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Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología

Materia: Psicología, Ética y Derechos Humanos
Cátedra: I
Titular: Juan Jorge Michel Fariña
Comisión: 18
Ayudante: Soledad Pérez Michielli, Ezequiel Pereyra

Alumno: Gustavo Casals
Libreta: 20723167
Primer cuatrimestre 2010
Segundo parcial

Introducción: El futuro asegurado a través de la libertad.
Todos somos sujetos divididos, todos somos sujetos del inconsciente, por tanto, todos somos susceptibles de ser confrontados por esa pregunta que es la responsabilidad.
Pero de todas maneras, la duda queda: ¿todos? ¿Es Moncho, el joven protagonista de “La lengua de las mariposas” el mejor sujeto sobre el cual referir al delicado tema de la responsabilidad? En una pieza de ficción rica en personajes y situaciones, que nos llevan a reflexionar sobre la ética, los dilemas, la libertad para elegir o actuar, donde el marco es la situación de la Guerra Civil Española, el marco de la necesidad que ya funciona como disparador para la presentación del tema en cátedra a través del cuento “El Muro” de Sartre, ¿debemos quedarnos en el personaje que por encima de cualquier otro quedaría como jurídicamente inimputable?
Eso parece pensar Elizabeth Ormart en su análisis del film, y siendo ese el planteo de este trabajo, ese es el sendero que tomaremos, aunque desde lo personal, personajes como el maestro Gregorio o más particularmente Ramón, el padre de Moncho parecerían sujetos igualmente o aun más ricos de ser analizados bajo este marco.
Pero son Moncho, y sus significantes fuera de contexto los elegidos por la autora y los que serán nuestro foco. Pero no nos adelantemos, sigamos el recorrido de Ormart y del film de José Luis Cuerda en primer lugar.

El gorrión, las mariposas y sus lenguas.
“La lengua de las mariposas” es un film basado en tres cuentos del escritor gallego Manuel Rivas (aparte de la historia principal, los episodios del hermano de Moncho y su enamorada china y el de Carmiña, su amante y su perro formaban parte de narraciones independientes), situados en el contexto de la pre Guerra Civil Española, los agitados últimos días de la República.
Nuestro protagonista es Moncho, un niño que debido a sus problemas de salud estuvo recluido y que finalmente puede asistir a la escuela por primera vez. “Gorrión” deja escapar su madre, con duras consecuencias. En la escuela se encuentra con Don Gregorio, un maestro de particular metodología para la época, que con sus ideales de libertad y su pasión por los jóvenes alumnos, abre el horizonte del tímido Moncho.
La familia de Moncho está compuesta por su padre Ramón, un sastre de indudable ideología republicana, su hermano, un aspirante a músico, y su madre Rosa, fuertemente influenciada por el discurso conservador de la iglesia a la que asiste. De hecho, el supuesto ateísmo del maestro es una de sus preocupaciones, pero un episodio en el que don Gregorio salva la vida de Moncho y los progresos de su hijo hacen que Rosa le dé su bendición al viejo maestro. Ramón le regala un traje en agradecimiento.
El maestro despierta la curiosidad por la naturaleza de Moncho, quien con avidez memoriza los nombres extraños que Don Gregorio va soltando: un ave australiana, el tilonorrinco, tiene sofisticados sistemas de cortejo, la lengua de las mariposas del título es una espiritrompa.
En el contexto de alto revuelo del verano de 1936, nadie oculta sus simpatías: el padre de Moncho tiene un afiche a favor de la República y la familia asiste a una celebración partidaria, el maestro se embandera en el discurso libertario en sus palabras de despedida de la enseñanza, el padre de uno de los niños se levanta indignado al escucharlas.
Es entonces cuando el conflicto se declara. La caza de brujas comienza. Los republicanos buscan la ayuda de Ramón, pero es su mujer la que ha tomado el control de la casa: el afiche y la libreta de afiliación republicanas han sido quemadas, Moncho es instruido a olvidar que su padre le regaló el traje al maestro.
Un domingo a la mañana, en el horario de la iglesia, se produce el desenlace: la Guardia Civil se lleva a los detenidos, quienes salen de a uno de un edificio público a un camión. La gente del pueblo está ahí para apoyar al nuevo régimen, gritando las consignas de repudio: ateos, rojos, asesinos. Entre los detenidos, comenzamos a ver caras conocidas: el padre de un amigo de Moncho, un compañero músico de su hermano, y finalmente, el maestro Gregorio. Todo el tiempo la madre arenga a su marido e hijo a que griten. Cuando el maestro pasa junto a ellos, Ramón escupe e insulta, pero sus lágrimas nos cuentan otra historia sobre su propio circuito de la responsabilidad. Moncho es empujado por su madre a seguirlo, y el niño lo hace. El maestro ya está demasiado abatido para registrarlo.
El camión parte y los niños del pueblo lo corren arrojando piedras y gritando sus consignas, Moncho es uno más, pero ante la mirada de dolor de don Gregorio, las palabras que salen de su boca son ahora otras: tilonorrinco, espiritrompa. La imagen se congela sobre el rostro desencajado del niño y sólo nos queda preguntarnos cuál será su destino durante el largo invierno de la guerra y el franquismo.

Los caminos por donde transita la responsabilidad.
Un acto es una decisión tomada por fuera de los otros. ¿Podemos entonces hablar de acto en este caso? ¿Es la decisión de Moncho tomada por fuera de los otros, o todo lo contrario, es justamente una decisión tomada por el Otro ante la cual la opción no está siquiera planteada?
Sin lugar a dudas, los últimos minutos de este film son lo que lo hacen ir más allá de un simple retrato de época: las decisiones a las que se ven confrontadas todos los personajes, sus acciones, sus actos, sus interacciones. Y en el centro de todas ellas, el joven Moncho.
Y el mensaje de libertad que nos quieren transmitir los autores de esta historia tiene como vehículo al niño, y Elizabeth Ormart se detiene en él para su análisis: nos habla de acto ético, de miedos, conscientes e inconscientes, de temor al castigo, de la tentación de “dormir en los significantes del Otro”.
Ubica allí su hipótesis: el niño, que en su acotado mundo de figuras edípicas, teme perderlo todo, pero se identifica en otro deseo, el del maestro que “enseña el rechazo de todo sistema cerrado, el rechazo al dogmatismo, el rechazo al silencio. Un maestro que transmitió un deseo ineliminable”
El salto cualitativo se produce entonces, ante la mirada del maestro, enfrentado sólo a su angustia, las palabras de Moncho como acto, como expresión de libertad.
Identificar el circuito de la responsabilidad en el caso de Moncho resulta bastante complejo. Sin lugar a dudas hay un real emergente en las palabras de Moncho al correr tras el camión, ¿pero son esas palabras una re significación verdadera, un “Tiempo 3” que lo reposiciona?. Sigamos la secuencia de hechos: el maestro Gregorio sale hacia el camión, e impulsado por la madre, Ramón padre escupe sus insultos vacíos de sentido hacia él entre lágrimas. La madre apura a Moncho para que haga su parte, y luego de una mínima y dolida reflexión que podemos intuir por su rostro, obedece: asesino, rojo. El camión parte, los niños del pueblo toman piedras y lo corren arrojándolas, siguen los gritos y los insultos. Moncho es uno más de los que corren y gritan, pero sus gritos ahora son diferentes: tilonorrinco, espiritrompa… aquellas complejísimas palabras que el maestro le había enseñado.
Veamos un primer posible circuito entonces: tenemos un Tiempo 1, seguido de la orden de la madre: “grita, insulta”. Moncho lo hace. Luego hay una segunda orden tácita, pero aun dentro de ese T1: “corre al camión junto los otros niños, sigue insultando”. Y Moncho lo hace, pero esta vez, los significantes son otros. Ya no es el sujeto de la conciencia el que está gritando, es un sujeto cuyos cargados significantes vienen de otro lado, desconocido y que Moncho probablemente aun no esté en condiciones de hacerlo susceptible de reflexión. Visto de esta manera, estamos hablando de un extenso “Tiempo 1” organizado a su vez en dos tiempos, sólo uno de ellos consciente.
Pero hagamos una segunda lectura de los mismos hechos: La primer parte del T1 permanece sin cambios: la orden de la madre, la obediencia del hijo, asesino, rojo. Los niños corren tras el camión, el maestro, en el medio de su dolor y confusión, mira a Moncho. Su gesto parece decir “et tu…?”. Moncho acusa el recibo de esta mirada, de sus acciones, de las acciones de los que lo rodean. La figura del maestro y todo lo que ella implica lo interrogan. ¿Qué hice? Este es nuestro T2, donde todo el peso del T1 cae sobre nuestro sujeto. Y entonces tenemos el momento de libertad, tal como lo plantea Ormart: tilonorrinco, espiritrompa. Las palabras son acto, son mensaje. El espectador experimenta en su cuerpo lo que intuye que Moncho está pasando, algo que supera lo esperable, algo nuevo que lo posiciona en otro lugar, que nos posiciona en otro lugar. Sólo nos queda la vana esperanza que Don Gregorio haya escuchado, desde el camión, lo que el gorrión intenta decirle desde aquellas palabras que les son comunes.

Ibbieta, Moncho y los fascistas.
La misma guerra, dos situaciones distintas. En el relato de Jean Paul Sartre “El muro”, nos encontramos con un militante republicano, alguien que ha tomado posturas y decisiones que lo llevaron a su situación límite actual.
Moncho también está ante una situación límite, también a merced de los falangistas, si se puede leer de esa manera, corporizados en su madre. Pero Moncho no está ahí por una cadena de decisiones, está ahí porque tiene seis años y su madre es su mundo. La relación entre Moncho y Rosa es inequívocamente del orden de la necesidad: forzosa, inexorable.
Ambos, enfrentados con una orden directa, son llamados a hablar: Ibbieta debe delatar a Gris, Moncho debe insultar a su querido maestro. Ninguno de ambos quiere cumplir. Ambos hablan, sin embargo. Ibbieta lanza su jugarreta sobre el cementerio, Moncho repite los insultos que escuchó de sus padres.
Pero, como nos dice Juan Carlos Mosca: “Sí, Ibbieta habló, para mentir, para engañar, burlar al otro, al tirano…” . Si Moncho habla, es para obedecer al discurso de su madre, e imitar la traición a sí mismo de su padre. Pero Moncho ya tiene incorporado otro discurso, su deseo ya está transitando otros caminos. Moncho habla, y lo que dice es muy diferente.
La risa hasta las lágrimas nos hablan de la responsabilidad en Ibbieta, de la respuesta ante la confrontación de las palabras del panadero. Los significantes de Moncho nos hablan de su responsabilidad, de su respuesta ante la confrontación con la mirada del maestro.
Podemos decir que el azar jugó una mala pasada para Ibbieta: independientes de su deseo, los movimientos de Gris, su elección de destino están en el terreno de lo accidental, de lo fortuito. ¿Qué papel juega el azar para Moncho? Ciertos detalles contingentes podrían identificarse: que el maestro fuera el último en salir, que los niños corriendo al camión le dieran una segunda oportunidad de hablar. ¿Está acaso entonces Moncho completamente determinado en la necesidad? Tanto como cualquier otro niño a merced de sus padres, sólo que ese pequeño espacio que se abre entre la necesidad y estos pequeños rasgos de azar permiten que aflore ese nuevo lugar como sujeto.

Conclusión: Ibbieta, Ramón y las lágrimas.
Podemos seguir debatiendo la posición subjetiva de Moncho. Tal vez estamos presenciando en los últimos segundos del film al advenimiento del verdadero sujeto, uno nuevo más allá de Rosa y Ramón. O tal vez le estemos adjudicando al personaje algo que los autores del cuento y el film quisieron transmitir, pero leído a través de una complejidad que a Moncho aun no le pertenece.
Queda abierta la posibilidad de volver sobre el film, y leerlo desde otro lado, de ubicar el circuito de la responsabilidad de ese padre, de Ramón, otro republicano que también es llamado a hablar y traicionar, y que al igual que Ibbieta, también termina en lágrimas.

Bibliografía:
Ariel, A.: La responsabilidad ante el aborto. Ficha de cátedra. Mimeo. Publicado en la página web de la cátedra.
D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
Michel Fariña . J. Jorge: Responsabilidad: entre necesidad y azar, en http://www.psi.uba.ar/academica/carrerasdegrado/psicologia/informacion_adicional/obligatorias/071_etica/index.htm
Mosca, J.C. (1998) Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En “Etica, un horizonte en quiebra”, Eudeba, Buenos Aires.
Ormart, Elizabeth, “La lengua de las Mariposas”, en http://www.eticaycine.org
Sartre, Jean Paul: El muro, Editorial Losada, Bs. As., 1972.
Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.



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