por 

Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología

Psicología, Ética y Derechos Humanos
Cátedra I
Prof. Tit.: Juan Jorge Michel Fariña
Comisión 13
Docente a cargo: Carlos Fraiman

Segunda Evaluación

Schubert, Deborah LU 33566794/0
Pacín, Lucía LU 33515056/0

07/06/10

En el presente trabajo, nos proponemos hacer un análisis de La Ola (Gansel-2008), una producción cinematográfica alemana que tiene como fuente hechos reales sucedidos en una escuela media de California en el año 1967. La película, inspirada en dichos hechos, gira en torno a una experiencia que surge como una tarea de aprendizaje llevada a cabo por un profesor de Historia y sus alumnos. A partir de ella, se crea un movimiento al que denominan “La Ola” que intenta reproducir un régimen autocrático pero que crece hasta llegar a límites impensados.
Partiendo del comentario de Elizabeth Ormart sobre el film, podemos decir que el análisis de la responsabilidad subjetiva recae sobre la maquinaria grupal, entendiendo por esta tanto a los alumnos miembros de La Ola como al profesor que encarna la imagen de líder. La hipótesis que identificamos al respecto en el mencionado comentario afirma que la pasión por la instrumentalización constituye un agravante antes que un atenuante de la responsabilidad subjetiva.
En líneas generales, la instrumentalización refiere a ocupar una posición dentro de la maquinaria, en el caso de la película, el ser parte de La Ola. La pasión por la instrumentalización es ofrecerse como parte de este engranaje, a cambio de la satisfacción que brinda la pertenencia al grupo, es el horizonte que introduce la promesa de un goce satisfactorio. Esto se ve claramente a lo largo de toda la película, en los cambios de comportamiento del grupo, en los cambios de actitud, como por ejemplo el pasaje de un estado de indiferencia y pasividad a otro de cooperación y participación; la vestimenta que adoptaron, el saludo, la insignia, etc. Esta pasión aumenta exponencialmente, volviéndose cada vez más irracional, rozando situaciones peligrosas insospechadas hasta llegar hacia el final, a un trágico destino.
La película grafica algunas de las características y comportamiento de las masas desarrolladas por Freud en “Psicología las masas y análisis del yo”. Uno de los puntos a destacar es que la masa se inscribe en la lógica de la violencia y de la exclusión. Se vuelve necesario dejar algo afuera para que funcione el grupo. Lo pesquisamos en las situaciones con el personaje de “Karo”, quien se declara desertora del movimiento y lucha por destruirlo, pero este es un hecho necesario, y como transgresión, está contemplada en el movimiento. Toda formación colectiva de estas características necesita de una resistencia que la vuelva más fuerte, tan es así que los miembros refuerzan su sentimiento de pertenencia, de seguridad y resguardo que les brinda el grupo. Según Calligaris, la instrumentalización es el ordinario de la vida social y su inercia natural.
Desde el juicio común, el sometimiento a la instrumentalización podría conducirnos a pensar en la desresponsabilización, basándose en los argumentos de que los sujetos solo cumplen un papel en la maquinaria, están regidos por la obediencia o “por lo que hacen todos”. Esta concepción se avala en la tradición del derecho, la cual exime de responsabilidad jurídica a todo aquel que actúe por obediencia. Sin embargo, esto se vuelve un claro equívoco al trasladarnos al campo de la responsabilidad subjetiva, ya que tal como afirma C.Gutierrez, la responsabilidad del sujeto reside allí al ofrecerse como instrumento de la maquinaria. En este punto hallamos un agravante que se expresa en la elección diaria que hacen los miembros de La Ola de concurrir y participar activamente, reafirmando a cada momento dicha decisión. Consideramos que esta elección hace necesario que cada uno asuma su compromiso, diferenciándolo de la responsabilidad colectiva, que implicaría un alma colectiva a la cual se le atribuyen las decisiones individuales de cada uno.
A continuación, identificamos los tiempos correspondientes al circuito de la responsabilidad en relación al film.
A propósito de la figura del líder, ubicamos un segundo momento, puesta en marcha del circuito, en la escena en la que el profesor es confrontado por un alumno miembro de La Ola. En esta escena el muchacho le demanda la terminación del experimento advirtiendo sobre los potenciales peligros y los hechos que estaban aconteciendo. Este tiempo constituye la interpelación que resignifica retroactivamente a un primer momento, que retorna a la acción por la que se debe responder. La interpelación exige forzosamente una respuesta, genera deuda y culpa en sentido lato.
En el tiempo 1 ubicamos todas las acciones globales llevadas a cabo por el movimiento -La Ola- que se producen desde su creación y a lo largo de su transcurrir. Desde el lugar individual del profesor, hallamos que este primer tiempo corresponde a su participación como creador, incitador y conductor del experimento. El maestro se ofrece como una figura totalitaria y absoluta de autoridad; donde los alumnos quedan subordinados, alienados y obedientes. Destacamos la existencia previa de una situación asimétrica de poder fundada en la relación maestro-alumno.
La respuesta que el profesor-líder da a partir de la resignificación del primer momento, la ubicamos cuando luego de congregarlos en un auditorio, se enfrenta a sus alumnos-súbditos para confrontarlos acerca de su comportamiento; y en este mismo movimiento poner punto final a la Ola. El maestro no hace más que volver al surco de la moral. No se muestra en esta historia, de acuerdo a nuestro criterio, ningún advenimiento de singularidad, el profesor no realiza acto ético alguno puesto que responde desde el particular que lo precede.
Es posible señalar que la respuesta del profesor tiene a su vez el valor de una interpelación para el grupo (tiempo 2). El momento de la confrontación sucede de manera violenta, el profesor revela la naturaleza de lo que habían creado, mostrándoles hasta dónde hubiesen llegado bajo el influjo de la obediencia y el grupo. Los hechos que se siguen le entregan a la situación un tono funesto, pero necesario para que la interpelación sea del todo efectiva; un alumno, al ver caer aquello que sostenía su identidad, se quita la vida. Se produce en este personaje un desvanecimiento subjetivo al encontrarse con la falta en lo real. La reacción del grupo ante los hechos acontecidos es de gran impacto, inquietud y conmoción; se enfrentan a la desintegración de la Ola, lo que les permite darse cuenta de aquello en lo que estaban inmersos. Es en este sentido en que decimos que se volvió un hecho necesario el acontecimiento de la tragedia, en tanto dio significación al tiempo 1.
Los elementos de azar que podemos situar en la película corresponden por un lado a que el objetivo inicial del experimento no era el que resultó finalmente, y mucho menos a los trágicos hechos que dan fin a la historia. Por otro lado, ubicamos como otro elemento azaroso que el profesor terminó al frente de la clase sobre autocracia, siendo su intención en realidad dar la clase sobre anarquía.
El azar es ubicado en la falla, en el error de todo cálculo, en la distancia entre lo que esperaba lograr y lo sucedido (estar al frente de esta clase y crear la ola). Aqui ubicamos al azar, como un componente del resultado que se generó.
Encontramos la necesidad en la violencia constituyente de las masas, en la pasión natural por la instrumentalización en la vida social de las personas, y en que para la constitución de un grupo con tales características era necesaria la figura de un líder, la identificación entre los alumnos, la utilización de insignias y saludos, la disciplina, etc. Todos estos elementos como necesarios para que se genere un movimiento así. Por otro lado, la pregunta que da origen a La Ola al comienzo del film (¿Es posible que vuelva a existir un régimen totalitario como el régimen nazi?), anunciaba que el movimiento que se creó para responder a esta pregunta tendría tales características, las constitutivas de cualquier grupo llevadas al extremo, demostrando que se podía repetir la historia, con la sola conformación de una masa, de un líder autoritario, de súbditos que obedezcan, de un régimen disciplinario, etc. Que haya llegado a límites tan extremos era un efecto necesario, puesto que estaba en la esencia natural del grupo y en tanto sirvió de revelador de significación de un tiempo primero, necesario para que advenga posteriormente una posible responsabilidad subjetiva.
Allí entre la necesidad y el azar que intervienen en la situación, el grupo participante de La Ola debe hacerse responsable, es responsable de las consecuencias que se produjeron, siendo claramente imposible atribuir las causas a la necesidad y el azar únicamente. Entre ellos aparece el efecto sujeto, un sujeto que debe responsabilizarse. En el caso particular del profesor, fue él quien propuso el experimento, quien estaba al frente de la clase, fue parte de la pasión por la instrumentalización que caracterizó al movimiento y por eso debe hacerse responsable.
Comparando a la película con el cuento El muro, de Jean Paul Sartre, podemos situar a Ibbieta en un lugar similar en el que se ubica el profesor. Ambos deben responsabilizarse de las consecuencias que sus actos trajeron aun sin haberlas planeado. En este punto, coincide la responsabilidad subjetiva que les corresponde a estos personajes con la responsabilidad jurídica: el profesor es condenado a prisión, e Ibbieta es absuelto, liberado de la muerte por los falangistas.
En relación a las figuras de la culpa, entendiendo como tales aquellas que frente a una situación o hecho que las interpela sobre una acción pasada responden retroactivamente vía la culpa, con una respuesta; mencionaremos cuáles son los personajes que las representan. Sería importante diferenciar a la culpa como necesaria e inherente a toda posición de responsabilidad subjetiva, de aquella que funciona truncando, taponeando la salida al acto del sujeto. Esta última, en vez de ser un medio para acceder a la responsabilidad subjetiva se convierte un fin es sí misma (en sus dos formas: como culpabilización, se encuentra un goce en la culpa; o como negación, sentimiento inconsciente de culpa, proyección).
Tal como se aprecia en la película, el personaje del profesor se ve confrontado, llegando casi al final, a una decisión. A saber, debía optar entre continuar con el experimento, o por lo contrario, interrumpirlo por las implicancias y peligros que éste podría acarrear, y además por verse involucrado en él de una forma inesperada, oscura.
Los argumentos que favorecerían la continuación del experimento, podríamos identificarlos como los siguientes: La consideración de la Ola como un ejercicio práctico satisfactorio y un aprendizaje útil; lo que aquí podría señalarse como un atenuante: se corrobora en los estudiantes una mejoría en cuanto al nivel de atención, participación activa, respeto y orden. El personaje se ve claramente involucrado y tentado con este nueva figura que encarna, valga resaltar las gratificaciones y satisfacciones que la instrumentalización misma de este nuevo orden y panorama le estaban proveyendo a este personaje, no solo ya implicándolo desde su órbita de profesor sino desde una dimensión más intima, si se quiere, más ética, en la que se estaba implicando su goce.
Tal como se ha desarrollado en el comentario de Ormart, confluyen en el líder la responsabilidad jurídica y la subjetiva. Es por ello que quizá parece más evidente a primera vista la responsabilidad del profesor, y es al primero que culpabilizamos. Le atañe a éste, el peso de la ley jurídica, que lo juzga desde su rol de profesor y ciudadano a cargo, por todos los sucesos acontecidos.
En la misma dirección enfatizamos que el Profesor se ofrece como líder, y que es ubicado en el lugar de ideal del yo por todos los miembros del grupo, pieza central en el funcionamiento de la maquinaria grupal, condición estructural de la formación de masa. Es importante resaltar que el profesor se ofrece, pero a la vez es tomado por el grupo.
Este es el punto donde ubicamos la responsabilidad que atañe a los otros miembros del grupo: en la decisión misma de elegir participar, y de renovar dicho compromiso diariamente, reafirmarlo y sostenerlo.
Traemos a colación ahora lo que nos parece una escena con gran fuerza representativa para situar lo que sería la interpelación que daría lugar, culpa mediante, a la resignificación de los hechos, se trata del momento cúlmine cuando el líder cae y los miembros son interpelados por la desintegración del movimiento, momento donde deben reflexionar por su participación en el mismo y sus actos cometidos. Las reacciones físicas que se perciben en este hecho en la película fueron caras de perplejidad, de arrepentimiento, de conmoción y de llanto.
Destacamos además como figuras de la culpa, al muchacho que increpa al profesor para que termine el experimento por los acontecimientos siniestros y extravagantes que estaban sucediendo. La muchacha que diserta del grupo por no coincidir con éste, y en empieza paralelo un campaña opositora contra la Ola, que consideramos como su respuesta.
El muchacho que se quita la vida, por el contrario, sería una figura de la negación de la culpa, frente a la situación que lo interpela íntimamente, la disolución del grupo, no logra ir más allá de la culpa, truncando el camino hacia la responsabilidad.

A modo de cierre presentamos un interrogante surgido a lo largo de la producción y discusión del trabajo. Situamos el comienzo la película: chicos alemanes de una escuela secundaria preguntándose por la responsabilidad que les compete por el régimen comunista nazi, con las vastas implicancias involucradas en este hecho –campos de concentración y de exterminio, el odio, el no lugar a la diferencia, el racismo, los horrores de la guerra, etc-. Las posiciones de los alumnos marcan distancia con lo ocurrido, algunos preguntan por qué deberían responder ellos frente a aquello que les es tan ajeno, que sucedió antes de que ellos hayan sido concebidos. En fin, algunos lo niegan, no creen que deban hacerse cargo, no lo sienten como propio ni como parte de su historia singular. Otros en cambio creen que deben responsabilizarse por el hecho, que si bien los hechos ocurridos no fueron provocados por ellos directa e individualmente, tenían responsabilidad por su historia.
Cabe recordar que éste fue el debate que dio el puntapié inicial a la experiencia de la maquinaria de la Ola, que termina por reproducir una especie de régimen totalitario, aunque a menor escala y con grandes salvedades respecto de la experiencia nazi. Sin embargo, vale decir que algunos caminos encontraron su conjunción: la obediencia, la disciplina, el orden, los ideales en común, las insignias, las actividades comunes, lo que Calligaris llama “pasión por la instrumentalización” se reprodujo de manera asombrosa.
A propósito del camino truncado hacia una posición de responsabilidad subjetiva, cabe preguntarse qué sucede con aquello que por no ser asumido subjetivamente, por no ser interpretado y tomado como propio, queda en un estado latente, insistiendo, repitiéndose.
En otro plano, cabe peguntarse a su vez por la responsabilidad subjetiva de la herencia de cada uno. Por su parte, Freud presenta en Tótem y Tabú una alusión al doble estatuto del sujeto (por una doble necesidad que se le presenta, ser para sí mismo un propio fin y ser el eslabón de una cadena generacional) y tomando a Goethe cita la siguiente frase de su personaje Fausto: “Lo que has heredado de tus padres, para poseerlo, gánalo”.
Consideramos que una de las maneras de “ganarse” la herencia, es decir, hacerla propia, y desde esa posición poder hacer algo con ella, es la que se nos abre con el camino de la responsabilidad subjetiva, como acto individual y singular, que interpela al particular hasta ese momento ilusoriamente consistente y lo modifica descompletándolo. Aquel camino que se abre vía la respuesta activa, vía el acto ético que le otorga existencia al sujeto, no se confunde con la culpabilización, que ahoga, inmoviliza, y que es mortífera, en el sentido de que no permite el advenimiento de singularidad alguna. 
Bibliografía
- Calligaris, C.: La seducción totalitaria. En Psyché, 1987.
- Comentario de Elizabeth Ormart sobre el film La Ola
- D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
- Freud, S., “Psicología de las masas y análisis del yo” (1921), capítulos VII, en: Obras Completas, Buenos Aires: Amorrortu, 2003, tomo XVIII.
- Freud, S., "Tótem y tabú" (1912), en: Obras Completas, Buenos Aires: Amorrortu, 2003, tomo XIII.
- Gutiérrez, C.: (2009) “Eichmann y la responsabilidad”. En Michel Fariña, J. J.; Salomone, G. Z.: Dossier de Ética y Cine: Ética y ciencia. De la eugenesia al tratamiento contemporáneo de las diferencias humanas. Proyecto IBIS / Aesthethika©. Grupo Blanco ediciones, Buenos Aires.
- Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
- Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

- Film “La Ola” – Gansel, 2008



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