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La sonrisa de Mona Lisa, un abordaje desde la dimensión ética

por Suque Stecklein, Valeria

Para comenzar a indagar sobre la elección personal del film ambientado en los años 50 titulado La Sonrisa de Mona Lisa [1], se debería tener en cuenta el papel preponderante que interpreta aquí el arte. “El Arte” es signo de innovación y pura creación, que en ciertos casos supera las expectativas de lo esperado y en otros, comparte lo ya consensuado en una sociedad. Se nos presenta la pregunta de quién determina la definición de arte, qué es lo lindo y qué es lo feo, ¿quién sabe? ¿quién lo determina?. Es en este ámbito en el cual va a desplegarse el trabajo de la profesora Katherine Watson (protagonizada por Julia Roberts) a cargo del Departamento de Historia del Arte de una escuela de mujeres en Wellesley, Nueva Inglaterra. Cuyas alumnas son catalogadas como las mujeres más inteligentes de la nación, capaces de memorizar y estudiar cada detalle, siguiendo las líneas del aprendizaje académico al pie de la letra, pero el dilema se presenta justamente cuando las páginas del libro están en blanco. Allí no hay nada ni nadie quien les diga que se debe hacer.

El recorte de este film se lo va a situar en relación a una alumna muy particular, prolija, excéntrica y sumamente conservadora quién dará a conocer que, aún no teniendo un libro en las manos se puede aprender. Ella es la Srta. Elizabeth Warren, más conocida como Betty (protagonizada por Kirsten Dunst).

Se podría ubicar en relación a este personaje, la responsabilidad subjetiva ante una situación o decisión tomada e incluso ante lo escrito en las publicaciones de la editorial “College News” (el cual está a su cargo). Debido a que Betty sigue los lineamientos conservadores de la época, se casa con un muchacho adecuado a su posición socio cultural, llamado Spencer. Ella asumiendo ahora el rol de esposa debe reclamar su lugar en el hogar dando a luz a niños que continuarán con sus tradiciones en el futuro. Pero sucede que el cuento de hadas no siempre es del todo satisfactorio, ya que su marido pasa la mayor parte del tiempo afuera del hogar.

Es pertinente ver aquí los tiempos de la escena en los cuales se pueden extraer conclusiones acerca de la responsabilidad, la necesidad, el azar y si es posible las figuras de la culpa que se juegan allí.

Siguiendo el circuito de la responsabilidad subjetiva que se propone tanto en el texto de Gabriela Z. Salomone como en el de Oscar D’Amore [2], se puede dar cuenta de tres tiempos, en el tiempo 1 se presenta una acción por parte del sujeto que se agota en sus propios fines, el cual abre el campo de la responsabilidad subjetiva, es decir la responsabilidad que atañe al sujeto en relación a aquello que desconoce de sí mismo; también se la ubica como el otro nombre del sujeto, del sujeto en acto [3]. En el caso del recorte de este film, podíamos ubicar en este tiempo a la acción realizada por Betty que es la de casarse con su prometido llamado Spencer para conformar un hogar y dar a luz a sus hijos. Él casi nunca está en su casa por la demanda que implica su trabajo. Esto se ve en reiteradas veces en el film.

Aquí también se puede agregar lo que Betty escribe en las publicaciones de la editorial “College News”, ya que en cada publicación reafirma su modo de pensar y el de las mujeres de Wellesley. A continuación me parece adecuado transcribir textualmente lo que Betty escribe en una de esas publicaciones:

“Las mujeres casadas de Wellesley son hábiles en equilibrar sus obligaciones. Una escucha comentarios como “Golpeo a los niños con una mano y hago un bosquejo en el papel con la otra”. Mientras nuestras madres fueron llamadas a trabajar para la Señora Libertad, es nuestro deber, nuestra obligación reclamar nuestro lugar en el hogar dando a luz a los niños que continuarán con nuestras tradiciones en el futuro. Una debe detenerse a pensar por qué la Srta. Katherine Watson instructora del Departamento de Historia del Arte ha decidido declarar la guerra al sagrado sacramento del matrimonio. Su enseñanza subversiva y política alienta a nuestras alumnas de Wellesley a rechazar los roles que nacieron para cumplir”

Se debe aclarar que lo que provocó lo escrito en esta publicación fue el accionar de la profesora Watson al incentivar a las estudiantes a pensar de un modo diferente o quizás a pensar de un modo más amplio en cuanto a sus potenciales. En un momento la profesora le facilita a una alumna una solicitud para entrar a una universidad. Cuando esta joven, llamada Joan, le comenta a su amiga Betty que ha llenado la solicitud para una universidad, que la habían aceptado, y que incluso la solicitud había sido facilitada por Katherine, Betty reacciona de forma tal que no dudó en expresar su pensamiento y sus sentimientos hacia la profesora en su producción. Además se puede expresar que Katherine Watson era una persona moderna para los años 50, había dedicado su vida a su pasión que era el arte, aún no estaba casada ni tenía hijos. Ella pensaba que se podía conformar un hogar y a la vez estudiar y tener una profesión. Y este era el lema que quería dejar en las jóvenes de Wellesley.

El tiempo 2, es el tiempo de la interpelación. Es decir es un tiempo que interpela al sujeto y se funda en la resignificación del tiempo 1, obligando al sujeto a responder. La interpelación es en términos económicos lo que genera deuda, se trata de la economía de lo simbólico. La interpelación implica ya una deuda por la que hay que responder [4].

En el caso del film, podemos ubicar previamente al tiempo 2 una situación que es vivida por otra de las amigas de Betty, Giselle, pero que es crucial para entender la interpelación y la respuesta que dará la protagonista. Giselle en una de sus salidas con su amante ve a Spencer con otra mujer, ella decide no divulgarlo. Luego se dará lugar al tiempo 2 del circuito, el cual se presenta bajo una escena en la que se encuentra el grupo de amigas. Betty enfrenta a Giselle tratándola de prostituta, le dice “debe ser torturante ir detrás de alguien que no te quiere, que no te desea, que no se preocupa por ti, que está enamorado de otra persona, que te odia y esto duele”. Es allí donde Giselle la abraza y la protagonista estalla en llanto, y, dándose cuenta de su situación dice “él no me quiere. No duerme conmigo” refiriéndose a su esposo. Es aquí en donde ubicamos el tiempo 2. Es el punto donde Betty debe dar respuesta de lo que le sucede, y debe responsabilizarse por su accionar del tiempo 1.

Ubicamos un tiempo 3 que implica el efecto sujeto, que es una respuesta a la interpelación que implica una dimensión ética. Es decir que al hablar de efecto sujeto se habla del acto, y es ético porque es el acto en que se produce un sujeto de deseo inconsciente. La interpelación subjetiva se pone en marcha cuando la Ley simbólica del deseo, ob-liga a retornar sobre la acción [5].

En relación a la situación planteada se puede ubicar como tiempo 3 al camino que decide transitar la joven Betty. Ella logra solicitar el divorcio, decide enfrentar a su madre frente a la profesora Watson, logra decirle que se va a vivir con su amiga Giselle y que considera el hecho de estudiar una carrera universitaria, independizándose tanto de Spencer como de su madre.

Betty le dedica la última edición del “College News”, el cual dice,

“Mi profesora Katherine Watson vivía en su propia definición y no se comprometía con eso, ni siquiera con Wellesley. Le dedico esto, mi última edición a una mujer extraordinaria quien vivió según los modelos y nos hizo ver el mundo a través de unos ojos nuevos. La han llamado vagabunda sin destino, pero no todos los que vagan lo hacen sin destino. Especialmente aquellos que buscan la verdad más allá de la tradición, más allá de la definición, más allá de la imagen. Nunca te olvidaré”

La protagonista despierta de ese conformismo para situarse en otra posición subjetiva, en la del sujeto activo, dirigiéndose en contra de lo establecido, porque lo establecido allí, le juega una mala pasada, ya que el esposo la engaña con otra mujer. Es allí que la joven puede modificar el particular, es decir aquello que es consensuado y establecido, a partir de algo que lo excede. Esta situación se plantea gracias a la otra mirada que les intenta mostrar la profesora Watson, que, entre otras cosas, modificó el aprender a elegir un modo de vida, a poder vivir construyendo un destino antes no esperado, que es singular en cada uno de las personas y que está teñido por un tiente creativo tal como se propone en el juego novedoso del arte.

La responsabilidad adviene en la grieta entre la Necesidad y el Azar [6], allí también adviene el sujeto, sujeto como deseante. Cuando Necesidad y Azar rigen por completo o por una combinación de ambos, no es pertinente la pregunta por la responsabilidad, ésta sólo aflora cuando hay una grieta entre el par Necesidad y Azar. Para los griegos, Necesidad era el nombre de la diosa que regía justamente aquellos sucesos ajenos a la voluntad humana [7]. También es conocida como el destino. En el film se visualizó claramente que el hecho de formarse académicamente para luego poder casarse y conformar un hogar y tener hijos tiene que ver con un destino predeterminado que deben vivir las mujeres de Wellesley. Es algo de lo cual no se les permite abandonar y le es ajeno a la voluntad de estas jóvenes.

El Azar es considerado también por los griegos como una diosa que regía los eventos ajenos al orden humano, pero que escapan a la égida de Necesidad [8], se trata de la suerte o la coincidencia. En relación a este punto podemos ubicar en el film al momento por el cual Giselle ve a Spencer con otra mujer, es aquí donde nosotros como espectadores vemos realmente que es lo que sucede. Es un momento de coincidencia, marcado totalmente por el azar.

Sin duda hay algo que se escapa a la lógica de la necesidad y la del azar, tiene que ver con esa grieta donde emerge la responsabilidad subjetiva. Es allí donde la protagonista incursiona modificando algo de este destino, de lo que le es fijado de antemano.

Siguiendo las líneas del texto de Oscar D’Amore [9], no hay responsabilidad subjetiva sin culpa, la responsabilidad subjetiva es la culpabilidad misma de lo que se hace y de lo que se dice. La culpa es el reverso de la responsabilidad. En este recorte, la protagonista responde relatando ese expresivo texto, dando cuenta de que había forjado una idea errónea respecto de la profesora Katherine Watson, así como también respondió con el divorcio contradiciendo a su madre y a los lineamientos establecidos. Es indudable pensar que allí hubo algo de culpa que ob-ligó a Betty a responder.

La hipótesis clínica que se puede desprender a partir de lo situado en los tres tiempos es que Betty en sus escritos y en lo que dice critica con arrogancia a los demás pero lo que realmente expresa es lo que en realidad quisiera ser. Critica a Katherine por ser liberal y subversiva, cuando ella se siente oprimida por su madre y su entorno; no está de acuerdo con que su amiga vaya a la universidad para que cuide de su hogar, cuando ella no puede –o bien se podría decir no quiere- sostener un hogar debido a la ausencia de Spencer; critica a Giselle, cuando en realidad lo que le dice, se lo dice a sí misma. Algo de esto da cuenta de su deseo. Finalmente ella responde haciéndose cargo de su deseo, responsabilizándose por lo sucedido, y emprendiendo así un nuevo camino, con nuevos desafíos sin duda, pero diciendo un “Nunca te olvidaré…”

Bibliografía

Juan Jorge Michel Fariña, “Ética Un Horizonte en Quiebra”. Eudeba, Buenos Aires, 1998.

Gabriela Z. Salomone y María Elena Domínguez, “La transmisión de la ética. Clínica y Deontología Vol. I: Fundamentos”. Letra Viva, 2006.

Juan Jorge Michel Fariña, “Responsabilidad: entre necesidad y azar” Ficha de Cátedra. Cátedra I Psicología, Ética y Derechos Humanos, Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires.

La Sonrisa de Mona Lisa / Mona Lisa Smile. Comentario “Aprender a ver: un saber-hacer con la mirada” por Domínguez, María Elena



NOTAS

[1Título Original: Mona Lisa Smile, dirigida por Mike Newell, USA, 2003. http://www.imdb.com/title/tt0304415/

[2“El sujeto dividido y la responsabilidad” Gabriela Z. Salomone, “Responsabilidad sujetiva y culpa” Oscar D’Amore, en “La transmisión de la ética. Clínica y Deontología Vol. I: Fundamentos” Gabriela Z. Salomone y María Elena Domínguez. Letra Viva, 2006.

[3“Responsabilidad: otro nombre del Sujeto” Juan Carlos Mosca en “Ética Un Horizonte en Quiebra” Juan Jorge Michel Fariña. Eudeba, Buenos Aires, 1998.

[4“Responsabilidad sujetiva y culpa” Oscar D’Amore, en “La transmisión de la ética. Clínica y Deontología” Gabriela Z. Salomone y María Elena Domínguez. Letra Viva, 2006.

[5Ídem 4

[6Ídem 3

[7“Responsabilidad: entre necesidad y azar” de Juan Jorge Michel Fariña, Ficha de Cátedra. Cátedra I Psicología, Ética y Derechos Humanos, Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires.

[8Ídem 7

[9Ídem 4





COMENTARIOS

Mensaje de Valeria Suque Stecklein  » 30 de noviembre de 2011 » val9_2004@hotmail.com 

Muchas Gracias por el comentario Noelia, es cierto que se puede visualizar la responsabilidad subjetiva en Katherine, y en otros personajes, esto da cuenta de la riqueza del film, y en la posición que nos deja..en la de seguir indagando

saludos,

Valeria



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Película:La sonrisa de Mona Lisa

Titulo Original:Mona Lisa smile

Director: Mike Newell

Año: 2003

Pais: Estados Unidos