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Psicología, Ética y Derechos Humanos
Cátedra I

Segundo parcial

Cátedra: Prof. Tit. Reg. Juan Jorge Fariña
Año: 2009
Cuatrimestre: 2º
Comisión: 15
Profesor: Lic. Mercadal, Gabriela Lucia
Alumno: Zícari, Julián (sanlofas@hotmail.com)

Introducción: historia, política y recreaciones

En la figura de Juan Moreira confluyen una larga lista de tradiciones y representaciones. Bajo su semblante se inscriben múltiples formas de pensar y de entender el espacio social, deviniendo un autentico mito fundante. Por un lado, Juan Moreira es la figura por anotomasia de la rebeldía y de la resistencia. El gaucho valiente capaz de escribir su propia historia a través del coraje y de su bravura. Por otra parte, Moreira también representa al hombre de los sectores populares violentado y ultrajado por las injusticias de un orden social excluyente. Desde el juez de paz al teniente-sargento, pasando por el inmigrante-comerciante y el patrono político, todas las formas del Estado Liberal moderno están presentes en la historia del hombre de los sectores bajos. Es por ello que las moreiradas, como se conocen a los relatos que buscan recrear a este gaucho, se escribieron en los imaginarios sociales argentinos como un semblante de la lucha y la indocilidad. A su vez, no debemos olvidar que los temas que entrecruzan la vida de Moreira son las problemáticas universales del hombre: la lealtad, la justicia, el amor, la violencia y el destino.
Por su puesto, como todo mito, las moreinadas no hacen otra cosa que reproducirse como un mito de otro mito. Deviniendo todas las diferentes versiones del mito, como Levi-Strauus bien lo señala, “verdaderas” en sí mismas. Así Juan Moreira originariamente fue un personaje histórico, real, de “carne y hueso”. Era el matón de un patrón político de la segunda mitad del siglo XIX rioplatense. Según las investigaciones que se hicieron sobre el Juan Moreira “real”, éste no buscaba más que convertirse en el mito del gaucho más bravo y valiente de todos, ser la encarnación legendaria del coraje criollo. Por su parte, luego de que éste Moreira “real” diera su vida persiguiendo la idea de representar el mito del gaucho valiente, un escritor famoso de esa época decidió recuperar a su figura para narrar lo que entendía que eran las injusticias vividas en el campo popular. De este modo, las andanzas de un gaucho matón pasaron a la inmortalidad bajo los escritos de Eduardo Gutiérrez. A partir de allí, la figura de Moreira recorrería diversas formas de representación, adquiriendo muchos otros modos de recrear y de denunciar al orden social. Desde la ópera al teatro criollo, de los disfraces en los carnavales al cine, todas ellas serían distintas maneras y versiones de revisitar lo que es Moreira: un mito criollo.
En efecto, Moreira sufrió una larga lista de maneras de ser puesto en vigencia. Desde la pluma de Eduardo Gutiérrez en adelante siempre su figura intentó plasmar algún tipo de intervención no menor en la arena pública. Tengamos en cuenta que las primeras apariciones del Juan Moreira de Gutiérrez se dieron en forma semanal entre los años 1879-1880 en el periódico La Patria Argentina, periódico de tinte nacionalista-popular que era opositor al orden social liberal que se estaba consolidando en el país por aquellos años. Así, en 1880 –un año después de la publicación de La vuelta de Martín Fierro- se publicaría toda la tira de Gutiérrez bajo forma de novela en un libro. De este modo, y gracias a los programas de educación obligatoria que comenzaban a aplicarse desde el Estado, Gutiérrez se convirtió en el primer escritor de masas de la Argentina. Luego, en 1886 Moreira le dio nacimiento al teatro criollo al plasmarse en el guión teatral de José “Pepe” Podestá. Allí fue la primera vez en nuestra historia que se lograba darle vida a personajes literarios con la utilización de actores de carne y hueso con una voz y una caracterización propia para cada uno de ellos, así como también conjugar nuevas recursividades (contar con animales amaestrados, canciones, vestuarios, música, bailarines y montajes) . En todos estos casos, la figura de Moreira no hizo otra cosa más que crecer y ganar popularidad. Los espectáculos teatrales se realizaban constantemente a sala llena. Función tras función los productores teatrales buscaban remarcar aquellos aspectos del show que más lograban cautivar al público, como por ejemplo subir en forma recurrente el número de oficiales y militares a los que Moreira asesinaba en escena.
Por su parte, el crecimiento exponencial de la figura de Moreira no hizo otra cosa más que insertarse en el corazón de la vida política nacional. Escritores, intelectuales y autoridades públicas debatieron constantemente a fines del siglo XIX y principios del XX si una obra como Moreira –en sus diferentes versiones- era adecuada para el público argentino, ya que su “calidad”, así como su impronta moral, eran fuentes permanentes para la agitación social. Llegando a generarse 2 sucesos característicos. El primero, fue que Moreira se convirtiera en el disfraz más popular en los carnavales porteños durante más de 20 años, deviniendo una autentica marca criollista para los inmigrantes recién llegados con vistas a patentizar su nueva de adopción de “argentinos”, así como también –y de manera paradójica- la “marca nacional” de aquellos criollos ya establecidos. Unos y otros encontraban en la figura de Moreira un distintivo de verdadero criollismo nacional. Por otra parte, también fue recurrente los diversos intentos de domesticar la figura de Moreira desde varios planos. Llevarlo a la ópera y a los grandes musicales, que se convirtiera en objeto de consumo de los sectores de elite o que las jóvenes generaciones de argentinos ya nacidos en el país rehuyeran de Moreira para diferenciarse de las “viejas modas” y de las disputas de antaño, fueron todos modos de significar la fuerte impronta que despertaba Moreira. Consecuentemente, tiempo después, el cine también llevó a revivir a Moreira como estandarte de masas. No siendo casual las 2 fechas en las cuales se realizó. En 1948 bajo la dirección de Luis Moglia Barth y en 1973 con la de Leonardo Favio, Moreira tuvo nuevos bríos con figuras muy cercanas al peronismo, siendo formas que, desde el peronismo, se intentó retomar las banderas de Moreira para evocar la lucha de los sectores bajos.
Sin embargo, y a pesar de la larga lista de formas en las que se plasmó Moreira, este trabajo no buscará indagar sobre el infinito magma de significaciones que su figura puede evocar. Sino más bien en detenerse a indagar sus pasos en torno a su singularidad en situación. Es decir, tratar de analizar sus pasos en vistas a su relación con su propio deseo y al circuito que posibilitaría asumir sus actos como creaciones que implican una responsabilidad que asumir. Con lo cual, nuestro objetivo será intentar centrar nuestra mirada en Moreira en tanto sujeto ético.
Para hacer esto abordaremos nuestro trabajo desde la recreación fílmica de Juan Moreira de Leonardo Favio (1973).

Moreira en el cine de Favio: ética y conciencia social en la espera del retorno de Perón

El relato de Favio sobre Moreira tiene diversos componentes que lo diferencian de otras versiones. En primer lugar, la historia está contada en retrospectiva: la cinta comienza con la muerte del protagonista. De este modo, toda la narración se estructura en torno a seguir los pasos que guiaron ese desenlace. Por su parte, al iniciar la película con el funeral del Moreira, se logran 2 efectos que deben llamar nuestra atención. El primero, es mostrar que más allá de la muerte de Moreira, su mito se halla vivo. Es decir, que existe algo que trasciende la vida de los hombres, su leyenda. Para el caso de Moreira, su rebeldía. No es casualidad que en el mismo funeral de Moreira una multitud reivindicara a su figura, comenzando una fuerte agitación contra la policía. En segundo lugar, que el film empiece con el final de la historia evita, para aquellos desconocedores de la misma, aminorar lo trágico de su desenlace. Así, el golpe fatal del fusilamiento de Moreira se ve disminuido en su amargura. En ambos casos el objetivo coincide: lo primordial no es un relato individual, sino más bien vislumbrar las injusticias del medio social, trasmitir las vivencias de una experiencia ultrajada. Cómo un hombre fue capaz de decir no y buscar hacer una diferencia. Es por ello que las tomas de picado nos generan la sensación de tener una vista general de los sucesos, poder verlos en toda su complejidad.
Ahora bien, el relato de Favio construye un Juan Moreira que se diferencia claramente de sus versiones anteriores en función del grado de conciencia social que éste logra adquirir. Ya que desde las primeras escenas Moreira cuestiona y se irrita por el maltrato que reciben los sectores populares –los gauchos, indios, los pobres-, la “falta de justicia” y los atropellos que sólo otorga el Estado. Esto es fundamental para nuestro punto. Ya que en la versión de Favio, Moreira no actúa de un mecánico. Es decir, luego del ultraje del desconocimiento de la deuda y la tortura del Juez de paz ir directamente tras la venganza. No, Favio fue perfectamente capaz de hacerle un agregado breve, que parece casi azaroso y menor, pero –sin embargo- fundamental. Ya que una vez liberado del juzgado de paz, comienza poco a poco a lamentarse no sólo por su situación y el atropelló que sufrió, sino también a comprender que la mayoría de los personajes del mundo rural estaban siendo constantemente ultrajados. Ya que, en este caso, será desde su toma de conciencia e indignación que Moreira pasara al acto : una vez asumida su situación (y contemplada la de otros) es que irá por la cabeza del pulpero Sardetti, para –posteriormente- completar su acto matando al juez/sargento. Con lo cual, el primer tiempo –su estadía en el juzgado de paz- será resignificado a partir de un segundo –su toma de conciencia sobre la realidad. Entre ambas secuencias, se abrirá para Moreira una ruptura radical sobre cómo entender su realidad, el tiempo y el espacio en el que vive. Todo tendrá para él un nuevo sentido, abriendo un espacio para la novedad en la cual plasmar su marca.
De este modo, el proceso que busca crear/representar el film no sólo tiene un contexto/escenario puntual (la campaña rioplatense), sino que además intenta articularse en el núcleo de sus tensiones: los conflictos suscitados entre los protagonistas del mundo rural y la nueva forma de Estado que se estaba imponiendo allí a partir del veloz proceso de transformación que la modernización liberal implicaba.
En efecto, el nudo temático del Moreira se apoya en las tensiones generadas con la mutación del medio rural campestre (lo que los miembros del Estado liberal gobernante denominaban “las consecuencias de la modernización”) combinado a las formas y modismos típicos de esa sociedad que todavía pervivían. Con lo cual, bajo la conflictiva convivencia de dos modos de comprender y organizar el espacio social y sus relaciones, se señalaba cómo se comenzaban a entrecruzarse cada vez más sus puntos de desencuentro y antagonismo (“lo arcaico” frente a “lo moderno”, “campo” contra “ciudad”, “lo tradicional” vs. “lo nuevo”). De este modo, mientras el Estado liberal lograba consolidarse (sobre todo a partir del año 1880) y buscaba acelerar los cambios que introducía la inserción argentina en la economía capitalista mundial (el considerado “progreso”) amenazaba con creciente fuerza y violencia las formas de vida subyacentes con las transformaciones que generaba. No es casual que se escogiera a la figura que decidiera marcar un quiebre ante el avance de este proceso sea un gaucho, la figura en desaparición tras el proceso de “modernización” .
Esto es fácil de verlo en la historia de Moreira. El deudor de Moreira –agente/causante de todo el drama- es un comerciante (un pulpero) de apellido italiano (un inmigrante) que no sólo no devuelve el dinero que se le prestó, sino que también niega el reclamo de Moreira frente a la autoridad. A su vez, ésta, en vez de tomar una actitud neutral o volcarse a darle la razón al gaucho (“el local”), se alía con el italiano y vuelca su veredicto contra al nativo y lo castiga. (Aquí podemos atisbar un guiño nacional/xenófobo). Con lo cual, vemos un tercer conflicto: la justicia estatal/liberal, lleva a Moreira a adoptar una decisión ética-subjetiva clave: hacer la justicia que no le fue dada y respetar su concepción del mundo o someterse a los nuevos tiempos y quedarse manso acatando el fallo.
En este punto, la respuesta de Moreira marcará –muy concientemente- su propio destino. A pesar de las advertencias que le propician y de señalarle los escenarios divergentes que se enfrentan, lleva a cabo lo que considera un acto de honor al cumplir la “palabra empeñada”: se cobra la vida del inmigrante que lo ultrajó. El medio rural/popular avala, a fin de cuentas, la elección tomada por Moreira. Primero, los gauchos que estaban en la pulpería de Sardetti (y que conocían lo que pasaba), intuían perfectamente cómo actuaría Moreira porque él era para ellos “un buen criollo”. Segundo, el Tata –un hombre viejo que representa la autoridad consuetudinaria- le confirma también a Moreira lo correcto de su acción al ratificarle “lo has muerto en güena lay”. En tercer lugar, tras sus actos, la figura de Moreira creció enormemente en popularidad en todo el medio rural (esto lo vemos en varias escenas de la película en la cuales a Moreira se lo trata casi como a una celebridad, lo cual hace que los patronos políticos lo quieran contratar). Es decir, Moreira lleva a cabo actos que la ley estatal castiga y –sin embargo- la comunidad rural reivindica.
Con lo cual, si no hubiera habido un inmigrante, ni un representante de la autoridad militar estatal (marcas de la modernidad liberal), Moreira habría continuado siendo un gaucho respetado y generoso que trabajaba honestamente, viviendo feliz en la campaña junto a su mujer e hijo (el estereotipo clásico del “buen criollo”). Los resultados de su acción lo llevaron a pasarse a la clandestinidad y volverse un forajido, debiendo abandonar su hogar, su familia y el estilo de vida (así como su posición subjetiva) que hasta ese momento llevada. Ya a partir de sus actos, será un gaucho que deje de creer mansamente en la legalidad o “justicia” que podría ofrecerle el Estado. Vemos entonces los conflictos: “su causa” y las muertes que lleva a cabo son “justas” para él y el ámbito rural al que pertenece, sin embargo el Estado le responde con injusticia, maltratos y castigos, para –finalmente- arrojarle la violencia total (una partida de soldados) que lo asesina.
Ahora bien, si el Moreira de Favio se caracteriza por ser el más conciente de todos los Moreiras con respecto las injusticias sociales, es también el más lábil en términos morales. Por un lado, luego de poder argumentar sus primeros asesinatos en pos de redimir las injusticias cometidas contra éste, logra también convertirse aceleradamente en una máquina de cometer homicidios, quedando muchos de estos sin poder tener ningún tipo de justificativo. A su vez, también este Moreira es el mismo que le pone precio a su coraje, usando su bravura como herramienta útil de los poderosos. Es decir, Moreira se convierte –contradictoriamente- en un agente productor y reproductor del orden social al que cuestiona. De esta manera, en el film podemos observar a Moreira desplazarse ágilmente de la figura del luchador conciente y decidido a ser luego un pasivo sujeto servil de los sectores dominantes. El mismo Favio en una entrevista concluiría en este sentido: “Todos tenemos un Moreira adentro. Vos no pensás que está victimizando a otro tipo, vos pensás que es Moreira [el que actúa] […] Y … somos latinos, siempre estamos con el bandido ”.
Con lo cual, podemos notar una marca nítida de la propuesta de Favio. Éste, a diferencias de las formas preponderantes de producir cine político y comprometido de ese momento, intenta dar herramientas para pensar y articular al campo popular –presentarlo como contestatario- sin imponerle algún programa, tendencia o conducta especifica. Moreira no es un mártir ni un héroe, sino un sujeto capaz de hundirse en sus propias contradicciones, temores e inseguridades personales. En otros términos, se intenta más bien retratar la experiencia de las luchas sociales de los sectores subalternos –con todas las contradicciones y aristas que esto pueda tener- y ganar así fidelidad más que aplicar estratagemas prefabricados de laboratorio. Gonzalo Aguilar comenta lo siguiente al respecto: “Ir a ver Juan Moreira era como asistir a un western pero nacional. [Y] sin embargo, el film admitía una lectura política. Favio parecía estar haciendo un guiño a las sectores radicalizados de la izquierda peronista y también a los sectores más tradicionales que se sintieron interpelados por la película en una época en que ir al cine era una salida habitual para las clases populares ”.
Sin embargo, a pesar de esto, Favio buscará aplicar una vuelta de tuerca más para mostrarnos la singularidad de Moreira en situación. Ya que todos sus crímenes y manejos con respecto a su comportamiento, poco a poco lo irán haciendo tomar acabada conciencia de sus actos. Es decir, poder afrontar (o mejor dicho, confrontarse) con su propio deseo y ser capaz de advenir responsable ante él. En este caso, crear un tercer tiempo que le permita cambiar definitivamente de posición y asumir íntegramente la responsabilidad de sus decisiones. En efecto, como recién dijimos, en un momento del film Moreira parece adoptar una lógica mecanicista de actuar, deviniendo prácticamente un matón a sueldo. Como si el valor de sus actos sólo se resumiera en aplicar la violencia pura contra el Estado sin que se pusiera en juego nada más. Sin embargo, cuando acepta el encargo de matar al que hasta ese momento había sido su protector (Andrade), terminará por comprender que el sentido de sus actos no tuvo sólo a la rebeldía o a la confrontación como motivos, sino otra cosa: evitar que el estilo de vida y los valores del mundo rural-popular se vean avasallados y aniquilados. Mientras él viviera, las formas de vida tradicionales de la campaña rural seguirían con vida. Como ya dijimos, sus actos no se enmarcaban solamente en el enfrentamiento con las jerarquías sociales, dado que él respeta varias. Sino más bien, en impedir que su propia indiosincracia (y la del mundo rural) se vea exterminada. Con lo cual, su propia singularidad será puesta en juego para preservar/resistir un mundo rural que estaba en al borde de la desaparición y que no deseaba que claudique de forma definitiva. De aquí que podamos notar 2 sucesos claves de la película, para llevar a establecer su viraje de forma definitiva.
El primero es el que señalamos recién, no poner su rebeldía simplemente al servio del poder de turno o vendérselo al mejor postor. Esta toma de conciencia definitiva de Moreira con respecto a su realidad social también es manifiesta en el momento en que éste debía matar a Andrade. Primeramente, ante la deserción de uno de sus compañeros (Giménez) por no estar de acuerdo con esa acción, Moreira exterioriza sus inseguridades y remordimientos por ser tan sólo un matón a sueldo. Comenzando a actuar la culpa en él. En segundo lugar, ratifica esto también cuando el remordimiento por convertirse en un traidor (con respecto a Andrade y a su propio deseo) le impide cometer el asesinato. Ya que Moreira, al no matar a Andrade, también lograba una forma de abrir nuevas posibilidades de evitar el avance fulminante de la modernización genocida (Andrade, como mitrista, era partidario de otra forma de Estado). Es decir, no matando a Andrade no sólo evita convertirse a sí mismo en una herramienta de la simple violencia política, enajenándose de toda situación, sino que a su vez –al no matarlo- salvaba a una forma alternativa de preservar su deseo. Ya que con Andrade se podrían construir otro tipo de alianzas y formas sociales. Donde, ya a partir de este hecho, Moreira terminara por hacer un giro subjetivo final. Terminando por descubrir de forma acabada a su deseo.
El segundo suceso del film nos lo marca el aniquilamiento final de Moreira. En este caso, Moreira decidió comprometer integralmente a su vida con la fidelidad de su deseo. Decidió no negociar una tregua, la cárcel o un combate civilizado, sino más bien pasar –por última vez- al acto, morir como creía que debía: luchar salvajemente ya que era una forma de defender la violencia popular/rural como una forma de justicia. Encontrar el límite y poder atravesarlo. Y con este acto, Moreira devino leyenda, salvando su lucha para siempre.



NOTAS

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