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UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES
FACULTAD DE PSICOLOGÍA

PSICOLOGÍA, ÉTICA Y DERECHOS HUMANOS

2º Parcial domiciliario

• Cátedra: Fariña
• Docente: Lic. Carlos Fraiman
• Alumna: María Clara Pizzorno
• LU: 335760660
• Comisión: 13
• Fecha de entrega: 16 de Noviembre de 2009

CONSIGNA DE EVALUACIÓN

Elija un film, un texto literario o alguna otra producción narrativa en la que se despliegue y pueda ser recortada una singularidad en situación. En caso de elegir una creación cinematográfica, la misma debe haber sido realizada entre el año 2005 y el presente (salvo condiciones excepcionales, las cuales deben ser autorizadas por el docente a cargo de la comisión de trabajos prácticos).

En ese recorte, escoja a un sujeto que tome una decisión comparable, en términos teóricos, a la de Ibbieta, el personaje del cuento “El Muro” de J. P. Sartre.

Analícela ubicando sus coordenadas en los tiempos lógicos del circuito de la responsabilidad y explicitando la hipótesis clínica que establezca respecto de qué debe responder el sujeto, en términos de responsabilidad subjetiva.

Incluya las referencias relativas a las categorías de necesidad y azar, así como a las de culpa y responsabilidad.

Articule con las categorías trabajadas a propósito de: la ética como horizonte en quiebra; el acto ético; lo universal-singular; la moral de lo particular y –si resulta pertinente– el efecto particularista.

La película que será tomada para llevar a cabo el desarrollo de la consigna es “Kung Fu Panda”, y el personaje a analizar es “Po”, el oso panda que desempeña el papel del personaje principal.
Al inicio de la película Po tiene un sueño, sueña con ser el Maestro de Kung Fu, un héroe. Al espertar, aunque se da cuenta de que se trata de un sueño, continúa con este deseo. Y se siente impulsado a contárselo a su padre, el Sr. Ping, pero al encontrarse con él, y las grande esperanzas que éste tenía de que su hijo heredara la fascinación por cocinar y vender fideos, tal como se había mantenido hasta entonces en la trama familiar, se arrepiente y le cuenta que ha soñado con fideos. Su padre festeja y le explica que eso ha sido una “revelación”, que ha llegado el momento de que herede “el ingrediente secreto del ingrediente secreto de los fideos”, y para que cumpliendo con su destino también herede el restaurante que tienen.
Ese mismo día, que Po tanto ha estado esperando, en el Palacio de Jade sería elegido el “Guerrero Dragón” -el próximo Maestro y guerrero de Kung Fu-. Desesperado por asistir a tal evento, sale corriendo hacia lo alto del palacio, pero antes es frenado por su padre, quien le pide que lleve el carrito de fideos para venderles a todos lo que asistirían, todo “El Valle de la Paz” estaría allí.
Así es que a pesar de la infinita escalinata para alcanzar al palacio, Po logra llegar a destino, aunque justo en el momento en que cierran las puertas de ingreso. Po implementará todos sus trucos y astucias y, se las ingeniará para ingresar al palacio, lanzándose por el aire en una sillita prendida por fuegos artificiales, y cayendo por azar justo en el centro del palacio, donde se encontraban los cinco postulados para tomar el papel del siguiente Maestro de Kung Fu, que sería llamado el “Guerrero Dragón”.
Unos segundos antes, el que en ese momento era el Maestro sabio e iluminado del Kung Fu, Oogwey, le dice a Shifu -otro maestro- que siente que el Guerrero Dragón ya estaba entre ellos, ya había llegado.
Al despertar luego de su caída, Po se pregunta a dónde está, qué sucede, y al abrir los ojos lo primero que ve es al dedo de Oogwey señalándolo. Po le pide disculpas y le explica que sólo estaba allí porque quería presenciar quién sería el “Guerrero Dragón”, pero Oogwey, asombrado, lo sigue señalando, Po se desconcierta y pregunta “¿a quién señalas?”, y el Mestro le reponde “a ti, el universo nos ha enviado al Guerrero Dragón”. El otro maestro, Shifu, desesperado le explica a Oogwey que eso fue un accidente, que “el panda panzón” cayó justo frente a la Tigresa cuando ésta iba a ser elegida como Guerrera; pero Oogwey le responde “los accidentes no existen”.
Finalmente, tras intenso entrenamiento en Kung Fu, y las desilucionantes expectativas que el maestro y entrenador Shifu demuestra hacia Po, éste último, por momentos vencido y agotando los esfuerzos de su entrenador, se arrepiente de su decisión y le pide disculpas a Shifu por no ser un buen alumno. Pero Shifu, pesquisando las habilidades del panda, lo impulsa a continuar con el entrenamiento, logrando sorprenderse y ser superado por Po, quien al dedicar todo su esfuerzo y lograr vencer sus limitaciones, adquiere las verdaderas y necesarias destrezas para desempeñarse física y mentalmente en el más alto nivel de Kung Fu, asumiéndose como el verdadero Guerrero Dragón, el siguiente Maestro de esta legendaria tradición.

El sujeto elegido para abordar la consigna es Po, pudiendo destacarse, a partir del fragmento explicado, un sujeto inmerso en un escenario que propone la emergencia de una singularidad en situación, un escenario que no puede exigir en sentido estricto conocimiento del ya disponible, sino uno nuevo, que desborda lo conocido.
No obstante, y antes de avanzar un poco más, podría señalarse cómo se despliega el primer tiempo lógico que Fariña señalará en el circuito de la responsabilidad. Momento en el cual el sujeto se confronta con sus actos, con las acciones por él llevadas a cabo a costa de un objetivo.
Esto se destaca en el personaje en el momento en que decide, con la ayuda de su ingenio, encontrar el modo de ingresar al palacio al hallarse este cerrado. Más específicamente, al decidir encender los fuegos artificiales de la silla en la que estaba sentado para salir volando y, sin saber las consecuencias de su caía, lograr entrar al palacio.
De todos modos, un exceso del tiempo 1 lleva a Po a confrontarse con el tiempo 2, el de la emergencia de una singularidad, donde se produce un cortocircuito que pone de manifiesto el quiebre del universo particular que sostenía al sujeto guiándolo en sus acciones . Se trata de un tiempo donde el universo particular soportado en las certidumbres yoicas se resquebraja posibilitando la emergencia de una pregunta sobre la posición que el sujeto tenía a comienzo del mismo , algo interpela al sujeto en relación a aquello que anduvo mal en el primer tiempo. Po pide disculpas a Oowey por caer en el centro del palacio, y se pregunta por qué es él señalado, cómo puede ser que él sea elegido el “Guerrero Dragón”.
Po busca re-ligar aquello que se ha des-ligado de su universo particular, explicando y explicándose que su caída fue un accidente. Pero ahora irremediablemente algo del primer tiempo se resignifica, el sujeto se enfrenta con la necesidad de tomar una posición frente a este universal, frente a esta circunstancia que siendo azarosa lo interpela: “¿a quién señalas?”, y le responden “a ti”. Palabra que lo divide y que el sujeto experimenta como un punto de inconsistencia (Po se muestra desconcertado). Algo extraño irrumpe y quiebra todo sentido, el yo se desorienta frente a esto que le es ajeno (…) puntos en los que podemos suponer las mayores potencialidades de efecto sujeto . Punto de falla en la existencia yoica que se ve atravesado por el deseo: ¿es posible que sea yo el Guerrero Dragón? ¿Tengo las condiciones para serlo? Será entre los significantes donde deberá ubicarse ese cortocircuito, el deseo inconciente que irrumpe ampliando el universo, el estatuto de la responsabilidad sujetiva del tercer tiempo lógico.
Ahora bien, ¿cómo se explica la experiencia de este deseo que conciente e inconciente a la vez, llevó a Po, bajo la imperiosa necesidad de saber el veredicto sobre quién sería el Guerrero Dragón, a lanzarse por el aire sin tener asegurado el lugar de caída?, ¿quería Po conocer al Guerrero o ser el Guerrero?, ¿podemos decir que el personaje ha cedido a su deseo -acorde a la única culpabilidad que Lacan adjudica al sujeto-? La intención y voluntad concientes aquí se revelan como insuficientes.
Fariña explica que la responsabilidad subjetiva es aquella que se configura a partir de la noción de sujeto del inconciente, sujeto que no es autónomo, que por definición no es dueño de su voluntad e intención. Del mismo modo Freud nos habla de una responsabilidad que atañe al sujeto en relación a aquello que desconoce de sí mismo . Entonces, si aquí ya no se trata del sujeto del enunciado, el de la voluntad del “yo digo y yo soy”, sino de una toma de posición en relación a lo universal, ¿cómo se posiciona el personaje?, ¿asume una porción de responsabilidad subjetiva ante lo acontecido, dando una respuesta?
A partir del “accidente” Po ya no es el mismo, es elegido el Guerrero Dragón, y al aceptarlo deja de lado el sueño de su padre –el de vender fideos-, éste ya no es convocado para su decisión; arriesgándose a tener una vida más allá del efecto de angustia ó culpa que pueda generar en éste y aquel.
En sentido estricto, podemos establecer la hipótesis clínica una vez que Po responde el términos de responsabilidad, cuando el tiempo 2 resignifica retroactivamente al tiempo 1; y el personaje acepta su nueva identidad y sigue su vida acorde a ella; arrogándose responsabilidad por obrar en contra del deseo de su padre y a favor del suyo, conciente –ser el héroe del Kung Fu-, e inconciente –crearse un espacio extra-familiar, un cuerpo determinado con Otro que ya no sea del encuadre familiar-. El personaje se aleja del mundo de la necesidad y la certeza, en donde no hay espacio para la duda, para zambullirse en el nuevo escenario que le ha librado el azar.
Este efecto retroactivo, del tiempo 2 sobre el 1, abre el espacio para hablar de la puesta en marcha de un acto ético por parte del personaje. El acto ético es una de las formas en que el sujeto se autoobserva, una operación que consiste en dirigir la atención hacia operaciones propias . En nuestro caso, entendemos que el personaje se ha conducido acorde a su deseo, más allá del orden moral, y más acá del pretendido saber que lo agujerea.
Nuevamente podemos decir que Po responde desde su responsabilidad subjetiva ya que tal como lo explica Fariña en su texto Responsabilidad y azar, basta que se produzca una grieta entre el azar y la necesidad para que la pregunta por la responsabilidad adquiera toda su dimensión . La necesidad establece una conexión entre causas y efectos, pero el azar lo desconecta, haciendo surgir algo sorpresivo, ajeno a la voluntad y el orden humano de cómo debieran o podrían darse las cosas.
Respecto de la singularidad en situación que puede mencionarse que emerge, decimos que Po se desconcierta con la decisión de Oowey, se encuentra con un punto de real, por un momento se desentiende, ¿es éste el sueño que tuve anoche?, ¿se está cumpliendo mi deseo?, ¿es esto producto de mi imaginación o es la realidad? Se encuentra desnudo ante su deseo inconciente. Por eso emerge la duda, la incertidumbre, “¿a quién señalas?”, ya que esto implica una novedad para él, el azar ha hecho emerger una singularidad, ha desconectado el orden de las causas y efectos, la linealidad de su anterior “destino predeterminado”. Podemos hablar de singularidades sólo cuando algo que se presenta hace desfallecer las capacidades clasificatorias de la lengua de la situación .
Por último, en relación al concepto de culpa, juzgamos que la misma va de la mano junto con la responsabilidad subjetiva de lo que se hace y lo que se dice, una singularidad que emite el sujeto del deseo del inconciente, el hacerse “responsable” / saberse “culpable” del tiempo 1 gracias al afecto retroactivo del tiempo 2 que lo interpela. Se destaca esto en nuestro personaje al aceptar y asumir el nombramiento se le da de Guerrero Dragón, al ceder a su deseo inconciente de salirse del núcleo familiar y permitirse ser nombrado y determinado por Otro diferente a su padre. Asumir esta culpabilidad / responsabilidad es una forma de asumir lo real de la castración, la no omnipotencia del padre, la incompletud del universo previo junto con la caída de los ideales que allí lo sostenían.
Ahora bien, si al entender de Lacan, de la única cosa de la que se puede ser responsable es de haber cedido al propio deseo, y no hay otro bien más que el que puede servir para pagar el precio del acceso al deseo , encontramos que el sentimiento de culpa que surge en Po, tras los periplos para entrenarse en el Kung Fu con su maestro Shifu, y sentirse vencido y arrepentido de haber aceptado ese nombramiento; es producto de aquel bien con el que, materializado, pagó el acceso a su deseo.



NOTAS

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