por 

UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES
FACULTAD DE PSICOLOGÍA

Materia: Psicología Ética y Derechos Humanos

Profesor Regular Titular: Juan Jorge Michel

Fariña.

Comisión: 4

Docentes: Gervasio Noailles.
Irene Cambra Badill.

Alumno: Sebastián Bruno. LU: 26.479.115/0

Buenos Aires, 16 de Noviembre de 2009

Nosotros los que conocemos somos desconocidos para
nosotros mismos, nosotros mismos somos desconocidos
para nosotros mismos: esto tiene un buen fundamento.
No nos hemos buscado nunca…

Friderich Nietzsche, La genealogía de la moral.

Lo que sigue se tratará de la historia de una búsqueda. O, más bien, se tratará de lo que sucede en un encuentro. Un encuentro con “algo” que interpela y que puede (o no) movilizar a una búsqueda.

“Una camioneta todo terreno en andar sereno por las calles de un barrio cerrado, niños con uniforme volviendo de la escuela, una mujer haciendo sus ejercicios matinales en el jardín. Una mariposa volando nos guía hacia lo más alto de un muro, coronado con alambres de púas. El recorrido lleva a la vista más allá del muro, hacia las interminables y pobres barriadas que se multiplican en las laderas de las colinas que rodean al barrio cerrado “La zona”.

“La zona” es un espacio cerrado, un “adentro” encapsulado en el contexto social en el que se inscribe y con el que se interdetermina. O ¿es “La zona” el “afuera”, operándose un des-ligarse del contexto social?
Como sea, el film eficazmente cuenta la historia de un grupo de personas que dan forma y sostienen un espacio que tiene, o pretende tener, si se tiene en cuenta la posición subjetiva de algunos de sus vecinos, algunas legalidades “propias”, particulares, operacionalizando un “efecto de grupo”.
Una zona a la cual los problemas sociales y la violencia presente en las calles de la ciudad en la que se encuentra no la atravesarían y que confía en la potencia de lo calculable para moldear(se) códigos que alimenten la ilusión de abarcar lo real, “todas las situaciones posibles”, intentando suspender la potencia de lo imprevisible. Pero, siguiendo a Lewcowicz: “los `todos` postulados como tales no son más que particulares precarios sometidos, sin excepción, a las potencias alteradoras del devenir”

“Un día como cualquier otro algo inesperado sucede. Una columna de luz cae derribada por la ferocidad de una tormenta. Abre un hueco en el muro que protege ´La zona`. Tres adolescentes de las barriadas lindantes entran y roban en una casa. Una mujer es asesinada en el robo y, luego, dos de los adolescentes mueren abatidos por la guardia privada.
Miguel, el restante, escapa y permanece prófugo en el interior de ´La zona´.
Los habitantes del barrio privado deliberan ásperamente y votan, por mayoría, que deben encontrar al muchacho y ´hacer justicia` sin dar intervención a la policía.
Alejandro, un adolescente que vive en `La zona`, encuentra a Miguel en el sótano de su casa”

En las escenas que anteceden se despliega algo inesperado, una situación que los códigos compartidos por el grupo que habita el barrio cerrado no contemplaban: el fracaso de la seguridad y el aislamiento “totales”, las falencias de una operación de des-ligarse de la violencia y la pobreza que atraviesa a muchas de las personas que viven en las colinas, más allá de los muros de `La zona`.
Planteada está la situación que se va a constituir como una apelación a una singularidad decidida que ha de suplementar ese universo previo y restringido, y que será móvil para ir “más allá” de él. Se verá más adelante que ese ir “más allá de” no será sólo una metáfora.
Ese alguien, esa singularidad en situación, desde las escenas antes relatadas, la pondrá marcha Alejandro. Será él, un joven nacido y criado en `La zona`. Allí, la mayoría de sus habitantes sostienen y dan forma a un efecto particularista, definido éste como aquello que “se verifica cuando el campo particular de reconocimiento de un grupo (etnia, religión, lengua) (…) aspira a colmar la condición humana, pretendiendo que todos sean eso” . En este caso eso se vería en la exclusión de la diversidad, operando en cierto modo una (auto) exclusión, en conformar un grupo de personas que, por así decirlo, sea inmune a la “contaminación” que puede provenir de personas que viven “afuera”, y que se resiste a aceptar el atravesamiento de variables, instituciones y leyes propias del macrocontexto en el que el barrio cerrado está inmerso. Entonces, la policía no tendrá intervención, tampoco la justicia “ordinaria”; lo que se decide es buscar y eliminar a Miguel, al elemento externo y la situación novedosa desde las cuales son interpelados. Para luego poder afirmar “todo está como era entonces”.
Para Alejandro será diferente desde el momento en que encuentra a Miguel en su sótano.

Siguiendo con lo anterior, ya están dadas las condiciones de posibilidad para comenzar a “transitar” con Alejandro el recorrido lógico a través de un camino: el circuito de la responsabilidad (O.D`Amore,2006).
Alejandro, retomando el “recorte” que aquí se hace de aquello que sucede en el film, desde un primer momento se siente profundamente conmovido e interesado en aquello que está pasando dentro de su barrio desde la noche de la violenta novedad.

“Alejandro charla con amigos. Se molesta cuando ellos hablan del muchacho prófugo despectivamente y manifiestan su acuerdo con los decidido por los adultos”

Pero encontrar a Miguel dentro de su sótano pone en marcha al circuito, lo interpela con una potencia inesperada. La situación está planteada, y a Alejandro le toca dar respuesta. Se verá cuál es la cualidad de esa respuesta.
Podría responder desde un taponamiento de la dimensión ética, sometiéndose a determinantes propios de “lo superyoico” como podría ser ampararse en el Destino para explicar aquello que lo interpela en el encuentro con Miguel. A fin de cuentas ”a cada cual lo que le `toque` en la vida…” podría decir, para liberarse de la culpa, dando cierre al circuito.
Es muy distinto lo que decide llevar a cabo. Va a ayudar a Miguel. Y llegará a dar forma a un acto ético en el tercer tiempo del circuito, aquel en el que se produce un sujeto de deseo inconsciente, que es consecuente con su deseo. Se verá más adelante de qué deseo(s) se trata.
Por el momento, es pertinente establecer que, desde el encuentro con Miguel, que lo interpela en su subjetividad, Alejandro (re) significa un tiempo anterior desde esa interpelación. Se podría pensar que éste adolescente se hace responsable de su condición de integrante de un grupo que ha operado un aislamiento, y de los efectos de ese des-ligarse descripto en los primeros párrafos, y del que participa su familia. Es probable que, teniendo en cuenta su edad, la decisión de crecer y vivir allí no haya sido suya, pero para la concepción de la responsabilidad subjetiva de la que aquí se habla, siguiendo a Oscar D`Amore, “ya no cuentan la intención y la pretendida autonomía de la conciencia (propia de la responsabilidad en sentido jurídico), pues introduce una dimensión deseante más allá de ella”
Como adolescente, ya se siente en condiciones de asumirse culpable de aquello que hace y dice, dando forma a su responsabilidad como Sujeto. Pero la culpa de la que aquí se habla es parte de la operación simbólica de sentirse interpelado.
Su familia (con diferencias de importancia entre su padre y su madre sobre las que en breve se ampliará), sus vecinos y, lo más importante, a éstas alturas del circuito (y de su vida), también él, operaron ese des-ligarse en un tiempo anterior. Pero Alejandro es la única persona dentro de `La zona` que, con soporte en la culpa en el sentido antes especificado, lleva a cabo una operación de ob-ligación que lo compromete desde la resignificación del tiempo anterior, desde la interpelación subjetiva del tiempo dos, que encuentra su punto de mayor potencia en el encuentro del sótano.

“Alejandro ayuda a Miguel. Le permite ocultarse, le brinda alimento. Lo escucha. Miguel le cuenta cómo fue la noche que entraron por el hueco en el muro. Jura que él no asesinó a la mujer.
Alejandro filma, con una cámara que le regaló su madre para su cumpleaños, a Miguel haciendo su descargo. Luego, en una maniobra altamente riesgosa por la crispación que circula entre sus vecinos, intenta llevar el video en la camioneta de su madre fuera del predio. No lo logra”

No cede en su deseo. Pero, avanzando en una hipótesis clínica que contribuya a la comprensión del proceso que incluye la interpelación, la resignificación y la producción de los actos antes mencionados, se impone la siguiente pregunta: ¿de qué se trata ese deseo?
Alejandro es un adolescente, y en varias escenas del film se retrata la relación que tiene con su padre. Un padre que, aún con profundas dudas, participa activamente en la persecución acatando las decisiones de la mayoría, que opera como otro al cual sesomete. Elude el tiempo de la responsabilidad subjetiva y no altera el particular previo, como sí lo hace Alejandro. Su hijo se lo reprocha. El film lo despliega sutilmente en los cruces de miradas entre padre e hijo.
Reproches que podríamos situar como característicos del proceso adolescente que Alejandro atraviesa. Cita: “Encontrarse con qué esa `potencia vicaria`, esa grandeza de los progenitores era no mucho más que un significante inconsistente y de extrema fragilidad, induce en el adolescente un profundo y esencialmente inconsciente sentimiento de desilusión, de defraudación…” .
Entonces, desde esa defraudación que se puede ver que Alejandro experimenta con respecto a su padre, el trabajo (psíquico) propio de la adolescencia tendrá que ver aquí con responder a un deseo de diferenciación con respecto a su padre; aparece aquí un intento de distanciarse de los determinantes superyoicos.
Otro aspecto cabe mencionar para intentar situar las coordenadas del deseo, que estaría en relación con la potencia interpeladora del encuentro en el sótano. Es el encuentro de Alejandro con otro adolescente, los dos comparten una etapa de la vida, pero a su vez entre ellos existen profundas diferencias culturales, económicas, sociales. Pero se encuentran. Es un encuentro entre pares, más allá de las distancias y diferencias. No se puede soslayar aquí la importancia que los pares cobran en la adolescencia. Ricardo Rodulfo (2004) postula que en esta etapa de la vida se inscribe psíquicamente la categoría del nosotros, que no funciona como una pérdida de la diferencia, sino en un reconocimiento de la diferencia en el encuentro con el otro como tal. Entonces, un encuentro y el deseo de ser consecuente con lo anterior. Un esbozo, se postula aquí, de naturaleza fundamentalmente inconsciente, de aquello que potentemente plantea la “igualdad en la diversidad”.
De los anteriores elementos deseantes se nutre el posterior acto ético, el efecto sujeto que tendrá lugar.
Aquí sería interesante situar la siguiente cita que quizás suplemente la perspectiva de la ética que priviliegiadamente se desarrolla en el presente trabajo, y que aporte a la comprensión de la potencia de la interpelación subjetiva para Alejandro y Miguel en esa relación: “…igualdad que no se base en el ser como individuo aislado, sino en la relación en la que uno es. Pertenece al ámbito de la ética por estar arraigada en el reconocimiento del otro, no solo como igual, sino como parte esencial para ser” ( Maritza Montero, 2001) En la relación que Alejandro establece con Miguel lo anterior se despliega, y por ello, también, Alejandro actúa como lo hace.

Continuando, se pueden incluir algunas puntuaciones con respecto a la contribución de las categorías de necesidad y azar a la configuración de la situación. Se puede decir que Alejandro no se amparó, para actuar, en una perspectiva que se ampare en la necesidad como determinante superyoico que obstruya la dimensión ética. Con respecto al azar, siguiendo a Juan Carlos Mosca, siempre existe un margen que lo contempla, sino “habría pura determinación significante”.

“Alejandro lleva en la camioneta el video. No puede salir, las posibles salidas del barrio están vigiladas. Fracasa en su primer intento. Llegan varios patrulleros.
Miguel percibe esto y sale del sótano. Recorre desesperado las calles. Mientras tanto, los policías se desentienden, se van, dejan en libertad de disponer de la vida de Miguel a los habitantes de `La zona`. En su deambular por calles que no conoce Miguel llega a uno de los senderos principales. Las cámaras lo detectan y se produce el trágico desenlace en el que una vecina del lugar es herida y Miguel es asesinado a golpes”

El azar llevó a Miguel hacia Alejandro, cuando entró en su casa. También determinó los hechos finales, que Alejandro no pudo calcular.
Tras la muerte de Miguel, Alejandro llevará a cabo un potente acto que ilustra la responsabilidad subjetiva. Buscará entre las bolsas de desechos el cadáver de Miguel, e intentará contactar a algún familiar fuera del barrio. Ahora sí logrará salir y en la escena final se lo verá comiendo, de noche, en el barrio en el cuál vivía Miguel. Efecto sujeto, no cede en su deseo, se compromete con él; el sentimiento de culpa se diluye en el acto propio del efecto sujeto, del tiempo tres.
Para su padre será muy distinto. Mientras Alejandro esta fuera, observa, conmovido hasta las lágrimas, el video en el cual Miguel solicita piedad y se declara inocente del crimen de la mujer. Respuesta a la interpelación, más no responsabilidad subjetiva. Mero “ser culpabilidad” y pagar una deuda retornando y hundiendo sus raíces en el surco moral.
Con respecto a ese “pagar”, el siguiente fragmento de la obra de Nietzsche ilustra: “El sentimiento de la culpa, de la obligación personal (…) ha tenido su origen en la más originaria relación personal que existe, en la relación entre compradores y vendedores, entre acreedores y deudores”
Una frase, también de Nietzsche, introduce éste trabajo. Habla de una búsqueda. Alejandro recorrió y extendió su búsqueda, completó el recorrido del circuito de la responsabilidad, más allá de la moral particular y, también, más allá de los muros del barrio, extendiéndose hacia un horizonte ético que excede. Dimensión ética, ensanchando el universo previo desde la decisión singular, comprometiéndose con su deseo, intentando conocerse a sí mismo y a los otros que viven más allá de `La zona``.

* Bibliografía y material consultado:

- Domínguez, M.E. (2007). “El acto de juzgar entre el dilema y el problema ético”. Inédito. Ficha de cátedra.
- Fariña, Juan Jorge Michel (1998). Ética: Un horizonte en quiebra. Eudeba. Buenos Aires.
- Montero, Maritza (2001). ”Reflexiones sobre fundamentos éticos de la Psicología Comunitaria”. En: Psicología Comunitaria para la promoción de la salud y prevención de enfermedades en las Américas”, OPS, Washington.
- Nietzsche, Friedrich – La genealogía de la moral. Ediciones Libertador. Buenos Aires.
- Salomone, Gabriela – Domínguez, María Elena (2006). La transmisión de la ética. Clínica y Deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva. Buenos Aires. - Rodulfo, Ricardo (2004). El psicoanálisis de nuevo. Eudeba. Buenos Aires.

*Film:

- La zona (México, 2008):

Duración: 97 minutos
Género: Drama
Dirección: Rodrigo Plá.
Actores: Maribel Verdú, Daniel Jiménez Cacho, Carlos Bardem,
Daniel Tovar.



NOTAS

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