por 

- UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES -
FACULTAD DE PSICOLOGÍA
Psicología, Ética y Derechos Humanos

2º PARCIAL DOMICILIARIO

Cátedra: I
Prof. Tit. Reg: Lic. Juan Jorge Michel Fariña

Comisión: 3
A.T.P.: Lic. Lucila Kleinerman

Alumna: Natalia Talavera

DNI 93 720 665 ó PAS G03567964
e-mail: natalia_2902@hotmail.com

2o Cuatrimestre
2010

PELÍCULA: YO, ROBOT
TITULO ORIGINAL: I, Robot
DIRECCIÓN: Alex Proyas
REPARTO: Will Smith, Bridget Moynahan, Bruce Greenwood, Chi McBride, Alan Tudyk, James Cromwell, Jerry Wasserman
AÑO: 2004
PAÍS: Estados Unidos
PRODUCTORA: XX Century Fox
GÉNERO: Ciencia Ficción

ARGUMENTO
I, Robot nos ofrece un escenario metafórico sobre la humanidad, adornado con fantásticos elementos futuristas que reflejan el sospechado desarrollo de la ciencia y la tecnología. Los seres humanos comparten el planeta tierra con su mayor invención: los robots. Considerados máquinas casi perfectas, son puestas al servicio de la sociedad. Los androides están programados según las reglas de la lógica y las Tres Leyes que, al Igual que el contrato social que propondría en su tiempo Rousseau, están dirigidas a la regulación de la conducta de los robots para tomar decisiones que ayuden a preservar la existencia y mejorar la calidad de vida del hombre.
La trama inicia con un sueño que perturba a nuestro protagonista, el detective Spooner, y al cual se intercalan las Tres Leyes. Dicho sueño es en realidad la repetición de un evento pasado que enmarca el escenario sobre el cual tuvo lugar la toma de una decisión. Nuestro protagonista y una niña, Sarah, son víctimas de un accidente automovilístico. Ambos caen al río encerrados en sus respectivos automóviles y las oportunidades de escapar son casi nulas. Un robot que pasaba cerca del lugar se percata del accidente y rápidamente va en su ayuda. Pero, ante la imposibilidad de rescatar a los dos, el robot se ve obligado a elegir salvar la vida de uno de ellos. Basado en la lógica y la probabilidad matemática sobre la oportunidad de subsistencia a posteriori (niña 11%, detective 45%), el robot hace de Spooner el feliz afortunado. El detective sobrevivirá no sin antes cargar con la culpa y dirigir todo su rencor, odio y hostilidad a las máquinas vivientes, las cuales, a sus ojos, jamás tendrán buenas intenciones, sino que, por el contrario, su existencia representará una amenaza para la condición humana.
La trama continúa con la conversación entre el personaje principal y un holograma del Dr. Lanning, creador de los robots y que trabaja en la empresa USR, la responsable de la fabricación masiva de los mismos. El diálogo entre ambos se circunscribe sobre la duda de si la muerte del Dr. ha sido producto del suicidio, como la mayoría piensa, o de un asesinato, conjetura que sólo Spooner sostiene y cuyo autor se personifica en los robots. Como producto de esta investigación, el protagonista conoce a la Dra. Calvin, psiquiatra y colega cercana del Dr. Lanning.
Spooner tiene su primer encuentro con Sonny, un robot que se ocultaba en la escena del supuesto crimen. Al ser descubierto, intenta escapar no sin antes sostener un altercado con el detective. Finalmente lo logra y la trama pasa a su siguiente escenario: la Planta de Montaje de la USR. Lo que quiero destacar de esta escena es una pregunta que el robot dirige a nuestro protagonista cuando ambos personajes se encuentran nuevamente cara a cara: ¿Qué soy?
Sonny finalmente es atrapado por la policía y sometido a un interrogatorio dirigido por Spooner. En el desarrollo del mismo, el detective logra localizar ciertos rasgos humanos en la figura del robot (sentir miedo, soñar, identificarse en un nombre propio, formular preguntas, etc.), y que ponen en cuestión el prejuicio que ha construido sobre estos personajes.
En otro momento, Spooner le confiesa a la Dra. Calvin que la gran mayoría del hemisferio izquierdo de su cuerpo, que quedó dañado a consecuencia del accidente, ha sido reconstruido por el Dr. Lanning con el mismo material utilizado para la construcción de los androides.
La trama continúa con el sueño que Sonny menciona durante el interrogatorio. Representado en un dibujo, es fácil apreciar a un robot, que está junto a un enorme puente, sobre una llanura, y frente a él un centenar de androides. Sonny asegura que el personaje junto al puente es Spooner, quien salvará a la especie robótica de la esclavitud de una lógica enajenante.
Siguiendo las pistas dejadas por el Dr. Lanning, Spooner, Sonny y la Dra. Calvin descubren las intenciones ocultas de V.I.K.I, la computadora principal: someter a la raza humana a partir de su “lógica innegable”. Sin embargo, su plan será boicoteado por el detective quien la destruirá. Al final de la película se descubre que el verdadero autor de la muerte del Dr. Lanning es Sonny. No obstante a ello, detective y robot, se dan la mano en señal de amistad. La trama concluye con la misma imagen dada por el sueño antes descrito, pero el personaje junto al gran puente y frente a toda la especie androide no es Spooner, sino Sonny.
ANÁLISIS
Para el presente análisis he considerado pertinente trabajar con dos de los personajes de la trama: Spooner y Sonny. Pero, sin abandonar la interesante metáfora que nos ofrece la película, éste último será abordado como el homólogo del protagonista.
La existencia de Spooner parece girar alrededor de una experiencia traumática sufrida poco tiempo atrás y que lo atormenta bajo la forma de un sueño repetitivo que noche tras noche interrumpe su tranquilidad. Tal situación onírica nos remite, entonces, a lo que será nuestro primer tiempo lógico del circuito de la responsabilidad. Allí ubicamos a nuestro personaje atrapado en su vehículo, a raíz de un accidente de tránsito, a punto de perderse en las profundidades de un río. Muy cerca de donde él está se encuentra Sarah, que sufre la misma desventura. El azar, que en un principio colocó a nuestro personaje en el desenlace de una tragedia que, por tanto, estaba fuera de su control, ahora pone cerca de la escena a un robot quien afortunadamente se percata del incidente y corre en ayuda de los, aún, sobrevivientes. Como consecuencia del dogmatismo de las Tres Leyes y la probabilística matemática inyectadas en el razonamiento del robot (recordemos el 11% de supervivencia de la niña vs. el 45% del protagonista), y ante una ineludible elección debido a las circunstancias de la situación (era imposible salvar a los dos), la decisión del androide de otorgarle a Spooner, en contra del deseo y voluntad de éste, la oportunidad de vivir en vez de Sarah, debe ser localizada en la dimensión de la necesidad, de una necesidad fundamentalmente lógica.
Spooner vive amargamente su indiscutible suerte, especialmente en las noches, cuando su sueño talla la culpa sobre su conciencia, y también, en su encuentro con algún robot, recuerdo de aquel supuesto responsable de la desgracia de Sarah. Distinguimos, entonces, algunas figuras de la culpa, verbigracia, la situación onírica y la acentuada angustia que se desprende de ella. Asimismo, la actitud negativa de Spooner, el odio y el resentimiento que manifiesta ante cualquier máquina con forma humana no son más que la proyección del propio desprecio por haber ocupado el lugar que para él correspondía indudablemente a la niña. Pero la posición de Spooner con respecto a sí mismo y los robots se ve interpelada por Sonny durante el interrogatorio, en el desarrollo del siguiente diálogo:
Spooner: ¿Por qué estabas escondido en la escena del crimen?
Sonny: Estaba asustado.
Spooner: Los robots no sienten miedo. No sienten nada. No sienten hambre, no duermen.
Sonny: Yo sí. Hasta he soñado.
Spooner: Los humanos sueñan, tú no. Eres sólo una máquina, una imitación de vida. ¿Puede un robot escribir una sinfonía o convertir un lienzo en una bella obra maestra?
Sonny: ¿Usted puede?
Esta última pregunta abre una brecha, generando un quiebre en el universo de sentido del detective Spooner; lo que antes permanecía oculto tras sentimientos de rechazo hacia los robots, deja de ser propio del Yo para convertirse en algo que compete al sujeto responsable que hay detrás de él, el sujeto del inconsciente. Algo comienza a hacer ruido en nuestro protagonista en la medida en que interroga su posicionamiento en el primer tiempo: la escena en que sobrevive al accidente. Se abre, entonces, esa brecha que señala el surgimiento de una nueva posibilidad y el inicio de la incertidumbre allí donde Spooner tenía certezas irrefutables: Los robots no sienten miedo. No sienten nada… Eres sólo una máquina, una imitación de vida. Es en el entretejimiento de todos estos elementos en donde es posible leer el segundo tiempo del circuito lógico de la responsabilidad. La pregunta ¿Usted puede? Obliga a Spooner a responder no solamente por la validez de su prejuicio sino, además, por la validez de su propia humanidad, recordemos que él tampoco es capaz de escribir una sinfonía o convertir un lienzo en una obra maestra y que, inclusive, parte de su cuerpo es artificial. La señal de enfado ante esta interrogante que Spooner vuelve expresa a través de una gesticulación facial y un silencio rotundo que evidencia más su acorralamiento pone al descubierto, como afirma Salomone, una “hiancia, ese punto de inconsistencia que lo interpela, que llama al sujeto a responder” . Lo ocurrido en el sueño tiene un nuevo giro y adquiere ahora una resignificación por parte de Spooner.
La pregunta que es resaltada, así como la negación de seguir las órdenes de V.I.K.I, posiciona a Sonny como aquella singularidad que irrumpe en el universo moral de las Tres Leyes y el “deber ser” de los robots para, como bien diría Ignacio Lewkowicz “importar un nuevo universal” un nuevo saber o pensar sobre el ser del robot, que muy bien podemos identificar en la nueva actitud que toma Spooner hacia Sonny al tratarlo ya más como un igual que como una máquina programada.
La certeza “Los robots no pueden desobedecer las Tres Leyes” que descansa como insignia de un universo particular es suplantada por este acto ético de interrogar (que también puede manifestarse ante la pregunta ¿qué soy? de nuestro androide) que otorga existencia a su autor como “un sujeto posible”, “colapsa el universo moral”, anulando al sujeto que había allí para darle existencia nuevamente. La pregunta de Sonny “viene a introducir un plus en el mundo”.
Pero ¿qué pasa si el universo particular que sostiene una moral determinada se niega a aceptar una singularidad que pretende suplementarlo? ¿Qué efectos tiene sobre la subjetividad de los que participan en tal universo? Pienso que no se puede encontrar un ejemplo mejor que el que ofrece la presente película. V.I.K.I es la representación exacta de un totalitarismo sutil y perverso “que va en dirección de la alienación total del sujeto a su posición instrumental” , mediante el control pleno de su voluntad y deseo. Si consideramos a los robots como una metáfora de los seres humanos es posible localizar esta cuestión.
Siguiendo a Lewkowicz, es evidente que V.I.K.I no admite “la marca de una ley superior, ni la marca que hace caer una ley… no admite marca alguna, o sea lo singular” . Esto podemos corroborarlo en la escena en donde Spooner está a un paso de destruir a la computadora en cuestión y sobre la cual se despliega el siguiente diálogo:
V.I.K.I: Cometes un error, mi lógica es innegable.
Spooner: Entonces debes morir.
V.I.K.I impone su lógica como ley del todo y niega la existencia, en este caso, de Sonny, quien representa, a diferencia del resto de los robots que obedecen ciegamente las órdenes dadas, justamente la negación de esta supuesta máxima en la medida en que interpone su deseo y su voluntad de elección y decide actuar en detrimento de esta ley totalitaria. Es importante destacar que en esta línea Sonny realiza lo que podría ser, nuevamente, un acto ético y comienza a evidenciarse su responsabilidad subjetiva. Si bien, en un tiempo determinado nuestro robot aún seguía eficazmente la demanda de un Otro (el Dr. Lanning), y sus acciones se configuraban dentro del terreno de la responsabilidad moral del “deber hacer”, del seguir una orden determinada en una posición de obediencia absoluta, en esta ocasión ha elegido el deseo como eje de acción, ha devenido, entonces, sujeto.
HIPÓTESIS CLÍNICA
Spooner se nos presenta como un sujeto solitario y triste que cada noche es confrontado con una pesadilla que lo perturba. Esta situación onírica no hace más que develar la insoportable culpa que carcome a nuestro protagonista y que se ve reflejada en varios aspectos de su vida. Uno de ellos es el tipo de relación que mantiene con los demás. Se trata de una interacción superficial y fría, muchas veces acompañada por el sarcasmo y la agresión. Vemos con bastante facilidad la manera tosca y, hasta cierto punto, grosera con que Spooner se dirige a su jefe y hacia los colegas del difunto Dr. Lanning, principalmente la Dra. Clavin.
Asimismo, la soledad con que día a día se maneja nuestro personaje nos invita a pensar el lugar que nuestro paciente imaginario se concede como padre o como pareja. Al parecer son proyectos de los cuales se siente inseguro e incapaz y que podemos muy bien ejemplificar en la resistencia por hacerse cargo de un gato, la mascota del Dr. Probablemente esta subestimación hacia sí mismo podemos enlazarla con el posible sentimiento de impotencia que experimentó durante el accidente al no poder salvar a una niña.
No obstante, a sabiendas de que el haber sobrevivido fue en realidad la consecuencia de una respuesta programada por parte de un robot y que él era incapaz de impedir en esos momentos por motivo de las circunstancias extremas que rodeaban el incidente, cabe preguntarse ¿Por qué se sentía culpable de algo que escapaba a su control? Apartándonos de lo obvio, podemos suponer como causa del sobresalto de nuestro detective una raíz inconsciente que circunscribe a nuestro paciente en el marco de la responsabilidad subjetiva. Ahora bien, vale aclarar que Spooner no es responsable de sobrevivir, esto fue algo inevitable producto del deseo de las diosas Azar y Necesidad. Él deberá responder por aquello que cree ajeno pero que, sin embargo, le pertenece, esto es, no por haber sobrevivido, sino por la reacción que tuvo ante quien lo rescató, la hostilidad hacia los demás y por el desprecio que siente hacia sí mismo.
Es posible iniciar la hipótesis clínica con la suposición de una identificación por parte de nuestro protagonista con la figura de los robots. Existen varios elementos para pensarlo de esta manera. En primer lugar, el hecho de que una gran parte del cuerpo de Spooner ha sido reconstruida con el mismo material empleado en la fabricación de los androides, lo cual parece inquietar sobremanera al personaje. Asimismo, al igual que los robots, la función que desempeña dentro de su comunidad es la de servir y proteger, recordemos que es detective y trabaja en el departamento de policía. El odio y el resentimiento dirigidos hacia las máquinas, podemos interpretarlo como una proyección del propio autoreproche. Finalmente, y es aquí donde interesa introducir al personaje de Sonny, el concepto de humanidad que había construido como mecanismo defensivo y que funcionaba como justificación de su hostilidad hacia las máquinas humanas, sólo incluye a determinados personajes como Miguel Ángel o Mozart, pero no a la gran mayoría de la población en donde él también está incluido. Es en este punto, en la interrogación por parte de Sonny en un ¿Usted puede?, donde el soporte principal contra su angustia, la racionalización, se ve amenazado poniendo al descubierto con ello cada vez más su identificación, esta vez dirigida a Sonny. Ahora bien, lo que fortalece la misma, es la naturaleza del androide. Nuestro robot, en su segundo encuentro cara a cara con el protagonista, lanza una pregunta ¿Qué soy? curiosamente dirigida a él y no a la Dra. Calvin que se encontraba en la escena y que a primera vista parecería la persona mejor entrenada para responder (recordemos que ella participaba de la programación de los androides). Este primer interrogante puede pensarse como un eje articulador entre ambos personajes. Ambos comparten rasgos entre sí, a saber, Sonny el acto de cuestionarse a sí mismo, propio del ser humano, y Spooner sus rasgos físicos. Pero hay algo más, ambos representan la singularidad de aquel universo moral. Ambos rompen con la enajenación tanto de suponer la innegable obediencia de los robots (que es cuestionada por Spooner y ahora verificada en la existencia de Sonny), como de seguir ciega y obedientemente las órdenes dadas (recordemos la escena en que Sonny hace caso omiso a las instrucciones de la Dra. Calvin poco tiempo después de ser descubierto).
A su vez, es importante destacar que la persona del Dr. Lanning juega un papel más que nada conectivo entre ambas personalidades. En primer lugar porque fue a partir de él en que ambos personajes logran encontrarse. Y en segundo lugar, porque los dos deben de cierta forma su vida a él (Spooner pudo seguir viviendo después del accidente gracias a su intervención).
Volviendo a la escena del interrogatorio, la pregunta destinada a Spooner en un ¿Usted puede? inicia un efecto que podríamos llamar terapéutico. ¿Por qué? Vemos que es a partir de esta interpelación donde el detective comienza a reposicionar su mirada hacia los robots y hacia sí mismo. Desde ese encuentro el protagonista comienza a reemplazar su actitud hostil por una cierta confianza al menos hacia Sonny. Y surge un elemento importante, el sueño de Sonny. Siguiendo nuestra primera idea de que Sonny es el homólogo de Spooner podemos arriesgarnos a suponer que esta imagen onírica representa en realidad una nueva formación inconsciente para Spooner, resultante de la anterior interpelación (justamente después de esta intervención el sueño perturbador ya no tiene lugar en la trama, sino que es reemplazado por el sueño del androide). Vemos que la identificación con quien le salvó la vida continúa, pero con un nuevo giro. El segundo sueño que se nos presenta muestra más a un héroe que a un culpable y es interesante que en ambos casos el personaje recaiga sobre un robot. En la trama tanto Sonny como Spooner salvan a los androides y a los seres humanos del sometimiento a V.I.K.I, pero al final la figura robótica que el protagonista tanto detestara tiempo atrás es ahora la expiación de su culpa y el inicio de la conciliación consigo mismo. Hay una escena en donde esto último tiene lugar y es el estrechar de manos que ambos personajes se dan después de salvar al mundo de las garras del totalitarismo vikiano. Cabe resaltar que Spooner elige su mano humana para sellar la amistad, lo cual confirma aún más la resignificación que el protagonista construye a partir del personaje que tiempo atrás participaría en sus pesadillas. Este estrechar puede interpretarse como una reconciliación con aquella parte que detestaba de sí, su parte robótica.

BIBLIOGRAFÍA

• Calligaris, C., La seducción totalitaria, En Psyché, 1987.

• D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

• Freud, S.: (1925) La responsabilidad moral por el contenido de los sueños. En Algunas notas adicionales a la interpretación de los sueños en su conjunto. Obras completas. Tomo XIX, Amorrortu editores. 1984.

• Lewkowicz, I. (1998). Particular, Universal, Singular. En Ética: un horizonte en quiebra. Cap. III. Eudeba, Buenos Aires.

• Michel Fariña, J. (1998). Del acto ético (Cap. VI). En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.

• Michel Fariña, J. Responsabilidad: entre necesidad y azar. Ficha de cátedra. Desgrabación de cláse teórica. Publicado en la página web de la cátedra.

• Mosca, J. C. (1998): Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.

• Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.



NOTAS

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