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Posicionamiento Ético en el cine frente al tráfico de órganos humanos

por Pidoto, Claudio

Introducción

En las últimas seis décadas, comenzó una acelerada carrera para posibilitar el trasplante de órganos a pacientes enfermos. Con el avance de los inmunosupresores –que redujo el riesgo de rechazo- se planteó la posibilidad concreta de trasplantar órganos sanos, sin importar si estos provenían de sujetos vivos o muertos.

Esta nueva posibilidad biomédica trajo aparejada toda una problematización respecto de las decisiones éticas vinculadas, principalmente, con el sujeto donante. Así, cuestiones inherentes a la promoción de la donación y la volición del donante, la diferencia entre pacientes en lista de espera y cantidad de órganos disponibles (lo que llevó a problematizar la prioridad de los beneficiarios), la determinación de la muerte encefálica [1] y el consentimiento informado [2] , cobraron relieve. Al mismo tiempo, en una sociedad condicionada por el poder económico de sus integrantes, el tráfico ilegal de órganos pasó a ser, también, parte de los problemas que debían tomarse en cuenta [3].

La población occidental fue tomando conciencia, a través de los medios masivos, de las posibilidades abiertas con los trasplantes. Y también fue conociendo la limitación, producto de la baja disponibilidad de órganos sanos frente a la alta demanda por parte de los pacientes. La decisión sobre quién tiene derecho a recibir un trasplante y cuál es el sujeto que habrá de donar el órgano genera toda una problemática en el área bioética. Un tema del que, también, la población va tomando conocimiento de modo cada vez más generalizado.

En la película “La Isla” (Bay,2005), se muestra un dispositivo de poder, basado tanto en intereses económicos como en el deseo de ciertos sujetos de prolongar su vida a cualquier precio. El planteo que supone la creación de clones –indiferenciables, por otra parte, de sujetos nacidos por vía no artificial- con el sólo fin de ser asesinados cuando sus órganos sean requeridos, lleva el dilema bioético hasta posiciones extremas. El dispositivo ideado para los clones, totalmente disciplinario, se complementa con la realidad del mundo exterior, donde el darwinismo económico impera.

Si bien la película no tuvo el éxito económico que sus productores esperaban (por el altísimo costo de producción), en pocos meses recaudo más de 160 millones de dólares. En los EEUU, llegó a exhibirse en más de 3000 salas. Este sólo hecho da cuenta de que, a nivel del público, ya estaban en juego representaciones sociales pasibles de ser interpretadas, y que se despliegan en “La Isla”. Ofrecemos a continuación un análisis de esta obra, cuya pregnancia psicosocial fue evidente, desde el punto de vista de las decisiones bioéticas de sus protagonistas.

La limitación biológica del trasplante: el donante

En los Estados Unidos, se computa que desde el 1° de enero de 1988 hasta el 31 de marzo de 2012, se efectuaron, 542.416, trasplantes, siendo 425.004, de donantes muertos y 117.412 de donantes vivos, según datos de la United Network for Organ Sharing (UNOS). La realidad es que la cantidad de personas que mueren y son posibles donantes de órganos es siempre inferior a la cantidad de personas que necesitan esos órganos. Actualmente, en los EEUU, hay 99.015 personas en lista de espera para trasplante de riñón y un total de 3.132 donantes. Esto implica una sustancial diferencia y un problema difícil de resolver. “Tomando como referencia el caso de España, que tiene desde hace casi veinte años la mayor tasa mundial de donación de órganos para trasplante, con 32 donantes por millón de habitantes en 2010, el informe constata que a pesar que la tasa de donaciones va en aumento, también se ha incrementado la demanda de órganos”. (Badi,2012:161).

A menos que se revirtiera la ecuación por razones no deseadas, como muertes masivas de personas con órganos sanos, el problema seguirá vigente, al menos hasta tanto se consiga la producción de órganos sintéticos –y compatibles con los sujetos receptores- a escala industrial. Esta dificultad no sólo no es ningún secreto, sino que tiene estado público y notorio. A nivel masivo, encontramos referencias al tema ya en pleno siglo XX, como en el film “Coma” (Crichton,1978), que ya anticipa en parte los problemas que darán lugar al film “La Isla”, objeto del presente trabajo.

De hecho, se llevan a cabo numerosas iniciativas para que las personas acepten la donación de sus órganos en forma voluntaria en caso de muerte. Por ejemplo, la actividad de Procuración de Órganos para Trasplante en Argentina, como programa institucional, comienza a finales de la década de los 70, con la creación del CUCAI (Ley 21.541). El desarrollo del CUCAI fue en crecimiento, empezando por el área metropolitana y expandiéndose a todas las provincias. Sin embargo, no fue tan significativo comparados con otros países de la región, hasta que en 2003 se reimpulsó el proyecto y a fines de 2008 lograron alcanzarse, según datos oficiales, buenos resultados [4].

No obstante estos avances, el desbalance entre órganos disponibles y órganos demandados subsiste en todo el mundo occidental. Y, como se mencionó más arriba, este desbalance da lugar no sólo a acciones de orden legal –en el plano nacional e internacional- sino a conjeturas desde la creación artística. En efecto, el desbalance es bien conocido por cualquier sujeto de la población que conozca la dinámica de donación-recepción de órganos. Es por ello, probablemente, que el tema se preste a distintas formas de ficcionalización, en las que, por ejemplo, un dispositivo de poder determine quienes deben morir (aun estando sanos), a fin de que otros puedan vivir.

A la anterior observación debe superponerse otra, no menos importante. Desde 1979-80, el avance de las prácticas más salvajes del capitalismo (con el auge del neoliberalismo), fue acompañado de una retracción cada vez mayor del Estado y de un avance, en igual o mayor medida, de las corporaciones económicas. En la lógica imperante en estas últimas tres décadas, el sujeto con mayor capacidad de generar poder económico podría, en ausencia –o ante la mirada indiferente- del Estado, acceder, por ejemplo, a órganos a través del pago. En concurrencia con una oportunidad de negocio, una o más corporaciones asociadas podrían encontrar allí un mercado propicio para multiplicar sus ganancias.

De aquí que el mundo futurista de “La Isla” tenga natural pregnancia en el público espectador, que no desconoce (con mayor o menor detalle) estos hechos de la economía y la política actuales. Es en tal sentido en el que se puede apelar a las representaciones sociales, que “objetivan, en todo discurso, la estabilización de los sentidos…, induciendo imágenes de situaciones o maneras de ser de las cosas y del mundo....” (Moscovici y Vignaux,2003:10). Porque tanto los logros de la biotecnología como los riesgos asociados a ellos -en este caso, desde el paradigma socioeconómico vigente- se expanden más allá de los círculos de discusión de expertos en el tema. Las representaciones sociales de este paradigma, combinadas con las del poder detentado por la ciencia y la tecnología, se pueden plasmar en productos de difusión masiva, como el cine, donde a través de la construcción de universos ficcionales se recrean las consecuencias de las intervenciones que la biotecnología, puesta al servicio del poder económico, puede generar en la sociedad.

Entender que el cine no es “un mundo no genérico o indefinido, sino un mundo poblado como tal, un mundo presentado como tal, un mundo articulado como tal: en una palabra, un mundo representado” (Casetti y Di Chio,1990:137-138), permite admitir que, en el escenario conjetural de un futuro puesto en escena, la ciencia-ficción puede funcionar como recolectora (o portavoz) de determinadas representaciones sociales, y, eventualmente, incluso como inductora de otras. En efecto, en la narración fílmica se puede “...identificar lo que se presenta ‘literalmente’ y lo que surge del debate constructivo y presenta procesos adaptativos, índices de transformaciones sociales y culturales.” (Moscovici y Vignaux,2003:23-24).

Biopolítica y Darwinismo económico: coacción ante la necesidad del mercado

Lincoln (Evan Mac Gregor) y Jordan (Scarlet Johansson) son habitantes de una aislada comunidad de alta tecnología en el año 2019. Al igual que todos los habitantes de este entorno cuidadosamente controlado, Lincoln espera ganar la lotería para ser llevado a la isla, supuestamente el último lugar sin contaminación del planeta. Sin embargo, el protagonista logra descubrir la verdad: son más valiosos muertos que vivos. Poco a poco, va descubriendo que pertenecen a un programa corporativo de clonación de seres humanos. Él y sus compañeros, son fabricados para aguardar el momento en que su original los necesite, y así, salvarle la vida, al brindarle sus órganos.

La sospecha en Lincoln, parte de un sueño terrorífico en el que visualiza su tan anhelado viaje en barco a la isla. Lo onírico parece advertirle a Lincoln, la existencia de una fuerza que intenta matarlo. También, su sospecha, según expresa el Dr. Merrick -a partir de una evaluación psicofísica-, se debe a una personalidad rebelde del original, que se manifiesta en el clon, al cuestionar las medidas rutinarias de la instalación. La realidad que habita, le va dando a Lincoln, guiños de lo siniestro que se esconde detrás del dispositivo excesivamente doctrinario. Todos los clones utilizan la misma ropa, cuentan con un control de horario y de sus indicadores vitales. Las pautas, establecen una dieta estricta, la evitación del contacto sexual entre los internos, y ninguna tarea, tiene un fundamento más allá del original: son los últimos habitantes del planeta y un grupo gubernamental junto con técnicos, científicos y médicos construyeron un sistema para repoblar el planeta. De este modo, les posibilitan altruistamente, la oportunidad a los supuestos “salvados de la contaminación” (los clones), de vivir en condiciones dignas de libertad, una vez que hayan ganado la lotería.

En realidad, como descubre Lincoln a lo largo de la trama, las prohibiciones dadas dentro de esta estructura de control, se sustentan en dos principios: Por un lado; existe un interés económico, en el cual los individuos tienen un valor monetario y por el otro; biopolítico, en tanto se sostiene el sistema a partir de una necesidad de prolongar la vida de la población: aquellos que tengan la posibilidad económica de pagar por “su seguro de vida” - por los órganos de los clones- accederán a un beneficio que les posibilitará vivir 60 0 70 años más.

El problema que recubre a los creadores del sistema, es la necesidad de generar clones con conciencia, como indica el Dr. Merrick: “Despues de años de ensayo de prueba y error, descubrimos que sin conciencia, sin experiencia humana, emoción, sin vida. Los órganos fallaban.” Tanto lo económico como lo biopolítico, legitiman la creación de un sistema que si bien cosifica a los clones en pos de su mercantilización, debe equilibrar los métodos, para mantener la supervivencia de las subjetividades de las víctimas y de este modo garantizar la efectividad del trasplante –evitando el rechazo- de los órganos por parte de los originales. Según parece, ni el gobierno ni la sociedad están al tanto de las atrocidades que se realizan dentro de la instalación. El Dr. Merrick ante sus clientes expresa: “Bienvenidos a la próxima generación de la ciencia: el agnate. Una estructura orgánica creada directamente como adulto, directamente para coincidir con la edad del cliente. Están viendo la primera etapa de su desarrollo. En doce meses estará listo para gestar su bebe, darle un par de pulmones, piel fresca, todo genéticamente indistinguible de su propio organismo y conforme con las leyes de eugenesia del 2015, todos nuestros agnates se mantienen en un estado vegetativo persistente. Nunca logran un estado consciente. Nunca piensan y sufren. Ni sienten dolor, alegría, amor, odio. Es un producto, damas y caballeros. En todos los sentidos que importan. No humano ”. Si bien, pareciera haber una decisión aislada del Dr. Merrick y los cómplices de la instalación -donde se fabrica y controla a los clones-, el original de Vincent, también parece estar de acuerdo y engaña a su clon en un momento de la trama, a fin de conservar “su seguro de vida”.

En este mundo representado en el film, la prolongación de la vida personal -para algunos- pareciera valer más que la muerte y que el sufrimiento de otros sujetos. La biotecnología, es aceptada, en tanto, produce medios para la conservación de la vida -determinada por la posibilidad económica de quienes pueden pagar por ello-, exacerbando, de este modo, el dilema bioético que se edifica. El núcleo ficcional de la narración fílmica, recolecta de una preocupación contemporánea –la diferencia entre donantes y personas que requieren de la donación órganos para subsistir- el material desde el cual se impulsa el sentido de la historia representada en la película. Pero al mismo tiempo, induce, otra preocupación, a partir del registro de la experiencia psicosocial sobre el poder político-económico y los alcances de la biotecnología. El modo en que se nos presenta el siglo XXI en sus inicios, no parece ser, el momento histórico donde el neoliberalismo alcanza su máxima expresión. A partir de la enseñanza que obtenemos de la construcción de escenarios futuros posibles por parte del cine de ciencia-ficción, nos damos cuenta que, su límite podría tener mayores alcances.

Las consecuencias, se visualizarían, en el modo en que se configuran las ataduras de los sujetos y los países al determinismo que supone el mercado. Las reglas y configuraciones sociales que emergen del proceso de globalización de la práctica neoliberal, parecieran imponer una vida utilitarista y económico-darwinista, que propician intercambios y relaciones que están marcadas –cada vez más extensamente- por las reglas del mercado. (Chomsky, 1996). La fatalidad -la muerte propia y ajena- se representa, en el intercambio mercantil de las relaciones sociales- como un subtexto que impulsa al sujeto a un aislamiento de la comprensión y tramitación de la inevitable finitud. La mediación de lo económico, atraviesa los vínculos sociales -en diversos órdenes- produciendo en la ambivalencia de lo abierto y estrecho del neoliberalismo, una circular carrera contra la propia vida. (Vega,2009:73).

Si se extendiese tal mercantilización -de todo lo que hace al hombre y su mundo- discursivamente, el efecto de sentido (Veron) que se erigiría, posibilitaría una hegemonización de lo biotecnológico; – en la capacidad de la técnica de transformar la naturaleza humana- de la ciencia; –como fuente legitima de saber sobre el sentido y la necesidad de esa transformación- y de las distintas subjetividades que quedarían enfrentadas, al recorte homogéneo de los alcances de ese poder biotecnológico. En efecto, se asistiría a una integración en la cognición social, del producto biotecnológico, no tanto como un complemento sino como parte esencial de la vida.

Si, bien, el escenario social actual, ofrece un saber sobre las posibilidades que detenta la biotecnología cuando se alía con el poder económico y político. La proyección de un futuro posible, como el visualizado en La Isla, extrema la circulación de estos alcances. La aceptación de la amenaza de un mundo, donde se posibiliten ciertas atrocidades –tráfico de órganos, violación de derechos humanos-, tal vez se originan, en la representación social de un sistema conocido y padecido que circula en el interior de la sociedad actual, no solo de los sucesos presentes, sino también, a través de registros históricos.

Por ejemplo, la instalación donde viven los clones en la narrativa fílmica, en relación a sus pautas disciplinares, remiten a los dispositivos de la arquitectura panóptica, en una interiorización de la vigilancia, la confesión y la reglamentación del tiempo de los hombres desde el nacimiento hasta la muerte: “en donde los dispositivos del Poder, se proponen la constitución de un sujeto del pacto social, la construcción de un sujeto de obediencia plegado a la forma de un poder cualquiera” (Vega, 2009:74). La “normalización” de los sujetos presentes en la recreación de la institución, donde la ductilidad de los cuidados del cuerpo y la regulación a partir de la tecnología, remiten a los métodos de la sociedad industrial/disciplinaria: son cuerpos, dóciles subjetivamente, domesticados, adiestrados, disciplinados, destinados a alimentar los engranajes de la producción y del mercado. No en pos del proceso de trabajo como en la sociedad industrial, -ya que el valor se expresa en los órganos que contienen los cuerpos-. Sino dóciles y a la vez útiles, porque responderían a determinados intereses económicos y biopolíticos.

La circulación de un sentido social, la posibilidad de la representación de la alianza entre la biotecnología y el poder económico partirían y “serian objeto de una selección en función de criterios culturales… [y] normativos… Estas informaciones son separadas del campo científico al que pertenecen…. y son apropiadas por el público que, al proyectarlas como hechos de su propio universo, consigue dominarlas” (Jodelet,1986:482).

La Isla, presenta al espectador, un escenario en donde las técnicas de intervención biotecnológica ofrecen la esperanza de obtener nuevas capacidades para prolongar la vida, a partir de la ingeniería genética y la clonación. Este avance, si bien revertiría el problema actual de la diferencia entre la cantidad de personas en lista de espera y la cantidad de donantes, también problematizaría los límites éticos que subyacen a partir de sus alcances: por un lado, la distribución asimétrica del bien, donde –“pocos, cuidadosamente seleccionados y propuestos como modelos” (Vega,2009:75) logran el beneficio- y por el otro, el sufrimiento de los clones que deberían ser considerados como sujetos con derechos. La fundamentación económico-darwinista que expresa el mundo ficcional del film: el donante -como producto- y quien requiere el órgano –como cliente-, advierte los riesgos, de un mercado de la salud y una biotecnología sin control. Por un lado, el espectador cuenta con la experiencia histórica de un Siglo XX, de abusos. Por otro, la experiencia social actual, de un sistema económico neoliberal en crisis, donde se hace presente la fragilidad y el padecer de “un mundo administrado, bajo el sentimiento de encierro dentro de un nexo enteramente socializado tejido como una tupida red”. (Adorno,1967)

La mirada histórica sobre la finitud en Occidente

La potencial eficacia instrumental de la biotecnociencia y la capacidad práctica que la misma detenta en el orden de la naturaleza humana, son profundamente inquietantes. Pensar, en un futuro, donde la humanidad logre expandir la vida a cualquier precio, depara, al menos, la necesidad de una reflexión ética de hasta dónde estamos dispuestos a llegar y por qué. La película La isla, permiten imaginar un escenario posible donde, nuestros cuerpos, nuestro tiempo vital, adquiere un valor y un costo que resulta de la lucha por evitar la muerte.

En un pasaje de la película, los clientes –quienes posiblemente adquirirán su seguro de vida a partir de la clonación- se enfrentan a un spot publicitario: “el organismo humano, único en todo el universo por su complejidad. El producto de tres mil millones de años de evolución. Perfecto en todos los sentidos menos en uno. Como todas las maquinas, se desgasta. Durante siglos, la idea de regenerarlo estuvo a la vanguardia de la ciencia.” Asimismo, el Director de Relaciones Públicas del proyecto de clonación, el Sr. Whitman, les expresa a fin de convencerlos de la compra, lo siguiente: “-quiero contarles sobre la mejor inversión de su vida, y cómo vivirán 60 o 70 años más.” Claramente, a partir de aquí, podríamos pensar, que no hay mejor negocio que el que detenta, como producto de intercambio, la evitación de la muerte. Lo que se compra, son pedazos de cuerpo, órganos que sirven a fin de mantener funcionando la máquina que se desgasta con el paso del tiempo. La finitud, sería una extinción biológica del ser, un dejar de funcionar de lo corporal, de lo orgánico. Sin embargo, la necesidad de que los clones mantengan conciencia, advierte que lo que se compra, no es cuerpo en tanto sustancia, sino, según parece, sustancia en tanto subjetividad: “no todas las sustancias, sino un tipo de sustancia que llamamos sustancia pensante, está determinada como sujeto. Es el descubrimiento que va a marcar toda la filosofía a partir del siglo XVII, la filosofía llamada moderna, es el descubrimiento de la subjetividad.” (Deleuze,2008:69).

Si la muerte ha sido, tal vez, el problema más recurrente a lo largo de la historia. Donde la filosofía, se ha encargado de darle un sentido a su encuentro, un modo de tramitar su angustia, de cierta manera la biotecnología se propone borrarla como posibilidad. El tiempo, es la medida de las cosas, de la existencia, más allá del “yo pienso” cartesiano: “En otros términos… la existencia indeterminada <> no es ella misma determinable más que bajo la forma del tiempo. Es solamente bajo la forma del tiempo, como forma de lo determinable, que la forma del pensamiento va a determinar la existencia indeterminada.” (Deleuze; 2008:78)

Es conocido como Platón (1988), recrea en Fedón, el dialogo que su maestro Sócrates esgrime el ultimo día antes del cumplimiento de la condena de los atenienses. Toda la discusión se centra, en el significado de la muerte, de la separación del alma del cuerpo, considerándose como una curación de todos los males humanos. Sócrates alude a la conexión entre placer y dolor, se expresa sobre la actitud de un filósofo verdadero ante la muerte, y anuncia la confianza en la inmortalidad del alma, no ante jueces, sino ante amigos. En la mitología griega, la muerte estaba emparentada con el sueño, “Hypnos y Thanatos, son dos hermanos gemelos. Recordemos que también para los judíos al menos a partir de los tiempos posteriores al exilio, la muerte era comparable al sueño” (Eliade,1992:134). Dormir, olvidar, ignorar y morir, donde la acción de despertarse, conservaba una significación “soteriológica” La asociación muerte-sueño, también ha sido aceptada por los cristianos y reelaborada. La religión en todas sus variantes ofrecieron distintas alternativas ante la preocupación central de lo humano frente a su perecer. A través de ritos y ceremonias, creencias y mitos, la muerte se desafía desde diversas posiciones sociales e individuales, variables colecticas, de evitar la angustia, de encontrarle un sentido, a través de un universo que entrama simbólicamente las salidas ante esta preocupación. Con San Agustin se fundamenta el más allá de la existencia en el mundo físico, donde la muerte es una prolongación de la vida, como la vigilia una continuación del sueño -volviendo a los griegos-. “Es en la derrota causada por el temor a la muerte donde el hombre no podrá lograr su libertad sino en el más allá del Mundo, en lo trascendente religioso. El Hombre religioso es el Esclavo de Dios, el Amo absoluto. El Cristiano niega su finitud (cree en la Inmortalidad) y rehúsa aceptar su muerte (como el Esclavo que se esclaviza para salvar su vida)” (Kojeve,1982:92).

Por su parte, la medicina, la psiquiatría y la psicología asumieron un gran desafío: sus interpelaciones y fundamentaciones aportaron significativos cambios sobre el modo de comprender y enfrentar el fenómeno del sujeto frente a la muerte. Así, la angustia suscitada en la pérdida de un ser querido, la muerte ajena y el modo en que el sujeto logra superarla, se desarrollan a partir de una determinación lógica de lo normal y lo patológico. En otras palabras, del riesgo –o no- de encontrar, en una actitud, una personalidad psicopática [5].

En su texto “De guerra y muerte. Temas de Actualidad”, Freud postula una posición insoslayable. Allí expresa que nadie cree en su propia muerte, -o lo que viene a ser lo mismo-, en el inconsciente donde sobrevive el hombre primitivo, el de la horda primordial, cada uno está convencido de su inmortalidad. Hay una diferencia, existente, entre la actitud cultural frente a la muerte y su reconocimiento, como algo inevitable y la labor de esa tendencia de rechazarla, eliminarla del pensamiento diario, de la vida con la que el sujeto lidia constantemente. Lidia con la muerte propia y con la ajena, la de los seres queridos, que le genera dolor, duelo y lo arriesga a la pérdida del sentido del mundo.

Freud, expresa que es en el mundo de la ficción donde se haya y se busca el sustituto de lo que falta a la vida. Es un medio para reconciliarse con la muerte. En el ámbito de la literatura, el cine, el teatro, se halla esa multitud de vidas que se necesitan. Según Freud, a través del universo ficcional, el individuo muere identificado con un héroe, pero al mismo tiempo sobrevive y está preparado a morir una segunda vez con cualquier otro. La muerte propia es desmentida como irreal, siendo entonces, la angustia de muerte algo secundario, proveniente de una conciencia de culpa. Esta relación estará más clara en 1928. En “El yo y el ello”, Freud emparenta a la angustia de muerte con la angustia de la conciencia moral, como un procesamiento de la angustia de castración: “Dada la gran sígnificatividad que el sentimiento de culpa tiene para las neurosis, no puede desecharse que en los casos graves la angustia neurótica común experimente un refuerzo por el desarrollo de angustia entre yo y superyó (angustia de castración, de la conciencia moral, de muerte)” (Freud,2009:48).

A su vez, Lacan (1972) articula en una conferencia, la relación entre la muerte y la fe, quizás, el medio desde el cual se soporta la vida: ”La muerte entra dentro del dominio de la fe. Hacen bien en creer que van a morir, por supuesto. ¡Eso les da fuerza! Si no lo creyeran así, ¿Podrían soportar la vida que llevan? Si no estuvieran sólidamente apoyados en la certeza de que hay un fin, ¿acaso podrían soportar esta historia? Sin embargo, no es más que un acto de fe. El colmo de los colmos es que ni siquiera están seguros. ¿Por qué no podrían pensar que viviré hasta los 150 años? De hecho… la fe toma su poder justamente ahí”. Esa afirmación de Lacan, de un sujeto que –a través de la fe- podría pensar en vivir hasta los 150 años, sería la que estaría operando, como sustitución, ante el avance de la biotecnología.

De tal modo, así como en el pasado el sujeto encontró vías de escape a esta angustia con las religiones, con las guerras y –entrado el siglo XIX- con la mirada sobre la “muerte del otro” que implicó el racismo biológico (y mucho más el racismo de Estado en el siglo XX), a medida que la biotecnología produce más y mejores resultados (en combinación, casi siempre, con la tecnología digital), el sujeto estaría buscando una vía de escape en las promesas de longevidad indefinida. Esta vía se complementa, desde la irrupción del neoliberalismo y la caída de las utopías revolucionarias, con una subsunción de la subjetividad en el consumo, que tiene por precondición –para ser ilimitado- la preponderancia económica sobre el otro.

Es en este cruce entre confianza en la promesa biotecnológica y percepción de que sólo se podrá acceder a ella si se es vencedor en la guerra del darwinismo económico que el sujeto, aun cuando no sea totalmente consciente de ello, puede representarse que el poder del dinero, aplicado al uso de la tecnología, lo salvará de la muerte. O, al menos, de la inminencia de la muerte. Y dado que esta clase de representación se ha difundido tan ampliamente en el mundo desarrollado (con especial ímpetu en los EEUU), el sujeto puede verse frente a decisiones bioéticas en las cuales no dudará en tomar el camino que cree más conveniente, el de evitar la finitud, aún este camino cuando signifique elegir la aniquilación de otros sujetos.

La isla (2005), construye un escenario, donde el dilema de la finitud se enmaraña con lo ético. Aquí no está en discusión, el acto ético (Bajtin,1997) de la acción médica, la cual logra restaurar la salud a partir de reemplazar el órgano deficiente. Salvar la vida de un sujeto, es una acción muy valiosa, de parte de la ciencia médica y sobretodo de los donantes. Lo que se discute, en el interior del film, es el límite de esta acción, los medios, los alcances y sus consecuencias. Lo que se discute, intenta revelar, que la angustia ante la muerte, no puede confluir en un error de concepto. No solo habría que creer en la negación particular de evitarla, sino luchar por la afirmación universal de vivir y morir dignamente.

El Prometeo post-moderno, Fausto, Frankenstein y la biotecnología

La ambivalente fascinación y terror, de la humanidad ante los alcances del desarrollo de la técnica, se hacen presentes en diversos mitos de la historia occidental. “Desde los relatos bíblicos de Adán y Eva y la Torre de Babel, pasando por la leyenda judía deI Golem, hasta el famoso Frankenstein y el aprendiz de brujo… Entre los griegos se destaca el clásico Prometeo, un titán que proporcionó a los hombres el fuego -y junto con él, la técnica- y obtuvo a cambio el más severo castigo de los dioses. Ese mito denuncia la arrogancia de la humanidad, en su intento de usurpar las prerrogativas divinas mediante artimañas y saberes terrenales. Fausto es otro de esos personajes míticos.” (Sibilia,2006:43-44) En la Isla, parece que se representan, algunos contenidos importantes de ciertos mitos. Por ejemplo, se podrían encontrar semejanzas entre el médico-psiquiatra Dr. Merrick y la historia de Frankenstein -el moderno Prometeo-.

Lincoln en un momento debe visitar a su creador, con el cual entabla una conversación referida a sus últimas manifestaciones psicofísicas. Allí, el Dr. Merrick le expresa que su función es asegurar que este feliz, que todo esté bien. Lo interroga, le analiza un dibujo referido al sueño que frecuenta, y es Lincoln quien expresa el deseo de que hubiese algo más que sólo el propósito de ir a la isla. El Dr. Merrick se encuentra sorprendido de la reacción de su creación. Por más que intente evitarlo, quedará relegado a la autodeterminación de Lincoln, que consciente de ser un fenómeno de la clonación, lucha por encarnar una vida propia. El Dr. Merrick como Victor Frankenstein, invisibilizan la naturaleza y la dignidad humana. El Dr. Merrick parece intentar apropiarse de la subjetividad de su creación y a partir de ciertos mecanismos, aplastarlo para corregirlo a fin del destino de su función económica. A diferencia de Victor, el Dr. Merrick pareciera buscar un fin simplemente mercantil. Pero al igual que Víctor, Merrick sufrirá el mismo destino. Morirá como castigo de su propia creación. Esta similitud -entre el Dr. De la Isla y el Dr. de la novela de Frankenstein- señalaría una ecuación ético-argumental: a partir del quiebre de las fronteras de la naturaleza humana a través de la tecnología, se lleva a juicio y castigo a sus hacedores. La narración fílmica así lo depara y posiblemente una multitud de espectadores -identificados de algún modo con Vincent- esperan que así sea. Si bien, la extensión de la vida a partir del avance biotecnológico, subyace como declaración justificadora del uso de la ciencia, no se aceptaría la violación de los derechos de la vida humana, aunque se trate de clones.

Una mirada Fáustica del poder subyace en la trama. La ambición desmedida, el impulso insaciable del Dr. Merrick, es coincidente con el proyecto tecnocientífico y económico del universo ficcional. En la clonación, mediante el propio código genético se funda una fuerza vital renovable superando el fatalismo del reloj biológico. La nueva biotecnología se desarrolla al servicio de la aspiración del "fin de la muerte". Es una promesa, que parte de un poder biotecnológico que expande sus alcances y se proyecta como posibilidad en la creación ficcional de un futuro posible. Hoy en día, asistimos a un sistema en el cual el aislamiento del cuerpo enfermo en los hospitales, establece un nuevo modo de enfrentar la muerte (Ariés, 2011), y por reclusión, intentar evitar la angustia del encuentro con la finitud. Sin embargo, en el film, la muerte se le escapa al dispositivo propuesto, al intentar sujetar la vida: "si equiparamos el reino de la necesidad a la ’caverna’ de Platón, observamos que la teoría científica no nos saca de ella, ni su aplicación práctica es una vuelta a la misma: nunca la ha abandonado"(Jonas,2000:277)

No hay que negar la necesidad y las aspiraciones que la humanidad desarrolla en sociedad. Tampoco, dejar de considerar los beneficios que la biotecnología delega a nuestras vidas, simplemente se trata de reflexionar, visualizar y evitar sus riesgos: en otras palabras, en la experiencia de ver un film el espectador participa del acto mismo de la creación. El cine no es la mera ilustración de sujetos éticos, sino una matriz donde acontece el acto ético-estético, inaugurando una nueva posibilidad de reflexión” (Fariña, 2012:17)

Conclusiones

El análisis de temáticas relacionadas con las representaciones sociales presentes en películas como la isla (2005) sirven a fin de observar el valor de objetos que circulan y son apropiados en la cognición social de una época. Si bien, no se puede ser testigos de las diferentes reacciones y respuestas que los espectadores encarnan en la proyección de un film, el éxito y su repercusión ofrecen una aproximación al interés y aceptación de una discusión particular, expresada a partir del nudo narrativo de la construcción cinematográfica.

La película la isla (2005) pone en acontecimiento una discusión bioética sobre una temática socialmente elaboradora y compartida (Jodelet,1986): existe una disparidad entre la cantidad de donantes y las personas que necesitan un trasplante de órganos. La aceptación de la película estaría mostrando que, en términos generales, la población de 2005 no sólo conoce el problema y comprende la forma y la crueldad en la que se plantea la solución, sino que comprende que es un caso más de “darwinismo económico”, derivado del sistema neoliberal. Se diluyen los límites de la ética, con especial gravedad en el caso del director de la institución, que es médico, pero, al mismo tiempo cuenta con la complicidad de numerosos actores, dentro y fuera de la instalación, incluyendo eventualmente a muchos clientes. En otras palabras, todo indica que hay un alto nivel de cognición social con respecto a los alcances de la ciencia, del poder económico y el uso de la técnica con fines inescrupulosos.

Asimismo, es reflejo de otras variables asociadas, propias del encuentro de la humanidad frente a la angustia de finitud, donde la técnica se declara al servicio de la tendencia biopolitica de hacer vivir y dejar morir. Lo que significa morir en occidente (Aries,2011), es el resultado de diversas transformaciones socio-culturales producto, quizás, como se ha reflejado en este trabajo, de una reelaboración del encuentro del ser con su propia muerte bajo el dominio, de un saber-poder fáustico, donde la biotecnología pretende superar las limitaciones que surgen del eje temporal de la existencia.

La isla (2005) recrea un futuro no muy difícil de asir por parte de los espectadores, a partir de múltiples y posibles identificaciones, puede esperanzarse con el progreso de la ciencia -negando las consecuencias- o, consigue comprender y promulgarse a partir del límite del acto ético-estético (Fariña,2012) que se representa.

Bibliografia

Adorno,Teodor W. La Educación después de AUSCHWITZ, Conferencia en la RADIO HESSE emitida el 18 de abril de 1966
Aries, P (2011); Morir en occidente, Adriana Hidalgo Editora. Buenos Aires.

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NOTAS

[1Este concepto –el de muerte encefálica- surge a fines de la década del 1950, a raíz de los avances tecnológicos que permiten determinar (con algún grado de certidumbre) el cese irreversible de las funciones de los hemisferios cerebrales y tronco encefálico. Incucai: Definición de Muerte y Anencefalia: Aspectos Médicos y Bioéticos. Disponible online en: http://www.incucai.gov.ar/docs/otros_documentos/anencefalia_y_donacion_organos.pdf

[2El mismo cuerpo normativo introduce la noción del consentimiento informado, esto es, la exigencia de un adecuado sistema de transferencia de información a las personas para que puedan tomar decisiones informadas y libres con relación a la disposición de sus cuerpos. El art.13º de la ley 24.193 establece la necesidad de informar al dador y receptor, y el que los mismos hayan comprendido el significado de dicha información, estableciendo claramente que se dejará “a la libre voluntad de cada uno de ellos la decisión que corresponda adoptar”. Disponble online en: http://www.incucai.gov.ar.

[3El principio de legalidad constituye un requisito pre-ético para valorar las acciones sanitarias. En tal sentido, el comercio de órganos se encuentra expresamente prohibido y sancionado por la legislación vigente (Ley 24.193). El principio de gratuidad de la dación de órganos se impone a través de las limitaciones establecidas en los arts.27, inc. f y g, y 28, vinculados a la prohibición de otorgar prestaciones o beneficios por la dación de órganos en vida o luego de la muerte, de la intermediación con fines de lucro y de la inducción al dador para forzar la dación.

[4En 2008 se alcanzaron cifras récord: 519 donantes de órganos posibilitaron la concreción de 1.273 trasplantes, obteniendo una tasa de 13,06 donantes por millón de habitantes, cifra que posiciona a nuestro país como la tercera en América Latina. Disponible en: http://www.incucai.gov.ar/docs/otros_documentos/programa_federal.pdf.

[5Según el DSM-IV el duelo patológico está asociado al diagnostico de trastorno depresivo mayor, siempre y cuando se mantengan los síntomas 2 meses después de la perdida y otras diferencias diagnosticas del duelo normal.





COMENTARIOS

Mensaje de Alejandra Tomas Maier  » 7 de noviembre de 2012 » aletmaier@gmail.com 

Considero que esta película, posiblemente más allá de sus discutibles méritos fílmicos, pone de relieve dos cuestiones fundamentales de la discusión bioética y biopolítica, sumamente articulados entre sí.

Por un lado, tal como se menciona en el artículo, cierta proyección en la que las posibilidades del progreso de la biotecnología quedan a merced de lo económico/político en extremo. En este sentido, creo que tanto éste como otros films que abordan esta temática, permiten abrir la discusión, no sólo sobre las tensiones existentes entre las posibilidades que emergen de las tecnologías aplicadas a la medicina y la necesidad de establecer límites sobre las prácticas, sino también sobre la limitación de los recursos disponibles en materia de salud para la totalidad de la población y la creciente insuficiencia de los mismos, que plantea, sobre todo, el hecho de satisfacer la demanda en aumento si no se establecen criterios de producción, de uso racional y de distribución. En este sentido, en el anhelo de perseguir una indefinida prolongación de la vida, se deben generar/producir aquellos mismos insumos limitados, que por supuesto, no pueden más que convertirse en productos viables de la lógica mercantilista, siendo el beneficio accesible únicamente para aquellos que puedan financiar dicho proceso controversial de generación.

Por otro lado y citando al mismo artículo, aquella necesidad de “generar clones con conciencia” ya que “sin conciencia, sin experiencia humana, emoción, sin vida: los órganos fallaban”. Interesante vertiente que agrega la película en tanto ubica que, sin dicho movimiento, el órgano se atrofia. Cabría entonces interrogar acerca este movimiento necesario para la vida, ya que en sentido amplio, el film no haría referencia sólo al movimiento orgánico, sino al movimiento del deseo: cuando en lo onírico, allí donde el personaje, Lincoln, parece encontrar huellas de algo de sí -o de “su original”- que va más allá de ese mundo -aquel que el adoctrinamiento al que es sometido le muestra- nos permite pensar que esos órganos a los que se hace referencia, están inevitablemente subjetivados, y que en aquella acción de simplemente clonar, se transmite algo más que sólo una biología despojada de historia. En este sentido, en contra de todo pronóstico y más allá de los esfuerzos, los genes mismos recuerdan. Genética que, mediada por la palabra, nunca será en sí misma, pura biología.

Muy interesante trabajo.



Mensaje de Nora Salias  » 18 de septiembre de 2012 » norasalias@yahoo.com.ar 

Un interesante mirada , para un tema que nos ocupa.
Es otro de los problemas actuales de la Filosofia , terrorismo, ecologia,el papel de los medios, donde se
presentan nuevas significaciones y justificaciones.
Desde una postura etica plantearnos los limites de la Etica,
comenzando por la diferencia entre individuo y persona y
citando a Sartre "El hombre esta condenado a ser libre"
Un saludo cordial.

Nora



Mensaje de Erick de Jesús Cortina Berna  » 26 de agosto de 2012 » ercobe16@hotmail.com 

Muy buen aporte, y aunque aun no se han llegado a realizar replicas humanas(por completo), cada vez mas se trae a colación este tema, desde juristas, filósofos, médicos, genetistas, que discuten los aspectos religiosos, éticos y judiciales que implican controversias, dilemas y ambigüedades, si es claro que seria un gran avance para la ciencia,realizar adelantos y llevar a cabo este tipo de procedimientos,y para nadie es un secreto que muchas personas se se beneficiarían,pero no es tan simple como parece. debemos mirara esto desde otro punto de vista y es aquel en el que dejemos de lado la cosificación del ser, porque en cuanto el ser humano se transforma en algo impersonal, es sometido a presiones “inhumanas” y - en el peor de los casos - en cuanto el ser humano es considerado meramente como "cosa", es sometido a las más atroces carnicerías, Si bien existe una obligación de buscar todas las formas posibles de aliviar el sufrimiento humano,pero la investigación se vuelve amoral para algunos porque involucra la producción, uso y destrucción deliberada de de embriones humanos que no son diferentes a aquellos implantados en intentos de producir niños clonados.
La clonación podria enseñarnos mucho del funcionamiento y regeneración de células dañadas y de generar tejidos funcionales, saludables que no serían rechazados. Claro que para encontrar respuestas y poder avanzar en la investigación, es necesario hacer clonaciones humanas primero. Quizás estas investigaciones podrían revelar curas para el cáncer, heridas en la espina dorsal, parkinson, diabetes y mucho más. Y tal vez permitirían generar órganos sueltos y compatibles en un 100% para todos los que esperan un trasplante.¿desperdiciar vidas por el beneficio económico? La pregunta mayor al dilema de la clonación sería si ¿vale hacerlo por un bien mayor?. Si se asegura una legislación estricta sobre la clonación,¿hay motivo para negarla?.

Saludos desde Colombia



Mensaje de Isabel Pastorino  » 12 de agosto de 2012 » pastorinomailin@gmail.com 

Me resultó muy útil este artículo para un trabajo de formación docente sobre ciencia y ética que estoy realizando, donde propongo la utilización de algunas secuencias de "La Isla".
Muy bueno el sitio.


Película:La Isla

Titulo Original:The Island

Director: Michael Bay

Año: 2005

Pais: Estados Unidos

Otros comentarios del mismo autor:
• El Precio del Mañana
• Transcendence