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Universidad de
Buenos Aires
Facultad de Psicología

PSICOLOGIA, ETICA Y DERECHOS
HUMANOS

Profesor titular: Juan Jorge Michel Fariña
Profesora: Lic. Patricia Gorocito
Alumno: Clark Gabriel Patricio Ignacio
LU: 280301130
Mail: gabclark@hotmail.com
Comisión Nº 16

La película asignada para el trabajo es “La vida es bella” un film italiano de 1997 junto al comentario del Prof. Carlos Gutiérrez titulado “Un intérprete del desastre”.

Esta película está situada en 1939, en el marco de la Segunda Guerra Mundial, marco en el cual tiene lugar el Poder Fascista y el antisemitismo.
En la primer parte del film Guido se enamora de Dora, la ex-novia de un oficial fascista, con quien tendrá un hijo llamado Giosué.
Con los fascistas en el poder, Guido que es un italiano descendiente de judíos, es confinado a un campo de concentración nazi junto con su tío y su hijo Giosué, precisamente el día del cumpleaños de éste. Allí, con tal de salvar la vida de su hijo de cinco años, Guido se inventará un juego para velar el entorno que se les presenta, juego que consta de sumar mil puntos para ganar un tanque de guerra.
El azar interviene en el hecho de que el día de la captura coincida con el cumpleaños del niño, lo cual se presta para intentar sostener la ficción de que se trata de una sorpresa relacionada con esto.
Necesariamente son capturados por los nazis solo por el hecho de “ser judíos”.
Luego hay otros tantos elementos que se incorporan al argumento ficcionario de modo necesario para sostener el juego (Ej. Tanques, soldados, etc.).
Es en la grieta entre necesidad y azar donde se crea el juego y se abre el circuito de la responsabilidad, allí donde el sujeto debe responder.

Tomando en cuenta el comentario sobre el film “Un interprete del desastre” el Prof. Carlos Gutiérrez centrará su análisis en la diferencia entre farsa y ficción, pero además su artículo permite ubicar una hipótesis clínica que proporciona una guía a la responsabilidad subjetiva, del personaje de Guido interpretado por Roberto Benigni.

Entendiendo el circuito de la responsabilidad como 3 tiempos lógicos que organizan una situación, se puede situar un Tiempo 1 en el que un personaje lleva adelante una conducta con determinados fines, suponiendo que su accionar se agota en los objetivos para los cuales la acción fue concebida.
Este tiempo 1 se ubica en la escena del film en la que Guido, el tío y Giosué van en el camión hacia el campo de concentración, y Guido ante las inquietudes de Giosué ensaya una respuesta, una promesa de algo sorprendente como lo que su padre le había dado a él el día de su cumpleaños cuando tenía su edad. No piensa en las consecuencias ni en sostener eso, simplemente intenta tranquilizar a su hijo.
(Extracto del film) “Hoy es tu cumpleaños. Siempre quisiste hacer un viaje. Me tomó meses planear todo esto. ¿Sabes a dónde vamos?... No puedo decirte. (...) Mi padre planeó algo así cuando yo era pequeño. (...) Será una sorpresa”.

El Tiempo 2 es el tiempo de la interpelación, que resignifica a posteriori el tiempo 1 y lo instituye como tal, aquí el sujeto recibe de la realidad indicadores de que algo anduvo mal y las cosas fueron más allá de lo esperado.
Es Giosué quien al pedirle explicaciones al padre lo interpela: “¿que juego es este?”
Es el niño en algún modo quien propone el juego y es allí donde Guido se topa con que debe sostener esta ficción inventando reglas para ese juego con el fin de protegerlo, pero al decidir esto hay algo de esa decisión que le pertenece.

En otro texto escrito por Carlos Gutiérrez junto a Juan Fariña aclaran sobre esta interpelación: “La pregunta por la responsabilidad no supone un cuestionamiento a la persona sino la interpelación al sujeto. Se trata evidentemente, del deseo inconciente.”

“Precisamente cuando el oficial SS “explica” las obligaciones de ese (in)mundo donde la ley no existe; en el momento en que ese vocero del infierno lanza sus órdenes – incomprensibles bramidos guturales – el padre se interpone entre su hijo y el horror. Hace de intérprete enunciando las reglas que permitan vivir. Sólo en este sentido Guido inventa el juego.”
Y es en relación a esto que se puede situar la hipótesis clínica del texto de Gutiérrez que coincide con la hipótesis clínica del circuito de la responsabilidad.
“Ahora bien, si se repara adecuadamente en las palabras del chico al ingresar al campo, cabe decir que es precisamente esa perspicacia de Giosué la que le hace reclamar un juego. Le pide a su padre que le construya un marco a eso inasimilable. Pide un juego para, finalmente, descreer de él. En ese doble movimiento el hijo da consistencia a la palabra del padre a la vez que se la niega. Padre e hijo juegan sabiendo, de algún modo, que lo están haciendo.”

En el comentario de Gutiérrez, los indicadores que dan cuenta de esta hipótesis aluden a la
sagacidad del niño durante la película, son varias las escenas en la que Giosué demuestra astucia, por ejemplo cuando reconoce a la abuela en la librería, él no es un niño ingenuo, mas bien es él quien le da el pie y las oportunidades para que el padre pueda inventarle una historia, un juego para asimilar el horror que viven.
Giosué se deja convencer del juego pero por momentos se da cuenta de la invención de su padre. Dice “no te creo” para después permitirse creer y vivir.
Además, Guido tampoco sabe qué es lo que sucede. Y esto es lo que diferencia a la ficción de la farsa. El horror se le presenta a él mismo.
La hipótesis clínica es la que nos permite pensar ese deseo inconciente y es su respuesta la que supone un cambio de posición del sujeto frente a las circunstancias. Guido quiere vivir y necesita tanto como Giosué que la fantasía y el juego le hagan de telón y tapen el horror del que él tampoco quiere saber.
Para explicar el Tiempo 3 María Elena Domínguez lo hace desde el après coup freudiano: “Acudiremos aquí al après coup freudiano para poder retroactivamente hallar en el lazo asociativo entre 1 y 2, una hipótesis clínica, que sitúe la naturaleza de esa ligadura. Es decir, si algo ha emergido en el segundo tiempo des-ligando del universo particular, este buscara re-ligarlo hallando una explicación a su presencia. Finalmente será necesario un tiempo 3 que verifique la responsabilidad subjetiva, una toma de posición en relación a lo universal inscribiendo un acto que produzca un $.”

El tiempo 3 es el tiempo de la responsabilidad subjetiva, tiempo que es muy difícil situar en este caso, ya que no se ha podido hallar la figura de la culpa, sobre todo si se tiene en cuenta que no hay responsabilidad subjetiva sin culpa, como paso previo necesario y lógico.
Si bien es cierto que el sujeto puede detenerse en la culpa y cerrar el circuito de la responsabilidad no llegando nunca a implicarse por las consecuencias de su acto, también es cierto que sin pasar por el rodeo de la culpa, la responsabilidad como respuesta en una dimensión ética resulta impensable sin la dimensión de la moral.
Hay que diferenciar además a la culpa, en tanto esta depende de una operación eminentemente simbólica (la interpelación subjetiva) y el sentimiento de culpa que es el que cierra el circuito.

“Se trata de la culpa. La culpa se constituye así en el reverso de la responsabilidad. Cuando la responsabilidad del sujeto se halle ausente, aparecerá, como sustituto, como contraparte, el sentimiento de culpa. Los pensamientos atormentadores, el remordimiento, el arrepentimiento, incluso los distintos modos del altruismo, serán algunas de las figuras. En cualquier caso, no más que formas desplazadas – en el yo – de la responsabilidad ausente en el sujeto”
En este film no se ubica tampoco la responsabilidad jurídica, dado que no puede existir culpa jurídica sin la responsabilidad objetiva que otorga la razón. Y en este caso no hay culpa objetiva alguna. Para la ley la razón y la intención son los operadores con los que se analiza objetivamente la responsabilidad jurídica, para la imputación o no de la culpa.

Por último y utilizando al personaje de Ibbieta de el cuento “el muro” se puede pensar que si bien los dos personajes responden por actos distintos, el circuito de la responsabilidad sirve para comparar ambos personajes. Tanto Guido como Ibbieta ensayan una respuesta de apuro para ganar tiempo en el momento 1 del circuito, el chiste de Ibbieta que le permite vivir un poco más sabiendo que tiene sentencia de muerte y debía terminar al ver a los falangistas corriendo como locos y enojados; y la respuesta improvisada por Guido para tranquilizar a Giosué también debía terminar siendo un acto que solo les de tiempo.
En un tiempo 2 ambos personajes se ven interpelados; Guido a seguir sosteniendo “la sorpresa prometida” y creando las reglas del juego, mientras que Ibbieta a responderse a sí mismo si era un traidor o había sido leal a su amigo y su causa brindándole a los falangistas datos falsos que terminaron por ser ciertos “¿En el cementerio?” se pregunta.
Respecto del tiempo 3 tanto en el caso de Ibbieta como en el caso de Guido es algo discutido. Se puede pensar que quizás el llorar de risa cuando termina el cuento sea la respuesta del sujeto que se responsabiliza por sus ganas de vivir y que lo llevaron a hacer el chiste y así cambiar su vida por la de Ramón Gris.
En el caso de Guido quizá también hay un deseo de vivir, él inventa la historia para su hijo y para velar el horror que se presenta ante él mismo, lo cual se evidencia cuando susurra el deseo de que Dora lo despierte junto a Giosué con galletitas y todo haya sido un mal sueño.
Guido sostiene hasta el momento mismo de su muerte la ficción del juego ante Giosué, ficción que le permite que sobreviva.

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