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PSICOLOGÍA, ÉTICA Y DERECHOS HUMANOS

CÁTEDRA: FARIÑA

SEGUNDO PARCIAL DOMICILIARIO

PRIMER CUATRIMESTRE DE 2010

COMISIÓN: 4 – DOCENTE A CARGO: EDUARDO LASO

ALUMNOS:
FERNÁNDEZ ALBAMONTE, VICTORIA. LU: 336728450
GIMENO, RAMIRO. LU: 334434080

“LA LENGUA DE LAS MARIPOSAS”

1) Respecto del análisis que hace la autora acerca del tema de la responsabilidad subjetiva en “La lengua de las mariposas”, podría decirse que el personaje en que éste se centra es el de Monso, el niño que llega por primera vez a la escuela, conoce a su maestro, Gregorio, y queda cautivado por su sabiduría y sus enseñanzas sobre la libertad. La escena final de la película, aquella en que se ve al niño corriendo tras el camión en que su maestro es llevado a enfrentar su fatal destino, mientras le arroja piedras al grito de “¡Rojo!” y “¡Asesino!”, podría decirse entonces que aquella escena muestra claramente la posición dilemática en que se encuentra Monso, a pesar de ser un niño. Es esa la hipótesis que plantea la autora en su comentario acerca de la película, ya que Monso, luego de proferir los insultos hacia el profesor obedeciendo las órdenes de su madre, deja escapar otras palabras que no son insultos sino que remiten a las enseñanzas de Gregorio: “tilonorrinco, espiritrompa”. He ahí la respuesta diferenciada. He ahí un acto, del cual el sujeto es el efecto. Al gritar “asesino y rojo”, Monso asume una responsabilidad moral, hace “lo correcto”, hace lo que le piden, lo que le pide su madre. Pero, al decir “tilonorrinco, espiritrompa”, asume una responsabilidad subjetiva. Dice Oscar D’Amore, en su texto “Responsabilidad subjetiva y culpa” , que no existe una sin la otra: la culpa lleva a la responsabilidad; el sujeto se hace responsable de su acto en la medida en que se pone en juego la culpa, a través del sentimiento de culpa (la culpa ob-liga a responder, es decir, a hacerse responsable). Es entonces la culpa la que hace que Monso, luego de insultar a su maestro, siendo obediente al mandato familiar, escupa las otras palabras, que no son insultos sino quizás todo lo contrario. En el campo de la responsabilidad jurídica, es la responsabilidad la que antecede a la culpa: “Si [el sujeto] es responsable entonces es culpable” . Pero en el ámbito jurídico, el sujeto al que se hace referencia es el sujeto autónomo, aquel sujeto consciente, capaz de hacerse cargo de sus acciones. Esta figura deja por fuera a otras que no serían consideradas sujetos: los niños, los locos, los obedientes; estos son desresponzabilizados, es decir, no son pasibles de asumir responsabilidades. El sujeto al que nos referimos en el campo “psi”, en cambio, es totalmente diferente, ya que no es la conciencia la que lo rige, sino también la inconsciencia. Es el sujeto del deseo, el sujeto del inconsciente, aquel que “por definición no es dueño de su voluntad e intención” y es pasible de responsabilidad subjetiva en relación a eso de que no es dueño; una responsabilidad que, en palabras de Freud “atañe al sujeto en relación a aquello que desconoce de sí mismo” . Podría decirse entonces que Monso no ha tenido quizás la intención de proferir las palabras tilonorrinco, espiritrompa, que remiten directamente a su maestro, que son su maestro, pero lo hizo, fue más allá de lo que se suponía que hiciera, dijo esas palabras y, aunque no las reconozca como suyas, puede hacerse responsable por ellas.

2) En la pregunta anterior hemos hablado de aquellas acciones o dichos que el sujeto puede llevar a cabo sin sentirse responsable por ellas, creyendo que no le pertenecen, que son ajenas a su yo. Tal es el caso de, por ejemplo, las formaciones del inconsciente, como ser el contenido de los sueños, los lapsus, los olvidos de nombres, etc. En un primer tiempo, el sujeto dice o hace algo que le resulta irreconocible como propio, como por ejemplo, un lapsus. Esa situación bien podría ser ignorada, pero hay algo que interpela al sujeto en relación a ella, como podría ser la presencia de un otro que señala el fallido. Esa interpelación, que en términos del Circuito de la Responsabilidad subjetiva sería un Tiempo 2, lleva al sujeto, a través de la culpa (que ob-liga), de nuevo hacia su acción, hacia el Tiempo 1 (el fallido), instaurándolo como tal. Frente a la interpelación, el sujeto resignifica su acción o dicho. En el caso de Monso, podría decirse que las palabras que dirige a su maestro son el Tiempo 1 del Circuito, y es el propio Monso quien se interpela a sí mismo, ya que inmediatamente después de decir tilonorrinco, espiritrompa, lo vemos detener la corrida y dejar de arrojar piedras, para quedarse quieto, contemplando al maestro que se va. Esas palabras despertaron en él, de manera inconsciente quizás, el sentimiento de culpa por todo lo anterior, por las palabras anteriores, por la acción anterior, a través de las cuales “traicionaba” a Gregorio.

3) Fariña en su artículo “Responsabilidad: entre azar y necesidad”, nos explica que hay algunos sucesos que nos trascienden, que están fuera de nuestro alcance. Los seres humanos no somos responsables de todas las cosas que suceden a nuestro alrededor. El autor nos explica que todos estos acontecimientos, entran dentro del orden de la necesidad. Azarosos son en cambio sucesos que se producen aleatoriamente, sin determinación alguna.
En el film observamos que aparecen algunos designios de necesidad, cuando en la escena final, el padre de Monso es interpelado de la siguiente manera: sigue sus ideales y consecuentemente es encarcelado como los demás (en el mejor de los casos) o traiciona sus ideales, conserva la vida y a su vez sigue siendo el sostén de la familia. Esto es algo que se le impone al padre como necesario, lo trasciende y está más allá de su alcance. La respuesta frente a esta dilemática, lo colocara o no en una posición ética.
La escena final también interpela a Monso con respecto al orden de necesidad: su profesor ha sido capturado y será deportado. Este es un hecho frente al cual el niño se encuentra indefenso, y sin posibilidad de reacción. Lo único que puede hacer es profesar dos palabras tiernas, que dejan de manifiesto su posición ética.
El azar es algo mas difícil de captar dentro de la película, donde reina con mayor fuerza el orden de necesidad. Podríamos decir que es azarosa la escena donde los niños presencian el secuestro de personas por parte de las fuerzas militares, y que marcará la posición ética del niño. Esos secuestros suceden en la calle donde ellos viven y en el momento mismo en el que Monso está mirando por la ventana, pudiendo sin embargo haber sucedido de otra manera.

4) Sabemos que la culpa es aquello que surge ante una situación de interpelación; es la culpa la que ob-liga a responder, la que implica la responsabilidad subjetiva. Pero se trata de una culpa que implica “pasar por una experiencia analítica de deseo inconsciente que, una vez más, obliga” . Esa es la culpa que lleva a la respuesta, a la responsabilidad (subjetiva). Pero, la culpa ante la interpelación puede surgir de otras maneras: respuestas culpógenas (“Yo soy culpable”), o formaciones sintomáticas asociadas al sentimiento de culpa, donde ésta resulta “anestesiada” y, “anestesiada la culpa, no hay responsabilidad subjetiva” . Estos otros tipos de respuesta no implican una verdadera asunción de responsabilidad subjetiva; se relacionan, tal vez, con respuestas ligadas a la responsabilidad moral o jurídica. En el caso de nuestra película, el padre de Monso podría ser un ejemplo de un sujeto que, interpelado por la situación, no asume verdadera responsabilidad subjetiva en su respuesta, sino más bien se queda en un extremo culpógeno, ya que lo vemos insultar a los rebeldes, sus amigos, asumiendo así una responsabilidad moral; lo hace con lágrimas en los ojos, lo cual nos indica que no está a gusto con esa circunstancia: probablemente sienta culpa por estar insultando a sus compañeros (“traicionándolos”, si se quiere), con quienes, además, está políticamente de acuerdo. Pero, a diferencia de Monso, no lo vemos hacer más que eso. Insultar mientras llora. Se queda en un lugar de culpa, en un espacio cerrado de culpa, no lleva a cabo acto alguno, no crea nada, simplemente obedece de manera culpógena.
En el caso de Monso, también se observa la figura de la culpa, pero de modo totalmente diferente: en él la culpa aparece del modo en que la hemos descripto anteriormente, como aquello que obliga a responder. Esa es la culpa que se juega en la asunción de una responsabilidad subjetiva, la que lleva a una respuesta diferenciada (que “es precisamente la posibilidad de experimentar una relación más ética con el deseo” ), la cual sucede en lo que sería un Tiempo 3 del Circuito de Responsabilidad. Monso, al decir las palabras tilonorrinco, espiritrompa, está, como hemos consignado anteriormente, asumiendo una responsabilidad subjetiva, haciéndose cargo de su deseo, llevando a cabo un acto, dando una respuesta diferenciada, en la cual se diluye el sentimiento de culpa.
5) Como vimos más arriba, en el film “La lengua de las mariposas”, que nos ha tocado trabajar, el personaje en torno al cual se centra el análisis de la responsabilidad subjetiva es Monso, un pequeño niño de aproximadamente cinco años. La película se desarrolla en un pueblo de España, en plena guerra civil española, un país alborotado por las armas y por sectores que proclaman la república como forma de gobierno. Sobre el final del film la culpa es la que hace que Monso, luego de insultar a su maestro siguiendo el pedido de la madre, grite palabras diferentes: “tilonorrinco, espiritrompa”, esas que habían sido enseñadas por su maestro. Como hemos dicho anteriormente, es esta una posición donde quizás puede decirse que el niño no haya querido profesar dichas palabras, pero habiéndolo hecho, y aunque no las reconozca como suyas, puede responsabilizarse por ellas.
Diferente es la situación que nos plantea Sastre en su relato “El Muro”. Aquí se trata el tema de la responsabilidad subjetiva a través de la figura de Ibbieta. Así como la película, el cuento se desarrolla en plena guerra civil española. Nuestro protagonista es capturado por la dictadura e interpelado a hablar: se le pide que diga cuál es el paradero de Ramón Gris, uno de sus compañeros que luchaba también por la república, a cambio de salvar así su vida. Para Ibbieta, la vida había dejado de tener sentido, todo lo que había vivido hasta entonces era una mentira y se enfrentaba ante ello a la hora de la muerte. No le interesa confesar, más que para burlarse del Otro, de los generales que tenían su cuerpo a cargo. Así es como termina confesando que su compañero se había escondido en el cementerio, aun cuando él sabía que eso era una mentira. Ramón se encontraba en la casa de su primo sano y salvo, por lo menos esto es lo que pensaba Ibbieta, lo que creía saber. En su esfuerzo por burlarse de los generales, mintió, y mintiendo dijo la verdad, por que ahí encontraron a Ramón, en el cementerio, y éste fue ejecutado. ¿Es responsable Ibbieta frente a la muerte de Ramón? ¿Podría afirmarse que nuestro protagonista quiso deliberadamente provocar la captura y la muerte de su compañero? El azar aquí le ha jugado una mala pasada. Él no sabía que Gris había cambiado de escondite, y que había abandonado la segura morada de su primo. También la elección del lugar fue azarosa. Sin embargo esto no redime de responsabilidad a Ibbieta. Como bien señala Juan Carlos Mosca, Ibbieta “es responsable, quizás no culpable, pero responsable de abrir la boca, aun en la ignorancia. Responsable de haber deseado vivir. Responsable de querer burlar al otro, de querer engañarlo, aceptando al mismo tiempo sus reglas, su goce.[…]. Pero lo que emergió fue el sinsentido” .
Son posiciones éticas diferentes. En la película, el niño quizás desconozca el por qué del surgimiento de aquellas palabras mientras perseguía el camión que se llevaba a su maestro, pero sin embargo es bien capaz de responsabilizarse por ellas, es capaz de responsabilizarse por su deseo. Hubo un vestigio de libertad en Monso para poder decir aquello que su deseo tradujo en palabras. Ibbieta por su parte es responsable pero en él no hay culpa en sentido jurídico. En él no existe la libertad en sentido lato sino que hay una interpelación a hablar por parte del otro, de la cual él está sujeto. Queriéndose burlar termina manifestando su deseo de querer seguir viviendo, aunque sea un poco más.

Bibliografía consultada
• Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
• Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006
• D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006
• Fariña, J. J. M.: Responsabilidad: entre necesidad y azar, www.psi.uba.ar
• Ormart, Elizabeth. Comentario acerca del film “La lengua de las mariposas”, www.eticaycine.org



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