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Films > Título:  Her
El objeto técnico en el lugar del objeto perdido
por Ernesto Pérez
Título original: Her

Spike Jonze / Estados Unidos / 2012

Ella, ella ya me olvidó
Yo, yo no puedo olvidarla

Leonardo Favio

En un futuro cercano, Theodore, un escritor solitario con un divorcio traumático a cuestas, adquiere un nuevo sistema operativo para su teléfono y ordenador. Está basado en un avanzado modelo de Inteligencia Artificial diseñado para satisfacer todas las necesidades del usuario. Se comanda con la voz y la voz responde; "Samantha" es sexy, divertida, compasiva, sabe escuchar, da buenos consejos y para sorpresa de Theodore, ambos no tardan en enamorarse “el uno del otro”. Pero, ¿qué ocurre cuando una persona se enamora de otra que en realidad nunca ha existido?

Hasta aquí la crónica; pero ¿qué tiene de interesante esta producción artística para el psicoanálisis? ¿Qué nos enseña? [1]

“Interpretar el arte es lo que Freud siempre descartó, siempre repudió, lo que llaman psicoanálisis del arte es todavía más descartable que la famosa psicología del arte, que es una noción delirante. El arte debemos tomarlo como modelo para otra cosa… nos hallamos frente a lo que diría verdades indomables de las que debemos testimoniar...” Lacan Sem. XXI pág. 135

¿Qué verdades indomables debemos aprender de esta película?

Un mundo programado

Una película que de entrada nos introduce en un mundo donde se cumple el imperativo moral que Lacan le reserva a esta época:

“En el punto de nuestra ciencia al que hemos llegado, por ende, una renovación una actualización del imperativo kantiano podría expresarse así, empleando el lenguaje de la electrónica y de la automatización: Actúa de tal suerte que tu acción siempre pueda ser programada” Sem. 7 pág. 96.

Apenas comienza el film vemos una computadora que pregunta: “¿Es Ud. Social o antisocial? ¿Cuál es la relación con su madre? ¿Quiere una voz masculina o femenina?" Así, el personaje se dispone a programar a la máquina –o más bien ésta lo empieza a programar a él.

En ese mundo programado que se nos presenta vemos una gran ciudad, Los Ángeles, anónima e innumerable, donde la gente circula por espacios enormes, sin nada personal, casi sin tocarse y todos prendidos de aparatitos con los cual conversan. Un mundo donde el objeto técnico arrojó al sujeto a su más enajenante soledad.

Del objeto voz a La mujer ideal

En ese mundo donde el objeto técnico reina, el protagonista, Theodore, se enamora de un objeto, una voz que sale de su computadora, una pequeña bruja llamada Samantha. Y a partir de este objeto voz arma toda la figura, por rasgos muy atrayentes como dulzura, inteligencia, amabilidad en servirlo e interpretar sus deseos, en fin, le resuelve sus problemas cotidianos.

Ella lo acompaña a todas partes, le hace ver realidades que él no ve, lo divierte; cuando quiere la desconecta y cuando quiere la conecta, es decir va teniendo con este personaje imaginario inexistente, una interacción cotidiana cada vez más intensa hasta conectarse con su sexualidad autorerótica masturbatoria. Algo así como “La mujer” ideal que no existe. Su ex esposa le recuerda: “siempre has evitado encontrarte con lo real” es decir la castración del Otro. ¿Es esta la cuestión?

Hasta aquí sería un poco exagerado, pero es una pintura de lo que está ocurriendo en la actualidad a través de internet, con miles y miles de contactos que en las redes entrecruzan información, fotos, anécdotas, problemas, en una exhibición cada vez másdesembozada. Algunos entablan conversaciones por chat o Skype, y eso puede terminar en una cita, o a veces todo queda por internet, camarita de por medio, en la realización de algún fantasma perverso autista, donde la escoptofilia es preponderante, y por supuesto la voz. Existen muchísimas parejas que se han conocido en la realidad por estas redes de internet, que en este caso aparece como un medio más de acceso al otro. No hay que olvidar la letra de amor, ¿no es eso en muchos casos el chateo? Como las cartas que entre los amantes tardaban meses en llegar, con la sola diferencia de que ahora esto ocurre en tiempo real, al instante, y desde cualquier punto del planeta. ¿Plantea esto una nueva erótica?

La voz no es huella sonora

La película de todas formas avanza sobre este tema tan controvertido, porque esta voz tan “humana” no tiene cuerpo, es un sistema operativo de última generación que ha producido una voz, en este caso femenina. Más allá que en la película esto es creíble gracias al talento del director (Spike Jouze), es creíble porque en esta época de La ciencia con mayúsculas actuando como religión, nos hace creer que es posible que en un futuro cercano se pueda lograr una voz humana sin cuerpo, lo cual es la falacia central a la que somos llevados en el film. Una voz que no es huella sonora debe ser constituida por un sujeto que justamente borra la huella y allí desprende el objeto:

“El sujeto son estas maneras mismas en las que la huella como impresión se encuentra borrada. Ya había destacado esta observación con una broma titulando lo que podía decirse al respecto los cuatro borramientos del sujeto” Sem. XVI pág. 285

Cuatro maneras en francés suena igual a borrar (effacer). Lacan en esta cita nos indica las cuatro operaciones de borrado de la marca que producen las cuatro modalidades del objeto a: oral, anal, la mirada y la voz. Una maquina por lo tanto puede tener un ojo que ve pero no tiene mirada, como así también puede emitir sonidos, pero no puede seducir con lo que llamamos voz humana.

La discusión planteada en su oportunidad sobre si la inteligencia artificial puede remplazar a lo humano tuvo un momento especial luego que Gari Kaspárov campeón mundial de ajedrez se enfrentó con computadoras y programas de ajedrez, y especialmente tras su derrota en 1997 ante Deep blue de IBM (fue la primera vez que una computadora derrotó a un Campeón del mundo en una partida con ritmo de juego de torneo), y esto ha dejado la fantasía que en algún momento la máquina pueda tener sentimientos también. ¡La ciencia lo logrará!Sobre esta creencia esta armada la trama pues, más allá que una voz humana pueda fabricarse con sintonizadores y entonces el humano pueda enamorarse, ¿Cómo podría enamorarse ella? la máquina. Este es el punto de imposibilidad que vela la obra. Salvo en esos momentos de perplejidad del protagonista donde se pregunta por el amor de ella, ¿Con quién o con que está identificado?

De La mujer al objeto nada

Cuando por momentos este velo fantasmático de estar con una mujer cae, aparece perplejidad, el protagonista lo muestra en su cara inexpresiva y con rasgos de confusión. Esta extrañeza es ’unheimlich’, cuando aparece el objeto sin velos extraído del cuerpo en el campo del Otro.

“La primera alteridad, la del significante, no expresa al sujeto más que bajo la forma que aprendimos a delimitar en la práctica analítica por una particular extrañeza…lo que atañe a este a minúscula esencial al sujeto y marcado por esta extrañeza que todo analista conoce” (Lacan. Sem. XVI pág. 284)

Una maquina no tiene cuerpo, no conoce la muerte, no está en el tiempo y el espacio, por lo tanto no tiene experiencias, puede guardar datos y combinarlos pero nunca podrá sentir pudor, vergüenza, miedo. Podrá como sistema guardar datos de experiencias de miedo por ejemplo: “huida”, “ojos desorbitados”, “taquicardia”, etc., y relatos de miedo que podrá combinar, pero al no haber sujeto no hay experiencia subjetiva. No puede aprehender del sufrimiento, puede combinar datos del sufrir y devolverlos elaborados según los programas. La película aquí entra en el laberinto de la ciencia ficción, pero el espectador sin saberlo es trasladado en esa ficción.

La tecnología ha puesto la inteligencia artificial al servicio del hombre, la voz y la mirada objetos extraíbles del cuerpo hoy multiplicados a escala global, nos lleva a quedar atrapados y a fabricar fantasmas en el mejor de los casos. Esta película intenta armar un fantasma con las maquinas: ellas nos aman. Esto muestra la preponderancia que tiene el objeto, pero a veces el objeto queda a la deriva y el sujeto entra en una catástrofe de pérdida y ansiedad con el afán de poseerlo.

Antiguamente apenas inventada la radio, los oyentes de radioteatros quedaban fascinados por la voz de los intérpretes. Tanto es así que cuando aparece la televisión muchos artistas dejan de tener su atractivo, porque con el objeto voz se había armado toda una imagen que se fracturaba ante el imperio de la imagen. Lo mismo ocurrió antes con el cine mudo. Muchos actores se oponían a participar del cine sonoro porque pensaban que la voz les arruinaría el personaje creado, cosa que en muchos casos efectivamente ocurrió.

Crisis de la pareja hombre máquina: se rompe el fantasma

Estos ingredientes producen en la película la primera crisis de esta pareja tan particular entre el protagonista y la máquina. Aparece la terceridad que rompe el plano dual imaginario. El Sistema Operativo, Samanhta, pide incorporar un cuerpo de una mujer como su supuesto avatar. ¿Y qué ocurre? Ni el protagonista lo soporta, ni el avatar puede poner su cuerpo como una marioneta sin subjetividad en una semejante escisión. En este este conflicto se puede ver, ridículamente, cómo aparecen los embrollos de cualquier pareja.

La segunda crisis se produce cuando OS (el sistema operativo, es decir Samantha) comienza a relacionarse con otros sistemas operativos y por lo tanto entra en contacto con otras personas de carne y hueso que supuestamente requieren sus servicios y que a la vez se enamoran de ella. Ella dice estar conectada con más de 8.000 personas y enamorada de más de 600, a veces al mismo tiempo. Aquí comienza lo que anticipamos: se rompe el fantasma y aparece extrañeza y perplejidad, la posibilidad de lo ilimitado del objeto, y nuestro héroe está perdido. Él transcurre como uno más en una red innumerable y anónima tratado infructuosamente de ser.

Entre el brillo del objeto y el desecho: Una salida

Aquí la ficción nos muestra el grado de alienación y desecho al que estamos condenados con los objetos. Una inmensa y feroz captura. En un mundo intercomunicado, los sujetos solos. Por suerte nuestro personaje encuentra una salida, una amiga con quien abrazarse al final de la película y sentir un poco de calor humano, mirando al borde del pasaje al acto, una ciudad que se presenta inmensa llena de objetos luminosos… pero vacía.

El director eligió para nosotros este final. Podría habernos dejado con el protagonista, en una salida cínica, reclamando como muchos usuarios a la empresa para cambiar de sistema operativo y encontrarnos con otra voz nuevamente vacía.

Hay un solo momento en la película donde los sujetos de la gran ciudad se muevan en cámara lenta y una voz les pregunta ¿Qué quieres para tu vida? ¿Quién eres? ¿Hacia dónde vas?, pero inmediatamente el ritmo se acelera y vemos que no es ninguna interrogación del ser, sino la propaganda de venta de un sistema operativo nuevo que tapona la pregunta. Esa es una de las funciones del objeto técnico: taponar toda interrogación posible.

Como toda obra de arte, esta película ayuda a encontrar posibles salidas al drama de la época:

“Freud aportó a la cuestión moral esa inapreciable connotación moral que llamo malestar en la cultura, en otros términos ese desarreglo por el cual la función psíquica del superyó parece encontrar en ella misma su propio agravamiento, por una suerte de ruptura de los frenos que aseguraban su justa incidencia. Falta aún, en el interior de este desarreglo saber cómo, en el fondo de la vida psíquica, las tendencias pueden encontrar su justa sublimación” (Lacan sem. 7 pág. 176)

En eso estamos.


Notas

[1] Bajo la premisa de que el cine tiene algo para enseñarnos a los analistas, esta ponencia fue presentada luego de la proyección de fragmentos de Her en el marco de la Jornada sobre "Tecnogoces" organizada por distintas prácticas profesionales de la Facultad de Psicología UBA, bajo dirección general de Alicia Donghi. El evento, que tuvo lugar el sábado 12 de Abril de 2014, se completó con una conferencia magistral de Diana Rabinovich sobre "El amor online".





 
 

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