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Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología

Psicología, Ética y Derechos Humanos

Cátedra I

Profesor titular: Lic. Juan Jorge Michel Fariña

ATP: Lic. Ana Corinaldesi

Comisión: 23

Segundo parcial domiciliario
Fecha de entrega: 16 de noviembre de 2009

Alumnas:
• Parada, María Sol L.U.: 32468635/0
• Rodríguez, Silvia Mariel L.U.: 32605402/0

Cuatrimestre: 2do/2009

La película elegida para llevar a cabo el siguiente trabajo es “La vida de los otros”.

Ficha técnica
LA VIDA DE LOS OTROS
(Das leben der anderen)
Dirección y guión: Florian Henckel von Donnersmarck.
País: Alemania.
Año: 2006.
Duración: 144 min.
Género: Drama.
Interpretación: Martina Gedeck (Christa-Maria Sieland), Ulrich Mühe (capitán Gerd Wiesler), Sebastian Koch (Georg Dreyman), Ulrich Tukur (teniente coronel Anton Grubitz), Thomas Thieme (ministro Bruno Hempf), Hans-Uwe Bauer (Paul Hauser), Volkmar Kleinert (Albert Jerska), Matthias Brenner (Karl Wallner), Herbert Knaup (Gregor Hessenstein).
Producción: Quirin Berg y Max Wiedemann.
Música: Gabriel Yared y Stéphane Moucha.
Fotografía: Hagen Bogdanski.
Montaje: Patricia Rommel.
Dirección artística: Silke Buhr.
Vestuario: Gabriele Binder.
Estreno en Alemania: 23 Marzo 2006.
Estreno en España: 16 Febrero 2007

Contexto histórico del film
El Partido Socialista Único de Alemania se apoyaba en una concepción de mundo marcada por el Marxismo-Leninismo y la lucha de clases.
La decisión conceptual de erradicar toda individualidad permitió que el Ministerio de Seguridad del Estado (Ministerium für Staatssicherheit, MfS), o Stasi (La abreviación “Stasi” es utilizada para denominar el aparato secreto de represión de la dictadura del Partido Socialista Único de Alemania.), pergeñara la categoría de “los otros”. Todo aquel que fuera incluido en ella era interrogado, investigado, vigilado y combatido.
Ser arrestado era la prueba de que uno tenía relaciones con el enemigo, o con algún “factor” negativo, hostil. La Stasi entendía el programa del partido como la intrusión activa y amenazante en la vida de los otros, para eventualmente corregirlos cuando éstos no colmaban las expectativas del partido.
El mayor centro de detención del MfS se hallaba en la Hohenschönhausen en Berlín; los jóvenes interrogadores eran entrenados en la Escuela del MfS en Postdam-Eiche.
El término “procedimiento operativo” era empleado por la Stasi para designar el nivel más alto de monitoreo conspirativo sobre sujetos sospechosos.

Argumento
La historia se sitúa en el Berlín oriental del año 1984. La Stasi vigila cada día la vida de sus compatriotas. Gerd Wiesler, convencido comunista, capitán de la Stasi y profesor ejemplar de la Escuela del MfS en Postdam-Eiche, es elegido para la vigilancia del conocido dramaturgo Georg Dreyman, escritor fiel al régimen de la RDA.
Wiesler no sospecha que el ministro de cultura Bruno Hempf respalda el proyecto con la intención quitarse del medio a Dreyman ya que su interés estaba en la novia de este: Christa Maria Sieland. Ésta había cedido a los asiduos abusos del ministro bajo la amenaza de no volver a “subir a un escenario jamás”, es decir, no poder ejercer su trabajo de actriz.
El teniente coronel Anton Grubitz, superior de Wiesler, intenta estimular su ya pronunciado olfato espiatorio y seducirlo con un ascenso si el proyecto tiene éxito.
Un equipo de hombres de la Stasi cablea la vivienda de Dreyman, instalando micrófonos ocultos por toda la casa, y se dispone la central técnica, donde se iba a escuchar toda la vida del escritor y su novia, en el desván del edificio.
El espionaje le permite a Wiesler observar el mundo del arte, los librepensadores, así como las relaciones interpersonales, todo esto completamente ajeno a su vida.
La actitud conformista de Dreyman cambia cuando descubre la relación entre Christa y el ministro Hempf, y se decide a actuar cuando su amigo Albert Jerska, sin esperanzas de poder volver a trabajar en su profesión de director luego de entrar en las “listas negras” del régimen, se suicida. Al recibir la noticia Dreyman, conmocionado, toca al piano la “Sonata del hombre bueno”, una pieza cuya partitura le había regalado Jerska en su cumpleaños.
Wiesler escucha la pieza musical completamente tomado por esa escena. En la escena queda esta expresión plasmada en la imagen de Wiesler inmóvil, con una lágrima que recorre su cara rígida sin gesto alguno, como si no se correspondieran una con la otra.
Cuando Dreyman termina de tocar “Sonata de un hombre Bueno”, se dirige hacia Christa y luego de citar unas palabras de Lenin en relación a la Apassionata de Beethoven, pregunta: “Alguien que la haya oído... ¿puede ser malo?”
Wiesler a partir de estas palabras se desvía paulatinamente de su objetivo inicial de encontrar pruebas que comprometan a Dreyman.
Lo que se sigue es una escena donde la actriz tiene que irse a una cita con el ministro, a lo que su pareja le pide por favor que no vaya, que ella no lo necesita. Mientras tanto Wiesler termina su turno, pero intrigado por el desenlace de la situación, decide quedarse en la puerta del edificio para confirmar, o no, la salida de Christa.
Wiesler entra en el bar de enfrente, se sienta en una mesa y detrás de él entra la actriz consternada, sentándose en la mesa de adelante. Wiesler se sorprende y luego se acerca a la mesa y fingiendo ser un admirador de la actriz le dice:
- Wiesler: ¿Srta. Sieland? Yo la conozco. Muchos la aman... por quién es.
- Christa: Los actores no son quienes son.
- Wiesler: Usted sí. La he visto actuar. Era más la que es...que ahora.
- Christa: Entonces me conoce. Tengo que irme a ver a un viejo amigo.
- Wiesler: ¿Lo ve? Esa no es usted.
- Christa: Parece conocer bien... a Christa-Maria Sieland. Cree que ella... ¿Se vendería por el arte?
- Wiesler: ¿Por el arte? Ud. Ya tiene arte. No sería un buen trato. Es una gran artista.
- Christa: Usted es un buen hombre.
Luego la actriz se va. Wiesler, al otro día, leyendo el informe de esa noche hecho por su compañero, confirma que Christa nunca fue a la cita con el ministro y volvió a su casa.
Es esta escena la primera de una seguidilla de acciones que hablan del cambio de posición de Wiesler en el trabajo de espionaje a su cargo. A partir de la charla en el bar con la actriz, Wiesler pasa de ser un mensajero del Régimen para convertirse en un “cómplice” anónimo del escritor y su pareja. Reivindica su misión encubriendo a Dreyman (cuando este escribe un artículo para ser publicado en la Alemania Occidental acerca de la tasa de suicidios que el gobierno comunista mantenía en secreto) escribiendo datos intrascendentes en los informes que debía presentar ante sus superiores cada día como resultado del espionaje realizado. Wiesler llega a un compromiso tal con esta misión que es él mismo quién esconde, de manera anónima, la máquina de escribir que el escritor usaba para su artículo cuando el teniente coronel Grubitz registra la casa de Dreyman en busca de dicha máquina. Luego de este registro fallido la misión termina y Wiesler es destituido de su puesto para trabajar durante los próximos 20 años, abriendo correspondencia. Años después, tras la caída del Muro de Berlín, Wiesler se convierte en un simple repartidor de publicidad.

Análisis
En el presente trabajo se eligió el personaje de Wiesler para analizarlo a la luz de los tres tiempos lógicos del circuito de la responsabilidad. Realizado esto se explicitará una hipótesis clínica.

Tal como dice Domínguez (2008) el Tiempo 1 del circuito de la responsabilidad es cuando se realiza una acción determinada en concordancia con el universo de discurso en que el sujeto se halla inmerso y que, se supone, se agota en los fines para los que fue realizada . En la película se puede situar este tiempo 1 en el momento donde Wiesler observa como están colocando los micrófonos para escuchar toda la vida de Dreyman, Wiesler consideraba que la colocación de los micrófonos se agotaba en el fin de investigar la vida de los artistas, la vida de los otros, en busca de pruebas sospechosas que implicaran a los observados. Una tarea más por cumplir al servicio de la Stasi.

Domínguez define al tiempo 2 como el Tiempo donde el universo particular soportado en las certidumbre yoicas se resquebraja posibilitando la emergencia de una pregunta sobre la posición que el sujeto tenía al comienzo del circuito. Momento propicio para la emergencia de una singularidad que, en consonancia con lo universal, demuestre la incompletud del universo previo junto con la caída de los ideales que allí lo sostenían.
En el film, este tiempo lo ubicamos en la escena donde Dreyman, tocando una pieza musical en el piano, pregunta: “Alguien que la haya oído (a la pieza musical)... ¿puede ser malo?”. La escena siguiente es Wiesler escuchando las palabras del escritor con su cara inexpresiva, pero algo había cambiado, una lágrima se desliza por su rostro… precisamente en esa imagen ubicamos la interpelación, como si esa lágrima estuviera representando la irrupción de algo que lo interpela, quedando él obligado a responder ante eso que irrumpe, ante eso desconocido para él al momento de realizar la acción (Escuchar toda la vida de Dreyman y Christa); es decir este tiempo 2, como tiempo de la interpelación, va a resignificar al tiempo 1.
Esta pregunta de Dreyman va a ir más allá -o más acá- de lo bueno y lo malo, de lo que está mal y lo que está bien, esta pregunta que lo interpela a Wiesler pone de manifiesto el quiebre de su universo particular que lo sostenía guiándolo en sus acciones, haciéndolo tambalear al enfrentarlo con la posibilidad de la destitución subjetiva. Es el plano de la existencia yoica que se ve atravesado por el deseo.

Hipótesis clínica
Considerando a la hipótesis clínica como la encargada de explicar el movimiento que supone que el tiempo 2 resignifica al tiempo 1, siendo esta resignificación la que dará cuenta de una respuesta del sujeto que advierta un cambio de posición frente a sus circunstancias; podemos ubicar en el film lo siguiente:
Wiesler es interpelado por esa pregunta del escritor (“… ¿Alguien puede ser malo?”), dada esta interpelación, entra en juego la culpa (estructural) y va a ser esta la que haga que se retorne sobre la acción por la que se “debe” responder.
Wiesler debe responder ante la interpelación que conmueve su universo particular, que podríamos pensarlo como ese régimen totalitario al cual él obedecía sin cuestionamiento alguno, era un universo “completo”.
Wiesler entonces, debe responder respecto de su obediencia al régimen. Dicha obediencia nunca antes había estado en cuestión, hasta que la interpelación desarmó la intencionalidad del tiempo 1, tal como lo dice Oscar D´amore (2008):Dejarse interpelar (la culpa que ob-liga en retroacción al tiempo 1) es desanestesiar la desresponsabilización que crea finalmente la obediencia
En relación a la obediencia, ubicamos a Wiesler como instrumento de un saber sabido tal como lo ubica Calligaris (1987) en su artículo La seducción totalitaria donde ubica que lo propio de la estructura neurótica es el hecho de que el saber paterno está supuesto, la consecuencia de esto es que el neurótico está constantemente en la incertidumbre (acerca de lo que quiere) que nunca se resolverá. Calligaris plantea que hay un camino “fácil” para salir de esto, a saber: Se trata de construir un semblante de este saber, que nos va a permitir contar con un semblante de certeza, es una salida del sufrimiento neurótico banal. A esto el autor lo llama perversión por tratarse de una usurpación del lugar paterno, transformando un saber supuesto en un saber sabido.
En este sentido ubicamos a Wiesler como instrumento del saber sabido que supone el régimen comunista, ese saber sabido que queda plasmado en la película en el mismo ejercicio de espionaje al que él es asignado.
Wiesler, en un primer momento, parece estar dispuesto a pagar el precio de espiar a las personas, meterse en su vida privada; solo para tener acceso a un funcionamiento que le asegure una salida de su sufrimiento neurótico banal. Ahora bien, es esto lo que se ve conmovido ante la interpelación a la que él debe responder.
La interpelación subjetiva es la puesta en marcha del circuito de la responsabilidad. La retroacción que genera la interpelación resignifica porque liga a los elementos disonantes que se convierten entonces en un tiempo 1, el tiempo 1 es ya un tiempo resignificado por la interpelación a través de la culpa .
Ahora bien, la puesta en marcha del circuito de la responsabilidad no supone necesariamente la apertura a la responsabilidad subjetiva, es decir, a un tiempo 3 entendiéndolo como efecto sujeto que se despliega en la dimensión ética, y esto implica la noción de acto (ético) en la que el sujeto (de deseo inconciente) se produce.
Puede ocurrir también que el recorrido vuelva sobre los elementos disonantes para cerrar el circuito de una manera particular, respondiendo a la interpelación para volver al surco de lo moral. En este caso no hay singularidad, sino taponamiento de la dimensión ética.
Es en esta dirección que ubicamos la respuesta de Wiesler ante la interpelación, una respuesta yoica que obtura la emergencia del efecto sujeto o tiempo 3 del circuito de la responsabilidad.
Planteamos como forma desplazada -en el yo- de la responsabilidad ausente en el sujeto el sentimiento de culpa que, en la película lo podemos ubicar en la escena del bar donde Wiesler, en las antípodas de su misión, convence a la actriz para que no concrete la cita con el ministro. Entendemos este accionar como respuesta ante la interpelación, una salida yoica del circuito de la responsabilidad, bajo su forma del sentimiento inconciente de culpa.
Esa escena del bar es la primera de otras tantas, a lo largo de todo el film, donde se pone de manifiesto el cambio de actitud de Wiesler que pasa de ser un mensajero del régimen a un cómplice de aquellos a quienes espía.
Ahora bien, este cambio de actitud lo ubicamos bajo la forma del sentimiento de culpa teniendo en cuenta que la culpa es el reverso de la responsabilidad, es decir que cuando la responsabilidad subjetiva está ausente aparece como sustituto el sentimiento de culpa. Esta respuesta -yoica- de Wiesler, lejos de propiciar la emergencia de un tiempo 3, estabiliza la tensión que produce la interpelación, la respuesta moral es tranquilizadora; lo desresponsabiliza (en tanto responsabilidad subjetiva) respecto de su deseo.

El azar se hace presente en la película en dos momentos determinantes para nuestro análisis: el primero lo ubicamos en lo azaroso del regalo de cumpleaños que le hace Jerska a Dreyman, aquella partitura llamada “Sonata para un hombre bueno” que va a ser la que toca Dreyman en la escena que da cuenta de la interpelación.
Se observa la presencia del azar, nuevamente, en el encuentro sorpresivo y azaroso de Wiesler y Christa en el bar, donde podríamos ubicar la primera de las acciones que dan cuenta del sentimiento inconciente de culpa bajo su forma de cambio de actitud.

A modo de conclusión podemos decir que no se observó en Wiesler una respuesta que suponga un cambio de posición subjetiva, una transformación, por ello no asistimos en este film a la consecución de un tiempo 3, el de la responsabilidad subjetiva, el de la singularidad. No podemos hablar entonces de acto ético. No hay una respuesta frente a la existencia de ese sujeto, una respuesta que vaya en la línea de su deseo inconciente.
Su respuesta no está por fuera del universo previo. En el tiempo 2, tiempo de la interpelación a partir de la cual se espera una respuesta generada por una culpa simbólica, una respuesta que se ubique en el eje universal-singular, Wiesler responde desde el eje particular, sin obtener una ganancia o plus en dicho universo.
El sentimiento inconciente de culpa aparece acá velando la responsabilidad subjetiva.

Bibliografía

• Calligaris, C. (1987). La seducción totalitaria. Psyché.
• D’Amore, O. (2008). Responsabilidad y culpa. La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva.
• Domínguez, M. E. (2008). Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis. La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva.
• Michel Fariña, J. (2008). Lo universal-singular como horizonte de la ética. Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
• Michel Fariña, J. & Gutiérrez, C. (1996). Veinte años son nada. Causas y azares. Número 3. Buenos Aires.
• Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
• Salomone, G. Z. (2008). El sujeto dividido y la responsabilidad. La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva.



NOTAS

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