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Bioética, narrativa y musicoterapia. El cine como recurso de transmisión del pensamiento sobre la ética profesional
por Iturri, Agustina, Lemos, Álvaro
Título original: The music never stopped

Jim Kohlberg / Estados Unidos / 2011

Bioética Narrativa y Musicoterapia: el cine como recurso de transmisión del pensamiento sobre la ética profesional [1]

La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla.

(Gabriel García Márquez)

Sin música, la vida sería un error.

(Friedriech Nietszche)

En el presente trabajo haremos foco en el paradigma de la bioética narrativa, aplicado a la reflexión ética en musicoterapia. Nos apoyaremos en el paradigma de la bioética narrativa, utilizando la Declaración Universal de Bioética y Derechos Humanos elaborada por UNESCO en el año 2005, en articulación con una ficción cinematográfica, para ilustrar a través de la misma cómo puede accederse a la complejidad del pensamiento ético apelando a este recurso. Así también, hacia el final del presente veremos que esta metodología puede resultar un instrumento acorde para la transmisión de los dilemas y problemas éticos (Dominguez, 2013) al interior de la formación de grado de la Licenciatura en Musicoterapia. Tal es la metodología puede ser adoptada para la transmisión de una forma de pensar los problemas y dilemas éticos que se presentan en la práctica, así como para el fomento de la reflexión crítica. Así, consideramos que el apelar a la bioética narrativa resulta un instrumento pedagógico válido para ilustrar la complejidad del campo en cuestión.

En la actualidad la transmisión del pensamiento sobre la ética se asienta sobre un doble movimiento (Michel Fariña, en Salomone y Domínguez, 2006), el cual se expresa en la dialéctica entre las categorías lógicas de lo Universal/Singular, por un lado, con la de lo Particular por el otro. El primer movimiento, que ha sido nominado por su operatoria, un pasaje “de la intuición moral al estado del arte”; es decir, implica la contrastación de la experiencia desde la formulación de los juicios morales, hacia el campo de los conocimientos actualmente disponibles sobre deontología profesional [2]. En cambio, el segundo movimiento, suplementario del primero (Ariel, 1994), implica un reconocimiento de la incompletud de toda formulación Particular: se trate de un universo de discurso, una ley moral, una ley civil o penal, un código deontológico, de la teoría que sustenta una práctica, etc. Es inherente al mismo el problema que se le presenta al profesional cuando no encuentra respuestas para la situación en la que está inmerso, en ninguna de las referencias mencionadas u otras, pero respecto del cual algo debe hacer. (Lewkowicz, 2004). Entonces, desde la perspectiva conceptual del doble movimiento de la ética contemporánea, podemos pensar en un plano de lectura e interpretación del código de la ley o el reglamento, pauta deontológica, etc., conocimientos acabados que asisten al profesional y amparan su práctica en un determinado tiempo histórico y lugar, mientras que desde el segundo movimiento es posible pensar en la complejidad a la cual se enfrenta el mismo cuando dicha dimensión del conocimiento es interpelada por un elemento del cual no puede dar cuenta, escenario en el cual algo nuevo deberá instituirse a partir del advenimiento de una singularidad en situación (Lewkowicz, en Michel Fariña, 1998). Se trata del pasaje desde la dimensión del “deber hacer” hacia el plano del “saber hacer (allí con…)”.

Por otra parte, tenemos el paradigma de la bioética narrativa, que implica un entendimiento de la complejidad de los factores involucrados frente a una situación clínica determinada: no del deber de acatar una normativa religiosamente, sino de contextuar dicha complejidad de la vida humana. Como dicen Lima y Cambra Badii:

“El bios de la bio-ética no es sólo un bios orgánico, no se trata sólo del “cuerpo” sino de la Vida (bios). Bajo el paradigma de una narrativa. La vida, siempre situacional y contextuada, leída desde una narrativa bioética, abre a la dimensión de un cuerpo hablado y de un cuerpo que habla, muchas veces más allá de un yo. Desde esta manera de ver y conceptualizar la bioética se recupera el origen narrativo de la especie humana y la importancia de las narraciones y referencias estéticas para poder pensar esta disciplina”. (Cambra Badii, Lima, 2013)

Es decir, se trata de recuperar los aspectos simbólicos de aquel que apela a la atención de un profesional, no sólo a los aspectos biológicos de un determinado padecimiento.

El recurso cinematográfico llega a completar este cuadro, en tanto reflejo de su propia época. En el mismo encontramos situaciones en las que rige una legalidad que es específica de dicha historia, pudiendo así realizar un recorte clínico del caso, en base al marco brindado por la película, el cual consideramos consiste un Universo Situacional específico. Es a partir de la vivencia personal del espectador con la historia que se le presenta, que es posible apelar a esta metodología de análisis para acceder a la complejidad del pensamiento sobre la ética: “el cine logra instalarlo (al espectador) en determinadas situaciones que al mismo tiempo son reconocibles en la vida y que le hacen experimentar, a través de otro, conflictos, dilemas, aventuras, pasiones o encuentros siniestros” (Michel Fariña y Laso, 2014). Podemos apreciar distintos momentos en donde tal tensión y tal identificación, acontecen en el film que nos ocuparemos de analizar, la cual podemos afirmar, se trata de una obra paradigmática, siendo la única ficción en la que se escenifica el quehacer de un musicoterapeuta a la fecha. [3]

Análisis del film

The Music Never Stopped nos enfrenta con un escenario clínico complejo: es la historia de la vida de Gabriel, quien, alrededor de sus 30 años, es diagnosticado con un meningioma, el cual dada su extensión, ha producido severos daños a su masa encefálica. Entre otras capacidades cognitivas, su memoria se ha visto severamente dañada. De su memoria de largo plazo ha perdido más de 10 años de recuerdos consistentes, mientras que su capacidad prospectiva de generar nuevos recuerdos ha quedado totalmente anulada, debido al daño en el hipocampo. Ante tal cuadro, es derivado a una institución de cuidado de pacientes con cuadros crónicos similares. Su familia, por un momento al menos, contempla la situación como un impasse insuperable, especialmente su padre, quien llega al límite de mostrarse reticente al contacto con su hijo, tanto por lo fútil que pareciera cualquier esfuerzo por mejorar su calidad de vida, pero principalmente por una antigua rivalidad entre ambos, que el director del film se encarga de mostrarnos, se encuentra irresuelta. Un enfrentamiento entre los protagonistas fue el motivo que condujo a Gabriel a abandonar el seno familiar siendo sólo un adolescente, para así terminar como un vagabundo con un tumor que, habiendo sido detectado muy tardíamente en su desarrollo, urgía ser removido, estando su vida en riesgo.

Tras un tiempo de permanecer en un estupor casi sin sentido, vemos que Gabriel es enfrentado a un estímulo musical demasiado específico como para ser ignorado su efecto: los primeros compases de “La Marsellesa”. Quedando los padres advertidos de que, ante la misma, su hijo recobró la vivacidad que no tuvo en mucho tiempo, es el padre, aquel que viéndose acorralado a tener que pasar tiempo con el hijo que hasta entonces no comprendía, y debido a que su esposa había comenzado a trabajar, decide indagar sobre lo sucedido. Así, llega a conocer la referencia a una musicoterapeuta quien se muestra solícita a prestarle ayuda, pero no así, a darle esperanzas de un cambio drástico [4]. Así, podemos detenernos un momento en la reseña del film, para señalar una serie de puntos de interés que se plantean en este punto: estos son, la demanda de tratamiento y el consentimiento que puede hacerse del mismo o no, en esta situación, y junto a esto, la cuestión de la autonomía y la responsabilidad personal del paciente. Es un momento del film que puede servirnos también para preguntarnos sobre las incumbencias profesionales del musicoterapeuta en escena. La situación es la siguiente: en un momento en la marcha del tratamiento, Gabriel muestra notables avances, asociados a la reproducción de música con la que se identificó desde su juventud, en un distanciamiento claro de los gustos musicales que quiso transmitirle el padre. Se trata de bandas de acid-rock y rock psicodélico, especialmente The Grateful Dead. Ante la presencia de dicha música, Gabriel puede escapar del estupor en el que se haya sumido, y puede realizar conexiones tanto con su ambiente como con las personas que lo acompañan. El padre reniega de ello, sin contemplar los resultados a la mano: quiere que su hijo reaccione a la música que supieron compartir, desde sus propios gustos, sin tomar en cuenta la voluntad implícita de su hijo que se estaba desplegando en dicha escucha activa y participativa. A la apuesta de la musicoterapeuta de introducir la experiencia musical con canciones durante las sesiones (en un primer momento de manera receptiva, para luego pasar a una modalidad recreativa). Vidret y Álvarez, consideran que el elemento “canción” tiene dos dimensiones: una “formal-musical” y otra “referencial-simbólica”. Umberto Eco diría que la canción es una obra “acabada”, con la cual se encuentra la persona. La canción tiene historia propia, su origen da cuenta del por qué de su existencia: involucra cuestiones de un contexto social, histórico y cultural donde emergió; su texto contiene una intencionalidad enunciativa, que deja ver la posición del sujeto que lo escribió respecto del tema de que trata. (Vidret, Alvarez, 2008). Al ser una obra “acabada”, el sujeto, al ejecutarla, puede otorgarle cualidades individuales conformando una versión de dicho modelo. Además, emerge en un momento en la historia de ese sujeto que la escucha y cobra un valor en su propio contexto. Es decir, que el interjuego entre la forma musical (ritmo, melodía, estructura, carácter, armonía, texto, etc) y el referencial simbólico (el contexto socio histórico del sujeto) dará cuenta del lazo que dicha canción tiene con el que la experimenta. Podemos observar que el objetivo en la terapia de Gabriel tuvo que ver con promover su salud a partir del trabajo con canciones. La musicoterapeuta hizo una búsqueda de las preferencias musicales de Gabriel y luego una lectura de los indicadores de la formalidad y referencialidad que emergían de las canciones: “(…) lo sonoro es parte constitutiva del sujeto, por lo tanto, en la promoción de la salud, al operar musicoterapeuticamente sobre lo sonoro se posibilitará el deslizamiento saludable hacia otros aspectos de la vida de la persona.”

Desde la infancia de Gabriel, Henry ha querido transmitirle al niño sus preferencias musicales. A partir de un juego: “¿Cuál es esta canción?; ¿De qué año? ¿Autor?“. Henry daba a conocer las canciones que le eran significativas, luego le preguntaba al niño: ¿cuándo fue la primera vez que escuché esta canción?, y con esa pregunta relataba la historia que venía enlazada a la canción, la referencialidad de la música para el mismo. En el transcurso de la película, Henry se da cuenta que sólo podrá recuperar algo de su relación con Gabriel a partir de la música de su hijo. La escena clave es cuando él, cambia sus viejos discos por discos para Gabriel.

Ahora bien, ¿qué podemos decir de la posición de la musicoterapeuta en este contexto? ¿Debería escuchar los pedidos de la familia o actuar en función de lo que en Gabriel “resuena”? La apuesta de la misma reside en no acatar el pedido del padre, sino en escuchar a su paciente, dando lugar a la entrada de Gabriel en tanto sujeto de derecho: al comenzar cada sesión ella le explica a Gabriel que es musicoterapeuta y que van a realizar un trabajo juntos. En cada sesión, respeta en los límites posibles con los que se encuentra y las elecciones personales de su paciente. ¿Acaso decide algo de todo esto Gabriel, está en condiciones de realizar tal operación? No desde una lectura rígida, claro está. Si resulta imposible para él recordar sucesos acontecidos hace unos segundos, es probable que no pueda pensar en las pautas contractuales que permitirían su anuencia o renuencia a recibir el tratamiento. Así, la incapacidad orgánica podría convertirse en una incapacidad jurídico-legal para el en toda su vida. Pero en este espacio la musicoterapeuta le brinda la posición de elegir aún cuando él no lo sabe, dado que estas canciones lo representan muy íntimamente: “Oír, tocar y hablar sobre música no es solo una reflexión de la identidad sino una manera más de representar el sentido de nosotros mismos, nuestras identidades. (Even Ruud, 1998)”

En la Declaración Universal de Bioética y Derechos Humanos, el artículo 7 establece que “se habrá de conceder protección especial a las personas que carecen de la capacidad de dar su consentimiento”. La forma que encuentra la musicoterapeuta de llevar esto a cabo es, felizmente, musical. Vemos así que no atiende al Gabriel en déficit, sino a aquel que es en potencia, en lo que queda de intacto en sus recuerdos, de él mismo.

“La música es una realidad totalizadora ser ser humano. Lo motriz, lo cognitivo y lo simbólico conviven permanentemente en sus sonidos. Es por eso que la música, en manos de un musicoterapeuta, es una realidad global que tiende a que los diferentes aspectos del hombre, se integren en una asociación en donde cada contenido humano se acerca al perfil de lo vivenciado, de lo expresado, al perfil de lo sano reconociéndose en su realidad social" (Gauna, 1996)

Como sabemos, la música ocurre en el tiempo y promueve el ordenamiento de la información en el tiempo. El procesamiento mental de la información, tiene que ver con el tiempo. Almacenamos informaciones conocidas en nuestro cerebro, adelantamos información futura y hacemos conexiones con el presente el pasado y el futuro. Esta función temporal cognitiva se ve reflejada en la música. (Smeijsters, 1999). “En otras palabras, la música es la expresión de nuestra capacidad de estructuración. El paciente puede, al escuchar música o hacer música volver a ponerse en contacto con esta capacidad” (Smeijsters, 1999). Somos testigos de cómo Gabriel, progresivamente, logra una nueva estructuración a partir del trabajo con la música. Ya sea a partir de asociaciones entre música y recuerdos de su propia vida, o para mejorar la interacción con las personas que lo rodean y establecer nuevos vínculos.

Gustavo Gauna, se refiere a un cambio de enfoque en el que el paciente, ya no se encuentra "poseído" por su enfermedad, sino que debe ser el primero en percibir que hay ámbitos sanos y enfermos que coexisten.

En este film, la musicoterapeuta permite el desarrollo expresivo del paciente, habilitándolo a confiar en sus propios"núcleos de salud", los cuales van a tender a asociarse y relacionarse, dándole a la persona un nuevo sentido, una posibilidad para significar los sonidos y su propia historia.

Respecto del artículo 12 de la Declaración, “Respeto de la diversidad cultural y del pluralismo”, podemos observar en una escena clave, dos posturas encarnadas una en el médico de Gabriel, y otra en la musicoterapeuta y sus padres. Gabriel es invitado por su padre a asistir a un concierto de rock, ante lo cual el médico niega inicialmente la posibilidad de la salida, aduciendo que se trata de un contexto peligro es incierto en su seguridad. Pone en serie el concierto con el consumo de drogas asociado a la violencia social, sólo habiendo conocido el nombre de la banda que se presentaba. Así, está negando la posibilidad de una experiencia trascendente para el paciente y el impacto que la misma tendrá también en su familia, sólo por un prejuicio persona. La musicoterapeuta y la familia enfatizan la importancia identificatoria de la banda y sus canciones en Gabriel, mientras que el padre apela a un argumento personal-emocional, sobre la conexión con su hijo.

Siguiendo a Ruud, pensamos a la música como un objeto para el cual nosotros actuamos con objeto de tornar obvios nuestros valores, y nuestra actual posición en la cultura (Ruud, 1996). Un discurso posible sobre la música, que nos ponga en la pista de su verdadera dimensión, es el discurso sobre la “autenticidad”, gusto, estilo, género y “calidad”, elementos que brindan a la música su contenido cultural, y por ende, una ubicación contextual en el universo social. Ahora bien, según el psicólogo Erik H. Erikson (1968, p.22) nuestra identidad no está referida sólo a un núcleo individual, sino que esta también tiene que ser buscada en nuestra actitud de ser comunidad con los otros. Esta percepción de ser parte de un grupo social y cultural mayor en un tiempo específico e histórico y situado en un lugar especial, es particularmente enfatizada por antropólogos cuando ellos salen a estudiar a “los otros”. Ser parte de un grupo social, también posiciona de una manera específica dentro de una cultura, como miembro de una clase social dentro de un grupo étnico específico, o dentro de una realidad en su género. En nuestro campo podríamos decir que usamos la música para crear límites entre nosotros mismos y los otros, y para comunicar adónde pertenecemos dentro de un paisaje social mayor. También podemos dejar que nuestra elección musical represente nuestro valor de conexión con nosotros. Esto lo resaltamos para poner el acento justo, en la importancia que este evento revestía para Gabriel. Si la identificación a este tipo de música, y el grupo social y etario que en el imaginario social del paciente le correspondía, era la única posibilidad de lazo social que quedaba a este sujeto: ¿por qué negarle la misma? ¿Eran suficientes los argumentos en pos de un resguardo de su integridad, en base a un prejuicio? Es aquí donde la musicoterapeuta muestra una capacidad analítica y empática notables con su paciente. La lectura de la situación que realiza, resulta un plus que potencia no solamente la posibilidad de una mínima recuperación de Gabriel, en tanto caso clínico, sino sobre todo, como sujeto: basta recordar el notable momento en el que, habiendo su padre fallecido ya, y estando el paciente buscando algo que desconocía qué era, la terapeuta le dice “lo que buscás es a tu padre”. Tras esto Gabriel recibe nuevamente la noticia sobre el fallecimiento y rompe en llanto. Así también, es la relación con su padre e intrafamiliar lo que se recompone a partir de estos eventos. Entonces, la negativa del médico en base a un prejuicio no es sino un perjuicio para el paciente.

Reflexiones finales

En este breve análisis, hemos destacado diversos puntos de interés para la transmisión de una perspectiva conceptual para pensar la ética profesional en el ámbito de la musicoterapia. Por un lado, hemos presentado sucintamente la perspectiva conceptual de la bioética narrativa, como una metodología propicia para introducir la complejidad de los problemas y dilemas éticos actuales, al campo de la formación de grado en musicoterapia. Luego, hemos apelado al Doble Movimiento de la Ética Contemporánea. Desde el mismo, nuestro análisis estuvo centrado más bien en los aspectos decisionales, y ligados a un cierto acto de juzgar en situación, que se corresponden más bien con lo que llamamos primer movimiento de la ética contemporánea, o bien su título, “de la intuición moral al estado del arte”. Hemos podido contrastar el escenario a diversas fuentes, teóricas del campo de la musicoterapia, como ser: la función de la música como constructora de la identidad, el trabajo con canciones como experiencia musical terapéutica a partir de su doble dimensión: formalidad y referencialidad y los núcleos de salud encausando las intervenciones a partir de las potencialidades musicales del paciente. Se presentaron además, las normativas internacionales referidas al quehacer del profesional en el ámbito de las ciencias de la salud y las tecnologías conexas (UNESCO, 2005). Quedará pendiente para futuras publicaciones, el análisis ligado al segundo movimiento de la ética contemporánea, visible en este film. Por el momento, dejaremos este punto en suspenso, tan sólo señalando que lo ligamos a la consolidación de un recuerdo, posible, sólo posible, en el final del film. ¿Qué será lo que Gabriel le dice a su madre, tras darnos la pista de que algo nuevo ha advenido, que él ya no es el perfecto lago-espejo de un eterno presente? Con dicha incógnita concluimos este análisis, hasta que, como Gabriel, podamos decir algo de-nuevo al respecto.

Bibliografia

Ariel, A. (1994). Moral y Ética. Una poética del estilo. En El estilo y el acto. Ediciones Manantial, Buenos Aires.

Cambra Badii I., Lima, N. S., El origen narrativo de la Bioética. Estética y subjetividad en las primeras obras de Fritz Jahr. Anuario de Investigaciones, vol. XX, 2013, pp. 291-299 Universidad de Buenos Aires Buenos Aires, Argentina.

Domínguez, M. E. (2013). El acto de juzgar: entre el dilema y el problema ético. En Salomone, G. Z. Discursos institucionales, lecturas clínicas. Dilemas éticos de la psicología en el ámbito jurídico y otros contextos institucionales, Buenos Aires, Dynamo, 2013.

Erikson, Erik H. Identity, youth and crisis. W. W. Norton Company, New York 1968

Gauna, Gustavo. (1996). Entre los sonidos y el silencio. Editorial Artemisa

Lewkowicz, I. (2004). “Paradoja, infinito y negación de la negación”. (Reconstrucción de la última clase, por S. G. MIRANDA)

Lewkowicz, I. (1998). Particular, Universal, Singular. En Ética: un horizonte en quiebra. Cap. IV. Eudeba, Buenos Aires.

Michel Fariña, J. J. (2006). El doble movimiento de la Ética contemporánea. Una ilustración cinematográfica. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos, Letra Viva, Buenos Aires.

Michel Fariña, J.J. y Laso, Eduardo (2014) “Cine y subjetividad: el método ético-clínico de lectura de películas” en Revista Intersecciones Psi. Revista Digital de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires, año 4, número 11

Ruud, Even. Music Therapy: Improvisation, Communication and Culture. USA, Barcelona Publishers. 1998.


NOTAS

[1] El presente trabajo ha sido elaborado partiendo de reflexiones propias del caso, como así también, del intercambio tanto sobre método como respecto del film, realizado junto con los alumnos del Taller de Ética Profesional y Derechos Humanos, de la Licenciatura en Musicoterapia de la Universidad de Buenos Aires. Nuestro agradecimiento a ellos por sus aportes, como también por su entusiasmo hacia la temática, el cual enriquece no sólo la tarea, sino la experiencia vivida en conjunto.

[2] En Argentina, recientemente se ha dado un enorme paso en la elaboración en la formulación de pautas deontológicas que orienten al musicoterapeuta en su tránsito profesional, tras la reglamentación de la Ley 27.153, o Ley de Ejercicio Profesional de la Musicoterapia, el 20 de Abril de 2016 (habiendo sido aprobada casi un año antes por el Congreso de la Nación).

[3] Una búsqueda en el sitio IMDB (International Movie Database) no ha arrojado resultados positivos al respecto (al día 10 de julio de 2016). Si bien se trata de un film basado en un caso de Oliver Sacks, los giros dramáticos introducidos en la historia original, permiten postular que, a partir de dicho salto creativo, se ha generado un drama ficcional genuino.

[4] Es muy interesante el diálogo que se da entre ellos:

Terapeuta: Está documentado que la música genera en el cerebro respuestas mensurables, por lo que la Marsellesa puede perfectamente haber tenido algún efecto en su hijo. Si así fue, podríamos utilizar la música como una herramienta para... para ayudarlo a funcionar mejor, despertando partes de su memoria que podrían no estar dañadas. Pero no quiero ofrecerle falsas esperanzas.

Padre: Eso es mucho mejor que lo que tenemos ahora.






Comentarios

Mensaje de Fanny Novack  » 31 de octubre de 2016 » novack_fanny@hotmail.com 

Me gusto mucho el trabajo. Interesante el análisis: por un lado la necesidad de reconocer a ese sujeto como "sujeto de derecho", atenderlo desde su singularidad, su devenir. y por otro lado me hizo pensar en la importancia del quehacer del psicoterapia, dado que oficia de objeto transicional; es ese "entre", intersticio entre la realidad psíquica del sujeto y lo externo a él. Por otor lado las intervenciones oportunas, el registro de lo que le acontece al otro, conllevan a cambios de posiciones y posibilitan, valga la redundancia, a que en este caso el padre de Gabriel, logre vincularse activamente y desde un vínculo "saludable" con ese hijo: no proyectar su deseo o su propio ideal; en este caso elegir la música que le gusta y lo conecta con su deseo a Gabriel, no elegir la música que a él le gusta.
Para finalizar, me hace pensar en la importancia de la música en la vida de los sujetos. La música vinculada más que nada a lo sensorial, auditivo; previo a otros registros más complejos; previo a la representación, a la palabra.Pero que imprime huellas muy significativas.



Mensaje de Laura 10  » 24 de agosto de 2016 » mlauragonzalez@hotmail.es 

Considero que es un muy buen analisis de la pelicula vinculado con la musicoterapia, ya que es verdad que la musica es una herramienta que puede ser utilizada como terapia para mejorar funciones cognitivas.
Me gusto este abordaje y como lo demuestra la pelicula el protagonista solo reacciona a la musica de rock que es capaz de recordar. Me gusto esta tematica.





 

 
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