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UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES
FACULTAD DE PSICOLOGÍA
MATERIA: PSICOLOGÍA ÉTICA Y DERECHOS HUMANOS
PROFESOR: LUDUEÑA, FEDERICO
COMISIÓN: 27
FECHA: 10 DE JUNIO DE 2010

SEGUNDO PARCIAL DOMICILIARIO

INTEGRANTES:
DASTUGUE, LUCIANA; LU: 327153180
ZABALA, MARÍA; LU: 340287550

En el siguiente trabajo, nos interesa abordar básicamente dos puntos, el primero de ellos es la historia de Alan Hackman, el protagonista de la película “La memoria de los muertos”, tratando de encontrar los indicios en el film que nos lleven a concluir qué tipo de responsabilidad asume el sujeto, destacando a su vez el papel de la culpa, de cómo se ve marcado por un hecho acontecido en su infancia, llevándolo al extremo de considerarse un “devorador de pecados”. Un segundo punto a analizar, es cómo juega la mirada de los otros, principalmente en Alan, cuando se enfrenta a ciertas situaciones límites en la vida.
En relación a la película “La memoria de los Muertos”, Romina Galiussi, autora del comentario “Tratamientos de la memoria: ¿supresión o invención?”, destaca que el film se basa en la selección de recuerdos, con el fin de suprimir aquellos recuerdos que resulten displacenteros. Algunos sujetos tienen inserto en su cerebro un chip que registra todo lo vivido, y cuando ellos mueren, el chip pasa a manos de un experto que libera al sujeto de aquellos sucesos vergonzosos, íntimos, dolorosos, dejando sólo aquellos dignos de mostrarse en la despedida familiar. Aquí plantea la cuestión, de cómo algo tan privado puede devenir objeto de manipulación pública, y además, cómo las versiones del sujeto son filtradas y engendradas por un tercero. Intenta hacer un paralelismo con aquellas teorías que se encargan por ejemplo, de insertar recuerdo mediante sugestión, tal como es el caso de las “terapias de memoria reprimida”. A diferencias de estas teorías, el psicoanálisis plantea que el recuerdo no interesa por su exactitud, sino como trama simbólica que tiene su punto de gravitación en el encuentro del sujeto con lo real del goce. La autora pone el acento en cómo afectaría al sujeto el hecho de que se le suprimiera un recuerdo displacentero, en cómo continuaría su vida enfocándose en su futuro, en el supuesto caso que se borrara una parte de su pasado intolerable.
Nos parece importante tomar en cuenta, además, cómo el chip puede relacionarse con la mirada de los otros; es decir, cómo el sujeto que tiene implantado uno puede modificar su comportamiento en función de cómo se debería obrar en determinadas situaciones, sabiendo que toda su vida va a ser vista luego por aquel experto. Resulta paradójico aquí el caso de la mujer, planteado en la película, que había llevado una vida de descontrol y excesos hasta los 21 años, cuando le comunicaron que tenía el chip. A partir de allí, cambió su comportamiento, sabiendo que la privacidad y lo íntimo no estaban más presentes en su vida. Sin embargo, termina suicidándose, destrozando así el chip arrojándose desde un edificio.
Por otro lado, con respecto al comentario de Galiussi, nos parece importante destacar que en la película lo que está en juego no es tanto la modificación del recuerdo displacentero del sujeto, sino los buenos recuerdos que de él van a quedar en la memoria de los demás, a partir de suprimir aquellos recuerdos desagradables. Estos últimos, no van a tener efecto en el sujeto con el chip implantado, sino en los demás, mostrando una imagen engañosa o sólo una cara de la persona. Porque de lo contrario, si existiese la posibilidad de haber borrado ese recuerdo traumático en Alan en vida, el camino a seguir sería completamente diferente.
Continuando con el análisis del sujeto, tomamos como punto de partida la escena en la que se encuentran Alan y Luis, cuando tenían 9 años de edad, jugando en una fábrica abandonada. Alan pasa caminando sobre una madera que cruzaba de punta a punta un agujero en el piso, que daba a la planta baja, y una vez que lo cruzó insiste a su amigo Luis a que también lo haga, este se cae al piso inferior, y no da ninguna señal de vida. Alan, sale corriendo del lugar sin hacer nada al respecto.
Podemos sugerir un posible circuito de responsabilidad, tomando un primer tiempo lógico a la caída de Luis. Un segundo tiempo, está dado por el remordimiento y el arrepentimiento que se genera en Alan. Además, podemos consignar ciertos elementos de azar y necesidad que hicieron a la situación: dentro de los elementos de azar encontramos, que la madera cruce de punta a punta el agujero que da al piso inferior, que cuando Alan se acerca a Luis caiga un tarro de pintura roja al lado del cuerpo, interfiriendo en el recuerdo de Alan. Entre los elementos de necesidad, podemos decir, que el peso del cuerpo y la gravedad colaboraron para que Luis no se pueda sostener con sus manos cuando colgaba del borde de la pared y termine por caer y quedar “desmayado” en el piso.
El remordimiento y arrepentimiento que asignamos a Alan, se ve durante todo el film, no sólo porque modificó la versión del hecho, es decir, que tiene un recuerdo erróneo de aquella situación, (que luego descubrirá la verdad a partir de observar su propio recuerdo a través del chip) sino que también, dedicó toda su vida a trabajar como “devorador de pecados”, como él mismo se apoda, intentando liberar a los demás de la culpa, borrando sus recuerdos indeseados, como quisiera hacerlo consigo mismo. Decimos “como quisiera hacerlo consigo mismo”, debido a que durante todo el film, Alan argumenta su trabajo, diciendo que todo el mundo debe ser perdonado y morir en paz. Además, hace alusión a que trabaja para los que están vivos, y no para los muertos, y aquí esta el punto en donde creemos que toma importancia la mirada de los otros, y quizá preguntarnos cuál era el motivo que lo movía tan intensamente a Alan a recuperar el chip de Luis, una vez enterado de que en realidad luego del episodio siguió vivo, para un alivio propio o para evitar ser juzgado por los demás. Es decir, si lo que causó tanto remordimiento a Alan es no haber hecho nada para evitar la muerte de Luis, si lo que está en juego es el valor de la vida, cabe preguntarse por qué no lamentó su muerte posterior, en un accidente, o mejor, por qué sintió alivio sólo al ver que en realidad él no se había comportado como recordaba, que había tratado de hacer algo para ayudarlo. Que, en todo caso, cuando más tarde su chip sea visto por otros, él había obrado “correctamente” según la moral, y no había actuado como aquel niño rebelde que aparece en su primer recuerdo.

Por otra parte, hacia el final, cuando descubre que él no fue quien ocasionó el accidente, por qué deja de importarle ya su trabajo diciendo: “me cansé de la vida de los demás”.
Con respecto a la responsabilidad subjetiva, en el texto Responsabilidad subjetiva y culpa, D´Amore plantea dos cuestiones : una es que “no hay responsabilidad subjetiva sin culpa”, y otra cuestión, y la que consideramos más importante para esta situación, es que supone que “un proceso que hace cuerpo en la culpa es tapón y obturador de la emergencia subjetiva, la culpa puede mantenerse sin el advenimiento del sujeto”. Esto último es lo que sucede en el caso de Alan, quien carga durante toda la vida con la culpa que le suscitó el hecho traumático, quedando además, eximido del campo de la responsabilidad subjetiva. Podemos agregar, siguiendo a D´Amore, que es una respuesta culpógena, en la que no hay implicación, sino que se transforma en el sujeto joya que encuadra perfectamente en la coordenada de una respuesta moral u objetiva. Es decir, la respuesta moral de Alan estará vinculada a si fue responsable o no de la muerte de Luis, de si obró bien o mal frente a dicho suceso, y de esta manera queda encerrado en el campo moral, sin poder acceder a la dimensión ética donde se pondría en juego su singularidad y su encuentro con la responsabilidad subjetiva, permitiendo de esta forma su advenimiento como sujeto. Haciendo un paralelo con la responsabilidad jurídica, podemos decir que al ser un niño cuando sucedió el hecho, lo hace inimputable, no se lo considera un sujeto autónomo y entonces, si no es responsable tampoco es culpable.
Podemos decir por último, que Alan se libera de la culpa cuando descubre que no fue el ocasionador del accidente, pero mientras tanto no asumió su responsabilidad subjetiva. A partir de esto, un camino a seguir para una hipótesis clínica podría ser el hecho de que ese remordimiento que lo acompañó toda la vida, cargando además con pecados ajenos, podría ser un indicador de un pagar de más.
A partir del caso Ibbietta podemos hacer un paralelismo entre ambos casos, comparando la responsabilidad subjetiva y la culpa. Podemos decir que a partir de los tiempos lógicos de ambos sujetos, a pesar de que podemos ubicar un tiempo 2, ninguno de ellos pudo asumir la responsabilidad subjetiva. En el caso Ibbietta, a pesar de que mencionó el cementerio por azar, no lo exime de asumir la culpa de haber contestado; es decir, podría no haber hablado, o decir alguna incoherencia, y sin embargo, aunque la posibilidad de que Gris estuviera en el cementerio fuera remota, existía. Por ende, no puede invocar al azar, porque de esa forma se borra el sujeto de toda responsabilidad, borrando su acto.



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