica familiar. "Se define como transmisión a un conjunto de operaciones psíquicas inconscientes que circulan de una generación a otra, marcas de la genealogía que tendrán que ser modificadas por el sujeto" [4]. El adolescente debe apropiarse de esta herencia y darle un sentido propio. Si se da de esta manera, se dice que es saludable. En cambio, si el sujeto recibe lo transmitido por las generaciones anteriores y no lo traduce a sus palabras, se dice que la transmisión es patológica. Kaes utiliza un concepto para describir este tipo de transmisión que es el de cripta, como lugar donde se esconde lo inconfesable. Dice que el sujeto recibe formaciones inconscientes de otro sujeto que se enquistan como un fantasma (Kaes 2000). Esto se articula a la violencia secundaria descripta por Piera Aulagnier, ya que el psiquismo es colonizado por los contenidos inconscientes que pertenecen a otro sujeto, y la actividad de pensar queda anulada bajo el poder de la sabiduría materna. Hay una intrusión en el aparato psíquico del niño, que queda inmovilizado y sin autonomía.

En la película “Into the Wild” (Hacia rutas salvajes), el protagonista Christopher McCandless, está inmerso en la dinámica de su familia y los planes de vida que tienen para él. Las imágenes nos muestran la ceremonia de graduación de la Universidad de Emory. Se nos aclara a los espectadores que esto sucede dos años antes del autobús mágico, en Alaska, momento en el que Chris nos dice “Después de dos años de viajar llega la aventura final y más importante: la batalla culminante para matar al falso ser interno y concluir victorioso la revolución espiritual. Sin estar ya más envenenado por la civilización, él huye, y camina solo por la Tierra para perderse en la naturaleza”. Firma: Alexander Supertramp. El film, poco a poco, nos irá develando la relación entre estas dos escenas.

Durante la ceremonia de graduación abundan las sonrisas, aplausos y felicitaciones para todos. Cuando se menciona el nombre de Christopher McCandless él sube sonriente y de un salto, y sus padres que estaban de pie y aplaudiendo orgullosamente, quedan estupefactos y con la boca abierta de la sorpresa. Mientras lo saludan, abrazan y felicitan, la voz en off de Chris nos cuenta de sus padres: “Los veo parados en los portones de sus universidades…están a punto de graduarse…están a punto de casarse. Son niños, son tontos…Quiero ir y decirles que no lo hagan. Que ella es la mujer equivocada, que él es el hombre equivocado…que van a sufrir mucho, que van a querer morirse…Pero no se los digo. Quiero vivir. Hagan lo que van a hacer, que yo lo contaré”.

La madre lo recibe en el restaurant en donde van a festejar y mientras camina entre las mesas le dice orgullosamente a la gente que su hijo se graduó esa mañana de Emory. Al saludarlo, no puede evitar señalarle el único gesto de rebeldía: “Me asustaste muchísimo al saltar así sobre el escenario”. El padre lo saluda con un apretón de manos muy formal y lo felicita nuevamente. Chris tantea a sus padres al contarles que sus notas le alcanzarían para estudiar leyes en Harvard y, mientras su madre sonríe como nunca antes durante la película y lo felicita, su padre afirma: “Eso es muy importante”. A continuación le pregunta cuánto dinero le queda en su fondo universitario y le comenta que, junto con su madre, quieren contribuir con la diferencia para lo que necesite para Harvard. Es a partir de este momento en que Chris les avisa, y nos avisa, que tiene mucho en qué pensar para resolver qué es lo que hará. El padre, sin hacer mucho caso, continúa y le anuncia que también quieren regalarle un auto nuevo para que cambie la chatarra en la que anda. Es aquí que se produce el quiebre. Chris los confronta directamente y los cuestiona: “¿Para qué quiero un auto nuevo? El Danton anda muy bien. ¿Creen que quiero algo caro? ¿Les preocupa lo que puedan pensar los vecinos? - Su hermana se incomoda ante lo que parece ser una más de otras tantas discusiones por los mismos temas – No quiero nada. ¡Cosas, cosas, cosas!”. El padre, frustrado, responde: “Todo tiene que ser tan difícil…”. Al irse padres y hermana y dejar a Chris en su casa universitaria, este le arroja a su hermana el sombrero de graduación demostrando poco interés por él.

Ya en la siguiente escena Chris parece haber pensado y resuelto todo. Se lo ve escribiendo un cheque por el total de sus fondos universitarios y guardándolo en un sobre con el nombre de una fundación junto a una carta en la que expresa su deseo de que con ese dinero se alimente a algunas personas. Arroja a la basura una foto de sus padres y sobre ella las tarjetas, licencias e identificaciones a su nombre que iba cortando en pedacitos. Mientras tanto, se escucha la voz en off de su hermana que nos advierte: “Era inevitable que Chris se apartara…”.

Christopher decide dejar de lado todos los planes que sus padres habían ideado para él (que a su vez eran los mismos que habían sido delineados para sus propios padres por los abuelos de Chris), para viajar y buscarse a sí mismo. Definitivamente rompe con un mandato familiar que no sólo había sido pensado para él sino que ya era tradición en su genealogía. La película refleja muy bien este proceso de historización ya que al momento de emprender el viaje aparece la leyenda “Capítulo uno: Mi propio nacimiento”. Chris decide emprender una expedición hacia la naturaleza, y es a partir de ahí que él comienza a escribir su historia, que renace por su propia voluntad y elige un nuevo nombre que lo represente: Alexander Supertramp. Su nacimiento biológico y el nombre que llevaba hasta el momento eran parte de la historia de los padres. Durante los últimos cuatro años había estado cumpliendo con el deber de graduarse, y ahora se emancipaba de esa falsa seguridad de sus padres y de lo que lo separaba a él de la verdad de su existencia. Allí se puede ver cómo él empieza a desasir el discurso parental, los confronta, y luego de cumplir con los mandatos familiares impuestos durante su infancia se lanza a un camino, empujado por sus propios ideales para encontrarse con su verdadera identidad. Luego de este proceso aparece una segunda leyenda: “Capítulo dos: La adolescencia”. Comienza a conocer personajes nuevos y distintos que lo llevan a plantearse muchas cosas. Conoce otras formas de vida, gente con planes muy distintos a los de sus padres. Es aquí, por primera vez en la película, que le preguntan su nombre y él responde “Alex”. Ahí mismo le preguntan por sus padres y él responde que se encuentran viviendo sus mentiras. Y aprovecha para parafrasear a Thoreau: “Más que amor, dinero, fe, fama, justicia, denme la verdad”. Él se pregunta dónde poner la fe, cómo hacerla crecer, y se responde que lo hará destruyendo los malos recuerdos, para reelaborarlos con su impronta.

Para crear un proyecto futuro es necesario anclar en el pasado infantil. Investir el pasado para enfrentar el futuro es una tarea del yo en la adolescencia (Ficha cátedra: Guía para la lectura de textos de Piera Aulagnier). El trabajo de historización a cargo del Yo permite al sujeto crear este proyecto identificatorio. Esta creación tiene una impronta personal ante los ideales paternos, se inviste el futuro y a partir de esto comienza a darse una autoconstrucción del Yo por el Yo. Proyecto identificatorio, obra y función del yo en la adolescencia, es el trabajo de poner en historia y en memoria el pasado infantil, la genealogía, mediatizadas por la investigación histórica (Grassi, 2010). El trabajo de poner en historia es un pasaje de firma del cual el adolescente es dueño y autor. Los padres "dejan de ser a sus ojos los valores de referencia" [5], y ahora está abierto a una pluralidad de nuevos discursos. El trabajo de poner en memoria se da a partir de la construcción del fondo de memoria desde donde el yo construye su autobiografía y se constituye a partir de la represión. En este fondo se registran los recuerdos de la infancia y se seleccionan las cosas que se recordarán y las que tienen el destino de ser reprimidas para poder investir nuevos objetos y metas novedosas. Mientras suceden los cambios, hay algo que tiene que permanecer fijo, donde el sujeto esté anclado, para no perder los marcos de referencia y garantizar un sentimiento de mismidad y continuidad al yo. Esto es aportado por el registro identificatorio y el capital fantasmático, construido por un registro de lo sensorial, las representaciones y vivencias afectivas. Para esto funcionan el principio de permanencia, que refiere a “pilares que se muestran fijos, permanentes sobre los cuales el yo edifica” [6], y el de cambio, relacionado a lo modificable, y permite la apertura hacia lo nuevo.

(…) es necesario un número mínimo de anclajes estables de los cuales nuestra memoria nos garantice la permanencia y la fiabilidad. He aquí una condición para que el sujeto adquiera y guarde la certeza de que es el autor de su historia y que las modificaciones que ella va a sufrir, no pondrán en peligro esa parte permanente singular, que deberá transmitir capítulo a capítulo, para hacer coherente y que tenga sentido el relato que escribe (Piera Aulagnier, 1991).

El proceso por el cuál atraviesa Christopher y, quizás, todo joven que realice los mismos trabajos psíquicos, podría ser analizado bajo el esquema llamado “circuito de la responsabilidad” planteado por Oscar D’amore (2006). El mismo se compone de tres tiempos lógicos. La conducta del personaje hasta el momento de su graduación la ubicamos dentro del tiempo número 1, donde los objetivos supuestos se agotarían en aprobar las materias para lograr finalizar sus estudios y así poder continuar con sus estudios y una vida ligada a estos aprendizajes académicos. El momento 2, el del quiebre, sería una vez que este se gradúa. El personaje advierte que en realidad, el graduarse no era un fin en sí mismo, sino que era parte de un plan de vida diseñado por sus padres del cual él era objeto. Terminar sus estudios consistía tan sólo en un paso dentro de un manual de instrucciones escrito previamente para él. Que el mismo día de la ceremonia de graduación ya sus padres le hablen de continuar sus estudios en leyes dentro de Harvard, de comprarle un auto nuevo y demás planes para él, hace que se resignifique el primer momento del circuito. Christopher recibe un claro indicio de la realidad, que es nada más ni nada menos que advertir que no se encuentra a gusto con lo que le depara su destino. Su disconformidad lo alerta sobre algo no sabido hasta ese momento, aunque sí era sospechado: él no se reconocía en ese libreto del cual se suponía protagonista pero tan sólo era un actor de reparto. Ante estas propuestas, o mandatos, él se ve interpelado, ante lo que debe responder pudiendo hacerlo de varias formas distintas. En este tipo de circunstancias algo se ve modificado y el sujeto se encuentra eligiendo, inconscientemente, y asumiendo su responsabilidad. De acuerdo con Gabriela Salomone (2006), se trata de una responsabilidad que no es moral, relacionada al deber, en donde Christopher tendría que continuar con sus estudios, especializándose cada vez más para conseguir tener una vida supuestamente más exitosa. Pero de esta forma estaría desoyendo el grito de la realidad que trata de ponerlo al tanto de otra cosa. La responsabilidad de la que hablamos es subjetiva, con uno mismo, donde el sujeto se sustrae de la moral en un instante de despertar y cambia de posición, en dirección a su deseo. Lacan nos dice que un sujeto es culpable cuando ha cedido su deseo y Freud agrega que cuanto más lo cede, más obedece al superyó y a la moral, y de esta forma se siente cada vez más culpable y angustiado. Esta culpa es el reverso de la responsabilidad del sujeto y la anula, pero revela la presencia de angustia. Que el sujeto dé una respuesta indica que asume su responsabilidad. Como dijimos, con este tiempo número 2 se interpreta y resignifica el tiempo 1. Si previamente adjudicábamos un malestar en el personaje, ligado a diversas cuestiones como por ejemplo las peleas entre sus padres, ahora la hipótesis sería que su angustia se debía al estar llevando una vida totalmente alejada de su deseo de libertad, de una vida más tranquila, más cercana a la naturaleza y las pequeñas cosas, y, como él mismo dice, más lejos de la “¡Sociedad! Los padres, los hipócritas, los políticos, los corruptos”.

Lo que hace entonces el personaje es preguntarse cuál es su responsabilidad en el disgusto con su vida y la angustia que esto le produce. Hubiese sido muy fácil echarle la culpa a los padres de imponerle ciertas cosas, pero Christopher asume su responsabilidad subjetiva: él podría haber seguido resignándose al mandato parental, aceptando su malestar y, de todos modos, alcanzar una vida exitosa; pero, contrariamente, toma la decisión de cambiar de posición y pegar un giro abrupto en el rumbo de su vida en dirección a su deseo. La decisión de dejar absolutamente todo y lanzarse a un viaje abierto a todo tipo de experiencias distintas a las conocidas sería el tercer y último tiempo del circuito de la responsabilidad. En este tiempo 3, el personaje responde y actúa de acuerdo a lo que él mismo cree mejor para su persona. Se trata de una respuesta a la interpelación del tiempo 2; a través de este acto ético asume su responsabilidad y lo invade un verdadero sentimiento de revelación y libertad, diluyéndose el de culpabilidad y angustia. En este tiempo 3 Alexander Supertramp, nuestro personaje, ya no es el Christopher McCandless del tiempo número 1. Es a través de ese acto ético, singular [7], que Alex quiebra los límites de la moral paterna según la cual venía actuando. Esta decisión subjetiva es un acto que se ubica en el eje singular – universal [8] que excede al particular de los padres y amplía los límites de su universo.

Para ilustrar el sentimiento que invade al personaje una vez tomada su decisión de abandonar la vida que llevaba, mientras da sus primeros pasos hacia su deseo nos deja la primera reflexión que construye como Alexander Supertramp: “No debería negarse que la libertad siempre nos extasió. La asociamos en la mente con un escape: de la historia, de la opresión, de la ley y de obligaciones irritantes. Libertad absoluta”.

Conclusión

Queda en claro que se piensa a la adolescencia desde una posición muy alejada al evolucionismo lineal, que la concibe como un simple pasaje de la infancia hacia la adultez. La adolescencia es una etapa en medio de las otras dos, en donde deben darse ciertos trabajos psíquicos claves para el desarrollo saludable de un sujeto.

Es una etapa de la vida en la que el cuerpo sufre grandes cambios, se conoce mucha gente nueva por fuera del círculo familiar, el lugar del sujeto dentro de la familia es otro, la figura de los padres ya no es vista de la misma forma, el mismo adolescente ya no se ve a sí mismo como lo hacía antes, los intereses y los objetos sexuales cambian, etcétera. Es por esto que pensamos que no se le puede exigir al sujeto determinada madurez, sino que hay que contemplar que necesita de mucha contención, compañía y, sobretodo, tiempo para elaborar todo esto y encontrar una salida propia con la que se sienta cómodo e identificado.

Una vez expuestos los trabajos psíquicos necesarios para el desarrollo saludable del sujeto queda planteado el interrogante sobre qué es lo que sucede cuando no es posible cumplirlos por ejemplo cuando se es encerrado en un dispositivo de régimen cerrado. Muchos de estos procesos quedan truncos e imposibilitados, empezando por el hecho de que al ser menores de edad no se les permite recibir visitas íntimas de sus parejas. El desarrollo de su plena sexualidad y el contacto íntimo con un otro son denegados, y el resto de los procesos psíquicos que de ello se derivarían también. A su vez, muchos de los jóvenes no son visitados por sus familias de origen y por consiguiente pierden todo contacto posible con ellos. Queda entonces para otros escritos el desarrollo de estos obstáculos y sus consecuencias.

Referencias

Aulagnier, P. (1991). Construir-se un pasado. Psicoanálisis APdeBA. Vol XIII n°3.

D’Amore, O. (2006). Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva.

Doltó, F. (1990). La causa de los adolescentes: Primera parte. Seix Barral. Barcelona.

Duek, D. (2010). Elementos para una epistemología de lo adolescente. En El pensamiento de lo Complejo. Ficha de cátedra II Psicología Evolutiva Adolescencia, Facultad de Psicología, UBA.

Fariña, J. (1998) Del acto ético (Cap. VI). En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.

Ficha cátedra II Psicología Evolutiva Adolescencia: Guía para la lectura de textos de Piera Aulagnier. Publicación interna. Facultad de Psicología UBA.

Freud, S. (1925). La responsabilidad moral por el contenido de los sueños. En Algunas notas adicionales a la interpretación de los sueños en su conjunto. Obras completas. Tomo XIX, Amorrortu editores. 1984.

Grassi, A. (2010). Adolescencia y crecimiento. En El pensamiento de lo Complejo. Ficha de cátedra II Psicología Evolutiva Adolescencia, Facultad de Psicología, UBA.

Grassi; Córdova. (2010). Entre niños, adolescentes y funciones parentales. Buenos Aires, Argentina. Entreideas.

Jinkis, J. (1987). Vergüenza y responsabilidad. Conjetural, número 13. Editorial Sitio. Buenos Aires.

Kaes, R. (2000). Transmisión de la vida psíquica entre generaciones. Introducción. Amorrortu editores. Buenos Aires.

Lastra; Saladino. (2009). De la genealogía al proyecto identificatorio. Algunas puntualizaciones acerca de adolescencia y transmisión. Ficha de cátedra Psicología Evolutiva Adolescencia, facultad de Psicología UBA.

Lewkowicz, I. (1998). Particular, Universal, Singular. En Ética: un horizonte en quiebra. Cap.III. Eudeba, Buenos Aires.

Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.

Otero, M. E. Visitando a Piera Aulagnier. Ficha de cátedra II Psicología Evolutiva Adolescencia, facultad de Psicología UBA.

Puget, J. (1997) Historización en la adolescencia. Ficha de cátedra Psicología Evolutiva Adolescencia, facultad de Psicología UBA.

Salomone, G. Z. (2006) El sujeto autónomo y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva.

Salomone, G. Z. (2006) El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva.

Waserman, M. (2005) Condenado a explorar. Actualidad psicológica. Buenos Aires, Argentina.



NOTAS

[1Waserman. “Condenado a explorar”. Buenos Aires, Argentina.

[2Puget, J.(1997) “Historización en la adolescencia”. Ficha de cátedra II Psicología Evolutiva Adolescencia, Facultad de Psicología UBA.

[3Ficha cátedra II Psicología Evolutiva Adolescencia: Guía para la lectura de textos de Piera Aulagnier. Pág. 29. Publicación interna. Facultad de Psicología UBA.

[4Lastra S. Saladino G. "De la genealogía al proyecto identificatorio", Pág.15.

[5Dolto, F. "La causa de los adolescentes". Cap I, pág 12.

[6Ficha cátedra II Psicología Evolutiva Adolescencia: Guía para la lectura de textos de Piera Aulagnier. Facultad de Psicología UBA.

[7Lewkowicz, I. (1998). Particular, Universal, Singular. En Ética: un horizonte en quiebra. Cap.III. Eudeba, Buenos Aires.

[8Idem





COMENTARIOS

Mensaje de Agustin Fernandez  » 31 de octubre de 2014 » agustin.fernandez83@gmail.com 

Hola: muy interesante el trabajo. Te quería comentar una contraposición, que me pareció ver, entre lo que sería cierto ideal psicológico sobre la adolescencia (el material teórico de Grassi o de Aulagnier) y como los vas puntuando, e interrogando, cuestionando, con el relato y las palabras de "este" adolescente. 1) "Quiero vivir. Hagan lo que van a hacer, que yo lo contaré". O sea, se trata de un relato, es decir, no es cuestión de hechos, sino de palabras. 2) "Era inevitable que Chris se apartara". Y para apartarse, no puede ser "en oposición", como vos comentás, porque sino sigue en el terreno de lo particular. 3) "Capítulo uno: Mi propio nacimiento". Me gustó este especialmente por la cuestión ritual que implica el elegirse un nuevo nombre. Me pregunto: ¿cómo funciona ese nuevo nombre para él? ¿Qué lugar ocupará?
Saludos!



Mensaje de Valeria  » 22 de septiembre de 2014 » val9_2004@hotmail.com 

Muy interesante el artículo, permite abrir líneas de discusión variadas.

Habría que interrogarse si esta idea de dejarlo todo no se venía premeditando desde antes, ya que se lo podría pensar más como un proceso que como un quiebre absoluto. Quizá para los padres si fue un quiebre. También me preguntaba sobre lo mortífero que excede a la decisión del sujeto. Esa libertad absoluta lo termina matando.
El hecho de convivir con los ínfimos detalles de la naturaleza le ha dado margen para que advenga el pensamiento, aquel más despojado de la moralidad de la época, del discurso paterno, de aquel que deambulaba transgeneracionalmente en esa familia.

Otra cuestión interesante pero peculiar es el hecho de que ha escindido de un vínculo heterofamiliar, aun cuando ha conocido a una joven cuyos sentimientos eran evidentes. Me pregunto sobre ello. El querer cumplir su objetivo ha desplazado todo vínculo, por lo menos los permanentes. En su travesía ha conocido a personas y ha entablado vínculos, pero los ha dejado en el camino, ¿por qué? ¿ha tenido miedo de quedar sometido nuevamente a una lógica familiar?
Coincido respecto del análisis del circuito de la responsabilidad subjetiva, aun así me pregunto sobre si es realmente un acto ético o si con su decisión no ha hecho más que negar por vía de lo contrario aquello que fue prefijado para su destino.

Habría que pensar qué es lo que permanece fijo, qué es lo que lo sostiene y le da ese marco de referencia en el cual su yo se edifica, garantizando ese sentimiento de mismidad pero que al mismo tiempo permite la apertura hacia lo nuevo. En esta lucha interior entre los mandatos, ese destino prefijado, y lo propio del sujeto, aquello que produce, aquello que decide, se podría pensar que es el sujeto mismo el que se diluye. Queda tomado por esa decisión, consumido por la naturaleza.

Felicitaciones por el artículo!

Saludos,
Valeria



Mensaje de M Teresa Icart Isern (RN, MsPH, PhMD)  » 16 de agosto de 2014 » mticart@ub.edu 

El planteamiento vital de Christopher no es exclusivo de la adolescencia, podría y en muchos casos debería ser una constante en el desarrollo del ser humano. Siendo adultos, incluso ancianos, nos vemos enfrentados a realidades personales poco gratificantes o nada satisfactorias. La culpa al desobedecer al superyó y a una moral más o menos impuesta a través de una educación (domesticación) podría tener su contrapartida asumiendo el propio deseo de libertad y asumiendo la responsabilidad de la deciditr el camino a seguir. En mi opinión el análisis de Miguel Kunst es magnífico por su lucidez y acierto al interpretar esos tres momentos que marcan la vida del protagonista de Hacia Rutas Salvajes.



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Película:Hacia rutas salvajes

Titulo Original:Into the Wild

Director: Sean Penn

Año: 2007

Pais: Estados Unidos