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UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES
FACULTAD DE PSICOLOGÍA

Psicología, Ética y Derechos Humanos
Segunda evaluación parcial
Película asignada: La Lengua de las Mariposas
Comisión 20 (Pacheco, Mariana)
Jueves 20 de Junio de 2010
Por Florencia Rodríguez Duval
DNI 32.783.733
L.U. 327837330

CONSIGNA DE EVALUACIÓN
1. Tomando en cuenta el comentario sobre el film: ¿Cuál es el personaje sobre el cual se centra el análisis de la responsabilidad subjetiva? ¿Propone el autor alguna hipótesis al respecto? En caso afirmativo, explicítela consignando los indicadores.
2. Sugiera el circuito de responsabilidad (tiempos lógicos) que organizan la situación.
3. Establezca los elementos de azar y necesidad presentes en la situación, consignando los indicadores respectivos.
4. Si corresponde, establezca las figuras de la culpa que aparecen, estableciendo su relación con la hipótesis sobre la responsabilidad subjetiva. Consigne en caso que exista alguna relación con la responsabilidad jurídica.
5. Compare conceptualmente el caso presentado con el de Ibbieta (cuento “El muro”, de Jean Paul Sartre).
En todos los casos, articular con las referencias bibliográficas del Módulo 5 y si el escenario fuera pertinente con las del módulo 4.

La Lengua de las Mariposas (1999) es una película dirigida por José Luis Cuerda que situándose durante Guerra Civil Española narra la historia de iniciación escolar y separación del seno familiar de un niño llamado Moncho, en la década del ´30, cuando la República fue amenazada por el triunfo militar fascista que fundó un gobierno dictatorial falangista de extensa duración.
El film comienza con un contexto pre-franquista de libertad para los republicanos, y culmina con la persecución de los últimos. Los personajes están atravesados por este acontecimiento histórico, que toca de cerca en especial al entorno de Moncho, el niño protagonista. Su padre es republicano, su madre manifiesta una marcada religiosidad y repudio por las actitudes ateas. Otro personaje importante es Don Gregorio, profesor que recibe al niño en su primer paso por la educación formal, sexual y como persona de Moncho. Este inteligente maestro comparte las ideas republicanas y es consistente a lo largo de toda la película con su defensa de la libertad tanto de España, como de cualquier ser humano.
Al comienzo, antes de empezar la escuela, el chico le comenta a su hermano que no quiere ir porque tiene miedo de que el maestro le pegue. Cuando su madre lo acerca al colegio se produce un primer encuentro entre madre e hijo con Don Gregorio. Su madre hace hincapié en ciertas particularidades de Moncho: lo sanciona como un niño endeble, asmático, y que “es la primera vez que sale de su nido”, lo califica como un “gorrión”. Sus futuros compañeros escuchan el comentario y luego apodan “gorrión” a Moncho, quien, miedoso, se hace pis encima en clase. Luego, huye y se queda toda la noche en la selva solo.
Moncho tiene episodios más felices en su vuelta a clase, se muestra progresivamente interesado por el aprendizaje, especialmente de la sexualidad y la naturaleza. En una visita al campo, Don Gregorio le enseña a Moncho que las mariposas tienen lengua, la “espiritrompa” (que les permite una mutua cooperación con las flores) y sobre la existencia de los “tilonorrincos”, pájaros que cuando se enamoran le dejan una orquídea a su prometida, lo cual también hace Moncho con la niña que le gusta, incitado por Don Gregorio. Todo esto demuestra el interés de Moncho por el saber y por la libertad. No casualmente Don Gregorio adopta el apodo de “gorrión” como vocativo para Moncho, pero con una nueva acepción, transformando una cargada en un calificativo positivo y cargado de sentido para el personaje y para este análisis.
Finalmente, el triunfo de las ideas fascistas de los falangistas provoca la captura del profesor, y se organiza una repudia pública a los republicanos en las calles del pueblo; y la familia de Moncho y todos los lugareños son convocados a manifestar su aprobación al régimen, de lo contrario sus vidas corren peligro. En una reacción al miedo, la madre del niño obliga a su esposo a quemar sus símbolos de adhesión a la República, el padre accede, con mucha tristeza y temor. Los cautivos, Don Gregorio incluido, son mostrados públicamente e insultados por el pueblo, y llevados en un camión. La madre Incita a su esposo a insultar al profesor, ella misma le dice “ateo” y “rojo”, y finalmente Moncho también. Para no perder el amor de su madre, grita “ateo” y “rojo”, pero el film termina cuando Moncho, corriendo en dirección al camión en el cual Don Gregorio es llevado, dice algo más que esas dos palabras. Otras dos, mucho más relevantes para este análisis. Dice “tilonorinco”, “espiritrompa.” Se lo dice, al maestro, a él dirige sus palabras. Y se dice: también parecería que son palabras autoreferenciales para el niño. 1
El análisis de la responsabilidad subjetiva se centra sin dudas en el personaje de Moncho. La autora Elisabeth Omart, en su comentario acerca del film, propone dos hipótesis al respecto. La primera:
“Si suponemos que el niño, por la etapa evolutiva que atraviesa, por el temor al castigo, o por solidaridad con su familia, no puede elegir; entonces, no tiene sentido plantearse un dilema ético alguno.”
La segunda: “Si consideramos, en cambio, que hay un pequeño margen para la libertad en el pequeño Moncho, entonces la pregunta tiene lugar (…) Cuando Moncho grita, su lengua deja salir algo más que insultos. Grita nombres técnicos que el maestro le enseñó, grita: tilonorrinco, espiritrompa. Grita la lengua de la mariposa. Sus gritos no responden solo al apremio de las circunstancias, sus gritos llevan un mensaje de libertad. Puede decir en la cara de los falangistas aquello que aprendió de su maestro. Algo más que ciencia. Hubo un maestro, (…) que transmitió un deseo ineliminable. Hubo libertad para Monso, libertad para decir algo más que el estribillo de insultos. Un pequeño margen, suficiente para la ética.”
Este trabajo coincide totalmente con la segunda y se propone fundamentar la hipótesis clínica de que el deseo inconciente de Moncho es salir del “nido de la madre”, escapar a los significantes que lo determinaron, correrse del lugar de cumplir con el yo ideal, con eso que su madre espera de él: Moncho es responsable de la elección de las palabras “tilonorrinco” y “espiritrompa” en la escena final, de querer correrse del lugar en que su madre lo coloca, de temerario e indefenso, es responsable de su deseo de libertad. Hay varios indicadores que fundamentan la hipótesis clínica planteada, que sigue la línea de la hipótesis de E. Omart:
La figura del profesor, quien deja profundas marcas en él, fomenta la pulsión de saber tan marcada en el niño. Esa pulsión está de la mano de su deseo inconciente de liberarse del seno materno, dado que la figura del profesor va reemplazando progresivamente a la figura de la madre como principal identificación del niño. El Moncho del principio, aún actuando bajo el mandato materno, desde el lugar de querer satisfacer ese deseo del otro, cuando se anoticia de que tiene que ir a la escuela, no hace más que temer, al principio cree absolutamente que el maestro le pega a los alumnos. Esto no es así por capricho, sino que responde a la herencia familiar que lo determina: es así como también actúa su madre. Lo que le pertenece a Moncho, su herencia es el hecho de acudir al temor ante las situaciones que le incomodan o le amenazan en la vida: por ejemplo, el primer día de clases: orina y luego huye; su madre también se defiende de las situaciones que le amenazan mediante el miedo: decide quemar los símbolos republicanos del padre e insultar al profesor públicamente para que todo el pueblo la escuche y salvarse a ella y a su familia.
Pero Moncho decide hacer algo con eso que le pertenece, con esa herencia: sin perder el amor de la madre, ante el miedo de que les pase algo a él o a su familia, repite los insultos de su madre dirigidos al profesor, pero luego se suelta literalmente de ella, sale corriendo hacia el camión que se lleva al profesor, y al gritar las dos palabras finales, a través de su habla se desliza ese deseo inconciente de salir de los significantes del otro que lo atraviesan, hacer algo con eso que le pertenece. Moncho es responsable por esas dos palabras porque con ellas se produce el efecto sujeto, se convierte en un acto ético porque su pulsión lo singulariza, su deseo de autonomía se expresa mediante esas dos palabras que le enseñó el profesor, esas nuevas marcas que adquirió el sujeto no ya de su núcleo familiar sino de un segundo objeto de amor cuya figura introyecta y la incorpora como identificación progesivamente a lo largo de toda la película, finalizando con esas dos palabras que se pueden entender como palabras de agradecimiento, de admiración y respeto por el maestro.
Es una singularidad en situación, son dos palabras que no transgreden lo que el universo cerrado planteaba como aceptable, en este caso sería el hecho de insultar a los republicanos. Transgredir sería defender directamente al maestro, gritar insultos a los falangistas en vez de a los republicanos. Pero las palabras que grita Moncho son técnicas, son símbolo de la transferencia que se establece entre Moncho y su maestro, figura en la que deposita un deseo inconciente inalienable, y son muy efectivos vocablos dado que solo el profesor y el niño las comprenden, más allá de su literalidad, tecnicidad, valen por representar otra cosa, cual enlace falso: representan la libertad, el deseo de separación de la palabra del Otro. Se desprende del deseo del Otro porque hace algo con sus determinaciones, se demuestra que él no es débil como lo sancionan sus compañeros e incluso su madre. Él quiere ser libre como un tilonorrinco y como la mariposa con su espiritrompa, él no es ningún gorrión en sentido negativo como lo manifestaban sus compañeros, sino que es un gorrión en tanto ave que puede volar por su libertad, volar para correrse de lo que la madre desea de él., más allá de los significantes que lo predeterminaron. Entonces, el niño el primer día de clases no huye del colegio ni de su profesor, sino que quiere correrse de los significantes que lo determinaron. Por eso huye cuando lo llaman “gorrión”. Las palabras finales permiten entender que el niño no huye por miedo, sino que se sentía incomodo con los calificativos de su madre y con ese lugar que se espera de él. Y como para que haya responsabilidad subjetiva tiene que haber un márgen de libertad para el personaje, aquí se comprueba la libertad que tuvo Moncho al correrse del mandato materno, superyoico que introyectó de ella, mediante la enunciación de esas palabras finales, ese acto funda el sujeto y da cuenta de la responsabilidad subjetiva de Moncho.
2
El circuito de la responsabilidad subjetiva consta aquí de tres tiempos. El primero se refiere a una acción llevada a cabo por el personaje que se agota en los fines para los cuales fue concebida. El personaje está convencido acerca de los motivos y la intención que lo mueve a realizarla. Es una acción puntual recortada en el tiempo. Pero en realidad, este tiempo 1 anticipa algo del deseo inconciente del sujeto. De todos modos, el personaje dice no saberlo, pero es un saber no sabido, el deseo inconciente. Tiempo 1: El niño dice “no quiero que el maestro me pegue”, se cree un gorrión temerario, huye luego del primer episodio en clase. Se muestra como “ser del miedo”. Cree que huye del colegio, del profesor, para escapar a supuestas reprimendas eventuales. El vocativo “gorrión” adjudicado a Moncho por su madre y sus compañeros puede ubicarse también en el tiempo 1: es ante esta palabra que el niño huye, es de esa determinación que se quiere desligar, pero no lo sabe. Pero el primer tiempo lógico es en realidad el tiempo 2, que hace que se constituya el tiempo 1.
Tiempo 2: El profesor lo sanciona como “gorrión” pero en sentido de ave que vuela por su libertad. Todo su aprendizaje con Don Gregorio lo lleva a repreguntarse sus acciones anteriores, especialmente vuelve sobre el hecho de que Moncho huye luego del primer día de clases. La interpelación que implica el proceso de aprendizaje con el maestro hace retornar al tiempo 1, a la huida del personaje. El niño huyó de la escuela y es interesante que al huir no volvió con su madre, se fue a estar solo, porque de alguna manera quiere desligarse de ella. El tiempo dos implica una interpelación a la acción emprendida en 1 porque lo enfrenta con esa acción inicial y le hace responder por ella, que por sí sola no tiene significación si no es a través de esta interpelación. Algo se mueve en el sujeto que provoca que responda. Moncho responde a su deseo inconciente de desligarse de su madre y de los calificativos que ella le atribuye, aquello que dice que Moncho es. El tiempo tres es cuando se habla de efecto sujeto, cuando a Moncho se le atribuye la responsabilidad subjetiva por las palabras finales pronunciadas.
Si la misma palabra lo hace sentir más cómodo, nos permite entender que la actitud ante la primera mención de la palabra en Moncho lo obliga a hacer algo con eso: no acudir a la madre, si hubiese corrido a refugiarse en ella no se habría corrido de ninguna determinación. La interpelación, entendida según Salomone, “(…) es lógicamente anterior al tiempo 1, (…) genera el movimiento retroactivo desde el tiempo 2 hasta la constitución del tiempo 1. Es decir: sólo gracias al aprendizaje con Don Gregorio y como este lo ayuda a salir del seno maternal se forma un tiempo 1 entendido como la existencia de un deseo inconciente en Moncho que al momento del tiempo 1 por sí sólo no puede explicar su razón, su sentido. Pero lo vivido con Don Gregorio, el significante “gorrión” con su nueva acepción permite constituir un tiempo 1 a la luz de este desarrollo del niño fuera de su madre, por fuera del otro, por fuera de las determinaciones. Según D´Amore: “La interpelación subjetiva es la puesta en marcha del circuito. (…) El recorrido del circuito (…) no responde cronológicamente sino con lógica de retroacción, hace que vuelva sobre una acción que ya sucedió. Se puede resumir en la forma interpelativa mínima: ¿Qué dije? ¿Qué soñé?, etc (…)”
Tiempo 3: Las palabras finales “espiritrompa” y “tolonorrinco” fundan el sujeto, hacen que la acción en 1 se tome ahora como acto, donde está incluida la responsabilidad subjetiva. Moncho es responsable de haber huido ese día, de haber dicho estas palabras. Es responsable de su deseo de querer inconcientemente desligarse de su madre, de las determinaciones del Otro, de los calificativos que se le atribuyen. Las palabras finales de Moncho (“espiritrompa” y “tilonorrinco”) implican una singularidad, porque obligan a ampliar el universo preestablecido, dado que no pueden ser nombradas por el universo cerrado anterior: son tan técnicas que no pueden ser contempladas, nombradas ni entendidas por nadie en el contexto de la escena, no pueden comprenderse porque no son ni un insulto hacia los falangistas ni hacia los repúblicanos, se inscriben en el marco de la transferencia que el niño establece con su profesor, donde se genera un espacio para que el deseo inconciente de desligarse de su madre pueda salir de las oscuras sombras donde suele ser guardado, y salir a la luz gracias a estas dos palabras que, de manera análoga al acto fallido, son una manifestación del inconciente.
El maestro el hace que el niño dude de la situación en el tiempo 1, duda acerca de su calidad de “gorrión” como lo solían tildar. El vocativo “gorrión” usado por el maestro interroga al sujeto acerca de su acción en 1- el había huido luego de que lo llamaran “gorrión” en sentido negativo, palabra que el niño ligaba a debilidad, dependencia de la madre, inferioridad, motivo de burla. El nuevo sentido que le da el profesor al vocativo le sienta bien a Moncho, lo hace responder por el primer episodio, lo enfrenta a esa acción inicial en la que el suponía huir por huir del colegio, del profesor, cuando en realidad intentaba huir a la determinación que los otros le imponían.
Las palabras del final, ubicadas en el Tiempo 3, representan el acto en que se puede volver a pensar el tiempo 1: representan una salida para el niño, un acto en soledad, por fuera de las determinaciones que antes lo determinaban, representan una manera que tiene el niño de decir lo que en el tiempo 1 pudo decir mediante una corrida y un alejamiento de su madre, eligiendo quedarse solo en el bosque. Por eso el tiempo 1 siempre anticipa una verdad acerca del deseo inconciente del personaje.
La hipótesis clínica puede entenderse como la retroacción de T2 a T1: el aprendizaje y la nueva acepción de “gorrión” permiten repensar la huida de Moncho de la escuela hacia su soledad en el bosque desde otro lugar. Ya no será entendida como una mera huida del colegio por miedo, sino que responde a la lógica de la hipótesis clínica planteada: como el deseo inconciente de Moncho es salir del “nido de la madre”, escapar a los significantes que lo determinan, cuando se le atribuye ese significante intenta correrse de él y corre lejos de su madre. De hecho es Don Gregorio quien le da nuevo sentido al término, y lo ayuda a vehiculizar ese deseo, y con este nuevo significante se funda el tiempo 1 en que el significante “gorrión” era desde un lugar totalmente distinto. Este acto es explicado por Ajelandro Ariel como “una decisión tomada por fuera de los otros (…) una decisión por fuera del temor y la temeridad (…).” La decisión en Moncho, el uso de las palabras “espiritrompa” y “tilonorrinco” siguiendo la línea de este autor, no es en el campo moral, dado que no se reduce a ser amado o no por la madre. “Si alguien toma una decisión en términos morales, la consecuencia de esa decisión es ser amado u odiado.” Cuando grita “rojo”, “ateo”, sí está en el campo de la moral, dado que no quiere perder el amor de su madre. Pero el niño no se queda en la moral, sale corriendo, se desprende de su madre, y pronuncia las palabras finales que están en el campo de la ética, no ya de la moral.
3
Según Mosca: “La responsabilidad del sujeto se encuentra en la grieta entre necesidad y azar”. Es decir, que la pregunta por la responsabilidad no sería pertinente si por completo hubiese necesidad, azar, o una combinación de ambos. En esta línea se ubica la primera hipótesis en el comentario de E. Omart: si entendemos que por la etapa evolutiva por la que atraviesa el niño no es capaz de comprender la situación ni hacer nada al respecto, no se hablaría de responsabilidad. Otra manera de desresponsabilizar al sujeto sería pensar que, como plantea la autora mencionada, no puede elegir por el temor al castigo, o por solidaridad con su familia. Estos elementos estarían del lado de la necesidad, dado que la condición para no ser castigado y para ser solidario con su familia sería justamente no responsabilizarse subjetivamente, es decir, quedarse en los insultos “ateo”, “rojo”. Pero es pertinente la pregunta por la responsabilidad de Moncho porque él debe responder por su acción en 1, se ve convocado a responder, por la interpelación puesta en la figura de Don Gregorio, que cuestiona que Moncho sea realmente un “gorrión” como dicen sus compañeros y su madre.
La necesidad tiene que ver con la determinación, con un suceso ajeno a la voluntad de Moncho – situación de la cual no es responsable. La necesidad siempre establece una conexión entre causas y efectos. En el caso de la película, la necesidad es la situación a la que está sometida Moncho: o dice lo que su mamá quiere, para resguardar a su familia y cumplir con la conducta esperada, o defiende a su querido maestro.
El elemento de azar tiene que ver con una coincidencia y desconecta causa y efecto. Aquí se ve en la coincidencia temporal de la victoria de los falangistas y el desarrollo de la relación niño-maestro, con la consecuente captura de Don Gregorio en el mismo momento en que seguía siendo maestro del niño.
Se abre una grieta entre necesidad y azar porque, a pesar de que el niño debe elegir entre acatar lo que dice su madre o defender al maestro, éll, en una singularidad en situación, en tanto acto, pronuncia esas palabras que ni desobedecen a la madre ni insultan al profesor. “Tilonorrinco” y “espiritrompa” son para el niño un margen de libertad, se pueden entender como palabras de agradecimiento. Un margen por fuera de las determinaciones y por fuera del azar, dado que estas palabras no fueron dichas al azar ni sin alguna razón. Si se piensa que estas palabras finales son azarozas, o que son insultos, o que el niño por la etapa evolutiva en la que se encuentra las dice pero no las entiende, también se desresponsabiliza al sujeto. Más allá de que el maestro haya sido capturado mientras se desarrollaba su relación con Moncho, este niño aprendió de un maestro a desarrollar su deseo de libertad inconciente y que puede acceder a la conciencia mediante esas dos palabras que el maestro le enseñó. 4.
Con respecto a la culpa, se entiende como el reverso de la responsabilidad. Cuando la última queda pendiente, es decir, no hubo responsabilidad subjetiva pero en el sujeto existe cierto malestar por esa deuda, aparecen como substitutos figuras de la culpa, como el arrepentimiento, el remordimiento, el autorreproche, etc. Se adhieren a un objeto nimio, pero develan engañosamente el hecho de que hay algo de la responsabilidad del sujeto que quedó sin tramitar. En el caso de Moncho se desarrolló que sí se puede ubicar un margen de libertad, y la pregunta por la responsabilidad subjetiva tiene lugar, y efectivamente se puede ubicar en el personaje. Por lo tanto, como no hay una responsabilidad pendiente en Moncho no se ubican figuras de la culpa ni aparece ninguna instancia de arrepentimiento, autorreproche, remordimiento, etc.
5.
Para establecer una comparación conceptual del caso del film con el del personaje de Ibbieta (“El Muro”, de Jean Paul Sartre), cabe destacar que ambos, Moncho e Ibbieta, son responsables de su deseo inconciente, si bien son muy distintos. El personaje de Ibbieta es condenado a muerte también por los falangistas durante la Guerra Civil Española, dado que es republicano, como Don Gregorio.
En la antesala a su muerte, Ibbieta reflexiona intencionalmente desvelado, no quiere perder ni un segundo de su vida. En su reflexión se despoja de todo aquello que lo ate a la vida. Ante la pregunta de los falangistas acerca del paradero de un tal Ramón Gris (cuya respuesta podría salvarle la vida a Ibbieta), el personaje cree estar bromeando y responde “en el cementerio”, cuando en realidad sabe que está escondido en la casa del primo de Ibbieta. Es el tiempo 1 del circuito. La intención de Ibbieta es bromear, y esta acción se agota en los fines para los cuales fue concebida. Pero luego se comprueba que efectivamente Gris se había ido a esconder al cementerio: lo encontraron y lo mataron. En el tiempo dos, de la interpelación, Ibbieta se ve conmovido. Según Fariña “se ve sorprendido en el lugar del burlador burlado.” Finalmente, al final del cuento Ibbieta ríe y llora, exclama “¡en el cementerio!” y es aquí donde aparece el efecto sujeto, el tiempo 3, un sujeto de la admiración, su sujeto de deseo le ha provocado vivir más tiempo, algo del orden del deseo le provocó decir la palabra “cementerio”, expresando desfiguradamente la pretensión de que su amigo vaya al “cementerio” y no él. Continúa Fariña:
“La distancia entre un tiempo 1 y un tiempo 2 autoriza la puesta en marcha de una suerte de conjetura o hipótesis clínica acerca de aquello respecto de lo cual se espera una respuesta de parte de Ibbieta. Pero para que el tiempo 2 sea genuinamente tal e interrogue verdaderamente al sujeto es necesario que se cumpla una condición más: que la distancia que separa el tiempo 1 y el tiempo 2 no se deba exclusivamente a azar y/o necesidad.“

La necesidad en este caso es la situación a la que sometido Ibbieta: o él o su amigo. No depende de su voluntad de Ibbieta. Mientras que el azar es que la burla de Ibbieta coincide con la realidad de Gris, es una coincidencia temporal. Gris se había peleado con su primo y se fue a esconder al cementerio, lo cual coincide temporalmente con la burla de Ibiieta. Fariña comenta algo más sobre esto:
“El azar llevó a que los dos amigos de infancia, Ibbieta y Gris, debieron tomar decisiones cruciales para su supervivencia. En un escenario, Ibbieta fue conminado a revelar el paradero de Gris a cambio de su propia vida. Y en otro escenario Gris debió buscar un nuevo escondite para poner su vida a resguardo luego de la pelea con el primo (…) Vamos a sostener entonces que ambos amigos, puestos por separado ante una disyuntiva entre la vida y la muerte, cada uno pasó por el otro antes de elegir el cementerio. Ello nos permite conjeturar que Gris e Ibbieta tuvieron una cita a ciegas de inconsciente a inconsciente en el cementerio en la que, sin saberlo, permutaron sus vidas.”
El caso Ibbieta no puede explicarse apelando a la primacía del azar, Ibbieta es responsable de la elección de la palabra “cementerio” para vivir un poco más, claro que él no lo sabía. Fariñá dice al respecto:
“El aparente nombre al azar “cementerio” se revela como no siendo tal. Noten sin embargo que “cementerio” pasa a ser un significante cargado de deseo no a priori, sino a posteriori. No se trata de una mera asociación entre “cementerio” y “muerte”, sino del efecto de resignificación que adquieren para Ibbieta las palabras de Gris, relatadas por García. Por eso es recién allí cuando termina de quebrarse y se ríe hasta que las lágrimas inundan sus ojos.”

La primera hipótesis clínica según la cátedra es que Ibbieta es responsable de la elección de la palabra “cementerio” porque dice sobre el deseo inconciente del personaje. Fariña sostiene que el cementerio es un elemento que los reúne más allá del azar, dado que ambos pensaron primero en el otro. La segunda hipótesis clínica está emparentada con la dimensión de la angustia a la muerte y el hecho de querer vivir. Ibbieta es responsable de haber querido vivir un poco más, Ibbieta tuvo miedo.
Con respecto a la primera hipótesis, la palabra “cementerio” en el tiempo 1 adquiere valor significante sólo a posteriori de un significante 2 que le da el carácter de tal, mediante el tiempo 2 Ibbieta duda acerca de lo acontecido en 1 y se resignifica el significante en el tiempo 1. La palabra “cementerio” se entiende ahora que no fue azarosa.
En el caso del film, el segundo sentido atribuido a “gorrión” lo da Don Gregorio y hace a Moncho retornar sobre el primer significante “gorrión” atribuido por su madre y sus compañeros. En efecto, si Moncho huye cuando lo llaman “gorrión” por ser indefenso, dependiente de su madre, etc. y justamente no va a parar donde está su madre, hay algun deseo en Moncho de apropiarse del vocablo que dicen que le pertenece, pero con un sentido más favorable, más acorde a su deseo. El significante 2, aportado por Don Gregorio y asumido por Moncho hacia el final de la película, resignifica el 1 porque ahora se puede entender que Moncho huye no por ser un gorrión en sentido negativo sino porque es y de hecho quiere ser un gorrión en sentido positivo, como lo plantea el maestro. Es decir, el término “gorrión” adquiere valor de significante sólo a partir del sentido que le da Don Gregorio, porque anteriormente, al principio de la película, es difícil no pensarlo en su literalidad, en el sentido que le dan sus compañeros y su madre. Uno tiene la imagen del Moncho que no salió de su nido, de un gorrión al que le cuesta hacerlo. En este sentido ambos casos se parecen en el tratamiento de dos palabras con valor de significantes recién entendidas como tales gracias al tiempo 2, al significante 2.
El circuito de la responsabilidad en Ibbieta ubica un Tiempo 1: se burla frente al falangista. “en el cementerio”. En Moncho, huye del colegio y del significante “gorrión. En un tiempo 2 frente al panadero García, que le comunica lo ocurrido con Gris, Ibbieta dice: “¿En el cementerio?” y duda acerca de lo que hizo en 1. Moncho a partir de la interpelación constante que le ofrece Don Gregorio, retorna sobre el tiempo 1, confirma que Don Gregorio no le pegaba a sus alumnos, y la elección de la palabra “gorrión” en sentido positivo permite resignificar lo ocurrido en 1. En un tiempo 3, Ibbieta exclama “¡En el cementerio!”, mira retroactivamente el tiempo 1 y se pregunta qué hizo cuando se quiso burlar. Moncho con las palabras finales logra soltarse de su madre y se resignifica totalmente la huida inicial. Sin embargo, Ibbieta, al reir y llorar, se dio cuenta de su deseo inconciente que lo movió en 1, mientras que la película termina con las palabras “tilonorrinco” y “espiritrompa” y no desarrolla la reacción de Moncho ante estas, es menos claro que el niño haya tomado conciencia en parte, es difícil establecer el placer generado en un sistema y el displacer generado en otro, como sí se ve en Ibbieta.
Los tres tiempos lógicos se corresponden con tres posiciones del sujeto diferentes en cada caso. En el tiempo 1, el sujeto se entiende como en pleno uso de sus facultades, con una intención determinada. Ibbieta quiere burlarse de los falangistas, dice ser testarudo. Moncho quiere huir del colegio. El tiempo dos habla de un sujeto de la perplejidad: Ibbieta tiembla ante lo que le comenta García, Moncho se inquieta por las enseñanzas de Don Gregorio y ante el calificativo con el que lo nombra, el nuevo sentido de la palabra “gorrión”. A Ibbieta la palabra de García lo afecta porque hace repreguntarse por el Tiempo 1, la supuesta burla, y a Moncho la palabra de Don Gregorio lo afecta positivamente porque le hace repensar el primer sentido de “gorrión” darle uno nuevo. En un tiempo 3, el sujeto de deseo adquiere importancia. En Ibbieta, este sujeto del deseo ha provocado vivir más tiempo y una lectura de la acción en 1 que se convierte ahora en acto. En Ibbieta es un sujeto conmovido, que ríe y llora, porque hay satisfacción en un sistema, insatisfacción en el otro. En Moncho es un sujeto que también se anoticia de su deseo de libertad, de separación de su madre, y a través de los significantes “espiritrompa” y “tilonorrinco”, logra actuar según su deseo. Esas palabras expresar desfiguradamente algo que representaba algo inadmisible para Moncho: a ningún niño le es fácil separarse de la madre, y mucho más difícil es admitir que es necesario y que uno por su bienestar lo desea, pero es tan arduo renunciar a ser lo que el Otro espera de uno, dejar de cumplir con ese ideal, que a veces se prefiere pensar que uno no desea.
Otro punto de coincidencia entre los casos de Ibbieta y Moncho es el azar: en ambos la coincidencia temporal del triunfo falangista cruzan las situaciones en que se encuentra cada personaje. Y esto lleva a otra coincidencia en el plano de la necesidad: debido a ese triunfo falangista, Ibbieta se ve obligado a elegir entre Gris o su propia vida, mientras que Moncho debe elegir entre su madre y su maestro. Gris justo estaba en el cementerio pero este elemento del azar no quita responsabilidad a Ibbieta. Algo de su deseo de vivir provocó que haga esa burla, y lograr vivir un poco más. Tampoco debe quitársele responsabilidad a Moncho, que en el mismo sentido, algo de su deseo provocó que huya al principio, de las determinaciones que lo significaron, y las palabras finales implican un importante corrimiento del seno materno.
Para finalizar se puede pensar que ambos sujetos hicieron algo con sus marcas. El campo de determinación no es responsabilidad del sujeto, dado que recibimos una herencia ajena a nuestra elección, pero requiere una respuesta del sujeto porque nadie puede desentenderse de la herencia. ni en Ibbieta ni en Moncho se puede desresponsabilizar al sujeto,. Ibbieta hizo algo con su “testarudez” y Moncho con los significantes que los otros le atribuían. Hicieron algo con esas marcas.

Bibliografía

Ariel, A.: La responsabilidad ante el aborto. Ficha de cátedra. Mimeo. Publicado en la página web de la cátedra.

D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.

Ormart, Elizabeth. http://www.eticaycine.org/La-lengua-de-las-mariposas, bajado el lunes 31 de Mayo de 2010.

Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

Fariña, Juan Jorge Michel: “Responsabilidad: entre necesidad y azar” Ficha de cátedra, en http://www.psi.uba.ar/academica/carrerasdegrado/psicologia/informacion_adicional/obligatorias/071_etica/index.htm, bajada por última vez el lunes 7 de Julio de 2010.



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