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UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES

FACULTAD DE PSICOLOGÍA

Psicología, Ética y Derechos Humanos

Cátedra: I Fariña, Juan Jorge Michel

Alumna: German Rieber, Vanesa Mayra

Película trabajada: Héroe accidental

LU: 31.058.4700

Teléfonos: 155 760 4332 / 3 971 1601

Profesor: Noailles, Gervasio

Fecha: Segundo cuatrimestre del 2010

Comisión: 8

Comenzaré la instancia de evaluación, estableciendo una analogía entre la decisión tomada por Ibbieta, el personaje del cuento “El muro” de J.P. Sartre, y la decisión tomada por Bernie Laplante, personaje que he escogido de la película “Héroe accidental”, interpretado por el actor Dustin Hoffman, planteando de este modo un recorte situacional del personaje.
Ibbieta, en un primer momento lleva adelante una acción que supone que se agotará en sus fines: al verse interrogado por el oficial falangista acerca del paradero de Ramón Gris, decide hacer una jugarreta y dice: “en el cementerio”. En un segundo tiempo, el personaje de Sartre se verá interpelado sobre lo dicho. Esto sucede cuando se encuentra con García, quien le cuenta que habían matado a Gris en el cementerio. Ibbieta interroga “¿en el cementerio?”, y tiembla. Tiembla porque es despertado del sueño de su jugarreta. La misma ha tenido consecuencias inesperadas, y lo reenvía al tiempo uno, al tiempo de la acción que ya sucedió, para preguntarse por lo que hizo, por lo que dijo cuando hizo la jugarreta.
Bernie Laplante, protagonista de “Héroe accidental”, tiene problemas de dinero y próximamente será sentenciado por traficar cosas robadas. Está divorciado y tiene un hijo de 10 u 11 años. Había quedado con él en pasarlo a buscar por la casa de su madre, para llevarlo al cine por la noche. Azarosamente, esa noche hay una tormenta muy fuerte. A Bernie le falla el motor de su auto y se ve obligado a permanecer detenido en algún punto de su trayecto. Casualmente, por una coincidencia de espacio y tiempo, un avión aterriza forzosamente a metros de su auto, estrellándose contra el pavimento. En seguida comienza a incendiarse, y los pasajeros desesperados, gritan por ayuda. Bernie, perplejo y enfurecido por la situación, se acerca al avión, quitándose previamente sus zapatos de 100 dólares, para evitar que se mojen.
Esa noche, envuelto en lodo y hollín, Bernie rescata a todos los pasajeros de las llamas, entre ellos a una reconocida reportera del cana 4, Gale Gayley. Luego, sigue viaje, pero esta vez, con un solo zapato, ya que el otro se le había extraviado en medio del calvario. Llega tres horas tarde a la casa de su ex esposa para buscar a su hijo. Ella, enfadada lo echa y lo acusa de no responsabilizarse por nada. Luego, empuja su auto por las calles de la ciudad durante horas, hasta que, gracias al destino, un mendigo- John Bubber-, lo recoge. Bernie le cuenta a John su experiencia de la noche anterior y le da al mendigo el zapato que le quedaba, para que lo venda por un par de dólares.
Los medios de comunicación, han hallado el zapato extraviado de aquel héroe anónimo, e intrigados por la identidad de éste, ofrecen una recompensa de un millón de dólares a quien se presente completando el par. Bernie en ese momento es detenido por la policía, y ante el tribunal del juez, se da por enterado que ya han encontrado al “ángel del vuelvo 104”. Allí se percata que otro tomó su lugar: el mendigo, John Bubber, a quien le había cedido su zapato.
Es a partir de éste recorte que analizaré el circuito de responsabilidad, pero no me referiré a la responsabilidad moral, de las buenas o malas acciones, ni al sujeto-joya del discurso jurídico, dueño y señor de sus actos, consciente de lo que hace y dice. Me referiré al campo de la responsabilidad subjetiva, a la verdad del sujeto, a su deseo. A la responsabilidad que atañe al sujeto en relación con aquello que desconoce de sí mismo, es decir, a su relación con aquello que perteneciéndole, le es ajeno.
En un primer momento, al igual que Ibbieta, Bernie lleva adelante una acción: le da el zapato a John Bubber para que lo venda por unos dólares. Pero, esa acción, produce un exceso, un plus, que hace que el sujeto vuelva sobre la acción llevada acabo- darle su zapato al mendigo. Dicho acto conlleva un propósito inconsciente, una motivación oculta para el sujeto. En un segundo tiempo, así como Ibbieta se ve interpelado por la noticia que le da García, Bernie es interpelado por la noticia de que John Bubber ha tomado su lugar, que se ha presentado con su zapato, como aquel héroe que salvo a los pasajeros del vuelvo 104. Esto lo interpela, lo hace volver sobre lo hecho. Es allí donde se pone en marcha el circuito de la responsabilidad.
Una exculpación posible para Bernie podría ser la mala suerte de haber sido recogido por aquel mendigo, John Bubber, debido a que su auto se descompuso, justo esa noche. Allí podemos ver cómo el azar ha hecho su jugada. Se presentan, además, elementos de necesidad: Bernie Laplante es retenido en la cárcel, luego de ser capturado por la policía, debido a traficar tarjetas de crédito robadas. Por lo tanto, necesariamente debía permanecer allí, estaba imposibilitado de ocupar su lugar de héroe y cobrar su premio de un millón de dólares. Elementos de azar y de necesidad han intervenido, sin embargo, son elementos externos al sujeto. La responsabilidad se instala en la grieta que queda entre ambos. El sujeto aparece entre el azar y la necesidad.
La imagen de John Bubber en la televisión, como el héroe, como el “ángel del vuelo 104”, en su lugar y con su zapato, lo interpela, lo obliga a volver sobre un tiempo anterior para resignificarlo. La interpelación lo llama a responder, genera culpa, deuda, por la que hay que responder. No hay deseo sin culpa. La culpa obliga a retornar sobre la acción. ¿Cómo responde Laplante a esa interpelación?
En un primer momento, aparecen figuras de culpa. “Es un estúpido farsante, es un estúpido mendigo”. Responde bajo el modo de la negación y la proyección: el culpable es el otro, él no tiene nada que ver, no es responsable. Aquí la culpa no favorece el efecto sujeto. La culpa aparece anestesiada, por lo tanto no hay responsabilidad subjetiva. Es más fácil y menos doloroso para Bernie des-ligarse del asunto y no querer saber nada sobre ello.
Una vez liberado de la cárcel, luego de que su abogada, inspirada en la figura de “heroísmo” de John Bubber, pagara la fianza de veinticinco mil dólares, Bernie continúa con ésta línea de respuestas. Acude al hospital, donde sabe que hallará a Bubber para atacarlo: “farsante, quiero mi dinero, impostor, quiero mi zapato y mi dinero” El otro es el culpable, él no tiene nada que ver. Si el mendigo es el idiota y el impostor, entonces él no es responsable.
Sin embargo, hay algo inevitable: el episodio lo interpela, no es algo que sucede y nada más. La pregunta insiste. “¿Cómo llegué aquí?”, es un texto que se desliza en las paredes de la celda en la que se encuentra Bernie encerrado. Podríamos pensarla como uno de los cuestionamientos que se hará dentro del tiempo de la interpelación, ¿Qué hizo?, ¿Por qué le dio el zapato al mendigo?
Luego, en la película, puede verse un giro. Laplante se angustia, “estoy perdido” le dice a su amigo que atiende aquel bar. La interpelación lo lleva desde la culpa del otro, la idiotez del otro, al sentimiento inconsciente de culpa, cuya manifestación es lo inequívoco de la angustia. Finalmente, se puede observar una tercera respuesta a la interpelación: se responsabiliza moralmente, “Sé que soy un idiota, sé que fuiste buena esposa, metí la pata. Lo tenía todo y lo perdí. Quiero decirte que lo reconozco.”, son las palabras, teñidas de angustia y dolor, que le dice a su esposa desde un teléfono público antes de ir a prisión. En la respuesta culpógena, “metí la pata, yo soy el idiota, yo soy el culpable” se presenta una sustancialización de la culpa, el yo hace cuerpo en la culpa taponando y obturando la emergencia subjetiva. Se sabe culpable, sabe que esa acción de ceder su lugar, lo implica, le pertenece, pero el “yo” se desculpabiliza del deseo, aceptando la culpa moral de la metida de pata. No hay aquí, todavía, la implicación del sujeto con respecto a su acto, no hay aquí, aún, el efecto sujeto de la responsabilidad subjetiva.
Dije “aún”, porque hablaré de un tercer tiempo en el circuito de la responsabilidad subjetiva, de un tiempo en el cual aparece una dimensión ética, hablaré de una respuesta a la interpelación que implica la noción de acto en la que el sujeto se produce, una operatoria de suplementación. En los últimos minutos del film se muestra una escena en donde Bernie Laplante es interrogado “extra-oficialmente” por la periodista Gale Gayley, quien le pide que le diga la verdad, le pregunta si fue él quien le salvo la vida en aquel accidente de avión. Bernie nuevamente niega su verdad, su deseo de tomar aquel lugar, de hacerse cargo, y le dice que él no fue. Luego, aparece un flash televisivo en el cual su hijo le agradece a John Bubber por haber rescatado a su padre de la cornisa- de la cual minutos antes, éste último intentó quitarse la vida y fue rescatado por Bernie. Nuevamente, otro ocupa su lugar, nuevamente el héroe es otro, y la responsabilidad por su deseo inconsciente se halla ausente. Lo doloroso, lo que lo llena de impotencia, es que para su hijo el héroe es el otro. El título de la noticia insiste: Laplante rescatado por John Bubber. La periodista interviene, lo interpela: “Creo que hay que decirle a su hijo quién es su padre”. Bernie calla. Se produce un silencio, un silencio que permite el pasaje de ser creado a ser el creador, un pasaje de ser el rescatado, a ser el que rescata. Un instante, efímero, de despertar, en el cual se sale de la pereza de la existencia, en el cual se produce un gesto de ir más allá de los códigos del otro. Y nuevamente Gale lo intimada: “Extra-oficialmente, gracias por salvarme la vida”, Bernie responde, y aunque sean tan sólo dos palabras, es en ellas donde aparece la decantación del sujeto; donde se hace responsable de su deseo: “por nada”. Toma su lugar, lo asume y lo hace propio, le confiesa a su hijo quien en su padre, sabe hacer algo con eso. Se hace cargo de su deseo y se implica respecto de su acto.

Hipótesis clínica
La interpelación, el llamado a responder, convoca al sujeto de la palabra, más allá de lo que el “yo” querría responder. Funda, abre otro andarivel: el de la dimensión deseante. Un andarivel universal-singular que suplementa el tiempo uno y el tiempo dos, tiempos en los cuales se duerme en los signos de un guión ajeno.
¿Por qué la acción de darle su zapato al mendigo lo interpela? , ¿Cuál es su responsabilidad allí?
Bernie Laplante lleva a cabo una acción, rescata los pasajeros del vuelo 104, luego le regala su único zapato, su evidencia de héroe, a un desconocido, quien en un segundo tiempo, se presenta en su lugar como el héroe, como el ángel del vuelo 104. Esto lo interpela, ¿Por qué? La película nos da algunos indicios. Al comienzo, Bernie le confiesa a su compañero del bar su anhelo de pequeño, convertirse en un “heroico ser humano”, “Cuando eres niño crees que vas a crecer y a convertirte en una persona estupenda, en lugar de un idiota como todo el mundo. Cuando yo era un niño, creí que iba a ser un fantástico, maravilloso y heroico ser humano.” En su discurso se presentan dos lugares, por un lado, el lugar del “heroico ser humano” y por el otro, el lugar del “idiota como todo el mundo”. Luego, conocemos un poco de su intimidad, está divorciado y su ex-esposa ha quitado su portarretrato de la chimenea, como héroe de Vietnam, por el portarretrato de Eliot, su actual pareja, con su traje de bombero junto al hijo. Su lugar de padre, de esposo y su lugar de héroe ha sido desplazado, no sabemos cómo, ni por qué, pero eso que le ocurre lo implica, le pertenece. El mendigo ocupando su lugar de héroe con su zapato lo interpela, lo obliga a retrotraerse sobre su vida, sobre sus elecciones anteriores, sobre el lugar que ocupa para su hijo y para su mujer. Lo obliga a volver sobre su posición de padre, sobre todo lo que ha perdido y ha cedido. ¿A quién le dio su zapato?, a Eliot, al mendigo, ¿Por qué no asume su lugar?, ¿dónde ha quedado su deseo de ser un heroico ser humano?
La imagen de John Bubber explicita que Bernie ha cedido su lugar, que Bernie ha quedado del lado del idiota, del lado del farsante. Lo interpela porque ha perdido el crédito de su hijo, de su ex mujer y de él mismo.

Bibliografía
• Mosca, J.C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
• Salomone, G.Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
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• Ariel, A.: La responsabilidad ante el aborto. Ficha de cátedra. Mimeo. Publicado en la página Web de la cátedra.
• Salomone, G.Z.: Consideraciones sobre la Ética Profesional: dimensión clínica y campo deontológico-jurídico. En La Transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006
• Michel Fariña, J. (1998). Lo universal-singular como horizonte de la ética. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.



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