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Yo, robot

El análisis recaerá sobre el personaje de Spooner, un detective de Chicago en el año 2035, quien a partir de un encuentro comenzará una serie de cambios que lo llevarán a una completa transformación como sujeto. Se intentará dar cuenta para ello de su responsabilidad subjetiva, la cual se desplegará en tres tiempos lógicos, y se ensayará una hipótesis clínica.
La historia transcurre en Chicago, en el año 2035, en una sociedad en la que los robots forman parte de la vida cotidiana. Allí vive Spooner, un detective que odia a los robots, que siente rechazo por ellos, que los maltrata. Se rehúsa al uso de nuevas tecnologías, manteniendo un viejo equipo de música, zapatillas “cosecha 2004”. En fin, un transgresor, un rebelde para esa sociedad. Y esto entra en conflicto con su profesión. Ya no hay delitos, crímenes, porque los robots tienen instalado en su software tres leyes fundamentales e inquebrantables: 1. Un robot no puede hacerle daño a un ser humano o permitir, por inacción, que un ser humano sea dañado; 2. Un robot debe obedecer las órdenes de los seres humanos excepto cuando las órdenes contradigan la primera ley; 3. Un robot debe proteger su propia existencia siempre que tal protección no contradiga la primera o segunda ley. Spooner desconfía de esto y está en la búsqueda de demostrar que algún robot puede no responder a estas tres leyes.
Una situación, un accidente, una experiencia con un robot, la muerte de una niña y su rescate son la causa de su odio a los robots. Spooner estaba regresando de su día laboral cuando el conductor de un remolque embistió a su vehículo y al de una niña de 12 años, llamada Sarah, que acompañaba a su papá. Los autos cayeron al río. Un robot vio el accidente y saltó al agua para rescatarlos. A pesar del pedido y la orden del detective de salvar a Sarah (“Save her”), el robot le salvó la vida a él. Calculó que Spooner tenía el 45% de probabilidades de sobrevivir, mientras que la niña solo tenía el 11%. El robot respondió a las tres leyes y a una lógica de cálculos de probabilidades. Esto es inaceptable para Spooner. A partir de este momento, la convivencia con los robots se torna insoportable, así como el recuerdo de ese accidente que retorna como un sueño de angustia. Volveremos sobre esto más adelante.
No hay delitos, el teléfono de su oficina ya no suena. Hasta que un día, nuestro protagonista vuelve a decir: “Spooner. Homicidios”. El Dr. Lanning, ingeniero diseñador de robots y co-fundador de la empresa que los construye, creador del modelo NS-5, último invento próximo a lanzarse, y amigo del detective, se ha suicidado o al menos eso parece. Spooner conoce al doctor luego de aquel accidente en el que perdiera un brazo, un pulmón y varias costillas. El prof. Lanning fue el encargado de reconstruirle el brazo, el pulmón y las costillas...con miembros de robots.
El protagonista comienza a investigar, allí conoce a Susan Calvin, psicóloga de robots en la compañía, quien lo acompañará durante toda la investigación. Deduce que han asesinado al profesor, el sospechoso: un robot NS-5 fallado, que lo ataca, que no acata órdenes. Parece haber alcanzado su mayor objetivo, ha encontrado a un robot que viola las tres leyes fundamentales. Esta acción que parece agotarse en los fines para los que fue realizada, en el decir de Juan Jorge Michel Fariña: “(...) lleva(r) adelante una conducta con determinados fines, en el supuesto de que su accionar se agota en los objetivos para los cuales fue concebida.” , conforman el Tiempo 1 del circuito de la responsabilidad. Su universo de discurso, las leyes y normas que rigen su cotideaneidad, los robots, el sistema de valores vigentes en esa sociedad, en ese momento histórico, lo que entendemos como conformando el eje de lo Particular, demarcan un Tiempo 1. Investigar la muerte del Prof. Lanning, las sospechas a las que arriba, esa acción que lleva adelante el detective con un fin previsto, se encuentra enmarcada en ese eje común, en ese Particular. Aunque sea desde la transgresión a esas leyes, esas normas, esos valores, Spooner actúa en consonancia con el universo de discurso que lo contiene, que contiene a su accionar. Este Tiempo 1 solo es tal por la aparición de un Tiempo 2, anterior lógicamente, que lo interpela. El individuo “recibe de la realidad indicadores que lo ponen sobre aviso respecto de que algo anduvo mal. Las cosas fueron más allá -o más acá- de los esperado. El sujeto se ve interpelado por esos elementos disonantes. Algo de esa diferencia le pertenece” . Hay un exceso en lo acontecido, el universo particular se quiebra posibilitando la emergencia de una singularidad. En nuestro film, podríamos plantear el tiempo de la interpelación, el tiempo del exceso, en el encuentro con ese robot NS-5 fallado, Sonny, sospechoso del asesinato del Dr. Lanning. En la acción de investigar, buscar, encontrar y apresar a un robot por la muerte de su amigo, aparece un “algo” que fue más allá o más acá –nunca mejor dicho el más acá- de los fines propuestos. El exceso en el encuentro con Sonny lo interpela sobre sus sentimientos, prejuicios, ideas sobre los robots. Hay una escena en el film que da cuenta de este encuentro con aquello que se resquebrajó, cuestionándolo, ob-ligándolo a responder. Los robots, excepto Sonny, se rebelan y están atacando a los humanos. Algunos de ellos se enfrentan a Spooner y Susan mientras Sonny está recolectando un compuesto químico que terminaría con la rebelión y la enajenación de las máquinas. Al volver al lugar del enfrentamiento, Sonny ve a Susan cayendo al vacío pero se dirige hacia la matriz en la que debe inyectar el compuesto. Eso era lo que debía hacer. El detective le grita: “Save her”. Sonny duda unos instantes, mira la matriz, mira a Susan y la salva.
Otra vez la aparición de un indicador que devela un exceso en la acción realizada, que lo interpela respecto de qué piensa sobre los robots. El encuentro con un robot con sentimientos, que puede desobedecer a las tres leyes, que puede desoír la lógica de la probabilidad y oir el sentir de un humano, es decir, no solo un robot fallado sino un robot que siente, razona, desea, un robot casi humano lo interpela, abre una grieta en el discurso, una hiancia en la moral de lo particular, lo obliga a responder. El horizonte de la moral se quiebra posibilitando la emergencia de la ética, de la responsabilidad subjetiva, referida a la singularidad de un Sujeto en acto. Esto conformaría el Tiempo 2 en nuestro circuito de la responsabilidad.
La escena relatada es similar a la situación del accidente no sólo en su forma sino también en su contenido ya que el accionar del robot que rescata al detective y el desenlace abrieron una grieta en el universo de discurso del protagonista, lo interpelaron, frente a esa apertura en el eje de lo Particular (un humano hubiese obrado de otra forma, un humano hubiese salvado a la niña, los robots no son ni obran como humanos, yo tengo partes de robot, ¿soy robot? ) debió responder. Y respondió mediante la culpa, no la culpa que ob-liga sino la culpa como tapón. Esta es una posible respuesta frente a la interpelación, que se diferencia del efecto sujeto. La culpa no favorece el efecto sujeto, donde hay culpa –como tapón- no hay responsabilidad subjetiva. Oscar D´Amore haciendo referencia al efecto sustancializador de la culpa, dice: “Decir que la culpa se sustancializa es hablar del yo y del intento de sellar la hiancia que ha sido abierta con el acto.” Los sueños de angustia aparecen como recordatorio de esa hiancia que no ha podido ser del todo “taponada”.
El segundo tiempo es el tiempo de la interpelación y toda interpelación exige una respuesta. Hacia el final del film, cuando la rebelión de los robots había terminado, Spooner observa su brazo robótico lastimado en el enfrentamiento, lo toca mientras observa cómo son trasladados los robots para ser almacenados. Algo ha cambiado en él. Se vuelve a Sonny y le dice que sabe que él ha asesinado al Dr. Lanning pero que no va a arrestarlo, le da la mano y le guiña un ojo, como gesto de confianza. Ha aceptado ser su amigo. Podríamos aventurar también, que se ha “amigado” con su parte robot. Su ser robot es, ahora, parte de su ser. Su ser robot ha podido ser incluido, ha dejado de ser odiado, rechazado, al igual que los robots.
¿Puede considerarse entonces que la decisión de Spooner es un quiebre de lo particular, una verdadera emergencia de la singularidad, o es apenas una “vuelta al surco de la moral” , una valoración de los robots porque es lo que se debe hacer, porque es lo que está bien, lo estipulado en el universo del discurso?
Considero que, al igual que el acto de Antígona cuando desobedece la orden de Creonte, el acto de Spooner entra en la dimensión de acto ético, que trasciende lo particular, porque no es un acto destinado o dirigido al Otro, no se juega en la lógica de la demanda, sino que está completamente guiado por el deseo. Es, por ende, un acto en soledad, un acto que implica una fuerte apuesta subjetiva y frente a la cual no hay garantías. No hay significantes previos capaces de inscribir este acto (¿cómo llamarse? ¿ser humano? ¿mitad hombre-mitad robot?) ni de predecir sus alcances. Se ha separado de esa “completud” ficticia y se encuentra solo con su deseo. Se ha inaugurado así el Tiempo 3 del circuito de la responsabilidad, en el que el sujeto barrado toma posición frente a su acto, ingresando en la dimensión de la responsabilidad subjetiva.
Hay un cambio de posición de Spooner frente a sus circunstancias, como respuesta a la resignificación del Tiempo 1 por la sobreimpresión del Tiempo 2. Fue necesaria una segunda vuelta para que aparezca una respuesta que no tapone la dimensión ética y la posibilidad de un efecto sujeto. Es el acto de aceptar una amistad con Sonny, y también, claro está, con sus partes robóticas, más que ningún otro, el que inscribe a Spooner en el campo de la ética, es éste acto el que lo hace verdaderamente responsable de su deseo: el acto que no puede ser anulado, el acto que lo transforma completamente. Spooner supo quién era en ese momento. Se ha inscripto por completo en el campo de la ética, del deseo y paga por ello con el sentimiento de culpa (ya que, de acuerdo con Lacan, sólo se puede sentir culpa por haber cedido en el deseo). Esta culpa es la culpa que ob-liga, la que liga a los elementos “disonantes” resignificados por la interpelación. En el decir de D´Amore: “La culpa hace a la retroacción, hace que se retorne sobre la acción por la que se “debe” responder” . No hay responsabilidad subjetiva sin culpa, así como no hay ética sin moral. Los primeros necesitan de la apoyatura que les brindan los segundos.
Spooner, como Ibbieta, el personaje del cuento “El Muro” de J. P. Sartre, debe decidir, debe tomar una decisión sobre qué hacer con aquellos elementos “disonantes”, con aquello interpelado, con aquello que abre la grieta en lo Particular posibilitando la emergencia de una singularidad. Entendiendo la decisión como “(...) ligada a la producción de una singularidad subjetiva (...) ligada con cierta posición del sujeto en su enunciación misma.” , nuestro personaje decide. Hay una modificación en su posición subjetiva, al igual que en Ibbieta. Hay una posición en relación a lo universal, produciendo un sujeto. Cae la “completud” ficticia haciendo entrar la lógica del “no todo”.
Las diosas Necesidad y Azar se hicieron presentes pero no lo abarcaron todo, hubo una grieta, una hendija en la que hizo su aparición la responsabilidad subjetiva, la respuesta de Spooner. Es del orden de lo azaroso el accidente automovilístico, que hizo que perdiera varias partes de su cuerpo. Allí la diosa del Azar. La diosa de la Necesidad hizo su entrada en el funcionamiento de los robots por las tres leyes fundamentales, por la lógica de la probabilidad, que hicieron que el robot salve a Spooner y no a la niña. La grieta entre ambas diosas tiene lugar en las marcas del accidente. Su sentimiento hacia los robots, su rechazo y odio pero, por sobre todas las cosas, las marcas en su cuerpo fueron resignificadas, y frente a esta interpelación y resignificación él tuvo que dar una respuesta. Aquí, la grieta.
La hipótesis clínica es la encargada de explicar este movimiento de sobreimpresión-resignificación-respuesta.
El encuentro con Sonny, ese robot con sentimientos, enfrentó a Spooner con su castración, la de su cuerpo cortado y recortado también. Lo que le ha sucedido lo rozó, rozó lo real de su cuerpo y ese roce dejó marcas. Una segunda vuelta plantea qué hacer con esas marcas, ya no es posible volver al mismo punto. Esta nueva vuelta funda la posibilidad de “registrar el recorrido y saber algo sobre el lugar que se ocupa en relación a él, y hacerlo propio.” Adoptar una posición subjetiva distinta frente a aquellas marcas.
“La responsabilidad es una respuesta a la castración (...)” . Nuestro protagonista ha dado una respuesta que lo ubicó en un lugar distinto frente al agujero estructural, frente a la falta. Claro, la de su cuerpo también. En un tercer tiempo, emergió un sujeto diferente al que inauguró el film, un sujeto no del todo realizado pero siendo, respondiendo por la razón de su ser en la razón deseante.
El acto ético como constitutivo de la emergencia de una singularidad, de un sujeto más en relación a su deseo. En palabras de J.L Borges: “(Lo esperaba, secreta en el porvenir, una lúcida noche fundamental: la noche en que por fin vio su propia cara, la noche en que por fin oyó su nombre. Bien entendida, esa noche agota toda su historia; mejor dicho, un instante de esa noche, un acto de esa noche, porque los actos son nuestro símbolo.) Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es.”

Bibliografía
Borges, J.L., Biografía de Tadeo Isidoro Cruz. En Obras Completas. Vol. 1. Emecé Editores, 1974,

D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

Freud, S.: (1925) La responsabilidad moral por el contenido de los sueños. En Algunas notas adicionales a la interpretación de los sueños en su conjunto. Obras completas. Tomo XIX, Amorrortu editores. 1984.

Lewkowicz, I. (1998). Particular, Universal, Singular. En Ética: un horizonte en quiebra. Cap. III. Eudeba, Buenos Aires.

Michel Fariña, J. (1998). Del acto ético (Cap. VI). En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.

Michel Fariña, J. Responsabilidad: entre necesidad y azar. Ficha de cátedra. Desgrabación de cláse teórica. Publicado en la página web de la cátedra.

Mosca, J. C. (1998): Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.

Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

- UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES -
FACULTAD DE PSICOLOGÍA
Psicología, Ética y Derechos Humanos

2º PARCIAL DOMICILIARIO

Cátedra: I
Prof. Tit. Reg: Lic. Juan Jorge Michel Fariña

Comisión: 10
Prof.: Domínguez, Maria Elena

Alumna: Maria Laura Martínez
L.U.: 33.207.458-0
e-mail: yosoy_lau@hotmail.com

2o Cuatrimestre
2010



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