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Universidad de Buenos Aires
Licenciatura en Psicología

Ética y Derechos Humanos.
Cátedra: Fariña
Comisión: 9

Segunda Evaluación Informe de la película: La lengua de las Mariposas.

Profesor de CP: Michel Fariña
Ayudante: Estefanía Panizza.

Alumna: Romero, Eliana Magalí LU:326556570

10 de junio - 1º Cuatrimestre 2010

Película: La lengua de las Mariposas.
El personaje sobre el cual se centrará el análisis de responsabilidad subjetiva, es el de Moncho, también llamado “Gorrión” por su madre, un niño de ocho años, quien fue definido de esa forma por aquella, al decir que recién salía del nido, de su familia, para comenzar la escuela. Allí se encuentra con Gregorio, maestro de ideales republicanos, liberales, teniendo como contexto, una España previa a la Guerra civil española.
Moncho tenía miedo de que su maestro golpeara a sus alumnos, sin saber que muy lejos estaba de eso, puesto que su enseñanza giraba en un clima de libertad absoluta, para aprender y elegir, como de pensar y actuar. La enseñanza traspasaba las barreras de la transmisión de contenidos curriculares, para alcanzar la experiencia de un mensaje cargado de significados de libertad, y como afirmaba Gregorio, siendo de esa manera como se obtendría un futuro asegurado.
Elizabeth Ormart afirma, en el comentario realizado sobre la película, que las lecciones se vuelven un néctar para Moncho, puesto que junto al maestro, vivieron un aprendizaje experiencial, aprendiendo de la libertad de las mariposas, las recogían con la red que había sido regalada por Gregorio, y descubrían y exploraban todo lo que había alrededor de un prado, como la existencia de la lengua de las mariposas, de la cual enseñaba el maestro que es de forma enrollada para llegar a lo profundo de la flor y poder extraer de ella el néctar.
Devenida la Guerra Civil española, todo el pueblo que tuviera pensamientos liberales y que contara con todo tipo de material que diera cuenta de su adhesión al modelo republicano, tuvo que verse en la urgencia de quemar, destruir toda historia, como si nunca hubiera existido, por resguardo de sus propias vidas y como la de sus familias. La familia de Moncho no quedó exenta de ello.
El maestro Gregorio, no ocultó sus ideales, ni se resistió a ellos, por ello fue tomado como prisionero, como muchas otras personas más, y en convocación de todo el pueblo presente en una plaza, fue inculpado, calificado, gritado, como ateos, asesinos, rojos, y demás insultos.
Esta escena, en la que todo el pueblo se encuentra en la plaza, es la que se tomará para el análisis, siendo la que Elizabeth focaliza con detalle. Ese mismo pueblo que días atrás había homenajeado el maestro en su discurso de jubilación, incluida la familia de Moncho, ahora se encontraba allí para increpar, traicionar, “vender”, a las personas que habían sido secuestradas, estando entre ellas el mismo maestro. Moncho motivado por su madre insulta a su maestro, corre junto a otros niños, y apedrea a los detenidos, “culpables”, que son trasladados en un camión hacia un destino oscuro, conocido en silencio por todos.
Elizabeth Ormart, propone como hipótesis, que Moncho actúa de esa forma, por obediencia a su madre, quien es la que ordena: ¡Grita ahora tu Moncho! Madre que fija las pautas, la ley, con la cual priva y ordena, tanto a su esposo como al niño Moncho. A su esposo le ordenó que gritara, para que todos vieran como ellos apoyaban a ese nuevo régimen, y ser de esa forma salvados. El padre de Moncho obedece, y esta vez era Moncho quien obedecía, por amor a su madre, por evitar el castigo, y resguardar a su familia. Sus palabras no son sólo insultos, significantes de un Otro que ordena, e instaura la ley, sino que de su boca deja escapar dos palabras técnicas, aprendidas con el maestro, “tilonorrinco, espiritrompa”, Moncho grita la lengua de las mariposas, palabras que dan cuenta de lo aprendido, más allá de la enseñanza curricular que puede brindar el espacio escolar, sino la enseñanza de pensar y elegir en libertad como proclamó Gregorio, de estimularla, de incentivar la subjetividad de cada uno. En palabras del maestro: “la libertad estimula el espíritu de los hombres fuertes”, con estas palabras Moncho sin saberlo, sin una intención conciente, dice un mensaje de libertad, se identifica a los significantes del maestro, es decir, se identifica a él, como continuando su mandato. En su discurso de jubilación, Gregorio proclamó que “si conseguimos que una generación crezca libre en España ya nadie les quitará la libertad” quizá ello es muestra de que Moncho forma parte de ya de esa generación que elige y piensa en libertad más allá de su obediencia.
Elizabeth señala allí un acto ético, un acto que suplementa al orden establecido, al mandato fijado por su madre y a todo el estribillo que el pueblo gritaba.
Es por ello que en Moncho el dilema ético tiene lugar, ya que sólo puede haber responsabilidad, si hay un espacio para la libertad, y en él lo hay, hay responsabilidad subjetiva. Libertad para decir algo más que lo ordenado, y socialmente aceptado. Este es un acto ético ya que amplía el Universo, instaurando una singularidad en situación, excede y desorganiza el orden establecido. La madre ordena, el niño tiene temor de perder el amor de ella, teme el castigo, tentación de dormir en los significantes del Otro, donde se halla seguro, sin temor de una decisión, o el amor de la madre o un deseo más allá de ella pero sin ella.
Como tiempos lógicos propongo, como primero el momento en que la madre ordena, obliga e introduce en la mentira a Moncho. Desesperados por la situación de guerra que se estaba instalando, encontrándose toda la familia quemando todo lo que lo unía a la república, la madre toma a Moncho de la ropa y lo sacude gritándole: papá nunca le regaló un traje al maestro, a lo que Moncho contesta: Sí le regaló, ¡¡No!!-insiste la madre. Esa misma noche el niño no logra conciliar el sueño, al escuchar desde su ventana, que casas vecinas estaban siendo allanadas y secuestradas personas.
Moncho entiende la exigencia y necesidad de la mentira, a pesar de no conocer bien los motivos, sabía que algo peligroso se venía, y quizá podría golpear más fuerte que un maestro, algo que llenaba de angustia y terror en la familia, y que por ello obligaba a mentir y obedecer.
Segundo tiempo lógico, el contexto es el momento en que todo el pueblo se encuentra reunido en la plaza para apoyar al nuevo régimen, allí los culpables, acusados republicanos que profesaban un pensar y accionar distinto ante la vida, son enjuiciados. La escena está teñida de temor, cobardía y traición, de no responsabilidad, culpabilidad.
En él una vez más, Moncho es obligado a responder, a poner el cuerpo y las palabras para respaldar con ellas a su familia, a resguardarlas del peligro.
Como recorte en el tiempo marco el momento en que Moncho le grita a su maestro, último en desfilar ante el pueblo y subir al camión junto con los demás acusados “¡Asesino! ¡rojo!” obedece ante las palabras del Otro, obedece ante el temor de perder el amor de su madre, y frente a que sabía que había una necesidad por mentir. Moncho es interpelado a actuar, debido a la angustia despertada por tener que decidir, entre la madre, y el maestro. En esta situación, se resignifica la mentira, el ocultamiento, la traición, el niño insulta al maestro, se extraña de él, lo desconoce.
Los elementos de azar y necesidad que se entrecruzan en la historia, son como lo necesario, la exigencia a la mentira, devenida la guerra y el fin de la república, en una familia, marcada por lo oculto, lo taponeado, y una vez más era necesario mentir por resguardo de su vida. Ello se cruza con el tener que volverse contra el maestro, el azar lo ubico en el hecho de haberse encontrado con ese maestro, de ideales liberales, y que haya sido apresado. El destino y la suerte lo enfrenta ante él, y entre ello queda su responsabilidad subjetiva, cómo responde el sujeto ante ello, que parte tiene en ello su respuesta.
La intención de Moncho, conciente, fue la de obedecer, y esta decisión de obedecer a la ley materna, que fija lo que está bien y lo que está mal, lo que se debe y no hacer, es por no perder su amor. Sin embargo, aparece otro tipo de respuesta, no sólo la ordenada por el Otro primordial, el Otro del significante, sino que se da lugar al sujeto, a su responsabilidad subjetiva más allá de un sistema cerrado, de lo que se debe y no se debe hacer y obedecer, el más allá de la obediencia de un niño. El sujeto encuentra su respuesta singular, frente a la angustia de tener que responder ante lo que no tiene respuesta, a la falta de significante, él encuentra la suya, sin saber que sabe.
Para la responsabilidad jurídica, el niño, es la figura del obediente, no puede ob-ligarse, y tampoco tiene el derecho a responder. Son considerados inimputables de culpa y por ello mismo tampoco responsables, sino que están bajo la tutela, cuidado de un Otro. Sí lo es el sujeto de derecho, que es conciente, dueño y señor de sus actos. Lo jurídico refleja la moral social, las leyes particulares pertenecientes a un tiempo y espacio específicos.
Hipótesis Clínica: Por temor a dormir bajo los significantes del Otro, quedar atrapado en el deseo del Otro, el sujeto encuentra una salida, una respuesta, permite salirse del circuito por medio del acto ético, singular que hace desfallecer el particular. Por medio de esas dos palabras técnicas, el sujeto le dice al maestro un mensaje de libertad, se identifica a los significantes del maestro. Hay un deseo de separarse y encontrar su camino, su decisión, sin garantes.
Hubo algo impuesto, lo que se ve en la escena, la orden y la obediencia, y algo que no se ve a simple vista, que es un saber hacer allí, actuar en su deseo inconciente, una decisión sin socios, sin consenso, en soledad, justa que no se precipita ni se atrasa, una responsabilidad subjetiva, responder por el acto, es responder por lo Uno, que advenga el creador en el lugar del creado, es responder por el deseo inconciente.
La obra de Sartre, El Muro, al igual que La lengua de las Mariposas, está contextuada en la Guerra civil de España. Ibbieta el protagonista que es un prisionero republicano tiene como problema ético, entregar la vida de su amigo Gris, a cambio de la suya, de su libertad. Ibbieta quiere mentir para salvar la vida de su amigo, sin saber que por azar diría la verdad. Dijo que se encontraba en el cementerio y allí se encontraba Gris.
Allí donde Ibbieta podría no sentirse responsable, adjudicándole el resultado a un Otro, a un determinismo, como a motivos azarosos, allí es responsable de un deseo, hay sujeto responsable, de haber dicho lo que dijo, de haber deseado vivir, de eso es responsable. Aquí emerge lo sorpresivo, lo impensado y lo no sabido.
Moncho es responsable de no querer perder el amor de su madre, pero en su acto ético, también impensado, es responsable de su deseo inconciente, actuó a favor de él, en superávit, en transmitir un mensaje de libertad al maestro.
A Ibbieta se le ofrecen muchas coartadas, excusas, como el determinismo, y el azar, para no asumir su culpa y responsabilidad. A Moncho también, la obediencia, ¿hasta dónde alcanzan cada una de las diosas, borrando al sujeto como actor responsable de su acto? Se plantea una elección, por el Otro, o por el sujeto, la verdad, la responsabilidad.

Bibliografía :

Fariña, Michel J. (1998) Un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
Ariel, A. (1994) Moral y Ética. Una poética del estilo. En El estilo y el acto. Ediciones Manantial, Buenos Aires.
Salomone, Gabriela; Domínguez, María Elena.(2006). La transmisión de la ética. Clínica y Deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva.
Alemán, Jorge (2003) Nota sobre Lacan y Sartre: El Decisionismo. En Derivas del discurso capitalista: Notas sobre psicoanálisis y política. Miguel Gómez Ediciones, Málaga.
Ariel, A. La responsabilidad ante el aborto. Ficha de la cátedra. Mimeo. Publicado en la cátedra web de la cátedra.
Sartre, Jean Paul (1972) El Muro. Editorial Losada. Buenos Aires.
Película: La lengua de las mariposas. España, 1999.



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