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Más allá de la obediencia, el deseo

por Malis, Juan Manuel, Petrella, Lila

Nigeria, África, 2003. Acaba de producirse un golpe de estado y mataron a la familia del gobernante elegido democráticamente, perteneciente a un grupo de etnias del sur del país. Se desata una guerra civil. El grupo opositor, constituído por etnias de la zona norte está representado por un ejército que avanza hacia el sur matando a las etnias defensoras del gobernante depuesto procurando una “limpieza étnica”. Un escuadrón norteamericano de ocho hombres es enviado por el ejército de EEUU para rescatar y sacar del país a una médica norteamericana, la Dra. Lena Kendricks, que trabaja en un grupo de aldeas dándoles servicios médicos a los pobladores como médicos sin fronteras. Esa es su primera misión. La segunda, salvar a un cura y dos monjas de una misión cercana a la aldea de la doctora. El jefe del escuadrón, el teniente Waters, no puede cumplir con la segunda misión porque los religiosos se niegan a irse. La médica le dice que sólo se irá si salva a las etnias en peligro. Él se niega por no ser ésa su misión; no es su problema. Afirma que debe cumplir con las órdenes que le dieron. Se muestra rudo, distante y con gesto adusto cuando Lena le pide ayuda diciéndole que van a atacar a los religiosos. La respuesta de Waters es clara: debe cumplir, terminar su misión; eso es todo. Está amargado y resignado y echa mano a la autoridad como una manera de apostar y someterse al Otro. Ese Otro puede ser la incertidumbre frente a la que no vé salvación para África (le dice al cura que se despide de todos con un “vayan con Dios”, que Dios hace tiempo que se olvidó de África), la necesidad (el destino de Africa parece inexorable), o el Otro - amo - autoridad (ejército) al que debe cumplirle las órdenes. Por eso en ese primer momento, él actúa egosintónicamente con una postura de desresponsabilización típica del sujeto de derecho que encarna: sin voluntad ni intención, sólo cumpliendo. Le dice a Lena: “No se trata de salvarle la vida. Tengo que cumplir. Completar la misión”.

Como Lena se niega a subir al helicóptero, el teniente Waters finge aceptar para poder cumplir con su objetivo. Estamos ante un primer tiempo cronológico de un circuito que está a punto de ponerse en marcha. En el aire, la médica descubre el engaño y ve una aldea quemada y los cuerpos sin vida de los habitantes entre los cuales están sus pacientes y los religiosos. Grita e insulta al teniente.

Waters mira desde arriba y se lo vé entre horrorizado y perplejo. Duda. Se encuentra dividido por una pregunta, se siente interpelado; está ante un dilema, debe responder frente a una inconsistencia de su universo particular. Mira a cada uno de sus hombres como buscando una respuesta. Sobreviene un segundo tiempo cronológico, que, sin embargo, se constituye en un primer tiempo lógico: aquel que permite retrotraerse al primer momento y resignificarlo. Ahora se puso en marcha el circuito de la responsabilidad. Y Waters da la orden de volver. Un hombre del escuadrón le pregunta por qué hizo regresar al helicóptero y él responde: “cuando lo sepa, te lo digo”. Parece haber una culpa pero que no lo paraliza, sino que lo interpela de modo automático e inconsciente. Es una culpa que ob-liga a responder. Y responder (de spondeo, spondere) es salir garante, garantizar una deuda que ob-liga a pagarla. [1] Y es ahí, por esa retroacción y esa culpa ob-ligante, cuando el engaño a Lena y el abandono de los aldeanos le provocan disonancia; son acciones egodistónicas porque la ley simbólica del deseo lo ob-liga a retornar sobre la acción previa; antes, en cambio, cuando realizó efectivamente esas acciones habían sido egosintónicas.  [2] Ya no está sometido a una autoridad ni al azar ni a ningún Otro. Ya no tiene esas coartadas que le permitirían escapar a la responsabilidad. Es como si en ese momento descubriera que “la obediencia no es ajena a la responsabilidad” [3] Elige entre el Otro y el sentido o el sujeto, la verdad y la responsabilidad [4] “De nuestra posición de sujeto somos siempre responsables” [5]

Waters es un teniente a cargo de un escuadrón, y está subordinado en una estructura jerárquica; debe obedecer a su capitán. Si se actúa bajo las pautas de ese universo, hay una cierta ilusión de seguridad provista por el universo normativo, que se asienta en una lógica de mundo cerrado y consistente. La lógica del todo se fortalece en la idea de que sólo se obedeció como si no hubiese una implicación del sujeto en la decisión de sólo obedecer. Es una posición moral que trata de velar el punto inconsistente que aparece en el universo conocido y vela, así, la lógica de la castración. El obediente no tiene la posibilidad de responder. No tiene ni deber ni derecho a ob-ligarse y, por eso, no es responsable, no tiene autonomía, ni conciencia, ni intención, ni razón. Pero Waters de un modo inconsciente y automático responde. Su respuesta lleva a la violación de la obediencia debida ya que su capitán, con quien se comunica, no lo autoriza, por un lado, por tener órdenes explícitas de no intervenir en un problema interno de un país, y, por otro, por no poder apoyarlo estratégicamente puesto que las reglas de combate son explícitas: sólo podrán defenderse, no atacar y no podrán poner un pie en tierra. Sin embargo, Waters no actúa en un eje particular, oponiéndose a las normas establecidas; va a cumplir la misión (como siempre lo hace, -aclara-), pero algo lo perturba; no es un transgresor; su culpa no es moral y su respuesta tampoco lo es. No hay un taponamiento de la dimensión ética. Hay por la interpelación “una exigencia de respuesta más allá de lo que yo querría responder” [6] porque introduce una dimensión deseante. No puede quedarse al margen. Ve la destrucción de las aldeas a su alrededor y trata de volver atrás en sus acciones organizando a los pobladores, pero considerándolos un peso, una carga, ya que, al no poder contar con la ayuda de su jefe, están más vulnerables y lentos en la marcha. No se maneja en los planos de bueno o malo como sujeto autónomo que despliega su voluntad para reparar el mal efectuado. No trata de hacer una buena acción para recomponer las malas realizadas antes. No se opone ni a su universo ni a sus normas conocidas, sino que “excede los recursos simbólicos de la situación”. [7] Otra cosa lo mueve. No se conforma con ser un sujeto de derecho, un buen soldado cumplidor y acatador de las reglas. Se sale de su papel de agente, - que siempre llevó a cabo-, como mero cumplidor de lo que se le manda, como un engranaje de una maquinaria. Quiere algo más, aunque no sabe qué es. Ante la pregunta de su jefe de por qué quiere salvar a refugiados él responde: “es difícil de explicar”. Es que no sabe o, por lo menos, se ha quedado sin palabras, -tal vez porque el deseo no puede decirse, es entre significantes-. Entonces, Waters y su escuadrón se quedan solos. Establece reglas para salvar a Lena y los aldeanos: las personas más débiles de la etnia suben a los dos helicópteros. Como no hay lugar para todos, el resto va a caminar casi sin parar 70 km atravesando la selva (mientras que son perseguidos implacablemente por el ejército golpista) hasta llegar a la frontera de Camerún, donde estarán a salvo.

En ese trayecto ocurren diferentes hechos. Uno genera algo más. Llegan a una aldea donde están siendo masacrados los habitantes. Ve de cerca la vejación de mujeres a las que les cortan los pechos para que no puedan amamantar y encuentran niños y bebés asesinados. Waters se tropieza con los pobladores de las aldeas, está más cerca de sus semejantes y, al achicar la distancia social, sobreviene el problema ético [8] que lo convoca a responder, pero ya no desde una inconsistencia que se hace presente en su universo, sino desde una singularidad en situación [9]. Los aldeanos son seres humanos a ser salvados, preservándoles su derecho a la vida. En una segunda comunicación con su superior éste le señala que no cumplió las reglas y que lleva “exceso de carga” ante lo cual Waters responde: “¿No son humanos, señor?”. De la mano de la singularidad emerge un universal que proviene de la internalización de la ley simbólica. Waters debe legislar, juzgar en resguardo de esa singularidad, leer y nominar la situación. Es una decisión en sentido fuerte, es decir, sin garantías. Y decide. Decisión que lo lleva a un acto ético de suplementación “por definición sustentado en la lógica de la falta” [10]. Waters aclara en dos oportunidades que la misión sigue siendo la misma, pero nosotros agregamos siguiendo a Lewkowicz  [11], “en nombre de una ley más alta”. Ahí aparece el efecto sujeto. Un sujeto deseante, del inconsciente, que ya no obedece a una lógica de la completud como el sujeto de derecho, sino a la lógica de la castración, del no-todo; un sujeto no dueño de su voluntad ni de su intención. Es un acto ético.

En ese momento, el teniente Waters ya no siente culpa, sino que le dice al grupo de africanos que los va a salvar, que no son un peso ya. Les hace una promesa. Estamos en el tercer tiempo del circuito. Si bien hacía tiempo que marchaban, la responsabilidad subjetiva parece haber nacido ahí, al enfrentarse con el dolor ante los crímenes de lesa humanidad. Se lo ve en el medio de la aldea. La cámara gira a su alrededor y se muestran imágenes de un mundo ralentado que parecen fotos de un tiempo detenido. Está casi al borde de lo real. La misión cambia de objetivo. Se ha quebrado el horizonte moral y advino la dimensión ética. A partir de la emergencia de la singularidad, se amplía el universo previo y queda demostrada así su incompletud. [12] “Esos puntos de ruptura, de quiebre del sentido, puntos en que se manifiesta la falta estructural, son puntos en los que podemos suponer las mayores pontencialidades de efecto sujeto. Momentos en que la posición de obediencia frente a la referencia moral se ve conmovida”. [13] Ese sujeto del inconsciente es, para el psicoanálisis, siempre responsable debido al determinismo, ya que el inconsciente se encuentra comandado por un complejo de representación. [14] Entonces hay una coincidencia entre el acto ético, como respuesta subjetiva, - decisión desde el juzgar-, el efecto sujeto y la responsabilidad subjetiva, la cual se encuentra en el corazón de la dimensión ética, surge de la hiancia en lo simbólico que, en tanto campo de indeterminación, llama al sujeto a responder, produciéndolo. [15] Este sujeto, que no es sólo un sujeto de derecho sino del inconsciente, eleva la ley moral y jurídica a Ley simbólica. Waters se mantiene en ese plano jurídico y también en el plano moral, pero esas normas las va a atravesar por el eje universal singular. Así, “la ley establece lo permitido y lo prohibido, como fundamento del lazo social” [16]. Y esa Ley es el acto fundacional del orden social, cultural y subjetivo. Freud ubica allí el origen de la ética. Se funda en la renuncia de lo pulsional; en una limitación. Es la lógica del no todo frente a la pretendida completud del sujeto autónomo.

¿Qué responsabilidades se ponen en juego? Por un lado, la responsabilidad jurídica, correspondiente a un sujeto autónomo capaz de comprender y dirigir sus actos con voluntad y consciencia. Por otro lado, la responsabilidad moral, que abarca la jurídica y la excede y también refiere a un sujeto autónomo, alguien que se rige distinguiendo lo bueno de lo malo del orden social en el plano del yo. Pero Waters va más allá, y llega a la responsabilidad subjetiva, que “es esa relación ética del sujeto al deseo”. [17] El deseo, que atraviesa el plano de la existencia yoica y le permite ser más allá de sujeto de derecho y confrontarse con su incompletud.

Waters transitó según el circuito descripto hacia la responsabilidad subjetiva que “pone de manifiesto el quiebre del universo particular que sostenía al sujeto guiándolo en sus acciones [...] Es el plano de la existencia yoica que se ve atravesado por el del deseo [...] que, indomesticable, no se deja atrapar por el significante”. [18]

Pero el tiempo 3 es sólo un instante – Lacan habla del sujeto en fading, como un destello en la hiancia de la cadena significante [19] – y no se permanece allí. El eje universal singular se reubica en el universo particular produciendo una suplementación, la ampliación del universo previo y es entonces cuando Waters les pregunta a los soldados de su escuadrón si están de acuerdo con lo que piensa hacer, porque no va a arrastrarlos en una decisión que vale para él. Y ellos dicen que lo acompañarán.

Al final de la película aparece, a modo de epílogo, una frase de Edmund Burke: “Lo único que necesita el mal para triunfar es que los hombres buenos no hagan nada”. Esta frase es, a nuestro juicio, moralista, se maneja en el plano de lo particular, de la ley moral, y presenta la categoría de hombres buenos perdiendo de vista la mirada ética de la película. Si pensáramos qué podríamos decir respecto de todo lo comentado, preferiríamos: “La única cosa de la que se puede ser culpable [...] es de haber cedido en su deseo” [20] y considerar que si vimos este recorrido del teniente Waters hacia su responsabilidad subjetiva con su efecto de sujeto que le permite correr su goce de la alienación en el Otro a la producción de sujeto en la línea del acto, no se trata de que él sea una persona ética (nadie lo es) sino que lleva a cabo un acto ético.

Bibliografia

D´Amore, Oscar “Responsabilidad subjetiva y culpa” en Salomone, G y M. E. Domínguez (comp.) (2006) La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Bs.As., Letra Viva, 2011.

Domínguez, M. Elena “Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis” en Salomone, G y M.E. Domínguez (comp.) (2006) La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Bs.As., Letra Viva, 2011.

— “El acto de juzgar. Entre el dilema y el problema ético” en Salomone, G. (comp.) Discursos institucionales. Lecturas clínicas. Bs. As., Dynamo, 2011.

Gutiérrez, C. (2009) “Eichmann y la responsabilidad” en Revista Aesthethika, Bs.As., Instituto de investigaciones de la Facultad de Psicología de la UBA, Vol.9 N° 1, septiembre 2013, págs. 41-47.

Lacan, Jaques (1964) El Seminario. Libro 11. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Bs.As., Paidós, 2004.

Lewkowicz, Ignacio “Particular, universal, singular” en Michel Fariña, J.J. (2002) Etica. Un horizonte en quiebra. Bs.As., Eudeba, 2008.

Mosca, Juan Carlos “Responsabilidad: otro nombre del sujeto” en Michel Fariña, J.J. (2002) Etica. Un horizonte en quiebra. Bs.As., Eudeba, 2008.

Salomone, Gabriela “El sujeto dividido y la responsabilidad” en Salomone, G y M.E. Domínguez (comp.) (2006) La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Bs.As., Letra Viva, 2011.

— “El sujeto autónomo y la responsabilidad” en Salomone, G y M.E. Domínguez (comp.) (2006) La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Bs.As., Letra Viva, 2011.

— “Consideraciones sobre la ética profesional: dimensión clínica y campo deontológico-jurídico” en Salomone, G y M.E. Domínguez (comp.) (2006) La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Bs.As., Letra Viva, 2011.



NOTAS

[1D´Amore, Oscar “Responsabilidad subjetiva y culpa” en Salomone, G. y M.E. Domínguez (comp.) (2006) La transmisión de la ética. Clínica y deontología, Bs.As., Letra Viva, 2011.

[2Domínguez, M.E. “Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis” en Salomone, G. y M.E. Domínguez (comp.) (2006) La transmisión de la ética. Clínica y deontología, Bs.As., Letra Viva, 2011.

[3Gutiérrez, C. (2009) “Eichmann y la responsabilidad” en Revista Aesthethika, Bs. As., Instituto de investigaciones de la Facultad de Psicología de la UBA, vol.9, N° 1, septiembre de 2013. Págs. 41-47.

[4Mosca, J.C. “Responsabilidad: otro nombre del Sujeto” en Michel Fariña, J.J. (2002) Etica. un horizonte en quiebra. Bs.As., Eudeba, 2008.

[5Lacan, citado por Mosca, J.C. op.cit. Pág. 126.

[6D´Amore, Oscar “Responsabilidad subjetiva y culpa” en salomone, G. y M.E. Domínguez (comp.) (2006) La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Bs. As., Letra Viva, 2011. Pág. 153.

[7Lewkowicz, Ignacio “Particular, universal, singular” en Michel Fariña, J.J. (2002) Etica. Un horizonte en quiebra, Bs.As., Eudeba, 2008.

[8Domínguez, M.E. “El acto de juzgar entre el dilema y el problema ético” en Salomone, G. (comp.) Discursos institucionales. Lecturas clínicas. Bs. As., Dynamo, 2011.

[9Lewkowicz define en “Particular, universal, singular” en Michel Fariña, J.J. (2002) Etica. Un horizonte en quiebra. Bs. As., Eudeba, 2008, define las singularidades como “intervenciones subjetivas que producen una novedad en la inmanencia de la situación”. Y en el mismo texto señala: “Una situación es, en principio, un universo –restringido como todos- que es ciego a la restricción que lo funda”.

[10Salomone, G. “Consideraciones sobre la ética profesional: dimensión clínica y campo deontológico-jurídico” en Salomone, G. y M.E. Domínguez (comp) (2006) La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Bs. As., Letra Viva, 2011.

[11Lewkowicz, I. op.cit.

[12Lewkowicz, Ignacio “Particular, universal, singular” en Michel Fariña, J.J. (2002) Etica. Un horizonte en quiebra. Buenos Aires, Eudeba, 2008.

[13Salomone, G. “El sujeto dividido y la responsabilidad” en Salomone, G. y M.E. Domínguez (2006) La transmisión de la ética. Clínica y deontología, Bs.As., Letra Viva, 2011.Pág. 129.

[14Salomone, G “El sujeto autónomo y la responsabilidad” en Salomone, G. y M.E. Domínguez (comp) (2006) La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Bs. As., Letra Viva, 2011.

[15Domínguez, M.E. “Los carriles de la responsabilidad. el circuito de un análisis” en en Salomone, G. y M.E. Domínguez (comp) (2006) La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Bs. As., Letra Viva, 2011.

[16Salomone, G. “El sujeto autónomo y la responsabilidad” en Salomone, G. y M.E. Do mínguez (comp.) (2006) La transmisión de la ética. Clínica y deontología, Bs.As., Letra Viva, 2011. Pág. 108.

[17D´Amore, Oscar “Responsabilidad subjetiva y culpa” en Salomone, G. y M.E. Domínguez (comp.) (2006) La transmisión de la ética. Clínica y deontología, Bs.As., Letra Viva, 2011. Pág. 162.

[18Domínguez, M.E. “Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis” en Salomone, G. y M.E. Domínguez (comp.) (2006) La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Bs. As., Letra Viva, 2011. Pág.137.

[19Lacan, Jacques (1964) El Seminario. Libro 11. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Bs. As., Paidós, 2004.

[20D´Amore, Oscar “Responsabilidad subjetiva y culpa” en salomone, G. y M.E. Domínguez (comp.) (2006) La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Bs. As., Letra Viva, 2011. Pág. 157.





COMENTARIOS

Mensaje de Lila Petrella  » 14 de septiembre de 2015 »  

Florencia, respondo a tu comentario brevemente.
Este trabajo es simplemente una monografía para la materia Etica y Derechos Humanos. Fue realizada a partir de una consigna pautada y para la aplicación de ciertos conceptos estudiados a personajes de una película considerándolos reales, no como enmarcados en una producción cinematográfica. No es un trabajo sobre cine.
Más allá de eso, el sujeto de la enunciación sigue siendo independientemente de qué persona, que vive en qué país, que tiene qué ideología, sea la que se vea. Si esto se pierde de vista ¿adónde va a parar el deseo del analista?
Por lo demás, comparto tu punto de vista sobre cierto cine hollywoodense (que no sólo abarca este tipo de películas “de acción”, -en otras todo lo que señalás está menos excplícito, más solapado, pero está). En suma, no como pochoclos en el cine.



Mensaje de María Florencia Delgado  » 1ro de septiembre de 2015 » mf.delgado87@gmail.com 

En la película Tears of the Sun, podemos encontrar, si, la historia del comandante Willis. El circuito de responsabilidad delimitado por la comodes del guion hollywoodense, nos permite sentarnos a disfrutar de otro tazón de pochoclos, dándonos el recorte exacto de la escena que debemos ver, para emocionarnos y agarrarnos de nuestros asientos, con producciones millonarias y multitudinarias.
Lo que no suele mostrar hollywood en sus películas es aquello que continúa en la pantalla, film tras film, que es la mirada del espectador. Como un cuadro en movimiento, la pantalla puede recrear escenas que miren al sujeto desde allí antes que este pueda notarlo (brillo fálico).
Es que el objeto del cine le cuenta de antemano al sujeto cómo ser mirado. El tipo de películas como "las lágrimas del Sol" promueve que pensemos en la gente de África y en sus pueblos, y en sus lágrimas... bajo el sol, como un paraje perdido en el medio de un continente olvidado. Y allá va Willis, héroe edípico, hijo de un patriarcado importante, preso del discurso del amo, a darse cuenta que tenía que volver con el helicóptero, que no podía dejar en banda a los africanos, cuando vio el campamento masacrado desde el aire... y los salva a todos y se van con la médica en el helicóptero. No es un eufemismo, la exageración que se lee, es la mirada del objeto de mi escritura que transmite que debe ser leida, de forma exagerada. La cualidad de una producción (y no es que Hollywood no lo sepa, todo lo contrario, lo tiene muy en cuenta) es que puede transmitir algo del vacío que está significando en su génesis.
Y se le puede dar muchos tratamientos a esta producción. Uno, puede ser por ejemplo el de esta película, cautivante con la historia del héroe que se redime y nos emociona, porque eso puede ser lo que busquemos al mirar la pantalla.
Sin embargo nada nos dice del sujeto la redención, más que de que está allí, pero velado. Velado en tanto que su posición de observador mirado por el objeto película de acción hollywodense.


Película:Lágrimas del sol

Titulo Original:Tears of the Sun

Director: Antoine Fuqua

Año: 2003

Pais: Estados Unidos

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