Inicio > Congresos Online > Congreso Online 2018 > La gente de la universal > Un espejo sobre la selva urbana del rebusque

Un espejo sobre la selva urbana del rebusque

por Agudelo Ramírez, Martín

Resumen

La Gente de la Universal (1991) de Felipe Aljure es una comedia negra colombiana que caricaturiza el diario vivir de una ciudad que, como Bogotá, se muestra como una gran selva urbana gobernada por reglas especiales del rebusque y que conviven con otras institucionales que son usualmente burladas, al menos por aquellos que estiman que una vez hecha la ley estará hecha la trampa.

Palabras Clave: rebusque | malicia | selva urbana

“Por eso le digo”. “Entre y vea todo lo que hace esta gente… Para nosotros no hay secreto que permanezca oculto” (La gente de La Universal, 1991)

Introducción

Colombia es un pequeño mundo en el que se revela el ingenio de gente desmemoriada que se desentiende de su historia y que, sin embargo, sobrevive en medio de las condiciones difíciles que se imponen en el campo y en la ciudad, en la periferia y en la urbe. En el corazón de Latinoamérica encontramos a un país único, habitado por gente que suele regocijarse con sus festines ensordecedores y en su valor para subsistir con gran valía en una tierra pródiga; pero, también reconocemos a un pueblo que solloza por sus desvergüenzas e infortunios.

Tantos años de vida republicana, y el pueblo colombiano sigue sin reconocerse como nación. Instituciones poco eficientes dan cuenta de un poder que, cuando se ha hecho visible, cae en varias ocasiones en el despotismo absurdo proveniente de autoridades ciegas, sin nortes claros; pero, en buena parte, sus desarreglos provienen de la ausencia de gobernabilidad de unas autoridades desentendidas de los males que afligen a lo ancho y largo del territorio. Entretanto, la indisciplina constante va imponiéndose en gente que no se siente vinculada por el sinnúmero de leyes que pululan por doquier, siendo manifiesto el profundo desentendimiento de la gente frente a los deberes. Paradojas saltan a la vista y, mientras hagamos un esfuerzo por comprender, resonará en nosotros la frase inolvidable “Por eso le digo”, legada por una de las joyas del cine colombiano.

La Gente de la Universal (1991) es una representación espléndida de esas particularidades que de la condición humana se revelan en la idiosincrasia de un pueblo que goza en medio del desafuero, de una gente que se siente muy feliz a causa de los pensamientos distorsionados por sus numerosos espejismos. La película, dirigida por Felipe Aljure, ilustra magistralmente los miedos, la desconfianza, el egoísmo excesivo, la deslealtad, la infidelidad, signos palmarios de una sociedad en ebullición, pero bastante decadente y en la que la institucionalidad estatal no merece respeto alguno.

El retrato que hace Aljure de la ciudad es una muestra de un país de leyes de papel, fracturado por sus profundas desarmonías, como ya se anticipa en los momentos iniciales registrados por la cámara en movimiento. Bogotá es la gran urbe que, como otras, pese a ser centro de poderes oficiales, se encuentra debilitada por la expansión de la ley salvaje propagada en ella. La deslealtad y la traición propias de la periferia aldeana se incorporaron en una ciudad desfigurando su identidad. La transgresión de las reglas es lo cotidiano en el actuar con los otros, mientras que los deberes se van difuminando.

A través del cine, es posible retratar con crudeza a una sociedad en la que la cultura del “todo vale” sobresale. Aljure lo hace con gran inteligencia. Caricaturiza el diario vivir de una ciudad que, como Bogotá, se muestra como una gran selva urbana gobernada por reglas especiales del rebusque y que conviven con otras institucionales que son usualmente burladas, al menos por aquellos que estiman que una vez hecha la ley estará hecha la trampa.

2. La historia

La Gente de la Universal se apoya en un ingenioso lenguaje audiovisual de encuadres y planos memorables, como lo muestran los primeros planos, todos muy bien logrados; su fotografía revela unas miradas que terminan por atraparnos. “La cámara es un narrador más” (Daguer Cardona, Karina, 2009: 79).

La Universal es una agencia de detectives, de la familia Hernández, integrada por una pareja de esposos, Diógenes y Fabiola, y su sobrino Clemente, en la cual se ofrecen diversos servicios: buscar perros y seguir a mujeres infieles. La tarifa que se cobra por los servicios “profesionales” no solo se determina por la complejidad del trabajo, sino también por la capacidad económica y el grado de ingenuidad o malicia del cliente con el que se negocia; se cobra, como se dice en la jerga popular colombiana, “según el marrano”. Los detectives apelan a sus tácticas de embaucamiento para atrapar a sus clientes. Gastón, un capo español que se encuentra recluido en la cárcel contrata los servicios de la agencia para que descubra la identidad del hombre que lo engaña con Margarita, su amante, una actriz porno.

Un entramado de traiciones e infidelidades se desata. Una cadena de engaños y lascivias enredan a la mayoría de personajes: Gastón engaña a su esposa con Margarita; Fabiola traiciona a Diógenes con su sobrino; el exsargento Hernández, asimismo, pone su cuota de infidelidad acostándose con Margarita; Clemente engaña a Fabiola con una joven; Margarita tiene una relación con François, un amigo francés de Gastón. En el filme, la mayoría de personajes mienten y el crimen se extienda por doquier, como lo muestran los distintos registros de cámaras a partir de una narrativa tragicómica propuesta al mejor estilo concebido por los realizadores colombianos.

Al final de la película, la muerte va abriendo paso para situarse en el sitio que el corresponde. Sin embargo, la vida, con sus cotidianidades, sigue. No hay retorno, ni tampoco posibilidades de dar salto a un mundo mejor.

3. Malicias y carcajadas

En la Gente de la Universal se combinan numerosos recursos para narrar una buena historia. En su primera parte logra su propósito de enseñarnos la magia de los ritmos y movimientos de cámara que son bien ingeniosos. Lo vemos claramente en la forma como se muestran las risas, en el minuto 23, enfocadas desde un lente que desfigura los personajes. (Pérez La Rotta, 2013: 334).

El filme muestra que las normas, morales y jurídicas, solo vinculan en apariencia. Se hace manifiesto un relato rico en jergas y expresiones coloquiales, con un contenido alto de humor negro, en el que las infidelidades son una constante, acompañadas de traiciones en medio de unas relaciones muy interesadas y en las que la ingenuidad es severamente castigada. En una sociedad del rebusque no se puede “dar papaya”, como se dice frecuentemente en Colombia. La avaricia se hace manifiesta en gente de viveza marcada, mientras la venganza cobra vidas humanas tal como lo impone la ley de la selva en una ciudad doblegada por la mentira y la doble moral. La canción “La miseria humana", de Lisandro Meza enseña los ritmos y vaivenes propios de esta condición.

La Gente de la Universal es una comedia negra que caricaturiza con maestría a una sociedad integrada por gente que dice reconocerse como buena, pero que pierde la conciencia de su mal actuar en sus actos de rebusque y de supervivencia. El filme desarrolla la idea de un pueblo que habita en la selva urbana y que goza constantemente, en medio de sus numerosos infortunios y crímenes fraguados en medio de una sociedad en la que se banalizan y normalizan los actos de deslealtad. Quienes han infringido las reglas, aunque estén en las cárceles, no tienen obstáculos para seguir en la ilegalidad. La indisciplina salta a la vista, uno de los males que aqueja la sociedad, dado el “irrefrenable impulso que acomete” a quienes “tratan de brincarse cuantas normas y restricciones se interpongan en el camino hacia la satisfacción de sus necesidades o caprichos” (Puyana García, Germán, 2005: 164).

El humor presente en la película hace que la risa sobresalga en medio de la tragedia. Lo picaresco se toma todos los espacios, mientras lo sucio, lo impúdico y lo deshonesto se hace manifiesto: celos, violencia contra la mujer, envidia, sicariato, corrupción, cine pornográfico, etc. El mundo de la corrupción aldeana sobresale en una urbe en la que la indisciplina de los habitantes abre paso a una ley paralela, una ley de selva, en la que se privilegian la informalidad y el rebusque. Un imaginario del caos que reina en una sociedad que se desgarra sobresale (López Moreno, 2012).

4. Delincuencia, sexo y dinero

Bogotá, como ya se anticipó, es una urbe caótica, un espacio de disgregación, lleno de vías con trancones, una ciudad en la que, por sus calles y andenes, insultos van y vienen por doquier. Es una ciudad bastante ruidosa, frágil frente a la violencia. Una cultura de la ilegalidad se destaca en sus calles, pero también las prisiones son espacios para la deformación de los sujetos como agentes morales.

La cárcel, en La Gente de la Universal, es un mundo macabro que se hace visible para contaminar a quienes están por fuera y tratan de sobrevivir a través de perspicaces formas de rebusque. De manera franca y directa, en la película se enseña que la privación de la libertad no es un obstáculo para delinquir. La prisión está atrapada por una cultura mafiosa; es un centro para que se propaguen las actividades delictivas, no solo para el soborno y el chantaje de quienes están dentro, sino también para delinquir hacia afuera.

La cárcel es un antro que ofrece ventajas para desplegar actividades criminales, como lo sugieren los lugartenientes del capo. No obstante, este quiere salir pronto con la ayuda de su suegra y esposa.

En el filme, el sexo y el dinero ocupan un puesto destacado; mueven las acciones de las personas. “La estructura narrativa pone en escena unas relaciones enfáticamente presididas por el ansia corrupta del dinero y la banalidad carnal” (Pérez La Rotta, 2013: 333) Son esos los móviles para todo un entramado de mentiras y pasiones en las que la ley de la selva desplaza principios para hacer llevaderas las relaciones humanas.

En cuanto al sexo, la lujuria es una constante. Los cuerpos se constituyen en medios para la posesión y el desconocimiento del otro, son instrumentos para el engaño, para la venganza. “Al conjugar las peripecias de timo y sexo con unos rasgos exagerados, al intensificar expresivamente lo primitivo de esos cuerpos actuantes, se ilumina su naturaleza, aparecen planos, como figuras mecánicas sometidas a unas pasiones dominantes y soberanas.” (Pérez La Rotta, 2013: 334). Las mujeres hacen de su cuerpo medio para su posesión, para imponerse sobre unos cuerpos doblegados por los deseos lujuriosos. “Los personajes demuestran una lujuria que hace transacciones siempre en función de un egoísmo acendrado, pero en ese juego llegan a los extremos pasionales de la venganza mortal.” (Pérez La Rotta, 2013: 335).

En el caso del dinero, el filme nos recuerda a L’Argent (1983) de Robert Bresson. El dinero corroe todo: hace que los presos en las cárceles no se resocialicen, permite la expansión de los apetitos desmedidos a la hora de contratar, impulsa a mentir entre los propios socios, etc. Son varios los momentos memorables. Uno de ellos, el del pago de los Rosales que contrataron a los detectives para encontrar el perro; Clemente y Fabiola cobran dinero extra y propina, luego, los clientes piden la factura y los detectives les indican que no les conviene porque les tocaría pagar un impuesto adicional. La reacción de los dueños del perro es bien llamativa, como se observa en el minuto 13: “No vamos a poner a pagar plata al gobierno, con esa plata come el perro.” (13:29). Más adelante, sobresale la escena en la que Fabiola y Clemente le mienten a Diógenes, ocultándole lo que ganaron de más por el dinero entregado por el rescate del animal. “Aquí están los cuarenta mil pesos del pulgoso.” “¿Y no dejaron nada de propina?” “Las pulgas.” A su vez, Diógenes engaña a sus parientes indicándoles que el negocio de seguimiento de la amante del capo fue contratado por un valor inferior, incluyendo la cantidad por la interceptación de teléfono; según el sobrino, “No tiene sentido interceptar teléfonos, pudiéndonosla repartir” (minuto 23).

El dinero termina por contaminar todos los ámbitos, lo privado y lo público. El dinero corroe todo, comprometiendo a los particulares y las autoridades. Se destaca la escena del soborno a los policías que sorprenden a Diógenes mientras espía a la actriz porno. El exsargento les ofrece dinero a los policías, justificando su actuar: “Donde comen uno comen dos, donde comen dos comen cuatro” (54:04-56:07). Asimismo, la cárcel está corroída por los movimientos de dineros. En ella Gastón paga a sus lugartenientes para que delincan. Pero en ese sitio también se concretan los trámites de entrega de dineros a autoridades y terceros para que el capo salga de la prisión; Gastón, desde la cárcel, negocia su libertad con la ayuda de un abogado (Pepe Sánchez) que participa en la cadena de sobornos.

Son inolvidables las escenas de soborno en las que participan el portero del edificio (Álvaro Bayona), Diógenes y su sobrino. El detective soborna invocando su investidura de autoridad: “soy ley, trabajando por la patria” (minutos 25 y 26); el portero, por su parte, acepta el “ofrecimiento” que se le hace y justifica su actuar: “Todo sea por Colombia, sí o no…” Más tarde, vemos al personaje interpretado por Bayona que aprovecha su posición para que se le pague por mentir y no se le dé mal ejemplo al sobrino (30:23); pero luego, el portero acude a estrategias marrulleras para chantajear y recibir dineros del sobrino.38:55-39:00). Todos terminan “untados”.

5. Para concluir: “Por eso le digo”.

Vale la pena insistir sobre la mirada crítica que en la película se hace de la corrupción, una pandemia que se extiende por todo el orbe, y que cuando se aloja en los trámites burocráticos, requeridos para la definición de los asuntos públicos y privados, causa escozor. Vuelta aquí y allí, exigencias innecesarias. Todos los involucrados ven ese culto al formalismo ciego y excesivo como algo normal, sin que importe el hostigamiento que se causa con tanta traba. La suegra le promete a Gastón que le va a sacar de “ese infierno de indios”; pero, la española y su hija se cruzan con un intrincado mundo de trámites y de papeles que terminan por desesperarla.

Un “por eso le digo”, pronunciado en boca de autoridades y particulares involucrados en los trámites abruma. Se concibe tan normal la exigencia requerida, pese a ser innecesaria o absurda, que solo cabe insistir hasta provocar el desespero del interesado. La película lo muestra muy bien al enseñar lo tortuoso que resulta un trámite financiero adelantado: sellos y más sellos, paz y salvos por distintas dependencias, llevando a sus interesados al fastidio. La suegra de Gastón, desesperada ante tanto absurdo manifiesta: “Esto es una tomadura de pelo”. Se revelan unas estúpidas concepciones leguleyas que se imponen, generando generar más problemas, y no soluciones.

La Gente de la Universal, para concluir, es una muestra de la selva urbana en la que se convierten nuestras ciudades, un retrato crudo de una sociedad en la que la mentira y la deslealtad son medios para sobrevivir con los otros. La doble moral se impone y la traición sella los pactos que se hacen, aunque sea entre seres cercanos. En la película no hay moralejas; solo un diagnóstico de un pueblo sin educación, que tergiversa sus valores, como se observa en la bendición del sicario a su revolver para que no falle en su actuar. Todos los personajes terminan seducidos por el ardid, por el deseo de timar a otro con la ayuda de la mal llamada “malicia indígena”.

Bibliografia

Daguer Cardona, Karina, "Una aproximación al cine de Felipe Aljure. Análisis de la película «La gente de la universal»", en: Revista Luciérnaga Audiovisual. Facultad de Comunicación Audiovisual, Politécnico Colombiano Jaime Isaza Cadavid. Año II. No. 2 (enero - junio), Medellín, 2009.

García Villegas, Mauricio (2018), La promesa incumplida, en, M. García Villegas, ¿Cómo mejorar a Colombia?, Bogotá, Universidad Nacional.

López Moreno, David, "Bogotá: el cine de la ironía y la incertidumbre", en: El Espectador imaginario, número 36, octubre de 2012, consultado en: http://www.elespectadorimaginario.com/bogota-el-cine-de-la-ironia-la-incertidumbre/

Pérez La Rotta (2013), Cine Colombiano: Estética, modernidad y cultura, Popayán, Universidad del Cauca.

Puyana García, Germán (2005), ¿Cómo somos los colombianos? Reflexiones sobre nuestra idiosincracia y cultura, Bogotá, Panamericana.

Restrepo González, Alberto (2016), Raíces aldeanas de la corrupción, Envigado, Otraparte.

Ficha técnica: La gente de la Universal (1991). Director: Felipe Aljure, Guion: Felipe Aljure, Manuel Arias, Guillermo Calle, Música:
Pascal Gaigne, Intérpretes: Alvaro Rodriguez, Robinson Díaz, Jennifer Steffens, Ana Marí­a Aristizabal, Juan Mendiola, César Badillo, Ramón Aguirre, Aitzpea Goenaga, Álvaro Bayona. 116 minutos.


NOTAS






COMENTARIOS

Mensaje de Rodrigo Cristian  » 28 de octubre de 2018 » rodrigocristian70@gmail.com 

Muy buen análisis que nos traslada a una auténtica selva urbana, como dice la canción somos “bichos de ciudad”. El texto se encarga de remarcar que hay espacios en la grandes urbes como el de la Gente del Universal, donde el diario vivir escapa a cualquier legalidad posible, se pondera que una vez “hecha la ley...se hace la trampa”, se puntualiza que el dinero todo lo corrompe y es allí donde potencialmente ubicamos que hay una legalidad de la cual la Gente del Universal no puede sustraerse y de hecho se somete totalmente a ella, ésta es la legalidad del mercado, que inunda todo. La lógica del mercado llevada al extremo con sus particularidades contextuales, donde los sujetos se equiparan y se confunden con los objetos, todo se compra y todo se vende, todo tiene un precio.



Mensaje de gonzalez  » 8 de agosto de 2018 » mlauragonzalez@hotmail.es 

Hola queria felicitarte por el trabajo nunca escuche nombrar la pelicula por lo tanto fue interesante ver tu analisis respecto de la misma.
En lo personal me gusto el modo en como relacionaste la cultura de dicho pueblo que carecia de educacion y buenas costumbres con el modo de actuar de los mismos.
La pelicula llamada Gente de la Universal, como bien estableciste es como una selva urbana en la que se convierten nuestras ciudades, un retrato crudo de una sociedad en la que la mentira y la deslealtad son medios para sobrevivir.
Gracias