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Inteligencia Artificial

“Psicología, Ética y Derechos Humanos”
Curso de Verano

Apellido y Nombre: Medina, Ma. Lurdes.
Profesor: Peréz Ferreti, Fernando
Comisión: 2
L.U: 309190250
Inteligencia artificial nos transporta mil años hacia el futuro, presentando un presente donde la naturaleza ha arrasado con parte de la tierra y el hombre se ve obligado a cuidar los recursos existentes para su sobrevivencia, razones por lo cual se ha debido legislar la misma reproducción de la raza humana con estrictos controles de natalidad. En este escenario el avance tecnológico ha creado máquinas autónomas al servicio de la humanidad, máquinas que se mantienen con su propia energía creadas para satisfacer las necesidades del hombre. Esta ambición es puesta en marcha en la producción de un “niño robot” capaz de amar, una propuesta en el horizonte de un nuevo mercado: “crear un hijo para un padre”.
Producto de esta visión “nace” como proyecto David. En la búsqueda de padres para comenzar a comercializar a David, Monica y Henry Swinton quienes hace 5 años tienen a su hijo Martin en coma son seleccionados por su situación. Es Henry quien adquiere a David y se lo regala como un presente para mitigar el pesar de su esposa. En un primer momento Monica reacciona ante la nueva adquisición de su esposo, se estremece ante esta tan real imitación que se presenta ante sus ojos, sin embargo luego termina por aceptar este regalo. Henry le aclara que una vez programado no se puede volver atrás y si se arrepiente deberán llevarlo para que lo destruyan. A pesar de las advertencias Mónica decide programarlo como su hijo, decide sellar el amor entre ella y David.
Para realizar el desarrollo del circuito de la responsabilidad voy a tomar a Mónica, la madre de David y Martin.
En un primer tiempo, la pareja se encuentra ante el coma de su hijo, Martin, supuestamente irreversible afirmado en una de las primeras escenas por los doctores que asisten al niño. Son ellos quienes le plantean que para su hijo no hay solución posible, al menos por el momento, pero sí la hay para su madre. A la orden de la necesidad una nueva legalidad restringe la reproducción de la humanidad, lo cual da lugar a la creación de David. Por otro lado, una tragedia familiar coloca a los Swinton como padres privilegiados para el nuevo prototipo. Es así como Henry decide comprar un muñeco para amortiguar las lágrimas de esta madre. Nos encontramos así con una primera escena donde Mónica se niega a aceptar el regalo: “No puedo aceptar esto! no puedes sustituir a tu propio hijo!”. Dada la reacción de su esposa Henry ofrece devolverlo a la mañana siguiente, Mónica se tranquiliza “…¡¿Henry viste esa cara?! Es tal real..pero no lo es, por adentro es como todos los demás..no? Pero por fuera, se ve tan real como si fuera un niño… Un niño”. Luego se desarrolla una escena donde Henry le explica como programar a David y le advierte de las consecuencias de hacerlo. “Mónica no lo programes hasta que no estés 100% segura” a lo cual Mónica responde: “ por supuesto que no estoy segura”. En una escena posterior Mónica acuesta a David por la noche e imagina a su hijo dentro de la cámara criogenetica; la mañana siguiente decide programarlo, reafirmando así su decisión al escucharlo decir “mami”. En una escena posterior, algo inesperado sucede, Martin despierta del coma y vuelve con sus padres. Todo sigue su curso hasta que estos “dos hermanos” comienzan a competir por el amor de la madre, así varios episodios comienzan a hacer vacilar a Monica, una leve sospecha de que su decisión fue más allá de aceptar a David. Llegamos así a una escena donde donde Henry, luego de un episodio entre los hermanos, le pregunta “vale la pena que Martin, tú o la familia corramos el riesgo?” , a lo cual Monica responde que devolverlo no es una opción. Conservar a David, la acción de programarlo finaliza allí mismo, en tener quien le diga “mami”. Hasta aquí ubico el primer tiempo, Monica aceptando el regalo de su esposo, acepta a David. Análogamente esta misma acción es realizada por Gepetto en el cuento de Collodi, tal como relata J.J.M.Fariña: “Para mitigar su soledad, el viejo Gepetto recibe un leño mágico con el que construye un muñeco parlante. Un madero con destrezas elementales que lo acompañe en la vida”.
La vacilación de Mónica en cuanto a conservar a David no era más que una incertidumbre hasta el momento en que ocurre un suceso inesperado que la amenaza y la obliga a volver sobre sus pasos al aceptar atenuar su soledad con un muñeco. El azar juega su carta y los lleva a un nuevo escenario. En la misma escena donde Henry cuestiona a Monica el hecho de conservar a David, Martin y otros niños juegan en la pileta de la casa, uno de los niños intenta lastimar a David, éste asustado se abraza a Martin y ambos caen al agua. En un segundo tiempo lógico esta escena clave da cuenta de que las palabras de su marido ahora resuenan en su cuerpo con un grito “ Ay, mi dios no respira!”. Su hijo fue puesto en peligro, su posición como madre tambaleo en los bordes de la muerte y Pinocho ni sustituto alguno podrían sacarla de allí. A este respecto J.J.M.Fariña comenta en su escrito “Pinocho creará una ficción para sustraer a su padre del horror. Y así lo salvará de la muerte”, haciendo referencia a la muerte, no a la muerte de su hijo sino a la suya como madre.
Queda al descubierto la posición de este personaje y cómo responde ante la situación de verse desplazada en su lugar de madre. Se desliza a través de ecuación freudiana regalo-hijo-pene y su existencia se pone en juego en el tener, tener un hijo como condición de su ser. El eco en la pregunta de Henry retorna para interrogarla, pero esta vez, la pregunta es si esta dispuesta a colocarse ante su propia muerte como madre. Un grito de ruego a dios por su existencia dice “¡respira!”. Necesita a ese Otro como garante, no se llama si no allí donde hay un lugar potencial de una falta.
La pérdida de un hijo nos coloca en los márgenes de la particularidad, la situación por la que atraviesa el personaje no reviste singularidad en absoluto, cualquier madre haría lo mismo ante la pérdida de un hijo, sin embargo no es la situación en su totalidad la que da lugar al juego entre lo universal-singular. Este universo particular encuentra su límite en los algoritmos mismos de David, este niño meca nunca podrá ser su hijo, si bien le podrá regalar una ficción para sostenerla como madre, jamás pondrá en juego la muerte misma que supone su posición ante el deseo, tener un hijo. El personaje se queda amarrado en su deseo por el tener, necesita tener a quien hablar para poder ser, pero como bien lo dice J.J.M.Fariña “ La ciencia no puede formalizar lo sustancial de la condición humana.” Dejándola así preguntándose a sí misma ¿que es ser una madre?, y yendo un poco más lejos preguntándose desde su constitución como mujer y ¿que es ser una mujer?, a lo cual sólo puede responder como madre, he aquí la hipótesis clínica. Su ser mujer se encuentra desplazándose dentro de una ecuación donde solo el hijo puede plantear la perdida de su lugar y la falta misma de su ser. Si la posibilidad de la perdida queda planteada para su propia existencia, este grito no es solo por la posibilidad de muerte de su hijo sino por un trastoque de su misma existencia. Ser madre cobra sentido más allá de la palabra “mami”, estas letras rozan su existencia en tanto ser mujer y para serlo necesita mas que una palabra, y encuentra su garante en el respirar de su hijo. El no respirar da lugar al grito de mujer y por un instante se encuentra sola ante la muerte de su único y real garante, el personaje responde como madre, encontrando la respuesta deslizándose en la ecuación simbólica. No es azarosa la historia que decide contarle a sus hijos: “Pinocho”, una historia donde el muñeco destinado a mitigar su soledad se vuelve un niño de verdad, se convierte en su hijo.
El personaje se desentiende del cuestionamiento que se le plantea sobre su existencia, el sentimiento de culpa se abre camino en el abandono de David.
En una primera escena despojando a David toda la humanidad que antes le daba y para aminorar el sentimiento de culpa que asoma ante inminente destrucción al llevarlo a la fábrica, ante la pregunta de David sobre la cena ella responde: “tú no comes”. De esta manera retira lentamente a David de la posición de niño en la que antes lo había colocado. Allí donde fueron los celos, era un semejante a su hermano ahora es un robot y en esto se ampara para dar justificación a su acción; desentendiéndose así de toda responsabilidad. Sin embargo, no basta, puede deshumanizarlo pero el lugar de hijo que le brindo ha tocado su ser. Es así como decide no destruirlo sino abandonarlo, darle dinero y decirle como escapar de su destrucción, si bien lo abandona no lo destruye lo cual le significaría cuestionarse sobre su ser; de esta manera el sentimiento de culpa cierra el circuito en una suplica de perdón “Perdón por haberte contado sobre el mundo”. El determinismo de la ecuación cierra el círculo; la destrucción de David, en tanto lugar de hijo, le implicaría potencialmente enfrentarse a la pérdida de su garante. Quedaría en soledad ante su verdad, donde una nueva posición subjetiva debería emerger; es a esto a lo que teme, por lo que no cesa de escapar de aquello a lo cual debe responder, evitando así toda responsabilidad subjetiva.

Comparación con “El Muro” de Jean Paul Sartre.
En la historia que nos relata J.P. Sartre encontramos los tres tiempos lógicos que encaminan a Ibbieta en el circuito de la responsabilidad subjetiva. En el tiempo uno, Ibbieta emprende una acción que, como plantea J.J.m. Fariña, “se agota en los fines para los cuales fue concebida”; al ser interrogado por los falangistas, por segunda vez luego de estar prisionero una noche, decide jugarles una broma en cuanto al paradero de Gris: “se esconde en el cementerio”, como eligiendo deliberadamente cada una de sus palabras De la misma manera Monica Swinton, también emprende una acción, aceptar el regalo de su marido, programar a David para que sea su hijo y a pesar de los sucesos que fueron aconteciendo decide quedarse con él. Hasta aquí ambas acciones no van más allá de la iniciativa misma de la conducta emprendida.
En un segundo tiempo, estas conductas comienzan a hacer ruido en ambos personajes y a dar cuenta de que algo anduvo mal, que algo se fue más allá o más acá de lo esperado. En Ibbieta esa interpelación se le presenta bajo la noticia de la muerte de Gris contada por el panadero García: “encontraron a Gris, lo mataron en el cementerio”. Así también Mónica es interpelada de la misma manera. Cuando las palabras de su marido “vale la pena que Martin, tú o la familia corramos el riesgo?” cobran potencia en la escena de la pileta; Mónica se desentenderá de aquello que ha emergido al grito de “¡respira!” y abandonara a David, sin despegarse sin embargo de su condición de ser madre como sostén de su existencia como mujer. La muerte de su hijo le significaría su misma muerte como mujer, así también el lugar que le dio a David le impide llevarlo a que lo destruyan. Hasta aquí la comparación que puede realizarse con Ibbieta, no emerge un nuevo sujeto como en el cuento de Sartre, el personaje no queda ante su soledad sino ante un Otro que le habla de su ser.
Por último, poniendo en juego al azar y la necesidad en la grieta misma donde se escapa la subjetividad de ambos personajes. En Ibbieta nos topamos con una palabra “cementerio”, palabra que denota su deseo de vida; mientras que en Monica, si bien no es una palabra, es la elección del cuento que decide contarle a sus hijos “Pinocho” lo que deja entrever como responde este personaje ante el deseo.



NOTAS

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