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El presente escrito tiene por objetivo ubicar las coordenadas del circuito de la responsabilidad subjetiva entendiendo por tal un circuito que se despliega en tres tiempos lógicos que se entrelazan de tal modo que, solo aprés coup, pueden ser resignificados y permiten ubicar allí el despliegue de una singularidad en situación que verifica la responsabilidad subjetiva: “una toma de posición en relación a lo universal inscribiendo un acto que produzca un sujeto” . “La vida de lo otros” es el film sobre cuyo recorte se irán ubicando las coordenadas de este circuito. La responsabilidad no es un concepto claro, ni unívoco, es algo que se atribuye y esta atribución se hace desde una cierta noción de sujeto. Nos interesa aquí diferenciar la responsabilidad jurídica y la responsabilidad moral que se atribuyen al yo, en tanto sujeto autónomo e intencionado, de aquella otra dimensión que nos convoca a pensar y que es la responsabilidad subjetiva. “la responsabilidad subjetiva interpela al sujeto más allá de las fronteras del yo, asentándose en la noción de sujeto del inconsciente” Esta responsabilidad, no judiciable, impone al sujeto responder por su acto, responsabilidad que interpela al sujeto en tanto su acto compromete su Deseo. Wiesler es un hombre solitario, gris, su vida está vacía y solo encuentra un ser en su hacer, como profesor de técnicas de interrogación y agente de la stasi (policía del régimen comunista de la Alemania Oriental) ocupa su vida en un riguroso cumplimiento de su trabajo. Inmerso en este régimen totalitario, identificado con este Ideal vive en un estado de sospecha permanente. Invitado por su superior a presenciar la puesta en escena de una obra del dramaturgo Dreyman y protagonizada por su mujer, Chrita María, Wiesler no concibe que esta pareja no esté vigilada. Sugiere a su jefe montar una vigilancia de inmediato, pues le parece que Dreyman “no es trigo limpio” y se ofrece para ser él quien se encargue del proyecto. Con ayuda de una cuadrilla Wiesler monta todo un sistema de micrófonos en el departamento de la pareja de artistas con el propósito de encontrar un indicio de que el dramaturgo no es un perfecto adhesor del régimen. Tenemos aquí un tiempo 1. Un tiempo en el que se pone en marcha una acción cualquiera que se supone se agotará en el fin para la que fue propuesta. Pero ciertas situaciones acaecidas luego nos muestran que aquella acción tuvo consecuencias no previstas. Rodeado de enormes aparatos de escucha comienza a participar de la vida cotidiana de la pareja, los oye hablar, pelear, reconciliarse y hacer el amor. Su frialdad comienza a quebrarse. Wiesler comienza a sentir… no se sabe qué, el espectador no logra descifrarlo, probablemente tampoco él. Las pocas cosas que escucha y que podrían servir para incriminar a Dreyman las adultera en sus informes, y racionaliza esto bajo pretexto de que no son importantes. Incluso descalifica lo oído por su relevo de escucha (otro miembro de la stasi). El azar hace que sea Wiesler el que está escuchando cuando Dreyman recibe un llamado en el que le informan que Jerska se había suicidado. Jerska era uno de los amigos más íntimos de Dreyman, otro dramaturgo que, habiendo caído en la “lista negra” del régimen, tenía prohibido trabajar de lo suyo y había sido condenado al sufrimiento más extremo: el silencio de su obra, una suerte de destitución subjetiva. La noticia hace que Dreyman escriba un artículo acerca de lo oprimente que es el régimen, y de lo terrible de su forma de manipular la vida de todos los que están inmersos en él. Al escuchar esto Wiesler cree haber hallado algo que comprometa al dramaturgo, rápidamente escribe un informe y lo lleva a su superior. Cuando lo está por entregar escucha a su jefe decir cual sería el castigo para los artistas traidores: el encierro y el aislamiento extremo, nadie podría dirigirle palabra alguna. Estas palabras tocan algo de la intimidad de Wiesler (o de la ex-timidad podríamos decir con Lacan, en tanto es lo más íntimo y a la vez lo más ajeno al sujeto), algo de su fantasma vacila en esta escena. Oculta el sobre y se retira sin entregar su informe. ¿Era acaso eso lo que él pretendía lograr con su acción del tiempo 1, condenar a aquel hombre sensible al aislamiento mortífero del silencio? Situaremos aquí un tiempo 2, tiempo en que el sujeto recibe indicios de que las consecuencias de su acción han excedido sus propósitos, tiempo en que el sujeto es interpelado, obligado a responder por su acto. Tiempo en el que puede responderse de muchas maneras: con negación, con intelectualización, con sentimiento de culpa… La culpa es aquí lo que nos pone en la pista de que algo de la dimensión del Deseo del sujeto se desplegó en aquella acción y de ello es responsable el sujeto. No hay responsabilidad subjetiva sin culpa, es la interpelación lo que genera culpa: “Es la culpa lo que ob-liga a responder” por la acción, porque si la acción del tiempo 1 se hubiera agotado en sus fines, entonces…¿ por qué la culpa? Es la culpa que emerge en el tiempo 2 la que hace que se retorne sobre la acción del timpo1 por la que se debe responder. ¿De qué es responsable Wiesler? ¿De qué debe responder? Ciertamente no de haber estado tras los auriculares escuchado que los otros viven una vida más feliz que la suya, tampoco de haber desconfiado de ellos en tanto el particular del régimen así lo exigía, ni siquiera de haber obedecido órdenes. Todo esto exige respuestas desde el plano moral, plano de lo particular, pero no es ello lo que nos interesa aquí. De lo que se trata en tanto responsabilidad subjetiva es de responder de algo que lo implica subjetivamente, algo que implica su ser, algo de su Deseo. En esta articulación que, retroactivamente, a partir del tiempo 2 (tiempo que funda el circuito) lo liga con el 1 es donde algo del Deseo del sujeto se despliega y donde podemos ubicar una hipótesis clínica: el sujeto de Wiesler se oculta tras el Ideal del régimen, en esta identificación obtura lo precario de su identidad y se mantiene a resguardo del Deseo. Alienado a este Ideal su ser se mantiene a raya y se protege de la angustia de su propio aislamiento, de su soledad. Quizás algo de un querer saber sobre el amor roza ese Deseo indecible. Quizás en la intención de la acción se articulaba algo de un querer darle a su vida un sentido, encontrar algo del afecto que hiciera de su existencia algo menos gris. En el tiempo 1 Wiesler monta todo este sistema de escucha para atrapar a Dreyman en falta y lo que termina descubriendo es su propio vacío, su falta… Y esto en su doble vertiente, el vacío de su propia soledad, pero también la falta en sentido analítico como aquello que causa su Deseo. Su acción claramente tuvo consecuencias más allá o más acá del fin para el cual se proponía. El tiempo 2, reflejado en aquella escena, nos permite ubicar el derrumbe de un particular, el régimen, fiel custodio de la moral de la época, se desmorona. Ese Ideal se diluye cuando revela su cara perversa. Es que lo dicho por el jefe de Wiesler pone de manifiesto que el Régimen pretende imponer su moral, sus normas, y para quien no se encuadre dentro de este particular una suerte de in-existencia, in-existencia que Wiesler está empezando a sentir sobre su ser. Efecto particularista que “se verifica en la pretensión de que un rasgo particular devenga condición universal (…) pretendiendo que todos sean eso.” Es el momento en que “el universo particular, egosintónico que sostenía al sujeto en un sistema moral se quiebra posibilitando la emergencia de una pregunta” sobre su ser. Es el quiebre de este particular el que permite el despliegue del eje universal-singular en el que algo nuevo emerge, una singularidad que suplementa el universo previo existente. Si esto ocurre, estaremos en un tiempo 3 del circuito. Lo ubicaremos en este circuito cuando el quiebre del particular, la desafectación afectiva que el régimen exige, da lugar a la implicación afectiva del sujeto en situación. Que se despliega en el eje Universal-singular, donde surge algo no previsto, no existente en el universo previo y que por ello hace del acto un acto ético, un acto creador. Si algo operó aquí en el orden de la necesidad es que aquel dispositivo de escucha, por sus propiedades tecnológicas, necesariamente lo llevarían a escuchar todo, no había posibilidad alguna de filtrar selectivamente lo oído, de evitar escuchar las manifestaciones de un amor y una sensibilidad que hace tambalear la desafectación afectiva en la que Wiesler se refugia de su propio Deseo. El azar quiso que fuera Wiesler y no su relevo, el que escuchara los momentos más decisivos que lo confrontaron con algo de su Deseo, la noticia de la muerte de Jerska, la angustia que Dreyman experimenta por esta pérdida, su necesidad de protesta contra el régimen y sobre todo la desgarradora interpretación del “Soneto para un Hombre Bueno” (pieza musical que Jerska había obsequiado a Dreyman para su cumpleaños) que es tocada por Dreyman en una escena en la que la cámara nos muestra el rostro de Wiesler (en la soledad del ático desde donde escuchaba) realmente conmovido. Este título: “Soneto para un hombre Bueno” volverá a aparecer en lo que ubicaremos como tiempo 3. En el circuito de la responsabilidad situaremos un tiempo 3 cuando ubicamos un acto ético, un acto en el que emerge algo del efecto sujeto que se despliega en el eje Universal-Singular más allá del particular. Años más tarde Dreyman al enterarse de que había estado vigilado, no comprende porque no fue arrestado por el artículo que escribió criticando al régimen. Dreyman investiga entonces su caso y descubre que WX. (así se identificaba Wiesler en sus reportes) lo había protegido, adulterando las escuchas. Escribe entonces un libro titulado “Soneto para un hombre Bueno”. En el tiempo 3 reencontramos a Wiesler (que por su encubrimiento había sido confinado a abrir cartas en un sótano) liberado del régimen, tras la caída del muro de Berlín. En esta escena Wiesler recorre las calles repartiendo correspondencia, al pasar por la vidriera de una librería ve los carteles que promocionan la nueva obra de Dreyman, Wiesler entra a la tienda y toma un ejemplar para ojearlo, en la primera página lee: “Dedicado a WX” se dirige al mostrador con el libro y cuando el vendedor le pregunta si es para regalo responde: “Es para mí”. Ciertamente la escena es muy sutil, y la respuesta de Wiesler puede pasar desapercibida si se escucha allí que es él quien se quedará con el libro. Pero no es eso lo que dice más allá de su decir, lo que se escucha más allá de lo dicho es que él es ese “hombre bueno” para quien el texto fue escrito, algo en su vida ha cambiado, ya no está vacía, el afecto que otrora surgió en él para con Dreyman, ha sido correspondido. Podemos pensar que Wiesler se ha posicionado de otro modo frente a su Deseo, ya no se aliena para evadir los afectos, parece estar ahora dispuesto a dar lugar al afecto en su vida. El sujeto emerge aquí en su implicación afectiva.

Universidad de Buenos Aires
Facultad de psicología
Psicología, Ética Y Derechos Humanos
Cátedra I Titular: J.J Michel Fariña
ATP: Marcela Brunetti
Co-Ayudante: Florencia Levato
Segundo Parcial
2º Cuatrimestre año 2009

Alumna:
Sarrasquet, Leticia Alejandra
LU: 25148719/0

Bibliografía:

• Ariel, A: Moral y Ética. Una poética del Estilo. El estilo y el acto, Ed Manantial. Bs. As.
• D’Amore, O; Responsabilidad y Culpa; en: La transmisión de la ética: clínica y deontología Vol I. Fundamentos. Letra viva, Bs. As. 2006
• Domínguez, M. E.: Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis; en: La transmisión de la ética: clínica y deontología Vol I. Fundamentos. Letra viva, Bs. As. 2006
• Michel Fariña, J. J: Lo Universal-Singular en: Ética: Un horizonte en quiebra. Eudeba, BS. AS, 2008
• Michel Fariña, J. J: Del Acto Ético en: Ética: Un horizonte en quiebra. Eudeba, BS. AS, 2008
• Michel Fariña, J. J: “The Truman Show” Ficha de cátedra I de psicología, ética y derechos humanos. Facultad de Psicología; Universidad de Bs. As.
• Mosca J.C.: Responsabilidad: Otro nombre del Sujeto en Ética: Un horizonte en quiebra. Eudeba, BS. AS, 2008
• Salomone, G; El sujeto autónomo y la responsabilidad; en: La transmisión de la ética: clínica y deontología Vol I. Fundamentos. Letra viva, Bs. As. 2006
• Salomone, G; El sujeto dividido y la responsabilidad; en: La transmisión de la ética: clínica y deontología Vol I. Fundamentos. Letra viva, Bs. As. 2006



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