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House of Cards. Doug Stamper, responsabilidad y culpa en un juego sobre la ética en la política
por Montali, Micaela, Pérez Ghío, María Celeste
Título original: House of Cards

Beau Willimon / Estados Unidos / 2013

Introducción

En el marco de la materia Psicología, Ética y Derechos Humanos, dictada en la Facultad de Psicología en la Universidad de Buenos Aires, decidimos emprender un análisis que aborda la posición subjetiva respecto a la responsabilidad, tomando en cuenta aspectos morales y éticos, de uno de los personajes que protagoniza la aclamada serie estadounidense House of Cards, creada y desarrollada por Beau Willimon (2013-) para la distribuidora Netflix.

Dicho thriller político relata las confabulaciones, crímenes y “demás andanzas” de Francis Underwood, un político en extremo inteligente y calculador, caracterizado por Kevin Spacey. Con la compañía de su esposa, Claire Underwood (Robin Wright), y su Jefe de Gabinete, Doug Stamper (Michael Kelly), personajes que denotan un nivel de astucia y frivolidad a la altura de las circunstancias, Frank logrará ascender rápidamente en el escalafón ejecutivo norteamericano hacia la Casa Blanca.

Realizando un acercamiento -ficcional- a la política norteamericana, la serie de tv permite vislumbrar la existencia de una legalidad que funciona en la periferia, simultánea y en paralelo, respecto del universo de normas deontológicas jurídicas que rigen en los Estados Unidos de América. Dicha legalidad, encarnada y sostenida por los tres personajes centrales de la serie mencionados anteriormente, conforma la premisa de una maquinaria que, en primeras instancias, se muestra como absoluta y perfecta. Respondiendo a intereses particulares -acorde a la lógica maquiavélica de que “el fin justifica los medios”-, logra subsistir a pesar de diferentes vicisitudes que van ocurriendo a lo largo de la historia. Legalidad pensada como particular; un universo que se muestra como un aparente conjunto cerrado con una lógica de “para todos” (Lewkowicz, 1998), pero que puede desbordarse, agotando así los elementos que lo componen, como consecuencia frente a la aparición de una novedad que exija un gesto de suplementación a aquel universo.

A través del presente trabajo analizaremos la respuesta de uno de los tres personajes, Doug Stamper, frente a una situación dilemática que ocurre en la cuarta temporada. Pretendemos, a través del recorte de diversas escenas, recorrer cómo, ante esta estructura política construida de delicadas cartas, puede que un servil naipe sea convocado como portavoz de un conflicto, develándonos su posición ética frente a las nuevas circunstancias, ubicando las coordenadas de responsabilidad, la culpa y el deseo. Una interpelación que nos permitirá repensar cuestiones acerca de la ética, la moral y la política, en un juego de poder constante y recursivo.

Juego de Cartas: Estructura de una legalidad paralela

Beau Willimon acerca una oportunidad única al televidente, que pocos productores de serie de tv podrían siquiera animarse a recrear. No solo revela el funcionamiento del aparato estatal de un país que pisa fuerte mundialmente, una nación cuyas políticas desencadenan diferentes efectos en el resto de los países. Sino que va un paso más allá. Apuesta a relatar cómo es que esas acciones políticas son llevadas a cabo, por quiénes, de qué forma, y, por sobre todo, respondiendo a qué premisas, normas e intereses.

En este caso, se puede pesquisar un universo de normas deontológicas paralelo al existente, al conjunto de leyes establecidas por la justicia del país anglosajón, al que rige y es reconocido por el ciudadano norteamericano. Un universo que posee leyes diferentes que, conformando una moral particular, se direccionan hacia el cumplimiento de una única premisa; la adquisición del poder, como sea necesario. En el devenir de la historia ficcional, se puede vislumbrar a los personajes que conforman la triada protagónica, llevando aquella premisa como estandarte; Francis Underwood, su esposa, Claire Underwood y Doug Stamper, su amigo y, posteriormente, Jefe de Gabinete, llevan a cabo su accionar -a simple vista, como un equipo que mantiene su unidad a lo largo de la carrera política- respondiendo al objetivo de que Frank llegue a la cumbre política de Estados Unidos. Este objetivo es leído, desde la legalidad propuesta, como único y trascendental, como un fin que avala cualquier tipo de medio que sea necesario. De esta forma, se puede ubicar dicha norma como un particularismo (Fariña, 1998), como una ley que se extrema y quiere abarcar todo el conjunto de posibles dentro de su esfera particular. Una Ley Underwood que se ubica platónicamente como una justificación del modo de accionar que emprenden, cínicamente, los tres personajes. Una regla particular que no admite la marca de una ley superior, asemejándose a la “Ley de Creonte”, edicto que tiene lugar en la famosa tragedia de Sófocles (Fariña, 1998 ). En aquel caso, aquella ley que imponía “las normas de la tierra” por sobre “la justicia de los dioses”, era cuestionada por Antígona, quien actuaba en resguardo de lo singular.

Dentro de estas coordenadas, se sitúa Doug Stamper, un personaje calculador, solitario, que intenta mantener su lealtad a la Ley Underwood frente a cualquier circunstancia que se le presente. Dicha Ley lo contiene, le da sentido a sus actos, a su existencia. Siendo la base y horizonte de sus acciones, que en ocasiones plasma en su discurso: “La mayoría ve al miedo como una debilidad. Puede serlo. A veces por mi trabajo tengo que darle miedo a otra gente. Sé que no está bien, pero si soy honesto, debo ser implacable, porque el fracaso no es una opción (...)” [1].

Escenas de una novedosa situación

Habiendo establecido las coordenadas de un entramado político feroz, retomaremos el camino de este personaje y su posición frente a la responsabilidad, esbozando un recorte de escenas pertenecientes a la cuarta temporada (capítulos 45, 47, 48, 49 y 50).

Frente al estado de salud crítico del presidente Frank Underwood -quien había recibido un disparo y su supervivencia dependía de recibir un trasplante de hígado-, el Jefe de Gabinete emprende diferentes acciones que le permitieran involucrarse en el destino de la vida de su amigo. Su primer propuesta tiene que ver con ofrecerse como donante de hígado, propuesta que es rechazada por el médico presidencial, alegando que es necesario un trasplante completo. Ante la negativa, Stamper decide, igualmente, no quedarse de brazos cruzados. Acuerda un encuentro con la Secretaría de Salud y Servicios Humanos, quien le enseña una lista de prioridad para recibir la donación de ese órgano [2] , donde el presidente se ubicaba en segundo lugar en orden de prioridad. Considerando que, minuto a minuto, la vida de Frank se ponía más en riesgo, Doug amenaza a la Secretaria para que deje morir a Anthony Moretti, aquel sujeto que ocupa el primer lugar de la lista. Stamper le indica, que “cambie su ética”; efectúa una acción, amenaza a la administradora pública con total seguridad y determinación, y ella acata la orden.

En un segundo momento, se produce un punto de inflexión en la posición subjetiva de Doug Stamper, al recibir un mail de la Secretaria, que tenía adjunta una foto de Anthony Moretti con su familia. Allí la mujer expresa: “quería que usted le viera el rostro, la familia que dejó” [3]. A partir de ese momento, veremos una serie de cambios que atraviesan al personaje. Algo se conmovió, hubo un momento que abrirá a la resignificación de la secuencia total relatada, considerando la dimensión ética en juego, qué rol ocupa la responsabilidad y la culpa, y las coordenadas que establecen el azar y la necesidad. Como analizaremos más adelante, la acción realizada en aquel primer momento adquiere un nuevo sentido que empuja al sujeto a una respuesta; la culpa obliga a una retroacción (D’ Amore, 2006).

La lógica de los tiempos

Ubicaremos desde los detalles singulares de cada escena, el accionar de Doug frente a la situación novedosa. Aquello que lo obliga a responder, partiendo desde ese efecto particularista que ha regido, hasta ahora, sus modos de hacer, y habiendo presentado esa maquinaria de legalidades, cuyo primordial fin es el ascenso de Frank, nos vemos confrontados a reconstruir la posición del sujeto respecto de la responsabilidad.

Dividiendo lo que puede ser llamado responsabilidad jurídica de responsabilidad subjetiva, Oscar D’ Amore (2006) nos presenta un modo de pensar este concepto, desde la puesta en marcha de un circuito. Movimiento que está compuesto por una acción que ocurre en un Tiempo 2, que interpela al sujeto y que funde una resignificación posible de un momento anterior, ocurrido en un Tiempo 1, pensando desde una cronología. Un posible Tiempo 3 supone, entonces, un momento donde efectivamente ocurriría un cambio de posición subjetiva. Una apertura a una dimensión ética que no es concebida desde la lectura moral de la época, aquella que encierra los posibles y deja por fuera a los imposibles, bajo una lógica binaria -que, dicho sea de paso, propone concepciones transitorias y cuestionables acerca del bien y el mal-.

Para comenzar, situamos como Tiempo 1 del circuito de responsabilidad la primer acción que emprende Doug Stamper, como consecuencia de la situación crítica que atraviesa el presidente; la amenaza a la Secretaria. Intimida al más alto eslabón de la cadena, a quien él define como quien tiene “el poder para modificar la lista de espera”. Pero este tiempo es solo ubicable como tal una vez dada la interpelación, aquel hecho que podría tener la potencia de provocar un efecto sujeto (en) Doug.

En el Tiempo 1, el personaje lleva adelante una acción, “una conducta orientada por un determinado objetivo, y entendiendo que tal iniciativa se agota en los fines para los cuales fue concebida” (Fariña, 2000, pág. 3). El estado de salud del presidente lo impulsa a realizar una acción que él cree necesaria de efectuarse de tal forma, ya que el tiempo se acortaba y alguien tenía que velar por la salud de Frank, la cual estaba, a su vez, íntimamente relacionada con el bienestar del país.

Además, son ubicables dos coordenadas que atraviesan y configuran la situación emergente: el azar y la necesidad. El azar produce efectos en el discurrir de la escena, teniendo en cuenta quién es el otro paciente que requiere el órgano. Que Anthony Moretti sea quien en ese momento estaba primero en la lista -más allá de las condiciones de urgencia, que sí son determinadas por un Comité- es un hecho de azar. El azar siempre está presente, implica incertidumbre, es algo que el sujeto no puede calcular (Mosca, 1998). El momento en el que el presidente requiere un trasplante y su coincidencia con las circunstancias de Moretti, pertenecen a una dimensión azarosa de la escena.

El azar escapa y se combina con la necesidad. Esta última impone coordenadas que el sujeto no puede cambiar. Doug no puede modificar el hecho de que para que Frank sobreviva deba recibir un trasplante completo de hígado. Es un factor forzoso, riguroso; es inexorable que para que su cuerpo se mantenga en funcionamiento deba recibir un nuevo órgano. Estas variables intervienen y complejizan la situación a la hora en que el personaje efectúa su amenaza.

Por otro lado, Mosca propone que “el azar implica incertidumbre, y podría estimarse que no habría apuesta sin incertidumbre” (Mosca, 1998, pág. 118). Considerando que los apostadores “calculan” el azar, observamos algo de este orden particular en el personaje. La circunstancia azarosa que se presenta en la escena no es interpretada por Doug como por fuera de su alcance. La apuesta de Doug recae en una cuestión paradojal donde intenta controlar el azar, donde quiere darle una dirección que sea consecuente a sus objetivos que, a su vez, responden a lo que determinamos como Ley Underwood. Doug no quiere que los efectos del azar vayan en detrimento a sus intereses -que, sería en este caso, que Frank sobreviva, a como dé lugar-. Debe controlarlo, no admite que haya posibilidad de “perder su apuesta”. A favor de este punto, Doug efectúa la amenaza; destruye toda posibilidad de ubicarse en la posición pasiva que le otorga la incertidumbre azarosa.

Continuando en líneas cronológicas, ubicamos el Tiempo 2 del circuito de responsabilidad propuesto, luego de que el presidente reciba el trasplante de hígado, en la conversación telefónica entre Doug y la Secretaria [4]. La mujer lo invita al encuentro con una dimensión que Doug antes no había percibido, que lo interpela. Lo conmueve a cierto punto que cambia su forma de estar, de sentirse, cierta transformación que visualizaremos en las escenas posteriores.

Ya no mantenía aquella posición autoritaria y atemorizante con la cual había efectuado la orden a la Secretaria. Había sido atravesado por el factor humano. Como expresa D’Amore: “La interpelación subjetiva es la puesta en marcha del circuito, la culpa obliga a una respuesta ad-hoc a la interpelación, dado el tiempo 2 se funda la resignificación del tiempo 1, facilitará una respuesta aunque aun no sea un tiempo 3, aquel en el la responsabilidad subjetiva responde a la interpelación” (D´Amore, 2006, pag 152).

Dado este Tiempo 2, el Tiempo 1 obliga a otra respuesta. No hay forma de no responder, porque la interpelación exige respuesta. La primer acción, que había quedado en el olvido, es resignificada, toma una nueva potencia; algo se conmueve, algo que comanda al sujeto a una nueva respuesta. Durante el Tiempo 1, Doug consideraba a Anthony Moretti como un simple nombre que estaba escrito en una lista por encima del nombre del presidente. Existían únicamente letras agrupadas, que sólo ocupaban el espacio que separaba al presidente del órgano que podría salvarle la vida. Esta percepción ayudó a Doug a sentenciar la orden de “déjelo morir”. No había un sujeto detrás de ese nombre, no había un asesinato. La orden, implicaba simplemente borrar aquel nombre, dejar un espacio en blanco. Pero, al ser interpelado el sujeto por el factor humano, toda esta visión se desvanece. Aparece un nombre que, ahora, da cuenta de un individuo, de un cuerpo, de una subjetividad que es asesinada. El nombre que se borra de la lista muestra la mancha de sangre en las manos del Jefe de Gabinete; acometió contra la vida de Anthony Moretti al dictaminar su orden. Pasó de borrar un nombre, a asesinar a un padre de familia.

Cartas a barajar: Responsabilidad y culpa

En un campo donde no todo está plenamente determinado, donde surge lo Universal- Singular como algo que no puede contener el lenguaje de la situación, puede pensarse a la responsabilidad subjetiva como una singularidad relacionada con lo indeterminado, ya que los actos no se agotan en el campo del lenguaje donde nos inscribimos. Singularidad, propia de un acto ético que coincide con el efecto sujeto de la responsabilidad subjetiva (D’ Amore, 2006). La responsabilidad subjetiva junto a la ética, en tanto existencial, sacan al sujeto de su existencia previa para poder ampliar su universo y, de esta forma, concebir a la singularidad que se presenta como exceso sobre el conjunto ya existente (Ariel, 1994).

Situadas las coordenadas del Tiempo 2 de interpelación y la resignificación por él desencadenadas sobre el Tiempo 1, podemos ubicar cómo van pronunciando sus coordenadas los conceptos de culpa y responsabilidad en la situación que atraviesa al personaje.

Observamos una transformación en las conductas del personaje dado el Tiempo 2, como, por ejemplo, en la reunión con la familia del donante del Presidente, se lo ve nervioso e incómodo al escuchar la mención de las personas que había recibido otros órganos del mismo donante, a pesar de no conocerlas [5].

En el mismo capítulo, vuelve a abrir el e-mail que le había enviado la secretaria; contempla la foto, ve a Anthony como un sujeto a quien él asesinó. Busca más información, y encuentra una Fundación que recibe donaciones para la familia del reciente difunto. Recorre la página, mostrándose dubitativo sobre ofrecer una donación. Puede situarse, en este momento, la apertura de una disyuntiva. Allí donde el sujeto debe decidir, en aquella atmósfera creada y sostenida por la duda; el dilema lo divide y lo convoca a responder. Aquella respuesta podría marcarle el camino para conocer una dimensión en la que surja algo de la responsabilidad subjetiva, como vía para hallar la resolución al dilema (Dominguez, 2013). Pero no logra hacerse lugar a la singularidad en la paradoja.

La legalidad que opera en Doug le ofrece una salida a partir de la donación de dinero, situándose dentro de un orden que no tiene que ver con un acto de generosidad o empatía. No se trata de Doug reconociendo a una familia en aprietos, cuya historia toca su corazón, decidiendo aportar para calmar su pesar. Sus razones -o intereses- son mucho más personales, hasta egoístas. Quiere librarse de un sentimiento de culpa que lo desborda, ocasionado por el fracaso al intentar nomenclar el factor humano, por parte del universo sostenido por la Ley Underwood.

Esta culpa no le permitirá llegar a una dimensión de sujeto, no permitirá que se complete el circuito de de la responsabilidad subjetiva. No es una culpa que responsabilice, sino todo lo contrario. Es una culpa sintomática, recurre a la donación para no responder por su acto. D’ Amore lo describe como una respuesta óntica, en la que el circuito se cierra en el mer ser de la culpabilidad. La culpa no favorece el efecto sujeto. Y podemos suponer que Stamper se mantiene en un nivel culpógeno, donde él no se sabe culpable por su deseo, sino que actúa desde la culpa ajena a la responsabilidad subjetiva. La culpa moral funcionando como tapón y obturador de la emergencia subjetiva, la culpa que se mantiene sin el advenimiento del sujeto. “En el culpógeno no hay implicación sino que se transforma en el sujeto-joya que cuadra perfectamente en la coordenadas de una responsabilidad moral u objetiva” (D’ Amore, 2006).

Puede pensarse como que Doug se desculpabiliza del deseo reconociendo la culpa moral, realizando una donación importante de dinero. La situación misma es un castigo, el precio de la culpa con la que paga. Paga la culpa mediante su donación.

Frente a la emergencia del factor humano, el universo de la Ley Underwood vuelve a cerrarse. Se obstruye es posibilidad de abrir a la singularidad; una ley que tambalea, pero que, aún así, sobrevive y es sostenida por un sujeto culpabilizado pero no responsabilizado. El deseo puede esperar. Considera así saldada su cuenta, como “buena estrategia” del neurótico; la deuda que tenía con la familia Moretti, por quitarle la vida al padre, la salda -ineficazmente, ya que es imposible- donando tal suma de dinero.

Más adelante, la serie nos muestra que Doug recibe un mensaje de Laura Moretti [6]. La deuda estaba saldada, ¿cómo podría la viuda de Anthony Moretti querer agradecerle, en persona y hasta invitándole un café, al asesino de su esposo? Este hecho provoca en Doug una nueva vuelta sobre los hechos, pero ya estando interpelado el sujeto por el Tiempo 2. Comienza a escuchar el mensaje de la contestadora una y otra vez, hasta que decide devolver la llamada y arreglar un encuentro [7]. Responde a la interpelación, sin abrirse un efecto de sujeto a nivel universal-singular, sino que, nuevamente, actúa desde lo particular, desde una dimensión moral, acercándose a la viuda, dándole apoyo, escuchándola. Aquí, la culpa se hace presente pero como contracara de la responsabilidad ausente, desde una posición de un yo autónomo.

Conclusión y posibles aperturas

Adentrados en esta estructura ficcional donde las cartas se juegan reproduciendo un patrón normativo, denominado imaginariamente aquí bajo el nombre de Ley Underwood, es que evaluamos las acciones de Stamper. Sujeto que es considerado imputable, capaz de auto-gobernarse, capaz de emprender acciones voluntarias e intencionales (Salomone, 2006). Incluso, desde una perspectiva política, es reconocido por el aparato estatal de Estados Unidos como un agente influyente en la Casa Blanca. Doug se posiciona tanto como Jefe de Gabinete, como amigo personal del presidente. En la escena que transcurre en el hospital, donde Doug le pregunta al presidente qué hacer [8] se puede pesquisar la clara posición sumisa, adoptada por Doug ante la figura de Frank, quien, siendo presidente o no, cumplía un rol de autoridad. Frank daba órdenes que Doug no cuestionaba, las cumplía al pie de la letra. No había deontología que tuviese mayor efecto en el accionar de Doug que la palabra de Frank. Aún luego de la interpelación que moviliza al sujeto, nunca abandona su posición de sumisión del sujeto político. Puede ser culpado, pero desde la moral -él nunca deja de responder obedientemente a la legalidad particular que dota de sentido a su accionar, la Ley Underwood-.

Doug cambia su posición desde la culpabilidad que lo invade, pero sin darle lugar el advenimiento de “otro nombre del sujeto”. Mantiene su yo sin quiebres, no surge el sujeto dividido que se sabe culpable de sus actos y se responsabiliza así de su deseo. Permanece en respuestas ónticas, donde la culpa obtura la falta, tapando la ausencia de responsabilidad. No se abre a la posibilidad de que haya un Tiempo 3 que complete el circuito, donde “la ley simbólica del deseo obliga a retornar sobre la acción. El efecto de culpa se diluye en el efecto sujeto y es una respuesta de dimensión ética”. (D’ Amore, 2006, pág 154). Pero aquí no hay un cambio de posición del sujeto que habilite a pensar una respuesta en tanto acto ético. Las respuestas que emprende Doug lo ubican por fuera de la posibilidad de enfrentarse a su deseo; la culpa en él no opera desde saberse un sujeto deseante, sino que funciona como máscara. La posición subjetiva no cambia, no logra cierto desalineamiento o apropiación, sino que sigue operando desde la repetición. Si bien es distinta luego de la llamada interpelante, aún no logra responder a su deseo inconsciente.

El castillo de cartas aún se mantiene de pie. Y es aquí donde nos enfrentamos a un cuestionamiento tambaleante, pues desandando el recorrido de este personaje visualizamos uno de los soportes, y un quiebre innegable, en aquella magnífica maquinaria. Abordando figuras de poder con cargos estatales que, dentro del imaginario social, supondrían encarnar las leyes jurídicas de un sistema democrático, se nos exhibe un aparato legal paralelo que rige y hace funcionar el hacer político. Otro universo deontológico que actúa ficticiamente bajo los lógica creada y sostenida por los tres personajes mencionados, que, sin embargo, oprime a uno de sus engranajes, al punto tal de sustraerlo de la posibilidad de asumirse como sujeto responsable de sus actos. Nos enfrenta a repensar dichas acciones, no sólo como delitos, actos de corrupción o negligencia política, muchas veces juzgados como “moralmente incorrectos” y “poco éticos”. Si consideramos a la ética como una posición asumida por el sujeto frente a las normas morales, situamos que se ha logrado la construcción de un orden paralelo, una legalidad moral que avala toda ilegalidad, que triunfa sin importar el cómo, que atrapa y se reproduce. Si bien puede tambalear, como ocurrió con Stamper, orienta a velar la emergencia de un sujeto responsable y deseante, direccionándolo a una respuesta por una vía culposa ¿Será posible encontrarse entonces con una situación que permita la emergencia de una singularidad, que lo agote? ¿Cómo puede un sujeto acceder a una posibilidad distinta, a plantearse una lógica por fuera de aquellos códigos, si estos son los que hacen funcionar los códigos que legislan el poder de una Nación?

Bibliografia

Ariel, A. (1994). Moral y Ética. Una poética del estilo. En El estilo y el acto. Ediciones Manantial, Buenos Aires, 1994.

D’Amore, O. (2006). Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos, Letra Viva, Buenos Aires, 2006.

Domínguez, M. E. (2013). El acto de juzgar entre el dilema y el problema ético. En Salomone, G. Z. Discursos institucionales, lecturas clínicas. Dilemas éticos de la psicología en el ámbito jurídico y otros contextos institucionales, Buenos Aires, Dynamo, 2013.

Freud, S. (1925). La responsabilidad moral por el contenido de los sueños. En Algunas notas adicionales a la interpretación de los sueños en su conjunto. Obras completas. Tomo XIX, Amorrortu Editores, 1984.

Gutiérrez, C. (1998). Antígona y el rito funerario. En Ética: un horizonte en quiebra. Cap. VII. Eudeba, Buenos Aires, 1998.

Jinkis, J. (1987). Vergüenza y responsabilidad. En Conjetural, número 13. Editorial Sitio. Buenos Aires.

Lewkowicz, I. (1998). Particular, Universal, Singular. En Ética: un horizonte en quiebra. Cap. IV. Eudeba, Buenos Aires, 1998.

Michel Fariña, J. J. (1998). Qué es esa cosa llamada ética. (Cap. II); Lo universal-singular como horizonte de la ética. (Cap. III). El interés ético de la tragedia (Cap. V). Del acto ético (Cap. VI). En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires, 1998.

Michel Fariña, J. J. (2000). The Truman Show. Mar abierto (un horizonte en quiebra). En Ética y Cine, Eudeba, Buenos Aires, 2000.

Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra, Eudeba, Buenos Aires, 1998.

Salomone, G. Z. (2006). El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos, Letra Viva, Buenos Aires, 2006.

ANEXO

TRANSCRIPCIÓN Y DESCRIPCIÓN DE LOS RECORTES UTILIZADOS DE LA SERIE.

CAPÍTULO 44

Escena 1- Charla del doctor de Frank Underwood, en el hospital, con Doug Stamper

Dr: Tiene insuficiencia hepática. S: ¿En cuánto le ponen un hígado? D: Pueden faltar horas o días. Es el tercero en la lista S: ¿El tercero? D: Va por orden de prioridad en la lisa y quién llegó primero a Prioridad 1. S: Es el presidente de Estados Unidos. D: Es la ley.

Escena 2- Doug Stamper con Frank, inconciente, en el Hospital.

S: ¿Qué debería hacer, jefe? (sale de la sala) Dr. Saxon, quiero donar. Mi tipo de sangre es 0 positivo. Soy saludable, hagamos las pruebas. Dr: Ese no es el único criterio para la donación. Usted fue alcohólico… S: No me importan las reglas. Si soy compatible, hágalo. D: Aun si lo fuera, no serviría. El está muy enfermo para tener medio hígado. Necesita uno entero. Lo siento, pero debemos aguardar con esperanza.

CAPÍTULO 45

Escena 3- Stamper visita a la Secretaria de Salud y Servicios Humanos.

Sec: Podría haber ido directamente a la Casa Blanca. St: La red de órganos responde a usted. Sec: Si y no. En un sentido regulatorio… St: Tiene el poder para modificar la lista de espera Sec: Eso depende de la red. Su comité… St: Un comité no va a decidir sobre la vida del presidente. Sec: Dèjeme mostrarle algo. (Muestra una lista) Él era el número tres en la lista de espera ayer. El número uno fue trasplantado. Eso convierte al presidente en número dos. Tiene muy buenas chances. Pero este hombre, Anthony Moretti, morirá en horas. St: Déjelo morir. Sec: (Lo mira estupefacta) Yo no haré esto. No es solo la ley, es la ética… St: Entonces cambie su ética. O renuncie, y su subalterno podrá tomar la decisión. Y si no o hace, que renuncie también. Desmantelaré el departamento hasta llegar a quien necesito. Llame ahora (le pasa el teléfono).

Escena 4- La secretaria de Salud lo llama a Stamper.

Sec: Acabo de enviarle un mail. St: Espere. (Lo abre) ¿Qué es? Sec: ¿El padre que ve ahí? A él lo salteamos por el presidente. Murió hace una hora. Dos hijos, buen esposo. St: Bórrelo ya de su bandeja de enviados. Sec: Ya lo hice, pero quería que usted le viera el rostro, la familia que dejó. (cuelga)

CAPÍTULO 48

Escena 5- Frank visita a la familia del chico del que recibe su hígado

F: Yo soy el que le agradece a usted y a su hijo. Él me salvó la vida. (...) Le quiero presentar a otros de los receptores de los órganos de sus hijos (se los presenta) Secretaria: Luisa era la primera en la lista. Le quedaban horas de vida. (Stamper suspira, incómodo).

Escena 6- Stamper en su oficina. Mira la noticia de la reunión entre el presidente y la madre del donante del hígado, junto a el resto de los que recibieron órganos del chico. Mientras, Stamper busca en el buscador de google “Anthony Moretti”, y apareció como primera opción del buscador la “Fundación Anthony Moretti”. Entra en la página y comienza a ver los mensajes de la gente que le dejaron de aliento para la familia de Anthony. Luego comienza a ver fotos de Anthony que están en la página. Observa que hay una opción para donar, pero no efectúa ninguna donación.

CAPÍTULO 49

Escena 7- Stamper vuelve a la computadora, a ver la página de la Fundación de Anthony Moretti. Se sienta decidido, mira la foto de la esposa (la viuda) y elige la opción para donar. Ingresa el monto de 5 mil dólares. Le aparece un cartel en la pantalla con un “Gracias” grande y en colores que se queda observando unos segundos. Luego abre una ventana para mandarle un mail a Francis.

CAPÍTULO 50

Escena 8- La secretaria le cuenta a Stamper que había recibido un mensaje de la viuda de Anthony Moretti, acerca de la donación efectuada. Stamper espera a que se vaya la secretaria para escucharlo. El mensaje dice: “Hola, ésta es Laura Moretti con un mensaje para Douglas Stamper. Quería llamarlo personalmente para agradecerle su generosa donación. Es la más grande donación que hemos recibido. Por mucho. No sé cómo supo de nosotros. Quizá por el trasplante del presidente. Pero sea cual fuere la razón, significa mucho para mis hijos y yo. Sé que esto es poco probable, pero si tiene tiempo para un café, me gustaría agradecerle en persona. No se preocupe si no puede. Gracias de nuevo, Sr. Stamper.” Mientras escucha el mensaje, Stamper mira fotos de la página de la Fundación donde está la viuda en frente de la lápida de su ex marido, dejándole flores. Primeramente, se queda estupefacto. No esperaba tal devolución. Acto seguido, vuelve a reproducir el mensaje de la contestadora.

Escena 9- Vuelve a reproducir los mensajes guardados en su contestadora. Saltea los anteriores y escucha el de Laura Moretti otra vez. La contestadora le da la opción de guardar el mensaje o devolver la llamada. Stamper decide llamar a Laura. Acuerdan para encontrarse en un café. Stamper le regala flores y le dice “no sé por qué las compré”. Laura le agradece nuevamente por la donación, mientras acaricia su anillo de matrimonio. Èl le dice que no es necesario seguir agradeciendo. Laura cita a su ex marido en varios momentos de la conversación. Stamper le dice que quiere saber más del marido.


NOTAS

[1] Cita pronunciada por Doug Stamper en el Capítulo 37, perteneciente a la primer temporada.

[2] Capítulo 45. Escena 3- Stamper visita a la Secretaria de Salud y Servicios Humanos.

Sec: Podría haber ido directamente a la Casa Blanca. St: La red de órganos responde a usted. Sec: Si y no. En un sentido regulatorio… St: Tiene el poder para modificar la lista de espera Sec: Eso depende de la red. Su comité… St: Un comité no va a decidir sobre la vida del presidente. Sec: Dèjeme mostrarle algo. (Muestra una lista) Él era el número tres en la lista de espera ayer. El número uno fue trasplantado. Eso convierte al presidente en número dos. Tiene muy buenas chances. Pero este hombre, Anthony Moretti, morirá en horas. St: Déjelo morir. Sec: (Lo mira estupefacta) Yo no haré esto. No es solo la ley, es la ética… St: Entonces cambie su ética. O renuncie, y su subalterno podrá tomar la decisión. Y si no o hace, que renuncie también. Desmantelaré el departamento hasta llegar a quien necesito. Llame ahora (le pasa el teléfono).

[3] Capítulo 45. Escena 4- La secretaria de Salud lo llama a Stamper.

Sec: Acabo de enviarle un mail. St: Espere. (Lo abre) ¿Qué es? Sec: ¿El padre que ve ahí? A él lo salteamos por el presidente. Murió hace una hora. Dos hijos, buen esposo. St: Bórrelo ya de su bandeja de enviados. Sec: Ya lo hice, pero quería que usted le viera el rostro, la familia que dejó. (cuelga)

[4] Capítulo 45. Escena 4- La secretaria de Salud lo llama a Stamper.

Sec: Acabo de enviarle un mail. St: Espere. (Lo abre) ¿Qué es? Sec: ¿El padre que ve ahí? A él lo salteamos por el presidente. Murió hace una hora. Dos hijos, buen esposo. St: Bórrelo ya de su bandeja de enviados. Sec: Ya lo hice, pero quería que usted le viera el rostro, la familia que dejó. (cuelga)

[5] Capítulo 48. Escena 5- Frank visita a la familia del chico del que recibe su hígado

F: Yo soy el que le agradece a usted y a su hijo. Él me salvó la vida. (...) Le quiero presentar a otros de los receptores de los órganos de sus hijos (se los presenta) Secretaria: Luisa era la primera en la lista. Le quedaban horas de vida. (Stamper suspira, incómodo).

[6] Capítulo 50. Escena 8- La secretaria le cuenta a Stamper que había recibido un mensaje de la viuda de Anthony Moretti, acerca de la donación efectuada. Stamper espera a que se vaya la secretaria para escucharlo. El mensaje dice: “Hola, ésta es Laura Moretti con un mensaje para Douglas Stamper. Quería llamarlo personalmente para agradecerle su generosa donación. Es la más grande donación que hemos recibido. Por mucho. No sé cómo supo de nosotros. Quizá por el trasplante del presidente. Pero sea cual fuere la razón, significa mucho para mis hijos y yo. Sé que esto es poco probable, pero si tiene tiempo para un café, me gustaría agradecerle en persona. No se preocupe si no puede. Gracias de nuevo, Sr. Stamper.” Mientras escucha el mensaje, Stamper mira fotos de la página de la Fundación donde está la viuda en frente de la lápida de su ex marido, dejándole flores. Primeramente, se queda estupefacto. No esperaba tal devolución. Acto seguido, vuelve a reproducir el mensaje de la contestadora.

[7] Capítulo 50. Escena 9- Vuelve a reproducir los mensajes guardados en su contestadora. Saltea los anteriores y escucha el de Laura Moretti otra vez. La contestadora le da la opción de guardar el mensaje o devolver la llamada. Stamper decide llamar a Laura. Acuerdan para encontrarse en un café. Stamper le regala flores y le dice “no sé por qué las compré”. Laura le agradece nuevamente por la donación, mientras acaricia su anillo de matrimonio. Èl le dice que no es necesario seguir agradeciendo. Laura cita a su ex marido en varios momentos de la conversación. Stamper le dice que quiere saber más del marido.

[8] Capítulo 44. Escena 2- Doug Stamper con Frank, inconciente, en el Hospital.

S: ¿Qué debería hacer, jefe? (sale de la sala) Dr. Saxon, quiero donar. Mi tipo de sangre es 0 positivo. Soy saludable, hagamos las pruebas. Dr: Ese no es el único criterio para la donación. Usted fue alcohólico… S: No me importan las reglas. Si soy compatible, hágalo. D: Aun si lo fuera, no serviría. El está muy enfermo para tener medio hígado. Necesita uno entero. Lo siento, pero debemos aguardar con esperanza.






Comentarios

Mensaje de Juan Pablo Duarte  » 31 de octubre de 2016 » juanpduarte2@hotmail.com 

La perspectiva a partir de la cual los autores abordan el serial propuesto abre la posibilidad de detectar detalles y giros en la trama que no serían evidentes en principio. Considero un acierto la elección de un personaje subsidiario al protagonista de la historia. Por otro lado, los pasajes que se toman como objeto de análisis dan cuenta de cierta rigurosidad en el estudio del material y creo que reflejan la precisión en el planteo del problema que se proponen las autoras.



Mensaje de Micaela  » 24 de agosto de 2016 » micaperezghio@gmail.com  

¡Muy buen trabajo! ¡¡Felicitaciones!!





 

 
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