por 

Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología
Psicología, Ética y Derechos Humanos

CÁTEDRA I: Fariña Juan Jorge Michel
DOCENTE DE TRABAJOS PRÁCTICOS: Mercadal, Gabriela
COMISIÓN: 15

“La caída”

EQUIPO RESPONSABLE:
Cuccetti, Estefanía Flavia (33.204.767)
Santoro Pontillo, Ma. Leiza (33.740.898)

Segundo Cuatrimestre de 2010

La caída
País: Alemania, Austria, Italia
Año: 2004
Título internacional: Der Untergang, Downfall
Guión: Bernd Eichinger, basado en los libros de Melissa Müller, Traudl Junge y Joachim Fest
Dirección: Oliver Hirschbiegel
Actores: Bruno Ganz como Adolf Hitler, Alexandra Maria Lara como Trauld Junge, Corinna Harfouch, Ulrich Matthes, Juliane Köhler, Heino Ferch, Christian Berkel, Matthias Habich, Thomas Kretschmann, Michael Mendl, André Hennicke, Ulrich Noethen, Birgit Minichmayr, Rolf Kanies Justus.

Hemos escogido trabajar la temática de la responsabilidad subjetiva con el personaje de la Srta. Traudl Junge, del film “La caída”.
La película comienza en una noche de noviembre de 1942 en Berlín, donde un grupo de jóvenes mujeres es conducido por varios oficiales hacia el cuartel general de Adolf Hitler en Prusia Oriental. Todas son candidatas al puesto de secretaria personal del Führer. Entre ellas se encuentra Trauld Junge una chica de veintidós años y de hermosas facciones, proveniente de Munich. Sólo tenemos conocimiento de que la joven es seleccionada.
Luego la película continúa el 20 de abril de 1945 cuando Hitler se ha recluido en su sistema de bunkers subterráneos, bajo el subsuelo de la Cancillería. Trauld Junge duerme en su cuarto, hasta que la despiertan estampidos lejanos de fuego de artillería. El enemigo se aproxima. La derrota alemana es inevitable. Es justamente en este año que Trauld fue testigo de primera línea de los últimos días del régimen de Hitler, ya que pertenecía a su círculo más íntimo. Se trata de un testimonio sobre los últimos días de Hitler. En el último momento redactó el testamento político del Führer y una vez que éste y otros habitantes del búnker se suicidaron, salió al exterior con la intención de escapar de los rusos, lo cual logra con éxito.
Habiendo reseñado brevemente el papel ocupado por la joven en el movimiento ocurrido en Alemania durante la segunda guerra mundial, se proseguirá con el análisis de la decisión - o la falta de decisión - tomada por la muchacha. Dicha participación se presta a comparación, en términos teóricos, con la decisión tomada por Ibbieta, el personaje del cuento “El muro”, de Sartre.
Podría pensarse a simple vista, que ambos personajes comparten, aunque en distinta magnitud, la característica del desconocimiento. Ibbieta desconoce el verdadero paradero de Gris, y su chiste que no cumple con otra intención que la de engañar a sus asesinos y prolongar aunque sea por unas horas su vida, termina convirtiéndose en una confesión. Por su parte la Srta. Junge, nos hace saber sobre su desconocimiento de los hechos horrorosos llevados a cabo por el régimen nazi, ordenados por ni más ni menos que su jefe.
Ahora bien, si nos detenemos más en la historia de la joven, no podemos dejar de mencionar que la muchacha fue empleada del Führer durante tres años, e inclusive convivió con él. ¿Es posible desconocer los millones de homicidios cometidos por el nazismo habiendo compartido el techo con el mismísimo Hitler?
La muerte se presenta en primer plano en ambas historias. Mientras Ibbieta intenta asir los que cree sus últimos minutos de vida, Traudl Junge muestra la incertidumbre que la invade con respecto a la extensión de su vida durante toda la película. Cabe preguntarse si no es la muerte la que impulsa la decisión de los citados personajes. Puede pensarse que es el deseo por vivir en Ibietta, por recuperar esa vida de la que ya se había despedido, esa vida que daba por perdida, lo que lo hace delatar a su amigo sin siquiera imaginar que estaba haciéndolo. Por el contrario, las acciones de Traudl no parecen estar impulsadas por el deseo, sino por lo mortífero. Decide quedarse junto al Führer hasta sus últimos momentos, y recién una vez que éste se quita la vida, ella se permite luchar por la propia (vida), se permite intentar escapar.
Consideramos necesario profundizar sobre el circuito de la responsabilidad para continuar con el análisis.
La responsabilidad se organiza en un circuito en el cual pueden ubicarse tres tiempos lógicos.
Vamos a intentar desplegar el Circuito de Responsabilidad que organiza la situación elegida del film, siguiendo los pasos dados por Trauld Junge.
El tiempo uno es aquel donde una acción sigue el estado de las cosas, en el cual el sujeto realiza dicha acción con un objetivo determinado y entendiendo que tal iniciativa se agota en los fines para los cuales fue concebida. Éste tiempo se sitúa en el nivel de lo particular y lo moral.
Podemos ubicar en éste tiempo uno aquellas situaciones en las que distinguimos a Trauld Junge en acto: cuando se postula como secretaria personal de Hitler o en determinadas ocasiones en las que, cumpliendo con su deber laboral, lleva a cabo los pedidos del Führer. Aunque se vislumbran escenas en las que se refleja la duda y el temor de la joven frente a las palabras de Hitler, en ningún momento ella se cuestiona su estadía en el bunker. No se engendra interrogantes en torno a las órdenes dadas por el dictador, su fidelidad hacia el Führer se mantiene incólume hasta los últimos momentos, ella solo sigue el camino dirigido por él, a pesar de no ser una nacionalsocialista, como ella misma declara.

En el tiempo dos, una situación que se presenta soportada en el azar o acaso la insistencia significante, produce efectos que conmueven lo sucedido en el tiempo uno, que interpelan al sujeto a dar una respuesta. Es el tiempo de las formaciones del inconsciente, de lo imprevisible. A partir de aquí se abre la posibilidad de resignificar el tiempo uno mediante un movimiento retroactivo. En términos económicos, la interpelación supone una deuda, una deuda frente a la cual se debe responder. “La culpa es una condición para el circuito de la responsabilidad subjetiva. Es la culpa, lo que obliga responder”. Si en el tiempo uno nos encontramos con el sujeto de la afirmación, el tiempo dos se caracteriza por dar lugar a la emergencia de un sujeto que se interroga, que se pregunta respecto de su acto. Podemos decir entonces, que es a partir de éste segundo tiempo que se constituye un circuito, es la interpelación la que permite la lectura recursiva del propio acto.

Considerando que en el tiempo dos es puesta en marcha la interpelación subjetiva que viene a resignificar al tiempo uno, nos serviremos de un recorte de la entrevista del final del film donde habla la verdadera Trauld Junge para observar el pasaje del tiempo uno al tiempo dos y la interpelación que ésta mujer, muchos años después, se hace con respecto a su participación en el movimiento nazi:

“Naturalmente, me enteré de estos horrores por el juicio de Nüremberg. De esos seis millones de judíos y de personas de otras creencias y otras razas que habían muerto y lo sentí como un hecho conmocionante y terrible. Pero aún no había hecho la conexión con mi propio pasado. Me bastaba pensar que yo no había tenido la culpa y que no había sabido nada de lo ocurrido. Pero un día pase frente a la placa que habían colocado en una calle para recordar a Sophie Scholl y ví que tenía mi misma edad y que fue ejecutada el mismo año que yo empecé a trabajar con Hitler. Y en ese momento sentí realmente que ser joven no era una disculpa y que quizá uno hubiera podido enterarse de las cosas.”

Anoticiada a través de los juicios de Nuremberg de los crímenes nazis, Trauld refiere simplemente haberlo sentido como un hecho conmocionante, pero no se cuestiona nada a partir de allí sobre el papel que cumplió en la Alemania nazi. Continuaba bastando para ella el pensar que era tan sólo una joven secretaria, rol desde el cual no tuvo acceso al conocimiento de los homicidios ocurridos. Es recién en el momento en que observa la placa de Sophie Scholl - una joven de su misma edad, opositora al régimen hitleriano y víctima de éste por sus actividades de militancia antinazi - que, vía identificación se interroga sobre las posiciones alternativas que podría haber asumido en su juventud. Cabe aclarar que no interesa aquí si aquella explicación resultaba suficiente para nosotros o para la sociedad, lo que debe importarnos es que ser joven deja de ser pretexto suficiente para ella. Y deja de serlo en el momento en el que toma conocimiento de una joven de su misma edad y nacionalidad, que habiendo participado en un primer momento de la Liga de Chicas Alemanas, al igual que ella misma lo hizo, puede tomar distancia adoptando una posición crítica.
Vemos como esto produce un cambio de posición del sujeto respecto a las acciones del tiempo uno, es a partir de aquí que se abren los interrogantes: frente a las distintas posiciones a adoptar, ¿por qué participar del régimen nazi?, ¿fue simplemente la curiosidad lo que la llevó a convertirse en secretaria de Hitler?, ¿por qué quedarse hasta el último momento, incluso resignando la posibilidad de conservar su vida?, ¿cómo es posible que desconociera la matanza que estaba llevándose a cabo?

La distancia entre el tiempo uno y el tiempo dos, autorizan la formulación de una hipótesis o conjetura respecto de la responsabilidad del sujeto. La hipótesis clínica aspirará a construir un sentido que ligue aquello que se presenta sin anudamiento.

Siguiendo lo planteado por Calligaris en su texto “La seducción totalitaria” consideramos que la sociedad nazi ofrece a los sujetos una salida del sufrimiento banal del neurótico por el incertidumbre acerca de lo que se quiere. Dicha salida alternativa será perversa, ya que implicará la reducción de la subjetividad a la instrumentalización. Permite que el saber paterno no sea supuesto, sino sabido y además compartido por todos. Otorga al sujeto certezas y ya que todos comparten el saber crea cohesión social. En este caso, la cohesión social se crea alrededor de un padre cierto, Hitler. Calligaris llama a esta salida perversión porque se produce una usurpación del lugar paterno.
Si se considera su crianza en una sociedad violenta, racista, de síntoma perverso, una sociedad en la que hay un saber sabido que se comparte y que otorga certezas, ¿cómo renunciar a ello? Trauld funciona como instrumento para el sostenimiento de esas certezas y de ese padre. Esta salida de la neurosis, salida a la que Calligaris considera como perversa otorga certezas al sujeto a la vez que garantiza un goce exitoso. Al quedar colocado en una posición instrumental el sujeto obedece aunque no quiera hacerlo. Se convierte en un objeto ofrecido al goce del Otro. Y es allí donde se halla la satisfacción: en ser instrumento del goce del Otro.
Es recién a partir de ver la placa que se posibilita la interpelación y a partir de ella se da un corrimiento de la posición de sujeto ofrecido al goce del Otro para pasar a ser un sujeto de deseo.

En un tercer tiempo, el tiempo de hacerse responsable, advendrá un sujeto barrado, sujeto que acepta la división subjetiva, la falta estructural. En el tiempo tres, adviene el sujeto de la responsabilidad subjetiva. Es el tiempo que concierne al sujeto en relación a aquello que desconoce de sí mismo. Esta potencialidad del tiempo tres nos introduce a un Sujeto diferente, un sujeto que se hace responsable por su deseo. El desear supone una culpa que obliga a cuestionarse la acción y ese retorno posibilita una respuesta desde la dimensión ética.

Es en el tiempo tres donde se espera una respuesta a la interpelación del tiempo dos, es una posibilidad en este caso al surgimiento de la culpa donde surgirá la responsabilidad subjetiva. Retomando la cita de la última frase del relato final:
“Y en ese momento sentí realmente que ser joven no era una disculpa y que quizás uno hubiera podido enterarse de las cosas…”

Observamos ahora sí que el sujeto tras interpelarse no por su responsabilidad jurídica, sino por su responsabilidad subjetiva, por su responsabilidad como sujeto deseante, elabora una respuesta en la que observa que es otra la posición que podría haber adoptado en aquel momento, y al vislumbrar la posibilidad de posiciones alternativas se permite correrse de los límites de lo mortífero, se autoriza nada mas y nada menos que a desear. Y el hecho de relatar lo sucedido, de tomar la palabra, es una prueba de ello. Nos es oportuno hacer mención a su biografía para acrecentar mejor este punto. Durante mucho tiempo después de lo sucedido, trabajó como periodista en diferentes medios. En el 2001, a la edad de 81 años, publicó un libro titulado “Hasta la Hora Final”, en el que relata todo lo relacionado con sus vivencias durante el régimen nazi. También concedió una entrevista filmada, del cual se hizo un recorte para el inicio y el final del film que estamos trabajando, de donde extrajimos las frases citadas. En la entrevista declaró estar en contra de las atrocidades del régimen de Hitler, afirmando que durante el ejercicio de sus labores durante la Alemania nazi, nunca llegó a saber del Holocausto u otros temas relacionados, y que en su presencia nunca se menciono la palabra judío. Ubicamos en esas palabras con carácter de significantes, justamente la autorización a desear, como fruto de aquella identificación que en el tiempo dos tuvo con la joven de la placa, Sophie Scholl.

En el texto “Responsabilidad: otro nombre del sujeto” Juan Carlos Mosca sugiere que la responsabilidad del sujeto se encuentra en la grieta entre necesidad y azar. Es decir, que cuando rigen por completo Necesidad o Azar, o una combinación de ambos, no es pertinente la pregunta por la responsabilidad. La Necesidad o el campo de la determinación es un conjunto de circunstancias que no hemos elegido, que queda por fuera de la subjetividad:
• Haberse criado en la Alemania nazi es algo del orden de la necesidad, ya que posibilitó su acercamiento al régimen y su desempeño laboral como secretaria de Hitler.
• No tener descendencia judía seguramente también fue posibilidad para aspirar a aquel puesto.
El Azar es aquello que el sujeto no puede anticipar, aquello que no puede ser calculado o previsto:
• podríamos ubicar como algo del orden del azar el momento en el que ella se presenta para ser secretaria personal de Hitler, y ante la pregunta por su lugar de nacimiento, ella indica que es de Munich. Ubicamos aquí una coincidencia azarosa ya que la mujer de Hitler, Eva Braun, también era nacida en Munich. Quizás esto colaboró a la rápida elección y agrado hacia la joven Trauld Junge.

Pero basta que se produzca una grieta, una vacancia entre la necesidad y el azar, para que la pregunta por la responsabilidad adquiera toda su dimensión. Y es recién allí donde se aparece la posibilidad de la interpelación.

Si utilizamos las mismas categorías con el protagonista del cuento “El muro” de Jean Paul Sartre, podríamos ubicar la necesidad en la presión a la que está siendo sometido Ibbieta, él eligió participar de una guerra civil en donde el riesgo de morir era muy alto, él se expone a ese riesgo, pero lo que él no eligió de ningún modo, es tener que optar entre su vida o la de su amigo, no eligió tener que delatar a su amigo para salvar su propia vida. Es un factor “externo” a Ibbieta, y utilizamos la palabra externo para evitar decir “ajeno” a Ibbieta, porque si bien, la necesidad no es algo que el sujeto produzca como tal, no le es ajeno en la medida en que este campo de determinación obliga al sujeto a responder frente a el. Ahora bien, si analizamos las respuestas que dió Ibbieta podríamos decir que también ha intervenido el azar en el sentido que el amigo a quien debía delatar (Gris) se haya escondido justo en el cementerio, lugar donde dijo Ibbieta que se encontraba. Coincide el momento en que Ibbieta hace su jugarreta, con el momento en que Gris va al cementerio. Si Ibbieta hubiese sido interrogado un día antes, las circunstancias hubiesen sido las mismas, pero al no haber coincidencia el resultado hubiera sido otro.

Con respecto a la responsabilidad jurídica, es aquella que se aplica al sujeto de derecho, aquel sujeto capaz de asumir deberes y obligaciones. Restringe la responsabilidad al terreno de la conciencia, al campo de la intencionalidad.
Se diferencia de la responsabilidad subjetiva, que confronta al sujeto con aquello que le pertenece y le es ajeno, aquello de sí mismo que le es desconocido. Interpela al sujeto más allá de las fronteras del yo y se asienta en la noción de sujeto del inconsciente.
Traudl no es enjuiciada, ya que el argumento de su juventud y el rol en el cual se desempeñaba, resultan suficientes para considerar real su desconocimiento con respecto a la matanza de judíos. En pocas palabras, Traudl es considerada inocente, jurídicamente hablando.
Ahora bien, en relación a la responsabilidad subjetiva, ubicamos a la culpa que ob-liga a dar una respuesta a posteriori, obliga a responder a la interpelación del tiempo dos resignificando el tiempo uno, haciendo una nueva lectura de él. Es la culpa por no haber ocupado otra posición la que posibilita el corrimiento, así como la responsabilización por el deseo.

Lo universal no se realiza sino en la forma de lo singular y utilizando como soporte lo particular, es decir, los códigos compartidos. El efecto universal-singular es la apropiación subjetiva que Traudl hace de la palabra, la posibilidad de relatar los hechos ocurridos, de hacer una construcción propia de la historia. Pero el significante se apoya en el nivel del código, encarna en él, pero sólo para escapársele, para deslizarse hacia otro significante. Con esto queremos decir, que si bien es un hecho público lo sucedido en la historia de Alemania, no es lo mismo el significante que soporta cualquier sujeto, que lo encontraríamos en el circuito universal-singular. En cambio el significante de este sujeto en particular, es decir en este caso de Trauld, lleva aparejado un significado único para ella, es de carácter particular. Serían los modos particulares que ella vivencio esa etapa de Alemania, ubicándose como secretaria de Hitler pero sin embargo sin conocimiento de los crímenes nazis a pesar de tener un contacto tan directo con quien era responsable de esos crímenes y esencialmente no siendo judía. Podríamos ubicar que el efecto particularista se verifica en la pretensión de que un rasgo particular devenga condición universal, se verifica cuando un grupo que solo debería sostener la condición humana, aspira a colmarla, pretendiendo que todos sean eso. Es justamente el caso del nazismo, que desconoció la condición simbólica de la especie, fundada justamente en la diversidad. Las ambiciones de III Reich suponían exactamente esto, reducir la riqueza simbólica a una sola de sus manifestaciones posibles , el ideal ario .

Bibliografía

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• Mosca, J. C. (1998). “Responsabilidad, otro nombre del sujeto”. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
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• Salomone, G. Z.: “El sujeto Autónomo y la responsabilidad”. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006
• Salomone, G. Z.: “El sujeto dividido y la responsabilidad”. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
• Nardo, Marta Silvia: “Racismo y Perversión en periódico” en El Otro Psi, año XVI, N° 165, Buenos Aires, 2010.
• Wikipedia, http://es.wikipedia.org/wiki/Traudl_Junge



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