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Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología

Psicología, Ética y Derechos Humanos
Cátedra I

Segunda Evaluación
Sobre el libro: “La mujer habitada” de Gioconda Belli

Profesora Titular Regular: Fariña, Juan Jorge Michel
Profesor de Prácticos: Corinaldesi, Ana
Alumnas:
 Ceccato, Nadia Ludmila (L.U. 32384143/0)
nadiaceccato@hotmail.com
 Hoffmann, Griselda (L.U. 31662466/0)
griseldahoffmann@hotmail.com

Comisión Nº: 4

Curso de verano de 2011

Introducción
Para desarrollar el siguiente trabajo tomaremos el libro “La mujer habitada” cuya autora es Gioconda Belli, a partir del cual realizaremos nuestro recorte. El amor entre un hombre y una mujer, y la lucha de un pueblo por su libertad –ambas temáticas con sus avatares- pueden recorrerse tras las hojas de este libro en un entrecruzamiento de dos historias paralelas siendo. Nosotras nos centraremos en la protagonista de una de esas dos historias para pensar como se pone en marcha el circuito de la responsabilidad subjetiva con sus consecuentes tiempos lógicos, como así también para analizar como se combinan con la responsabilidad sujetiva la necesidad y el azar.

Desarrollo
La historia transcurre en una ciudad de Nicaragua durante la década del ´70, tiempos en los cuales se vivía una dictadura militar. Nuestra protagonista, Lavinia, nació en el seno de una familia sumamente conservadora, perteneciente a la oligarquía nicaragüense. Este entorno familiar fue el que le propició una formación académica en los círculos más selectos de la sociedad, como así también le transmitió ciertos valores socialistas. En cuanto a sus vínculos afectivos ella durante su niñez se refugió en el amor que le brindaron su abuelo materno y su tía paterna, quedando en un segundo plano sus padres, quienes ocupaban la mayor parte del tiempo en su imagen social.
Lavinia es una joven de 23 años que se describe como una mujer soltera, joven, libre e independiente que acaba de volver de Europa en donde estudió la carrera universitaria de arquitectura y se acercó a los ideales revolucionarios de la época. Al tiempo de su regreso decide mudarse sola –en contra de la voluntad de sus padres- a la casa que había heredado de su tía. Nuestra protagonista juega continuamente a transgredir los mandatos familiares y de su clase -los que marcan que ella debiera casarse, tener hijos y ser una ama de casa dedicada a su marido y a mostrarse en su estrato social- tomando como bandera para escaparse de “lo debido” al feminismo.
Lavinia consigue trabajo en un estudio de arquitectura a partir del cual puede empezar a solventar su vida de forma autónoma. Este trabajo le procura gran satisfacción dado que se siente muy orgullosa de sí ya que es la única mujer profesional allí. En este lugar conoce a Felipe –un colega- que la acercará a un mundo solo conocido a través de los libros. Es él quien en su segundo día de trabajo la envía a recorrer el terreno en el cual se construirá un centro comercial “de nivel”. Para sorpresa de Lavinia cuando llega a dicho lugar encuentra que éste está habitado por un asentamiento de precaristas de la más baja pobreza. Comienza a realizar preguntas a un hombre que allí vive y trabaja, y se asombra ante la impotencia que escucha en sus respuestas. Ante dicho panorama vuelve a la oficina para confrontar a Felipe por el no haberle dicho nada acerca de la situación con la que se iba a encontrar, a lo que él responde que pensaba que debido a la clase social de la que provenía no le importarían dichos problemas. Es en la réplica que Lavinia le da a dicha respuesta donde se juega el tiempo 1 del circuito de la responsabilidad subjetiva de nuestra historia, el cual implica al sujeto de la afirmación, de la moral, de la consciencia, de la voluntad, es “donde se realiza una acción determinada en concordancia con el universo de discurso en que el sujeto se halla inmerso y que, se supone, se agota en los fines para los que fue realizada” . Es aquí donde le contesta que él esta muy prejuiciado por su partida de nacimiento y que claro que le preocupa esa pobre gente, que le disgusta la idea de empezar la práctica diseñando construcciones que van a desalojar a cinco mil personas. Y termina diciendo “lo que más me impresionó fue la gente tan resignada” Se puede observar cómo este enunciado implica al sujeto de la voluntad, que sostiene su sistema de valores conscientes pero sin esperar que sus dichos vayan mas allá de un simple posicionamiento sobre determinado tema, es decir, sin que implique el cambiar nada de la situación que ella no avala. Podemos pensar que en este argumento Lavinia juzga como moralmente incorrecto ese futuro accionar, que pasa por arriba de las clases mas desfavorecidas en pos de un beneficio para que los ricos tengan un nuevo lugar de entretenimiento, entendiendo como moral un sistema de valores que determinan aquello que esta bien y aquello que esta mal dentro de un universo de discurso compartido. Este enunciado de Lavinia es un acto que se agota en si mismo, el cual tiene un objetivo preciso que no va mas allá de la voluntad consciente, dado que su objetivo era mostrar su postura teórica y, como antes dijimos, moral al respecto del tema sin que eso implique mas que una posible provocación hacia Felipe dado que ella no sabe lo que él piensa al respecto hasta dicho momento.
También se puede vislumbrar cómo en este momento Lavinia se encuentra en el campo de lo particular, entendiendo por tal un universo, campo de lo histórico, de los grupos, de los modos en que la humanidad puede reunirse, que implica diversos recortes de lo humano, debido a que dentro de su universo de significación compartido es esperable que sostenga dicha posición, la cual proviene de una racionalización del Yo, y esta lejos, por lo menos en este momento, de ser una posición que involucre al Sujeto del Inconsciente.
La novela sigue transcurriendo y al cabo de un mes se comienza a generar un romance entre Lavinia y Felipe, quienes se van enamorando y comienzan a tener una relación informal y muy enigmática dado que Felipe constantemente desaparece de las escenas tras misteriosos llamados telefónicos. Frente a esta realidad Lavinia comienza a fantasear con la existencia de otras mujeres, otros amores ilícitos de Felipe, lo cual le provoca contradicciones y la hace dudar entre pedirle explicaciones y quedar, según ella, como una Penélope que vive para un Otro masculino (idea que le disgusta por demás) o aguantar la situación sin hacer nada, considerando que su relación no es nada serio y él no tiene que darle ninguna explicación al respecto como inversamente ella tampoco, y cada cual puede hacer de su vida lo que se les antoje.
Bajo este panorama se encuentra Lavinia una noche en que Felipe no acudió a una cita que ambos habían acordado en la casa de ella, ante lo cual se termina yendo a dormir con las mencionadas ideas rondando en su cabeza, con mezcla de enojo y tristeza, ya habiendo pasado por la desesperación de esperarlo todo el día. Entrada la madrugada nuestra protagonista escucha golpes en la puerta, ante lo cual se sorprende y asusta cuando se da cuenta que se trata de Felipe que al abrirle la puerta entra junto con un hombre lastimado apoyado sobre él. Es así que en una mezcla de miedo con adrenalina Lavinia comienza a seguir las indicaciones de Felipe para ayudarlos y cae en la cuenta que el hombre, llamado Sebastian, se encuentra baleado en el brazo. Mientras trata de ayudar siendo lo mas útil posible dentro de los limites que la situación le plantea, no puede dejar de pensar y de cerrar sus anteriores dudas sobre Felipe, ante lo cual comienza a sospechar que Felipe no estaba con otras mujeres como ella pensaba, sino que es parte de la lucha armada contra el gobierno dictatorial vigente. Finalmente consiguen parar la hemorragia del “compañero” Sebastian y, al menos por el momento, consiguen evitar que se muera desangrado. Es en este momento en que ambos dejan descansar a Sebastian en su cuarto y donde Lavinia se confrontara con una situación planteada por Felipe que la interpelara a ella en tanto sujeto de deseo. Se encuentran a solas en la cocina y Felipe le comenta que junto con Sebastian había otras tres personas a las cuales mataron y también le confirma sus sospechas al respecto de su participación en la guerrilla. Se puede observar como en este punto necesidad y azar se entrecruzan para conformar la situación que empujara al sujeto a responder frente a la escena así conformada, con su concomitante responsabilidad acerca de dicha respuesta.
En cuanto al azar –suerte, coincidencia, casualidad, accidente-, que se da lugar en las situaciones donde se desconecta la relación causa-efecto, sin que la voluntad humana entre en juego y en cambio sí se manifieste la determinación de ciertos sucesos, lo ubicamos en la situación que hizo que el tiro impactado en Sebastian le haya pegado en el brazo, pudiendo salvar su vida, a diferencia de los otros tres compañeros que terminaron muertos. Por su parte, el orden de necesidad, que se da lugar en aquellas situaciones donde se establece una relación causas-efectos completamente inevitable y determinada, y donde la pregunta por la responsabilidad del sujeto no es pertinente ya que hay sucesos en donde la voluntad humana no esta implicada, la ubicamos en la hemorragia producida en el brazo de Sebastián, dado que necesariamente si la bala impacta sobre la superficie del brazo (donde le impacto a él) producirá una lesión que tendrá como resultado una severa pérdida de sangre. Combinadas de este modo las dos “diosas” Necesidad y Azar es que Sebastián logra huir y encontrarse con Felipe para posteriormente llegar a la casa de Lavinia con la situación configurada de dicha manera.
Es aquí, a partir de lo que le dirá Felipe, que comienza a jugarse el Tiempo 2 del circuito de la responsabilidad subjetiva, “tiempo donde el universo particular soportado en las certidumbres yoicas se resquebraja posibilitando la emergencia de una pregunta sobre la posición que el sujeto tenía al comienzo del mismo. Momento propicio para la emergencia de una singularidad que, en consecuencia con lo universal, demuestre la incompletud del universo previo junto con la caída de los ideales que allí lo sostenían.” Felipe le dice que el movimiento esta creciendo, que no puede dejar que los militares se impongan por la fuerza, que la resignación no es el camino, y le pregunta: “¿te acordas de los precaristas? No podemos seguir dejando que eso suceda. Es de este modo que Felipe la devuelve a la conversación que habían tenido cuando ella fue al terreno donde se construiría el centro comercial y para ello utiliza las mismas palabras que Lavinia había dicho en aquella conversación que ubicamos en nuestro Tiempo 1. Por último Felipe le pide el favor de dejar quedarse en su casa a Sebastian hasta que consiga lugar donde trasladarlo. Sostenemos que esta escena es el Tiempo 2 que interpela al sujeto –Lavinia- y pone en marcha al circuito de la responsabilidad subjetiva ya que “sobreimprime al Tiempo 1 resignificándolo” al mismo tiempo que lo funda – tiempo que por si solo no sería mas que, dentro del eje de lo particular, una conversación, entre las tantas, sobre la situación socio-política de ese momento histórico-. Es este Tiempo 2 el que confronta al Sujeto con sus propios dichos e implica algo que fue “más allá o más acá” de lo esperado, hay algo allí de su discurso que se deslizo mas allá de su voluntad y ahora ella debe responder ante eso que una vez sostuvo. Gabriela Salomone lee a Freud y sostiene: “La indicación freudiana es escuchar la verdad que se produce en su decir y que compromete al sujeto, aún más en esos puntos donde el yo –que se pretende autónomo no puede dar cuenta.” . Es decir que nosotros responsabilizaremos a Lavinia de aquello que dijo con intencionalidad inconsciente más allá de la intencionalidad consciente de su yo.
Aquello que nos orienta en relación a la afirmación de que Lavinia se ve interpelada es la respuesta que da ante la culpa, dado que siempre que hay interpelación surge la culpa estructural (estructural en tanto condición humana, considerando que si hay culpa es porque falta, porque la estructura se rige por una lógica del no todo) que remite al deber responder, “es la culpa, lo que ob-liga a responder” en tanto si algo surgió en el Tiempo 2 “des-ligado del universo particular” se buscará a partir de una explicación re-ligarlo. Esta respuesta podría dar lugar a un Tiempo 3 –el propio de la responsabilidad subjetiva, del efecto sujeto que implica una dimensión ética, en tanto “es el acto en que se produce un sujeto de deseo inconciente” , el cual se basa en la toma de posición en torno a lo universal inscribiendo un acto singular que origine a un sujeto-. Cuando esto no sucede -como en el caso de nuestro recorte- cuando el sujeto no responde ahí donde es convocado a dar cuenta de su acto, cuando no se responsabiliza de aquello que dijo aún mas allá de lo que voluntariamente quiso decir, la culpa estructural se manifiesta con diversas respuestas indiferenciadas del Yo –sentimiento de culpa, proyección, negación, intelectualización, formación sintomática- de esta manera el recorrido del circuito de la responsabilidad subjetiva vuelve sobre los elementos discordantes para cerrar dicho circuito y se vela así la culpa en la estructura. En este caso se observa el sentimiento inconsciente de culpa vivido por el Yo en sus dos vertientes: auto referido y proyectado, como así también la negación. Vemos cómo se juega la culpa proyectada en las siguientes frases de Lavinia: “Era una locura que se arriesgara así él que podía tener un futuro sin problemas; él que con tanto esfuerzo había culminado su carrera de arquitecto.”(Pág. 61) Lo sentía como un reproche que le hacia. Es aquí donde se puede ver que para Lavinia él es el responsable, el culpable de que ambos se encuentren en esa situación ya que podría haber hecho otra cosa de su vida. Según Lavinia, ella no tiene nada que ver con esa escena, y niega entonces, de esta forma, el alcance de sus propias palabras, siendo ésta una de sus respuestas yoicas frente al deber responder de la culpa estructural.
Otra frase en la cual se refiere a igual tipo de respuesta de proyección de la culpa es la siguiente: “En el fondo, culpaba a Felipe de su propio miedo. Que no la ayudara a luchar contra el agudo temor que la posibilidad de comprometerse le producía” –con el movimiento-. (Pág. 93)
Lavinia sintió una culpa auto referida de la manera más clara como sentimiento inconsciente de culpa en el momento en que acepta que Sebastian se quede, pero solo lo justo y necesario para que sea posible el traslado, justificándose en que no tiene “madera” para esas cosas y que no se siente capaz de otra cosa. El relato dice que luego cerro los ojos por que se sentía extenuada y manifiesta que “una culpa venida de imágenes entrañas, de poblados en llamas, hombres morenos luchando contra perros salvajes, acosaban su mente” (Pág. 63)
También se puede observar el sentimiento de culpa mediante un superyo más severo. Lavinia al día siguiente de aceptar que Sebastian se quede, pero solo hasta que lo puedan trasladar, piensa lo siguiente: “ella habría querido no volver a su casa (…) hasta que ellos se marcharan. Dejar de ser responsable, humanitaria; no sentir esa fuerza que la obligaba a cumplir lo que le pedían; aquella vos interior que le decía “no podes dejarlos solos”, “no podes arriesgarte a que los maten”” (Pág. 70) y en el remordimiento que siente al día siguiente, cuando descubre que Sebastián se fue “Espero que Sebastian no tenga más problemas” (…) dijo antes de salir asaltada por el remordimiento, la vehemencia con que había deseado que se fuera para recuperar la calma de su casa, los días intrascendentes, la bendita rutina” (Pág. 89). Todos estos modos de manifestación de la culpa vienen a suplir la responsabilidad subjetiva ausente, guiándonos en el lugar en que el sujeto se encuentra interpelado. Tanto lo dicho, como el consecuente miedo que recorre a Lavinia a lo largo de la novela, miedo que le hace dudar ante cada decisión sumándose a ello una ambivalencia con respecto a Felipe y a ella misma; y como ella muchas veces anhela volver a ese estado anterior para recuperar “la normalidad” de la rutina de su vida previa, hecho mucho mas tranquilizador pero también así mucho mas cobarde, nos muestra la inestabilidad, el cortocircuito en el que el guión ajeno se sumerge.

Conclusión
Considerado lo desarrollado a los largo de todo el trabajo se puede pensar como Hipótesis Clínica que lo que se encuentra interpelado en ella es su lugar en el Otro, en ese guión ajeno en el cual ella dormía actuando como transgresora de la regla de ese universo particular. Significantes del Otro donde ella se creía libre e independiente, revelada contra el statu-quo, sin vislumbrar hasta el momento que solo era una rebelión dentro de un universo de sentido cerrado. Es así que Lavinia debe responder en torno a cual es el lugar que le cabe en el mundo, cuál es el lugar que asume desde el pensar y desde el poner el cuerpo en relación a la lucha de su pueblo. Hasta el punto alcanzado en nuestro recorte Lavinia obturo el cortocircuito producido por la interpelación desde el piso de lo particular, mediante respuestas del Yo, pero cabe seguir leyendo la novela para leer si la respuesta la seguirá realizando desde este mismo guión particular dentro del cual realizó toda su vida, es decir una respuesta comandada por el fantasma; o si responderá desde el eje universal-singular, es decir como sujeto del inconsciente sujeta a su deseo, dando lugar de este modo a una singularidad.

Bibliografía

 Fariña, Juan Jorge Michel: “Responsabilidad: entre necesidad y azar” (Ficha de cátedra)
 Dominguez M. E.: “Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis” en La transmisión de la ética clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
 D’Amore, O.: “Responsabilidad subjetiva y culpa”. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
 Salomone, Gabriela Z.: “El sujeto dividido y la responsabilidad” en La transmisión de la ética clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
 Mosca. J.C (1988). Responsabilidad: otro nombre del sujeto. En Ética: Un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
 Lewkowicz, I. (1998). Particular, Universal, Singular. En Ética: un horizonte en quiebra. Cap. III. Eudeba, Buenos Aires.



NOTAS

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