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Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología
Psicología, Ética y Derechos Humanos

Segundo parcial

Comisión: 04

Docente: Eduardo Laso

Alumnas:
María Macarena Fernández LU: 34.027.668 0
Lucía Denise Liascovich LU: 33.787.621 0

Película: La cinta blanca (Das Weisse Band)

Fecha de entrega: 25 de octubre

2do cuatrimestre
2010

Para responder a la consigna propuesta por la cátedra para el segundo parcial, trabajaremos con la película “La cinta blanca” (Das Weisse Band) de Michael Haneke.

1- El personaje escogido, que consideramos que toma una decisión comparable, en términos teóricos, a la de Ibbieta en “El muro”, es el maestro de la escuela de la aldea, quien narra los hechos durante la película.
En este pequeño pueblo de Alemania del Norte, en los días previos a la Primera Guerra Mundial, comienzan a suceder hechos criminales, de autoría desconocida, que sacuden la aparente calma. Algo extraño y sospechoso comienza a manifestarse en un mundo que hasta entonces se perfilaba como armónico y ordenado.
Entre estos sucesos podemos nombrar al atentado contra el doctor del pueblo, con el que se inicia la película, el asesinato de la esposa del capataz, el maltrato a Sigi, y un incendio en la aldea. Es en este contexto, donde Erna, hija del capataz, le cuenta al profesor acerca de un sueño en donde ve que la próxima víctima sería Karli, el hijo de la partera, quien padece un retraso mental. El maestro desestima lo que la niña le relata, diciéndole que ese tipo de sueños no se vuelven realidad. Días después, el ataque predicho por Erna acontece, y los daños atroces cometidos sobre este niño interpelan la inacción del maestro.
Más adelante, el maestro visita la casa del niño malherido y encuentra a los hijos del pastor intentando asomarse por la ventana que en ese momento estaba cerrada. A partir de esto, empieza a germinar en sus pensamientos la idea de la posible culpabilidad de estos niños, lo que lo lleva a hablar con ellos y con su padre.

2- Según María Elena Domínguez el circuito de la responsabilidad está compuesto por tres tiempos lógicos.
Un primer momento en el que un sujeto realiza una acción que se supone se agota en los fines para los que fue realizada. Un segundo momento en el que por algún indicador de la realidad que señala un exceso en lo acontecido, se resquebraja el universo particular soportado en la certidumbre yoica. Esto posibilita la emergencia de una pregunta sobre la posición que el sujeto tenía en el tiempo lógico anterior, obligándolo a cuestionar su posición subjetiva.
El tiempo dos resignifica al tiempo uno, resignificación que dará cuenta de una respuesta del sujeto que advierta un cambio de posición frente a sus circunstancias.
Es en el tercer tiempo lógico donde el sujeto responde a esta situación en la que fue interpelado.

En la película situamos como tiempo uno al momento en el que Erna le cuenta angustiada al maestro sobre un sueño suyo que podría estar prediciendo una nueva situación de violencia en donde la víctima, esta vez, sería Karli. Le pregunta muy preocupada si este tipo de sueños pueden llegar a volverse realidad, ya que este niño no se merecería tal maltrato. Él responde que los sueños no se cumplen, que no lo tome tan enserio y que se olvide de esas cosas. De todos modos ella insiste en que en otras oportunidades ha tenido sueños que luego se cumplieron, pero nuevamente el maestro desestima sus dichos diciéndole que eso es absurdo.
El tiempo dos se desarrolla a lo largo de dos escenas en las que se va incrementando el grado de interpelación frente a su respuesta dada en el tiempo uno.
El primer indicador que proviene de la realidad es el atentado efectivamente acontecido contra Karli. Frente a esto, el maestro en principio no recuerda lo relatado por Erna. Más tarde le acude a la memoria pero no lo cuenta a las autoridades para no poner en riesgo la reputación de la familia por una coincidencia absurda. Finalmente, frente a la posibilidad de que el niño pierda la vista, y ante la insistencia de la policía en busca de testigos, decide llevarla a declarar. Si bien esta es una respuesta del sujeto a una interpelación de la realidad y podría por tal motivo tomarse como tiempo tres, consideramos que constituye meramente una respuesta parcial ya que no se observa una verdadera modificación en la posición subjetiva del maestro. El llevar a la niña a dar testimonio da cuenta de que comienza a atribuirle un valor a aquello que al principio desestimaba, pero esto no se completa dado que no deja de remarcar que no es la primera ocasión en la que la niña tiene este tipo de sueños, lo que confirmaría la hipótesis de una simple coincidencia.
El segundo indicador de la realidad es el encuentro con los niños que intentan abrir la ventana de la casa de Karli. Es en este punto donde culmina la interpelación ya que lleva a producir un cambio más radical en la posición del maestro. Se cuestiona el repentino interés de los niños por Karli, dado que usualmente lo dejaban de lado debido a su deficiencia mental. Se plantea, a partir de esto, la posibilidad de que aquello relatado por Erna no se haya tratado de un sueño, sino del conocimiento de un plan ideado por alguien a quien no podía delatar. Esto resignificaría aquel “sueño” como un intento de advertencia.
El tercer tiempo de este circuito de responsabilidad es la visita del maestro a la casa del pastor, en donde interroga a los niños para que declaren su culpabilidad sin obtener respuesta. Luego, le manifiesta sus sospechas al padre y éste enfurecido lo amenaza con enviarlo a prisión si llegara a decirlo en público manchando con sus dichos a familias respetables y lo echa de la casa.
El maestro opta por preservarse, nunca llega a efectuarse esta declaración frente a autoridades competentes, y al tiempo se traslada a la ciudad. Es decir, sabiendo de la culpabilidad de estos niños, y frente a la complicidad manifestada por el padre, decide no asumir la parte de responsabilidad que le toca.

Tomando esta situación desde el texto de D´Amore, no alcanzaría sólo con una respuesta para el tiempo tres, dado que éste es dentro del campo ético.
En su texto “Responsabilidad Subjetiva y Culpa” , plantea que no hay responsabilidad sin culpa, entendiendo la culpa no en el sentido convencional, sino como operación simbólica, la interpelación subjetiva.
Para él, la interpelación es la puesta en marcha del circuito de responsabilidad. En sus palabras: “Dado el tiempo dos que es el tiempo de la interpelación en el circuito, se funda en su resignificación el tiempo uno; facilita una respuesta que aunque no es considerada aún tiempo tres, responde a la interpelación. (…) No hay forma de no responder, pues la interpelación exige respuesta.”
Una de las diferencias entre una mera respuesta a la interpelación y un tiempo tres, es que en este último el sentimiento de culpa que motiva la interpelación se diluye en el “efecto sujeto”, ya que el tiempo tres como anticipamos, es una respuesta de dimensión ética.
Desde este autor, por lo tanto, no había tiempo tres que cierre el circuito dado que no hay responsabilidad subjetiva. El personaje tapona la dimensión ética resguardándose en una salida moral particular.

3- Necesidad y azar son elementos exteriores al sujeto, que no pueden adjudicarse al campo de la responsabilidad.
Es azaroso que se haya despertado en Erna la confianza necesaria para con el maestro, lo que la lleva a relatarle sus sueños, pudiendo esto haber sucedido con otra persona; por ejemplo, su propio padre.
Es azaroso también, el hecho de que el maestro se haya encontrado con la partera cuando iba a visitar a su prometida y esta le diga que conocía a los culpables y que Karli había quedado sólo en la casa, lo cual hace que él vaya a visitarlo y se encuentre con los niños que están intentado espiar por la ventana.
Si bien la muerte del padre es un elemento de la necesidad (todos en algún momento vamos a morir), es azaroso que ocurra justo en ese tiempo, lo cual le brinda al sujeto la posibilidad de irse del pueblo a la ciudad.
En contrapartida, no hay azar en los actos realizados por estos niños y su padre: incendio, maltrato. Estos actos no están signados por el azar, sino que son producto de una decisión que acarrea una responsabilidad.

4- Como figuras de la culpa ubicamos la actitud corporal del maestro en la escena de la declaración de Erna frente a la policía: se muestra con los brazos cruzados, nervioso, inquieto, ansioso. Además, sobre el final de la película él mismo relata que abandonó el pueblo para irse a la ciudad, y nunca volvió a tener contacto con ninguna persona de allí.
En el texto de D´Amore se nos plantea que en términos jurídicos “...La culpa no es más que la imputabilidad de un daño por el que hay que pagar...”
Jinkins plantea que Responsable es ser culpable de lo que se dice y hace.
D´Amore plantea diferentes tipos de culpa, una culpa anclada en el yo, asumida subjetivamente, y por otro lado respuestas como negación o formación de síntoma que responden a una culpa inconsciente.
Estas últimas no favorecen a lo que el autor llama “Efecto Sujeto”, no favorecen a una toma de posición con respecto a la responsabilidad subjetiva.
“... No hay responsabilidad subjetiva sin culpa, pero también la culpa puede llegar a venir como tapón donde no hay advenimiento del sujeto...”.
En la película se observan las figuras de culpa descriptas anteriormente, pero no una toma responsabilidad subjetiva del maestro por su inacción frente a aquel llamado de atención. Trata de olvidar la culpa yéndose del pueblo, sin reconocerse como responsable de lo ocurrido, cuando pudo haber hecho algo para evitarlo.

5- Un universo se presenta como completo, hasta que aparece una singularidad en situación que da cuenta de su incompletud. En este caso, el horizonte del universo se amplía dando inclusión a esa singularidad y conformando un nuevo universo, más amplio que el anterior.
Los hechos criminales que suceden a lo largo de toda la película constituyen el germen de lo que posteriormente fue el nazismo. En ese período de calma aparente surge una singularidad no contemplada, para la cual ni siquiera se contaba con categorías en el lenguaje. Se maquilla en normas de convivencia una perversión presente en todos los niveles sociales que comienza a aparecer en los sucesos relatados por el maestro.
Con esto se va perfilando una sociedad en la que se debe excluir y eliminar al diferente, produciendo violaciones sin precedentes a la condición humana.
Los sucesos relatados son contrarios a las legalidades de la época pero esto no se agota allí, sino que también son contrarios al universal, el cual hace a la condición básica y estructural del humano.
Un acto ético implicaría una conducta cuyo fundamento esté más allá de lo epocal. No hay en esta película, y especialmente en la situación del maestro, un acto basado en principios universales.
El silencio y la huída del maestro se inscriben dentro de la moral de lo particular: frente a la amenaza del pastor, decide no continuar con las denuncias y preservar su propio bienestar.

Bibliografía:

D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

Diario Página 12 del 24 de mayo del 2010 en: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/12-23706-2010-05-24.html

Domínguez, M. E.: Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

Fariña, J. J. M.: Lo universal-singular. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.

Lewcowicz, I : Particular, universal, singular. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.

Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.

Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

Salomone, G. Z.: El sujeto autónomo y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

Sartre, Jean Paul: El muro, Editorial Losada, Bs. As., 1972.



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