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FACULTAD DE PSICOLOGÍA
CATEDRA I Psicología, Ética y Derechos Humanos

TITULAR: JUAN JORGE MICHEL FARIÑA

Segundo Parcial Domiciliario
Film: La Lengua de las Mariposas

Profesora: Samolevich, Ianina
Alumna: Casa Valencia, María Rosa
L.U.: 28575020
Comisión: 1

Primer Cuatrimestre 2010

En su comentario sobre el film Elizabeth Ormart centra el análisis de la responsabilidad subjetiva sobre el personaje Moncho, un niño que presionado por su madre se encuentra frente a la situación de tener que insultar a su maestro y amigo cuando éste es apresado por los falangistas por ser republicano. Ormart estima que frente a esta situación hay lugar para la responsabilidad subjetiva, pues si bien la edad del niño y la obligación de éste de obedecer a la madre, así como la amenaza real de los falangistas, forman parte del criterio de necesidad, existe un pequeño margen de libertad y por ende de elección que resulta suficiente para la ética.
La autora interpreta su acción como un acto creador, ético. Su hipótesis es que estos gritos no responden sólo al apremio de lo que está sucediendo en el pueblo, sino que llevan un mensaje de libertad, pudiendo elegir qué decir. Surge aquí la grieta en la que ubica la responsabilidad subjetiva y es aquí donde el sujeto es llamado a responder y responde con un acto creador.
Las palabras del niño constituyen un efecto sujeto, la emergencia de una singularidad en acto, en tanto las entiende como una decisión del sujeto por fuera de lo moral. Los indicadores son los gritos de Moncho que frente a la exigencia de su madre de insultar al maestro, lo hace pero no sólo grita “asesino”, “ateo” y “rojo”, sino también las palabras técnicas que su maestro le enseñó “tilonorrinco”, “espiritrompa”, grita la lengua de las mariposas.
No se opone temerariamente a los falangistas, no obedece temerosamente a su madre, sino que responde haciendo lugar a su deseo.
Puedo ubicar el Tiempo 1 en donde el yo creyó que la acción se agotaba en esos fines.
En cuanto al film puedo dar cuenta de ese primer tiempo cuando Moncho llevó adelante la acción de insultar al maestro, de correr tras el camión en el que él iba para gritarle, tiempo en el que, aparentemente, cabría la plena obediencia a las palabras de la madre. Frente al imperativo materno el yo del niño comprendió la necesidad de mentir sobre su relación con el maestro para proteger a su familia. También Moncho trataba de demostrar que no sentía afecto por el maestro y que repudiaba a los republicanos, pero en el intento de llevarlo a cabo va más allá de sus propósitos concientes. El yo nos dirá que lo hace para continuar insultando, para hacer más creíble su intento de repudio. Pero a partir de aquello que interpela al sujeto, a partir de esas palabras que salen de la boca de Moncho y lo sorprenden: “tilonorrinco” y “espiritrompa”, ahí es donde ubico el Tiempo 2, que es el tiempo de la interpelación que sorprende a Moncho, en tanto pareciera ser una expresión inconciente del niño que justamente viene a interpelarlo dando lugar a un tiempo lógicamente previo. Así se pone en marcha el circuito que no responde cronológicamente, sino con lógica de retroacción y hace que vuelva sobre una acción que ya sucedió.
En el momento en que Moncho se encuentra gritando, junto a los insultos aparecen las palabras técnicas que su maestro le enseñó, algo ahí se produce, se abre una grieta entre la necesidad y el azar para posibilitar la emergencia de la responsabilidad subjetiva. Se produce algo que sorprende al niño, que de su boca salen algo más que insultos, algo de su deseo comienza a surgir, deseo inconciente reprimible pero indestructible. En este momento el sujeto puede dar cuenta de eso que lo interpela. No creo que ya se trate de un acto ético, que lo sea dependerá de lo que el sujeto haga con ello.
En este caso no puedo ubicar con precisión un Tiempo 3, en tanto la película termina y nada se sabe de lo que Moncho decide hacer con eso de ahí en adelante.
Al hablar de necesidad me refiero a lo inexorable, a lo que conecta las causas con los efectos.
Los elementos de necesidad que puedo ubicar dentro del film serían la amenaza de los falangistas que podrían llevarse a su padre si supieran que es republicano y la necesidad del niño de obedecer a su madre.
Si no se encontrase como marco situacional la guerra civil española, la llegada al gobierno de los falangistas y el fin de la república, no tendría sentido pensar en el circuito y la hipótesis clínica, porque el sujeto no hubiese tenido la posibilidad de resignificar algo de su accionar hasta ese momento y nada lo hubiese interpelado. Por la edad se ve obligado a obedecer a la madre, lo que es otro componente de la necesidad.
Con respecto al azar, entendido como aquello que desconecta las causas de los efectos, lo encuentro en el hecho de que en el pueblo en el que vive le haya tocado ese maestro y no otro, ya que gracias a la aparición del mismo es que el vínculo se hace posible y con él se vehiculiza su deseo.
Sobre la necesidad y azar no se puede responsabilizar al sujeto.
D Amore dice que no hay responsabilidad subjetiva sin culpa. La figura de la culpa no aparece en forma explícita en el film. A Moncho le ocurre algo, pero no se sabe qué es. Podría conjeturar que siente culpa por no lograr sus propósitos concientes, por mostrar algo de lo que siente por el maestro, por desobedecer en ese punto a su madre.
Insisto en que la película no dice qué le ocurre al sujeto, sólo se trata de la expresión de su rostro que queda allí para ser interpretada de múltiples formas.
Con respecto a comparar el film con el caso presentado en el cuento El Muro de Jean Paul Sartre, ubico tanto en Moncho como en Ibbieta el circuito de la responsabilidad subjetiva.
En el caso de Ibbieta puedo ubicar allí como necesidad la guerra civil española en la que si bien el personaje elige formar parte, no decide tener que elegir frente a los falangistas entre su vida y la de su amigo. En cuanto a Moncho también se encuentra determinado por la situación de necesidad que es, al igual que en el cuento, el fin de la república, la guerra civil española, que lo enfrenta a la amenaza que representan los falangistas para su familia y la necesidad de obedecer a su madre.
En el cuento de Ibbieta el azar quiso que con su elección de una confesión mentirosa terminara sin saberlo diciendo la verdad, que es el momento en que él manda a los falangistas al cementerio, lo que coincidió con que Gris discute con su primo y huye a refugiarse allí.
En el film ubico el azar en relación a que Moncho conociera a ese maestro y no a otro, teniendo con él ese determinado vínculo que los unía.
En cuanto a Ibbieta con respecto a su responsabilidad cuando los falangistas le piden que hable, que diga dónde está Gris y que aquello que diga sea la verdad, Ibbieta podría no haber hablado o haber dicho otra cosa. Ibbieta mintió, pero sin embargo lo que dijo era verdadero, en tanto representa la realidad porque Gris justamente estaba escondido en el cementerio. Allí es donde se filtra algo de la responsabilidad de sus actos.
En cuanto a Moncho cuando su madre le pide que obedezca, que hable, que grite en contra del maestro, en contra de los republicanos, podría pensarse que el niño podría no haberlo hecho o podría haberlo hecho desde el lugar donde estaba parado, pero el niño se aleja de su madre y la desobedece, grita además de los insultos las palabras que el maestro le enseñó.
En Ibbieta se producen los tres tiempos lógicos de la responsabilidad subjetiva: en el primer tiempo a modo de chiste Ibbieta les dice “Gris está en el cementerio”, posteriormente cuando Ibbieta se encuentra con García y éste le dice que agarraron a Gris en el cementerio, Ibbieta se replantea qué es lo que dijo a modo de jugarreta, algo lo interpela y retroactivamente se pregunta por aquello que dijo ¿en el cementerio? Finalmente, en lo que sería un tercer tiempo lógico, el de la responsabilidad subjetiva, que es aquel donde el sujeto se reconoce en su deseo y modifica algo de su posicionamiento como sujeto, Ibbieta exclama, mientras ríe y llora “en el cementerio!” Es allí que se reconoce en su deseo de querer seguir viviendo.
Sólo puedo ubicar claramente en Moncho los primeros dos tiempos lógicos. El primer momento se caracteriza por su actitud de obediencia hacia la madre, acata sus órdenes y corre a insultar al maestro. Esta acción es interpelada por un segundo momento lógico que permite pensar en la existencia del primero. En este segundo tiempo Moncho se escucha decir “tilonorrinco” y “espiritrompa” y se sorprende, detiene su andar y el film lo deja congelado en ese primer plano. Allí se abre la posibilidad de responsabilizarse como sujeto, donde algo de su deseo inconciente estaba en juego. En este caso no puedo ubicar con precisión un tiempo tres, en tanto la película termina y nada se sabe de lo que Moncho decide hacer con eso de allí en adelante.

Como hipótesis clínica, podría pensar que lo que impulsó a Moncho a separarse de su madre, correr tras el camión y gritar a su maestro no fue para obedecer al imperativo de su madre, sino lo que lo llevó a separarse de ella fue su amor por el maestro, su deseo de despedirse, la angustia por no volver a verlo más.
Estimo que el niño desea diferenciarse de su padre, en tanto traidor y sujeto esclavo, sometido a todo lo que su mujer le ordena, no libre a punto tal que con ello debe ser infiel a sus amistades y principios.
Su verdadera figura de identificación es su maestro, el que con sus palabras técnicas sembró las semillas que como polen espera que sus alumnos “mariposas” dispersen para hacer posible una generación libre.

Bibliografía

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