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Etica y Cine
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por 

Psicología, Ética y Derechos Humanos
Cátedra I – Cód. 71
Prof. Tit. Reg. Lic. Juan Jorge Michel Fariña

Sonata del los hombres

Comisión 9

Autora: Adriana María Mandolini – LU 131460090
amandolini@orlando.com.ar

2º Cuatrimestre

Buenos Aires, 19 de Noviembre de 2009

Georg Dreyman es der Dichter, el poeta mimado del gobierno socialista de la DDR -República Democrática de Alemania. “El único que se lee en occidente”, según el Teniente de los Servicios Secretos del Estado, Stasi, Anton Grubitz y el que “escribe que la DDR es el schönster mejor país del mundo”.
Tales credenciales no bastan para la mirada del Capitán Wiesler, quién ve en el apuesto autor de “Gesichter der Lieber” a un tipo arrogante al que habría que vigilar. Vaya si no. Alguien capaz de escribir sobre el “Rostro del Amor” debe resultar altamente inquietante para un gris burócrata de los servicios de espionaje gubernamental.
Georg Dreyman es el dramaturgo del film “La vida de los otros” (2007), y el personaje de interés para nuestro análisis.
Georg Dreyman es amigo de Paul Hauser y Albert Jerska, ambos, hombres de la cultura que ya son críticos del sistema y han caído en desgracia. Es el año 1984. Además es el amigo de la popular actriz de teatro Christa-Maria Sieland. Una pareja ideal. Ella es la protagonista que todas las noches recita el texto de su obra teatral. Ella spielt actúa en el escenario el rostro del amor. Todo un Erfolg éxito que, como tal, Dreyman festeja.
Y allí es cuando la pareja, bella y sensual, baila bajo la mirada del Ministro de Cultura Bruno Hempf, quien lo bendice con palabras de un otro que no recuerda en ese momento, “El poeta es el ingeniero del alma”. Halagos del poder que sostienen al artista, en tanto Hauser le reprocha al oído por “los amiguitos” que ahora tiene. Dreyman desestima esa apreciación y goza la embriaguez del éxito. Hauser insiste y trae a la memoria del Kulturminister al autor de sus palabras, Stalin. Hempf siente la provocación de Hauser y les recuerda que “el partido necesita de los artistas, pero ellos más del partido”, en tanto desliza su mano por la cadera de la “más bella schönste perla de la DDR” y exalta las virtudes del exitoso Dreyman por su “amor a la humanidad y la confianza en la gente”.
Georg Dreyman es el niño mimado. En el mejor país del mundo su vida es un éxito. Feliz juega a la pelota en la calle con los chicos del barrio. Feliz continúa camino y en su casa lo reciben los besos de su liebe novia, quien por la noche es traída del teatro en una limousine.
El exitoso y feliz Dreyman visita a su amigo Albert Jerska, un director de teatro encumbrado hasta ayer por el partido gobernante, hoy destituido de su cargo, y condenado a compartir una vivienda con otros viejos, seguramente caídos en desgracia como él. Jerska ha debido apilar toda su vida en una habitación en la que entre los libros se asoma el manifiesto Die Räuber de Schiller, pegado a una pared como un trofeo de lo que, tal vez, fue el mayor éxito de su carrera. Mientras sirve dos copas de vino tinto, el viejo Jerska recita una letanía de quejas sobre su condición. “No parezco yo, ¿no? Tal vez éste sea el verdadero yo. Antes amable y amistoso (…) alimentado por el éxito, por la gracias de esos peces gordos. Tal vez en la otra vida sea un escritor, un feliz escrito que escriba lo que quiera… ¡como tú!”
Dreyman se regodea en su fuero interno, orgulloso de lo que su amigo opina de él. Jerska continúa preguntándose sobre “qué es un regisseur sin poder dirigir… qué es un molinero sin maíz…” y ahí es cuando se responde con “Kein nicht mehr! ¡Nada más!... “Kann nicht mehr! ¡No puedo más!” Un fatal anuncio que el exitoso Dreyman no escucha y el viejo director enmudece al decirlo.
Georg Dreyman sabe que la rueda de la fortuna hoy le favorece y él ocupa ese lugar por el que hoy su amigo sufre haber perdido. Hoy la buena suerte está de su lado, y culposo trata de consolar contándole sobre promesas del Kulturminister, que “hay esperanzas concretas”. Descuida que frente a él tiene un viejo director de teatro, quién no puede evitar interpelarlo con una mirada escéptica y la correspondiente pregunta para cerciorarse sobre si eso es verdad. El silencio de Dreyman lo rellena su viejo amigo balbuceando un tímido “Das ist schön! ¡Eso está bien!”
Lo que Dreyman no sabe es que en esos precisos instantes, un grupo de hombres de la Stasi cableaba íntegramente su casa. A partir de entonces su vida no tendrá secreto alguno para los afinados oídos del espía Wiesler, quien escribirá una historia en paralelo desde el altillo de su propia casa.
Georg Dreyman regresa cuando Christa-Maria prepara adornos de festejos. Ella ha conseguido vino georgino barato para “el santo bebedor”, y mientras él no sale de su asombro por haberse olvidado de invitar a su viejo amigo, ella le declara que él “es fuerte y seguro” y que “así lo necesita”, que “no se deje derrotar”. “¡Albert es mi amigo!”, proclama él y “Yo tu chica”, le recuerda ella. Es su 40° aniversario, casi como su patria socialista, ocasión en que le prometió a ella ponerse una corbata. Y ella le regala a su “alter Arbeitsdichter” viejo poeta obrero esa corbata. “Luché mucho para quitarme esta cadena de la clase media”, protesta el poeta en tanto Christa-Maria le pide que se la ponga “solo” para ella. Así es cómo la vecina, que sabe lo que él no sabe que se escribe en el altillo de su casa, le ayuda con el nudo que él olvidó hacer de la corbata.
La Spitze cima del éxito reclama sus tributos.
Georg Dreyman fuerte y seguro deslumbra a Christa-Maria con su corbata. Durante la fiesta el solitario Jerska le entrega su regalo, mientras Paul Hauser interroga vehemente al nuevo director Schwalber y a los gritos le explica la razón de su éxito. Pertenecer a la Stasi. Fuerte y seguro Dreyman intercede disculpando la borrachera de su amigo, pero es Hauser el que no le permite semejante desvío y exige una aclaración a Dreyman. Y Dreyman niega saber que el director de teatro que dirige su obra es de la Stasi.
Ahí es cuando Paul Hauser decide retirarse y mientras se enfunda el abrigo en el vestíbulo de la casa del poeta, le reprocha que sea un idealista y lo pone en aviso que “informantes y conformistas verräter traidores arruinaron a Albert”. “Man muβ Du dein Positions bessitzen, wenn Du kein Mensch bist! ¡Debes ocupar tu posición, sino no eres un hombre! ¡Si no haces algo, no eres humano! Si piensas hacer algo, llámame. Si no, no me llames más”.
La cima del éxito tiene su precio. Dreyman se queda solo en el vestíbulo de su casa. Abrirá los regalos mientras ella se burla del mal gusto de sus amigos y el de él también, aunque el poeta reclama que para “algunas cosas (su gusto) no es tan malo”. La toma entre sus brazos y entonces descubre el regalo que su amigo Albert le trajo, una partitura para piano de Sonate vom Guten Menschen.
Desde el altillo el informante Wiesler teclea en su máquina de escribir “Lazlo und CMS packen Gesenke aus. Danach vermütlich Geschlechtsverkehr – Lazlo y CMS abren regalos, luego posiblemente tienen sexo”.
Cuando Christa-Maria trae la noticia sobre la prohibición de Hauser para viajar a occidente, el poeta no se sorprende y atribuye esa decisión política a “su arrogancia, ¡es lógico!” Pero cuando días más tarde suena el teléfono y Wellner lo anoticia de la muerte de Jerska, el poeta enmudece. Dreyman se sienta al piano y suena las notas de la Sinfonía de los hombres buenos. Solo al finalizar y mientras Crista-Maria lo abraza él recuerda a Lenin quien decía que alguien que haya “wirklich” verdaderamente escuchado la Appassionata de Beethoven, ¿puede no ser humano?”
La feliz vida del exitoso poeta comienza a sentir la sombra de algunas nubes sobre su existencia. Se inquieta cuando su novia se apresta a salir, va a cumplir con la cita de los jueves que tiene con el Kunstminister. Dreyman le teme a la soledad y a no poder escribir. Sin más le confiesa saber sobre esa cita, sobre sus píldoras, que lo angustia no estar junto a ella y, allí en el vestíbulo, cuando trata de retenerla sus palabras suenan como una plegaria al implorarle
“Christa-Maria bis Du eine grosse Künstlerin. Christa-Maria tu eres un gran artista
Ich weiβ, dein Publikum weiβ es auch. Tú lo sabes, también tu público
Du brauchst es nicht Tú no necesitas eso
Brauchst Du nichts. Tú no lo necesitas
Bleibst Du hier, nicht zu him. Quédate aquí, no vayas con él.
Bleibst hier, nicht zu him! Quédate, no vayas con él.”

Ella temblorosa lo escucha y realista le pregunta
“Nein? ¿No?
Brauche Ich nicht? ¿No lo necesito?
Brauche Ich dieses ganzes System nicht? ¿No necesito yo de este sistema?
Und Du? Du brauchst auch nicht. ¿Y tú? Tú tampoco lo necesitas
Oder recht nicht. Para nada
Aber liegst Du genau auch ins Bett. Warum? Pero tú también te acuestas con ellos. ¿Por qué?

Entonces Christa-Maria descarnadamente le responde “porque pueden destruirte pese a tu talento y tu fe. Ellos deciden… No quieres terminar como Jerska, ¿no? Yo tampoco.” Dreyman le da la razón en lo que ella dice y le promete “Ich will vielen anders machen- quiero hacer bien de otro modo.”
En los funerales de Jerska vuelven a encontrarse con Hauser y allí, frente al féretro del viejo Albert, cuando Dreyman dice “Ich wüchste nicht so schlimmer um zu stand- no sabía que estuviera tan mal”. El suicidio de su viejo amigo lo angustia y martiriza al punto que lo ubica en la línea de fuego con el régimen, ya no podrá seguir escribiendo que la DDR es el mejor país del mundo. La Stasi que sabe todo de todos oculta ese secreto al que él ahora está dispuesto a indagar hasta lo más profundo.
Dreyman piensa hacer algo, entonces es hora de llamar a su amigo Hauser. (Inicia tiempo 1) Le muestra los bosquejos de ese trabajo con el que pretende denunciar las muertes de los hombres de la cultura en el régimen socialista. Hauser le indica algunos detalles a tener en cuenta, su artículo será anónimo, Christa-Maria no deberá saber nada, “para cuidarla”, y tendrá que conocer al editor occidental Hessenstein, de la revista Der Spiegel.
Nuevamente el sol brilla para el poeta mimado. Dreyman así se comporta cuando recibe en su casa “limpia” de la Stasi y en la que su recuperado amigo corrobora diciendo que “es el único lugar de la DDR donde puedo decir lo que quiera”. De todos modos el redactor occidental les recuerda que “con la Stasi no se bromea” y exige que la máquina de escribir que le trajo tenga un escondite seguro. El umbral entre el vestíbulo y su estudio será donde guardará la pequeña máquina de escribir y las hojas impresas en tinta roja. Tan roja como la sangre de su dedo, cuando un día al guardarla se lastima y su huella queda estampada en el papel. (Tiempo 1)
De fondo se escucha una canción popular que dice que cuando el tiempo es malo o la suerte no acompaña repite el estribillo “…und versuchut gut zu sein… y trata de ser buena persona”, una versión de a mal tiempo buena cara.
Dreyman trabaja junto a Hauser y Walllner y disfruta los privilegios que el poder le concede. Nuevamente es feliz, no repara que debe ser cuidadoso con el escondite de su máquina, Christa-Maria lo descubre un día al regresar a su casa. Y juntos un día escuchan en el noticiero televisivo sobre la nota de tapa del magazín occidental, Die geheime Selbstmord-Statistik, los secretos de las estadísticas de los Suicidios. Siente que ha podido burlar los resortes del intrincado sistema de espionaje del que nadie está excepto.
Pero Dreyman no sabe lo que se teje entre bambalinas de su propia vida y la tormenta que acaba de desatarse. En el altillo de su casa el informante Wiesler arregla el argumento de los informes para salvar su propio pellejo y Crista-Maria en los cuarteles centrales de Hohenschönhausen salva su existencia comprometiéndose a ser la agente secreta “Marta”. Marta como su personaje del Rostro del Amor que todas las noches recita en el teatro.
Cuando el teniente Grubitz arriba con sus hombres dispuesto a desenmascarar a Dreyman y adjudicarse el éxito de la “operación Lazlo”, Christa-Maria no resiste haberlo delatado y desesperada huye a la calle donde un camión la atropella fatalmente. Christa –Maria se muere en los brazos de Dreyman que llorando no deja de repetir “Verzeiht Mir! ¡Perdóname!”
Por sobre su cabeza escucha que el teniente Grubitz le dice que se trató de un malentendido y se disculpa sin más. (La traducción adjudica un Kamerad Dreyman que nadie pronuncia). Porque también allí él se queda solo, el System régimen le ha retirado todo privilegio.
Cuatro años y siete meses más tarde “Die Mauer ist offen! ¡Cae el Muro!”. Y dos años más, en una Alemania ya reunificada, Georg Dreyman se encuentra escuchando una nueva puesta en escena de su obra. (Inicia Tiempo 2) No resiste escuchar su propio texto y conmovido se retira. En el hall otro hombre tampoco ha podido soportar sus recuerdos. Es el ex todopoderoso Kulturminister de la ex DDR, Bruno Hempf quien sale de las sombras y le viene al encuentro recordándole que, desde entonces, no ha vuelto a escribir. “¡Eso no está bien, con todo lo que el país invirtió en usted!”, y continúa con una nostálgica reflexión en la que esgrime comprenderlo, porque ya no hay “nada en qué creer, nada contra lo cual rebelarse”.
Allí es cuando Dreyman se anima y cara a cara le pregunta “Warum niemals war Ich abgehört? ¿Por qué nunca fui espiado? Cuando todos lo estaban ¿Por qué no a mí?” Gozoso Hempf lo pone a cuenta que él estuvo completamente vigilado, que sabían todo, todo el tiempo. Lo manda a mirar bajo los interruptores, mientras le dice que hasta sabían incluso que “unsere kleine Christa nicht so rechtig besorgen können- no podía proporciona el debido cuidado a nuestra pequeña Christa”.
Dreyman retorna a su casa y desmantela los cables ocultos en las paredes. Arranca del secreto esa estructura que por años se había negado a sospechar de su existencia. Dispuesto ahora a saber de los secretos que la Stasi había hurgado en su vida, se dirige a los archivos hoy devenidos en un lugar de la memoria. Una empleada le anuncia que “en su caso deben haber muchas carpetas”.
Dreyman no puede creer lo que ve cuando ante él se aparece un señor empujando una bandeja con dos pilas de carpetas. “Las viejas son las de arriba, las nuevas están abajo” indica la administrativa. Se queda solo frente a su propia historia escrita por otros.
Se entera que su caso fue la Operación Lazlo. Lee párrafos, salta de línea en línea. Y en un momento Dreyman lee “Lazlo und CMS packen Gesenke aus. Danach vermütlich Geschlechtsverkehr – Lazlo y CMS abren regalos, luego posiblemente tienen sexo”. Lee sobre la visita del tío de Hauser de Berlin occidental, que hablan de escribir una obra de teatro para el 40° aniversario de la DDR. Registra un código HGW XX/7. Se entera sobre el compromiso firmado por Christa-Maria Sieland para trabajar como informante de la Stasi, también la declaración sobre su denuncia de la autoría del artículo publicado por Der Spiegel. Lee que “Marta” fue el nombre de informante de CMS y que su muerte finaliza con la Op. Lazlo.
Que HGW XX/7 no es ascendido y que se le retira toda responsabilidad.
HGW XX/7 15.15 Uhr (horas) y al lado la huella de un dedo con sangre (Tiempo 2)
Dreyman está profundamente impresionado, solo atina a respirar hondo y averigua la identidad de HGW XX/7. Lo busca y cuando lo tiene a unos pasos de él, decide dejarlo continuar en su trabajo de cartero. Decide regresar a su casa. (Tiempo 3)
Dos años más tarde, el devenido cartero Wiesler camina y en el escaparate de la librería Karl Marx se exhibe un nuevo libro del poeta Georg Dreyman titulado “Die Sonate vom Guten Menschen”. Wiesler lo abre y lee “HGW XX/7 gewidmet, in Dankbarkeit dedicado a HGW XX/7, en agradecimiento”

Para hablar del circuito de la responsabilidad es necesario pensar en un tiempo lógico, en el cual la responsabilidad subjetiva no se encuentra en ninguno de los tres tiempos, sino en el circuito completo, en su conjunto. No hay responsabilidad subjetiva, sin culpa , afirma D´Amore, justamente porque la culpa es el reverso de la responsabilidad. El yo quiere pagar por lo que no hizo para no responder por lo que si hizo, como dice el autor, “el yo es un adalid de lo particular, responde para estabilizar la tensión que produce la interpelación” , elude la responsabilidad.
La culpa devela que algo grosso de la responsabilidad está en juego, cuando en el T2 se resignifica el T1, ellos cuentan el mito, son las circunstancias por las que atraviesa el sujeto en cuestión. En nuestro caso, cuando Dreyman deliberadamente T1 se propone hacer algo como hombre de cultura y “decide” escribir un artículo sobre los secretos de las muertes de sus colegas, muertes ocultadas por el régimen socialista. Aquí aún se está en el plano de lo moral, ideológico, social, él cree que con ese artículo de denuncia corrige su negación a ser más realista con el sistema imperante. Que con ese artículo reparaba la muerte de su amigo Albert que le había dicho que no podía más y él se había negado a escuchar. Que con ese artículo de denuncia recompondrá su amistad con el polémico Hauser, quien lo había retado por ser idealista y no hacer nada por ser un humano. Dreyman decide escribir ese artículo creyendo que así ocuparía su posición, que lo redima como ser humano.
Pero recién muchos años más tarde cuando Dreyman se enfrenta T2 con los secretos de su propia vida escritos por otro, es cuando se pone en marcha y el circuito se abre resignificando aquello del T1. Esa resignificación, movimiento iniciado en T2, responde a la interpelación de la culpa. Hace que Dreyman retorne a aquella decisión de escribir sobre los secretos de la Stasi y por la que debe dar respuesta. Por su negación a asumir los verdaderos riesgos de crecer como hombre, de crecer como poeta en un régimen autoritario. De asumir los verdaderos recaudos de cuidarse y cuidar quienes lo rodeaban.
Al ponerse en marcha el circuito de la responsabilidad, se abre un segundo plano en el que se ubica el sujeto del inconsciente. El sujeto de nuestro interés de análisis y el punto en el que podemos conjeturar una hipótesis clínica. Dreyman debe responder por su deseo inconsciente de ser ein guter Mensch, de ser un hombre capaz de encarnar su propia humanidad, ni bueno ni malo, sólo un ser con humanidad. Un hombre humano.
Esa es su responsabilidad subjetiva T3, ese otro nombre del sujeto , no en cuanto a respuesta a la interpelación de la culpa, sino como acto de producción del sujeto en una dimensión ética. Porque en el efecto sujeto hay acto, acto en el que se produce un sujeto de deseo inconsciente. “El estatuto del inconsciente es ético” , dirá Lacan.
No hay responsabilidad sin culpa, no hay deseo sin culpa. La interpelación subjetiva impone volver sobre la acción iniciada en T1, esa acción de lo particular de la moral que da lugar a interrogarse sobre la responsabilidad subjetiva. El efecto sujeto diluye el sentimiento de culpa del T1, ello es una respuesta diferenciada de dimensión ética, quiere decir, esa singularidad que hace desvanecer lo particular anterior.
Culpa y responsabilidad, la primera como déficit de Sujeto, la segunda como superávit de Sujeto. La culpa es estructural porque somos culpables de desear
La responsabilidad subjetiva sólo se muestra en ciertas circunstancias, así como el sujeto del inconsciente se muestra como fuegos de artificios. Sólo destellos. La responsabilidad del sujeto del inconsciente es cuando dice, hace, sueña, más allá del yo. Dreyman puede producir un movimiento que lo lleva a encarnar, tal vez, su deseo inconsciente y escribir su propia historia subjetiva. Posiblemente de eso trate su libro Sonate vom Guten Menschen – Sonata de los hombres (humanos)

El circuito de responsabilidad de Dreyman

Tiempo 1 Tiempo 2
Decide hacer algo Pregunta porqué nunca fue espiado
Llama a Hauser Desmantela cables
Escribe sobre los Secretos de la Stasi Lee los Secretos de su vida
Su dedo con sangre Dedo del informante con sangre
Sujeto de la Afimación Sujeto de la Perplejidad

Tiempo 3
Escribe la Sonata de los Hombres buenos
Sabe hacer algo, diluye el sentimiento de culpa
Decide ser poeta humano
Sujeto del Deseo

Todos realizamos acciones cuyos fines se agotan en sí mismos, por cuanto no podemos ser responsables de todo lo que nos sucede en la vida. La contingencia y el azar tejen la trama por la que se deslizan nuestras existencias. El eje de lo particular aloja a una y otra, de allí que cuando las circunstancias responden a la necesidad o al azar, no queda margen ni da lugar a la responsabilidad subjetiva. Porque justamente la responsabilidad subjetiva se instala en la grieta que se abre entre necesidad y azar.
La categoría necesidad responde a los designios de lo que hoy el hombre llama destino, fatalidad, compulsión. Situacionalmente escapa a la órbita del sujeto.
Azar responde a lo que hoy se denomina suerte, buena o mala. Se presenta en los hechos fortuitos, contingentes, accidentales.
En la vida de Dreyman podemos señalar una referencia de necesidad las muertes de su amigo Albert y su novia Christa-Maria, dos acontecimientos fatales pero que escapan al sujeto. Mientras por azar podemos pensar cuando elige escribir sobre los secretos que oculta la Stasi; cuando se encuentra con el exministro de cultura en el hall del teatro y se entera de su condición de espiado. Por nombrar algunas muestras. La vida de Dreyman como la de cualquier mortal está sostenida por una trama tejida por Necesidad y Azar.
Pero lo importante es la ubicación que ocupe el Sujeto frente a lo que sucede en su vida, no para lo particular de la moral sino para el Sujeto mismo. Porque eso que inesperadamente por azar toca su vida, roza lo real, será lo que funda la posibilidad de plantearse qué hacer con ello, ni retornar al mismo lugar ni tampoco repetirlo. Habrá que producir un movimiento, un acto ético. Nadie es ético, sólo los actos son éticos. Y será desde esa posición ética que el Sujeto esté dispuesto a confrontarse con la responsabilidad subjetiva. La ética se despliega en el eje universal-singular, da lugar a que el acto humano se realice. En este plano es que Dreyman logra realizar su acto ético, allí donde sorpresivamente irrumpe su singularidad produciendo una suplementación (universal) en nombre de una ley más elevada .

Bibliografía
• “La vida de los otros”. Film de Florian Henckel von Donnersmarck. © 2007

• D´Amore, O.: Responsabilidad y culpa, en La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006

• Lewkowicz, I.: Particular, Universal, Singular, en Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires, 1998

• Mosca, J.: Responsabilidad, otro nombre del sujeto, en Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires, 1998

• Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad, en La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006



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