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Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología
Asignatura: Psicología, Ética y Derechos Humanos
Prof. Titular Regular: Juan Jorge Fariña
Docente a cargo de la comisión: Dora Serue
Comisión: 24
Segundo Parcial- Película asignada: “Las Flores del cerezo”

Apellido y Nombre: Fernández, Valeria
LU: 296960030
Apellido y Nombre: Rinaldi, Leticia
LU: 300536760
Cuatrimestre: II Año: 2010
Sinopsis de la película: “Las flores del cerezo”
Una película dirigida por Doris Dorrie, en el año 2008.
Una pareja lleva una vida apacible en el campo alemán. Hace no mucho cruzaron el umbral de la vejez. Él (Rudy) es burócrata, sin mayores atributos; ella (Trudy), ama de casa, apasionada con Japón y la danza Butoh, aunque estas pasiones se encuentran enjauladas. La película nos adentra, desde el principio, que él padece un cáncer terminal, aunque la depositaria de la noticia es ella. En sus manos está decírselo o no. El médico sugiere que hagan algo juntos, algo que deseaban hacer desde hace mucho tiempo, vivir una última aventura, viajar. Ella decide no decirle nada a su marido sobre el mal que lo aqueja y seguir los consejos del médico. Convence a Rudy para que vayan juntos a Berlín a visitar a dos de sus tres hijos. El tercero vive en Japón. Cuando la pareja llega a la ciudad, caen en la cuenta de que su presencia es una molestia para sus hijos. Ellos sumergidos en las condiciones de la gran urbe difícilmente tienen tiempo para sus padres. Deciden viajar al mar, a la costa del Báltico. Y allí para sorpresa del espectador, ella muere, llevándose consigo el secreto de la enfermedad de Rudy. Éste devastado por su irreparable pérdida, y al darse cuenta de las privaciones que sufrió su esposa por su indiferencia, tratando de remediarlas tratará de tomar su lugar en este mundo. Así es que viaja a Japón, donde llega en plena celebración del Hanami, la floración de los cerezos, símbolo de la belleza y de lo efímero. Trudy allí se reúne con su hijo. En fin, realiza el viaje que su esposa siempre añoró hacer: visitar Japón y conocer el monte Fuji. Una vez en Japón se pierde en el nuevo lenguaje de su entorno inmediato, a la vez que gana algo; gradualmente y de la mano de una altruista niña que practica la danza Butoh, se va transformando. El Butoh, se asocia a la idea de una libertad que hacia afuera pareciera ridícula o sin sentido, una búsqueda y un espacio de emancipación. El Butoh trata de atrapar la luz y la sombra, el nacimiento y la muerte, la conciencia de ser y la interrupción de la existencia. La alegría se convierte en dolor antes de volver a convertirse en alegría. En este aprendizaje de la danza Butoh y frente a los asomos del tímido monte Fuji, Trudy muere.

Análisis
A lo largo de la película se observa un verdadero cambio subjetivo en Rudy. Considerando que el tiempo uno es el momento en el que el personaje lleva adelante conductas con determinados fines, es decir, acciones intencionales destinadas a concluir para lo que fueron concebidas, vemos que Rudy se encuentra conformado por un conjunto de representaciones claras donde sus actos se agotan en el yo. Todos los días toma el tren a las 7:28 hs, es jefe de la sección de residuos. En 20 años solo ha estado enfermo una vez. Su mujer dice que a su marido no le gusta que nada cambie. A la una en punto come el almuerzo que Trudy le prepara. Considera a la danza Butoh como una tontería, al monte Fuji sólo como una montaña. Esta posición de Rudy se puede observar cuando van a visitar a sus hijos. Había llegado a Berlín un gran bailarín de danza Butoh al cual Trudy quería ir a ver, su marido accede pero la espera afuera hasta que termina el espectáculo. Rudy dice: “vivir cada día como si fuera el último no tiene sentido. Si tendría que morir y volver a nacer no cambiaría nada, por la mañana iría al trabajo y por la tarde estaría contigo”. Considera que él hace todo lo que su mujer le dice y por lo tanto su mujer es feliz y de esa manera él también. Su universo es consistente y completo. Y así va pasando su vida en la que Rudy se encuentra adormecido y sin hacerse preguntas, pero por azar, ya que si bien la muerte es el destino inevitable e inexorable de todos los seres humanos, es decir, es algo del orden de la necesidad, lo azaroso es que muera primero su mujer. Rudy entra en una verdadera tristeza, pero hay algo que ocasiona que él retroactivamente resignifique todo este tiempo uno y se funde el mismo a partir de un tiempo dos. Este último es el tiempo de la interpelación. Algo inesperado, algo incalculado, algo que hace ruido irrumpe generando una inconsistencia en el universo del sujeto que lo ob-liga a responder sobre las acciones del tiempo uno. Ello sucede en el momento en que luego que la mujer muere, la novia de su hija visita a Rudy y tiene un diálogo en donde le cuenta algo que Trudy le dijo: “Ella me ha contado que siempre ha querido bailar, me dijo que habría querido ser una bailarina Butoh, que se habría ido encantada a Japón, aprender allí, y que las cosas no salieron así, pero que su vida igual fue feliz” y continua diciendo: “Quizás habría otra mujer dentro de ella que nadie había visto y que yo vi”. Estas palabras a Rudy lo interpelan a preguntarse qué ha tenido que ver él (más allá de su discurso yoico) y de qué manera habría interferido en aquello en donde se jugaba verdaderamente el ser de su mujer y en definitiva el suyo; lo llevan a preguntase ¿Quién soy yo? ¿Qué he hecho todo este tiempo? Las palabras de la novia de su hija resuenan como indicadores de que algo anduvo mal. Si él siempre hizo lo que su mujer le decía y todo lo que hizo, lo hizo por el bien y el amor hacia ella, esto da cuenta que las acciones del tiempo uno iban más allá de las buenas intenciones yoicas de Rudy. Él creía que haciendo lo que ella decía y pedía, estaba completa y feliz, sin reparar nunca en que lo que ella decía quizás no era lo que ella deseaba. Rudy de esa manera estaba degradando su deseo en demanda. Las palabras de esta chica toman al yo de Rudy por sorpresa e irrumpen como una inconsistencia en su universo. Un universo donde todo estaba calculado y existían palabras significantes que sostenían su cotidianeidad y rutina. Rudy utilizaba frases diarias como: “una manzana al día, vida sana y alegría”, lo cual lo convencían que su universo era consistente. Las palabras últimas: “Quizás habría otra mujer dentro de ella que nadie había visto y que yo vi”, dan cuanta del quiebre de su universo y de una falta en su mujer, lo cual lo confronta con su propia falta. Rudy vivió siempre evitando su deseo. Poder hacer lugar a su deseo implicaba ver el no todo, la castración, la incompletud.. Estaba llegando a viejo y había vivido siempre adormecido sin ver la tristeza que anidaba en su mujer, sin darse cuenta en donde verdaderamente estaba implicado el deseo de ellos. “La retroacción que genera la interpelación resignifica porque liga (ob-liga) a los elementos “disonantes” que se convierten entonces en un tiempo uno, es decir que el tiempo uno es ya un tiempo resignificado por la interpelación a través de la culpa. La culpa hace a la retroacción, hace que se retorne sobre la acción por la que se debe responder”
Se puede observar en Rudy como las motivaciones inconscientes se expresan más allá de la voluntad de su yo. El yo desconoce que sus acciones reiteradas del tiempo uno son el signo de un conflicto que el sujeto no se dispuso a resolver por vía de la decisión, sin embargo no es hasta encontrarse con las palabras de la novia de su hija que estas acciones interpelan al sujeto. La interpelación lo lleva a resignificar esas acciones, ya las mismas no fueron casuales, adquieren un sentido para el sujeto en tanto se sabe culpable, es decir sabe que eso le pertenece y que debe responder a esa interpelación. Decide viajar a Japón al principio movido por la culpa ya que evalúa su accionar, lo encuentra moralmente malo y se reprocha por ello, pero luego en Japón Rudy cambia su posición. Ya no se reprocha ni se queja. Se viste con un saco y una pollera de su esposa y le va mostrando Tokio. También le puede mostrar las flores de los cerezos. Esto ocurre por azar, ya que las mismas se abren en una noche, permanecen unos días y vuelven a desaparecer en una noche, que no se puede predecir en cual va a ser. También azarosamente se encuentra con Tu, una adolescente de otra cultura que baila la danza Butoh. Él aprende a bailar la danza y así Rudy comienza a apropiarse y a implicarse en aquello que hace. Al baile Butoh lo empieza a sentir como propio, le da existencia. En estos actos de reparación Rudy termina encontrando su propia identidad. Hace ello más allá de que sus hijos le digan que está loco, más allá de toda crítica, de lo que está bien o mal, de lo lindo o feo. Otras coordenadas simbólicas lo definen. No es el mismo sujeto del tiempo uno. Estamos frente al sujeto del tiempo tres que elige quebrar un horizonte moral y tomar una decisión, ya no respondiendo a la demanda de un Otro, sino que toma decisiones que dan lugar a su deseo. Rudy pasa de ser el que en su discurso yoico dice que él hace siempre lo que los otros quieren que haga, es decir, actos destinados y dirigidos a otro, a actos guiados completamente por su deseo. Actos en soledad, sin socios, que implican una fuerte apuesta subjetiva sobre la cual no hay garantías. No hay significantes previos capaces de inscribir estos actos ni de predecir sus alcances. Este tercer tiempo no se agota aquí ya que el acto ético no es de una vez y para siempre, es una apuesta que requiere ser sostenida y reafirmada constantemente. Cuando el universo del sujeto se resquebraja es allí donde hace entrada la responsabilidad subjetiva, en donde Rudy puede seguir buscando ideales y haciendo lo que se espera de él o darle lugar a aquello nuevo y novedoso en él. La responsabilidad subjetiva concierne a la respuesta que da el sujeto dándole lugar a su deseo. Es decir, es la responsabilidad del sujeto frente a su propio acto. Un acto que implica una decisión tomada por fuera de los otros, por fuera de la moral, por fuera de la ley. Rudy toma una decisión a la altura de su deseo, el cual no está en la línea de los ideales y le permite acomodar las marcas de otro modo en que le fueron guionadas. Es una responsabilidad que atañe al sujeto en relación aquello que desconoce de sí mismo. Rudy se apropia de lo que sucede, lo sostiene y así realiza un cambio de posición subjetiva, pudiendo de esta manera ampliar su universo. Responsabilidad que se encuentra en el polo de tensión entre el azar y la necesidad, se instala en la hiancia, en la grieta que ambas dejan disponibles y desde allí debe responder. El azar es lo que tiene que ver con la incertidumbre, lo casual, lo accidental, lo fortuito, lo que no se puede calcular porque es ajeno a la decisión, al deseo y a la voluntad del sujeto. La necesidad es aquello sobre lo que el hombre no puede incidir, lo forzoso, lo riguroso, lo inflexible. Rudy frente a la interpelación si bien en un principio responde a la misma desde un discurso moral, luego ya instalado en Japón elige no justificarse diciendo por ejemplo que fue el destino el que quiso que así fueran las cosas, es decir justificación que lo des-responsabiliza, ya que el destino es algo del orden de la necesidad. Tampoco dice que Trudy había sido de todas formas feliz a pesar de no haber viajado a Japón a aprender a bailar la danza Butoh. En cada ocasión Rudy renueva y refuerza la apuesta, no sin cierta vacilación y no sin cierta angustia. Rudy se encuentra en un proceso de duelo y como en todo duelo es fundamental cortar y soltar. Este proceso se puede ver por medio del pañuelo de Rudy. Al principio cuando estaba en Tokio y salía, ataba su pañuelo a un caño, al que luego de su salida volvía a buscar. Este pañuelo era como un mojón en su camino que si bien soltaba no podía verdaderamente cortar ya que constantemente lo volvía a buscar. Esto se repite hasta que decide ir con Tu a ver el monte Fuji. Allí se puede observar que él no ha vuelto a buscar su pañuelo, el cual todavía continuaba atado a un caño de Tokio. Se podría decir que todo ese movimiento subjetivo le habría permitido desplegar simbólicamente su duelo y de esa manera cortar y soltar a su esposa.
Rudy más allá de su neurosis obsesiva, más allá de lo que sus hijos piensan, más allá de las marcas que lo determinaban, él pudo hacer otra cosa con eso que le tocó en suerte y dio lugar a su deseo. En un principio respondió a la interpelación culpabilizándose moralmente, luego quiebra este horizonte moral y se dirige hacia uno ético, permitiéndole así un despliegue simbólico y un cambio de posición subjetiva. Otros significantes lo comenzaron a definir y tal como lo dice la novia de su hija “Tal vez Rudy con eso que hizo fue feliz”, lo cual contra argumenta la opinión de los hijos de Rudy que decían que nunca pudo su padre superar la muerte de su mujer, que se había vuelto loco, vestido de mujer. Allí se puede observar un particularismo por parte de sus hijos, los cuales a algo que pertenece a la dimensión de lo particular, es decir, efectos consensuados de grupos de una determinada época, lo quieren elevar a la condición de universal, como aquello que define a la condición humana. Se puede decir que para los seres hablantes no hay representación inconsciente de la muerte, falta el significante de la muerte en el Otro, eso es lo universal. Lo singular es el duelo, es decir, la manera en que cada uno de nosotros se va despidiendo de los que ya no están. El duelo en cada sujeto es irrepetible. “No existe lo universal sino a través de lo singular y recíprocamente, el efecto singular no es sino una de las infinitas formas posibles de realización de lo universal”. Este eje universal-singular debe soportarse sobre un eje particular, en este caso sobre los ritos funerarios que cada cultura lleva a cabo. Su padre despliega simbólicamente el duelo, según su manera singular y sostenido de sus ritos particulares, pero como no se adapta a la forma particular que consideran sus hijos como la adecuada para desplegar el duelo, lo califican de loco, se terminan riendo de él que se vestía de mujer y sacan como conclusión que su padre nunca pudo superar la muerte de su esposa.
Con todo lo desarrollado anteriormente quisimos dar cuenta que elegimos a la figura de Rudy porque él debió tomar una decisión sobre aquello que irrumpió y que lo convocó a responder sobre sus acciones realizadas en el tiempo uno. En un principio responde y decide viajar a Japón desde la culpa moral, reprochándose todo lo que no pudo hacer con su mujer. Esto no permite el despliegue del circuito de la responsabilidad ya que con su culpa y reproche tapona el efecto sujeto. Pero luego, ya instalado en Japón cambia su posición. Él elige y decide no hacer como si nada hubiese ocurrido. Decide no pasarse huyendo de sí mismo en lo que le queda de vida. Decide no seguir en ese cálculo miserable neurótico de lo que le conviene y que termina posponiendo su acto. Tampoco responde desde un discurso moral diciendo que él nada ha tenido que ver en el deseo de su mujer ya que él siempre hizo lo que ella quería. Le hace lugar a aquello que irrumpe y cuando alguien le hace lugar al deseo no hay cálculo. Rudy no elige sentirse culpable y cargar con esa culpa, tampoco la niega, sino que la misma moviliza a que él haga algo que le permita un despliegue simbólico y de esa manera tramitar su duelo. Se produce un cambio en su posición subjetiva pasando de ser aquel que hace lo que todos quieren, a responder de acuerdo a su deseo. Mediante estos actos de reparación que en un principio son movidos por el reproche y culpa, él comienza luego a apropiarse e implicarse en lo que hace, encuentra algo que lo define desde otras coordenadas y que le dan existencia. Se responsabiliza, y por esto se diluye la culpa, permitiéndose así ampliar y reordenar su universo. Esto se contrapone a la decisión que toma su mujer respecto a su deseo. Tomamos la cita de D´Amore que él toma de Lacan: “…la única cosa de la que se puede ser culpable, es de haber cedido en su deseo” . Trudy ha querido ser siempre una bailarina, viajar a Japón, conocer el monte Fuji y aprender a bailar la danza Butoh. Esto era algo que ella deseaba fuertemente. Allí se encontraba algo que la definía a ella como mujer, sin embrago, siempre cedió ante su deseo respondiendo desde un discurso moral que a pesar de ello su vida fue feliz. Esta posición subjetiva que ella toma no permite el despliegue del circuito de la responsabilidad. Ella no actúa respondiendo a su deseo y vivió así adormecida en los signos del Otro, respondiendo siempre a los ideales que los otros esperaban de ella.

Hipótesis Clínica
En el tiempo uno cuando Rudy dice varias veces a su mujer: “Yo siempre hago todo lo que tú dices”, adelanta una verdad que desconoce de sí mismo. A partir de ella se puede realizar una hipótesis clínica. Fabián Schejtman en su libro “Cizalla del cuerpo y del alma” hace referencia a las estrategias neuróticas para no saber nada a cerca de la falta del Otro, de su castración. Del lado obsesivo, el mundo entero se le vuelve imposible al hacerse esclavo de un otro que eleva a la condición de amo para no saber de sus deseos ni de los del Otro. Solo se asegura de ponerse en relación con lo que este le demanda. En lugar del deseo del Otro, sus órdenes, sus demandas, es decir aquello que es significantizable, de esta manera no se enfrenta con lo insondable del deseo del Otro. El sujeto obsesivo acepta la posición de esclavo, quedando a la espera de su libertad una vez muerto el amo. La defensa obsesiva por excelencia es la posición de espera. Rudy en el tiempo uno es responsable de degradar el deseo de su mujer en demanda. De esa manera desconoce el deseo de Trudy y el propio. Frente a la interpelación, Rudy debe dar respuesta sobre las acciones del tiempo uno, pero más allá de sus intentos de recomposición yoica por el lado de la culpa moral, su universo se derrumba, queda confrontado con su propia falta, con su deseo de ser, adviene la pregunta por su existencia y desde allí se hace necesario que el sujeto responda.
Lacan en su Seminario 2 hace referencia al acto simbólico, el cual produce la ruptura de la metonimia fantasmática del significante. A partir de este acto, el sujeto queda definido desde otras coordenadas simbólicas. Como contraejemplo se encuentra el obsesivo tomado en su fantasmática, dudando, buscando un significante más que cierre la metonimia de la cadena y otorgue una garantía para su acto. El obsesivo quiere calcular antes, lo que el acto podría desencadenar, para de ese modo encadenarlo, pero el encadenado termina siendo él y el acto infinitamente postergado, esperando la llegada de un significante que precisamente no hay. Esta es la posición de Rudy (de la que su yo nada sabe) en el tiempo uno. Su vida totalmente estructurada, donde no quiere que nada cambie, posponiendo para mañana decisiones en donde se juega fuertemente su deseo de ser, y así se encuentra adormecido, sin hacerse preguntas. Posición que cambia radicalmente una vez que se instala en Japón, donde comienza a darle lugar a su deseo. Hace ello más allá de toda crítica, más allá de la moral de turno, de lo bueno o malo, de lo lindo o feo, en definitiva, más allá de su neurosis.

Bibliografía
• Ariel, A. “La responsabilidad ante el aborto”. Ficha de cátedra. Mimeo. Publicado en la página web de la cátedra: http://academica.psi.uba.ar
• D´Amore, O. “Responsabilidad subjetiva y culpa”. En la trasmisión de la ética: clínica y deontología. Vol 1. Fundamentos. Buenos Aires, Letra Viva, 2006.
• Domínguez, M.E. “Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis”. En la trasmisión de la ética: clínica y deontología. Vol 1. Fundamentos. Buenos Aires, Letra Viva, 2006.
• Lewkowicz, I. (1998). “Particular, Universal, Singular”. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
• Michel Fariña, J. (1998). “Lo universal-singular como horizonte de la ética”. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
• Mosca, J.C. (1998). “Responsabilidad, otro nombre del sujeto”. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
• Salomone, G. Z. “El sujeto dividido y la responsabilidad”. En la trasmisión de la ética: clínica y deontología. Vol 1. Fundamentos. Letra Viva. Buenos Aires, 2006.
• Schejtman, F. “Histeria y Otro goce”. En Cizalla del cuerpo y del alma. Berggasse 19. Buenos Aires, 2010.



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