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Films >  Congresos Online >  Congreso Online 2011 >  Film:  Las flores del cerezo
Del duelo al acto creador
por García Karo, Tamara
Título original: Kirschblüten - Hanami

Doris Dörrie / Alemania / 2008

Para comenzar el análisis del film “Las Flores del Cerezo”, situaremos algunos interrogantes orientativos para el desarrollo del trabajo: ¿Cómo despertar el deseo en alguien que tiene una vida cotidiana consistente? ¿Qué puede llevar a que un hombre se pregunte por el deseo? ¿El duelo puede dar lugar al deseo?

En primer lugar situaremos el significado etimológico de la palabra duelo que se origina en dos raíces latinas: dolus, que significa dolor, aflicción , y duellum, que, como variante fonética arcaica de bellum, significa batalla, desafío . En este sentido, el duelo, si bien es dolor, pena y aflicción, es también un desafío para el sujeto.

En el film, un hombre se verá ante la encrucijada de qué hacer luego de haber perdido un objeto de un valor preciado, un objeto al que cuesta renunciar porque es de difícil sustitución.

La trama recién comienza. Se puede apreciar a un matrimonio ya mayor en edad, que vive en un pueblo de Alemania. Sus hijos ya han partido hacia otras ciudades germanas y japonesas. En la primera parte de la película, uno puede conjeturar que el hombre de este matrimonio, Rudi, vive una vida rutinaria, donde el deseo no es lo que comanda su vida. Esta cotidianeidad podemos resumirla del siguiente modo: al finalizar su jornada laboral diaria, Rudi llega a su hogar; su mujer, que se encuentra en la casa esperándolo, le quita el abrigo y se lo cuelga en el perchero; luego, él se saca los zapatos y se coloca las pantuflas que siempre están en el mismo lugar gracias a su esposa que las acomoda; se tira en el sillón y bebe unas cervezas mirando la tele; cena y se acuesta a dormir. De la mujer del matrimonio, Trudi, diremos que está presente, que lo espera, lo sirve y lo acompaña porque lo ama y desea compartir con él el mayor tiempo posible. Es la única que sabe sobre la enfermedad de su marido. Sobre ello decide callar, y a cambio habla para pedir una única cosa que realmente desea. Le pide a su marido hacer un viaje al Japón para ver el amanecer a los pies del Monte Fuji y el florecer de los cerezos. Él no puede darle un viaje, poco entiende de lo que desea su mujer. No le encuentra sentido a semejante viaje ni aún para visitar a su hijo mayor que vive allí. Su mujer quiere ver el Monte Fuji y las flores del cerezo, aunque no puede imaginar ver nada sin su esposo. Es entonces que viajan a Berlín a visitar a sus otros dos hijos, quienes no aparentan estar muy felices con la compañía de sus padres. Allí, el matrimonio concurre con la novia de la hija a una obra sobre la Danza Butoh que Trudi anhelaba ver. El hombre no puede captar el sentido de esa danza ni lo que su mujer encuentra en ella, y se retira de la obra.

Cabe destacar, que la Danza Butoh de origen oriental, tiene una visión de continuidad y conexión con quienes alguna vez formaron parte de este mundo. El Butoh, trata de atrapar la luz y la sombra, el nacimiento y la muerte, la conciencia de ser y la interrupción de la existencia.

Retomando la trama del film, en Berlín no se quedan mucho tiempo más, y deciden partir a las playas del Báltico, lugar donde Trudi morirá llevándose consigo el secreto sobre la enfermedad de su marido.

El film nos transmite cómo esta pareja comienza dos procesos que los va a llevar a la desunión en vida y la unión es un más allá. La mujer, Trudi, en el pasaje de la vida a la muerte, va dejando su cuerpo para irse danzando con su sombra; Rudi, por su parte, empezará el doloroso duelo por la muerte de la persona a quien amó y por quien fue amado. La muerte de su mujer, aquella que por amor a su marido renunció a su deseo, lo confrontará a Rudi con el dolor. Será esta dolorosa pérdida la oportunidad para que este hombre revea su relación con el deseo, y pueda recomponer su universo simbólico luego del quiebre producido por la pérdida del objeto de amor.

Luego del funeral de su mujer, este hombre logra decir a sus hijos: “…no la dejé a tu madre ser libre” y puede preguntarse quién era su mujer. Este hombre empieza a atribuirse responsabilidad por haber desconocido a su mujer, pero consideramos que es una responsabilidad moral, del lado del sentimiento de culpa. Rudi, se reprocha no haber podido escuchar aquello que su mujer deseaba y no haberle dado libertad, ni haberla respetado en lo que amaba y deseaba.

Es pertinente señalar algunas cuestiones en relación al proceso de duelo. Por un lado, ubicamos el duelo por la pérdida de un objeto amado y la imposibilidad de sustituirlo. Pero no se trata sólo de eso en este doloroso proceso. El duelo, no será solamente por lo que el objeto amado representaba para el sujeto, sino también por el lugar que el sujeto ocupaba para aquél. Es decir, que lo insustituible es además el lugar de causa del deseo y no sólo el objeto perdido.

En su texto de 1915, “Duelo y Melancolía”, Freud afirma que el duelo es "la reacción frente a la pérdida de una persona amada o de una abstracción que haga sus veces, la patria, la libertad, un ideal, etc." [1]. Propone la necesidad de un trabajo para el duelo y un tiempo -no cronológico, sino lógico-para su elaboración. Ese trabajo implica que el sujeto vaya abandonando los lazos libidinales que lo unían al objeto perdido, lo cual se realiza de un modo lento y paulatino y con un gran gasto de energía para el aparato psíquico. El trabajo de duelo implicaría, entonces, un desafío a la estructura del sujeto para recomponer su universo simbólico.

Retomando la trama del film, hay una escena de gran importancia que abrirá otras puertas para este hombre. Algo lo interpela y la respuesta que al final del film produce es en el orden de la responsabilidad subjetiva. Cuando regresa a su hogar en Alemania, y está ordenando las pertenencias de su mujer, halla en un cajón de la mesa de luz, un folleto y unas postales sobre Tokio y el monte Fuji. Sigue ordenando y encuentra un álbum fotográfico en donde su mujer posaba con una túnica negra y con la cara pintada de blanco, bailando la Danza Butoh. Es por el encuentro de estos objetos de su mujer, que Rudi puede ubicar por dónde andaba el deseo de su mujer. Decide viajar a Tokio, tal vez para saldar una deuda para con su mujer, por no haberla llevado allí.

Ya instalado en Tokio, en el apartamento de su hijo, Rudi sale a recorrer las calles travestido con la ropa de su mujer para mostrarle el florecer de los cerezos. Esta acción podemos leerla como intento reparatorio por no haberla llevado a esa ciudad.

Siguiendo la línea de conductas, que leemos como reparatorias, Rudi parece querer fortalecer el vínculo con su hijo. Le cocina tal como su mujer lo hacía, le ordena y limpia la casa. Pero no es eso lo que su hijo quiere de su padre.

Este hombre saldrá a las calles de aquella ciudad poblada de gente, de edificios. Se perderá, se emborrachará, se acercará a otras mujeres hasta que finalmente se tope en su camino con algo que lo sorprenderá, algo no calculado en este viaje reparatorio. Paseando por el parque central, verá a una joven niña con la cara pintada de blanco hacer movimientos con un teléfono, espectáculo que despertará su curiosidad. Se acercará a la joven quien le explicará que aquello que él ve se llama danza Butoh, explicándole que es la danza de las sombras, no la de uno, sino la de la sombra. La joven le pregunta si sabe quién es su sombra, le explica que todos tenemos sombras, todos los seres vivos y todos los muertos, juntos entre ellos. Rudi le cuenta que su mujer ha fallecido, la joven le pregunta si sabe dónde esta su esposa, y él responde que no sabe.

Es a partir del encuentro con esta joven y con esta danza, que nuestro personaje podrá hacer otra cosa con la culpa que siente por no haberle dado a su mujer aquel viaje que ella tanto anhelaba. Podrá dejar de reprocharse y empezará a danzar con la enseñanza de Yu, la joven niña. Se pintará la cara de blanco y al danzar llevará puesto el batón de su mujer.

El film nos irá mostrando cómo este hombre aprende a danzar con la sombra de su mujer cuando deja de lado los reproches, sus valores morales y puede dar entrada al deseo.

Al final de la trama, Rudi y la joven Yu, están alojados en un hotel frente al Monte Fuji. Él espera día tras día, a que las nubes se corran y le permitan ver la cara de este monte. En esta espera, él enferma, parece estar muy mal. Un amanecer se levanta, abre la ventana como tantos otros días con el anhelo de ver el monte, y se deslumbra al ver cómo se refleja en el lago la cara del monte Fuji. La escena nos muestra cómo Rudi pinta su cara de blanco como así también parte de sus brazos, se pone el batón de su mujer y se dirige hacia la orilla del lago en el que se refleja el monte. En la playa, comienza a danzar buscando la sombra de su mujer, tal como le enseñó Yu, y finalmente logra danzar con la sombra de ella para partir juntos hacia un más allá.

A la mañana, Yu sale a buscarlo, y lo halla muerto. Podemos apreciar cómo en la joven aparece la tristeza por la pérdida de un compañero, pero también la felicidad de que pudo danzar con su sombra. No les pasa lo mismo a los hijos de Rudi, quien se indignaron que su padre se halle travestido con las ropas de su madre y hospedado en el hotel con una niña. Verán a su padre como un hombre que nunca pudo superar la muerte de su mujer y que ello lo llevó a la locura.

Conclusión

Para finalizar, es interesante poder articular el lugar que tuvo la Danza Butoh en el trabajo de duelo del personaje central. Nos parece pertinente mencionar, que en todas las culturas existen rituales funerarios que son soporte, condición de posibilidad, para el duelo. Este hombre, Rudi, en su cultura occidental realiza el ritual funerario por la muerte de su mujer, el entierro. Al principio, tal como mencionamos, el sentimiento de culpa, el reproche, aparecieron como respuesta ante la pregunta sobre quién era su mujer, taponando de este modo la pregunta por su deseo; por quién era él para su mujer y para sus hijos. Es recién en Tokio, al ser aprendiz de la Danza Butoh, donde puede despojarse de su moral, de su vida rutinaria. Rudi, puede hacer otra cosa con aquella deuda que siente por no haber conocido a su mujer. Logra resignificar de otro modo a la mujer que estuvo tantos años a su lado. En este sentido, ubicamos a la Danza Butoh como una invención, en tanto es algo ya existente pero que a este sujeto le sirve como soporte para inscribir algo novedoso, singular. Es decir, esta danza es un elemento que le permite reordenar su mundo simbólico de un modo tal que pueda ir elaborando la pérdida de su mujer.

Respecto a la escena final del film, pensamos este danzar con la sombra donde se reencuentra con algo de su mujer, como un acto en tanto el sujeto logra despojarse de su moral, de su vida rutinaria, y logra preguntarse sobre su existencia. Según el psicoanalista Alejandro Ariel: “La muerte es lo único inalienable en el Otro, es lo único que el Otro no me puede decir cómo representar. Me puede decir cómo representar tantas cosas, pero no mi muerte” [2]. Considerando a la propia muerte como aquello irrepresentable, conjeturamos que Rudi decide morir cuando logra encontrarse con la sombra de su mujer desde otra posición subjetiva, cuando puede despedirse de otro modo de su mujer. En este sentido, se podría pensar la decisión por su muerte como un acto creador [3].

Bibliografía

Ariel, A: Clase: La responsabilidad ante el aborto, dictada el 16 de junio en la Facultad de Psicología, UBA.

Ariel, A. (1994) Una poética del estilo, en El Estilo y el Acto, Manantial.

Diccionario de la Real Academia Española

Freud, S. (1976) Duelo y Melancolía, Tomo XIV, Ed. Amorrortu


Notas

[1] Freud, S.: Duelo y Melancolía, Tomo XIV, pág. 241, Ed. Amorrortu, 1976

[2] Ariel, A.: El estilo y el acto. Cap. I Una poética del estilo, pág. 22., Ed. Manantial, Bs. As., 1994

[3] Se crea a partir de un vacío, de un agujero. El acto creador, como el acontecimiento político, va más allá de cualquier voluntarismo. Ambos requieren del relámpago de la invención. Y toca a cada uno, en la soledad de su laberinto, hacer algo con ese desafío. El acto creador, es un acto por fuera de los otros.





Comentarios
Mensaje de Agustín Fernández  » 14 de noviembre de 2011 » agustin.fernandez83@gmail.com 
Las flores del cerezo

Tamara: ¡Es hermosa la película que elegiste! Creo que fue acertadísimo tu acercamiento a partir del Acto creador; incluso, me deja pensando en relación al título: "De la muerte al Acto creador"... ¿La muerte de quién? Porque evidentemente, como remarcás en tus conclusiones, uno puede pensar en que la muerte del propio protagonista (no muy a gusto con serlo, al menos al principio de la película), termina siendo un Acto de una belleza estremecedora.



 

 
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