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PSICOLOGIA, ETICA
Y
DERECHOS HUMANOS
“LA MASCARA DEL ZORRO”

2do Parcial Domiciliario
Catedra: Lic. J. M. Fariña
Profesora: Lic. Dominguez Maria Elena
Comisión: 10
Alumnas: Acutain M.Emilia L.U. 320183520
Baravaglio Adriana L.U. 119563000

2do Cuatrimestre 2010

A principios del siglo XIX en California, el Gobernador Español Don Rafael Montero que es derrocado por el Ejército Mexicano, es enviado a España. Antes de partir arresta a De la Vega, asesina a la esposa y adopta a su hija Elena, llevándosela con él.
Pasados veinte años, Rafael Montero regresa para recuperar las tierras de California. Diego de la Vega, el Zorro, logra escapar de la cárcel para vengarse de él.
Cuando se encuentra con Alejandro Murieta, un ladrón y bandido borracho que intenta enfrentarse con el asesino de su hermano, de la Vega quiere ayudarlo. Entonces le ofrece entrenarlo como caballero porque sabe que el capitán Love, asesino del hermano, esta entrenado para matar y le advierte a Alejandro que al no tener la misma habilidad, morirá rápidamente sin poder vengar a su hermano.
Para realizar el análisis de este fragmento cinematográfico, elegimos al personaje caracterizado por Alejandro Murieta, porque en él pudimos ubicar mejor un cortocircuito, un exceso que produce el quiebre del universo previo y que nos permitirá dar cuenta del circuito de la Responsabilidad subjetiva.
En el circuito de la responsabilidad podemos ubicar un tiempo 1, en el cual el sujeto realiza una acción que se supone se agota a los fines para la que fue realizada y donde está en juego un deseo ajeno para el yo.
Podemos ubicar el primer tiempo cuando Alejandro Murieta acepta la propuesta del Zorro y decide entrenarse con Diego de la Vega para adquirir la habilidad del Zorro y así vengar la muerte de su hermano.
El maestro de esgrima comienza a enseñarle como moverse, como pensar, como tomar la venganza con honor controlando sus sentimientos de odio.
Alejandro, identificándose con el Zorro, cree ya tener su fuerza. Vestido de Zorro, mira su imagen reflejada en el agua como en un espejo y se dice: “¡Zorro, te ves mejor que nunca!”.
En su aventura, luego de pelear con algunos hombres del pueblo, escapa montado en su caballo robado y marca una “Z” en un muro gritando: “¡Zorro, la leyenda ha regresado!”.
Sin embargo, él no era más que un bandido “disfrazado” de Zorro.
Cuando Diego de la Vega, le dice que el Zorro era un servidor del pueblo y que su actitud no era nada más ni nada menos que la de un vulgar bufón que sólo buscaba fama, Murieta le responde que él no le había pedido ayuda, que solo había aceptado su propuesta para tener su valor y no entendía que ahora que intentaba usarlo, se lo reproche.
La propuesta de Don Diego, se le presenta como solución que le ahorra el esfuerzo de recapacitar sobre su propio proceder. El síntoma egosintónico se impone y obtura toda vía de reflexión.
Su odio hacia el capitán Love no le permitía ver más allá y culpabilizando al Zorro (Otro) de su accionar se libera de la culpa moral. Ubicándose en el lugar de esclavo, queda determinado por un Amo al negar la implicancia subjetiva con “yo nada tengo que ver”.
Diego de la Vega confiaba en Alejandro, sabía que su habilidad había ido creciendo, pero faltaba enseñarle algo que estaba mucho más allá de su alcance. Debía enseñarle a ser un caballero para que pudiera entrar en el círculo de Rafael Montero y descubrir sus planes.
En este primer tiempo del circuito de la responsabilidad podemos ubicar la categoría de azar.
El azar o el destino hicieron que el Zorro se reencontrara con Murieta en el bar después de veinte años. Aquel muchachito huérfano que lo había ayudado una vez, hoy estaba irreconocible.
Su hermano Joaquín había sido asesinado por el capitán Love a las órdenes de Montero y Alejandro quería vengar su muerte. El borracho que el Zorro encuentra en la cantina, era Alejandro, y el Zorro antes de reconocerlo le propone entrenarlo para vengar la muerte de su hermano.
En este primer tiempo, Alejandro no puede hacerse responsable de sus actos adjudicando todo al azar. En el encuentro con el Zorro, al aceptar su propuesta queda sometido a un Otro completo, posición donde el deseo es el deseo del Otro como plantea Lacan.
También por azar se cruza con Elena por primera vez. En el fugaz encuentro, a pesar de que Alejandro esconde sus ojos detrás de una máscara, Elena queda cautivada por su mirada. De esto Alejandro se enterará más tarde.
A partir de aquí ubicamos un Tiempo 2, el tiempo de la interpelación subjetiva, es decir, cuando la acción realizada en el tiempo 1 se ve confrontada en este tiempo, con algún indicador que señala un exceso en lo acontecido anteriormente.
Cuando Alejandro logra entrar en el círculo de Montero, se entera de sus planes: Montero planeaba comprar las tierras con el oro de California que extraía de una mina escondida.
Invitado por Montero a visitar la mina, Alejandro ve a los prisioneros y entiende que debe hacer algo por ellos. Cuando Alejandro regresa a pedirle a Diego de la Vega que lo ayude a liberarlos, éste le responde que no irá con él, que él ya había dado su vida cuando su esposa fue asesinada y su hija secuestrada por Montero. Ahora solo debía hacer algo personal, seguir su corazón, Elena era lo único que le quedaba y no estaba dispuesto a perderla de nuevo.
Es en este momento, que Alejandro sorprendido por la respuesta del Zorro, baja la cabeza perplejo y se siente traicionado. ¿No era que el Zorro era un servidor del pueblo?
En este segundo tiempo la realidad lo enfrenta con algo imprevisto, no sabido, que lo interpela desde afuera y lo lleva a cuestionar su accionar del primer tiempo.
El universo particular soportado en las certidumbres yoicas se resquebraja posibilitando la emergencia de una pregunta sobre la posición que el sujeto tenía al comienzo del mismo. Al sentirse burlado, se abre la pregunta por la responsabilidad del sujeto. ¿Qué quiere de mí? ¿Qué hice? Como dice Gabriela Salomone, “la vergüenza nos pone en la pista de un sujeto interpelado por aquello que, aunque vivido como ajeno, le pertenece y perturba su intención consciente confrontándolo a un punto de sin sentido”. Es el momento propicio para la emergencia de una singularidad que demuestre la incompletud del universo previo.
Alejandro se enfrenta a un Otro que no tiene todas las respuestas, la caída de sus ideales lo lleva a resignificar el tiempo 1.
Entonces Alejandro se pregunta: ¿cómo entender la mentira? ¿para qué la traición? Un para qué, que le sugiere que hay una causa para ello y que abre la posibilidad de que pueda encontrar su propia respuesta para responder allí con su acto. Su síntoma, es ahora egodistónico, pasa a ser objeto de queja y padecimiento del cuál quiere librarse: “Usted me ha engañado, usted se ha burlado de mi”.
El tiempo 2 resignifica el tiempo 1, resignificación que dará cuenta de una respuesta del sujeto que advierta un cambio de posición frente a sus circunstancias.
Para que el tiempo 2 interrogue verdaderamente al sujeto es necesario que se cumpla una condición más: que la distancia que separa el tiempo 1 y el tiempo 2 no se deba exclusivamente a azar y/o necesidad. Por lo tanto, podemos ubicar aquí la hipótesis clínica que intentará explicar acerca de aquello respecto de lo cual se espera una respuesta por parte de Alejandro.
Haber creído que lograría su objetivo con el solo hecho de parecer-se al Zorro, lo confronta a una deuda que lo avergüenza. Al enfrentarse a la castración del Otro, Otro que no tiene todas las respuestas, es ob-ligado a asumir su propia castración. Cuando Diego de la Vega le retira la mirada que lo sostenía para dirigirla a su hija Elena, es en ese punto donde se manifiesta la falta estructural, Alejandro debe dar una respuesta. La culpa (angustia) es el motor que permite el movimiento que lo lleva a interrogarse por su acto del primer tiempo y exige una elección: seguir ubicándose como objeto de su Amo o enfrentar su existencia como sujeto.
Podemos plantear ahora un Tiempo 3 en el que se que verifica la responsabilidad subjetiva. Hay una toma de posición en relación a lo universal. Lo universal de la castración simbólica se realiza bajo la forma de lo singular. La responsabilidad es una respuesta a la castración. En este tercer tiempo, Alejandro es otro sujeto en términos subjetivos: otro nombre del sujeto que responde a la interpelación.
Alejandro puede hacerse responsable de haber sido esclavo de su Amo para velar la falta y no saber nada de la castración. En este punto, podemos introducir la categoría de necesidad. La muerte es un ejemplo del orden de necesidad. Si bien todos sabemos que algún día vamos a morir, con su deseo de venganza y su sometimiento a un Otro, Alejandro estaba poniendo en riesgo su propia vida. En este tercer tiempo, puede reconocer que el asesinato no es una justificación de ninguna forma y así se impone el respeto a la vida como valor ético universal y decide él mismo, liberar a los esclavos de la mina. Se trata aquí de una decisión tomada desde una posición subjetiva que acepta la lógica de la falta.
Lo universal-singular, horizonte de la ética, no se realiza sin lo particular que es el conjunto de códigos y valores de la época. Lewcowicz plantea que “una ley de un código que regula una situación cualquiera es siempre particular: está sometida hasta la sorpresiva irrupción de una singularidad que – destotalizando como particular la legalidad del universo previo - exija un gesto de suplementación en nombre de una ley más alta”.
Si nos ubicamos en el siglo XVIII, momento histórico del film, podríamos plantear que para defender el honor, como valor particular en esa época, se utilizaba el arte de la Esgrima. Salir airoso significaba dar con el florete el golpe maestro, la estocada perfecta que demuestre el talento humano y la eficacia del acto.
Nos preguntamos aquí si podríamos ubicar el arte de la esgrima como un efecto de particularismo, en el que un rasgo particular devendría condición universal, porque dentro de lo particular además podemos ubicar el “no matarás” de la religión.
En cuanto a la responsabilidad jurídica, Alejandro no es responsable de haber crecido en medio de una lucha por la dominación de las tierras; con el fin de liberar a los esclavos prisioneros en la mina, debe enfrentarse al capitán Love que respondía a las órdenes de Montero. En la lucha, da la estocada perfecta hiriendo a Love con su florete. Este acto no fue motivado por venganza, sino justamente cuando se hallaba en juego su propia supervivencia, por esto podríamos inferir que Alejandro no es culpable desde la noción de sujeto autónomo del discurso jurídico, entendiendo a la responsabilidad jurídica como una de las formas de la responsabilidad moral. Por lo tanto, no se observa un efecto de particularismo, no se viola el derecho a la vida como derecho humano universal. Podríamos decir entonces como plantea Lacan, que Alejandro solo puede ser culpable de haber cedido su deseo, ya que la responsabilidad subjetiva se configura a partir de la noción de sujeto del inconsciente, que no es dueño de su voluntad e intención.
Si Diego de la Vega le había enseñado a sobrevivir, ahora tenía los recursos para enfrentar su propia vida. Finalmente, ya sin la máscara (velo), puede dirigir su propia mirada hacia Elena que también significaba algo para él.
Se verifica un cambio de posición subjetiva en Alejandro porque aquel bandolero, ladrón, borracho e impulsivo, que ciego por el odio ponía en peligro su propia vida, logra hacer el duelo por su hermano muerto y causar su deseo eligiendo a Elena para formar una familia. Ambos tendrán un hijo al que llamarán Joaquín en memoria de su hermano.

BIBLIOGRAFIA:
• Michel Fariña, J. (1998). Lo universal-singular como horizonte de la ética. (Cap. IV). En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
• Michel Fariña, J. Responsabilidad: entre necesidad y azar. Ficha de Cátedra.
• Lewkowicz, I; Particular, Universal, singular. Cap. III. En "Ética un horizonte en quiebra". Eudeba.
• D’Amore, O.: Responsabilidad subjetiva y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
• Mosca, J.C.; Responsabilidad: otro nombre del sujeto. Cap. VIII. En “Ética un horizonte en quiebra". Eudeba.
• Calligaris, C.: La seducción totalitaria. En Psyché, 1987.
• Salomone, G. Z.: El sujeto autónomo y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
• Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
• Domínguez, M. E.: Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.



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