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Facultad de Psicología

Universidad de Buenos Aires

Psicología, Ética
y Derechos Humanos

Cátedra I – Fariña

Curso de Verano 2010: Segunda Evaluación

Alumna: María Victoria Puglia
Comisión: 04
Libreta Universitaria: 326402130
E-mail: vicp@hotmail.com
Teléfono: 02323-15525810
Fecha: 25 de Febrero de 2010

FICHA TÉCNICA DEL FILM

Título: LA MEMORIA DE LOS MUERTOS (The final cut)
Dirección y guión: Omar Naïm.

País: USA.

Año: 2004.

Duración: 96 min.

Género: Thriller, ciencia-ficción.

Interpretación: Robin Williams (Alan Hackman)
Mira Sorvino (Delila)
Jim Caviezel (Fletcher)
Vincent Gale (Simon)
Mimi Kuzyk (Thelma)
Thom Bishops (Hasan)
Genevieve Buechner (Isabel Bannister)
Michael St. John Smith (CharlesBannister)

La memoria de los muertos: el Devorador de Pecados

En un futuro no muy lejano, la tecnología ha conseguido implantar un chip orgánico (Chip Zoe) en el cerebro humano antes de que la persona nazca. Dicho chip se desarrolla con él o ella durante toda su vida, almacenando cual disco duro absolutamente todas sus vivencias. Cuando la persona muere, un técnico edita las partes más significativas de su existencia en lo que se denomina un “Rememorial”, un cortometraje de aproximadamente dos horas que se proyecta durante el funeral.
Los técnicos, llamados editores o “montadores” tienen un código ético:
1. Un montador no puede dar o vender material de un chip Zoe.
11. Un montador no puede tener un implante Zoe.
111. Un montador no puede mezclar imágenes de vida de diferentes
chips Zoe para una misma remembranza.

Acerca de The final cut (La memoria de los muertos), el comentario de Romina Galiussi se refiere al contenido social del film. En su artículo, la autora propone “abordar el dilema que gira en torno al intento de la ciencia de suprimir aquellos sucesos displacenteros, temática que impone pensar en el estatuto de la memoria y sus diversas formas de tratamiento” .
Tomando diferentes recursos literarios y fílmicos, Galiussi analiza la existencia de ciertos métodos terapéuticos utilizados para manipular recuerdos. Plantea, acerca del mencionado film, la cuestión de cómo puede devenir “objeto de manipulación pública” algo tan privado como las vivencias de un sujeto.
Cabría entonces preguntarnos acerca del derecho personal a la privacidad y la libertad de guardar para nosotros mismos ciertos hechos que podrían avergonzarnos. ¿Qué es entonces lo que surge de esa manipulación si quien selecciona la versión de sujeto a exhibir es un tercero que nada tiene que ver con dicho sujeto? La cuestión se vuelve controvertida en casos en que el sujeto se ha llevado a la tumba secretos referidos a depravaciones, delitos, crímenes.

El director del film incluyó además una dimensión que hace que la historia pase todo el tiempo del plano de lo social, al plano de lo personal: la vida de Alan Hakman (Robin Williams), un recuerdo traumático de infancia y la culpa que éste le genera . Tal como propone Fariña, si hay culpa en el terreno de la conciencia, referida a cierto suceso (el recuerdo de una situación infantil, la muerte de Louis) entonces el analista debe saber que algo de la responsabilidad está pendiente. “Lo Real” de la culpa es la responsabilidad.
El protagonista, Alan Hakman es el mejor montador, ha demostrado tener la capacidad de garantizar “la absolución” de sus, a menudo, corruptos clientes. Se ha convertido así en el más solicitado entre sus colegas.
El cuestionamiento social está representado por el personaje Fletcher (Jim Caviezel) un ex-montador que conoce a Alan desde hace mucho tiempo, reaparece después de varios años como representante (líder) de un grupo de “activista anti-Zoe”, que lucha férreamente contra la colocación de esos implantes, defendiendo el derecho a la privacidad de los seres humanos y criticando la influencia de estos chips en la creciente y degenerativa inhibición de la sociedad.
Tomaremos a los fines de nuestro análisis el personaje Alan Hakman. Éste impresiona como un sujeto con talento para ver la vida de otros (por medio de las grabaciones de chips Zoe) sin mediar emoción alguna, un hombre distante, incapaz de experimentar la propia vida en primera persona; alguien que hace de su existencia un obligado voyeurismo de los recuerdos privados de los muertos. Ser un montador significa para Alan ser un “Devorador de Pecados”, ya que su trabajo consiste para él en absolver a los muertos por sus faltas. Con esta figura se identifica, aclarando que en la antigüedad éstos eran proscritos y marginados.
En relación a lo anterior se ubica una acción como Tiempo 1 del circuito de responsabilidad. Alan Hakman acepta un trabajo de montaje en el que debe editar la vida de un fallecido de conducta poco ejemplar (un alto ejecutivo de la empresa Eye Tech, fabricantes de los implantes Zoe), del que debe omitir su pasado como pederasta. Hasta allí nada hace pensar que esta acción pueda ir más allá de las intenciones de Hakman (realizar un buen trabajo).
La Dimensión de Azar aparece entonces al menos en dos acontecimientos (escenas). En un primer momento Hakman descubre un “Louis adulto” (o al menos a alguien con rasgos muy parecidos a él) en una escena de la vida del ejecutivo mencionado, de apellido Bannister. Azarosamente, llegó a manos de Hakman una imagen de su amigo en una fiesta a la que asistió varios años antes. Si la viuda hubiera encargado el Rememorial de su marido a otro montador, él nunca hubiese descubierto esa imagen de Louis adulto, continuando así con su creencia de que había muerto según lo que le indicaban sus recuerdos . He aquí también algo del Orden de Necesidad , los recuerdos existen más allá de la voluntad de los sujetos. Alan no podría haber evitado recordar el gesto de Louis, la manera de limpiarse los anteojos y ciertos rasgos de su cara, no podría haber evitado asociar a ese sujeto adulto con alguien que cree murió de niño. Ese recuerdo, esa asociación no fue voluntaria, Alan no pretendía concientemente hallar a Louis en esa escena de la vida de Bannister; pero tampoco pudo evitarlo, el recordar (así como el olvidar) es condición inexorable del hombre.
Un segundo acontecimiento azaroso se sucede (y es este sin duda un momento clave para nuestro análisis) cuando Hakman descubre que él mismo es portador de un chip Zoe. Una serie de sucesos dirigidos a encontrar a aquel amigo de la infancia lo lleva a descubrir que su amigo ha muerto pero no cuando él lo creía sino ya siendo adulto, en un accidente vial. Hakman llega a los archivos de la empresa Eye Zoe, intentando averiguar si Louis Hant tuvo un chip Zoe (lo que le permitiría saber finalmente cómo sucedieron las cosas). Parado frente a la documentación de clientes con apellido comenzados con H, encuentra una ficha bajo el nombre “Hakman, A”. Posiblemente nunca se hubiese enterado de ese hecho ya que los únicos que lo sabían eran sus padres, quienes murieron en un accidente automovilístico antes de que él cumpliera veintiún años (edad en que se recomienda que los padres informen a sus hijos acerca del implante que portan).
Se sitúa aquí el Tiempo 2 del circuito de responsabilidad ya que descubrir que él mismo es portador de un implante Zoe no puede más que interrogar a Hakman: resuena entonces en su pensamiento una pregunta que alguien le hizo “¿Y qué pasa con el devorador de pecados que carga con todos esos actos?” Están en él, no puede borrarlos (al menos mientras esté con vida), todas las escenas desagradables, dolorosas, íntimas, vergonzosas o miserables, de las que él con un “Delete” liberó a los muertos. Él realmente “se tragó” todo eso (tal como lo hacía el devorador de pecados con el pan). ¿Sigue siendo un sujeto capaz de perdonar los pecados de los portadores (muertos), ahora que él es uno de ellos?
Cuando Hakman acepta el trabajo del Rememorial del ejecutivo de Eye Tech (Tiempo 1) lo hace sin saber que una serie de sucesos lo llevarían a descubrir que él mismo tenía un implante Zoe. Es decir, “el personaje lleva adelante una conducta con determinados fines, en el supuesto de que su accionar se agota en los objetivos para los cuales fue concebido” .
Este segundo tiempo resignifica al primero, que deja de ser sólo un trabajo más, aceptar hacer el Rememorial del ejecutivo trajo para Alan consecuencias no calculadas. Siguiendo esta línea de pensamiento, es posible aludir a dos tiempos donde “el segundo anota la eficacia del primero a posteriori” .
Resulta al menos llamativo que el sentimiento de culpa aparezca por primera vez en Hakman (en el film), en una escena en que es cuestionado por Fletcher que lo confronta con lo horroroso de su trabajo . En ese momento Hakman recuerda (por primera vez en el film) la situación infantil anteriormente descrita. No podemos saber si el personaje tuvo desde antes ese recuerdo atormentador, o éste sólo “despertó” a partir de las palabras de Fletcher.

La Hipótesis Clínica gira entonces en torno a la “necesidad de borrar”, quizás necesidad obsesiva. Necesidad de borrar desplazada a su “función” de Devorador de Pecados, borrando la vida de los otros logra olvidar su propia vida, convertirse en mero “intermediario”. Ser montador es para Hakman la manera de evitar vivir sus propias experiencias, hacerse cargo de su vida, de sus recuerdos. Su necesidad de ser un devorador de pecados, de cargar con la culpa de los muertos, daría cuenta de una tendencia a la autodestrucción (Pulsión de Muerte). Es pertinente recordar aquí que para Freud, la culpa puede expresarse como necesidad de castigo: ser un Devorador de
Según la hipótesis clínica por medio de su trabajo Hakman hace más que expiar faltas ajenas; su Yo se procura autopunición, alimentando así el sentimiento de culpa enlazado (por desplazamiento) a la muerte de Louis.

En el Tiempo 3 del circuito de responsabilidad se espera “una respuesta que suponga un cambio de posición del sujeto frente a sus circunstancias” . Hay un acto que se relaciona con un deseo inconciente que acerca al sujeto a conocer quién es en realidad y qué es lo que quiere.
Alan decide destruir el chip implantado en su cerebro, la única forma de lograrlo es haciéndose un tatuaje con tinta electrosintética que crea un campo magnético evitando que el implante continúe generando audio y video. Cabe la pregunta: ¿por qué decide hacerse el tatuaje? ¿Pretende unirse a los activistas anti-Zoe? ¿O sólo lo hace como forma de reparar la irresponsabilidad en que incurrió como montador al no conocer que tenía un implante?
“El gesto de asumir responsabilidad es genuinamente jurídico y no ético, e implica simplemente ob-ligarse, hacerse cautivo, para garantizar una deuda.” Ob-ligarse implica poner el cuerpo, en este caso, tatuarse el cuerpo.
Hakman (su Yo) acepta la culpa moral, reconociendo que violó el Código Ético de los Montadores , sin embargo no hay ningún indicio certero que invite a pensar que allí se juega algo de la responsabilidad subjetiva. Tal como afirma D´Amore “la culpa moral está en las antípodas de la culpabilidad del deseo” . Aunque esta es una forma de responder (el tatuarse) no se ha llegado al tercer tiempo del circuito de responsabilidad, es una “respuesta ad hoc a la interpelación” , una respuesta desde la responsabilidad moral.
Algunos minutos después el protagonista del film sorprende al espectador. Hakman decide intentar (por medio de una maniobra que implica peligro de muerte para él) un acceso a su propio metraje, “a sus memorias” (las escenas grabadas en su propio chip). Decidido, sabe perfectamente qué es lo que va a buscar allí: la escena de la muerte de Louis.
Es en el diálogo con quien lo ayuda en esta arriesgada empresa que confirmamos que el accionar de Alan no tiene que ver solamente con responder en términos de responsabilidad moral. Dice el protagonista: “Un recuerdo, un único incidente me ha convertido en quien soy y no me deja vivir, la culpa está destrozándome, tengo la oportunidad de descubrir la verdad y he de aprovecharla.” Evidentemente esta explicación está lejos de ser una respuesta a la Pregunta “¿Qué tiene que ver usted con todo esto?” Sin embargo, se puede pesquisar un sujeto que asume, por primera vez durante el film, su situación (lo cual no es poca cosa): que este recuerdo atormentador no lo deja vivir su propia vida.
Se observa “una trasformación de la cual el primer sorprendido es el propio protagonista” . Ha podido poner en palabras su angustia, expresando que se siente “preso” de una culpa sobre un hecho que ahora parece no ser verdad. Efectivamente comprueba como sospechaba que Louis no murió como él creía el día que jugaban juntos. Estaba vivo.
Frente a la decisión de recuperar el verdadero recuerdo Alan se enfrenta a una nueva condición: ya no puede haber culpa por la muerte de Louis porque en la “escena real”, a diferencia de lo que Alan recordaba, Louis estaba vivo.
Es en el desvanecimiento de la culpa que la responsabilidad subjetiva puede advenir. El sujeto se sabe culpable pero no de la muerte de su amigo sino de haber cedido en su deseo; alienando su vida se convirtió en un Devorador de Pecados, viviendo sólo a través de los muertos. Ante esta “revelación” se abre la posibilidad de que advenga un nuevo sujeto.
Puede conferírsele a la decisión de Hakman (recuperar el verdadero recuerdo) la categoría de acto, el cual da lugar al advenimiento de la Responsabilidad Subjetiva. Se ubica aquí el Tiempo 3 del circuito de responsabilidad. Hakman debe hacerse cargo de que vivió purgando una condena por un hecho que “no fue” (la muerte de Louis). He aquí la posibilidad de advenimiento de un nuevo sujeto, la posibilidad para Alan de vivir sus propias experiencias, de vivir la vida “en primera persona”. Las normas no le permiten seguir siendo montador, igualmente Hakman sabe que ya no necesita serlo.
Al retrotraernos algunas escenas descubrimos indicadores que apoyarían esta hipótesis. Cuando descubre en los archivos de Eye Tech que él mismo tiene un implante Zoe, Hakman cae preso de un ataque de angustia, durante el cual, sentado frente a un espejo, grita “¡Ese soy yo!” al tiempo que lo golpea fuertemente rompiéndolo con su puño. En medio de dicho ataque de angustia resuenan en Hakman algunas frases (dirigidas por otros a él), que cobran nueva significación. Frases como: “Coges la vida de la gente y construyes una mentira” “¿Y qué pasa con el devorador de pecados que carga con todos esos actos?”
De repente, Hakman ha descubierto que todos esos recuerdos horribles que él mismo se encargó de borrar (“Delete”) están grabados en su chip, por más que los haya borrado de la vida de esos muertos, estarán en su(s) “Memoria(s)”, al menos hasta que cuando muera alguien las edite (borre esas imágenes). Descubre que ha pasado su vida frente a una “Guillotina” , purgando a otros por sus malas acciones. Ha sido un Devorador de Pecados, pero ahora, quién podrá perdonarlo a él, no ya por lo sucedido con Louis (pues tiene la certeza él no murió ese día cuando jugaban juntos), quién lo perdonará por haber dedicado su vida a expiar faltas ajenas, faltas que quizás no tenían perdón en el “Mundo de los Vivos”.
Es tiempo de Responsabilidad Subjetiva. Responsabilidad que, al decir de Salomone (tomando a Freud), interpela al Sujeto más allá de las fronteras del Yo, interpela al Sujeto del Inconciente .

Es posible establecer un paralelo entre el circuito de responsabilidad propuesto en el caso de Ibbieta y el propuesto para el protagonista de La memoria de los muertos.
El ser de la testarudez en el caso de Ibbieta es la figura que denota en el Tiempo 1 del circuito de responsabilidad, una intención (la de hacerles una jugarreta a los Falagistas). Es una acción que el sujeto emprende con determinados fines, sin embargo será en un Tiempo 2 que el personaje recibirá indicios de que esa acción emprendida en un Tiempo 1 fue más acá o más allá de lo esperado (de su intención).
Es sólo en un Tiempo 3 que podrá, a pesar de los elementos de azar y de necesidad, precisamente en la grieta que se abre entre ambos, devenir la responsabilidad de Ibbieta por haber afirmado (en aquel Tiempo 1) “En el Cementerio”. Adviene Subjetividad.
Comparado con el caso de Ibbieta, el circuito de responsabilidad propuesto en el caso de Hakman cumple también los tres tiempos, analizados con en anterioridad en el presente texto. El personaje da en un primer momento una respuesta ante su responsabilidad moral, lo cual sugiere que no va camino a llegar a un tercer tiempo. Sin embargo, en un acto repentino, impensable para el espectador hasta ese momento, adviene un nuevo Sujeto, el de la Responsabilidad Subjetiva. Dice J. Carlos Mosca, “¿Cuál es la importancia de cómo se ubique el Sujeto frente a esto que “le ha sucedido”? No se trata de utilidad práctica para la justicia, para formarnos una opinión respecto de su “moral”, ni para cambiar algo de los hechos. Pero sí es importante para el mismo Sujeto.”
En otro pasaje de su texto, el mismo autor abre la posibilidad de pensar en un “saber no sabido” que hace que Ibbieta elija la palabra Cementerio. Así como en este caso, en el caso de Alan Hakman se podría pensar en un “saber no sabido” del personaje respecto a que él mismo tiene un implante Zoe. Esta línea de pensamiento queda en suspenso en ambos casos debido a que no se cuenta con elementos suficientes ni en el texto ni en el film para desarrollarla.
En el caso del cuento de Sartre, el azar se expresa en el hecho de que ambos amigos Gris e Ibbieta se hallen al mismo tiempo y por circunstancias distintas ante la amenaza de muerte. Por otra parte, el orden de necesidad se relaciona con la condición que le es impuesta a Ibbieta, alguien iba a morir, él o Gris. Es condición de esa guerra la muerte de los anarquistas, es condición de necesidad. En comparación con el caso de Alan Hakman, hallamos también las dimensiones de azar y necesidad (anteriormente descriptas).
La responsabilidad en Ibbieta se relaciona con la hipótesis clínica propuesta en este caso, según la cual no sólo el deseo de vivir llevó a Ibbieta a improvisar una broma para los Falangistas. Más allá de eso, que incluso podría ser percibido (preconcientemente) por el propio sujeto, algo del orden del deseo se juega en la elección de la palabra Cementerio. Es una palabra con valor no calculado para Ibbieta. Cierto punto sobre el que no hay certezas anuda a Gris y a Ibbieta en el Cementerio .
Así mismo, Hakman es culpable (al igual que Ibbieta) de “haber cedido en su deseo” , al decir de Mosca “ante el deseo el Sujeto cede, se desvanece, se inhibe” .Tanto para Ibbieta como para Hakman, cabe la siguiente afirmación: “El sujeto es siendo. Nunca del todo realizado, pero siendo. De eso debería dar respuesta, de la razón de su ser en la razón deseante, en lo calculable y también en lo incalculable y no representable de su ser”. Respecto a eso incalculable podemos citar en Ibbieta el mencionado punto que anuda a Gris y a Ibbieta en el Cementerio. En el caso de Hakman, lo incalculable queda del lado de su “ignorancia” acerca de su condición de “Portador”.

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