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UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES
FACULTAD DE PSICOLOGÍA

PSICOLOGÍA, ÉTICA Y DERECHOS HUMANOS
CÁTEDRA I
Segundo Parcial

PELÍCULA: JUEGOS SEXUALES (CRUEL INTENTIONS)

Reparto: Ryan Phillippe, Sarah Michelle Gellar, Reese Witherspoon, Selma Blair, Sean Patrick Thomas.
Dirección: Roger Kumble
Origen: Estados Unidos (1999)
Género: Drama

María Miksits
DNI Nº: 30.226.025
Comisión Nº: 1
Docente: Patricia Gorosito
Alicia Molteni
DNI Nº: 25.989.096
Comisión Nº: 5
Docentes: Tamara García Karo / Silvia Capurro

Curso de Verano 2011
SINOPSIS:

Sebastian Valmont es un adolescente atractivo y adinerado, que se divierte seduciendo chicas con el único objetivo de acostarse con ellas y luego dejarlas. Vive con su hermanastra Kathryn Merteuil, quien también es muy activa sexualmente.

Kathryn ha sido dejada por su novio por una nueva chica, Cecile Caldwell, quien no sólo es virgen sino también muy ingenua. Kathryn busca venganza, y para ello finge ser la amiga de Cecile, con el único propósito de arruinar su imagen y convertirla en una chica fácil. Por eso pide a Sebastian que tenga sexo con Cecile, pero Sebastian se niega, aludiendo que es una tarea muy simple y que tiene que proteger su reputación. Sebastian le cuenta que su nuevo objetivo es Annette Hargrove -una jovencita que escribe un manifiesto sobre su propia virginidad-, cuyo padre es el nuevo director del colegio al que concurren. Kathryn piensa que no podrá lograrlo y por eso realizan una apuesta: si Sebastian conquista a Annette, Kathryn le ofrece su propio cuerpo, algo que siempre lo ha obsesionado; si no la conquista, Kathryn se quedará con el lujoso auto de Sebastian. Kathryn y Sebastian sellan los términos de este acuerdo con un apretón de manos.

Sebastian propicia un encuentro con Annette en la casa de su tía y comienza con su misión. Sin embargo, Annette le anticipa que ya ha sido advertida de su reputación y que nada puede esperar de ella. A través de un amigo, Sebastian se entera que ha sido la madre de Cecile quien lo ha delatado, y para vengarse de ella, acepta ayudar a Kathryn y se acuesta con Cecile.

Annette va cayendo ante los cortejos de Sebastian y éste, sin darse cuenta, comienza a sentirse más atraído por ella. Un día, Sebastian la besa y en medio de ese beso apasionado, Annette lo aleja, confesándole que no confía en ella misma cuando está con él. Esa noche, Sebastian va a despedirse al cuarto de Annette, diciéndole que se va. Siente que ella está siendo hipócrita ya que sabe que está enamorada de él pero no se juega por eso. Annette lo frena, lo atrae hacia él con la intención de tener sexo, pero Sebastian se arrepiente, diciendo que no puede, y sale huyendo de la habitación.

Annette se va de la casa y se aloja con unos amigos. Tras ser recriminado por Kathryn por haber perdido su oportunidad, Sebastian va de inmediato a buscar a Annette para reconquistarla y finalmente se acuestan.

Kathryn se da cuenta de que Sebastian se está enamorando de Annette y le reprocha que así sólo conseguirá arruinar su reputación y destruir la de Annette, pues la gente no cambia de la noche a la mañana, y él y Kathryn son “de la misma calaña”. Es así que Sebastian decide terminar con Annette, diciéndole que sólo fue una más de sus conquistas y que está enamorado de otra persona. Cuando Kathryn se entera, se burla de él por ser tan fácil de manipular y por decirle adiós a la única persona que amó. Sebastian se da cuenta de lo que hizo, y le escribe una carta a Annette pidiéndole otra oportunidad. Se la hace llegar junto con su diario, su bien más preciado, donde detalla las maldades que hizo con Kathryn y las conquistas que tuvo. Busca de esta manera demostrarle que se encuentra arrepentido. Sebastian espera frente a la casa de Annette toda la noche, mientras ella arriba lee la carta y el diario.

A la mañana siguiente, Kathryn llama a Ronald -amante suyo y novio de Cecile-, diciéndole que Sebastian la ha golpeado y revelándole que él ha tenido sexo con Cecile. Ronald va a buscarlo al parque y comienza a golpearlo. Annette aparece, buscando a Sebastian para perdonarlo y ve la pelea. Intenta detener a Ronald, pero en el forcejeo cae en el pavimento frente a un taxi que viene a toda velocidad. Sebastian se da cuenta, la empuja y recibe el impacto, muriendo al poco tiempo.

ANÁLISIS:

El presente análisis se centra en el personaje de Sebastian Valmont, dando cuenta que en su caso podemos ubicar el tiempo 1 y 2 del circuito de la responsabilidad, pero que no alcanza a un tercer tiempo, como desarrollaremos oportunamente.

En un primer tiempo, ubicamos la apuesta entre Sebastian y Kathryn sobre Annette. Como señala Domínguez, el tiempo 1 es aquel “donde se realiza una acción determinada en concordancia con el universo de discurso en que el sujeto se halla inmerso y que, se supone, se agota en los fines para los que fue realizada” . Sebastian lee en una revista un manifiesto sobre la virginidad, escrito por Annette Hargrove, una chica que concurrirá a su colegio el año entrante y cuyo padre será el director. En palabras de Sebastian, Annette “es un modelo de castidad y virtud”, y no sólo tiene altas convicciones morales, sino que también tiene novio. Entusiasmado, Sebastian le comenta a Kathryn: “¿te imaginas como crecerá mi reputación? Acostarme con la hija del director antes de que empiecen las clases. Eso será mi victoria más grande”.

Kathryn, desconfiando de las posibilidades de Sebastian de concretar la acción, acepta la apuesta y define los términos: si Sebastian logra su cometido, Kathryn le ofrece su cuerpo, algo que a él le ha obsesionado desde que sus padres se casaron, pues es la única mujer que no ha podido tener. Si Sebastian pierde, Kathryn se quedará con su lujoso auto deportivo.

Este primer tiempo se asienta en el eje de lo particular. Al sellar la apuesta con un apretón de manos, Kathryn y Sebastian realizan una suerte de “contrato”, donde se espera que cada uno cumpla con su parte del acuerdo. Es el sentimiento del “deber” que permite la existencia del sujeto en lo social, como lo señala Ariel. En este eje particular se expresa la moral, entendida como “lo que es pertinente a la conducta social de un Sujeto entre otros” , que es temática, propia de una época y subsistencial. Los términos de la apuesta también forman parte de una manifestación de la moral, al indicar qué es valorado y qué no. Pero por sobre todo, Kathryn y Sebastian comparten como valor esencial la importancia de una buena reputación. La manera en que este valor es entendido y vivido por cada persona es particular. Así, mientras para Sebastian una buena reputación consiste en acostarse con la mayor cantidad de mujeres posible, para Kathryn una buena reputación se vincula con “ocultar” su promiscuidad sexual y mostrarse como una dama.

La imagen de Sebastian está construida sobre su éxito con las mujeres y la apuesta materializa el punto cúlmine de esa imagen, un verdadero desafío, ya que como él mismo señala: “ya me harté de acostarme con debutantes insípidas de Manhattan”. Sebastian es un seductor nato y por eso supone que la apuesta se agotará ahí, que no habrá un “exceso” sobre esta situación.

Aquí podemos ubicar los órdenes del azar y la necesidad. Como explica Fariña , el azar refiere a la contingencia, la casualidad, la coincidencia, en definitiva, a la suerte. Desconecta la relación causa y efecto. En nuestro recorte, podemos ubicar que resulta completamente azaroso que Annette haya escrito un manifiesto sobre su virginidad justo en la revista que Sebastian lee, que fuera a alojarse justo a la casa de la tía de Sebastian, y que su padre resulte ser justo el futuro director del colegio al que Sebastian concurre. Sebastian no puede responder por estos factores porque se deben al azar. Por su parte, la necesidad apela a lo inexorable, el destino, aquello que rige a través de una relación causa y efecto por fuera de la intervención del sujeto. En la película, podemos señalar la presencia de la pulsión sexual. Sebastian no es responsable por tener una pulsión sexual, porque la sexualidad con objeto indeterminado es un rasgo distintivo de la especie. Pero sí es responsable en referencia a cómo se expresa esa pulsión sexual en él, y eso apela a su singularidad en situación.

Como menciona Juan Carlos Mosca, “la responsabilidad del sujeto se encuentra en la grieta entre necesidad y azar”. Al producirse esta grieta, emerge un tiempo 2 que interroga al sujeto por su responsabilidad. Si no existiera esta distancia -es decir, si se debiera todo al azar, a la necesidad, o a una combinación entre ambos-, la pregunta por la responsabilidad carecería de total sentido.

El segundo tiempo lo ubicamos en el diálogo donde Sebastian le cuenta a Kathryn que ha dejado a Annette, y busca cobrar su “premio”. En esta escena, Sebastian retorna a su casa, espera a Kathryn con una botella de champagne para celebrar la ruptura, y le dice: “Tenías razón, no puedo cambiar, vos y yo somos de la misma calaña”. Kathryn propone un brindis: “Por mi triunfo”. Sebastian intenta completar la frase, diciendo: “por tu triunfo sobre Annette”, pero Kathryn lo corrige:

“Tontito, no triunfé sobre ella, fue sobre ti. Estabas muy enamorado de ella y sigues enamorado de ella. Yo hice que te avergonzaras de ello. Renunciaste a la primera persona a la que has amado porque yo amenacé tu reputación. ¿No te das cuenta? No eres más que un juguete, un juguetito con el que me gusta jugar. Y ahora ya arruinaste todo con ella (…) Salud (…) Supongo que viniste a hacer arreglos, pero lamentablemente yo no me acuesto con perdedores”.

Como señala Fariña, en el tiempo 2 el protagonista se da cuenta que algo “anduvo mal”, aparecen indicadores que señalan que “las cosas fueron más allá -o más acá- de lo esperado” . Sebastian no espera esta respuesta de Kathryn. Él quiere contarle la noticia y, suponemos, espera recibir su “premio” por haber ganado la apuesta. De hecho, anticipándose a que Kathryn podría haber hecho arreglos con Ronald -su amante- colabora para reunirlo con Cecile -de quien Ronald está enamorado-, y le arruina los planes a Kathryn. Pero las palabras de Kathryn son lapidarias. Definitivamente, algo anduvo mal.

Este segundo tiempo resignifica el primero: ¿Qué apuestan en la apuesta? Sebastian cree que apuestan su virilidad, su capacidad de estar con todas las mujeres. Pero Kathryn lo corrige. Sebastián cree que el objeto de la apuesta es Annette, pero en realidad, es él mismo. Sebastian no es más que un objeto para Kathryn, un “juguetito”, y así, lo confronta con la posición que ha asumido. El creía que era un ser omnipotente, pero en realidad, no es más que un objeto, y ni siquiera es valioso. Así como él manipula a todas las mujeres, Kathryn lo ha manipulado a él, ha jugado con él a su antojo… y ahora lo descarta. Las certidumbres yoicas de Sebastian se caen.

La hipótesis clínica es lo que permite explicar el movimiento del tiempo 2 al tiempo 1. Podemos suponer que Sebastian tenía la ilusión de ser el falo en el tiempo 1, ser el falo para Kathryn, aquello que permite una completud imaginaria. Pero Kathryn le ha revelado en el tiempo 2 que no lo es. Al calificarlo como “juguetito”, le está dejando en claro que él no es el falo, que él no completa nada y que ni siquiera tiene valor. Al querer “ser el falo” para Kathryn, Sebastian la sitúa a ella como subrogada materna, remitiendo a la tríada imaginaria del primer tiempo del Complejo de Edipo. De hecho, Sebastian ni siquiera le reclama que cumpla los términos de la apuesta, es decir, se queda sin la oportunidad de tener “a la única mujer a la que nunca pudo tener” lo cual, una vez más, nos remite a los deseos incestuosos.

¿Cómo responde Sebastian a esta interpelación? Con remordimiento y arrepentimiento, dos de las figuras de la culpa. Como señala Mosca, la culpa “subraya un ‘déficit’ de Sujeto” . Fariña y Gutiérrez indican que “los pensamientos atormentadores, el remordimiento, el arrepentimiento (…) serán algunas de sus figuras. En cualquier caso, no más que formas desplazadas -en el yo- de la responsabilidad ausente del sujeto” . Sebastian corre al teléfono y comienza a llamar a Annette, mientras camina nerviosamente por la habitación. Le dicen que no está, golpea el teléfono y se sienta mirando al techo, vencido. Entonces sale a caminar por las calles y le escribe una carta, pidiendo otra oportunidad. Luego va a la casa de Annette, a llevársela, junto con su diario. Le dicen nuevamente que no está, y empieza a llamarla a los gritos. Se queda toda la noche en el parque de enfrente, aguardando, mientras ella lee la carta y el diario. En la primera hoja de ese diario, se observa una foto de Kathryn y arriba de ella la frase “My love” (mi amor).

El arrepentimiento se da cuando un sujeto quiere pagar más de lo que le corresponde, para así evitar responder por aquello que ha sido interpelado. Sebastian trata de arreglar las cosas con Annette, evalúa su accionar como moralmente malo, y por eso se reprocha. Como señala Salomone, “el reproche (…) genera un movimiento en el sentido opuesto al de la responsabilidad subjetiva (…) Se trata de una culpa moral como respuesta a la interpelación” .

En otras palabras, Sebastian brinda una respuesta moral, que se ubica en el eje particular. Su respuesta no alude a aquello por lo que es interpelado (“haber querido ser el falo de Kathryn, ubicarla como subrogada materna y sus deseos incestuosos”). Es como si quisiera decirle a Annette “me equivoqué”. Pero como señala D’Amore, "no hay equívoco. El ’me equivoqué’ es como se dice, una disculpa por la que el yo se desculpabiliza del deseo, aceptando la culpa moral del reconocimiento de la pretendida equivocación (...) La culpa moral tapona el acceso a un orden de deseo. (...) ‘Me equivoqué’ es una pretensión de sutura, de cierre” .

En esta línea, Ariel señala que “si alguien toma una decisión en términos morales, la consecuencia de esa decisión es ser amado u odiado” . Sebastian está buscando el amor de Annette, en un intento desesperado de ser amado. Esta respuesta no implica una singularidad, no constituye un acto ético, pues no remite a lo universal, a los rasgos distintivos de la especie. La ética refiere a una posición frente a la propia soledad, un acto “para uno”, que excede toda moral y, por lo tanto, es atemática, atemporal, existencial y suplementaria. Sebastian no está respondiendo teniendo en cuenta ese horizonte ético. Y por esto tampoco hay tercer tiempo de la responsabilidad. Su sentimiento de culpa hacia Annette está ahí, palpable.

Cabe destacar, no obstante, que a pesar que dicha respuesta no implique una singularidad, sí podemos observar a lo largo de la película que la singularidad de Sebastian se materializa en la forma en que responde al universal de la sexualidad sin objeto determinado. En otras palabras, la singularidad en situación de Sebastian radica en que, por ejemplo, reconoce abiertamente sus deseos sexuales por su hermanastra, algo que desde “la moral” (eje particular) podría considerarse reprochable. Si recordamos la escena del primer tiempo, donde formulan la apuesta, Kathryn le dice: “Si tú ganas, te daré algo que te ha obsesionado desde que nuestros padres se casaron” (se saca el tapado y le exhibe su cuerpo). Luego Sebastian le pregunta por qué cree que va a aceptar, dado que su auto es un Jaguar deportivo 1956. Y Kathryn concluye: “Porque soy la única persona que no puedes tener, y eso te mata”. Cabe aclarar que Kathryn y Sebastian no están vinculados consanguíneamente, pero aún así, moralmente esta escena podría generar un cierto resquemor. Como hemos visto en la hipótesis clínica, los deseos sexuales de Sebastian se vinculan con su propia historia libidinal, esto es, algo propio de su singularidad. Lewkowicz señala que una moral particular ignora aquello que excluye, y por eso se requiere de una intervención subjetiva que produzca la singularidad, a través de un trabajo de lectura y nominación. Los deseos de Sebastian no constituyen una mera transgresión, pues si los consideráramos de esta manera caeríamos en un efecto particularista. La singularidad es una de las infinitas maneras en que lo universal toma lugar, pero lo universal nunca se agota allí, por eso la ética es un horizonte y el eje Universal-Singular resulta indisoluble.

Continuando con la película, Sebastian espera frente a la casa de Annette toda la noche. A la mañana siguiente, Kathryn llama a Ronald para decirle que Sebastian le ha pegado y que se ha acostado con Cecile, por lo cual Ronald va a buscarlo al parque y comienza a golpearlo. Annette aparece e intenta separarlos, pero cae al pavimento cuando viene un taxi. Sebastian ve la situación y se inmola para salvarla. Esta acción podríamos interpretarla a la luz de un pasaje al acto.

Iunger define el pasaje al acto como un “efecto de aniquilación del sujeto en un intento fracasado de hacer surgir su subjetividad” . Señala que es una escena donde pueden diferenciarse dos momentos: el primero alude a la gestación de la escena y su avance, que abarca sucesivamente más aspectos de la vida del sujeto, ampliando la escena. El segundo tiempo, llamado específicamente “pasaje al acto”, es cuando la escena se corta abruptamente.

Dado que Kathryn ha dejado en claro que Sebastian no es el falo, él pasa a ocupar paulatinamente el lugar de desecho frente al Otro. Cae de la ilusión de ser el objeto que completa a un Otro barrado, para posicionarse como desecho de un Otro que aparece sin barrar.

De esta forma, Sebastian progresivamente se va identificando con el objeto a en tanto desecho, resto. Ya Kathryn había ofrecido algunos indicios en una escena anterior “Mírate, mira a lo que te has reducido”. Paralelamente, Kathryn, que representa al Otro, ha ido borrando su barradura, situándose en una posición totalizadora de saber y de puro goce. Se ubica por encima de la ley, porque rechaza a Sebastian y no solo no cumple su parte del trato, sino que hasta la desprecia.

En la carta que Sebastian le escribe a Annette da cuenta de estar posicionándose en ese lugar: “Estoy deshecho sin ti”. Cuando observa que Annette enfrenta un peligro de muerte, realiza el segundo tiempo del pasaje al acto. Ya no hay vuelta atrás, por eso la empuja y toma el impacto del taxi en su lugar. Es un desecho.

BIBLIOGRAFÍA:

Ariel, A. (s/f): La responsabilidad ante el aborto. Ficha de cátedra. Mimeo. Publicado en la página web de la cátedra.

Ariel, A. (1994): Moral y Ética. Una poética del estilo. En El estilo y el acto. Bs. As.: Ediciones Manantial.

D’Amore, O. (2006). Responsabilidad subjetiva y culpa. En Salomone G. Z. y Domínguez M. E. (Eds.) La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I. Bs. As.: Letra Viva.

Domínguez, M. E. (2006). Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis. En Salomone G. Z. y Domínguez M. E. (Eds.) La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I. Bs. As.: Letra Viva.

Fariña, J. J. (1999). The Truman Show. Versión resumida de la clase dictada en la Facultad de Ciencias Sociales de la UNLZ el 8 de noviembre de 1999.

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www.psi.uba.ar/academica/carrerasdegrado/psicologia/informacion_adicional/obligatorias/071_etica/necesidadyazar_jjmf.doc

Fariña, J. & Gutiérrez, C. (1996). Veinte años son nada. Causas y azares. Número 3. Buenos Aires.

Iunger, V. (1993). Clínica del pasaje al acto en la neurosis. Exposición realizada en la Reunión Lacanoamericana de Psicoanálisis de Porto Alegre, Brasil, en agosto de 1993. Recuperado el 25/02/2011 de http://pablobenavides1.blogspot.com/2010/07/clinica-del-pasaje-al-acto-en-la.html

Lewkowicz, I. (2002) Particular, universal, singular. En Fariña, J. J. Ética, un horizonte en quiebra. Bs. As.: Eudeba.

Mosca, J. C. (2002). Responsabilidad, otro nombre del Sujeto. En Fariña, J. J. Ética, un horizonte en quiebra. Bs. As.: Eudeba.

Salomone, G. Z. (2006). El sujeto dividido y la responsabilidad. En Salomone G. Z. y Domínguez M. E. (Eds.) La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I. Bs. As.: Letra Viva.

Zimmermann, D. (s/f). Relaciones Peligrosas. Recuperado el 25/02/2011 de
http://www.eticaycine.org/Relaciones-Peligrosas



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