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Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología

Psicología Ética y Derechos Humanos
Cat. I – Fariña

SEGUNDO PARCIAL

PROFESOR REGULAR ADJUNTO: JUAN JORGE MICHEL FARIÑA

AYUDANTE DE TRABAJOS PRÁCTICOS: KLEINERMAN LUCILA

COMISIÓN: 3

ALUMNOS: CAETANO DAVID L.U. 313750160

IACOVELLA BÁRBARA L.U. 335475360

FECHA DE ENTREGA: 7/06/2010

Presentación
En el siguiente trabajo se abordará la película “La lengua de las mariposas” de José Luis Cuerda. Película de 1999, de origen español.
Narra la vida escolar en la Galicia de 1936, una época marcada por el inicio de la guerra civil española. Moncho, el joven protagonista, empieza la escuela, pero tiene miedo: Ha oído decir que los profesores maltratan y pegan. Pero se encuentra con un maestro simpatizante (Don Gregorio) de ideas liberales y republicanas que va a ser víctima de los terribles acontecimientos de la época, del triunfo de la sublevación fascista en ese pequeño pueblo gallego. Entre ambos, se genera un vínculo muy cercano, ya que pronto se da cuenta, que su maestro, Don Gregorio es un hombre bueno y que no es tan malo como Moncho se había imaginado. En lugar de toparse con un siniestro y autoritario personaje a la medida de los rumores que al respecto había oído, el niño se encuentra con un hombre sensible y entrañable dispuesto a saltarse las convenciones pedagógicas tradicionales e inculcar en sus alumnos el amor por la naturaleza, por las cosas sencillas, y la poesía. Don Gregorio inicia a Moncho en el aprendizaje de la vida y de la libertad. Juntos comienzan a explorar la naturaleza, especialmente la vida de las mariposas y su relación con las flores.
El fragmento de la película que seleccionamos para analizar de manera detallada, es la escena final en la cual encontramos a todo el pueblo reunido en la plaza principal, apoyando la asunción del nuevo régimen.
Es entonces cuando los hechos se suceden rápida y dramáticamente; y van a desembocar al trágico final, donde la libertad se ve truncada por el fascismo, y a Don Gregorio, que se mantiene firme y republicano por encima de cualquier cosa, se lo llevan los nacionales en un camión para matarlo ante la impotencia del pueblo que le insulta para no acabar como él. Entre ellos, encontramos a Moncho y su familia observando toda esta situación. Con el propósito de proteger a ésta y demostrar su postura de adhesión, la madre insta en primer lugar a su marido y luego a Moncho a insultar a los prisioneros republicanos. Allí es donde se pueden escuchar palabras como “Ateos”, “Rojos”, “Asesinos” entre otras.
Pero lo particular y llamativo de esta escena es que una vez que los prisioneros se están marchando, Moncho corre tras ellos junto a otros niños del pueblo, arrojándole piedras e insultos, y grita: “Tilonorrinco” y “Espiritrompa”, palabras enseñadas y transmitidas por Don Gregorio, en una de sus lecciones.
El análisis de la responsabilidad se centra en el pequeño Moncho, ya que surge el interrogante: ¿Es responsable el niño de sus actos? Y si lo es, ¿Qué tipo de responsabilidad cabe en el niño?
“Responsable es aquel de quién es esperable una respuesta. No digo ‘conciente de lo que hace’ ni ‘que se hace cargo de lo que dice’, sino culpable de lo que hace y dice.” Aquí se abre la posibilidad de vislumbrar una responsabilidad no referente a lo jurídico y/o moral, sino, por el contrario, a la responsabilidad del sujeto del inconsciente: Responsabilidad Subjetiva. Ésta se configura a partir de un sujeto no autónomo que no es dueño de su voluntad e intención. Entonces aparece un interrogante: más allá de la responsabilidad jurídica-moral, y más allá de su entendimiento conciente… ¿De qué es responsable Moncho? La interpelación exige respuesta más allá de lo que el Yo quisiera responder. La autora Elizabeth Ormart, se pregunta en relación al acto de Moncho de insultar al profesor motivado por la madre: ¿Qué puede hacer este niño? ¿Puede ser responsable de sus palabras? ¿Puede traicionar a su maestro o a su madre? Frente a estos interrogantes la autora propone lo siguiente: suponer que el niño por la etapa evolutiva que atraviesa, por el temor al castigo o solidaridad con su familia, no puede elegir. Entonces no tiene sentido plantearse un dilema ético alguno. Si en cambio, consideramos que hay un pequeño margen para la libertad en el pequeño Moncho, entonces la pregunta tiene lugar. La autora afirma que sólo puede haber elección si hay opciones, que solo puede haber responsabilidad si existe libertad.
Hipótesis clínica: En el caso de Moncho, hubo libertad para decir algo más que el estribillo de insultos. Un pequeño margen suficiente para la ética. Lo considera un acto creador, el cuál está más allá del temor. El temor de perder el amor de su madre, temer al castigo. Los insultos hubieran alcanzado para satisfacer el pedido de ella. Sin embargo, Moncho se aventura en separarse de ella y pronunciar tales palabras, poniendo en juego, el amor y la protección de su madre.
A partir de la situación planteada puede ubicarse el comienzo del circuito de la responsabilidad.
Primer tiempo. El sujeto lleva a cabo una conducta con determinados fines, suponiendo que en su accionar se agotan los objetivos para los cuales fue concebida dicha acción. Se trata de una acción voluntaria que Moncho lleva a cabo, obviamente reconociendo la influencia de los padres sobre él. Se realiza una acción determinada en concordancia con el universo de discurso en que el sujeto se halla inmerso, es decir Moncho actúa en base a lo que su pueblo espera de él. Esta visión implica un universo cerrado que se resiste al cambio. Esto lo situamos en el momento que Moncho insulta a los detenidos, tal como se lo indica su madre.
Segundo Tiempo. La acción iniciada en un tiempo uno interpelará al sujeto a partir de otro acontecimiento que le señala un exceso en lo acontecido y que resignificará la misma: El tiempo de la interpelación. El universo particular soportado en las certidumbres yoicas, se resquebraja posibilitando la emergencia de una pregunta sobre la posición que el sujeto tenia al comienzo del mismo. Momento propicio para la emergencia de una singularidad que, en consonancia con lo universal, demuestre la incompletud del universo previo. Esto se ve reflejado en el momento que el niño mientras arroja las piedras e insultos, suelta palabras, como tilonorrinco y espiritrompa. De esta manera, con estas palabras, nace una singularidad, que amplía los limites de un universo previo, que rechaza el sistema cerrado y el silencio propio alejado de la libertad, ya que resultan ser conceptos que no son insultos y que a la vez solamente eran compartidos entre el maestro y el niño. Se trata de un salto cualitativo, por algo esas palabras salieron de la boca de Moncho, algo sucedió en él, para que se filtraran de esa manera, donde no hay garante ni coro de aprobación, en este caso aprobación de su propia familia. Momento de interpelación que podría llegar a surgir en el protagonista. Moncho se preguntaria por su accionar, su abucheo. Además, nos llama la atención que el niño haya optado por salir corriendo detrás del camión sin que fuese un pedido de su madre, soltándole su mano, y a su vez emita esas palabras justamente cuando se encontraba alejado de ella.
Tal como plantea Oscar D´Amore la culpa depende de que previamente haya habido una interpelación, es en este sentido una condición para el circuito de la responsabilidad subjetiva: no hay responsabilidad sin culpa. Al respecto, Jinkis plantea que la culpa es la que hace posible el viraje subjetivo hacia la responsabilidad como acto ético. Solo mediante este pasaje por la culpa podrá instaurarse un tiempo tres donde surge un cambio en la posición subjetiva, donde el sujeto ya no es el mismo que antes. Es en este punto donde el sujeto debe responder, en tanto la propia interpelación exige una respuesta. Se abren distintas posibilidades de respuesta y no necesariamente implica una respuesta en términos de responsabilidad subjetiva. En el caso de Moncho, no podemos forzar la situación y determinar con seguridad que realmente se ponga en juego la culpa en él, ya que la escena no continúa luego de su accionar, y por lo tanto, desconocemos lo que sucedió después. No podemos saber con certeza de que manera responde, si adjudicándose como responsable subjetivamente o generando un taponamiento de la dimensión ética. Pero frente a esta incertidumbre podemos preguntarnos: ¿Con el tiempo, habrá podido Moncho separarse del deseo de su madre, y responsabilizarse por su accionar, como sujeto de deseo inconsciente?
Tercer tiempo. Tiempo de la responsabilidad, del cómo repercute el tiempo dos. Implica un cambio de la posición subjetiva del sujeto, es el momento en que el sujeto se hace responsable de su accionar, no en términos de hacerse cargo, sino como emergencia del sujeto: “El efecto sujeto es también una respuesta a la interpelación, pero ya estamos hablando allí de una dimensión ética. Y eso implica la noción de acto en la que el sujeto se produce (…) y es ético porque es el acto en el que se produce un sujeto de deseo inconsciente” . Como dice Gabriela Z. Salomone, la responsabilidad subjetiva concierne al sujeto en torno a aquello que desconoce de sí mismo, en relación a un propósito inconsciente que se encuentra más allá de la voluntad del yo pero que, sin embargo, propicia la acción. Es en este tiempo donde se produce una verdad que es propia del sujeto. Esta autora pone de relieve que el actor no se considera responsable o dueño de sus acciones, puesto que las razones de las mismas no tienen explicación razonable, sino que responden a un inconsciente no sabido. “El actor que nada sabe de un propósito que se les enlace, no se las imputa a sí mismo, ni se considera responsable de ellas” .
En base a estos aportes teóricos, podemos decir que no hallamos indicios de la existencia de un tiempo tres, debido a que el film termina y no aporta más datos que puedan llegar a dar cuenta de un pasaje por la culpa del protagonista y por ende de un cambio de posición subjetiva de él con respecto a su accionar.
La distancia entre el tiempo uno y el tiempo dos no se debe ni al orden del azar, entendiendo por esto a la incertidumbre, al orden aleatorio; ni al de la necesidad, entendiendo a ésta por lo que ocurre porque tiene que ser así, por ley, a aquello que va a ocurrir inexorablemente y que están por fuera de la voluntad humana. En la escena, no encontramos indicios del azar en el accionar de Moncho, porque la acción que lleva a cabo tiene una razón, una causa que busca un efecto. Por esto, la necesidad está presente en el hecho de que Moncho insulta y arroja piedras con un propósito, siempre se emiten palabras para que sean escuchadas por un otro, están dirigidas a alguien, ese movimiento y ese sonido indudablemente estarán determinados por leyes físicas y sonoras, por lo tanto tendrán un efecto específico (serán recibidos por Don Gregorio en este caso, él escuchara esas palabras y recibirá esos piedrazos), y no dependerá de la voluntad de Moncho.
Finalmente, haciendo una comparación conceptual de este caso con el de Ibbieta del cuento “El muro” de J.P. Sartre, encontramos que en este último se pueden recortar de una forma más clara los tres tiempos lógicos del circuito de la responsabilidad. Tenemos así un Tiempo 1 dónde ubicamos a Ibbieta, quien ya supuestamente se ha desprendido de todo deseo de vivir, “mintiéndole” a los falangistas sobre el paradero de su amigo “Gris”. Un Tiempo 2, en el cual Ibbieta se entera de que habían encontrado a Gris justamente en el lugar que él había indicado para engañar a los falangistas. De éste punto se deducen dos hipótesis clínicas: la primera, dónde podemos hacer responsable al personaje de su deseo de seguir viviendo un poco más, ya que él alerta sobre un posible lugar donde se podía hallar a Gris. Lugar que era muy difícil que esté pero una posibilidad al fin. De hecho allí se encontraba su amigo. Y la segunda hipótesis, hace referencia al porqué de la elección del cementerio como lugar de escondite, por parte de Gris, y a la elección del mismo lugar, por parte de Ibbieta, para engañar a los falangistas. Y un tiempo 3, en donde surge la Responsabilidad Subjetiva. Esto se puede apreciar, al final del relato, cuando el protagonista termina llorando de risa o riendo hasta las lágrimas. En cambio, en el caso de la película no podemos dar cuenta con certeza de los tres tiempos del circuito de la responsabilidad, solo del primero y el segundo, como se explico anteriormente. A su vez con respecto a la culpa, tampoco pudimos hallar indicios de ella, a diferencia del caso Ibbieta en dónde la culpa aparece de manera precisa, en el momento en que el protagonista se entera que su amigo Gris fue hallado en el lugar a donde él dirigió a los falangistas.
Vemos que en este cuento de Sartre, a diferencia del film analizado, hay una marcada influencia en el azar, que le hace a Ibbieta decir la verdad sobre el paradero de su amigo cuando él creía estar engañando a los nacionales. En el film “La lengua de las mariposas” no queda tan clara la aparición del azar, más si, un poco más la necesidad, en el accionar de Moncho.

A partir de todo este análisis, llegamos a la conclusión de que podemos considerar, que un acto humano no es simple en sí mismo, no se agota en el momento presente de ser llevado a cabo, deja huellas, marcas, que pueden lograr desde la responsabilidad de un sujeto por lo hecho, por su accionar, hasta diferentes mecanismos, que lo desentienden completamente de la acción propia. Y en relación a esto nos preguntamos… ¿Qué lugar le otorgamos a la responsabilidad en cada uno de nuestros actos? ¿Como funciona en cada uno de nosotros? ¿Qué lugar ocupa la culpa en nuestra vida?

Bibliografía:
• D’Amore,O. “Responsabilidad subjetiva y culpa”, en La transmisión de la ética; clínica y deontología, Vol I: fundamento, Letra Viva, 2006.
• Domínguez, M. E.: Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
• Freud, S: Psicopatología de la vida cotidiana, Amorrortu Editores, 1901.
• Jinkis, J: Vergüenza y responsabilidad. Conjetural, número 13. Editorial Sitio. Buenos Aires.
• Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
• Salomone, G., “El sujeto dividido y la responsabilidad”, en Salomone, G; Dominguez, M. Elena, La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol I: Fundamentos., Letra Viva, Buenos Aires, 2008.



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