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SEGUNDO PARCIAL DE PSICOLOGÍA, ÉTICA Y DERECHOS HUMANOS – CÁTEDRA I
PRIMER CUATRIMESTRE DE 2010

Profesor titular: Juan Jorge Michel Fariña
Comisión: n° 7
Ayudante de Trabajos Prácticos: Adriana Alfano
Alumnas:
• Pilar Neira
LU: 33 220 710 0
E-mail: pilar_neira@hotmail.com
• Mariana Panizzi
LU: 33 222 477 0
E-mail: mariana_panizzi@hotmail.com

FACULTAD DE PSICOLOGÍA
UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES
BIBLIOGRAFÍA

• Ariel, A.: La responsabilidad ante el aborto. Ficha de cátedra. Mimeo. Publicado en la página web de la cátedra.
• D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
• Fariña, J.J.M.: Responsabilidad: entre necesidad y azar. Publicado en la página web de la cátedra.
• Freud, S.: (1925) La responsabilidad moral por el contenido de los sueños. En Algunas notas adicionales a la interpretación de los sueños en su conjunto. Obras completas. Tomo XIX, Amorrortu editores. 1984.
• Jinkis, J. (1987). Vergüenza y responsabilidad. Conjetural, número 13. Editorial Sitio. Buenos Aires.
• Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
• Ormart, E.: La lengua de las mariposas. En www.eticaycine.org
• Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
• Sartre, Jean Paul: El muro, Editorial Losada, Bs. As., 1972

CONSIGNA DE EVALUACIÓN

1. Tomando en cuenta el comentario sobre el film: ¿Cuál es el personaje sobre el cual se centra el análisis de la responsabilidad subjetiva? ¿Propone el autor alguna hipótesis al respecto? En caso afirmativo, explicítela consignando los indicadores.
2. Sugiera el circuito de responsabilidad (tiempos lógicos) que organizan la situación.
3. Establezca los elementos de azar y necesidad presentes en la situación, consignando los indicadores respectivos.
4. Si corresponde, establezca las figuras de la culpa que aparecen, estableciendo su relación con la hipótesis sobre la responsabilidad subjetiva. Consigne en caso que exista alguna relación con la responsabilidad jurídica.
5. Compare conceptualmente el caso presentado con el de Ibbieta (cuento “El muro”, de Jean Paul Sartre).
En todos los casos, articular con las referencias bibliográficas del Módulo 5 y si el escenario fuera pertinente con las del módulo 4.

Respuestas:
1. En el comentario sobre el film La lengua de las mariposas, de Elizabeth Ormart, el análisis de la responsabilidad subjetiva se centra sobre el personaje Monso, un niño que se encuentra frente a la situación de tener que insultar a su maestro y amigo cuando éste se halla prisionero de los falangistas por ser republicano. La madre presiona al niño para que grite insultos al maestro por temor al nuevo régimen. La autora propone que en esta situación hay lugar para la responsabilidad subjetiva, ya que si bien la edad del niño y la obligación de éste de obedecer a la madre, así como la amenaza real de los falangistas, forman parte del criterio de necesidad; existe un pequeño margen de libertad y por ende de elección para este personaje que resulta, para la autora del artículo, suficiente para la ética. Interpreta su acción como un acto creador, ético, que no es ni temeroso ni temerario, que es más allá de los otros. La hipótesis de la autora es que estos gritos no responden sólo al apremio de las circunstancias, sino que llevan un mensaje de libertad, pudiendo elegir qué decir, el niño finalmente dice eso y no otra cosa. Aparece una grieta en la que ubica la responsabilidad subjetiva. En ese punto es llamado a responder el sujeto y en este caso, siguiendo su análisis, responde con un acto creador. Este acto debe ser entendido en el sentido que le da Alejandro Ariel en la clase titulada “La responsabilidad ante el aborto”, en la que sostiene:
“Un acto implica una decisión tomada por fuera de los otros, sin los otros. Implica una decisión por fuera de lo moral -del bien y del mal-, una decisión –esto quizás los sorprenda- por fuera de la ley. Una decisión por fuera del temor y la temeridad, ya que cuando alguien es temerario se precipita a una acción no calculando sus riesgos. Es una decisión de alguien que no se retrasa, que no se precipita, que no se calcula y que no se espera. En consecuencia, un acto es una decisión y no una acción.”
Interpretamos entonces, que para la autora las palabras de Monso constituyen un efecto sujeto, la emergencia de una singularidad en acto, en tanto las entiende como una decisión del sujeto por fuera de lo moral. Los indicadores en este caso son los gritos de Monso que frente a la exigencia de su madre de insultar al maestro lo hace, pero no sólo grita “asesino”, “ateo” y “rojo”, sino también palabras técnicas que su maestro le enseñó, le grita “tilonorrinco, espiritrompa”. No se opone temerariamente a los falangistas, no obedece temerosamente a su madre, sino que responde haciendo lugar a su deseo.
2. Para pensar el circuito de la responsabilidad partimos de la idea de diferenciar nuestra postura respecto a lo planteado por la autora en el artículo previamente mencionado. Podemos ubicar en lo que la autora cita como el acto creador del niño, un tiempo lógico 2, en tanto pareciera ser una expresión inconsciente del niño que justamente viene a interpelarlo dando lugar a un tiempo lógicamente previo. Así se pone en marcha el circuito, que “no responde cronológicamente sino con lógica de retroacción, hace que vuelva sobre una acción que ya sucedió” . En el momento en que Monso se encuentra gritando, junto a los insultos, las palabras técnicas que su maestro le enseñó algo se produce; se abre una grieta entre la necesidad y el azar para posibilitar la emergencia de la responsabilidad subjetiva, tal como plantea J.J.M. Fariña en la clase teórica titulada “Responsabilidad: entre necesidad y azar”. En ese momento se produce algo que sorprende al niño, de su boca salen algo más que insultos, algo de su deseo insiste y se filtra allí, “el deseo inconsciente –reprimible pero indestructible- sigue haciendo su jugada, iluminándose en cada acto” . Eso que insiste interroga al sujeto, lo llama a responder sobre un efecto no calculado de una acción previa. En este sentido, no creemos que ya se trate de un acto ético; que lo sea dependerá de lo que el sujeto haga con ello. Entendemos que lo que ocurre es una interpelación que sorprende al propio yo y que se refleja en su rostro cuando él mismo se escucha decir palabras que parecieran ser de otro. Se funda así retroactivamente un tiempo 1, tiempo en el que el yo llevó adelante la acción de insultar al maestro, de correr tras el camión en el que él iba para gritarle; tiempo de lo que aparentemente sería la plena obediencia hacia las palabras de su madre. En este tiempo el yo creyó que la acción se agotaba en los fines de obedecer, de demostrar que no sentía afecto por el maestro y que repudiaba a los republicanos. Frente al imperativo materno, el yo del niño comprendió la necesidad de mentir sobre su relación con el maestro para proteger a su familia. Pero en el intento de llevarlo a cabo, hace algo que va más allá de sus propósitos conscientes y de lo que su madre espera de él en esa situación. Podría haberse quedado junto a ella y gritar desde allí, podría haber gritado sólo lo que gritaban los demás. Pero Monso sale corriendo, se aleja de su madre, va tras el camión. El yo nos dirá que lo hace para continuar insultando, para hacer más creíble su intento de repudio, para hacer lo mismo que hacen los otros niños. Pero a partir de aquello que interpela al sujeto, a partir de esas palabras que salen de la boca de Monso y lo sorprenden, y que ubicamos como tiempo 2, esta acción (ocurrida en lo que ahora llamamos tiempo 1), se resignifica. Algo fue más allá de lo que el yo calculó y este algo nos habla del deseo puesto en juego, nos habla de que el sujeto emergió allí.
Como hipótesis clínica podríamos pensar entonces, que lo que lo impulsó a separarse de su madre para seguir gritando no fue el propósito de obedecer. Lo que estuvo en juego fue su amor por el maestro, su deseo de despedirse, la angustia por no volver a ver a aquel que le enseñó, como dice Ormart, el rechazo a todo sistema cerrado, al dogmatismo, al silencio, que le transmitió un deseo ineliminable y en el que, interpretamos, reconoce su verdadera figura de identificación. El niño desconoce, su yo no sabe, aquello que en su interior parece ser lo único inviolable e inquebrantable, desear diferenciarse del padre en tanto traidor y sujeto esclavo, no libre en tanto depende de lo que otro le dice debe hacer, aún si para cumplir con ello debe ser infiel a sus amistades y sus principios. Todo esto puesto en juego allí, pero velado tras los propósitos yoicos, le vuelve al sujeto al escucharse decir: “tilonorrinco” y “espiritrompa”; palabras que el maestro dejó en él como semillas, como polen que espera que sus alumnos “mariposas” dispersen, haciendo posible una generación libre. El niño queda allí, mirando cómo se aleja el camión. Mientras el resto de los niños siguen corriendo, él se detiene, queda en silencio. Algo vislumbra Monso de lo inconsciente que insiste y es lo que podemos conjeturar; se refleja en su rostro sorpresivo y un tanto confuso en el mismo momento en que se detiene.
Resulta destacable que ese ir más allá de lo que la madre le ordena se produzca cuando el niño se aleja físicamente de ella. Mientras está a su lado el logro yoico es más eficaz, pero al alejarse se filtra aquello que el yo del niño quería ocultar, emerge eso inconsciente; en el intento de obedecerla se filtra justamente el deseo opuesto de no llevar a cabo aquello que ella le pide, y así diferenciarse del padre tomando una postura distinta frente a sus actos.
Hasta aquí podemos decir sobre el circuito de la responsabilidad, porque allí finaliza la película y nada sabemos sobre lo que hace el sujeto con aquello que le sucede. Sólo sabemos que es interpelado, que se sorprende a sí mismo, que logra vislumbrar que hay algo más que lo que creía puesto allí en juego. No decimos con esto que el yo desconozca su amor por el maestro y todo lo que la figura de éste representa para él, no es eso lo inconsciente. Lo que el yo no sabe es que actuó por ese amor y por ese deseo de verse reflejado en lo que el maestro era, una figura a la que podía identificarse mucho más que con su propio padre. Aquello es lo que no puede ocultarse, lo que insiste para expresarse una y otra vez. Eso se filtró en su acción y habló sobre ese amor y sobre su propio deseo más allá de su intención.
3. Los elementos de necesidad que podemos ubicar dentro del film, como ya se indicaron, serían la amenaza de los falangista, que podrían llevarse a su padre si supieran que es republicano, y la necesidad de todo niño de obedecer a su madre. Como indica J.J.M. Fariña en la clase titulada “Responsabilidad: entre necesidad y azar”, “para los griegos, Necesidad era el nombre de la diosa que regía justamente aquellos sucesos ajenos a la voluntad humana” . Al hablar de necesidad nos referimos a lo inexorable, a lo que conecta las causas y los efectos. Volviendo a la película, por un lado ubicamos la amenaza de los falangistas como parte del contexto socio histórico en el que vive. Si no se encontrase como marco situacional la guerra civil española, la llegada al gobierno de los falangistas y el fin de la república, ningún sentido tendría pensar en el circuito y la hipótesis clínica, sencillamente porque el sujeto no hubiese tenido la posibilidad de resignificar algo de su accionar hasta ese momento. Nada lo hubiese interpelado. Para que eso ocurra es necesario ubicarlo en esa situación de la cual a su vez no puede responsabilizarse al sujeto. Por otro lado, ubicamos otro elemento de necesidad en el hecho de que el niño debe obedecer a su madre, debido a su edad, por lo que debe presenciar la escena en la que se llevan a su maestro, mentir sobre el vínculo que tiene con él e insultarlo. Con respecto al azar, entendido como aquello que desconecta las causas de los efectos, lo que está del lado de la “casualidad”, la “coincidencia" y la “suerte” , lo encontramos en el hecho de que en el pueblo en el que vive le haya tocado ese maestro y no otro. Ya que gracias a la aparición del mismo es que el vínculo se hace posible y con él, se vehiculiza su deseo.
Sin embargo, como menciona la autora del artículo, hay responsabilidad donde hay posibilidad de elegir, donde hay opción. Es en este sentido que no podemos decir que Monso queda completamente tomado por la situación política que vive o por su obediencia a la madre (necesidad o determinismo) ni tampoco por el mero hecho de haber conocido a ese maestro (azar); es la conjunción de ambos y su vinculación lo que abre una brecha por la que se filtra la posibilidad de la aparición del sujeto en tanto tal, como efecto del acto creador en el que el sujeto se despierta, deja de dormitar en el horizonte de los significantes del otro para advenir como sujeto en falta, como sujeto dividido, sujeto del inconsciente responsable por definición.
4. En este caso las figuras de la culpa no aparecen de forma explícita en la película. La expresión de Monso al final del film muestra que algo le ocurre frente a esas palabras técnicas que le grita a su maestro y lo interpelan, “la interpelación subjetiva se pone en marcha cuando la Ley simbólica del deseo, ob-liga a retornar sobre la acción” . Le ocurre algo, pero no sabemos qué. Podemos conjeturar que siente culpa por no lograr sus propósitos conscientes, por mostrar algo de lo que siente por el maestro, por desobedecer en ese punto a su madre. Si estamos en lo cierto, se trataría de la culpa moral, que liga el tiempo 2 con el tiempo 1, que hace que el sujeto, a partir de esas palabras que lo interpelan se pregunte sobre lo que estuvo en juego en el tiempo 1, en el que se alejó de la madre para ir tras el camión, “la culpa hace a la retroacción, hace que se retorne sobre la acción por la que se debe responder” . Se aleja para insultar a los republicanos, pero ahora la culpa que produce la interpelación lo lleva a reinterpretar esa acción como una desobediencia a la madre, ya que es entonces cuando expresa algo de su vínculo con el maestro. Puede que sienta culpa por desobedecer y, al hacerlo, poner en riesgo a su familia.
Por otro lado, podemos conjeturar que frente a esa interpelación el sujeto responde con un cambio de posición subjetiva. Esto no lo vemos en la película pero lo podemos suponer como una posible respuesta. En este caso, podríamos interpretar la expresión final de Monso como un sentimiento de culpa pero a otro nivel. Podría ser la culpa por traicionar a su maestro y amigo, la cual también estaría dentro de lo que llamamos culpa moral porque se trataría de traicionarlo desde el punto de vista de lo que esperamos poder hacer cuando un amigo está en problemas. Pero más interesante nos resulta pensar que podría sentir culpa por traicionar su deseo, es decir, por no ser consecuente con él al intentar ocultarlo. Se trataría de la culpa a la que se refiere J.C. Mosca cuando, tomando a Lacán, sostiene que culpable es quien cede en su deseo. Este fracaso en el intento consciente de ocultar sus sentimientos, confronta al sujeto con su deseo y podrían producir un sentimiento de culpa por no haber actuado conforme a él. Sin embargo, insistimos en que la película no nos dice qué le ocurre al sujeto, sólo se trata de la expresión de su rostro que queda allí para ser interpretada de múltiples formas; siendo esta una de las posibles.
En torno a la culpabilidad, podemos diferenciar al sujeto autónomo o sujeto del derecho del sujeto del inconsciente, responsable y por ende culpable por definición. Si tan sólo tomásemos la postura del sujeto como responsable en tanto sujeto del derecho, diríamos entonces que Monso no podría ser jamás responsable ya que es un niño y como tal, la ley no le adjudica razón ni intencionalidad consciente y lo suficientemente madura como para responsabilizarlo de sus actos, ya que la responsabilidad jurídica se plantea sobre la noción de sujeto autónomo como aquel capaz de auto-gobernarse, aquel que puede decidir libremente y voluntariamente sobre su vida . Sin embargo, la lógica de la clínica y del psicoanálisis nos demuestra que en tanto sujeto dividido el sujeto es responsable por definición incluso de aquello que su yo desconoce. Responsable ya no en términos morales, sino éticos; en palabras de Jinkis: “si el hombre dividido por el lenguaje habla sin saber lo que dice, aquel deseo lo vuelve responsable de lo que dice (…)” . En tanto el sujeto porta un deseo que desconoce; eso lo hace responsable de los que dice, hace y sueña. En tanto Monso porta ese deseo que se filtra en sus palabras, aún cuando él no haya tenido la intención consciente de decirlo, es responsable por ello. Se trata sin duda de su deseo.
5. Es posible a través de los conceptos ya trabajados, comparar la situación del film citada con el cuento de J. Sartre “El muro”, puntualmente con el circuito de la responsabilidad que podemos ubicar tanto en Monso como en el personaje de Ibbieta.
En primer lugar podemos decir que los circuitos son posibles en tanto el sujeto no queda completamente determinado ni por la necesidad ni por el azar. En el caso de Ibbieta podemos ubicar allí como necesidad la guerra civil española en la que si bien el personaje elije formar parte, no decide tener que elegir frente a los falangistas entre su vida o la de su amigo. En cuanto a Monso, también se encuentra determinado (aunque nunca completamente) por la situación de necesidad que es, al igual que en el cuento, el fin de la república, la guerra civil española, que lo enfrenta a la amenaza que representan los falangistas para su familia; y la necesidad de obedecer a su madre. Por otro lado, en cuanto al azar, en ambos casos interviene permitiendo dar lugar, en conjunción con la necesidad, a la posibilidad de que allí se dé la responsabilidad subjetiva. En el cuento de Ibbieta, el “azar quiso que con su elección de una confesión mentirosa terminara, sin saberlo, diciendo la verdad” , es decir que está representado en el hecho de que el momento en que él manda a los falangistas al cementerio haya coincidido con el momento en que Gris discute con sus primos y huye a refugiarse precisamente allí. En la película, ubicamos el azar en relación a que Monso conociera a ese maestro y no a otro, teniendo con él ese determinado vínculo que los une.
Respecto a la responsabilidad; los falangistas le piden a Ibbieta que hable, que diga dónde está Gris y que aquello que diga sea verdad. Por lo que Ibbieta podría no haber hablado, o haber dicho otra cosa o en todo caso haber mentido. Sin embargo, lo que dice es verdadero en tanto representa la realidad, allí se filtra algo de su responsabilidad en sus actos. Del mismo modo, a Monso su madre le pide que la obedezca; que hable, que grite en contra el maestro, en contra de los republicanos. En cierto punto podemos también aquí pensar que el niño podría no haberlo hecho, o podría haberlo hecho desde el lugar en donde estaba y sin embargo no sólo se aleja de la madre sino que la desobedece, grita además de los insultos, las palabras que el maestro le enseñó; grita (como menciona la autora del artículo) “la lengua de las mariposas”.
Finalmente podríamos pensar en comparar los momentos lógicos que constituyen el circuito de la responsabilidad subjetiva. En el cuento de Sartre, el personaje de Ibbieta en un primer momento afirma a modo de chiste “Gris está en el cementerio”. Posteriormente cuando el personaje se encuentra con García y éste le dice que agarraron a Gris en el cementerio es que Ibbieta se replantea aquello que dijo a modo de jugarreta; algo lo interpela y retroactivamente se pregunta por aquello que hizo; sin saberlo. Por primera vez tiembla, algo nuevo aparece en él, quien hasta entonces creía estar completamente entregado a la muerte. Finalmente, en lo que sería un tercer tiempo lógico, el de la responsabilidad subjetiva, aquel donde el sujeto se reconoce en su deseo y modifica algo de su posicionamiento subjetivo, Ibbieta exclama “en el cementerio!” mientras ríe y llora. Es allí que se reconoce en su deseo de querer seguir viviendo.
En el caso de Monso, podemos ubicar claramente los primeros dos tiempos lógicos. Un primer momento que como se dijo anteriormente, se caracteriza por su actitud de obediencia hacia la madre, acata sus órdenes y corre a insultar al maestro. Esta acción es interpelada por un segundo momento lógico que permite pensar en la existencia del primero. Ese segundo tiempo, en el que se escucha decir tilonorrinco y espiritrompa, lo sorprende, detiene su andar y lo deja congelado en un primer plano. Allí se abre la posibilidad de responsabilizarse como sujeto, de reconocer que ya incluso en un primer momento algo de su deseo inconsciente estaba en juego. En este caso, no podemos ubicar con precisión un tiempo 3, en tanto la película termina y nada sabemos de lo que Monso decida hacer con eso de ahí en adelante. Sin embargo, y a modo de conjetura, podríamos comparar el llanto y la risa de Ibbieta con el rostro que como espectadores recibimos de Monso en un primer plano. Se abre la posibilidad de que algo se modifique en su posición subjetiva en relación a su deseo, algo de él se sorprende y se reconoce en ese momento como portador de ese otro deseo, del propio. Deseo que como tal, lo divide como sujeto, lo define sustentado en la falta, entre los significantes, sujeto que se define en su acto mismo y que como portador del deseo es siempre responsable.



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