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UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES
FACULTAD DE PSICOLOGÍA

ÉTICA: II PARCIAL
“INTELIGENCIA ARTIFICIAL”

CÁTEDRA: Fariña
PROFESR: Federico Ludueña
COMISIÓN Nº: 27 (jueves 11 hs.)
INTEGRANTES:
• Triaca, Ayelen.
LU: 320374640
(ayelentriaca@yahoo.com.ar)
• Tripicchio, Daiana.
LU: 337860110
(daianatripicchio@hotmail.com)

En el texto de Fariña queda muy claro que la historia llevada a la pantalla grande por Steven Spielberg, “Inteligencia Artificial”, es una ambientación maravillosa del clásico cuento “Pinocho” de Collodi. Podemos ver que el niño Meca creado por el profesor Hobby, de alguna manera le permite mitigar su soledad, tal como ocurría con Gepetto, el viejo carpintero. Este pequeño robot no sólo es inteligente sino que es capaz de sentir y de amar incondicionalmente a quienes lo programen para ser su hijo; David no es más que el pinocho del film, que vendrá a sustraer al matrimonio de la profunda tristeza de tener a su único hijo en un estado de coma crónico. Ellos conocen la condición de que, una vez programado el robot, la situación sería irreversible, y que si en algún momento se retractaban de su decisión deberían devolverlo a sus creadores para que sea destruido.

Estos padres deben enfrentarse ante la responsabilidad subjetiva, que debe diferenciarse de la responsabilidad jurídica y moral. Freud ubica la responsabilidad subjetiva en aquellas manifestaciones inconscientes, esa división que se da en el sujeto, que el yo experimenta como punto de inconsistencia, el yo se desorienta frente a aquello que le es ajeno. Nos habla del inconsciente como un saber no sabido. Una vez que el matrimonio acepta quedarse con David se abre un espectro de posibilidades que ellos no pueden anticipar, el hijo biológico recupera su salud y tras reincorporarse al hogar se manifiestan celos y tensión entre ambos niños, así es que deciden deshacerse del robot para salvaguardar la vida de verdadero hijo. Ahora se enfrentan ante un conflicto ético donde deben decidir que hacer con el niño Meca: si devolverlo a sus fabricantes para que lo destruyan o tomar el camino de abandonarlo y dejar su suerte al azar, sabiendo que de todas maneras correría riesgos y que su “vida” podría estar en juego. Deciden tomar el segundo camino y así, la madre, engañando al pequeño con un supuesto día de campo, lo abandona en medio del bosque, una zona de alto riesgo ya que se estaban produciendo cacerías de viejos robots para entretenimiento de los Orga.

En el transcurso de la película se pueden detectar los tres tiempos lógicos comprendidos bajo el término de la responsabilidad. Un Tiempo 1 en el cual el sujeto lleva adelante una conducta con un fin determinado, podríamos pensar aquí cómo esta familia decide que David ocupe el lugar irremplazable de aquel hijo que se encuentra en coma, sabiendo y asumiendo las consecuencias y responsabilidades que tal acto implicaba. Creyendo que iban a poder corresponder el amor que ese niño les brindaría de manera ilimitada y sin condiciones.

El Tiempo 2 del circuito se presenta cuando el sujeto recibe de la realidad indicadores que le revelan que algo anduvo mal. Tal como lo sostiene J. J. M. Fariña, en el segundo tiempo “las cosas fueron más allá” de lo esperado. El sujeto se ve interpelado por unos elementos disonantes. En “Inteligencia Artificial” podríamos mencionar el momento en que el hijo biológico del matrimonio se recupera milagrosamente y retorna a ocupar su lugar. Ambos hijos compiten por el amor de su madre y la pareja se ve obligada a tomar una “decisión”, de manera que abren un campo de plena incertidumbre, haciendo referencias a cuales serán las consecuencias de sus actos y donde no pueden calcular efectivamente cual será el efecto de tal decisión. Dejar a David en medio del bosque supone un cambio de posición de los padres frente a las circunstancias. Es así que el segundo tiempo se sobre impone sobre el primero resignificándolo, cobrando un nuevo valor, la emergencia de la singularidad es lo que pone en evidencia la incompletud de ese universo previo.

En este caso en particular no pudimos vislumbrar el tercer momento en el que se produce un reposicionamiento del sujeto y la verificación de la responsabilidad subjetiva. La madre no tiene una elaboración de sus actos, no se observa en ningún momento que se cuestione sobre la decisión de abandonar a ese pequeño quien había sido diseñado para amarla por el resto de sus días. Y aun dándole David el regalo de volverla a la vida, ella no muestra arrepentimiento alguno, ni se cuestiona sobre aquella decisión y el valor que el niño Meca tenía para ella. Parecería ser que si bien durante algún tiempo David le permitió llenar su vacío al recuperar el objeto de su deseo él ya no tenía lugar alguno en su vida.

También se podría pensar lo relativo al azar y la necesidad, y cómo entran en relación con el film analizado. Si se tiene en cuenta que la necesidad involucra a todos los sucesos que están ajenos a la voluntad humana, que suceden si o si, cabría rescatar que el joven Meca, transcurrido el tiempo y considerando la mortalidad propia de la especie humana, tarde o temprano se quedaría solo en este mundo. Por otro lado, el azar puede definirse como aquello impredecible, que escapa a la lógica y al control, estos padres no podían predecir que es lo que iba a suceder con aquel hijo en estado comatoso, ni que los celos ocasionados entre los niños pondrían en riesgo la vida de estos.

“Responsable es aquel de quien se espera una respuesta”… Estos padres deberán responder en relación a qué es lo que van a hacer con David, esta responsabilidad subjetiva puede implicar culpa. La misma cuenta con dos requisitos: por un lado la conciencia de la acción, y por otro la conciencia de las consecuencias. En base a esto podemos decir que efectivamente la pareja es culpable de su acto, ya que saben plenamente que al abandonar a David lo libran a un futuro incierto, lleno de riesgos y sufrimiento, ya que él los seguirá amando y buscando eternamente.

Por otro lado es válido también dar cuenta de la posición del Dr. Hobby, del ingeniero creador de este particular Meca. Su responsabilidad, como representante de la ciencia, radica en el debate ético de si es o no correcto crear seres que puedan sentir. Si la creación de un robot capaz de adquirir conciencia sería una posibilidad más que una utopía, tratarlos como meras máquinas podría ser inmoral. ¿Sería ético someterlo a la voluntad de los humanos? ¿O lo correcto sería otorgarle su autonomía?, ¿Es justo imponerle una eternidad de amor hacia seres mortales, finitos? Podemos ubicar la responsabilidad entonces, también del lado del deseo de omnipotencia del ser humano y de la búsqueda desenfrenada de crear un ser más perfecto que el hombre mismo.



NOTAS

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