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La película que me ha sido asignada para trabajar en esta segunda instancia de
evaluación es: La Ola, ¿Creías que no se podía repetir?.
La última pregunta figura abajo del título de la película y lo destaco en principio porque es alrededor de esta pregunta donde se pueden articular diversas cuestiones en relación al tema de la responsabilidad subjetiva. El personaje del profesor Wenger, quién al ubicarse en el lugar del líder del grupo La Ola, ocupando así el lugar del ideal, es claro su perfil y por lo tanto la responsabilidad que recae sobre él. Pero es importante destacar cuál es papel o el rol que cada uno de los personajes que participaron del particular juego didáctico que implementó el profesor en la clase, tanto de los alumnos, como así también los responsables de la institución, los padres, los otros profesores.
Es alrededor de esa primera pregunta inicial que plantea el profesor acerca de si es posible que se vuelva a repetir una dictadura en estos tiempos, los alumnos responden que ya no es posible que se vuelva a repetir, después de las consecuencias que han dejado al descubierto las deficiencias y atrocidades producidas por el nazismo.
La propuesta del profesor hacia sus alumnos es: ¿por qué no probar algo nuevo?, y es de esa manera como da inicio al juego didáctico. Entonces se puede ubicar esta escena como el primer tiempo lógico, a partir de esta pregunta inicial y fundante del grupo.
El segundo tiempo lógico, se puede ubicar en dos escenas, en las que suceden situaciones similares. Una escena es cuando una de las alumnas que no está de acuerdo con lo que está generando La Ola en el grupo y que le pide a Wenger que pare con todo y le dice claramente “esto se te está yendo de las manos”, a lo que él responde: “Entonces cámbiate de clase”. En esta escena la alumna interroga al profesor acerca de su responsabilidad subjetiva, es la intervención de la alumna lo que pone en cuestión ese primer tiempo en el que el profesor propone a la clase probar algo nuevo y participar de un juego, que en este segundo tiempo, cuando la alumna le marca a Wenger que ese juego ya había pasado los límites de un juego y que se estaba transformando en un juego peligroso. Wegner se ve interpelado en este segundo tiempo, se está resignificando el primer tiempo en el cual dio inició al juego.
La otra escena en la que sucede una situación similar es cuando la esposa de Wenger le reprocha cómo está manejando la clase con sus alumnos y entran en una discusión. Ella le plantea que él los está manipulando a sus alumnos y que lo hace porque le gusta ocupar ese lugar, lo disfruta. A lo que nuevamente sucede como en la escena anterior con la alumna ese tercer tiempo fallido, ya que Wenger niega todo lo que le dice su esposa (y también colega) y recurre a un mecanismo de proyección por el cuál deposita la culpa en ella, ya que él la acusa de estar envidiosa, al igual que el resto de los profesores de la escuela por el éxito que tiene en sus clases, ya que es el único que ha despertado tamaño interés en los alumnos. En un momento le dice: “al menos yo no tengo que tomar pastillas los lunes por el miedo de enfrentar a la escuela”, mediante esos recursos proyectivos, desvía la cuestión y se produce un proceso que hace cuerpo en la culpa como tapón y obstaculiza la emergencia subjetiva.
De esta manera, se utilizan en ambas situaciones, mecanismos de negación y proyección que logran momentáneamente desresponsabilizar la acción realizada y en este segundo tiempo lógico se resignifica, por eso ambas respuestas proyectan la culpa en el otro o en los otros. En este sentido, la culpa no favorece el efecto sujeto, sino que por el contrario la culpa aparece como anestesiada y es proporcionalmente ajena a la responsabilidad del sujeto. En este caso, la lógica del pensamiento se formula en relación a que si los culpables son los otros (la alumna, la esposa, los otros profesores) él no es responsable.
Otras de las características que se puede ver claramente en estas dos últimas situaciones, es que Wenger en ningún momento se visualiza a sí mismo por fuera de La Ola, por el contrario el es parte integrante y fundamental del sostenimiento del grupo, ya que se ubica cómo el líder. Bajo estas dos interrogaciones el de la alumna y el de la esposa y colega, no pudo responder por fuera del grupo en ninguna de las dos situaciones. Y como señala Elizabeth Ormart en su artículo, la violencia estructural fundante del grupo establece un adentro y un afuera, “los que no están conmigo, están contra mí, amigos y enemigos, defensores y detractores”.
Hay un momento de la película, que es de destacar, ya que es en ese momento en el que el profesor decide poner fin al juego pero su particular forma de dar fin al juego, mediante el recurso de llevar la violencia de sus alumnos hasta el extremo para así mostrarles y también ver él mismo que lo que estaban haciendo era una locura, que actuaban por pura obediencia a la autoridad, cometiendo cualquier acto violento por el sólo hecho de que una persona se los estuviera pidiendo y así respondiendo a la pregunta inicial: sí es posible que una dictadura se volviera a repetir.
Es justamente algo del orden del azar, de lo inesperado e incalculable, lo que obliga de manera necesaria y suficiente a Wenger ante su responsabilidad subjetiva, ya que la escalada de violencia que él mismo generó entre sus alumnos, desencadenó la muerte de uno de ellos y es de esta manera que adquiere relevancia inmediatamente su responsabilidad jurídica ante la ley social. Pero fundamentalmente el hecho de que algo del orden de lo incalculable, del azar interfiera en su juego o mejor dicho en la decisión de Wenger para dar por finalizado el grupo, de poner freno a su propia creación, generó paradójicamente el efecto contrario y en ese punto su intento de salir de La Ola y romper con las reglas que él mismo impuso, en ese mismo momento Wenger queda expuesto a la responsabilidad de un acto del que ya no puede volver a revertir porque ahora todas las consecuencias de sus actos están del lado de la realidad, tanto para él como para todos los alumnos. Wenger para decir la verdad o confesar, develar la verdad a sus alumnos, miente, es decir actúa, finge una situación que como consecuencia termina siendo responsable por ese acto.
En el caso del personaje Ibbieta, del cuento El Muro, niega su responsabilidad recurriendo a las coartadas del azar y del destino, utilizando el recurso del juego en el que al jugar no es donde se implica como sujeto. Ibbieta con intención de mentir termina diciendo la verdad. Y por un hecho al azar, no calculable, los falangistas encuentran a Gris en el cementerio y lo matan. Y es en este hecho incalculable, por el cuál Ibbieta es responsable por un acto y es este acto el que inscribe al deseo.
Volviendo al ejemplo de la película, es en el preciso instante en que dice la verdad, cuando también aparece la culpa, ya que como argumento para finalizar con La Ola dice:”nos hemos creído mejores, no quiero pensar de que hemos sido capaces”, en ese momento aparece algo en relación a la deuda y a un deber responder, por eso da por concluido el juego y que a la vez oculta, vela algo del orden de la responsabilidad pendiente que por el azar desencadena un hecho incalculable que concluye en la disolución del sentimiento de culpa, haciéndolo finalmente responsable, es decir culpable de lo que dice y hace. De esta manera emerge una perspectiva ética, mediante un acto que produce un sujeto de deseo inconsciente.

En relación al tema de la responsabilidad, también es necesario destacar que rol y desde que posición actuó el resto de los integrantes tanto de La Ola como así también del resto de los personajes que también fueron testigos del surgimiento del grupo. Hay una escena en la que la directora de la escuela lo cita a Wenger a su despacho y lo felicita por su trabajo y lo hace como una confesión en secreto, sin la participación del resto de los profesores, por lo cual hay cierta responsabilidad que pertenece también a otros personajes, ya que todo lo que sucedía no se daba en un vacío, sino que estaba enmarcado en un contexto institucional educativo y cultural que avalaban y destacaban lo que estaba aconteciendo.
Lo mismo en cuanto a cada uno de los alumnos que integraban el grupo, todos redujeron su propia subjetividad a una instrumentalización y cedieron ante la pasión por dicha instrumentalización, que los hacía sentirse más cómodos que con su propia subjetividad. En principio comenzaron con los cambios más superficiales, llevar todos la misma camisa blanca, pararse de una determinada manera, hablar y dirigirse al profesor y entre ellos de otra manera, y así paulatinamente ir eliminando todo diferencia que pudiera contradecir ese orden único que posteriormente se convirtió en pensamiento único. Por eso, empezaron a combatir a las compañeras que no compartían ese pensamiento único y que cuestionaban lo que sucedía.
En términos que plantea Calligaris, se trata de construir un semblante del saber paterno que permite acceder a un semblante de certeza, lo que permite una salida al sufrimiento neurótico banal, a este tipo de salida la denomina perversión, como usurpación del lugar paterno, transformado el saber supuesto en saber sabido. Esta situación es la que se puede ubicar claramente en el resto de los personajes de los alumnos que adhieren al grupo como así también el caso de la directora de la escuela que está de acuerdo con dicha situación.
Además teniendo en cuenta el contexto social en el que se encuentran los alumnos en su vida diaria, que se muestra al principio de la película, en dónde el contexto familiar y social menos sólido para la mayoría de los alumnos y fundamentalmente para los chicos que se adhirieron con más énfasis en La Ola. Incluso en una escena principal, uno de los alumnos está en boliche y le dice al otro que “cada uno piensa en su propio placer, no hay contra que rebelarse”. Quizás este factor social-cultural también pudo haber influido en la necesidad que tuvieron de formar parte de un grupo totalitario, ya que al no tener un grupo de pertenencia sólido con anterioridad, algunos de ellos se vieron tentados a formar parte de algo, que los hiciera sentirse protegidos, sin tener que tomar responsabilidad sobre sus actos, ya que hay otro, un líder que los dirige. Y es en ese punto donde los extremos se tocan, y de un extremo se pasan a otro extremo, intentando encontrar una salida, una respuesta por la incertidumbre de lo que se quiere.
En el caso del alumno que termina dándose un tiro, es evidente que el grupo le dio la contención que en su propia vida personal no tenía y fundamentalmente en la figura del profesor como líder, a la vez cómo figura paterna, por eso para él nunca fue un juego, y dice: La Ola es mi vida, por lo tanto concluye transformando en acto aquello que Wenger ha puesto en palabras (“todo esto se ha terminado”), obligándolo a ser responsable de lo que ha dicho y de lo que ha hecho, como sujeto de deseo inconsciente.



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