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UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES
FACULTAD DE PSICOLOGIA

PSICOLOGIA ETICA Y DERECHOS HUMANOS
CATEDRA I CODIGO: 71
Profesor Titular Adjunto: Fariña, Juan Jorge Michel.

Parcial domiciliario

“Análisis del film La muerte y la doncella, de Roman Polanski”

 Profesora trabajos prácticos: Lic. Gabriela Levy Daniel

 Profesora ayudante de trabajos prácticos: Lic. Flavia Navés

 Integrantes: Alonso, María Celeste LU: 314133870
Bentolila, Zaida Carolina LU: 318503950

 Cuatrimestre de cursada: Curso de verano 2010

 Fecha de entrega : 25 de Febrero de 2010

1. Tomando en cuenta el comentario sobre el film. ¿Cuál es el personaje sobre el cual se centra la responsabilidad subjetiva? ¿Propone el autor alguna hipótesis al respecto? En caso afirmativo explique consignado los indicadores.

Tomando en cuenta el comentario sobre el film, realizado por Juan Jorge Michel Fariña, centramos la responsabilidad subjetiva en el personaje de Paulina Escobar.
Freud ubica la responsabilidad subjetiva “en relación a aquel propósito inconsciente, que, ajenamente a la voluntad del yo, propició la acción”. Es decir, que se refiere a una acción cuyo propósito es desconocido para el sujeto. Toda acción del ser humano posee motivaciones conscientes e inconscientes. La responsabilidad no se refriere sólo a los motivos conocidos para el sujeto, sino también a sus pensamientos más profundos, a veces incluso, inaceptables para su yo.
Para Paulina, la motivación consciente era obtener una confesión por parte del Dr. Miranda. Pero tras ello, se solapa un deseo inconsciente: la confesión de su marido acerca del engaño, y la propia, en cuanto a detalles de la tortura a la cual fue sometida. Hay un reclamo por el lugar de la palabra que hasta entonces no se le había concedido.
Al respecto el autor propone dos hipótesis: una de carácter manifiesto, centrada en el personaje de Miranda; donde intenta demostrar la impunidad con que han sido tratados a lo largo de la historia los responsables del terrorismo de Estado. Toda la película gira en torno a la confesión que Paulina quiere obtener del Dr. Miranda, quien la torturó y violó años atrás. Escena tras escena se ve la tortura física a la que es sometido Miranda. La temática de la impunidad el autor la trabaja desde el comienzo de la película, donde el médico se encuentra en libertad, viviendo tranquilamente junto a su familia, y al terminar la película lo encontramos en la misma posición, disfrutando junto a su familia un concierto.
La segunda hipótesis, más solapada, se refiere a una confesión dentro del matrimonio, pues el médico es sólo una excusa que sirve a Paulina para traer a discusión temas nunca antes hablados. Al comienzo, se ve a Paulina molesta con su marido, ya que éste había aceptado presidir la comisión que investigaría los asesinatos cometidos durante la reciente dictadura militar. El enojo de Paulina se debe a que ella no tendrá posibilidad de palabra, ya que su confesión no será necesaria: no se juzgaran los casos de tortura, sólo los de asesinato. Este reclamo por la palabra también se manifiesta en la escena en que confiesa a su esposo Gerardo, haber sido violada catorce veces. En la siguiente escena, mientras su marido le pregunta sorprendido acerca de las violaciones, ella hace uso de la situación para interrogarlo sobre la cantidad de veces que lo había engañado. Así se evidencia que Miranda es sólo un pretexto para “traer a discusión temas nunca antes hablados” en el matrimonio. Pues, si hay un Otro que nos significa a través de la palabra, y Paulina no tiene lugar en el discurso de su marido, entonces, ¿Qué lugar ocupa ella en su vida?

2. Sugiera el circuito de responsabilidad (tiempos lógicos) que organizan la situación.

La responsabilidad subjetiva se organiza en tres tiempos lógicos. El primero es el de la acción propiamente dicha, el sujeto tiene intención de realizar una acción y cree que puede predecir sus resultados. En el caso de la película, Paulina tortura a Miranda con la intención de obtener una confesión por parte del mismo.
Hay un segundo tiempo que resignifica a este primero, y al mismo tiempo lo funda, es un indicador de que ésta acción fue más allá de lo calculado por el sujeto, se trata del momento de la interpelación. Paulina luego de atar en la silla a Miranda y recordarle al mismo que había sido violada, es interpelada por su marido acerca de este hecho. Él le dice: “¿Por qué no me lo contaste?”. A lo que ella responde: “No me lo preguntaste (…) Lo sabías. Eres un experto, has oído cientos de horas de testimonios. Nos lo hicieron a todas”. Enseguida pregunta “¿Gerardo, me quieres?”, “¿Cuántas veces me engañaste con “esa mujer”?” “¿La amabas?” … Pero estas preguntas no se dirigen solamente hacia su esposo, también se dirigen hacia sí misma. Es en este momento que ubicamos el tiempo 2, momento en el que las preguntas de Paulina dejan de estar dirigidas a obtener una confesión de Miranda, y se dirigen al interior de su matrimonio.
Ahora bien, toda interpelación exige una repuesta. La repuesta que su marido le brinda es que sí la quiere, y que no le preguntó si había sido violada porque pensó que ella ya se lo había contado todo.
Las respuestas a este segundo tiempo pueden tener un carácter singular que permite al sujeto tomar una posición ética, inaugurando un tercer tiempo que va más allá de la lógica particular. O bien, estas respuestas pueden quedarse en la lógica de lo moral-particular, que es lo que ocurre en la película. Lo particular se asienta en un sistema de códigos compartidos. De este modo, Paulina, al situarse en la lógica de su marido, (lógica del Otro), acata esos códigos y no da lugar al surgimiento de algo novedoso, singular, pues no se ha suplementado nada en el restringido universo situacional. No encontramos un tercer tiempo en esta situación, ya que no hay espacio para el surgimiento del sujeto en tanto acto.

3. Establezca los elementos de azar y necesidad presentes en la situación, consignando los indicadores respectivos.

El azar implica incertidumbre, es algo que no se puede anticipar, y por eso no atañe al sujeto. Se refiere a aquello que acontece sin que él tenga posibilidad de participación intencional.
La necesidad, en cambio, es algo que ocurre necesariamente, que se puede anticipar, tiene causa y efecto. Cuando rigen íntegramente azar y necesidad no hay lugar para la responsabilidad, esta última aparece cuando hay una grieta entre necesidad y azar. En el film del cual nos ocupamos, la necesidad y el azar no explican todo lo ocurrido. Es por azar que deja de funcionar el auto del marido de Paulina ya que se trata de algo que no se puede anticipar, sobre lo que el sujeto no puede influir, pero es por necesidad que alguien tenga que llevarlo a su casa, una vez que el auto está roto, no tiene posibilidad de volver a su casa por su propios medios, necesariamente debe ser ayudado para volver. Hay una relación causa- efecto, que alguien lo lleve es efecto, la causa es que la goma del auto se haya pinchado. Pero por azar ocurre que la persona que lo lleva hasta su casa es el mismo médico que 15 años atrás había torturado y violado a su mujer, nuevamente, estamos ante un hecho que no se puede predecir, en el que el sujeto no tiene posibilidad de participación intencional. Ahora bien, no es por azar que el Dr. Miranda vuelva a la casa de Gerardo Escobar, es claro que lo hace premeditadamente, pues ha escuchado por la radio que es Gerardo Escobar quien presidirá el comité que investigaría los asesinatos cometidos durante la reciente dictadura militar. Lo que sí es azar, es que Paulina sea la esposa de Escobar. Pero el hecho de que Paulina lo haya amordazado y obligado a confesar no es un hecho necesario ni azaroso, así como tampoco se deben a necesidad o azar las torturas a las que ella había sido sometida. Es por eso que en este caso podemos tratar el tema de la responsabilidad, porque si bien algunos hechos son necesarios y azarosos, muchos otros no lo son. Muchos de los hechos a los que asistimos durante la película los sujetos hubieran podido conducirse de modo distinto al que finalmente lo hicieron.

4. Si corresponde, establezca las figuras de la culpa que aparecen, estableciendo su relación con la hipótesis sobre la culpabilidad subjetiva. Consigne en caso que exista alguna relación con la responsabilidad jurídica.

La responsabilidad subjetiva interpela al sujeto más allá de las fronteras del yo, asentándose en la noción de sujeto del inconsciente. La responsabilidad jurídica se plantea en función de la noción de sujeto autónomo, la cual restringe la posibilidad al terreno de la consciencia, al ámbito de la intencionalidad consciente. El sujeto del derecho es el sujeto considerado autónomo, aquel capaz de hacerse responsable, no sólo por sus acciones sino también por sus elecciones y decisiones. Desde esta perspectiva de la responsabilidad jurídica, Paulina sería responsable de sus acciones: secuestrar y maltratar al Dr. Miranda, incluso habiéndoselo recordado su marido en distintas oportunidades. Aunque también, tomando en cuenta que la protagonista había sido violada y torturada en el pasado, con las consecuencias psíquicas que ello implica, se podría pensar en la condición de inimputabilidad. El término implica que al momento del acto la persona no poseía completo dominio de sus facultades mentales por razones afectivas y/o intelectuales. De este modo, el sujeto es eximido de toda culpa y responsabilidad, entendiendo que jurídicamente la culpa no es más que la imputabilidad de un daño por el que hay que pagar.
Pero también existe otra perspectiva. Oscar D´Amore explica que la culpa es una condición para el circuito de la responsabilidad subjetiva. Es la culpa, lo que ob-liga a responder. Como respuesta a la interpelación, se abre una serie de posibilidades: sentimiento de culpa, proyección, negación, formaciones sintomáticas. Pues bien, no hay responsabilidad subjetiva sin culpa, así como no hay ética sin moral. Si afirmamos que no hay deseo sin culpa, entonces necesariamente deberá existir alguna manifestación de culpa en el personaje de Paulina. No observamos un sentimiento de culpa genuino, pero lo que podemos deducir son algunas de sus manifestaciones, por ejemplo, los sueños que reproducen la escena del secuestro, donde Paulina no quiso gritar su nombre, y se despierta desesperada queriendo abofetearse por ello. Observamos este sueño como un reproche inconsciente por el silencio que guardó en aquella escena. Otra figura de la culpa, la encontramos en la proyección, que en palabras de Freud sería: “Lo cancelado adentro retorna desde afuera” . En este caso, se explica en la actitud de Paulina, donde desplaza su propia culpa en las figuras de su esposo y de Miranda. Paulina exige la confesión tanto de su marido como del Dr. Miranda. Desea que aquel rompa con el silencio que hasta entonces merodeaba en el matrimonio: confesándole si amaba a aquella mujer con quien se había acostado mientras ella guardaba silencio por él, y confesándole por qué no le había preguntado acerca de los detalles de su secuestro. Es a partir de la interpelación de su marido acerca de las violaciones que ella hace explícito su deseo de contarle los detalles de la tortura. Es decir, aflora el deseo de hablar. Por lo tanto, basándonos en el mecanismo de proyección formulamos la Hipótesis clínica de que el reproche hacia el silencio del Otro, en realidad es un reproche hacia sí misma, por su propio silencio. Es reiterativa la figura del silencio desde el inicio de la película, hasta que llegando al final, todos “hablan”. Pero ¿Qué hace al respecto Paulina con las confesiones que obtiene? Nada. En términos de Alejandro Ariel, el sujeto se duerme en los signos del Otro. De este modo, la responsabilidad del personaje por su propio deseo se agota en la dimensión particular-moral, donde no se toma posición fuera de un Otro que la signifique, sino que se agota en las respuestas que éste le brinda.
Por último, nos pareció relevante destacar el papel que juega el erotismo por parte de Paulina hacia Miranda. Como indicadores podemos señalar: cuando ella se acerca para olerlo, luego, cuando se saca la bombacha y se la coloca en la boca, cuando se le sienta en la falda y cuando lo acompaña al baño y le sostiene el pene mientras hace pis. Paulina cuenta a su marido acerca de Miranda: “Me puso la muerte y la doncella (…) y la escuchamos juntos, como una pareja… personas que se interesan la una por la otra”. Relacionamos esto último con otras dos frases que ella dirige a su marido al comienzo de la película: “¿yo no existo?”. “No quiero que seas mi abogado. Quiero que seas mi marido”. A partir de esto, consideramos que la pregunta de Paulina puede estar en relación con el lugar que ocupa ella para los hombres. Sin embargo no consideramos contar con la teoría suficiente para abordar un estudio más exhaustivo sobre el tema.

5. ¿Cuáles son los elementos comunes entre el caso presentado y el de Ibbieta (cuento “El muro”, de Jean Paul Sartre)?

Desde el punto de vista lógico, en ambos casos, podemos detectar la emergencia de un tiempo 2. La acción que en un comienzo estaba dirigida a un Otro, llega más allá de lo esperado. Se vuelve hacia el propio sujeto a modo de interpelación, hacia su propio deseo.
En el caso de Ibbieta, su deseo de vivir lo lleva a decir a los falangistas que su amigo Gris se encontraba en el cementerio, ganando de este modo, horas de vida. Lo que no sabía es que estaría enviándolos al lugar donde efectivamente Gris se encontraba. Es a través de la palabra “cementerio” que Ibbieta se salva, sin saberlo hasta entonces. En el caso de Paulina, ella explica a su esposo que es por su deseo de vivir que no habla. Ella no grita “Soy Paulina, me están secuestrando, esto es ilegal” porque deseaba vivir, y sabía que esas palabras la conducirían a la muerte. Entonces, en ambos casos, nos encontramos ante el deseo de vivir, pero con la diferencia que a Ibbieta la palabra le salva la vida, mientras que a Paulina la palabra le hubiese costado la suya. Ambos personajes son responsables del deseo de vivir, con las consecuencias que ello implica. Por lo tanto, si el sujeto es responsable de desear, refiriéndonos a Lacan, también será culpable en cuanto haya cedido su deseo.
Otro punto de encuentro se relaciona con el azar. En ambos casos nos encontramos con un encadenamiento de sucesos azarosos. Pero, ¿qué hace el sujeto frente a esto? Debe elegir, pues si el azar implica incertidumbre, no hay apuesta sin incertidumbre. En el caso de Ibbieta, sólo por azar coincidió su declaración con el sitio real donde se hallaba Gris, pero ante la apuesta de haber hablado, “bromeado” a los falangistas, es que llega a un resultado que no es mero azar. En el caso de Paulina, el azar hace que su marido, y luego ella, se encuentren con la persona que quince años atrás la había torturado y violado. Pero ante esa situación, ella hace una apuesta, arriesga una elección en el momento que considera que Miranda es la persona quien cree que es. En conclusión, decimos que en ambos casos habo una grieta entre azar y necesidad que puso en juego la elección del sujeto.

Bibliografía

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