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Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología

Psicología, Ética y Derechos Humanos
Cátedra I
Prof. Tit. Reg. Juan Jorge Michel Fariña

Segunda Evaluación

Profesora: Carew, Viviana

Ayudante: Carderone, Julia

Comisión: 17

Horario: Martes 18.00 – 19.30 hs.

Alumnas: Elordi, Daniela Jazmín – L.U: 33.466.7340
Sotelo Invidiato, Alejandra Lorena- L.U: 32.845.169

Mail: j4z_87@hotmail.com , carajoale@hotmail.com

Segundo Cuatrimestre, 2009.

Para llevar a cabo este trabajo tomamos el film “La vida de los otros” de Florian Henckel von Donnersmarck, del año 2007.
El recorte de dicha situación es el siguiente:
Gerd Wiesler miembro de la Stasi, la policía secreta de la RDA, es elegido para la vigilancia del conocido dramaturgo Georg Dreyman, escritor aparentemente fiel al régimen de Alemania del Este.
Un equipo de hombres de dicha policía ingresa a la vivienda de Dreyman, instalando micrófonos y cámaras, al mismo tiempo que se dispone la central técnica en el desván del edificio. El espionaje le permite a Wiesler, un hombre soltero, con una vida privada insignificante y un piso dormitorio decorado estérilmente, observar el mundo del arte y de los librepensadores, así como las relaciones interpersonales, de las que él no disfruta. Gracias a una máquina de escribir con tinta roja traída secretamente del oeste - la Stasi tenía registradas todas las máquinas de escribir - Dreymann escribe un artículo sobre la extraordinariamente alta tasa de suicidio en Alemania Oriental que es mantenida en secreto por el gobierno comunista. Por precaución, esconde la máquina bajo el umbral de una puerta. El artículo aparece publicado poco después en el magazin “Der Spiegel“, de Alemania Occidental.

En base a este recorte ubicaremos los tres tiempos del circuito de la responsabilidad subjetiva, trataremos también de destacar azar y necesidad, responsabilidad y culpa, y finalmente la hipótesis clínica.

Como se ha dicho previamente, a Wiesler le es asignada la misión de espiar a Dreyman, para comenzar con su deber encabeza el operativo de colocar en todo la vivienda micrófonos. A partir de ello comienza a llevar un registro continuo de la vida del dramaturgo y su mujer para encontrar irregularidades que los inculpen. El azar interviene en esta situación, Wiesler a quien se le eran asignaras numerosas misiones se topa con una pareja diferente a todo lo que es, sin saberlo los artistas que debe investigar modificarán su posición subjetiva. Sí el personaje en el recorrido invocara al azar se borraría de toda responsabilidad suprimiendo así su acto y taponando todo posible universal, en cambio Wiesler actúa con responsabilidad subjetiva.
En esta escena, ingresando a la vivienda de la pareja de forma intrusiva para instalar micrófonos y cámaras, podemos ubicar el tiempo uno del circuito de responsabilidad, tiempo en el que el sujeto lleva a cabo un acto de índole moral, campo donde las acciones tomarán como referencia los valores compartidos socialmente, lo esperable o lo condenable en una situación determinada. Aquí podríamos pensar que Wiesler actuó desde los valores aceptados por la Stasi y el régimen al cual pertenecía, ya que lo particular es un efecto de grupo. En este tiempo uno, la acción es llevada a cabo con plena conciencia y voluntad. Y cabe destacar que no hay sentimiento de culpa de alguno, para este agente buscar lo “sucio” en estas personas, violando su intimidad, es totalmente respetable.
Nos preguntamos que lo lleva al protagonista a defender este sistema de valores, torturando y denigrando la condición humana de todo aquel diferente. Freud, en El malestar en la cultura describe que los seres humanos no renuncian tan fácilmente a la satisfacción de su pulsión agresiva. Comenta que el sentimiento de comunidad de las masas depende de la hostilidad hacia una minoría extranjera, otorgándole a la pulsión de muerte un escape. Por lo tanto, amor a los pares y odio a los extraños son complementarios, es decir que la satisfacción narcisista del ideal, para los miembros de ciertos grupos, reside en los logros conseguidos solo sí se compara con otros de logro e ideales diferentes que resalta la diferencia y la consecuente exclusión.
Profundizando en la agresividad hacia el grupo diferente, resalta la satisfacción desviada que no puede dejar de reconocerse:
“Pero aun donde (la pulsión de muerte) emerge sin propósito sexual, incluso en la más ciega furia destructiva, es imposible desconocer que su satisfacción se enlaza con un goce narcisista extraordinariamente elevado, en la medida que enseña al yo el cumplimiento de sus antiguos deseos de omnipotencia”
Consecuentemente, podríamos plantear que el personaje defiende tan apasionadamente hasta el tiempo tres sus ideales porque en este recorrido se satisface la pulsión agresiva.
En la fiesta de cumpleaños de Dreyman, un amigo suyo y director teatral, Albert Jerska - quien tiene una prohibición de trabajo por ser crítico con el régimen - lee solitariamente un libro de Bertold Brecht. Wiesler, que vigila la escena, sustrae en otra ocasión furtivamente el libro.
Pensamos al tiempo dos en la escena de Wiesler leyendo la obra literaria muy relajadamente en el sillón de su casa, dibujándose en su rostro una expresión de profundo placer, mezclado con algo de lo sorpresivo. La lectura conmueve profundamente a Wiesler. Esa “conmoción” interpela al sujeto, esperando de éste una respuesta a dicha demanda, emergiendo como singular. En el circuito de la responsabilidad subjetiva la culpa obliga a la retroacción sobre aquella acción llevada a cabo en el tiempo uno, resignificándola. La Ley Simbólica del Deseo obliga a retornar sobre la acción del tiempo uno, pero el deseo no es sin culpa. Esta relación entre deseo y culpa es planteada por Lacan como: “la única cosa de la que se puede ser culpable, al menos en la perspectiva psicoanalítica es de haber cedido en su deseo” y resume de esta forma la Ética del psicoanálisis como una pregunta: ¿Actuaste en aprobación con el deseo? En la situación en cuestión debemos preguntarnos si Wiesler ha actuado en conformidad con el deseo.
La singularidad que se presenta en el tiempo dos se sustrae al régimen del uno, es la presentación de lo incalificable en el lenguaje de la situación, es potencia de sustracción y provoca el fracaso de las legalidades constituidas, pero siempre requiere de una intervención subjetiva que la produzca.
El sujeto se ve ante una encrucijada, dos opciones muy dispares entre sí le son presentadas, por un lado respetar al sistema de valores que ha defendido, el régimen socialista, lo que implicaría desconocer aquello de lo que ya no puede sustraerse: la interpelación subjetiva del tiempo dos. Por otro lado, la segunda opción es quebrantar al régimen al cual pertenece, actuar con responsabilidad subjetiva resignificando aquel tiempo uno en el que maltrata a cualquier otro diferente a su sistema de valores; elegir esta opción, oponerse al régimen, lo llevaría a descender de rango, ser torturado o la muerte, como también a un acto ético. Debe responder, porque no hay manera de no hacerlo, la interpelación lo exige como resultado de que la ley simbólica está inscripta.
La pareja del escritor, la actriz Crista-Maria Sieland, revela el lugar concreto donde está escondida la máquina de escribir en medio de un interrogatorio realizado por Wiesler en las salas de la Stasi. Wiesler sabe que los agentes irán en busca de esta máquina incriminadora, y que con ella corre riesgo la carrera e incluso la vida del escritor, por ello se adelanta y se dirige a la casa de Dreyman de la cual sustrae la máquina de escribir.
Aquí, en este accionar es donde pensamos al tiempo tres. La interpelación que se produce en el tiempo dos lleva al sujeto a una respuesta diferenciada, se produce el efecto sujeto, un acto ético, que es también una respuesta a la interpelación. Este tiempo tres resignifica al tiempo uno, a esa acción moral, la responsabilidad subjetiva, “el otro nombre del sujeto ” diluye el sentimiento de culpa surgido en el tiempo dos.
En este tiempo aparece aquello que llamamos responsabilidad subjetiva, “responsabilidad que atañe al sujeto en relación a aquello que desconoce de sí mismo” . El sujeto se hace responsable de su acto que inscribió el deseo.
A Wiesler se le ofrecen muchas coartadas para borrar su responsabilidad subjetiva, ya que no deja evidencia alguna de sus violaciones a las normas de la policía, y podría retornar a lo que era, en cambio elige, actúa. Modifica en este tiempo tres su posición subjetiva. A través del film vemos la forma en la que es enviado a un cargo denigrante dentro del régimen durante varios años; En 1989 anuncian por la radio la caída del muro de Berlín, Wiesler escucha, se para y se va del lugar, es libre, el personaje principal resignificó aquel tiempo dos en el que defendía un sistema de valores que ahora le es ajeno.

¿Por qué el sujeto se ve interpelado por el tiempo dos? ¿Qué es lo que provoca que modifique su posición subjetiva?
Del análisis anterior del film se desprende que la lectura del libro y el contacto con esos ideales tan distintos a los manejados por Wiesler en su vida, han provocado un quiebre en la estructura que constituye su sistema de valores. Wiesler que hasta el momento defendía la ideología comunista y las torturantes interrogaciones a los subversivos al leer el libro de contenido totalmente antagónico a sus creencias, re-descubre sentimientos de igualdad, libertad, amor a la vida, sentimientos a los cuales le cuesta resistirse. Podríamos especular que se abre frente a él una nueva manera de relacionarse con los objetos, nueva y totalmente atractiva, aunque el mismo no lo sepa, algo de esa manera de relacionarse hace ruido en él, llamándolo al cambio. Las relaciones que mantienen este círculo de personas son totalmente diferentes a las del tiempo uno del personaje, estas últimas son relaciones de desapego y sadismo, cuando no frías y conservadoras. Por lo tanto ubicamos como interpelación al momento en que Wiesler descubre que es posible mantener con el “otro” una relación diferente, de otra índole, sin tintes sádicos sino que una relación constituida por algo de la corriente tierna.
Esta nueva visión que no es consciente, con el cambio de posición, Wiesler se hace responsable sacando la máquina incriminadora, salvando no solo la carrera sino que también la vida del dramaturgo. Ha llevado a cabo un acto ético que de seguro no hubiera realizado por ninguna otra persona que constituían su entorno hasta la interpelación subjetiva, ya que ellas le mostraban más de lo mismo, nada que lo llevara a cambiar de posición.
Siguiendo el recorrido de la interpelación subjetiva, ubicamos una declinación en el modo de goce al cual el sujeto no quería renunciar hasta el momento de la interpelación, y así cabe preguntarnos sí el fantasma que mantenía hasta aquella singularidad en su situación también ha vacilado.
Ubicamos, además, en Wiesler una identificación de masa al ideal del yo en el tiempo uno. Freud describe a esta como: “Una masa primaria es una multitud de individuos que han puesto un objeto, uno y el mismo, en el lugar de su ideal del yo, a consecuencia de lo cual se han identificado entre sí en su yo.” Podríamos situar la interpelación subjetiva del tiempo dos como lo que hace caer y rompe la identificación, preguntándonos que provoca la ruptura conjeturando que el ideal del yo es medido nuevamente con situaciones que escapan a la lógica de la situación, que son de otra índole y que interpelan inconscientemente al sujeto quien debe responder.

BIBLIOGRAFIA
• Freud, S."Psicología de las masas y análisis del yo". En Obras Completas, op. cit., t. XVIII, caps. 7 y 8.
• Freud, S. “El malestar en la cultura”. En Obras completas, op. Cit., p. 117
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• Michel Fariña, J. (1998). Qué es esa cosa llamada ética. (Cap. II); Lo universal-singular como horizonte de la ética. (Cap. IV). El interés ético de la tragedia (Cap. V). Del acto ético (Cap. VI). En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
• Michel Fariña, J. (1998). La cuestión de las minorías. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
• Michel Fariña, J. (1992). Ética profesional. Dossier bibliográfico en salud mental y derechos humanos. Acápite 3.3: el status de la responsabilidad sobre los actos.
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• Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.



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