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CARRERA: LICENCIATURA EN PSICOLOGIA

Psicología, Ética y Derechos Humanos
Cátedra Michel Fariña

Segundo Parcial

“Historias mínimas”

Docente de TP: Gabriela Mercadal (Comisión 15)
Alumna: Mariela Paula Nieto (LU: 245917600)
E- mail: nietomariela@hotmail.com

Noviembre de 2009

“Historias mínimas”

Mariela

Historias mínimas

1-Escenarios

Fitz Roy, pueblo de la Patagonia Argentina. Llanuras áridas y rutas casi desiertas. Un hotel, algunas casitas lejanas. Una fotografía: el frente del Ramos Generales California, un almacén, un parador en la ruta, parte delantera de antigua casa donde viven Don Justo, su hijo Carlos y su nuera. Un lugar sin movimiento, sólo el sonido algunos camiones y micros que pasan cada tanto y la televisión siempre encendida al máximo.
Un acontecimiento que rompe la rutina: María Flores ha sido elegida para participar en el programa “Casino multicolor” en San Julián.
Tres historias cruzadas por el azar, tres personajes que viajan a San Julián: un viajante de comercio que busca la mejor torta para el hijo de una viuda a la quiere conquistar, la de María que va con su bebé a concursar y la de Don Justo, un viejito que va a buscar a su perro.

Intentamos contar un fragmento de la historia de Don Justo para pensar el circuito (o cortocircuito) de la responsabilidad subjetiva, entre la necesidad y el azar, y el Sujeto del Deseo. Un sujeto nunca del todo realizado, un sujeto que es siendo.

¿Cuál es la historia de Don Justo?. Algún espectador podría decir: Un viejito entrañable, que hace reír a los chicos con sus movimientos de orejas, que sale a buscar al perrito que le perdió hace tres años. Encaprichado con encontrarlo, engaña a su familia, se escapa de su casa y emprende un viaje por las rutas patagónicas.

¿Qué sabemos de la vida de Don Justo?
La primera escena nos lo presenta en un examen de la vista. Cada pregunta por el reconocimiento de una letra es seguida por un desacierto
- “Lo siento, abuelo.
- Pero, doctor, yo nunca salgo a la ruta, doctor.
(El doctor suspira mueve la cabeza con un gesto que denota hartazgo)

- El registro lo quiero para andar en el pueblo nada más. A mi edad, ¿ (qué cóm)...qué voy a hacer doctor?”

No sale del pueblo en el cual vive hace 50 vive, es dueño de Ramos Generales California, que ahora atiende su hijo. Permanece sentado en la puerta de la casa, en una parecita, al lado de un gran sofá, mateando, mirando el horizonte, eventualmente haciendo reír a los chicos con sus movimientos de orejas y conversando con algún camionero o chofer que para en la tienda.
Un día, baja un hombre de un micro y, mientras se toma el mate que Don Justo le convida, le da una noticia como al pasar:

(Mirando las zapatillas azules y naranjas de Don Justo, sonríe y le dice irónicamente:

“-Eh, ¿qué pasa, Don Justo?, ¿piensa escalar el cerro?
- Y son de andinista, me las regalaron unos holandeses.
- ¿A que no adivina a quién vi?
- ¿A quién?
- Al Malacara
- ¿Qué Malacara?
- ¿Su perro no se llama Malacara?
- Sí
- Se perdió hace bastante, ¿no?
- Unos tres años...
- Está en San Julián.
La cara de Don Justo se transforma, adquiere una expresión grave:
- ¿En San Julián?
- Sí, yo lo vi, está en un campamento de vialidad en las afueras de la ciudad.
- Sí, está igualito, lo reconocí al instante. Bueno, Don Justo, me voy..gracias por el mate.

Don Justo mira fijo hacia el horizonte y baja la cabeza. Su expresión es otra.
La tarde va cayendo y vemos a Don Justo en la misma posición, con la mirada todavía más grave, como si algo lo inquietara; expresión extraña, mezcla de incomprensión, de miedo(10:25”) Expresión que, sin duda, dice mucho más que las palabras que intentan

describirla. De fondo, escuchamos los gritos de Carlos, su hijo que está arreglando la antena. De pronto, Don Justo se para firme, se adelanta dos pasos y mueve los labios como si quisiera decir algo, sin cambiar el foco de su mirada. Su hijo, al verlo desde el techo de la casa le pregunta:

-¿Qué pasa, papá? ¿Quiere ir al baño?
Don Justo, se da vuelta y le dice enérgicamente :
- No (su mirada es cada vez más seria y grave y su voz es firme)
- Bueno, siéntese que va a cansar
- Voy a ir a San Julián.
- ¿Qué?
- Tengo que ir a San Julián.
¿Y que va ir a hacer a San Julián?
- Pasó González y me dijo que vio al Malacara.
- Al Malacara, ¿ese perro de mierda?
- Sí
¿Y?(pregunta su hijo sin mirarlo, mientras sigue arreglando la antena)
- Que tengo que ir a buscarlo.

El hijo deja de hacer lo que estaba haciendo, lo mira, se agacha, apoya sus manos sobre los muslos y lo increpa, gritando:

- Diga una cosa papá, ¿usted se volvió loco? (hace el gesto de locura con la oscilación de la mano)¿eh?¿Cómo se va a ir hasta San Julián si usted no puede ir ni al baño solo?

Don Justo lo mira, con un gesto de extrañeza (expresión propia del no entender, de estar en presencia de algo extraño, desconocido) baja la cabeza y vuelve a repetir el gesto
.
-Vaya siéntese y tome mate, ¿sí?

Don Justo, que siempre permanecía sentado en el umbral de la puerta, camina varios metros y se para lejos de la entrada de la casa. Se queda allí, apoyado en una rueda.

Presenciamos un cambio gradual de la posición del cuerpo, de la voz, de la mirada; un distanciamiento físico, desde ese primer pararse hasta el alejamiento de la puerta de la casa. Ahora está parado más cerca de la ruta.
Desde el interior de la casa, la nuera lo observa mientras cocina y le dice a su marido:

- ¿Qué le anda pasando a tu papá?, está raro…hace media como media hora que está ahí parado.
- No, no está raro, está loco.
- ¿Te dijo algo? (sigue batiendo)
- Sí, que quiere ir a Puerto San Julián (mientras arregla la TV)
- ¿A qué?
- Parece que apareció el Malacara.
- El Malacara, ¿apareció el perro?
- Qué va a aparecer
- Y vos qué le dijiste?
- Nada, que estaba loco

Durante la cena:
- “Bueno, bueno, bueno, ahora viene lo mejor (La mujer trae una fuente con asado) Doradito como a vos te gusta”(añade otros comentarios que muestran cierta posición sumisa de la mujer frente a su marido)Don Justo empieza a cortar la comida. La nuera, que todavía no sentó a la mesa, lo mira.
-“Deje que yo le corto
Don Justo le dice, con énfasis, elevando el tono de la voz.
-“Dejá que yo puedo cortarlo”
(La mujer le corta la carne)
La pareja enfrentada en la mesa; en la cabecera, Don Justo. El clima de la escena parece opresivo: Comen y casi no entrecruzan miradas (Carlos no pudo arreglar la antena del televisor) Don Justo conserva su “nueva” mirada, lejana, que cada tanto retorna a la familia.

- ¿Qué le anda pasando Don Justo?- pregunta la nuera
- Nada
<Vamos, no me engañe que yo a usted lo conozco” (...)

Don Justo parece dudar y finalmente, le cuenta:
- Es que hoy pasó González y me dijo que estaba el Malacara en San Julián
- Papá, ya le dije que ese perro no es el Malacara
Responde Don Justo:
- Sí, y si fuera sería lo mismo. (sonríe) Hoy le dije a Carlos que quería ir a buscarlo. No sé qué me pasó por la cabeza.(sonríe)
- Ya le dije, papá que San Julián queda lejísimo
- Y, me estaré poniendo viejo (sonríe)
El hijo y la nuera le responden con una sonrisa complaciente.

Estos primeros recortes nos permiten pensar en la estructura familiar del personaje y la posición del sujeto dentro de ella. El clima familiar, las miradas recuerdan al sentimiento de lo ominoso descrito por Freud: “Lo ominoso es aquella variedad de lo terrorífico que se remonta a lo consabido de antiguo, a lo familiar desde hace largo tiempo... particular matiz de lo terrorífico” . En la lengua griega, alude a lo ajeno, lo extraño; en la nuestra a lo sospechoso, a lo lúgubre, a lo siniestro. En la lengua de Freud, hace referencia a lo perteneciente a la casa, a la familia, o que se considera perteneciente a ellas, los que conviven en la casa. Según el autor, la palabra ominoso pertenece a dos círculos de representaciones: lo familiar y agradable y lo clandestino, lo que se mantiene oculto. En la escena anterior podemos ver esas dos caras: la mesa familiar, la comida caliente, la mujer que “protege” al anciano y “atiende” al marido. La mujer que ofrece un lugar para la palabra del abuelo, el abuelo que empieza a contar lo que le pasa. Al mismo tiempo, la distancia entre los sujetos, las miradas de desconfianza, la sospecha, lo que se piensa y no se dice, lo que se dice pero no se sabe; lo que hay que ocultar a los otros y lo que está oculto para el propio sujeto. Sentimiento de lo ominoso recíproco: Don Justo, ahora extraño para la familia, y la familia parece adquirir este rasgo siniestro. Lo más familiar se vuelve lo más extraño, lo más ajeno.

Rastreemos, hasta aquí, cómo es ubicado Don Justo en el discurso familiar, a partir de los siguientes frases:

• Frente al pararse de Don Justo: ¿Qué pasa, papá? ¿Quiere ir al baño?
• siéntese que va a cansar
• usted no puede ir ni al baño solo
• Vaya siéntese y tome mate
• Deje que yo le corto.
• Diga una cosa papá, ¿usted se volvió loco?
• no está raro, está loco.
• No me engañe que yo a usted lo conozco

Podríamos preguntarnos qué significa “estar raro”, “estar loco” en la lógica del discurso familiar. El primer ¿qué le pasa, papá? parece ser una respuesta a un simple ponerse de pie, gesto de sorpresa frente una nimia transformación de un elemento de la escenografía de la fachada de “Ramos Generales California”. Una reacción ante un movimiento no previsto de un sujeto; algo que está fuera de lugar que se reordena con un “¿Quiere ir al baño?” Podría ser leído: “para lo único que se mueve es para ir al baño”. Esta extrañeza adquiere carácter de locura cuando Don Justo dice que va a/tiene que ir a San Julián. Y, otra vez, intenta reubicarlo “¿cómo va irse a San Julián si usted usted no puede ir ni al baño solo?”

En el guión de los otros, Don Justo es escrito en un lugar de dependencia, que recuerda al estado de devalimiento del niño, que necesita de Otro auxiliar, un estado de indiferenciación yo- no yo. Un estado de dependencia absoluta que, al tratarse de un adulto, dibuja una posición subjetiva que corresponde al concepto de Winnicott de acatamiento: “se reconoce el mundo y sus detalles pero sólo como algo en que es preciso encajar o que exige adaptación” . El acatamiento como una “forma de vivir en el mundo que implica un sentimiento de inutilidad en el individuo” , vinculada con la idea de que nada importa y que la vida no es digna de ser vivida. Acatamiento como figura opuesta a la creatividad, la cual corresponde a la condición de estar vivo. Dominación, sometimiento al otro y alineación que taponan lo propiamente humano, que van en contra del despliegue de lo universal singular.

¿Qué es un “estar raro” para esa familia?:“Está parado ahí hace como media hora”- dice la nuera. Nuevamente, una minucia, el movimiento mínimo, el detalle no esperable: un gesto, un lugar donde pararse no anticipable dentro del orden familiar;
una diferencia en la posición del cuerpo no prevista que oculta algo: “No me engañe que yo a usted lo conozco”, le dice la nuera a Don Justo, en un tono “tierno”. Cuando él comienza a decir, interrumpe la voz de su hijo desaprobándolo. Es ahí cuando Don Justo actúa (en el sentido de dramatización, de representación actoral, de hacer “como si”) La gravedad de su expresión da lugar a algunas sonrisas forzadas y les responde a los otros con un engaño: “si fuera (Malacara) sería lo mismo.. Hoy le dije a Carlos que quería ir a buscarlo. No sé qué me pasó por la cabeza..Y... me estaré poniendo viejo”. El hijo y la nuera parecen tranquilizarse, le responden con una sonrisa aliviada. Todo parece haber vuelto a la calma. Don Justo les devuelve la imagen que ellos insisten en proyectar sobre él. Un discurso que nos hace retornar a nosotros a la palabra (respuesta) del sujeto frente al médico que no quiere aprobar el examen de la vista que lo habilitaría para conducir: “A mi edad ¿qué (cóm..) qué puedo hacer?
Pero esta vez, algo parece haber cambiado, tenemos la impresión que los fragmentos del guión ajeno se apropian, se agencian, para hacerlos funcionar en un texto propio.

2-Umbrales

“Cuando yo soy silencio, cuando no soy ni la palabra que me nombra, ni el grito que me calla, ni la mano que me acaricia, ni el pan que me alimenta, ni el destino que me contaron. Cuando yo no soy todo eso, yo soy silencio”

Don Justo acostado en su cama, con el torso desnudo, mirando el techo; la mirada y el silencio grave que se habían iniciado después de la noticia se vuelven más densos. Se sienta al borde de la cama, piensa, mira las botas de alpinista, se las pone y abre la puerta. Silencio ruidoso que no llega a despertar a la familia: la puerta sin aceite que chilla, el ruido del choque de las tiras metálicas de las cortinas que atraviesa Don

Justo; la caja registradora, el abrir la cajita musical donde se guarda el dinero (abierta una vez dentro de la casa y, por segunda vez, en los umbrales de la misma). Lo
ominoso de la noche, de la calma, de la soledad. Don Justo se aleja con su equipo de mate al hombro, dejando atrás el viejo sillón y el almacén. Afuera no hay movimiento, sólo la ruta desierta y un horizonte que cambió de color. Empieza la travesía.
Don Justo camina por la ruta y un auto retrocede cuando lo ve. Es una mujer joven que se ofrece a llevarlo. Don Justo se niega aduciendo que un camionero amigo lo va a recoger. Finalmente, acepta y se sube al auto. Recortamos un diálogo de una primer parada en una estación de servicio:

Qué va a ser a San Julián?
- Nada
- (...) ¿Anda paseando, visitando?
- Mato el tiempo (baja y mueve la cabeza)
- Mato mucho, eh (ríe)
- Bastante
(La mujer le cuenta que es bióloga molecular y le dice el objetivo de su viaje: pensar si irse o quedarse del país.)

Interesan estos fragmentos porque son palabras que dan texto a algo que se quiere ocultar, en este caso, el objetivo del viaje, y nos dejan oír algo de lo no sabido para el sujeto. En la mentira improvisada, el sujeto dice lo primero que se le ocurre, ya que un detenimiento o una duda lo delataría como impostor. Ante la pregunta de Julia, que deja dos respuestas posibles servidas (paseando o visitando), él contesta “Mato el tiempo”. Pensemos la frase en términos generales: Si un sujeto es ser en el tiempo, si es ser siendo, matar el tiempo se podría entender como un borramiento, una aniquilación del sujeto. ¿Qué está juego del deseo singular del personaje en esa ocurrencia? ¿Y qué se dice en ese chiste “inocente” de la bióloga? ¿No sería un “usted ya está viejo”? Otra ocurrencia de Don Justo para ocultar su objetivo a un empleado de la estación que lo reconoce: “Voy a pagar el monotributo” (González le había dicho: “vengo de pagar el monotributo”) Don Justo no entiende la palabra monotributo, pero la usa dentro la ocurrencia. Podría leerse como un “voy a pagar algo (no sé lo que es) que necesariamente se paga en San Julián. Lejos estamos de

pensar que las elecciones de estas palabras son obra del azar. Un sujeto que habla y es responsable de lo que dice.

En el viaje en auto, Don Justo le pregunta:

- ¿Qué hacen los biólogos?
- Estudian la vida
- ¿La vida?¿La vida de las personas?
- Las personas, los animales, las plantas.
- Los animales, por ejemplo los perros...¿entienden? (...)Eso, si entienden las cosas... Yo quiero saber si un perro entiende cuando está bien o está mal.
- Sí, claro, los animales entienden perfectamente lo que está bien y lo que está mal.
- ¿Así que para usted un perro entiende que está mal?
- Sí, creo que sí
(...) Don Justo cuenta:
- Pasó González y me dijo que vio a Malacara, mi perro, en San Julián
- Qué se perdió hace mucho?
- No se perdió (largo silencio) se fue
Al instante siguiente el hombre baja la cabeza
- ¿Qué le pasa? ¿Se siente mal?
Don Justo apoya la cabeza en el asiento, cierra los ojos y empieza a respirar con dificultad.
- Estoy bien
- Necesita aire, me parece

La mujer lo lleva a la salita y la médica le dice que no se puede ir, que tiene baja la presión.
“No puedo quedarme, me tengo que ir...tengo que irme” Don Justo da una identidad falsa: Juan Pérez. La bióloga le dice: “Bueno, yo me tengo que ir, tengo que seguir viaje, no puedo quedarme”

Entra un comerciante que lo reconoce:
-¿Qué hace acá? ¿Qué le pasa? (...)
- ¿Se acuerda de mí? soy Roberto
- Usted me confunde con otro
¿Usted no es el que mueve las orejas?
- Yo no muevo nada

(La enfermera le dice a continuación que su hijo está viniendo, que lo espere. Don Justo se escapa cuando nadie lo ve)

Nuevamente, la ocurrencia, ahora para ocultar su identidad: Un nombre falso y una respuesta a una pregunta cerrada que podía haber sido contestada con un simple “no”. Sin embargo, Don Justo responde: “Yo no muevo nada”

............

Don Justo en una estación de servicio cercana. Minutos después entra el hombre que había visto en la salita. Le mueve las orejas cuando lo ve, le pregunta por el tobillo (el comerciante había usado esa excusa para tener sexo con una médica del lugar) “Ah, Ahora me reconoce, a lo cual Don Justo responde: “La memoria es lo que pienso llevarme a la tumba”. Frase y situación que nos lleva a la escena de la noticia, donde el nombre Malacara parecía haber caído en el olvido.

El hombre se ofrece a llevarlo y le pregunta:

- ¿Usted está muy apurado?
- No, yo no tengo ningún apuro. Si llega a ver a mi hijo, dígale que no estoy acá.

3-“Ese perro es el único que sabe quién soy yo”

“Es posible que mañana yo muera, y en la tierra no quedará nadie que me haya comprendido por completo. Unos me considerarán peor y otros mejor de lo que soy. Algunos dirán que era una buena persona; otros, que era un canalla. Pero las dos opiniones serán igualmente equivocadas.” Mijail I Lermontov

Don Justo llega al campamento de vialidad donde le dijeron que estaba el perro. Se está haciendo de noche y lo invitan a quedarse. En el galpón hay clima de fiesta: los hombres comen asado, ríen, cantan y tocan chamamés. Dice Don Fermín:

- “Le voy a presentar a mis amigos. Somos todos de Corrientes, hace dos años que estamos trabajando acá. Ey, paren, muchachos (los hombres paran de tocar) y se paran a darle la mano a Don Justo. Un chamamecito para Don Justo (empiezan a cantar, Fermín le sirve vino)
¿Así que anda buscando al perro que tiene Losa?
- Me dijeron que ese perro es mío y lo voy a buscar
(...)
- ¿Y estos que es borceguíes? ¿Para escalar?
- Son de andinista, con éstos se puede ir a cualquier parte. Me los regalaron unos holandeses que pasaron por la tienda
(...)
- Parece que viene alguien
- Si es mi hijo, no estoy
- ¿Qué pasa? ¿Se anda escapando?
- No, mi hijo no quería que viniera a buscar al perro
- No le dé bola. ¡Vamos, salud! (...)
- ¿Qué tiene el perro, digo, que venga de tan lejos para buscarlo?
- Lo tengo de chiquito
- ¿Se le perdió?
- No, se me fue
- ¿Se fue?
- ¿Por su cuenta?
- Por su cuenta
- A ver, cuénteme cómo fue el asunto.
(Lo mira unos segundos, con expresión de duda)
- Cuénteme, abuelo
- Hace unos tres años, vino un comisario nuevo a Fitz Roy...no tenía nada que hacer en Fitz Roy, entonces decidió llamar a para todos los que manejaban y pedirles un

Registro, entonces me tuve que ir a Deseado a sacarlo, como el viaje era largo, me lleve a Malacara para que me acompañe. Cuando llegué me hicieron leer letras chiquitas que apenas se veían. Cuando volvía de regreso, el sol me daba en la cara, no me dejaba ver, me cegaba y de repente me llevo uno por delante....No lo vi....Me abataté y lo dejé tirado.... en la ruta.

- Qué va a ser, a veces el destino.
Entonces, ahí Malacara, ahí fue donde se enojó.... aulló toda la noche y a la mañana ya no estaba.
(...)
- ¿No quiere descansar?
- No
(..)
En la cama de la casilla, acostado, mirando el techo,..le dice a Fermín.
- “Ese perro se fue por lo que hice. Yo vi cómo me miraba
- No puede ser, es un perro nada más
- Ese perro es el único que sabe quién soy yo
- Descanse, abuelo, que mañana vamos a ver a Losa, a ver si le perdona el perro.

En las palabras de Fermín, una desreponsabilización de Don Justo, una invocación a la necesidad; no podemos dejar de leer el doble sentido de la última frase por el leísmo litoraleño: perdonar como devolución, restitución y absolución.

4- El circuito de la responsabilidad

Para trazar el circuito de la responsabilidad del sujeto, partimos de un Tiempo Lógico 2, tiempo donde algo del universo particular del personaje se agrieta, donde podemos ubicar un quiebre en el personaje, un momento propiciador de la emergencia de lo singular. Situamos este tiempo en la noticia que recibe Don Justo: Alguien (González) vio al Malacara. Lo primero que pregunta Don Justo es “¿Qué Malacara?”, como si el perro ya no existiera para él, como si hubiera sido “borrado” de su memoria. La frase “(El Malacara) ESTÁ en San Julián”- que podríamos formular como Malacara está vivo- parece ser el elemento externo, indicador de algo que ha quedado abierto en un tiempo anterior. Si esto fuera un análisis de una obra literaria o una viñeta clínica,

seguramente, ubicaríamos este tiempo 2, en un momento posterior, en la palabra del propio sujeto, pero se considera aquí la fuerza y la elocuencia de la imagen cinematográfica: el cuerpo, el movimiento del personaje, los matices de la mirada, los cambios de posición. Podríamos pensar que el director, con la elección de los planos
de imagen y sonido, con el detenerse en algunos detalles, nos entrega una primera lectura. La noticia interpela al sujeto, pone en marcha el circuito de la responsabilidad. Luego, la culpa “ob-liga” a una respuesta a la interpelación. La culpa hace que se retorne a la acción del tiempo 1, acción por la que debe responder, deuda que habla, como sostiene Mosca, de un sujeto en déficit. Don Justo dice: “Voy a pagar a San Julián” “Tengo que ir”. “No puedo quedarme”

En el tiempo 1, ubicamos un IRSE, una acción determinada que se supone agotada para los fines que se realizó. El Irse de Don Justo, después de llevarse por delante a un hombre. En un primer andarivel del sujeto moral o jurídico, podemos inferir los objetivos de esta acción: evitar el castigo en cualquiera de sus formas. Se puede pensar en una elección de tipo binaria: un quedarse o irse- ser castigado o absuelto, propia de un sujeto jurídico que calcula los pro y los contra de una decisión ligada a un particularismo, la herencia y la pertenencia.
La acción del tiempo 1, si bien no se confunde u homologa con el universo previo del personaje, se realiza en concordancia con el universo del discurso del personaje. Este mundo, tal como se vio anteriormente, está regido por el sometimiento y la alineación, y dentro de él, un individuo que sigue al pie de la letra un guión escrito por otros. Un sujeto sometido al Otro, obediente, irresponsable como un niño.

Como dijimos, tiempo 2 resignifica el primer tiempo. La culpa ante el IRSE, nos presenta un sujeto interpelado, llamado a responder; marca un punto de inconsistencia en la acción anterior, cobra un sentido para el sujeto. ¿Cuál es la respuesta ante la interpelación? Don Justo se responsabiliza moralmente: “los perros entienden lo que está mal” “No se perdió, se fue” “Se enojó” “Se fue por lo que hice”.MALACARA ESTÁ VIVO hace retornar a su Irse del primer tiempo y, al mismo tiempo le da significado al IRSE de Malacara, mediante la atribución de una voluntad judicativa al animal. Si antes había sido un simple “se perdió”, ahora es un “se fue para castigarme”. Podríamos pensar en mecanismos de identificación y proyección- o identificación proyectiva- que se ponen en juego. El sujeto envía fuera la imagen de lo

existe en él de forma intolerable; proyección como desconocimiento que tiene como contracara el reconocimiento de lo que desconoce de sí en Malacara. Se expulsa
aquello que se rechaza, volviéndolo a encontrar en el animal. Podría pensarse que con el irse del animal, habría sido negado el hecho. La noticia de la existencia de Malacara le exige una respuesta, a partir de la culpa que muestra, velando, algo de la verdad de ese sujeto.
Hay un punto que nos parece significativo: ¿Cómo y cuándo se pone en palabras aquello que empieza a perturbar al sujeto? ¿Cuándo se nombra la culpa?
Brevemente, podríamos señalar:
1- Charla con González:
¿Se perdió hace tiempo?/ Hace unos tres años (ni siquiera se hace mención al irse como acto voluntario del perro)
2- Charla con la familia: González vio al Malacara
3- Charla con la bióloga: No se perdió... se fue (seguido por un mareo de baja presión no lo deja relatar más)
4- En el Galpón de vialidad: “Se me fue” “Se fue por lo que hice”.

No parece casual la “confesión” en este contexto. Cuando llega Don Justo, Fermín hace callar a los músicos con un grito y lo presenta; pide un “chamamecito” para él. Más tarde, le dice “cuénteme, abuelo....cuénteme” El lugar que se le otorga a Don Justo en este contexto parece ser propiciador de la palabra de un sujeto silenciado.

Podemos reconstruir la historia que cuenta Don Justo:

1-La entrada de la ley que le prohíbe conducir (recordemos que el quería el registro sólo para andar en el pueblo. A mi edad ¿qué voy a hacer?)
2- Retorno a su pueblo conduciendo (por fuera de la ley)

3- El llevarse por delante a “uno” (no sabemos si lo mató, no sabemos si era un hombre)
4- El irse de la escena.

Si tenemos en cuenta la estructura familiar descrita y la posición del sujeto dentro de ella, la prohibición de conducir, el límite de la ley, adquiere otro significado. Cuando el relata su primera acción, toma como punto de partida el examen de la vista:

“me hicieron leer letras chiquitas que apenas se veían. Cuando volvía de regreso, el sol me daba en la cara, no me dejaba ver, me cegaba y de repente me llevo uno por delante.”

Podríamos leer un encadenamiento causal:

- Tiene que ir al examen (por un capricho de un comisario que “no tenía nada que hacer”)
- Lo obligan a leer letras que no se ven
- El sol no lo deja ver (“me cegaba”)
- No lo ve (a ese “uno”)

Las causas de la acción son ubicadas por fuera del sujeto; la acción se transforma para él en un accidente; el sujeto se desculpabiliza y desrenponsabiliza de la supuesta muerte: como si el azar hubiera querido que llegara un comisario, que él tuviera que viajar, que el sol lo cegara. (o la necesidad, “el destino” en la lectura de Don Fermín) Lo que aquí está en juego, lo que aparece como elemento disonante para el sujeto es el “Irse”, el dejar tirado al supuesto muerto. Evalúa la acción y proyecta su autocrítica en Malacara.

Ahora, bien ¿De qué es responsable el sujeto? ¿Cómo se liga el “Malacara está vivo” y el Irse del primer tiempo? ¿Qué vuelve a buscar en San Julián? ¿Qué es ese “no sé que me pasó por la cabeza” en la decisión de emprender la búsqueda?
Entre el irse y el estar, podemos situar el deseo de SALIRSE, de CORRERSE de una posición de pasividad, de acatamiento, de adaptación absoluta.

Podemos ver cómo ese deseo emerge en las ocurrencias (entre significantes) cuando el quiere ocultar su identidad o su objetivo: En el texto que construye para dar una falsa identidad: ME ESTARÉ VOLVIENDO VIEJO-YO NO MUEVO NADA-MATO EL TIEMPO.

En relación al discurso de los otros:

DON JUSTO LA FAMILIA

MI PERRO............................................................................. ESE PERRO DE MIERDA
EL ÚNICO QUE ME CONOCE.....................NO ME ENGAÑE QUE YO LO CONOZCO
VOY A IR- TENGO QUE IR-...........................................................................SIÉNTESE
NO PUEDO QUEDARME.............................................................................DESCANSE
NO TENGO NINGÚN APURO..............................................SAN JULIÁN ES LEJÍSIMO
CON ESTOS SE PUEDE IR A CUALQUIER LADO..NO PUEDE IR NI AL BAÑO SOLO

Entre estas frases, podríamos situar el deseo de MOVER algo más que las orejas, de conmover algo de ese universo ominoso que lo nombra, que le otorga una posición inerte, salirse de un guión que lo ubica en una posición infantil de dependencia absoluta.
El objetivo manifiesto de la decisión de emprender el viaje es encontrar a Malacara. No obstante, escuchamos que le dice al viajante de comercio “No tengo apuro” Parece no haber urgencia por llegar al lugar donde está el perro, pero sí por salir del lugar donde está la familia. Se niega en principio a que la bióloga lo lleve; no tiene problemas en esperar horas hasta que algún caminero lo recoja o caminar solo en la ruta. No obstante, dice enfáticamente “no me puedo quedar”, a la enfermera de la salita, donde podría encontrarlo su hijo y se escapa de allí cuando se entera que su hijo sabe que está allí. Parece diluirse el objetivo manifiesto del viaje y adquirir un sentido propio el viajar mismo.

¿Dónde ubicamos el Tiempo 3?
Aquí surge una dificultad metodológica. Un tiempo 3 es definido como momento de responsabilidad subjetiva, aquella que se configura alrededor de un sujeto del

inconsciente. Dice Ariel: “El tiempo 1 y 2 son todavía tiempos de dormir en los signos de un guión ajeno. Un circuito que se cierra en sí mismo, mientras que el tiempo 3 es
un tiempo que abre otro tiempo” .Decisión por fuera de la moral, del bien o del mal, de la pertenencia, de la creencia, de la familia y de la propia neurosis. Es el tiempo de un acto creador, creacionista, creativo, en soledad, sin socios. Acto performativo de un sujeto, que crea un “sujeto de la renuncia, que puede sustraerse a dormir en los signos de un guión ajeno, creyéndolo propio”
¿Pero, es el viaje mismo el tiempo 3? ¿Se hace responsable el sujeto de su deseo? ¿Vemos un cambio de posición respecto al tiempo 1? ¿Hay un pasaje del ser responsable al hacerse responsable?
Aunque en el mismo viaje veamos, por momentos, un sujeto reverberando entre el tiempo 1 y el tiempo 2, podemos situar el viaje total como acontecimiento en la vida del sujeto, como acto creativo que lleva su propia firma. Pensemos en el encuentro final con Malacara:
Losa, el que tiene el perro le asegura a Fermín que tiene ese perro desde que había nacido. Don Justo, a lo lejos llama a Malacara, quien después de un rato de ignorarlo,
Camina hacia él y mueve la cola. ¿Habrá reconocido a Malacara a la distancia con su problema de vista? Si no fuera Malacara sería lo mismo. Quizás podría pensarse ese “reencuentro” como firma o sello de una obra propia de un sujeto que no se resigna a sentarse a esperar la muerte. Instante de despertar del guión ajeno, de ese horizonte pintado, mínimo instante por fuera de una ley que lo nombra como incapaz, viejo, inútil. El deseo de salirse ligado a una pregunta por la propia existencia a través de un acto que interroga, parafraseando a Ariel: ¿Qué soy yo fuera de ese “todo” que representa lo más familiar y lo más ajeno? ¿Qué soy yo cuando dejo de ocupar la posición de hijo de mi propio hijo? ¿Hay algo realmente propio más allá de las escrituras de los otros? Acto de un sujeto que se hace responsable, que se para en el umbral y decide abrir una puerta. Pasaje de un sujeto creado a un sujeto creador, de un sujeto indiviso, a un sujeto escindido, desbaratado por su deseo.

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